¡De nuevo mil gracias a todos! Me resulta curioso que haya gente que siga la historia. Realmente escribo para entretenerme de alguna manera esas noches que no puedo dormir, y podría dejar de escribir en cualquier momento ya que no es que me haga falta seguir el fanfiction (aunque lo suba aquí para compartirlo). Pero, sabiendo que hay gente que sí que lo sigue... ¿por qué no?

Gracias por los comentarios en los que decís que la trama os está gustando. No tengo ningún esquema hecho en realidad, así que voy "a lo que sale" como quién dice. Repasé el fanfiction, eso sí, para ver posibles fallos y los hay. Espero corregirlos pronto para los que seguís la historia (así no os resulta incómodo)

Gracias de nuevo :)

* Escrito en español de España, algunos nombres pueden cambiar

* Algunos nombres o lugares pueden ser inventados por mí.

* Historia y derechos de Pendleton Ward y Cartoon Network

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Mientras intentaba ganarle algo de ventaja a la Reina Hielo, Finn no dejaba de pensar en todas las emociones que había vivido en apenas unos días. No sabía si estaba más sorprendido por el hecho de que Ooo estuviera en guerra o porque su amor de toda la vida estuviera enamorada de su mejor amiga. No podía quitarse de la cabeza la de señales que habían pasado por delante de su cara y no se había dado cuenta jamás de la situación: la camiseta, las miradas, las mejillas sonrosadas... todo apuntaba a que estaban enamoradas y él había sido tan ciego que no lo había visto. Sintió como si hubiera madurado en el preciso instante en que la Reina Hielo le gritó la verdad que debería haber intuído antes.

La Reina Hielo estaba dispuesta a ganar, lanzando a Finn todas las armas y trucos que poseía. Un rayo de hielo había salido de la punta de sus dedos, dispuesto a embestir al héroe en el pecho. Pero este lo esquivó con destreza y atacó con la espada de los demonios, haciendo un tajo en el brazo de la reina.

Esta se tiró al suelo dolorida, lo que dio un momento a Finn para poder respirar.

-Ahora detente de una vez sino quieres que siga-advirtió el muchacho. Pero toda su seguridad se desvaneció. La cabeza comenzó a darle vueltas como una peonza al tiempo que sentía que estaba apunto de vomitar.

La pócima que lo mantenía cuerdo después de que el caracol bebiera sus sentimientos de desasosiego y despecho, comenzaba a dejar de hacer efecto y volvería a su estado de falsa felicidad en cualquier momento. Eso supondría volverse tarumba de nuevo y por consecuente incapaz de luchar contra nadie. Y menos contra la Reina Hielo. Pero Jake no se encontraba a su lado, ¿quién le ayudaría entonces?

-Aaaaaaah, qué feo eres bicho, no me persigas más-la Princesa del Espacio Bultos pasó por delante de él como una bala, perseguida por un muñeco de nieve notablemente más pequeño que los demás.

Finn recordó la otra pócima que Marceline había elaborado en el campamento y que él no se había bebido.

-¡Princesa Bultos!-Finn partió en dos al muñeco de nieve, de un solo espadazo-necesito que vuelvas al campamento y me traigas una pócima. Debe de estar por alguna parte, tirada en el suelo, por favor, recupérala.

-Oh, Finn, ¿tendré la oportunidad de ser una parte importante de esta historia? ¿Cómo una heroína?

-Sí, sí, lo que tú digas, pero tráela ya...

La princesa del Espacio Bultos hizo un mohín, pero hizo lo que Finn le había pedido. El chico estaba desesperado, notaba como poco a poco sus fuerzas caían, el sudor frío empapaba su frente y su mente se evadía. Debía estar concentrado en la batalla, sobre todo ahora que la Reina Hielo se había debilitado, por ello debía ir a por cuerdas o algo que inmovilizara a la Reina Hielo, herida como estaba en esos momentos. Pero todo el mundo estaba en la batalla y Finn no podía dejarla sola a riesgo de que escapara, aún menos en sus condiciones actuales. Esperaría a la princesa bultos y...

...fue como si el mundo se desvaneciera de pronto. Las cosas comenzaron a perder la forma y el sentido. La luz se volvía oscuridad. Finn comenzó a sentir como todo ese desasosiego que le había invadido cuando se enteró de la relación de la Princesa Chicle y Marceline desaparecía, dando paso a renovadas esperanzas para con la princesa. El efecto de la pócima que tomó en la casa de Marceline y que lo había vuelto en sí de nuevo, desaparecía, y con esa desaparición, Finn comenzaba a volverse loco otra vez, tal y como lo había dejado el caracol a beber sus sentimientos.

En eso, la Princesa Bultos llegaba con la otra pócima en la mano. Finn la vio de lejos, justo el incentivo que le hacía falta para luchar un poco más contra la demencia que amenazaba con llenarle de nuevo. La Princesa se acercó flotando todo lo deprisa que pudo, hasta que un muñeco de nieve la atacó por la izquierda haciendo que se tambalease y la pócima cayó al suelo, desparramándose por la nieve.

-¡Nooooooooooo!-chilló Finn.

La Reina Hielo se incorporó, ya recuperada y comenzó a reír ansiosa. Ya era tarde. Finn empezó a perder la cabeza, su cuerpo se movía como si estuviera guiado por los hilos invisibles de un titiritero, totalmente fuera de sí.

