Capítulo 12
El domingo al amanecer, Tsubasa fue el primero en despertarse. Estaba de cara a la chica, que dormía con la boca abierta. Tsubasa no pudo resistirse a darle un beso en la cabeza, haciendo que Sanae se diese la vuelta, soltando un leve gruñido. El chico pensó que aún no era el momento de despertarla y le dejó dormir mientras él se vestía. Le entraron ganas de ir lavabo, pero no podía ir al de la casa, ya que podría despertar a los señores Nakazawa o a Kunichi. Entonces, se le ocurrió una idea, bajó sigilosamente las escaleras, abrió la puerta muy despacio y la cerró del mismo modo, después, se transformó en lobo y se acercó a un árbol para hacer pis. De repente, escuchó sonidos de garras golpeando contra el suelo, el chico se giró y vio a Kanda, que venía hacia él al galope. Sin que Tsubasa pudiera reaccionar, el lobo gris se abalanzó sobre él y le dio un profundo mordisco en el vientre. El muchacho apenas podía moverse debido al terrible dolor, pero se lanzó con todas sus fuerzas contra Kanda, que le esquivó sin ningún problema y le inmovilizó apoyando su zarpa en el cuello de Tsubasa.
Tsubasa: ¿Por qué… m… me has atacado ahora?
Kanda: Porque quiero deshacerme de ti cuanto antes, y entonces Sanae será toda mía.
Tsubasa: Tú eres un animal… jamás podrás convertirla en tu compañera.
Kanda: ¡Cállate!
Cuando el lobo iba a morderle la garganta, una figura castaña se abalanzó sobre él. El lobo blanco incorporó la cabeza y vio a su salvador, ¡era Tocko! Kanda luchó contra el recién llegado, pero Tocko esquivaba todos los mordiscos y los zarpazos. Al final, el lobo castaño hizo un movimiento rápido, confundiendo a Kanda, y le clavó los colmillos en el costado. El lobo gris, humillado de nuevo, se alejó del lugar gimiendo de dolor. Tocko, aún transformado, se acercó a su primo, que tampoco cambió de forma.
Tocko: ¿Estás bien Tsubasa?
Tsubasa: Sí, estoy tan sano que tengo ganas de ir al parque, ¡Pues claro que no! ¬¬
Tocko: Menuda herida. Estás perdiendo mucha sangre, te llevaré al hospital.
El lobo castaño subió a Tsubasa en su lomo y lo llevó rápidamente al hospital. Al llegar, se ocultaron en un callejón para recuperar su forma humana, después Tocko apoyó a su primo en su hombro y le condujo al interior del edificio. Una vez allí, los médicos metieron a Tsubasa en una camilla y lo llevaron al quirófano. Luego, una enfermera se acercó a Tocko.
Enfermera: Su primo tiene una grave herida en el vientre, pero por suerte no le ha dañado ningún vaso sanguíneo importante. ¿Qué fue lo que le produjo semejante corte?
Tocko: Un perro callejero le atacó sin que él pudiera reaccionar. Ya le había intentado matar otras veces.
Enfermera: Pues llamaremos a la perrera, si ese animal es tan peligroso debería ser sacrificado. ¿Cómo es el perro?
Tocko: Es muy grande, tiene el pelo de color gris oscuro, los ojos amarillos y está cubierto de cicatrices.
Enfermera: Gracias por la información, miraremos si en la ropa de su primo quedó adherido algo de pelo del animal para que podamos analizar su ADN si hay más de un perro con esas características.
Tocko: Muchas gracias.
Después de aquello, el joven llamó a sus padres y a su tía para avisarles del estado de Tsubasa. Al cabo de un rato, Natsuko, Kin y Yuta llegaron al hospital. Natsuko, que era la más angustiada estaba, no dejaba de pasear por el pasillo, suspirando continuamente. Una hora después, el médico salió del quirófano y la preocupada madre se acercó a él.
Natsuko: ¿Cómo está mi hijo, doctor?
Médico: ¿Usted es su madre?
Natsuko: Sí.
Médico: Le hemos dado unos pocos puntos de sutura, la herida era muy fea.
Natsuko: ¿Se pondrá bien?
Médico: Sí. Pero va a tener que quedarse una semana aquí hasta que le cicatricen los cortes.
Natsuko: ¿Puedo verle?
Médico: Lo siento, aún no le ha pasado el efecto de la anestesia. Pero dentro de unas dos horas se despertará.
Natsuko: Muchas gracias doctor.
En ese momento, el móvil de Natsuko sonó.
Natsuko: ¿Diga?
Sanae: Hola, señora Ozora, ¿está Tsubasa con usted?
Natsuko: No, ¿es que no te has enterado de lo que pasó?
Sanae: Pues no, ¿qué ha ocurrido?
Natsuko: Ven al hospital y te lo cuento.
Cuando Natsuko colgó el teléfono, la chica se fue corriendo al hospital completamente preocupada, se preguntaba que le había pasado a Tsubasa como para estar allí. Al llegar, la madre le contó lo sucedido.
