Bueno, no se me ocurrio nada para ayer y antes de ayer y tampoco algo muy largo para hoy, asi que hice los tres juntos(? OMG me anime a un mini lime o.o
Sabaku no Gaa-chan, mira, este es mas largo para vos(? en realidad no se porque esta pagina de m*erda hace que todo se vea tan cortito u.u con respecto a lo que me dijiste, death y memories voy a intentar que sean para llorar! Y TAMBIEN QUIERO SABER PORQUE NO ESTAS ESCRIBIENDO CON NOSOTROS PARA EL SASODEI MONTH!
SexyDiva, a mi tambien me encanta la ropa! Una vez fui a Miami y me volvi con (literalmente) el triple de mi placard. Tengo muchisima ropa, de todos los tipos, AMO combinar muchos colores! De aca me voy a leer tu capi e.e
eeen fin, ojala les guste. Sasori lee mi saga favorita, un genio(? Besitos!
Spring-Flowers-Warmth/Primavera-Flores-Calidez
Aquel era un día especial. Para Deidara, todos los días eran especiales con tal de festejar con Sasori, pero aquel realmente era especial: era San Valentín. De niño solía pensar que aquel día era una estupidez, pero este año estaba realmente contento de tener un motivo para celebrarlo. No tenía ninguna idea en especial, pero suponía que unos besos llevarían a otras cosas y terminarían en la cama.
Se miró en el espejo y se acomodó el cabello una vez más. Siempre le habían dicho que con el cabello tan largo parecía una niña, cosa que siempre le había molestado mucho, pero aquel día realmente se sentía como una. Una muchachita deseosa de correr a los brazos de su maestro. En fin, era el día de los enamorados, podía portarse como una nena todo lo que quisiera.
Salió de su habitación, sabiendo que Sasori estaría en la suya haciendo nada o tal vez muy ocupado con sus marionetas. Como de costumbre cuando se trataba de Sasori, tenía razón. Sasori estaba recostado en su cama, leyendo. Deidara se acercó a él y se sentó en la cama, a su lado.
- ¿Qué lees? - Sasori le enseñó la tapa - ¿'Festín de cuervos'? Ni siquiera sabía que te gustara la saga.
- Es que tengo cierta debilidad por los otros, los espectros y los cambiapieles.
- Te imaginarás que nada puede superar a los dragones de la reina.
- Eso está por verse... - Sasori se echó a reír, divertido por la discusión y se encontró con la mirada de Deidara, que lo miraba tiernamente - ¿Qué pasa?
- Eres tan lindo cuando ríes. Feliz día - se inclinó hacia adelante y besó al pelirrojo, que rodeó con los brazos el cuello del rubio.
- Feliz día. Te amo.
- Y yo a ti, Sasori no danna. Tenemos que celebrarlo.
- Claro, pero no aquí, pequeño pervertido.
- ¿A que te refieres con que aquí no?
- Bueno, para empezar, están todos los demás y tú no eres lo que se dice silencioso... - Deidara se sonrojo notablemente ante ese comentario - Y además, seguro no somos los únicos que tienen algo que celebrar...
- Claro, Pain y Konan, seguro que ellos también.
- Hidan y Kakuzu, Pain y Konan, tú crees que Itachi se tira a Kisame?
- ¿Hidan y Kakuzu? - aquello si que era extraño - Dudo que alguien en su sano juicio se tire a Kisame...
- Tienes razón. En fin, debemos irnos para que no nos molesten.
- ¿A dónde quieres ir?
- Es una sorpresa. - se levantó y tomó la mano de su compañero, tirando de él para que lo siga.
Sasori lo condujo fuera de su habitación, bajando las escaleras, atravesando el comedor y finalmente, fuera de la guarida, vendándole los ojos antes de salir. Deidara estaba muy ansioso y confundido al mismo tiempo; no era normal que su maestro actuara así. De todas formas, sabía que no le revelaría nada hasta haber llegado, así que ni siquiera se molestó en preguntar y se limitó a seguirlo. Suponía que si iban caminando, no debería ser muy lejos. Finalmente, Sasori se detuvo y unos segundos después, le dijo que podía quitarse la venda.
Deidara hubiera esperado cualquier cosa antes que aquello: algún refugio secreto, una gran marioneta para los dos, incluso algún hotel barato, pero nunca aquello... Se hallaba junto a su maestro en un gran campo de flores. Era tan grande que no se alcanzaba a ver el final. Frente a él estaba Sasori, que le ofrecía un gran girasol.
- Feliz día - al mismo tiempo le sonreía como a nadie más.
- Sasori... - Deidara estaba sin palabras - Gracias... Pero, ¿por qué un girasol?
- No lo sé, me recuerda a ti, por tu color de cabello.
Deidara dejó caer la flor, atrajo a Sasori hacia sí y lo besó, abrazándolo con fuerza. Sasori apretó sus brazos en torno a la cintura de su compañero, devolviendo el beso con ganas. La lengua de Deidara se abrió paso a través de los labios del marionetista, al tiempo que enredaba sus dedos en el cabello rojo.
