[FELIZ AÑO NUEVO BETCHES! LOS AMO. :CORAZONXINFINITOALAVIZ: (¿?)
Bueno, yo solo quería decirles… me carcajee mientras escribia este capitulo, asi que espero que ustedes tambien :v.
Bueno, cabe recordar que, mi sentido del humor es algo raro :v. Asi que lo que a mi me causa gracia, a ustedes no :v. (a veces)
:V :V :v :V :Muere:
Bueno. Un año, mas de nuestras vidas. LOL
El tiempo avanza muy rápido ¿No? ¡Hay que aprovecharlo haciendo lo que nos gusta!
C:
Bueno, los dejo con el Fanfic de AÑOOOOO NUEVO!]
Estaban jugando con las típicas luces de véngala.
Hacían círculos, figuras, e intentaban escribir el nombre de ambos durante los momentos que las luces continuaban irradiando aquellas chispas que las hacía parecer mágicas. Lo eran… al menos para estos niños. Baruch Cohen, y Spencer Wright. Dos niños de 11 años de edad que, estaban pasando el año nuevo juntos como los buenos primos que eran. Ya había pasado más de una semana, o tal vez de por sí, más de la semana. Se la habían pasado genial con sus regalos cada uno. Además… Baruch ya había regresado a su animó habitual, lo cual tranquilizaba a su primo castaño.
Aun así, le era imposible no preocuparse aunque sea un poco por Baruch, ya que, desde aquella llamada, al parecer no se sentía del todo bien con el hecho de pasar año nuevo sin su madre. Aun así, miraba que Baruch, al menos, se estaba "recuperando"
Trato de no mostrarse "preocupado" y vio cómo su vara de véngala se acababa, dejando de brillar, de emanar esas chispas. Suspiro. –Papa… ¿Hay más luces de véngala?- pregunto a su padre, quien se encontraba en su parrilla, preparando la carne para la cena del último día del año.
-Sí, Spencer, están en la mesa. Solo ten cuidado cuando las enciendas- advirtió su padre, continuando con su trabajo, dándole la vuelta a las carnes que ya creía listas, oh que de por sí, ya estaban listas. Spencer asintió, para ir por la caja de luces de véngala. Billy continuaba con la suya, ya se había apagado hace rato, pero solo se quedó inundado en sus pensamientos, seguía con las mismas ganas (o tal vez más) de pasar año nuevo con su mamá. Lanzo un suspiro. Con su mano izquierda, que era la que tenía libre, empezó a darse ligeros golpes en los labios, con el dedo índice, mientras pensaba, viendo fijamente la vara de véngala que ya tenía mucho de a verse apagado, y seguro, hasta fría estaba.
No importaba, en realidad, pero trataba de perder su mirada en algún objeto inanimado y no en alguien que termine sintiéndose… ¿acosado? Oh cualquier palabra que describa como alguien se siente cuando lo miran fijamente.
Como ya dijo, no le importa.
-Ey, Baruch, ¿Quieres otra luz de véngala?- pregunto el castaño, con la intención de hacer sentir mejor al pelinegro. Baruch podía ser un ser sin sentimiento todo el tiempo… aun así, eso no significaba que en verdad no los tuviera.
Oh, dios… eso sonó tan cursi.
-…Si, dame otra.- dijo, soltando la vara de véngala que tenía ya mucho rato sosteniendo, haciendo que cayera al suelo. Se acercó a su primo, tomando una de las luces de la caja, la sostuvo como era debido, para evitar quemarse, y espero a que su primo la prendiera. El principalmente evitaba jugar con fuego… Baruch era algo pirómano… "algo" vio como Spencer prendía el encendedor, con un algo rápido movimiento de su dedo pulgar, y prendía la vara de véngala. –Fufufu~…- soltó Baruch, junto con una sonrisa al ver aquellos brillos. Parecían estrellas o algo así.
-Oye, Baruch, déjame prender la mía…- murmuro Spencer, para tomar la muñeca de Baruch y detener el moviendo que ejercía Baruch, para según él, hacer figuras con las chiscas que soltaba aquella varita. Así fue como, Spencer, después de mantener las dos varitas juntas, la suya se predio, casi no duro nada. –Ya, Gracias…- dijo Spencer, sonriendo de oreja a oreja, jugando con la varita al igual que su primo.
