Hola a todos ¿Cómo están? Yo pudriéndome en tarea, pero vengo a traerles un pedacito del ficc.
Primero que nada, quisiera gradecer a todos los que comentan, a pesar del gran descanso que me tome, aun siguen ahí, de verdad muchas gracias.
Ahora la parte difícil.
Creo que están muy confundidos, créanme hasta yo lo estoy. La vida continuara en el futuro (ósea cuando crecen todos) y estaré escribiendo los pensamientos y recuerdos de Santana, los más importantes.
Puse muchas cosas nuevas, por ejemplo Liliana. Pronto se aclararan todas sus dudas.
Un saludo y un beso.
Disfruten.
...
Las cosas cambian mientras el tiempo pasa, es idiota pensar que no pueda suceder, pero los pequeños detalles hacen la diferencia, sobre todo un entorno monótono.
El hombro de Santana reposaba ligeramente sobre la pared blanca que daba una vista espectacular, llena de fotos que daban vida al hogar que tanto se esmeraron en formar. Sin poder creerlo aun observaba hacia la sala de estar, mirando como Quinn jugaba levemente con Beth, claro, a pesar de los reclamos de la niña, pero esta se deja hacer ante las caricias de su madre.
Se ven felices, eso es obvio ya que la sonrisa en ambas caras no desaparecía.
Cuando nació Beth, se creó un brillo en la mirada de la rubia imposible de explicar, fue el día en que sus ojos avellana totalmente perdidos resplandecieron con más dulzura y ternura. Un resplandor que había perdido tiempo atrás.
¿Fue mi culpa? Se preguntó Santana sin quitar sus ojos de aquella imagen adorable.
¿Acaso fue culpa mía que Berry dejara a Quinn?
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La idea de llevar a New York a 4 mortales y un vampiro experimentado no había sido una buena idea. Nunca creyó decirlo, pero tenía que darle la razón a Jonathan. Solo le basto una hora en darse cuenta que estaba mal, la expresión de alegría en la cara de Rachel cuando pasaron viendo con detenimiento los anuncios aparatosos de Broadway, o como Brittany sonreía sin parar observando a la gente atiborrada pasar unos a otros, casi pareciendo robots, continuando una vida simple. La única que la hizo permanecer a flote era la mirada seria de Quinn. Hanna se mantenía seria jugando nerviosamente con sus manos. No sabía a dónde iba, sin embargo Santana le transmitía seguridad, demasiada.
Automáticamente cuando subió las escaleras de su casa para irse a su habitación, descubrió que Rachel se desmayo. Su lado dramático había resplandecido. No le conmovió el corazón ni nada, dejó que durmiera en paz y continúo en tranquilidad su velada. Aunque por quien en verdad se preocupaba era por Quinn, por su bebe.
No iba a negar que estaba empezando a crear un vínculo especial con aquella rubia bipolar y por más que lo hiciera todos a su alrededor lo tenían presente. Por eso, cuando vio la pálida cara de Fabray supo que tenía un motivo para no descansar esa noche.
A pesar de la pelea irónica que tuvieron en la mañana donde Rachel se negó rotundamente a abordar el avión sin una prueba hábil de lo que Santana decía, ella lo único que pudo hacer fue sacar sus colmillos y sonreír maliciosa mente hacía Rachel, que se ocultó detrás del hombro de Quinn y retomó su camino con temor.
Sin embargo hasta ahora todo había salido como Santana lo esperaba, llegaron a un hotel no muy lujoso, pero con muy buena posición en NY. Aparcaron de muy buena forma en un recinto enorme cerca de una de las salidas de esta enorme cuidad, pero el problema fue cuando se encontró de frente con la mayor de sus preocupaciones: Dave.
Al bajar de auto, los 5 entraron a una especie de casona donde los adornos aun permanecían en su mismo lugar, las vistas de madera adornando las paredes aun no perdían su brillo, la alfombra roja aun seguía esparcida a lo largo del pasillo mientras candelabros enormes colgados a la altura del techo daban muy buena luminosidad, sin embargo se percibían aspecto sombrío, crudo y elegante. Después de 97 años todo lucía sumamente igual, aun así en los pensamientos de Santana no le gustaba para nada volver a lo que alguna vez consideró como un hogar.
