Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es cupcakeriot, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is cupcakeriot, I just translate.


CAPÍTULO DOCE

"He needs somebody to hold to
His love is strong and so true
His arrows aiming for you
And he's the one that you were born to love."

~Christina Perri

Una patada particularmente fuerte golpea mi estómago hinchado, arrancándome una mueca mientras mi mano baja hacia el área donde es seguro que se formará un moretón. El bebé se hace más fuerte cada día y sé que lo siento sólo por mi naturaleza humana – la piel de mi estómago, que una vez fue pálida y lisa, ahora está llena de moretones amarillos a causa de mi hijo.

Estoy casi segura de que es un niño.

Palmeo mi estómago y me rio en voz baja, es más bien un suspiro sin aliento.

—Lo sé —le digo al bultito hinchado, es tan grande que mis pies son prácticamente desconocidos—. Quieres salir. Pronto.

Una parte de mí espera que mi embarazo sea más corto de lo que ya lo son las rápidas gestaciones Leumian. Pero la lógica – mi propia lógica – asegura que, debido a mi lado humano, el embarazo podría ser más largo. Y eso está bien para mí, no sé cómo me sentiré cuando mi bebé esté afuera en el mundo, cuando sea compartido con todos los demás.

Pero ya no sé cuánto tiempo más puede soportar mi cuerpo.

Aparte de los moretones y la necesidad constante de vaciar mi vejiga, el bebé ha crecido tanto dentro de mi pequeña figura que los Sanadores Leumian están preocupados por el parto natural. Creen que quizá tengan que desafiar sus tradiciones para salvar mi vida cuando sea hora del parto.

Quiero que sea parto natural más que cualquier otra cosa. La Reina me ha contado sobre sus dos embarazos, sonriendo con cariño mientras los cortos relatos salen de su boca. En muy poco tiempo, la Reina, Esme, se ha convertido en un recordatorio de mi propia madre – una figura de carne en quien he confiado para pedir información, compañía y consejos.

He estado embarazada por dos meses y medio. Y por dos meses y medio, Edward se ha vuelto cada vez más protector. No puedo quejarme ahora, porque con el peso del bebé añadido a mi pequeño cuerpo, apenas puedo caminar, en lugar de eso ando torpemente de ida y vuelta hacia la sala de desechos. Edward no me permite andar más allá – me carga, y cuando estoy demasiado cansada para ser cargada, ordena que traigan comida y se queda conmigo. Y cuando sus obligaciones de Príncipe lo alejan y Jasper se queda para cuidarme, deja a Jasper con órdenes de cargarme a donde necesite ir.

Es casi demasiado, pero difícilmente puedo discutir contra eso, incluso mientras Edward me deposita cuidadosamente en nuestra cama y sus labios rozan mi frente.

—¿Te pateó de nuevo?

Edward también piensa que el bebé puede ser niño, aunque su razonamiento está fundamentado con hechos médicos Leumian – los niños son más grandes en el vientre que las niñas y se notaba.

Asiento, me sobo una vez más el estómago, e intento borrar el ceño fruncido por la sensibilidad de mi más reciente moretón.

—Es fuerte —confirmo, mientras que también espero que no se vuelva mucho más fuerte.

Podría romperme.

—¿Estás cansada?

—Exhausta.

Edward se ríe, una carcajada resonante desde el fondo de su pecho.

—Iré por tu té de he'ast.

—Gracias —murmuró mientras él se apura en preparar la bebida de mal olor que los sanadores Leumian me prescribieron. Desde hace dos semanas se había convertido en una rutina nocturna y aunque odiaba totalmente el té, sí me ayudaba con mi cuerpo adolorido y me despertaba ligeramente más fresca.

Me estremezco al pensar en el desastre que sería sin ese té.

Edward se posiciona detrás de mí mientras yo bebo, sus ágiles dedos masajean mi espalda, trazando los puntos negros que hay en ella. Luego de tres semanas de embarazo, esas tenues pecas se han triplicado en tamaño y ahora incluso yo puedo distinguir un patrón entre el espacio de piel pálida.

La respiración de Edward golpea mi nuca en un rápido aliento y sé que tiene noticias para mí – noticias que no quiere compartir en particular. Ya había sospechado esto antes, antes de la cena, cuando había cierta tensión en sus ojos y un pequeño gesto en sus labios. No dije nada porque sabía que no tendría que hacerlo.

