Konnichiwa! Siento la tardanza pero este capitulo es un pocooo mas largo que el anterior y esta narrado en el POV de Ludwig :) El próximo seguramente este en el de Antonio o Lovi, aquí vereis porque.


POV: Ludwig

La vida en los campos era la más cómoda que podía llegar a tener un oficial, pero solo si tenían suficiente estómago para ver como cada día morían cientos de personas, por enfermedad, por inanición o porque un compañero tuyo había decidido que era divertido matar a alguien. Pero lo peor, era cuando morían de tu propia mano. Y aquel era el peor momento del día para mi. Mientras muchos de mis compañeros no tenían problema en apretar el gatillo a mi me resultaba una acción muy dolorosa. No podía irme a dormir ni un solo día tranquilo, con mi mente en calma porque cada día alguien me mandaba a quitarle la vida a un judío, a un gitano o a otros seres "inmundos", como los consideraba mi país. Los que me costaba mas matar eran los acusados de homosexuales, ya que sabía que yo me merecía más el tiro que ellos.

La llegada de Feliciano, Lovino y Kiku solo había empeorado las cosas. Tenía que cuidar de ellos, tenía que estar seguro de que nadie les mataba o morían por alguna causa. Sabía que Feliciano era débil y que cada día le resultaba más difícil aguantar el camino hasta la fábrica corriendo. Eran pocos los días que se me autorizaba a acompañarlos como un guarda más.

Aquellos días de marzo eran muy fríos y la tarea de pasar lista se hacía ardua hasta para los SS. Temblando como hojas los prisioneros aguardaban en la appellplatz a oír su número, rezando para sobrevivir al día. A veces me tocaba a mi pasar lista pero eran casos raros los que se me permitía hacerlo ya que los encargados solían ser de rango más bajo. Aquel día le había tocado a mi hermano. Sus manos temblaban ligeramente del frío y vahó salía de sus labios temblantes y azulados a pesar de ir bien cubierto y abrigado. Yo miraba a Feliciano preocupado ya que si yo lo estaba pasando mal no me imaginaba como lo debía estar pasando él con la fina camisa del pijama y los delgados pantalones. Podía ver des de el rabillo del ojo que él y su hermano temblaban como hojas y tenían la piel blanquecina y un poco azulada, claros signos de congelación.

-2456... 2457... 2458...- gritaba mi hermano en alemán. Los prisioneros iban levantando sus brazos a medida que oían su número. Estaban todos hasta que llegamos al 2475. Nadie levantó la mano y a pesar de que alguien listo lo hubiera hecho nadie podía imaginar que pasaría al ver que alguien se había escapado.

Subí mis manos hasta mi boca y tire mi aliento contra mis guantes para que se calentaran un poco. Mi hermano volvió a gritar el mismo número. Vi que se estaba empezando a enfadar ya que resoplaba por la nariz así que me acerqué a él y le pedí que pasaba. Algunos oficiales se acercaron a nosotros.

-¿Que que pasa? ¡¿Que que pasa?! Una de estás malditas ratas se ha escapado, ¡Eso es lo que pasa!. - gritó mi hermano exasperado. Apreté mi mano sobre su hombro y le pedí que se tranquilizara. Mandé a inspeccionar los barracones para ver si había alguien escondido, una tarea que duro media hora, media hora en la que me sentí culpable por hacer congelar aquellos hombres allí fuera.

Uno de los guardas se acercó a mi, hizo el saludo hitleriano el cual le devolví.

-Haupsturmführer* Beilschmidt, no hemos encontrado a nadie en los barracones. - me informó con voz seria. Asentí con la cabeza y me dirigí de nuevo delante de los prisioneros con mi hermano.

-No hay nadie, se ha escapado.- le comuniqué. Mi hermano apretó los dientes y resopló.

