Salió de la chimenea tambaleándose. Sacudió las cenizas de sus ropas antes de pisar el suelo de su casa. Ya era pasada la media noche y toda la casa permanecía en silencio. Atravesó el pasillo intentando no hacer ruido. La puerta del cuarto de invitados permanecía abierta, como siempre, como invitando involuntariamente a alguien adentrarse en ella, aunque era un absurdo, hace mucho tiempo que la habitación estaba desocupada.

Llegó a su cuarto con la túnica ya en la mano. Deslizó suavemente la puerta, tentado a conjurar un mufliato.

-¿Un día pesado?- preguntó la voz desde la cama.

Sintiéndose tonto de caminar con tanta cautela si de todas formas su pareja lo esperaba aún en pie. Severus suspiro, abandono la túnica en el buro, deslizó sobre él la piyama y se recostó también.

-Sí.

Remus se inclino, depósito un beso suave en los labios de su compañero apartándole el cabello del rostro.

-¿Como lo hizo? - preguntó retirándose.

-Bastante bien. Hubo un problema con el sombrero, creí... - Severus sacudió la cabeza- No importa, quedo en Slytherin, igual que Draco y Neville.

Remus estuvo en silencio un momento. Severus no intercedió, sabía que en Remus aún había un debate interno, extrañaba a James, su amigo y esperaba y buscaba en Rigel algo que no encontraría jamás. Pero estaba convencido, había secundado a Severus en su apoyo a Lord Voldemort sin vacilaciones desde los últimos ocho años.

Remus se había labrado con trabajo un camino dentro de la manada, la manada más grande que existiera en la comunidad mágica en todo el mundo. Fenrir Grayback había logrado con el apoyo de su pareja reunir a todas las manadas y muchos lobos solitarios bajo un solo mandato, el suyo. Y Remus se contentaba con la posición de al lado, sabiendo que aveces ser la persona más próxima al poder es mejor que ser la persona en el poder.

Poco quedaba del hombre que Severus conociera en sus días de colegio, ahora era una persona segura, fuerte, pero aún amable y risueño.

Severus había caído por él. Pero no habían iniciado su relación sino hasta hace poco más de dos años, cuando el recuerdo y amargura que dejara Sirius Black se había difuminado lo suficiente en Remus. Snape sentía celos aún, y se preguntaba que hubiera sido si a Black lo hubieran liberado, aunque nunca lo consiguieron. Pero entendía ahora, Remus extrañaba a su amigo, no al amante que Black prometía ser.

-Eso es bueno entonces-susurro al fin.

Severus sonrió y recordó algo que le había llamado la atención. Él conocía a cada uno de sus Slytherin, entre ellos el círculo social era pequeño. Menos a una persona- Rigel hizo una nueva amiga.

-¿Ah si? - preguntó interesado Remus, acurrucandose contra su costado.

-Si, me encantará conocer la historia. Ella es una hija de muggles.

Remus levantó la cabeza con la sorpresa en el rostro.

-¿Y como pudo hacer una amiga de otra casa en tan poco tiempo?

Severus volvió a reir- oh no, ella fue a Slytherin. Y creo que Rigel tiene que ver con eso. Ese niño tiene un poder de persuasión asombroso.

Remus río con él, apretando su mano. Daba igual todas las reglas e ideales puristas con las que hubieran criado al niño. Aún había algo de Lily en él.

-¿Amor?- llamó Severus, percibiendo qué Remus estaba cayendo dormido.

Obtuvo un leve murmullo por respuesta, lo suficiente para indicarle que Remus aún no dormía- se abrió una oportunidad.

Después de años y justo cuando habían enviado a su mejor rompedor de maldiciones en la misión fallida. Al fin había una brecha de la que agarrarse.

-Dumbledore movió la piedra.

-Eso ya lo se- bufó Remus molesto- ya me reportaron de la misión fallida.

-Pero la llevo a la Hogwarts.

-No puede ser-repuso repentinamente espabilado.