Edward no es muy bueno guardando secretos.

—¿Qué pasa? —intento, sorbiendo la sustancia que es más densa que la leche y tragándomela lo más rápido posible.

—Tengo que ir a las Tierras Sureñas mañana.

Yo ya había ido a las Tierras Sureñas como parte de un breve tour que Edward había planeado antes del embarazo. Tuvimos que hacer ese viaje de manera rápida ya que Edward no quería que me expusiera a muchos elementos – pero tampoco quería que me perdiera de ver los paisajes en Leumian. El viaje fue un compromiso.

Las Tierras Sureñas no tienen tanta vegetación como las del Norte, donde se localiza el palacio en la montaña. Al contrario, las Tierras Sureñas tienen mucho follaje seco, rocas toscas y el frío aire del desierto. Los Leumian que viven en las Tierras Sureñas también parecen ser más toscos que los del Norte, Este y Oeste de Leumian – la piel ligeramente más curtida, más rica en pigmentos y sus cuerpos se constituyen de más masa.

Pero amé a los Leumian de ahí, su acento rítmico, su hospitalidad.

—¿Hay algún problema?

Los brazos de Edward se mueven alrededor de mi cuerpo y se aprietan.

—No, sólo necesito hacer una visita para una revisión de rutina. No iría, pero ya que estás tan cerca del parto, quiero encargarme de todas mis obligaciones.

—Te extrañaré —le digo, mirando su cara simétrica sobre mi hombro.

Presiona sus labios contra los míos con ansiedad, sólo se aparta cuando nuestro bebé patea cerca de mis costillas y suelto un jadeo de dolor.

Edward se mueve, bajando en la cama para quedar al mismo nivel que mi estómago.

—Se bueno con tu Mol'a. No queremos que se lastime.

El bebé parece oír a Edward y se calma en mi vientre. Sonrío con agradecimiento y termino mi té, balbuceándole un "buenas noches" de despedida a mi Edward antes de que mis ojos se cierren.

La mañana es muy ocupada, varios sirvientes se mueven por la habitación, ayudándole a Edward y trayéndome diferentes platillos diseñados específicamente para hembras embarazadas. Mi apetito es voraz y me como la mayor parte de la comida que me ofrecen, sonriéndoles con vergüenza a los asombrados empleados.

Nunca antes había sido de los que comen mucho y, por mis primeras semanas aquí, los empleados sabían eso. Estoy segura de que se sorprendieron por el cambio, aunque Edward parece encontrarlo divertido, murmurando algo sobre niños fuertes.

Jasper llega justo cuando Edward se está yendo, su pequeña pareja pasa a través de ambos varones y salta junto a mí en la cama, las telas en sus manos vuelan a nuestro alrededor con sus movimientos saltarines.

—¡Tenemos mucho de qué hablar! —gorjea Alice.

Edward se ríe, besa mi estómago y mis labios, y se va con un asentimiento serio hacia Jasper, quien mira la escena con una diversión tranquila.

Alice apenas se da cuenta, en lugar de eso empuja varias telas hacia mí – brillantes, con peluche, suaves, lisas, y todas en varias tonalidades frías de joyas, un rico esmeralda, amatista y zafiro.

Toco las telas.

—¿Para qué es todo esto?

No puedo imaginar a Alice haciendo más ropa; ha estado haciendo ropa para mí durante todo el embarazo y también para después del embarazo.

—¡Esto es para tu hijo!

Mi mano se congela y miro a Alice con las cejas alzadas.

—¿Hijo?

—Estoy segura de que tú y Edward tendrán un pequeño Príncipe. Es por eso que elegí estos colores. Usualmente las princesas usan colores más cálidos. ¿Pero los Principitos? Usan tonos fríos. Es una tradición Leumian.

Eso explicaría por qué Edward usa negros, azules y verdes más seguido que otros.

Pero mi mente regresa a su comentario – todos están muy seguros de que mi bebé será niño.

Y descubro que la idea de un Principito me agrada. Me froto el estómago, queriendo conocerlo.

Como si estuviera respondiendo a mi pensamiento, una patada choca contra mi estómago, lo suficientemente ligera para no causar otro moretón.