-¡Por lo visto – gritó Gilbert- uno de vuestros compañeros se ha escapado! - resopló otra vez y miro la lista. - 2473, 2474, 2476, 2477 ¡Un paso al frente!- gritó. Los cuatro nombrados dieron un paso temblorosos ahora de miedo. Yo sabía que pasaba cuando alguien se escapaba pero aquellos eran relativamente "nuevos" en el campo, con solo la antigüedad de dos semanas, y nunca habían sufrido una escena como aquella. Me alegré de que no fuera alguien cerca al número de Feliciano el que se había escapado ya que si no él iba a sufrir las consecuencias, como lo harían aquellos cuatro desgraciados. Dos guardas se llevaron a los cuatro presos hasta una viga que se erguía en la appellplatz, dónde estaban preparando cuatro sogas. Con los puños apretado me mantuve de espaldas a aquella estampa tan cruel que se estaba formando pero por mi mala suerte me llamaron.

Entre la niebla de la mañana que se solía formar y la oscuridad aún vigente al ser tan temprano me pidieron que fuera yo el que diera un golpe a la silla de uno de los prisioneros, así que muy a mi pesar, me tocó ser un asesino. Pude ver claramente como su frágil cuerpo convulsionaba antes de quedarse estático, colgado de la soga alrededor de su cuello, su lengua azulada saliendo de su boca y los ojos desorbitados. Era una imagen perturbadora que habían obligado a ver a aquellas persnas en la appellplatz. Apreté mis manos y suspiré recogiendo la silla del suelo. Aquellos cuerpos se iban a quedar allí por lo menos durante dos días más, para descorazonar a la gente con ideas de escaparse. Acabaron de pasar lista y los enviaron todos a trabajar. Con el corazón en un puño observé como Feliciano corría al lado de un chico rubio con los ojos humedecidos.

La tarea de protegerle se me había hecho un poco más fácil al ser el Blockältester** de su bloque. Por las noches me podía ocupar que él y su hermano estuvieran un pocos mas calientes o incluso podía hablar con él.

-Hey.- murmuró mi hermano al llegar a mi lado. Le observé con detenimiento, una pequeña sonrisa asomaba en sus labios. Aún no sabía como él podía disfrutar viendo la gente morir.

-¿Como está Kiku hoy?

-Le he dejado durmiendo. Le he pedido al Herr Kommandant*** si me lo dejará quedar como mi "concubina" personal. He visto a otros que lo han hecho con judías e incluso judíos. Espero que la respuesta sea positiva.

-No le harás nada ¿verdad?

-¿Que quieres que le hada, Lud? Yo le quiero.- me confrontó ofendido.

-No le hagas nada que él no quiera. Ya sabes a que me refiero. ¿No lo habrás tocado?- Gilbert bajo la cabeza y al cabo de un minuto negó con la cabeza. - Gilbert...- mascullé.

-¡Solo le besé!- se defendió.- No paso nada, él tampoco me dijo nada, simplemente se quedo callado. Ya se que no me quiere Ludwig, ya lo se.- masculló dando una patada a unas de las piedras. Suspiré hondo.

-¡Hauptsturmführer, Hauptscharführer**** Beilschmidt!- gritó uno de los oficiales. -Se les espera en la estación van a llegar nuevos presos. - sin decir una sola palabra más hicimos el saludo nazi y nos dirigimos a la estación. El tren llevaba allí toda la noche y se podían oír los presos remugar. Pedían agua y comida o algunos simplemente hacían ruidos con la boca. Estuvimos diez minutos allí de pie, paseándonos de un lado a otro como perros hasta que abrieron las puertas. A cada persona que se caía del tren le pegaban un tiro y estaba listo así que la gente intentaba no empujar a nadie fuera del vagón, temiendo a aquellos guardas con las escopetas.

Pusieron unas rampas y unos cuantos judíos internados ayudaron a la gente a bajar. A través de las cabeza podía ver como por el otro lado bajaban las mujeres, quienes tenían un destino peor que el de los hombres.

-¡Formad!- empezó a gritar el jefe del campo. - ¡Formad estúpidas ratas!- des de allí, al ver que aquella gente era incapaz de entender lo que se le estaba diciendo empezó a gritar una ráfaga de insultos en alemán y polaco pero nadie de allí parecía saber aquellos idiomas, y quien los sabía lo disimulaba bien. Entonces uno de los suboficiales se acercó al SS enfurecido y le dijo en voz baja que eran españoles. No era la primera vez que recibíamos españoles, pero hacía ya unos cuantos meses y habían sido pocos, por lo que se eliminaron muy deprisa.

