Disclaimer: Si fueran míos Bella no habría matado a Sirius, no al menos hasta haber jugado con él.
Reto: #12 Espinas
Título: Inocencia
Gracias, mil gracias a Joanne por bettearme. Por supuesto para ella.
No es de las que decora su habitación con flores, por muy bonitas que sean. Nunca ha dejado que nadie la exhiba como un trofeo. Ni ha permitido que otro tome el mando aunque sea durante un rato.
Claro que esta noche no es como las demás, ni de lejos. La han prometido. Con Lestrange. No es que le disguste. Es todo lo que ella soñaría de su futuro marido, sangre pura, inteligente, callado, con aspiraciones. Su tía llama a la puerta, la están esperando. Se mira una vez más en el espejo y sale.
Hace mucho que no lo ve. Dos años para ser exactos, los mismos que hacen desde que él se marchó a Dumstrang de intercambio. Baja las escaleras despacio, la mano enguantada deslizándose por la barandilla, la cabeza erguida, el pelo oscuro suelto cayéndole en cascada hasta la mitad de la espalda, mirada altiva. Porque es una señorita, una Black, y está orgullosa de serlo.
Al final de la escalera la espera su primo. El heredero de los Black. Sirius. Levanta la mirada como todos los presentes cuando Kreacher anuncia la llegada de la señorita Black. Nota la mirada de todos puesta en ella, evaluándola. Se alza vanidosa al lado de su primo. Lo mira a los ojos. El gris Black oscurecido. Y Bella sabe porqué. Lo descubrió hace tan solo una semana.
La tos de su tía Walburga despierta a Sirius, que le tiende el brazo para acompañarla al salón, como un buen anfitrión. Ambos se internan en la fiesta que ha vuelto a su cauce normal. Saludan a primos lejanos, a ricos herederos, a amigos de la familia. Sonríen. Pero la sonrisa de Sirius es tensa. Y no sólo porque el aire huela a magia oscura, que apesta, ni porque se esté aburriendo. Es ella. Su prima. Bella. Nota sus curvas a través del vestido y de su túnica, y eso le provoca cosas que no debería. Y Bella lo sabe. Lo sabe cuando se inclina demasiado, dejando ver su escote al coger una copa; cuando se pega demasiado a él para dejar sitio a los invitados; y, sobre todo, cuando roza con su pierna semidesnuda el miembro de él durante el primer baile.
Sirius huye, tiene sólo catorce años y no sabe qué le pasa con su prima, aunque lo intuye. Bella lo ve irse satisfecha, ella tampoco entiende porque insiste en hacerle eso a su primo, sólo sabe que le gusta. Y los Black son orgullosos, ambiciosos, poderosos, luchadores y hedonistas. Muy hedonistas.
La llevan junto a su prometido. Imponente, ancho de hombros, caderas estrechas, musculoso. Tiene el pelo largo hasta los hombros, recogido en una coleta baja. Oscuro. Todo en él lo es. Desde las cejas pobladas hasta el asomo de barba que delinea su mandíbula. Un hombre, y ella es solo una niña a su lado. Diecisiete. Quince. Tiene que levantar la vista para poder verle los ojos. Negros.
Se han quedado solos en uno de los salones de los Black. No se han dicho nada. Y Bella se siente incómodamente complacida. Rodolphus la mira, como si atravesase la tela y pudiese verla. Desnuda. Alza la cabeza y echa los hombros hacia atrás, sin bajar la mirada. Rodolphus lanza una carcajada profunda, haciéndola dudar. Herida en su vanidad se da la vuelta dispuesta a irse.
-Quieta.
Es una orden seca, no tendría por qué obedecerla. Es una Black, ella no obedece, ella ordena. Y aun así se para. La voz de él es vibrante, profunda, acostumbrada a mandar. Le ha puesto los pelos de punta, y no precisamente de miedo.
Nota como Rodolphus se acerca. Una mano grande, áspera, rodea su muñeca y tira. Choca contra él. Su mirada a la altura del mentón. Huele a hombre, a poder, a magia negra. Le obliga a levantar la cabeza. Y la besa. Sin sutilezas, sin pedir permiso. Le muerde el labio inferior e invade su boca cuando ella deja escapar un gemido. La domina.
Pero Bella vuelve en sí y levanta los brazos enredándolos en su pelo. Muerde, lame, succiona. No tiene mucha experiencia, pero es Bellatrix Black, y es lujuria y sensualidad en estado puro. Rodolphus la pega más a él mientras introduce una mano por el pliegue del vestido. Recorre el muslo de la chica que ya levanta la pierna ansiosa. Llega a las bragas de seda, especiales para la ocasión, pero no se detiene. Introduce dos dedos en ella mientras le besa el cuello. Bella gime, no está siendo delicado. Nota la erección de él contra su muslo. No sabe lo que tiene que hacer, así que actúa por instinto. Mete la mano por dentro del pantalón y recorre con un dedo el miembro duro. La respiración de Rodolphus se agita y le hace cosquillas en el lóbulo de la oreja. La mano fina de Bella rodea el pene duro del moreno y comienza a moverse al ritmo que él le marca al guiarla. Lo nota ponerse tenso, se corre bajo su mano y ella se siente poderosa. Pero todo se nubla cuando se corre ella también y su gemido queda ahogado en los labios de Lestrange.
Se separan y Bella no lo mira mientras se colocan la ropa. Quiere irse, porque aunque se siente bien sabe que lo que ha hecho no está bien, no es de señorita.
-Bellatrix…-susurra con voz ronca Rodolphus antes de besarla con fuerza.- Lestrange.
Bella se toca los labios hinchados mientras mira la puerta por la que se ha ido su futuro marido. No, no es de señoritas, pero es de Black. Piensa mientras arruga la flor con espinas que le ha regalado su primo, Sirius, para ganársela.
