Vulnerabilidad
Luego de que Asami hubo ido a revisar el estado de los dos pacientes, con una muy difícil tarea que realizar, Korra se había quedado en su mismo sitio, pensando en todas las repercusiones que eso le traería. No había hecho eso adrede. De hecho, solo había cumplido con el protocolo para esos casos, en el cual desgraciadamente Asami estaba obligada a formar parte por ser la representante del equipo médico.
Korra sabía perfectamente que le estaba pidiendo a Asami una tarea imposible, es por ello que lo había hecho con todo el profesionalismo militar. No era un favor, era algo que había que hacer, y eso Asami tenía que entenderlo de una vez por todas, aunque confundiera todo y se lo atribuyera a su relación, repercutiendo directamente en Korra. Mientras tanto, la capitana se enfocaba en sacar a alguien vivo de ahí, y tenía que hacerlo rápido.
Tan sumida estaba, compartiendo la carga emocional de Asami, que se asustó cuando, sin advertirlo, una mano se posicionó en su hombro. No necesitó voltearse cuando una familiar y desagradable voz se hizo escuchar. ¿Qué mierda hacía él aquí?
- ¿Qué es esto? – dijo Unalaq, adelantándose hasta quedar frente a Korra -, capitana ¿no ha empezado a trabajar?
Korra se limitó a observarlo con desdén. Ya no podía ocultar su desagrado.
- Tsk, que frustrante. He escuchado que uno de los dos no podrá lograrlo de todas formas – dijo el gerente, refiriéndose a los trabajadores atrapados -, entonces, vaya a la zona más fácil y empiece a romper la pared de la oficina ¿me doy a entender?
Las ganas de golpearlo y dejarlo tumbado ahí fueron demasiadas, pero ella no podía hacer eso. Debía optar por lo sano: alejarse de él.
- Estamos preparándolo en orden de prioridad – dijo, comenzando a alejarse rápidamente.
- ¿A dónde cree que está yendo? ¡no he terminado de hablar! – protestó -. ¿Sabe exactamente qué tipo de documentos hay perdidos? Son tratados de reconstrucción pacífica de negocios con el Reino Tierra. La República está pagándome por ello, y como un ciudadano correcto estoy haciendo esto por mi patriotismo ¿me entiendes? Es un problema a nivel internacional – finalizó, pero nada de eso convenció a Korra, que solo se limitó a exhalar el aire de sus pulmones, intentando pensar en otras cosas -. Hey ¿qué es ser un soldado? ¡¿no es un soldado alguien que cumple con su deber por el país primero y antes que todo?! Aquí el problema no es elegir entre quién vive o muere, sino-
- Oye – lo interrumpió Korra, observándolo amenazadoramente.
- ¿Oye? – repitió Unalaq, sorprendido por el tono ofensivo de Korra -. ¿Acabas de…?
- Sí, te estoy hablando a ti, imbécil – respondió, acercándose amenazadoramente -. ¿Nación? ¿qué es una nación? Las vidas y la seguridad de sus ciudadanos es la prioridad de una nación, lo que significa que, incluso si un tonto como tú está en peligro, la nación hará todo lo posible para salvarte. Para mí que soy un soldado, la nación nunca me ha dado una orden más importante para cumplir, que la vida de los ciudadanos -. Unalaq lo miraba pasmado, asustado por el tono de voz de la capitana. Esta vez la había cargado en grande -. Si esos documentos son tan importantes para ti – continuó Korra, cogiendo una pala cerca de ellos y empujándola violentamente contra el pecho de este hombre, alejándolo unos pasos -, entonces ponte a cavar, solo, en silencio. Ahora… solo desaparece de mi vista antes de que usemos tu cabeza como pala.
Unalaq quedó en silencios por unos minutos, pero enseguida intentó recomponerse. No debía dejarse amedrentar por esa mujer, y siguiendo su idea soltó la pala, que fue a estrecharse ruidosamente en el suelo, ruido que solo le dio valentía para hacerle frente a la capitana.
- Te estas equivocando conmigo, soldadita. Estás cometiendo un gran error – la amenazó.