-Estoy haciendo un circulo~…- canturreo Baruch con un sonrisa.
-Yo una estrella…- Spencer frunció el ceño, para hacer los movimientos correspondientes para formas una estrella.
-Yo un corazón que demuestra mi amor por ti…- Baruch dejo de moverse, para solo dejar que su véngala se extinguiera.
-… No estás haciendo nada…- se quedó callado. –Oh, como te odio.
-Spencer, Baruch, ¿Pueden hacerme un favor pequeñito?- pregunto Jane, mirando a ambos chicos.
-Claro Tía Jane…- accedió Baruch con una sonrisa.
-Sí, no hay problema.- también Spencer.
-¿Pueden cuidar a Jessica?- pregunto Jane, nuevamente, nerviosa que de que los niños a último minuto digan que no. Su marido no podía ir, tenía que cuidar la carne, y obviamente no mandaría a los niños. ¡Antes muerta! les puede pasar algo, y no se lo perdonaría jamás. Espero la respuesta de los niños. Ellos asintieron, gracias, le quitaron un gran peso de encima. La adulta sonrió satisfecha. –Prometo no tardar nada.- sonrió, para salir de la casa casi corriendo. –Jessica está en su cuarto, vayan con ella.- informo, antes de salir.
-… Yo voy a llegar primero.- dijo Baruch.
-Mentira…- murmuro Spencer.
Y con eso, ambos salieron corriendo de la cocina, con la intención de llegar primeros a la habitación de la pequeña Jessica, quien, no tenía ni la más mínima idea de que, ella sería la que trataría con niños pequeños. Se escuchaban los pasos resonar por toda la casa, subían las escaleras como si se tratara de otro pasillo. Era la energía de dos muchachitos de 11 años. Ni una gota de cansancio demostraban, mientras corrían empujándose, haciéndose a un lado, tratando de llegar primero.
Hasta que llegaron.
-¡Llegue primero!- grito Spencer, arrastrándose adentro de la habitación.
-¡Mentira, yo toque la puerta primero!- reclamo Baruch, tirándose arriba de Spencer, haciéndole una llave alrededor del cuello.
-¡No me dejas respirar!- grito Spencer, cerrando los ojos fuertemente.
-¡Entonces di que yo llegue primero!-dijo, frunciendo el ceño, y con una sonrisa de lado, sabiendo que tarde o temprano tendría que darle la razón, si no se quería morir, claro.
-¡M-mentira…!- dijo.
-¡Deja a mi hermano!- grito Jessica, levantándose del suelo donde jugaba con unas cuantas muñecas, se levantó, para empezar a golpear a Baruch en donde podía. – ¡Déjalo! ¡Déjalo!- seguía con los golpes, que, a pesar de que eran tontamente débiles, seguían perturbando a Baruch y su tarea de conseguir la razón de su primo. – ¡Bájate de el!- dijo, viendo como Baruch continuaba haciéndole una llave digna de las luchas de televisión a su hermano.
Baruch rodo los ojos. Quería a su prima (era de las pocas personas a las cuales aceptaba abiertamente que quería) aunque a veces era insoportable y sobretodo, un monstruo. Dejo de hacerle la llave a su primo castaño, y los golpes pararon. Simplemente se encogió de hombros, sonriendo de lado.
-Ya lo solté.- informo.
-Bájate de el.- ordeno la azabache con el ceño fruncido.
Baruch obedeció, y se puso de pie, dejando a un Spencer sin aire en el suelo. El pelinegro se volvió a encoger de hombros.
-Ya lo hice.- volvió a decir.
Okay, Spencer estaba confundido. Pero solo tenía una pista acerca de que pasaba aquí, entre azabaches se entendían, y sobre todo, entre monstruos.
Oh dios… ¿Por qué lo "bendecías" con dos adorables y tiernas bestias?
-…Hmp.- soltó Jessica, viéndolos fijamente. -¿Quieren jugar conmigo?- pregunto la niña ahora con una sonrisa.
-No gracias…- murmuro Spencer, recuperando el aire poco a poco. Su primo es más alto que el, así que, por ende, pesa un poco más que el castaño.
Oh dios… si estaba un poco pesado para su escuálido cuerpo.
-… Les pregunte por cortesía, pero deben de jugar conmigo, o le diré a mama que se estaban peleando.-amenazo la niña.