Alice sigue hablando, transmitiendo animadamente la información con un tono agudo.

—Todos los bebés Leumian usan el mismo tipo de ropa, un traje simple. Pero ya que el Principito es un Príncipe, su ropa tendrá que ser de estos colores y deben ser más estilizados. Y es ahí donde tú entras.

—¿Yo?

—¡Tú! ¡Por supuesto que tendrás opinión respecto a la ropa del Principito!

Y entonces, con un gritito poco característico de mí, entre de lleno en el proyecto, dando mi opinión sobre los diseños y disfrutando de los trajes tradicionales que emergen.

Mis ojos se llenan de lágrimas muchas veces, obstruyendo mi visión con lágrimas de felicidad.

Mi bebé usaría esta ropa.

Sabía que estaba siendo demasiado sentimental, pero no podía evitarlo. Alice se burló de mis temblorosos labios, diciéndole a Jasper algo entre risas que no alcancé a escuchar.

Cuando ella se va para seguir trabajando en la ropa, varios sirvientes me traen mi comida, que ya fue aprobada por Edward y Jasper, y está libre de sustancias dañinas. Afortunadamente ese no había sido un problema durante mi embarazo.

Hay una sirvienta regular que se llama Renata que ha estado encargada de mi recamara durante mi reposo en cama. No podía evitar sentirme paranoica cerca de ella – hay algo en la forma en que mira, en que mantiene la cabeza gacha y se niega a hablar que me pone nerviosa. Jasper lo notaba y siempre se apuraba en sacarla de la habitación.

También encontré raro por un segundo que sólo me atendiera cuando Edward no estaba. Guardo ese detalle para después, distrayéndome cuando un dolor muy agudo recorre mi espina.

—¡Ow!

Jasper corre a mi lado luego de ponerle el código de seguridad a la puerta.

—¿Qué pasa?

El dolor se desvaneció tan rápido como había llegado. Lo aparto con el ceño fruncido.

—¿Puedes ayudarme a ponerme de pie?

Jasper retrocede.

—Está en reposo de cama, Princesa.

Le alzo las cejas.

—Necesito moverme, Jasper. Me ayudes o no, no me importa. Pero necesito estirarme.

Jasper aparta la mirada con cara pensativa, antes de asentir y murmurar.

—Edward me matará si se entera de esto.

—No lo hará —me apuro en asegurarle, la emoción corre por mis miembros.

Edward estaba muy reticente sobre permitirme que me moviera, pero siempre había sido muy activa y quedarme quita por varias horas al día no le sentaba bien a mi cuerpo. Cinco minutos de pie no me matarían.

Camino torpemente en un lento circulo alrededor de la habitación, mis manos le dan soporte a la parte baja de mi espalda. El movimiento se siente bien y pronto me olvido del sorprendente dolor que había corrido por mi espalda.

Luego de mi caminata, Jasper me anima a comer y lo hago, prefiriendo una de las raras frutas Leumian que saben a fresas, pero parece ser una mezcla del cascarón duro de un coco, y del tamaño y color de un mango.

Sin embargo, poco después el aburrimiento me invade y la lormaline alrededor de mi cuello se ve fascinante. Tan fascinante que antes de darme cuenta, mi mente está agarrando la esencia de la piedra, haciéndola flotar fácilmente sobre mi cabeza.

Jasper me ve con cara de piedra, disgustado pero incapaz de hacer algo. Ya le hice jurar que guardaría el secreto y ni él puede discutir que necesito aprender a controlar la lormaline.

Había superado su habilidad hace tiempo, no necesitaba usar mis manos ni mirar la gema cuando la esencia estaba en mi agarre. Según Jasper, ni siquiera los Ancianos podían jactarse de tanto. Los Leumian no le encontraban sentido a dominar el control como lo hago yo.

Pero esa práctica está arraigada en mí luego de pasar años en la Tierra afinando mis dones.

Incluso ahora, estando tan embarazada, no dejaba que ese hábito claudicara. Sabía que podía presionarme para controlar la lormaline y otro metal al mismo tiempo.

Sin cerrar los ojos, encuentro otro metal pesado y, en lugar de agarrar la estructura molecular, me concentro en la esencia del metal. Ese método alternativo hace que controlar los metales sea muchísimo más fácil de lo que era antes y me pregunto por qué no pensé en esto antes.