- ¿Sí? Yo diría que es al revés.
Quedaron unos momentos observándose fijamente, como en medio de una contienda silenciosa. A lo lejos Korra escuchaba el eco de los murmullos de los soldados mientras intentaban ayudar a los trabajadores, seguido de otros más que no pudo identificar, hasta que un sonido cercano llamó su atención, era como gravilla cayendo silenciosa, hasta que un crujido cercano terminó por hacer que elevara su vista hacia su alrededor.
- ¡Cuidado! – gritó alguien, y Korra automáticamente empujó a Unalaq hacia un lado, cubriéndolo con su cuerpo mientras un gran desprendimiento de concreto caía directamente sobre ella, revotando en su hombro, yendo a caer finalmente hacia la zona en donde estaba el gerente Gyatso con el equipo.
Inmediatamente Korra se levantó y se acercó hasta el borde para observar si algo malo había sucedido, buscando con la mirada donde estaba Asami, pero no la encontró.
- ¿Están todos bien? – preguntó asustada.
- ¡Aquí todos estamos bien! – respondió Mako junto a Gyatso.
- ¡Asami! – llamó la capitana, comenzando a desesperarse.
- Estoy bien. Rohan también lo está – escuchó, tranquilizando finalmente su pecho.
Cuando estuvo más tranquila, Korra se volteó hacia Unalaq, que aún seguía en el suelo donde ésta lo había empujado para salvarlo. Éste la observaba sorprendido, pero para ella no había sido nada erróneo. Hubiera hecho eso por cualquier persona.
- ¿Ves? Mi deber es mantener a salvo a todos los ciudadanos, y eso incluso te incluye – le dijo Korra -. Ahora vete de una maldita vez.
Finalizando esto, Korra se volteó para irse de allí junto a su equipo. El tiempo ya estaba por cumplirse y debía estar con Asami, tenían que salir pronto de ahí. Con esa idea en mente se encaminó sin ver a Unalaq, pero él si estaba atento a todos los movimientos de la capitana, así como del rastro de sangre que esta dejó a su paso, que caía despreocupadamente desde su malherido hombro izquierdo.
Mientras tanto, Asami estaba junto a Gyatso tomando sus últimos datos, pero la respuesta ya estaba instaurada en su mente. Aunque lo detestara ella sabía perfectamente sus probabilidades.
- Una vez que la misión de rescate comience y el bloque de concreto se levante – le dijo al gerente, apuntando el objeto que lo mantenía inmóvil y en peligro -, eso le ocasionará una molestia extremadamente dolorosa. Los analgésicos no serán de utilidad – confesó.
- Él es joven, y hace poco había conocido a una chica.
- ¿Disculpe?
- A ese mocoso de allá le tengo gran estima – respondió Gyatso -. Mire, no sé mucho de esto, pero será difícil salvarnos a los dos ¿verdad? – el silencio de Asami fue su respuesta, a lo cual solo sonrió. Él ya lo sabía -. No se preocupe, doctora, no tengo miedo ni resentimiento. Todo lo que he querido hacer lo he hecho al máximo.
- No importa lo que pase, haremos lo mejor que podamos – se apresuró a decirle Asami.
- Sé que lo hará.
Después de un último chequeo, la doctora procedió a revisar a Rohan, quien poco a poco estaba perdiendo el color de su piel. Aunque no lo dijera abiertamente eso lo estaba matando.
- Hey doctora, por casualidad ¿no tendrá un poco de analgésicos en su bolsillo? – preguntó con una débil sonrisa.
Asami también se la devolvió, pero no fue suficientemente verídica ya que Rohan pudo notarlo.
- ¿Ya es hora? – preguntó el chico.
- No más analgésicos – respondió Asami, agachándose hasta quedar a su altura, donde él estaba sentado aun con esa cosa atravesando su cuerpo -. De lo contrario no podremos operarte.
Un par de palabras más, una mirada rápida a su reloj y pronto necesitó alejarse de ahí.