El Obersturmbannführer Höss***** dibujo una mueca de asco en su cara y dio unos pasos adelante.

-¡¿Alguien de vosotros sabe alemán?!- gritó mientras miraba atentamente cada uno de los hombres. Algunos se mordían el labio, sin saber lo que había dicho el alemán, con miedo de que fuera una pregunta que tuvieran que responder, hasta que uno de sus compatriotas alzó la mano y se movió de entre su fila para llegar hasta delante. Inmediatamente pude ver que era Antonio. Tragué saliva y le mire atentamente aunque el español miraba al suelo.- Acércate.- le dijo Höss haciéndole un gesto con la mano. - Traduce lo que digo.- e inmediatamente el español de giro de cara a sus compatriotas y empezó a traducir lo que decía el Obersturmbannführer sin vacilar en sus palabras. Nunca le había oído hablar español y la verdad es que se me hacía extraño. Pensé el Lovino y que seguramente ambos estarían felices de verse. Quizás podría poner unos cuantos en mi barracon, así Antonio y Lovino podrían verse.

Preguntaron las profesión y edad de cada uno y por suerte para Antonio ya se había ganado el título de traductor, un título que mas o menos te daba "seguridad". Una vez los entraron en el campo para quitarles sus objetos personales, la ropa y la dignidad, me acerqué entre las filas procurando que Antonio estuviera un poco separado de los otros y me pude acercar a él, pero me fije en que Höss estaba vigilando al español de cerca así que decidí no aventurarme y decidí esperar.

Me hicieron volver al bloque para vigilar mientras les daban el pésimo desayuno perdiendo casi todas mis oportunidades de hablar con Antonio.

Cuando hubo pasado una media hora vi que los españoles también hacían cola para la comida y me esperé al lado de la olla hasta que le toco a Antonio. Este tenía la mirada fija en el pequeño bol, una mirada hambriento mientras se relamía los labios, gesto que me hizo sentir mucha pena por él.

-Antonio...- susurré, intentando que solo él me oyese pero el español pareció ignorar el hecho que lo estaba llamando así que una vez tuvo su ración le di un golpe flojo en la cabeza como si hubiera hecho algo mal y me lo llevé del brazo para disimular, con cuidado de no tirar su comida. El español parecía visiblemente asustado, sus ojos verdes, ahora mas prominentes encima de aquel rostro delgado, humedecidos y sus cejas alzadas.

-S-señor yo no he hecho nada, se lo juro...- chapurreó en alemán. Negué con la cabeza rapidamente y le cogí el rostro para que me mirase.

-¿Es que no me reconoces?- le pregunté. Él pareció subir un poco sus ojos a mi rostro y entonces sonrió ampliamente.

-¡Ludwig!- exclamó, soltándose de mi agarré para abrazarme efusivamente. Viendo que estabamos captando miradas indeseadas le golpe suavemente y me lo quité de encima.

-No hagas eso aquí, te podrían matar.- murmuré. Él, aún así, no cesó de sonreír. Me lo llevé dentro de mi bloque dónde lo encerré en mi habitación.

-¡Oh, Ludwig, Ludwig! ¡Que feliz estoy de verte!- exclamó de nuevo el español. Yo no pude evitar sonreír y le indiqué que se podía sentar en mi mesa para comer. Las ropas que llevaba le iban demasiado grandes y holgadas, le colgaban de todos sitios. Comió con delirio y en menos de dos minutos se lo hubo acabado. - Dime, dime ¿Sabes dónde están Lovi y Feli?- se apresuró a preguntar.

-Sí, están aquí.- le contesté.

-¿En serio? ¡Que mal!- dijo desilusionado.

-Lo se, lo siento.- el español se puso triste un momento pero entonces sonrió.

-Al menos, antes de morir, podre ver a mi Lovi.


*Haupsturmführer: grado de oficial de la SS de Ludwig. Equivale a capitán.

**Blockältester: encargado del bloque, o barracon.

***Herr Kommandant: Mi comandante o algo así (alemán).

****Hauptscharführer: grado de suboficial de la SS de Gilbert. Sería el "líder de pelotón de cabeza".

*****Obersturmbannführer Höss: Rudolf Höss fue el comandante de Auschwitz.

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