Raramente, a los dos les dio unas enormes ganas de jugar con Jessica esa tarde de año nuevo.
-…Hermanos, estamos aquí reunidos, para unir en sagrado matrimonio a estas dos personas que, están dispuestas a pasar el resto de sus días juntas. Que están dispuestas a, quererse, respetarse, y apoyarse en la salud y enfermedad.- Jessica trataba de fingir una voz gruesa, le era imposible por su voz altamente chillona, pero hacia el intento. – Baruch Cohen, aceptas a Spencer Wright como tu esposa, ¿Hasta que la muerte los separe?- pregunto.
-… ¿Por qué yo debo ser la novia?- pregunto Spencer, sosteniendo un ramo de flores de papel. -¿Y porque invitaste a la boda a el "Señor pelusas"?- pregunto, apuntando a un perro con tanto peluche encima que no se reconocía su figura. Había más muñecos puestos de forma que fueran los invitados de la boda.
Esto era enfermizo.
-Shh... Baruch debe contestar.- susurro con el ceño fruncido. -*Cofcof* ¿Y?- Volvió a su papel de padre de iglesia y esas cosas.
-Emmm…. ¿Necesariamente debo de decir que si?- pregunto Baruch, algo nervioso. Las mejillas las tenía levemente rojas, y debes en cuando se mordía el labio en señal de nerviosismo.
-Si quieres casarte con él, Sí…- dijo Jessica, con su voz "gruesa"
-…A-acepto…- Tartamudeo.
-¿¡Por qué dijiste que sí!?- susurro con enojo Spencer, con la cara colorada ante la respuesta positiva de su primo.
-Es solo un juego…- se excusó el azache, con una sonrisa nerviosa. –Ni que nos fuéramos a casar de verdad…- trago duro, apartando la mirada.
-Ugh… seria desagradable que me casara con un hombre.- dijo Spencer con asco. –es raro.-susurro.
-*Cofcof*¿Puedo continuar?- Ambos asintieron. –Bueno, Spencer Wright… ¿Aceptas como legitimo esposo a Baruch Cohen, para amarlo, respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?- volvió a preguntar.
-…No.- respondió secamente.
-CHAN CHAN CHAN.- Grito Jessica.
-…Eje…- se rio Baruch.
-Que dos hombres se casen no es normal.- Spencer frunció el ceño, apartando la mirada.
-Oh vamos, Wright, solo es un juego.- Dijo el pelinegro con un poco de nerviosismo.
No entendía muy bien el motivo, pero esas palabras lo hacían sentir como una basura.
-No es normal. Ni de juego, ni en la realidad. Da asco.- continuo con su ataque discriminatorio.
-…Te vas a casar conmigo quieras o no.- Baruch frunció el ceño, enojado.
-¡Ya te dije que no!- grito Spencer en defensa. Aunque, la mirada algo retorcida que le deba su primo no le ayudaba a mantener esa postura, o al menos no por mucho tiempo que digamos. Trago duro, sabiendo que se avecinaba algún tipo de golpe, o alguna otra cosa, para dañarlo físicamente por llevarle la contraria. Cerró los ojos. Esperando algún golpe.
Nada.
-… ¿Ya nos vamos a casar o qué?- pregunto el pelinegro, con cara cansada.
-¿Qué?- se quedó Spencer lelo, ante la falta de violencia de su primo. Aunque después analizo las palabras. -¡Dije que no!- volvió a esperar algún ataque físico, pero no pasó nada. ¿Y ahora? No entendía mucho este comportamiento de Baruch, era diferente a lo usual. Aunque siempre hay que recordar que es Baruch Cohen, un niño mimado, pero algo depresivo y altamente bipolar que puede matarte mientras duermes y si no tienes algo con que defenderte durante la noche.
Por eso el dormía con un bate de Baseball al lado suyo. Podía evitar cualquier asesinato de esa manera.
-Agh… vamos, yo si quiero casarme contigo.- Baruch rodo los ojos.
-¡Eso no es normal!- lloriqueo Spencer.
-¿Se van a casar sí o no?- pregunto Jessica fastidiada. –Spencer tu habías dicho que Baruch te gustaba.- sonrió la niña.