Los segundos parecían alargarse eternamente mientras un sentimiento de miedo e impotencia se instalaba en su estómago. Necesitaba unos segundos para ella, así que se había apartado hasta un lugar no tan lejano dentro del traicionero recinto. Ya en solitario observó sus manos temblorosas, manchadas con un tinte rojo que se apresuró a refregar para intentar sacarlo, literalmente tenía las manos con sangre y aquella visión de sí misma la asqueó. Ella no quería nada de esto.
- Asami – escuchó decir su nombre cerca de ella, obligándola a cerrar los ojos para impedir cualquier indicio de lágrimas que quisieran abandonar sus ojos. Ella era la encargada del equipo médico y de las vidas que podía salvar. No podía mostrar debilidad -. Hey ¿cómo estás? – le preguntó Korra ya más cerca de ella.
- Para el gerente Gyatso – respondió -, la necrosis en los músculos de sus piernas ya ha comenzado. Cuando la masa que se encuentra presionando su tronco inferior sea levantada, hay una alta probabilidad de que él tenga un síndrome de aplastamiento -. Korra la dejó hablar, atenta a como ella recitaba casi de memoria el estado de sus pacientes, mirando siempre al suelo, como si no estuviera presente -. Por otro lado, para Rohan, el marco de acero está evitando que se desangre, y aun si lo movemos al cuarto de operaciones no será fácil detener el sangrado excesivo… en estas circunstancias, si fueras tú… ¿a quién salvarías? – preguntó, con un débil hilo de voz, mirándola por primera vez.
- ¿Por qué me estás preguntando esto? – respondió Korra. Quería consolarla, más que nada, pero ese no era el momento. Nadie se podía permitir a Asami vulnerable -. Has hecho tu consulta y diagnóstico. Solo necesitas informarnos tu decisión.
- Aun así, en lugar de mí, tú tienes más experiencia – respondió la doctora -. Pensé que serías capaz de hacer la mejor elección.
- ¿Mejor? A tus ojos ¿lo que nosotros hacemos es lo mejor? En un sitio de rescate, no hay tal cosa como "mejor", solo estamos resolviendo los problemas enfrente de nosotros.
- ¡Por supuesto lo sé! Pero todo el día… atendiendo pacientes al azar sin orden… escuchando suplicas y gritos de dolor… no sé si esto está bien – dijo Asami, comenzando a exasperarse.
- Estará bien – respondió de inmediato Korra, y ahí estaba su único consuelo hacia ella -. En esta situación solo puedes hacer todo lo que puedas para salvarlos, o no hacer nada y dejarlos morir, e incluso no hay tiempo para quejarse… Lo que quiero no es una solución absoluta y divina de tu parte, como la solución a todos nuestros problemas. Solo quiero que me ayudes a llevar a alguien vivo a la superficie. Por favor, Asami… como doctora.
Asami cerró fuertemente sus ojos, exhalando un último aliento, en el cual intentó abandonar todo su miedo e indecisión. Todas las cosas mundanas ya no eran importantes, era tiempo de que actuara conforme a lo que ella podía entregar, con lo que pedían. Es por ello que secretamente agradeció la aspereza de Korra por no consolarla, aunque tácitamente le dio a entender que la apoyaba.
Sin perder más tiempo, Asami elevó su semblante hacia la capitana, lista a dar la respuesta.
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La puerta del medicub se abrió violentamente, dando paso a un agitado grupo de personas liderados por Asami, quien además iba empujando la camilla junto a los demás, en la cual estaba sentado Rohan, con un trozo de gran fierro que lo atravesaba completamente. Sokka quien estaba ahí desde hace unas horas, no tardó en ir a su encuentro, impactado por la escena y en cómo el chico aún estaba vivo. Rápidamente sacó una linterna de su chaleco e iluminó la zona de impacto, en busca de los tejidos de la piel, ver si aún era posible sacar eso de ahí sin hacer sufrir al chico innecesariamente.
- El marco de acero está dentro de su pecho – decía Asami mientras éste revisaba -, pero no estoy segura si tocó ya su columna. Por suerte sus respuestas son buenas. Hay que administrarle antibióticos generales y tomar rayos X.