—Princesa…

—Estoy bien —insisto, mirando varios metales girar alrededor de la lormaline sobre mi cabeza. La imagen es reconfortante, como un niño que tiene un móvil colgado sobre su cabeza, y pronto me encuentro cayendo en un sueño, los metales regresan a sus antiguos lugares.

Un rato después, me despierto sobre mi costado con otro agudo dolor, esta vez los músculos de mi espalda se tensan repentinamente y luego liberan la tensión. Sé que debe ser una hora temprana de la tarde porque el sol sigue alto en el cielo despejado y Jasper sigue recargado junto a la entrada.

También el Rey está en la habitación, mirando por la ventana.

Durante el transcurso de mi embarazo, tanto como la Reina se ha convertido en una figura materna, también el Rey se ha convertido en una figura paterna – llenó un lugar que mi propio padre nunca se molestó en alcanzar.

Aprendí que el Rey, que ahora insistía en que le dijera Carlisle, aunque era muy difícil para mí, era principalmente un historiador para Leumin. El presidia a los Ancianos que mantenían a salvo la historia de Leumin, de igual manera preservaba los tesoros y tradiciones Leumian.

Me había estado visitando una vez al día para contarme historias sobre el planeta, la gente, e incluso el clan Skye, antes y después de que su reinado se hiciera horroroso.

Lucho por sentarme, mi estómago está demasiado redondo y pesado. Carlisle se da la vuelta y se apura en ayudarme con sus manos gentiles.

—¿Cómo está hoy el jovencito?

Me froto el estómago con cariño.

—Es fuerte —digo, sonrío enormemente cuando Carlisle se ríe.

—Viene de familia.

—¿En serio?

Esta es una de las pocas cosas que Carlisle todavía no comparte conmigo.

—Oh, sí. Cuando Esme estaba embarazada de Edward, estuvo muy cansada todo el tiempo. Él era un bebé muy hiperactivo.

Sonreí al pensar en Edward de bebé – estoy segura de que era absolutamente adorable.

—Recuerdo que una vez Edward casi le rompió una costilla. Pero ya ves lo alto que es Edward. Es más alto que yo.

—Bueno, este sólo me ha sacado moretones. Nada de huesos rotos.

—Me alegra escuchar eso —el Rey sonríe—. ¿Cómo estás hoy?

—Estoy cansada —confieso—. El bebé me ha estado despertando durante toda la noche y se la mantiene moviéndose. Creo que quiere salir.

Carlisle asiente, su mano se mueve debajo de su barbilla.

—Pronto darás a luz. No me sorprendería si naciera antes.

Muevo las manos sobre mi hinchado estómago.

—No estoy segura de estar lista para eso.

—Cuando él esté listo no importará si tú lo estás o no —dice Carlisle con sabiduría—. Ahora, ¿sobre qué quieres escuchar hoy?

Pienso en ello por un segundo. Había mucho que conocía sobre Leumin y la gente Leumian, pero mi mente ansiaba información sobre la lormaline.

—Cuéntame más de la lormaline —pido, moviéndome en la cama cuando un eco de los dolorosos calambres pasa por la parte baja de mi espalda—. ¿De dónde la extraen?

Carlisle se recarga, cruzando una pierna sobre la otra.

—El planeta es muy rico en lormaline y puede ser encontrada en tres lugares principales. La mina más pequeña está de hecho en esta montaña, en el lado sur cerca de la entrada al valle. Ese almacén de lormaline es en realidad la razón de que se eligiera este lugar para el palacio. Mi padre pensó que la lormaline ayudaría a proteger a la gente y, hasta ahora, lo ha hecho. Otra mina está al norte, en la cima de las montañas congeladas. No has estado ahí, pero estoy seguro de que muy pronto, luego de que nazca el bebé, Edward te llevará de visita. Muchas veces se sumergen a los bebés en las aguas ricas en lormaline que están en el norte. Edward fue sumergido e igual lo será tu hijo.

—¿Meten a los bebés en agua congelada? —pregunto, tengo los ojos bien abiertos y estoy segura de que mi voz suena la mitad de lo horrorizada que me siento. Si el agua congelada era similar a la de la Tierra, entonces no quería a mi bebé cerca de ella.