-¡Yo nunca dije eso!- Spencer se puso rojo debido a lo que dijo su hermana. -¡Ya les dije que no es normal que dos hombres se casen!-
-Pero solo es un juego…- murmuro Baruch con extraña seriedad y cansancio. –Además, si no quieres lo harás por la fuerza.- sonrió de lado.
-¡Que no quiero!- grito, para salir corriendo del cuarto.
-¡SI QUIERES!- Grito Baruch perdiendo los estribos, para correr tras de él.
-¡BARUCH LUCHA POR TU AMOR IMPOSIBLE!- Grito Jessica, pareciéndole cómica la situación. –Hasta que se fueron, Señor pelusas- dijo, para avanzar con sus muñecos.
Se había refugiado en su cuarto. Se sentía en digna película de terror, tenía miedo de que el demonio de Tasmania que tenia de primo llegara y lo obligara a casarse con él, aun cuando ya les dijo a esos dos que no es natural que dos hombres se casen y esas cosas. Es decir, ya había escuchado muchas veces que, un hombre debía estar con una mujer por qué es lo normal. ¡Nunca ha visto, ni quiere ver a una familia con dos papas! Sería muy raro…
Y le desagradaba de sobremanera.
Seguía escondido, viendo fijamente la puerta de su cuarto, escuchando como la mayoría de las puertas eran abiertas y luego azotadas, seguras era Baruch buscándolo. Dios, dios, dios. Tenía miedo. Se supone que él estaba en su fuerte, en su, en su… refugio, en su manta gigante mágica-protege-fantasmas o algo así… algo que sonara endemoniadamente infantil para que la situación que pasaba el pobre castaño de 11 años fuera menos aterradora. Aunque no tenía ni una menor idea de cómo llamar a su habitación, para dejar de tener tanto miedo, como para temblar como vibrador.
Oh dios.
-Primito~…- era una escena de película de terror, la puerta trataba de abrirse, aunque le había puesto unos seguros. Unas manos con guantes negros entraron a su habitación. Oh dios… esto era horrendo. Daba miedo, parecía que iba a entrar con una motosierra y lo iba a descuartizar en ese momento. Spencer como pudo, corrió, y empezó a cerrar la puerta, y también intentaba sacar la mano del cuarto. Oh dios, este tipo lo iba a terminar traumando, si no es que ya estaba traumado. Cuando logro sacar la mano, cerró la puerta con candado. Dios, dios, dios, dios. Temblaba, y se medió recargo en la puerta, sintiendo golpes en ella. Su madre lo castigaría por ver la puerta hecha trizas.
-¡SPENCER WRIGHT, DEJAME ENTRAR!- Grito con todo lo que podía su voz. Estaba enojado. Muy enojado, la rabia lo estaba controlando al cien por ciento. Incluso unas lágrimas debido a esta tan conocida emoción empezaron a salir mientras estaba dándole golpes a la puerta. Quería entrar y desfigurarle la cara a su primo. ¿Por qué? Ni él lo sabía.
Solo sabía que estaba muy enojado porque no quiso casarse con él.
Aunque como él dijo, era solo un juego.
Un estúpido juego.
Pateaba la puerta, la golpeaba con su hombro al lanzarse sobre ella. Solo quería entrar. Hay que dejarlo entrar.
-¡Deja de golpear la puerta, Baruch! ¡Me castigaran por tu culpa!- escucho como grito el castaño con miedo.
Los dientes le rechinaron.
-¡ESE ES EL PLAN!- Contesto, echando una carcajada seca, aunque las lagrimitas debido a la estúpida emoción de la rabia estaban presentes. Debía parecer un loco, lo más seguro.
Dejo de patear y golpear la puerta. No iba a conseguir nada así. Tenía 11 años, no podía derribar una puerta de esa manera. Solo… necesitaba algo pesado. Lo suficientemente pesado como para poder derribar la puerta. Quería entrar. Quería entrar. Miro a los lados, algo debía de servirle. En todo el pasillo no había nada, solo podía ver a Jessica asomándose un poco, con cara divertida. Aunque a él le causaba algo de gracia y a la vez no. No sabía ni que era lo que sentía exactamente, fuera del enojo que lo inundaba.
Vio una mesita de noche al parecer. La puerta ya estaba muy mal por fuera, así que posiblemente lo único que tenga que hacer era eso. Aventarle algo. Avanzo hacia ella corriendo, y empezó a arrastrarla rápidamente, estaba ligera, y podía moverla sin mayor dificultad debido a las ruedas.