Sin esperar más, un gran salón hiso aparición bajo unas enormes puertas de madera absolutamente dorada dando un aspecto que era oro puro lo que tocaba. Detrás de aquellas puertas estaba a punto de revelarse todo y tenía que soportar todo de nuevo y estaba segura que la historia no volvería a repetirse, pero sí el dolor, la angustia y la vergüenza de su parte.
-¡Vaya! No esperaba tenerte aquí tan pronto.- espetó con sarcasmo sínico en él, abriendo los brazos observando detenidamente a cada una de las presas que entraban bajo la atenta mirada de Santana y Jonathan.
-Déjate de estupideces y al grano.- escupió con seriedad la latina guardando una distancia prudente a Brittany y las chicas. En ese momento agradeció haber obligado a Hanna a quedarse en el hotel.
- Siempre me ha encantado tu carácter.- sonrió sin escrúpulos acercándose hacia Santana.
-Y yo siempre he odiado tú estupidez e incompetencia.
Regla número uno de supervivencia. Nunca hagas enfadar aun vampiro.
La escena se volvió tensa después de las palabras pronunciadas por la vampira, sencillamente la sonrisa en Dave desapareció dando paso a otra más macabra, su tez de ira.
Santana conocía perfectamente a Dave, estudió sus pasos durante un tiempo y hasta podría decirse que adoptó algunas peculiaridades de él. Sin embargo, se dio cuenta que no había estado del todo bien haber hablado así. La vida de personas corría peligro y no quería ser responsable de otra muerte más.
-Cuidado con lo que dices López, su vida depende de ti.- susurró apoderándose del espacio vital de Santana que solo atinó a dar un paso hacia atrás.
-¿Para qué me querías?-preguntó sin ninguna emoción en la voz.
-¿Acaso no puedo volver a ver a mi compañera de masacre?
-¿Masacre?- El tinte colorido y chillón que caracterizaba a la pequeña diva, se apagó. Esto era una advertencia de que no todo estaba bien. Dave lo notó y decidió aprovecharse la situación degradando la presencia de la vampira y caminando lentamente y con paso calmado hacía Rachel mientras sus botas resonaban haciendo un eco terriblemente doloroso.
-Así como lo escuchas Rachel.- los castaños ojos de Rachel se abrieron de golpe, al igual que la expresión de cinismo en el rostro del castaño.- Fue un duro golpe he de decir.-mencionó riendo un poco en su cara y aproximándose hacía su rostro atrayendo continuamente con sus ojos una mirada chocolate que no le dejaba de ver.
-¡Aléjate de ella!- Fue al momento que Rachel se aparto estrepitosamente de Dave, debido a que Quinn había tirado de ella hacia un lado y se había ubicado al frente de ella con su fiera mirada en todo su apogeo.
-Agallas Fabray.
Dave tenía un propósito en la vida y de eso se trataba eso. De hacer sufrir gente, de examinar, inducirse lentamente en su mente hasta volverlas locas con sus propios errores. Un Don muy perverso que era utilizado, de formas no muy buenas y eso era lo que estaba haciendo con Quinn, más bien con todos en la gran habitación.
Visualizaba muy bien su pasado, buscaba sus debilidades, sus fortalezas y los hacía caer de una manera humillante.
-¿Cómo… como sabes mi... nombre?- Tartamudeó Quinn intentando no hundirse más en sus ojos rojos, tan cobrizos y claros. Hipnotizaban sin duda alguna.
-Larga vida y experiencia rubia…-su boca emitió un pequeño gemido de alegría, había dado con su fortuna.- Me gusta el coraje que tienes, también la arrogancia… Creo que la has sabido utilizar muy bien.- La boca de Quinn se abrió y se tenso al mismo tiempo, solo atinó a bajar su mirada para mirar de reojo a Rachel que se sentía cohibida ante la situación. Sin duda era un golpe muy bajo.
-¿Dave que quieres?- de nuevo la rudeza en la voz de Santana no se hizo esperar.
-Estas rompiendo las reglas Santana.- le advirtió dejando en paz a la rubia y dirigiendo su mirada hacia una dorada que le llamaba la atención.
-Lose.
-Y sabes que eso conlleva a un castigo… o a poder matarlas.
Eran épicas las expresiones. Santana con su rostro totalmente erguido y sin emociones, dando a entender lo fuerte que podía llegar a ser. Y lo era, Dave no tenía ninguna duda de ello, pero sabía que podía más con ella que ella misma con su pasado.
