Ohhhh, muchísimas gracias por los reviews. Alexade. Sil (en serio deja de meterte en mi PC!) y Paola-enigma, q además te tomas la molestia de mandar el MP para terminar tu review, eres un sol. Mención especial para Ana, me ha encantado leer tu review (creo que he desgastado la pantalla de tanto leerlo!), que te hayas molestado en escribir tu opinión y encima con unas palabras tan bonitas, joder! Espero seguir logrando emocionarlos, aunque la historia no es rápida, no hay swanqueenismo puro y duro, pero me gustaría poder trasmitir un poquito de como veo yo que podían haber sido estos capts. finales de OUAT!
Gracias también por los Fav y los nuevos Follows!
Lo de siempre: espero que disfruten.
12. Sería imposible no enloquecer
Leer aquello había dejado a Emma sumida en una sensación de desasosiego. Regina no era tan diferente de ella misma como creía.
No había tenido una vida apacible de princesa, como ella pensó durante mucho tiempo. Ni una madre que la arropase todas las noches. No tuvo la oportunidad de ser feliz como hubiera cabido esperar en la tierra de los cuentos. Definitivamente, su vida ha sido un cúmulo de malas compañías. ¿No había terminado la misma Emma pasando un tiempo entre rejas? ¿No quedó marcado su futuro por sus acciones en el pasado?
¿Cómo podría culpar a Regina única y exclusivamente a ella de todo lo que había pasado? Había conocido a Cora, y vio que tipo de calaña era, e indudablemente conocía a Mr. Gold y sabía de lo que era capaz. ¿No había manipulado él a Mary Margaret para que matara a Cora? ¿No había logrado oscurecer el corazón más inocente del pueblo? ¿No había tejido los finos hilos de tramas y engaños para lograr llegar hasta este mundo? ¿No había sido Mr. Gold quien la había manipulado a ella misma para lograr traer la magia a Storybrooke? Desde un principio ejerció su mejor poder sobre Regina, para que fuera ella quien los trajera a este mundo. Movió a cada personaje del Bosque Encantado como quien mueve sus fichas en un tablero de ajedrez. Avivó la desesperación dentro del corazón desgarrado de una chica de 17 años que lo había perdido todo, su amor, sus deseos, su libertad, y procuró crear en ella un ser odiado y malvado, pues sería ella la encargada de llevar a cabo la peor de las maldiciones jamás creada.
Hubiera deseado estar en ese tiempo y en ese lugar para poder decir sobre el hombro de Regina, junto a su oído, que en el deseo de querer ser amado no residía la debilidad si no la fuerza. Poder decirle que era hermosa por dentro. Que el mundo aún debía enseñarle tantas cosas que serían más increíbles que la magia. Deseaba haber estado allí para luchar con Regina, para luchar por ella.
Pero no estuvo y ahora tenía que descubrir todo cuanto había sucedido para que aquella joven, que había sido con sus palabras llenas de bondad parte de la creación del personaje más maravilloso e inocente de los cuentos, hubiera acabado siendo señalada como la peor de las brujas de las historias infantiles que la habían acompañado. El mundo había ignorado el pesar que acompañaba a la Reina Malvada, porque era más fácil culparla que entenderla, al fin y al cabo nadie quiere aceptar que dentro de cualquiera hay una bruja en potencia.
En ese momento entró por la puerta el resto de la familia Charming. Sonrientes se toparon con una Emma apesadumbrada.
Henry, Charming, vayan a buscar a Neal para que nos eche una mano con toda la decoración del cumpleaños. – Cuando los dos hombres, que habían comprendido que la faceta de madre y de mujer de Snow eran requeridas, salieron en silencio nuevamente. - Emma, cariño… - Snow se acercó lentamente a ella. - ¿Has estado llorando?
¿Qué? No, no. ¿Cómo se te ocurre?
Tal vez porque tienes los ojos rojísimos e hinchados.
Debe ser que no dormí bien.
¿Has discutido con alguien?
No… - Ante la mirada incrédula de Snow, Emma sólo pudo esbozar una sonrisa triste. – Bueno, más o menos, pero no estoy llorando por eso.
¿Qué ha ocurrido, cariño? Cuéntame.
Recuerdas que te pregunté que le había pasado a Regina para convertirse en la Reina Malvada…
Sí, tengo un vago recuerdo de tus preguntas y sus constantes lecturas al libro de Henry.
¿Tanto lo leí?
Temí que llegaras a borrar la tinta. – ambas sonrieron. – Dime, ¿qué ha ocurrido con Regina?
Durante los últimos días he tratado de acercarme a ella.
Creo que ha sido mucho más que durante los últimos días, pero vale.
¿Qué quieres decir?
Desde que llegaste a esta ciudad, a pesar de vuestras peleas, nunca has permitido que nada malo le pasara.
Bueno, al fin y al cabo ella sigue siendo un ser humano. Tenemos que ayudarlos aunque no sepamos quienes son.