Sanae. ¿Pero está bien?
Natsuko: Sí, tranquila. Le han cosido la herida, pero tendrá que pasar unos días en el hospital.
Sanae(llorando): Todo esto es culpa mía. Hicimos el amor otra vez y le dije que se quedase a dormir en mi casa para que mis padres no le descubrieran. Si no lo hubiéramos vuelto a hacer, esto habría pasado.
Natsuko: No es culpa tuya, Sanae. Es normal que dos personas que se quieren hagan el amor, además, vosotros no sabíais que Kanda iba a atacar a Tsubasa de esa manera, a traición. Ese miserable animal…
Sanae: ¿Kanda? ¿Pero no le atacó el perro gris?
Natsuko: ¿Tsubasa no te lo dijo?
Sanae: ¿Decirme qué?
Natsuko: Que Kanda es un lobo. Pensé que ya lo sabías.
La chica se quedó pálida al escucharlo, ahora lo entendía todo: Las persecuciones del perro gris, las miradas de Kanda, el odio que éste sentía por Tsubasa y el intento de violación.
Sanae: ¿Pero por qué Tsubasa no me lo dijo?
Natsuko: No lo sé. Tal vez no quería preocuparte.
De pronto, salió una enfermera del quirófano.
Enfermera: La familia de Tsubasa Ozora, por favor.
Cuando entraron en la sala, vieron al chico medio tumbado en la camilla, con el vientre cosido. Sanae corrió llorando a abrazarle.
Natsuko: ¿Cómo te encuentras, hijo?
Tsubasa: Mejor que antes, supongo.
Tocko: Yo pensé que no lo contabas, sangrabas mucho.
Yuta: Ese imbécil te dio fuerte.
Kin: Menos mal que Tocko te olfateó, porque sino…
Sanae: Lo siento, cielo. Si no te hubieras quedado a dormir en mi casa esto no habría ocurrido.
Tsubasa: Sanae, preferiría que ese perro me hubiese matado, que no haber pasado todo ese tiempo contigo.
Tocko fingió que tosía para reírse discretamente.
Tocko: Cof, ninfómano, cof, cof, ja, ja, cof, cof.
Tsubasa: ¿Qué?
Tocko: Nada.
Sanae: ¿Por qué no me contaste que Kanda era el perro callejero?
Tsubasa: ¿Cómo lo has…? Mamá… ¬¬
Natsuko: No tuve más remedio que decírselo, hijo.
Sanae: ¿Por qué no me dijiste?
Tsubasa: Porque no quería preocuparte más de lo que ya estabas.
Sanae: ¿Y pensabas ocultármelo siempre?
Tsubasa: No, prefería contártelo cuando todo terminase.
Sanae: ¿Terminar el qué?
Tsubasa: El acoso de Kanda. Quería que lo supieses todo en cuanto derrotase a ese saco de pulgas.
Sanae: ¿Y si te hubiera matado? ¿Has pensado en eso, que te fueras sin que yo supiese la razón de los ataques de ese lobo?
Tsubasa tuvo que callarse, no sabía que responder.
Tocko: Será mejor que os dejemos solos. ¿No?
La familia se fue de la sala, dejando a la pareja a solas.
Tsubasa: Perdóname, Sanae. Por favor, entiéndelo.
Sanae: Lo entiendo, Tsubasa. Pero no vuelvas a ocultarme nada, ¿vale?
Tsubasa: Vale.
La chica se inclinó para besar a su novio. En ese momento, entró el médico que se encargó de la operación.
Médico: Lamento la interrupción, pero la hora de visitas ha terminado.
Sanae: Hasta luego, Tsubasa.
Tsubasa: Adiós, cariño.
En el vertedero, Kanda descansaba sobre su viejo sofá, mientras que Bina, su madre, le lamía la herida del costado.
Bina: Debiste matarle a la primera, y entonces no te habrían herido.
Kanda: Es que quería disfrutar viendo sufrir a ese humano.
Bina: Los Kuroichi están muy unidos, Kô. Ya deberías saberlo.
Kanda: Es que sino me hubiera distraído, Tocko también lo habría pasado muy mal.
De repente, apareció Kumi.
Kumi: Vaya, primo. Parece que hoy tampoco has tenido suerte, ¿contra quién ha sido esta vez?
Kanda: Ataqué a Tsubasa y le hice una herida casi mortal, y si Tocko no hubiese aparecido, ya nos habríamos quitado de en medio a ese patea-balones.
Sin que Kanda y su madre lo esperasen, Kumi se abalanzó sobre el lobo gris y presionó su herida con la garra.
Kumi: Si le tocas un solo pelo a Tsubasa, yo misma te seccionaré la yugular. ¿Ha quedado claro?
Bina: ¡Basta, Kumi! ¡Le estás haciendo daño!
La joven loba se apartó de Kanda y se marchó, dejando de piedra a su primo y a su tía. Al parecer, Kanda no era el único que sufría la obsesión hacia los humanos.