-Puso estos tontos acertijos para impedir que lleguen a ella pero es posible, incluso yo participe- apretó la mano de Remus en anticipación- Solo quiero mantener a Quirrel vigilado.

-¿Aún temes que nos pueda traicionar?

-Si- murmuró Snape. Besando la frente de Remus y cerrando los ojos al fin. Se durmió escuchando la rítmica respiración de su compañero.

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Al día siguiente Rigel siguió a Neville hasta el comedor para desayunar.

Encontró a Hermione junto a Milicent pero charlando con Theo, al parecer el tema de la pureza de sangre ya había salido a colación pero gratamente Rigel descubrió que Theo estaba muy interesado y debatía con Hermione como la magia llegaba hasta las familias muggles. Draco junto a ellos, revolvía su cereal con la cuchara con el ceño fruncido que siempre tenía en las mañanas.

Neville le alcanzó una tostada y Rigel comenzó a prestar atención a las conversaciones al rededor de ellos.

Nott decía que la magia saltaba desde algún antecesor Squib que se mezclo con la familia muggle y la magia solo saltaba y saltaba hasta encontrar el recipiente adecuado. Hermione reponia que ella no era ningún caldero.

-Hey-Neville llamó su atención tironeando su túnica- están hablando de Harry Potter.

Automáticamente Hermione giro el rostro hacia ellos- ¿Harry Potter?

Una alumna de tercero junto a ellos les explico.

-Se suponía que Potter venía este año. Pero ni siquiera leyeron su nombre en la selección.

-A lo mejor fue a otro colegio-respondió Theo encogiendose de hombros- puede que lo adoptará una familia mágica extranjera.

Los murmullos prosiguieron y ahora que Neville se lo había señalado, Rigel no podía dejar de notar que en gran comedor en pleno era un hervidero de cotilleos sobre Harry Potter.

Rigel se concentró en su tostada y el jugo de naranja que tenía en la mano, intentando bloquear el zumbido que producían las voces de fondo. Él era Harry Potter, o lo había sido. Sus padres se lo habían explicado, a él y a Draco. El gran señor oscuro Lord Voldemort lo había escogido, y sus padres biológicos lo habían ocultado, cuando el señor tenebroso dio con ellos, sus padres biológicos murieron intentando que él no lo alcanzará. Voldemort lo había herido, se suponía que tenía que escogerlo y así lo había marcado, un corte ligero que pronto había curado. Albus Dumbledore fue quien lo encontró y llevó con la familia muggle de su madre biológica, solo para que ellos lo abandonaran después. Su madre y padre lo encontraron, buscaron incansablemente hasta dar con él. Y después de la ceremonia de sangre había sido legalmente su hijo.

Rigel entendía que sus padres originalmente lo habían buscado con la esperanza de encontrar también a Voldemort, que había desaparecido ese mismo día que lo marcó. No dudaba del amor de sus padres, ¿se habían quedado con él no? Desde entonces había sido educado, mimado y alimentado. Un prospecto mucho mejor que el que le deparará cualquier orfanato o familia muggle.

Pero era un secreto, sólo su familia lo sabía, ni siquiera Neville.

Draco despertó al fin, palmeando el hombro de su primo demostrandole que estaba ahí - ¿Vas a enviar a Fawn hoy?

-No, no. Enviala tú-desistio en enviar a la lechuza, tenía que asegurarse de algo antes de contactar con sus padres- No les hables de Hermione aún.

Draco entendió su petición y asintió de acuerdo. Asociarse con un impuro era arriesgado, pero Rigel tenía un buen presentimiento sobre esto.

La misma prefecta que los llevara la noche anterior a su sala común estaba entregando hoy los horarios.

-Encantamientos-informó Hermione que ya estudiaba el suyo con la mirada.

-Oh, no tenemos pociones hasta el viernes-se lamento Rigel.

-Y compartimos con los Griffindor- secundo su lamento Draco. Ambos ansiaban ver a su padrino.