-No te atrevas a tocar a ninguna.- pausó en varias ocasiones recalcando sus palabras y moviéndose poco a poco para quedar sorpresivamente a un lado de Brittany, que miraba todo sin entender palabra alguna. Pero al notar la rígida postura de Santana y sus comentarios sarcásticos, supo que estaban en un grave peligro.
-No te dejare ir tan fácil.
-¿Qué quieres de mi?- insistió suplicando.
-Venganza.
Ese fue el momento donde todo eso acababa, fue el momento que no esperaba que pasara, el que seguía intentando con tanto esfuerzo olvidar.
Jonathan entendió todo, cerró su mente, pero nada fue suficiente para que la tortura comenzara.
-Ni siquiera lo pien….
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis segundos y Santana sentían como la poca vida que había formado, se desmoronaba a pedacitos que se clavaban en su corazón y mente.
Nada podía ser peor comparado con esto.
El dolor era insoportable, su cabeza estaba a estallar y solo sentía el leve zumbido atravesar su cerebro para quedarse ahí y nunca desaparecer creando una atmosfera agonizante de la cual no podía escapar.
Siete
Ocho
Nueve
Diez segundos fueron cómplices de Rachel, veía sin creer nada. Parecía una semejante película de terror donde la protagonista joven y bella era abusada por hombres y después la entrenaban para tomar venganza.
La sangre corría a montones de las imágenes que pasaban por su cerebro y se imagino ella misma así, de esa forma, viéndose como la protagonista de aquella masacre.
Su cuerpo comenzó a temblar al igual que una oleada de lagrimas atacaba sus ojos. No lo resistió más, nunca supo si fue por cordura o por el dolor que sentía cuando mataba sin piedad cuerpos de personas inocentes, pero huyó.
Once
Doce
Trece
Catorce… La idea de la vida de Quinn era muy similar a la de Rachel, solo que en esta ocasión a ella le tocaba recibir maltratos de todas partes. Solo se veía a sí misma recibiendo golpes que ardían como el fuego, quemando su piel, sintiendo como su cuerpo se debilitaba a cada segundo por los golpes dados, escuchaba el sonido de sus huesos crujir. Era como una pesadilla en vida.
Quince
Dieciséis
Diecisiete
Dieciocho
Diecinueve segundos donde toda una vida completa se reflejaba en la mente de la ojiazul. Una vida que ni siquiera había tenido el placer ni la fuerza suficiente para imaginar porque sabía que había sido muy dura. Una vida que no era suya, la estaba viviendo en carne propia.
Solo accedió a comenzar a admirar a Santana, luego observar lo linda que era de pequeña, no era como la conocía ahora, después surgió la parte más difícil que hubiera tenido que ver en su vida.
Santana siempre fue fuerte a sus ojos y semejanza, ella era la que podía consolarle en un día lluvioso o cuando tenía miedo, pero esta vez se sintió impotente y decaída al observar a una Santana frágil, que pedía ayuda de no ser abusada. Observó cómo sus gritos se quedaban sin fuerzas, ya no tenía anda más que hacer solo esperar a que su voz se confundiera con suplicas lejanas que no tenía importancia de nadie.
Lo más doloroso que tuvo que presenciar fue su voz y su mirada perdida, sus ojos acabados y sus lágrimas, además de su cuerpo inerte, débil y sin presencia, le rompieron totalmente el corazón, solo sentía rabia, una cosa que jamás había sentido.
La rubia apuño sus manos intentando mantenerse firme ante lo que le esperase.
Las imágenes fluían sin parar, veía a Santana convertida en una persona que no era ella, intimando y asesinado con un canibalismo extremo, saboreando la sangre como si de un manjar se tratase, sonriendo sin parar mientras veía como la luz se escapaba de las miradas totalmente vacías y muertas.
Veinte segundos de total tortura parecían nunca a cavar para Brittany y Santana se dio cuenta de ello, se dio cuenta de cómo la rubia lloraba en silencio mientras sus dedos se aferraban sus puños dejando ver sus nudillos blancos por la fuera que ejercía.
Lo único que hizo fue esperar a que su vida pasara con rapidez y dejar que la rubia cargase con todo su dolor, porque sabía que si hacía un movimiento en falso. Brittany acabaría muerta.
Continue ...