Si Spencer valoraba su vida, se iba a quitar de encima de la puerta.
Como pudo levanto la cajonera, era de tablas ligeras, así que podía pesar lo mismo que él o menos, no importaba. Con una fuerza "sobrehumana" la levanto y así como logro levantarla, no espero nada y la lanzo encima de la puerta, haciendo que un estruendo se escuchara.
Así la puerta de Spencer cayó al suelo, junto con varias partes de aquella cajonera vieja.
-Hasta que entre~…- canturreo, mientras se sacudía las manos, romper aquello le redujo su enojo. Aunque no lo suficiente como para dejar a Spencer en paz. Miro a Spencer, quien, con cara de no creer, miraba todos los papeles no-importantes que salieron de la cajonera, y las partes de esta que estaban regadas por ahí, al igual que la puerta. Miraba como la cara, casi se le ponía azul debido a la falta de respiración por la sorpresa. Era divertida esa expresión, y le encantaría verla más veces.
Oh espera, casi siempre la miraba.
-¡Ya te dije! ¡Lo aras por la fuerza!- le grito, con enojo en su voz.
-¡Te dije que no!- grito el castaño, temblando, como pudo se levantó, para empezar a correr, un intento de escapar dentro de su habitación.
-¡Oh, claro que lo aras!- Baruch sonrió, para empezar a perseguirlo, brincaron de un lado a otro, parecían como de esos documentales. Spencer es un pobre antílope, y Baruch un león, un león hambriento de sangre y viseras de este pobre antílope. Corrieron por toda la habitación, subiéndose incluso al escritorio de Spencer, metiéndose al baño de este entre otros lugares, pero sin salir de ahí, principalmente porque Baruch siempre lo evitaba.
Aun así, las probabilidades de escape para un antílope solitario son muy bajas. Tal vez si estuviera con los demás, posiblemente, se salvaría, pero hoy parece que no es su día de suerte.
Baruch atrapo a Spencer haciéndolo prisionero en la cama, tomo ambas muñecas del castaño y lo mantuvo quieto.
Casi asfixiándolo con la mirada, como un león hace con la presa que por fin tiene entre sus fauces.
-¡No quiero casarme con un monstruo!- Le grito Spencer, sacándole la lengua de una manera infantil. Baruch sonrió de lado.
Era una sonrisa algo retorcida, pero… eran sentimientos revueltos, reflejándose en su rostro. ¿Cuáles eran esos sentimientos? No sabía. -¡Lo aras!- afirmo el pelinegro a gritos.
Usualmente el antílope da pelea aun entre las fauces del león, continua moviéndose, con la leve esperanza de vida en su cabeza. Aun con su sistema activo, gritando desesperadamente por continuar vivo y no ser parte del menú del rey de la selva. La cadena alimenticia es horrible. Pero parte de la vida, la cual para Spencer… dios… no era muy justa.
Las patadas de Spencer, eran cada vez más fuertes, quería liberarse, quería correr, dios.
Este tipo siempre le daba un miedo tremendo. -¡Que no!- grito Spencer, casi con ganas de llorar.
Ja… Baruch simplemente apretó las muñecas del castaño que tenía debajo de él. -¡Que sí!- le grito a la cara.
Y se dejó llevar por los sentimientos.
Su primo estaba estático debajo de él.
Estaba muy asustado, debido a que este tipo siempre ha sido un bravucón con él.
No entendía bien las razones del por qué. Pero aun así inconscientemente perdonaba todas esas estupideces que hace.
Aunque ahora…
No entendía por que lloraba.
-No hay razones… es enojo.- murmuro Baruch, sabiendo que pensaba su primo.
Ya lo había dicho, era demasiado predecible.
-"Mas bien tristeza…"- pensó Spencer.
-¡¿Qué le paso a la puerta?!- Murmuro Jane alterada, con su marido, y con los niños. Primero, porque su marido estuvo ahí todo el rato que ella salió, y con los niños… bueno… ¡Por no avisarle a Hugh! Principalmente por eso.
Ambos niños bajaron con la mirada, aunque se vieron por unos instantes.
Baruch suspiro.
-Fue Spencer.- Dijo solemne.