Que familiares me suenan esas palabras…
Esa es la cuestión. Después de haber acordado que trataríamos de hacer una tregua por el bien de Henry, ayer por la tarde tuvimos una discusión espantosa, pero no estoy llorando por eso. – se apresuró a decir Emma antes de que Snow creyera que la había herido o que lloraba porque se habían peleado. – Sé que es parte de nuestra relación. Peleas constantes, hacer las paces… Rutinario. La cuestión es que le he pedido que me cuente su historia. Le compré un pequeño libro en blanco para que escribiera que le había ocurrido. Me lo ha traído esta mañana, poco después de que ustedes os fuerais, y lo he leído.
¿Y bien?
Regina no se merece lo que le ha pasado. – dijo empezando a llorar nuevamente.
Cariño, Regina no ha tenido una vida fácil, pero se le han dado muchas oportunidades.
Tu. Sólo se las has dado tú y no sabes lo que supones para ella.
Sé que Regina me odia, pero traté durante largo tiempo de hacerla cambiar.
No, Mary Margaret, no es así. Regina trató de hacerte desaparecer porque la hacías ser débil. Ella te quería y te seguiría queriendo, pero eras lo único que la ataba a ese pasado del que ella quería escapar. Eras una debilidad constante en su vida, porque a pesar de todo, ella aún te quería. Te habías convertido en el origen de su decadencia, muy a pesar suyo. Te salvó, y pensó que hermoso era tu nombre, y el hecho de haberte salvado acabó con su vida. Fue obligada a casarse con tu padre. Vio morir a su amor verdadero. Compartió palacio día tras día con la persona que había faltado a su palabra y que ella consideró el detonante de su propia "muerte". Dentro de ella luchaban la Regina que te había salvado y la Reina Malvada que veía que tú eras la única capaz de hacerla volver a ser quien era y ella eso no lo podía soportar, no después de haberlo perdido todo. No tenía a dónde volver, ni con quien. Vamos, Mary Margaret, piénsalo. ¿Por qué demonios iba a tratar de venir a este mundo sin magia, donde iba a ser tan débil como tú, dónde ha compartido tantos años como una simple humana y tú desconociendo quién eras y quién era ella? Hubiera podido acabar con tu vida en un abrir y cerrar de ojos, pero sin embargo te dejó vivir, te convirtió en la profesora el pueblo. Una profesora, ¡por dios!, quien enseña las lecciones de la vida a los niños. Te hizo una vida paralela tan igual a la que tenías cuando eras Snow White que parece imposible creer que te odiara. – Las palabras de Emma hicieron reflexionar a Mary Margaret.
Siempre había tratado de recuperar a aquella joven que había conocido en el prado, pero tras varios intentos, simplemente creyó que era imposible, porque no llegaba a comprender que motivaba a Regina a odiarla tanto. Emma no estaba tan desencaminada al dudar de las verdaderas intenciones de la Reina de matar a su adversaria. Había tenido mil ciento y una oportunidades, pero siempre ocurría algo que se lo impedía. Casi pareciera que no hubiera puesto todas sus intenciones en hacerlo. Casi parecía más un intento de su parte para hacerse creer que ella podía controlar su propia vida, olvidando que hasta ese entonces nunca había sido la dueña de su propio destino. Incluso hasta su gran truco final tenía un punto flaco y había fracasado y ella no había hecho mucho por impedirlo.
No pudo evitar volver a aquel momento en que conoció a Regina, pensar en ella siempre le hacía añorar su hogar. Incluso en los peores momentos siempre estuvo cerca mientras creció. No sabía cuánto daño le había hecho y sin embargo cuidó de ella. Procuró bajar sus fiebres cuando la aquejaban. Calmó sus miedos cuando sus pesadillas la atormentaban. Calmó su llanto cuando lloraba por su madre perdida. No habría vidas suficientes para agradecer lo que a pesar de su dolor y angustia Regina había hecho por ella.
Cuando descubrió lo que le había pasado realmente a Daniel pensó que nadie podía merecer un final tan devastador. Creyó que hasta la locura se hubiera apoderado de sí misma si tuviera que vivir, aunque fuera un solo segundo, la vida que había recaído sobre Regina. Comprendía sus acciones, porque nadie mejor que ella para saber que un corazón asustado, angustiado y lleno de temores puede perderse cuando no ve más opciones que hacer daño para defenderse de todo lo malo que te rodea. Su propio corazón había ennegrecido por culpa del temor que tenía por Cora. Sin embargo, esa mancha negra no se había adueñado por completo de ella. Quizás Emma no estuviera tan desencaminada al tratar de salvarla una vez más. Su hija se parecía más a ella misma de lo que jamás hubiera podido imaginar, más de lo que ella se parecía a aquella Snow White que vio pasar la vida de su madrastra sin percatarse de que necesitaba un apoyo que le hiciera comprender que no debía perderse dentro de su mente. Quiso salvarla demasiado tarde, pero no era algo imposible. Aún no era algo imposible.
Hubieras tenido un cuento incluso mucho más hermoso que el de tus padres, Emma. – acarició el pelo de la rubia y limpió sus lágrimas y las de su hija.
Si bueno, ya le di las gracias a Regina por evitar eso. – dijo con una sonrisa.