—Los Leumian son fuertes, Bella —dice Carlisle tranquilamente—. Difícilmente sentimos el frío.

Junto los labios y asiento, aceptando esto como un hecho. El Rey ahora es muy abierto respecto a su conocimiento. Confiaba en él.

—¿Cuál es la última?

—La mina del sur —dice—. Edward está cerca de ahí hoy. Nosotros…

El Rey se detiene de golpe, juntando los labios para formar una fina línea.

Me está ocultando algo.

—¿Qué pasa?

Carlisle me evalúa con la mirada, parece tomar una decisión respecto a algo.

Luego de un momento, suspira.

—Se ha perdido algo de lormaline.

—¿Perdido?

Asintiendo, Carlisle continua.

—Mantenemos un record muy estricto de lormaline, así que esto es un problema muy grande, a pesar de la pequeña cantidad que no puede ser encontrada.

—¿Se la robó un Leumian?

Carlisle niega con la cabeza, frotándose los ojos con las manos.

—No es común que un Leumian se robe lormaline, ya que es muy importante para nuestra cultura. Pero, repito, sólo un Leumian tendría acceso a la mina.

—Crees que un Leumian traicionó a Leumin —digo, confianzuda sobre mi suposición.

Carlisle asiente con cansancio.

—No quiero abrumarte con esto.

—También es mi planeta.

Creo esto de corazón, y justo cuando estoy a punto de continuar, un fuerte calambre sube por la parte baja de mi espalda y grito.

Al instante, Carlisle y Jasper están a mi lado, inclinándose sobre la cama, pero es la cara de Carlisle la que se llena de comprensión.

Se gira hacia Jasper y con la tranquila autoridad que sólo un Rey tiene, le ladra sus órdenes.

—Llama a la Reina y a Rosalie inmediatamente. Mándale un mensaje a Edward diciéndole que tiene que regresar a casa ya. ¡Ve!

Jasper corre para hacer lo que le dijeron, moviéndose de manera metódica y rápida.

Mi cuerpo se calma, como si el dolor nunca hubiera pasado, pero por la mirada en la cara de Carlisle sé que llegaría otro calambre.

—¿Qué está pasando?

—Estás de parto —me dice tranquilamente.

Mis ojos se abren como platos.

No.

No, se suponía que Edward estaría aquí para esto.

Y es demasiado pronto.

—Muy pronto —lloriqueo, presionando mis manos sobre mi estómago como si pudiera mantener a mi bebé dentro por pura fuerza de voluntad.

—Nunca es muy pronto —me asegura Carlisle.

Quiero discutir con él.

Pero no puedo.

Una calidez fluye en la cama debajo de mí y primero siento pánico al pensar que tuve un accidente.

Aunque el pánico se apaga.

Sé lo que es.

Mi fuente se rompió.

Jasper regresar con nosotros.

—¿Dónde está Edward? —exijo saber, mi cuerpo empieza a sudar.

Prometió estar aquí.

Tiene que estar aquí.

—Viene en camino.

Asiento y me muevo en la cama, me sorprendo cuando otro calambre – otra contracción – aprieta mi espalda baja y mis costados. Aprieto los dientes contra el grito de color que amenaza con salir de mi boca.

Esme entra con una Rosalie muy frenética detrás de ella.

Empujan a Carlisle a un lado.

Esme toma el control de la situación, diciéndoles a Rosalie y Jasper que junten agua caliente, trapos y mantas.

—¿No hay algún té Leumian que ayude con esto?

Nunca pensé que alguna vez rogaría por una de esas horribles mezclas, pero el dolor está subiendo por mi costado, por mi espalda, y quiero más que nada estar a salvo y libre de dolor en los brazos de Edward.

Esme niega con la cabeza, apartándome el cabello de mi frente caliente.

—Me temo que no.

—¿Nada de drogas? —pregunto, mirándola con los ojos bien abiertos mientras ella ajusta las almohadas que están en un lado y detrás de mí, creando un suave nido que no hace nada para consolarme—. ¿En absoluto?

—Estarás bien, querida. Las hembras Leumian son fuertes.

—¡Soy mitad humana!

Esme sonríe con alegría en sus ojos.