-¡¿Qué?! ¡Tú tiraste la puerta, no yo!- Spencer dio pelea, no sabía el por qué, por un momento, pensaba que su primo aceptaría la responsabilidad de sus actos. Pero al parecer, estaba muy equivocado. Oh dios… ¿en qué pensaba? ¿Era idiota acaso? Pues al parecer sí.
Baruch lo miro por un momento.
-Agh… está bien… fui yo.- dijo.
-¿Pero por qué?- pregunto Jane consternada, viendo la puerta detrás de los dos niños.
-Estaba muy enojado, no medí mi fuerza.-Baruch empezó a jugar con sus dedos. –Sé que un lo siento no lo arregla.-
-Ummm…- Jane miro la puerta por un momento. Y suspiro con una sonrisa. –No te preocupes… últimamente estas muy sensible por lo de tu mama… entiendo. Pero debes de sacar tu enojo de alguna otra manera.- La adulta pelirroja sonrió de lado. –Tu mamá me dijo que eres muy bueno con la guitarra, y también cantando… Esa es una forma.- sugirió. –Además, tienes a Spencer, aunque él no lo diga, él te quiere mucho.- miro a Spencer sonriéndole. –Todos te queremos aquí.- consoló al chico.
-Gracias…- murmuro Baruch con una sonrisa.
-… ¿No lo vas a castigar?- pregunto Spencer indignado.
-¡No puedo! No soy su mama. Además…-revolvió el cabello de Spencer. –Si lo castigo no jugara contigo.- le sonrió.
-¡Pero tiro una puerta!- reclamo Spencer.
-Bueno… planeábamos cambiar tu puerta, estaba muy dañada… - Jane se encogió de hombros, sonriendo.
Odiaba que su madre fuera tan comprensiva.
-Bueno… me llama la atención que te hizo sentirte tan enojado Billy.- sonrió Jane con aire de curiosidad, miro al niño pelinegro, quien solo aparto la mirada levemente avergonzado.
-Spencer no se quiso casar conmigo… y eso que era juego.-
-Owwww…- lanzo Jane por la ternura.
-¡Que no es normal que dos hombres se casen!- se defendió Spencer. -¡Da asco! ¡Y además somos primos!-Continuo Spencer.
-¡Spencer!- interrumpió su madre enfadada. –Que dos hombres se casen es natural… aprende a ser tolerante.-
-No es cierto… no es natural...
-Lo es, al igual que dos mujeres.
-¡¿TAMBIEN ENTRE DOS MUJERES?!- Grito Spencer sorprendido. -¡ESTE MUNDO SE VA PARA ABAJO!-
-… ¿Eso te hizo enojar Baruch?- pregunto su tía, con cara cansada.
-Si… me hizo sentir mal.- añadió el pelinegro, cabizbajo.
-…No le hagas caso… Usualmente las personas así es porque secretamente quieren hacerlo.- rio Jane, junto con ella lo hizo Baruch. Era buena forma de molestarlo, y lo hizo sentir un poco mejor. Tal vez después de todo, él se quiera casar con él en un futuro. Claro… de juego.
No cree estar listo todavía para casarse de verdad.
Ya era de noche.
Faltaba poco para las 12 de la noche.
Y empezaría un nuevo año.
Como era costumbre, entre su familia, escribían sus propósitos de año nuevo en una nota, y los leerían en voz alta para que todos se enteraran. De esa manera no habría forma de escapar de ellos y no cumplirlos, ya que todos tendrían el poder de recordártelo, incluso de casi obligarte a cumplirlos. Spencer suspiro, pensando en su tercer propósito de año nuevo. Miraba a Baruch a un lado suyo, sentado en la mesa. Ah diferencia de él, no tenía ningún propósito escrito. Miro de reojo a Baruch, quien parecía perdido en la hoja en blanco en la cual se supone escriba sus propósitos para iniciar año.
-¿Por qué no escribes algo?- pregunto Spencer levemente curioso.
-No sé qué poner…- contesto Baruch.
-…Ohm…- miro a su primo fijamente, analizándolo.
-¿Qué?- Se puso rápidamente a la defensiva. No tenía ganas de pelearse nuevamente, después de todo, era año nuevo. Vio como Spencer sonrió un poco por su reacción, no entendía el por qué, pero al parecer si fue por eso. Ya lo dijo, más de dos veces, Spencer Wright es altamente predecible para él.