Con renovadas fuerzas, la Reina embistió contra Finn y este cayó al suelo sin resistencia. La guerra dio un giro completo; con Finn fuera de combate los muñecos de nieve comenzaron a ganar terreno. El Rey Hielo en la retaguardia construía más soldados, que en cuanto eran creados se unían al resto de sus compañeros en batalla. El pelotón de Ooo se resentía y perdía fuerza: las frutas empezaban a escarcharse con la helada, los boles de cereales apenas podían moverse con todo el peso de su cuerpo ya que la leche con cereales que contenían se había congelado. Las princesas, que no estaban hechas para la batalla, aguantaban como podían... y los únicos que quedaban para retener a los muñecos, eran los soldados de fuego.

La batalla comenzaba a perderse y el manto blanco que formaban los soldados de nieve, ganaba terreno con asombrosa facilidad. Con Finn fuera de combate y Jake en otro punto de la batalla, quizá solo podían pensar en rendirse.

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Jake y Llama habían entrado al palacio de la Reina Hielo sin problemas. Con todos los soldados en la batalla, nada suponía que fuera a ser difícil llegar hasta las mazmorras y rescatar a las princesas y a Marceline, todo apuntaba a que sería pan comido y estaría sin vigilancia.

-¡CUIDADO!-chillo Jake, apartando a la princesa Llama de una gran bola de nieve que iba hacia ellos.

Estaban en un pasillo. Las paredes parecían de cristal, pero eran solamente hielo pulido. Al final del pasillo y bajando por unas escaleras, estaban las mazmorras, situadas en un saliente del palacio. Pero en la entrada al pasillo les esperaba un gran muñeco de nieve que a diferencia de sus compañeros tenía dos potentes troncos a modo de manos y lo cubría un extraño caparazón de madera.

-¡Vamos tío! ¿No ves que voy con una mujer de fuego? ¡Y está que arde! Vamos, princesa, enséñale lo que sabes hacer.

Llama le sonrió con complicidad, muy pagada de sí misma. De repente de la punta de sus dedos y de sus cabellos, salieron magníficas llamaradas de fuego que derritieron parte de la parte inferior del muñeco.

Jake maldijo cuando oyó como por el otro extremo del pasillo llegaban más soldados.

-¿Qué es esto? ¿Una fiesta de muñecos feos? Porque anda que no sois feos...

-No estás ayudando, Jake.

La princesa se convirtió en una llama gigante que chamuscó al muñeco que custodiaba la puerta. Pero el movimiento la había agotado y cuando quiso atacar a los demás muñecos que empezaban a rodearles, no pudo.

-¡Tranquila, princesa! Yo te protegeré.

Dijo Jake, al tiempo que una gran estalactita de hielo le caía en la sien, dejándolo inconsciente.

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-Me gustaría saber cómo salir de aquí sin tener que dejarte aquí sola-gruñó Marceline, mirando hacia la puerta de la mazmorra con odio.

Sabía que podía convertirse en vampiro y salir por la ventana como había hecho la última vez, pero se negaba a dejar a Chicle sola de nuevo.

-Marceline...-Chicle acarició su brazo e inmediatamente Marceline desfrunció el ceño-...ahora solo podemos esperar.

-¡Pero ha de haber una manera de acabar con esto! Esa estúpida Reina... nos supera en número...y...necesitamos algo potente. ¡Algo ha de sacarnos de esta!

Chicle la miró con ternura. Le encantaba la manera en la que Marceline se preocupaba por todo, aunque diera apariencia de lo contrario. ¿Pero qué podía derrotar a esas figuras de corazón helado?

-¡MI MOCHILA!

-¿Qué?-preguntó Marceline sin comprender.

-¡MI MOCHILA! ¡Podemos derrotarlos!

-Claro, Bonnibel, vamos a derrotarlos a mochilazos...

Chicle la miró con odio.

-¡OH, cállate! ¿Recuerdas cuando hicimos noche en la cueva el día que nos dirigíamos a la convención de ciencia?-Marceline asintió, Chicle tomó aire:-¡La pócima que inventé! Hice fuego con la pócima que había inventado, tú solo tuviste que traer la leña, ¿recuerdas?

Marceline tuvo la impresión de tomar bocanadas de aire que llenaron su pecho, aunque hacía siglos que ya no respiraba por necesidad.

-¡Podríamos derramar esa pócima y freírlos a todos! ¡Eres un genio! Pero...

La princesa Promesa, que había escuchado atenta toda la conversación, intuyó como continuaba la frase.

-...Os quitaron todo lo que llevabais encima-terminó la frase, desolada.

Chicle negó con la cabeza.

-Deben de haber dejado nuestras cosas en alguna parte, nunca las tirarían por si algo puede serles de utilidad. Solo hay que salir de aquí y encontrarlas.

-Volvemos a lo de antes-se desesperó Marceline-¡no podemos salir de aquí!

Un estruendo se oyó en la celda que se hallaba frente a la suya, y tras eso un portazo y varias risotadas.

La princesa Chicle se asomó por los pequeños barrotes que había en la parte superior de la puerta y un resplandor la cegó por un momento.

-¿P...Princesa Llama?

Al principio la Princesa Llama se la quedó mirando con pasmosa curiosidad, y acto seguido le dirigió una mirada de profundo desprecio. Chicle no había pasado por alto que Jake se encontraba a su lado, lo que hizo que una punzada recorriera su pecho. ¿Y Finn?

La princesa Llama no habló con ella ni una sola palabra y apartó sus ojos de Chicle para posarlos en Jake, aún inconsciente.

Cuando Chicle fue a contarles la situación a Marceline y Promesa, que no podían ver nada, una gran ovación surgió del exterior. Alguien había ganado la batalla. Alguien se había alzado con la victoria. Eran claros gritos de esperanza y de gloria...pero, ¿a qué bando pertenecían?