Por sugerencia de Hermione salieron rápido del comedor a encontrar su clase. Y fue muy inteligente escucharla, cada tres vueltas y unos cuantos pisos se perdieron, las escaleras cambiaban de dirección así que cuando subían a una en una dirección y estaba cambiaba tenían que buscar como regresar, lo que los llevó a finalmente perderse.

Para consuelo suyo todos los de primer año estaban igual de perdidos y durante la primera semana los profesores fueron muy comprensivos respecto a eso.

Llegaron por fin a encantamientos, y Rigel creyó que el maestro aún no había llegado, hasta que noto un diminuto hombrecillo sentado sobre unos libros para alcanzar su propio escritorio.

Rigel descubrió que pese a su formación mágica, no estaba en ninguna posición ventajosa, realmente tenía que esforzarse para alcanzar a Draco y Hermione que cometían por el primer lugar constantemente.

Los demás profesores resultaron igual de interesantes que Flitwick el profesor bajito, aunque Bins el profesor de historia los aburrió a todos muy rápido. Incluso Hermione bostezaba, inclinada en su asiento y garabateando con desgana su pluma sobre el pergamino.

La profesora McGonagall los esperaba convertida en un gato. Hermione estaba muy asombrada y Rigel inmediatamente creyó que su amiga se haría animaga. Pero por el momento la profesora solo les mando transformar un cerillo en una aguja.

Rigel lo logró, no así Neville. Pero al ser el último entre ellos, todos volcaron su atención en ayudarlo.

-Cinco puntos para Slytherin por la rápida señorita Granger que fue la primera en completar la trasformación. Y cinco puntos más por el trabajo en equipo.

Se escucharon algunos vítores de sus compañeros para Neville, que se sonrojo.

Pero no todo fue tan malo para Neville, destacó como nunca en herbolaria y el que la profesora Sprout fuera la jefa de la casa, solo incremento el pensamiento de Rigel de que Neville lo hubiera hecho bien en Huffelpuff.

Aveces cuando se movían entre los pasillos, hacia su sala común o clases, los interceptaba la señora Norris, la gata de Filch, el celador. Los seguía igual que su amo, con la acusación en los ojos y aparentemente esperando que hicieran algo malo. Rigel se sentía impulsado a enviar a Nagini a visitarla.

Cuando al fin llegó el viernes, Rigel estaba tan entusiasmado que apenas su le importaba compartir el período doble con los leones.

Bajaron hasta las mazmorras, un lugar que ahora les parecía cómodo y familiar.

Rigel siempre había esperado con ansias ver el salón de clases de su padrino. Y cuando atravesaron las puertas y encontraron todo el lugar cubierto de estantes con ingredientes reposando e imágenes de distintas pociones en acción para Rigel fue el paraíso.

Destacaba en Pociones y Artes Oscuras, Draco en Encantamientos y Transformaciónes. Neville era más afín a la naturaleza en herbolaria y sorprendente en astronomía. Pero eso no impedía que se esforzarse tras ellos en cada clase. Los tres habían crecido juntos, compartiendo el mismo tutor, Remus Lupin, la pareja de su padrino.

Su padrino apareció entonces, sumiendo a toda la clase en silencio, incluso a los bulliciosos Griffindor.

-Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones- inició con su voz suave y calmada, apenas un susurro que de todas formas se extendió por encima de la clase-Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado

poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar

la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

Rigel sonrió, él por seguro no era un alcornoque.

Cada pregunta que Severus realizó para medir a la clase fue respondida por Hermione, dejando a los Griffindor en vergüenza y a Snape sonriendo satisfecho.

El profesor organizo a la clase por parejas, enviando a Hermione con él y los puso a preparar una poción para curar furunculos.

Antes de que su poción quedara lista, una explosión sacudió la clase. Temiendo que Neville hubiera metido la pata Rigel recorrió la clase, pero Neville seguía trabajando con Pansy sin problemas.