Algunas veces.
-Uno de tus propósitos podría ser… Que aprendas a controlar tus emociones…- Le dijo.
-Se controlarlas.- se excusó.
-No sabias ni que sentías hoy al momento de tirar mi puerta.- miro a Baruch con cara cansada. –No era enojo cuando me lo dijiste.- Murmuro, recordándole el momento donde, nuevamente, se puso a llorar delante de él.
-…Ugh…-Baruch aparto la mirada. –Bueno… creo que si tengo un propósito.- murmuro, para empezar a escribir, Spencer sonrió triunfante.
-Supongo que gracias…- murmuro el azabache, rodando los ojos y cubriendo la hoja de papel.
-¿Solo uno?- pregunto Spencer. -¡Yo tengo tres!- rio.
-Eso es porque eres una pésima persona.- rio con sorna.
-…Oh como te odio.- el castaño sonrió de lado, con el ceño pobremente fruncido.
-¿Todos tienen sus uvas?- pregunto Jane, junto con su marido. Ambos tenían unas copas, en donde tenían unas uvas, se miraban muy lindas, doce uvas exactas, para pedir los deseos correspondientes a cada campanada.
Spencer y Baruch asintieron, sosteniendo unos vasos de cristal en donde también tenían la cantidad de 12 uvas.
Se miraron en son de reto.
-Yo me las comeré primero.- Dijo Spencer con una sonrisa.
-A-ha… yo me las terminare primero.- rio Baruch con sorna.
-Si se las comen rápido se van a ahogar.- advirtió Jessica, con un vaso de plástico en donde tenía sus uvas ya sin semilla.
-Jessica tiene razón, además, se supone que cuando se comen las uvas pidan un deseo.- dijo Jane.
10…
-Oye Spencer…- Ambos chicos estaban sentados en el sillón que daba una vista linda hacia la piscina de la casa, se miraban las estrellas reflejada en esta. Faltaba poco para los fuegos artificiales.
-¿Qué?- contesto. Jugando con sus uvas.
9
-Bueno… ¿Te puedo hacer una pregunta?-dijo.
-Ya la hiciste.- Spencer sonrió de lado.
-Que gracioso.- Baruch le saco la lengua igualmente con una sonrisa.
8.
-Está bien… ¿Qué pasa?- pregunto Spencer, viendo al cielo oscuro. La luna estaba muy brillante, en pleno año nuevo. Y las estrellas igual. No había nubes.
No obstruían la vista hacia el satélite natural de la tierra, y eso era hermoso.
-… ¿Me odias?-
7
Se quedó callado, no sabía que responder. –Yo…- no lo odiaba… Spencer no lo odiaba. Aunque no entendía muy bien su pregunta. En especial porque lo pregunto tan de repente. Era raro, incluso viniendo de este tipo… es decir... no es normal. -¿Por qué preguntas? No entiendo.- confeso.
Estaba muy confundido.
6
-Ya te dije… Quiero saber si tú me odias.- Aparto la mirada, viendo su vaso de uvas a un lado.
-… No entiendo por qué te importa saber.-dijo Spencer.
5
-Por qué me importa.- le saco la lengua.
-Oh claro, y todas las idioteces que hago por ti es porque te odio.- Spencer lo miro cansado.
4
-Eje…- Baruch rio. –Solo quería asegurarme.- murmuro, con una sonrisa. -¿Sabes? Es divertido estar aquí~… No me siento solo como cuando estoy con mi mamá…- se sinceró. Quería mucho a su mama, pero… ella estaba mucho tiempo fuera de casa a veces.
-Yo tampoco… no tengo muchos amigos que digamos.- rio, sintiendo la cara caliente debido a la extraña pero cómoda conversación que tenían.
3
-Entonces…- Billy miro hacia arriba, escuchando como el conteo casi terminaba. -¿Si cambio un poco mi forma de ser te casarías conmigo?- se rio el niño. Spencer sin pensar también lo hizo. Pf, era gracioso lo que dijo, extrañamente no le desagrado tanto como las otras ocasiones. Le desagrado un poco… pero a la vez no… raro.
-¿Supongo?-dijo Spencer entre risas.
2
-… Ey, Spencer.- Hablo Baruch. –Mira, eres un estúpido, odio tu presencia pero a la vez me gusta. Y quiero decirte que te bese anoche mientras dormías.- soltó de repente.