—También eres Leumian.

Tiene razón sobre eso.

Pero difícilmente puedo encontrar consuelo en ese hecho.

Se siente como si hubieran pasado horas entre las contracciones estables, los largos calambres y los cortos periodos de calma.

Pero el sol apenas se ha movido en el cielo y sé que mi mente está jugando conmigo.

El tiempo no pasa más rápido.

Intento decirme que es algo bueno – Edward podría llegar a tiempo.

Pero luego otra contracción me golpea y ese pensamiento vuela por la ventana.

Y, eventualmente, al ver el bulto de mi vientre hinchado me horrorizo.

Este bebé es enorme.

Y yo no.

—¡No saldrá! —grito con pánico y dolor cuando otra contracción me golpea.

Rosalie y Alice han estado enfriando constantemente mi cuerpo con agua tibia y trapos. Rosalie palmea la mano que está apretando fuertemente su antebrazo, lo suficientemente fuerte para dejar un oscuro moretón, pero ella ni siquiera hace una mueca.

—Estarás bien.

Ella no habla en base a la experiencia, pero acepto sus palabras como verdaderas.

Rosalie nunca me ha mentido.

Tiempo después, el Sanador está revisando qué tan dilatada estoy durante una de las contracciones más fuertes.

—Ya casi es hora.

Miro alrededor de la habitación, la única cara que quiero ver no está.

Tengo ganas de llorar.

Él no está aquí todavía.

Pero justo cuando lo pienso, las puertas se abren con una fuerza sorprendente y Edward está jadeando al otro lado, sus alocados y vibrantes ojos me están buscando.

Suspiro con alivio.

Lo logró.

Me tenso con otra contracción justo cuando Edward se mueve para remplazar las almohadas detrás de mí, ocupa su lugar, su posición, y me abraza, sus labios se presionan en mi cabeza.

Y luego otra contracción me golpea.

Y el Sanador y Esme me están diciendo que puje.

Así que lo hago.

Y lo hago de nuevo.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Una y otra vez, el dolor arde a través de la mitad inferior de mi cuerpo.

Y luego el último empujón, el cual llega más rápido de lo que esperaba.

Miro con ojos exhaustos y medio cerrados como el Sanador carga una bolsa medio oscura en sus brazos, la forma de mi bebé es visible a través de la membrana.

Hay un cordón umbilical muy cortito que Edward corta con sus filosas garras.

¿Cuándo se movió de detrás de mí?

Pasan al bebé a los brazos de Edward.

Edward pasa cuidadosamente una garra sobre la delgada membrana, rompiéndola y quitando rápidamente el suave cascarón de la cara del bebé.

—Es un niño —murmura, acercándome a nuestro bebé.

Miro el cuerpo rosado y fijo mi mirada en unos ojos oscuros, grandes y redondos.

Es hermoso.

Perfecto.

Tiene el cabello pegado a la cabeza, pero es oscuro con un tinte rojizo.

Su estructura ósea es distintivamente Leumian, su suave cara es ligeramente angular.

—¿Qué nombre le pondrán? —pregunta Alice cuando me acerco mi bebé al pecho.

Mi bebé se acurruca en mi pecho y Edward nos abraza a ambos.

Sonrío.


Traducción de la canción: Él necesita alguien a quien sostenerse/Su amor es fuerte y verdadero/Sus flechas te apuntan a ti/Y él es a quien naciste para amar


¡Volví! Lamento muchísimo la espera, pero estos últimos meses han sido muy difíciles para mí en todos los aspectos de mi vida. Yo sé que extrañaban las historias, y lamento mucho haberlas hecho esperar, pero necesitaba primero lidiar con ciertas cosas y situaciones antes de poder volver a esto. Las que me tienen en Facebook saben un poquito más a que me refiero.

Pero bueno, regresando a la historia, espero que hayan disfrutado de este capítulo. ¡Ya nació el bebé! Le quedan sólo dos capítulos más y un epílogo a esta traducción, así que ya mero se acerca el final.

No puedo prometer que estaré actualizando más seguido, pero lo voy a intentar, quiero ir recuperando poco a poco el ritmo que llevaba antes.

No olviden dejarme sus comentarios y decirme qué les pareció el capítulo ;)

¡Nos leemos en el siguiente!