Sasori, consciente de ser el más petiso, se irguio en puntas de pie y empujó levemente a Deidara, quien se dejó caer dócilmente sobre las flores. Sasori dejó la boca del rubio para besar, lamer y succionar su blanco cuello, mientras desabrochaba la capa negra de su compañero. Deidara dejaba escapar suaves suspiros cada vez que el marionetista tocaba un punto sensible, especialmente su lóbulo.
- Sasori... Crees que... Es seguro aquí? - le costaba mucho hablar con las pequeñas mordidas que Sasori le daba - Sería vergonzoso... Que alguien nos viera
- Relájate... - volvió a acercarse a la boca de su aprendiz - Nadie viene por aquí. Y si viene alguien... Lo matamos.
Deidara no estaba del todo convencido, pero sí bastante excitado, de modo que se dejó hacer. Pronto Sasori le había quitado completamente la capa y la camiseta y lo besaba y lo acariciaba haciendo que el otro se volviera loco. Deidara también le había quitado casi toda su ropa al marionetista, pero este ni gemía ni parecía estremecerse cuando Deidara utilizó las bocas de sus manos para lamer su cuerpo.
Sasori seguía besando su cuello cuando empezó a tocarlo. Por un momento, deseó que fuera Sasori quien tuviera las lenguas en sus manos. Lentamente, los besos de Sasori empezaron a bajar. Su cuello, su pecho, su estómago... Cuando llegó a su zona más sensible, Deidara dejó escapar un profundo suspiro de placer.
Para provocar a su amante, el marionetista hacía las cosas increíblemente lento. Cada vez que su compañero intentaba acelerar los movimientos empujando su cabeza, apartaba sus manos con los hilos de chakra.
- HAZLO MÁS RÁPIDO DANNA, POR FAVOR - era la tercera vez que Sasori apartaba sus manos - ¡Por favor o voy a volverme loco!
- Tranquilízate, pervertido - dijo Sasori, divertido al ver las reacciones de su compañero
- ¡Por nada del mundo vuelvas a detenerte!
Sasori volvió a ocuparse de las necesidades de su amante, moviéndose un poco más rápido. En ese mismo momento, envidiaba el cuerpo de carne y hueso de Deidara. Deseaba poder sentir el mismo placer, tener la misma sensibilidad. Se preguntaba como se sentiría, qué sentiría Deidara en ese momento. Como si le hubiera leído el pensamiento, como una forma de querer transmitirle lo que sentía, en el momento de alcanzar su climax, Deidara entrelazó sus dedos con los de Sasori y apretó su mano con fuerza. Un segundo después, se relajó completamente. Sasori se acercó de nuevo al rostro de Deidara, colocándose sobre él, apoyado en sus brazos. La longitud de los brazos de Sasori los separaba.
Deidara alzó una mano y acarició con cariño el rostro de Sasori. Este último, miro a su rubio. Estaba desnudo, con las mejillas sonrosadas, la frente perlada de sudor y el pelo cubierto de flores. Emanaba un perfume muy dulce.
- ¿Sabes algo, Deidara? Así, cubierto de flores pareces un ángel.
- Mira quien habla - Deidara rió y pellizcó la mejilla del mayor, que se dejó caer a su lado y lo abrazó.
La cabeza de Deidara quedó recostada sobre el pecho de madera del marionetista. El cuerpo de Sasori era extrañamente cálido. Deidara lo acariciaba haciendo círculos con su pulgar.
- Cuanto quisiera que pudieras sentirme - susurró
- Puedo hacerlo. No con la misma intensidad que tú, claro, pero no he perdido totalmente el sentido del tacto. Cuéntame como se siente...
- Tu tacto es muy cálido, Sasori no danna. Tus besos son cálidos, no importa si lo haces con ternura o no. Tus abrazos, son firmes, algo duros, pero también muy cálidos. Me siento muy seguro cuando tú me abrazas.
Sasori se incorporó y se sentó, con expresión de desconcierto, dejando al rubio en el suelo de flores.
- Deidara - se volteó a verlo - Mira esto
Tomó la mano de Deidara y la llevó hasta el cilindro de tejido vivo en su pecho.
- ¿Puedes sentirlo? Está latiendo... Nunca se había comportado así - el marionetista no podía salir de su asombro.
- Claro que puedo - la lengua de la mano del muchacho acarició traviesamente la superficie blanca - Se siente cálido también.
- No puedo sentirte bien físicamente, pero emocionalmente, te siento tan adentro que casi me duele. Y tienes razón... Cada vez que sonríes, me besas, me abrazas o duermes junto a mí, se siente muy cálido también.
Literalmente, el marionetista se abalanzó sobre su aprendiz, fundiendo sus labios en un cálido beso. El cabello largo de Deidara se llenó nuevamente de flores cuando los dedos de Sasori se enredaron en él.