El causante era Dean Thomas, que según se había enterado Rigel, también era hijo de muggles, trabajaba como no con el Weasley pelirrojo.

-¿Pero que has hecho chico idiota? -preguntó exasperado Severus- Ustedes Griffindor ¿Porque no ayudaron a su compañero? De seguro querían quedar mejor ustedes- vocifero, la poción comenzó a empapar la túnica de Deán- Weasley, llevalo a la enfermería.

-Si- asintió con voz temblorosa el pelirrojo.

-Un punto menos a cada uno por su egoísmo Griffindors.

Después de eso los Griffindor esparcieron rumores de favoritismo con las demás casas de primero.

Finalmente ese día, envío una carta a sus padres.

La primera semana de octubre comenzó con un incidente. Draco y Rigel hacían su camino a clases, ambos sujetando algunos libros en las manos cuando al intentar atravesar un pasillo fueron violentamente expedidos varios metros hacia atrás. Los niños recorrieron varios metros antes de aterrizar con un fuerte golpe en el suelo, los libros que llevarán sujetos cayendo y golpeando sobre sus cabezas.

Draco se mantuvo estupefacto por unos segundos, como si no creyera que realmente eso acabará de suceder, Rigel por el contrario se puso en pie rápidamente y escaneo en busca del agresor. Sus ojos se detuvieron en dos cabezas pelirrojas que se desternillaban de risa al final del pasillo que habían intentado atravesar. Los ojos de Rigel refulgíeron en ira fría y algo más, apreciación.

Sacado al fin de su estupor, Draco se levantó hecho una furia con la varita en la mano, listo para lanzar un hechizo. Obligado, Rigel sujeto el brazo de su primo y sacudió la cabeza.

-Encantamiento de rebote. Todo lo que envíes vendrá hacia ti.

Los pelirrojo voltearon en su dirección, una sonrisa burlona en sus rostros con pecas, sumergiendo a los niños en un duelo de miradas que se extendió hasta que sin previo aviso los gemelos hecharon a correr. Pocos segundos después apareció la profesora McGonagall, se detuvo ante el umbral, soltó un suspiro y agitó la varita.

-No pensaras que esto se queda así ¿no? - preguntó Draco, los dientes apretados y recogiendo los libros que seguían en el suelo.

-Por supuesto que no.

El daño colateral que sufrieron los Griffindor de tercero valió la pena. Rigel, con ayuda de Hermione, pusieron una maldición leve en el piso del aula de encantamientos, haciendo que todo el lugar se convirtiera en un congelador, luego bloquearon la puerta.

Cada vez que un un Griffindor resfriado pasaba junto a ellos, Rigel, Draco Y Hermione chocaban los cinco.

La venganza de los Weasley los hizo descender cinco tramos en las escaleras cuando estas se convirtieron en un tobogán. Podía sonar divertido, pero no lo fue en la sorpresa del momento.

Para finales del mes, las tretas entre las casas dejaban ya un sinnúmero de estudiantes visitando la enfermería. A Minerva McGonagall descontando puntos cada vez que los pillaba y a Severus Snape justo delante de ellos en su oficina masajeando su cabeza.

-Señorita Granger, creí que usted impondría algo de sensatez en estos idiotas y no que se dejaría arrastrar por ellos.

Hermione compuso una tímida sonrisa, el trato familiar que el profesor les dedicaba a sus ahijados aún la tomaba por sorpresa.

-Ellos comenzaron-sé defendió Draco.

-No me importa quien comenzó. Son alumnos de tercero y a pesar de su educación en casa ellos les llevan dos años de ventaja. Esto se detiene ahora mismo.

Rigel no estaba muy dispuesto a hacer promesas y la vacilación que mostraban a su lado Draco y Hermione delataban que tampoco ellos. Su padrino estaba comenzando a perder la paciencia.

-¿Sin terceros afectados?- intentó Rigel, preparado para la negativa.

Severus sonrió.