-…. ¡¿POR ESO QUERIAS SABER SI TE ODIABA?!- Grito Spencer, frunciendo el ceño, colorado debido a la vergüenza.
-No quería que me odiara más.- Baruch se encogió de hombros, con una sonrisa –Bueno. ¿Ahora me odias?- pregunto.
1
Se quedó callado.
-Sigo sin odiarte.- dijo.
¡FELIZ AÑO NUEVO!
Las campanadas se escucharon, y ambos empezaron a comer sus uvas, tratando de quitarse la vergüenza de encima.
No podían.
Sus deseos no son muy importantes.
"Deseo que este idiota deje de decir cosas Homosexuales" Pidió Spencer, comiéndose una uva, mirando celosamente a su primo azabache.
"Deseo volver más seguido con Spencer" pidió Billy, frunciendo el ceño, mientras separaba la uva de las semillas. Volvió a comer otra uva, y esta vez cerro los ojos, y pidió con mucha fuerza el siguiente deseo. "Y que mamá se recupere del Cáncer"
A la mañana siguiente, todos tenían "resaca" cuando decimos eso, nos referimos a que se durmieron hasta tarde… y tienen "resaca"
Era 1 de enero.
Genial.
-Al menos sé que no me odia.- susurro Baruch, acostado a un lado de su primo. Lo miro, era raro. Pero le gusta la sensación cuando le rozaba los labios con los suyos. Como pudo, acerco su rostro al del otro chico, haciendo un rose, quedándose así, como un beso.
Cerró los ojos.
Le encantaba la sensación de los tibios labios de Spencer sobre los suyos.
Le quedaba una semana con su primo. Debía aprovecharla aunque sea un poco.
Se separó, y volvió a dormir, eran las 10 a.m. nadie en primero de enero se levanta a esa hora.
Lo más seguro es que Spencer se levante hasta la 1.p.m.
Idiota.
~Antes de iniciar la historia~
-M-mamá…- llamo Billy, con un poco de pena.
-¿Si que pasa?- pregunto una señora que cubría su cabeza con un especie de pañuelo. Estaba sentada, viendo la televisión. Entre el tiempo que pasaba, su madre se miraba cada vez mejor. Esas uvas eran mágicas.
Sonrió de lado, para sentarse a un lado de ella. La señora, lo abrazo por inercia, a lo que el respondió devolviéndole el abrazo.
-Quería preguntarte algo…-hizo una ligera mueca. -¿Crees que pueda ir a ver a Spencer?- Mascullo.
La señora rio. -¿Ya lo extrañas? Es típico, ya han pasado tres años.- rio la señora, acariciando la cabeza del azabache.
-Bueno… si, lo extraño.- rio Billy.
Extrañaba al estúpido campesino, director aficionado que tenia de primo.
-¿Y por qué tan de repente?- pregunto su madre consternada. –Hace tiempo siempre evitabas que te hablara de tu primo. Es raro amor.-
-Nada…- Billy sonrió. –Solo debía pensar unas cosillas~…- canturreo.
-Pues tardaste mucho, eh.- rio su madre.
-¡MAMÁ!-Reclamo, algo rojo. -¡Me gusta pensar con calma, eso es todo!- se excusó.
Una excusa tan mala, que ni su madre se la creyó.
Lo que pasaba es que era lento.
[chan chan chan!
Okay ya :v. Primero, la narración esa de la vida animal… estaban viendo un documental sobre eso. Y Me fue inevitable no relacionarlo con lo que escribia :v.
Bueno. Solo espero que les haya gustado, y que disfruten de esta fecha especial junto a sus seres queridos.
Los amo por dejarme esas reviews, no tienen una idea de lo feliz que me hacen :corazón: ustedes son las personitas que me animan a continuar con este proyecto.
Los quiero :corazón:
Cada review que me mandan, es… wow. No importa que solo diga "conti" o cualquier mamada como "vendo empanadas" Me emociono, por que se toman el tiempo de dejar una review… y…
NGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH :GIME: (¿?)
LOS AMO.
ADIOS.
NO PUEDO IRME
DIOS…
LOS QUIERO.
*LA ARRASTRAN*
LOS AMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO POR LAS 110 REVIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
*EXPLOTA*]