- Lo sé – dijo Sokka, guardando la linterna en su radio, irguiéndose para observarla -. Dijiste eso por la radio – de inmediato Sokka colocó su mano en el hombro de Asami, ofreciendo consuelo -. Deja a este paciente conmigo y ve a tomar un poco de aire.
- No, yo lo haré – lo ignoró -. El portátil de rayos X está configurado ¿cierto?
Sokka negó con la cabeza.
- El filme se agotó. El esterilizador está roto, también… Ahora mismo todo está en llamas.
- Aun si esto es un desastre, tenemos que hacer algo – dijo Asami, y las pupilas en sus ojos ya comenzaban a vibrar, precediendo a la catástrofe emocional.
- Asami…
- Vamos – ordenó finalmente, empujando la camilla hacia el pabellón, esta vez ignorándose a sí misma.
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- Todos los signos vitales están bien – dijo Jinora, al fin sonriendo después de haber estado por muchas horas bajo tensión.
Opal asintió, tan complacida como ella, y recién ahí se quitó la mascarilla acercándose al trabajador que ya estaba fuera de peligro. Ahora solo le quedaba a él recuperarse, sobrevivir de toda esta experiencia.
Kai estaba parado junto a ellas, impresionado por el actuar de la doctora y la enfermera, haciendo posible lo imposible, aun en condiciones tan inhóspitas como esas, con la adrenalina a tope, y aun así todo había salido bien.
- Lo has salvado, soldado raso Kai – le dijo la Teniente al chico.
- ¿Cómo? – respondió este confundido -. Yo no he hecho nada.
- Le diste de tu sangre, gracias a ti él pudo soportar todo esto… Estoy orgullosa de ti, Kai – dijo Opal, sonriéndole.
Una gran sonrisa apareció de inmediato en el rostro de Kai, un poco avergonzado por el cumplido, pero satisfecho de que él hubiera sido de ayuda. De inmediato, como un golpe eléctrico, la energía volvió a él, estaba listo para ayudar a más personas, aun con su brazo vendado.
- Antes de nada ¿puedo ir a presumir de esto ante el Sargento Bolin? – preguntó entusiasmado el muchacho.
- No – se apresuró a responder Opal, cambiando completamente su expresión -. Antes iré yo a hacerlo.
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Por otro lado, un poco más lejos que la provisional de emergencias del campamento, los soldados en silencio colocaban los fallecidos uno al lado de otro. Muchos no tenían cómo identificarlos, es por eso que Mako estaba tomando fotografías de todos ellos, para que luego sus familiares pudieran reconocerlos.
Korra estaba más apartada de todos, junto al último de los hombres que se había unido al silencioso y triste grupo. Agachada a su lado, observaba en silencio el rostro tranquilo y hasta feliz de Gyatso, frío como el viento que ya comenzaba a correr, pero al mismo tiempo cálido, como si jamás se hubiera arrepentido de nada, como si todo lo hubiera vivido al límite. Él había salvado la vida del chico, aun a cambio de la suya propia. Eso había sido completamente asombroso, y aun en la muerte, Korra le estaba presentando sus respetos.
Tan absorta estaba en ello, que no sintió cuando Bolin colocó una mano en su hombro, indicándole su presencia sin perturbar demasiado lo que ella estaba haciendo. Lentamente la capitana se colocó de pie, despidiéndose por última vez de Gyatso a través de un saludo militar, colocando su mano a la altura de su frente, Bolin la secundó. Y pocas veces, una posición tan inexpresiva como aquella, pero tan llena de respeto, transmitía un aire tan emotivo como la de aquellos dos amigos, de pie frente a todo ese gran y silencioso grupo.
Unos momentos más tarde, ambos amigos estaban de pie a las puertas de todo el recinto que delimitaba la Planta Sozin de Energía Solar, observando como más refuerzos llegaban. Dejándolos pasar, pronto de uno de los grandes vehículos salió Tenzin.
- Han trabajado duro hoy – les dijo ya frente a ellos -. Ahora, nosotros tomaremos el siguiente turno, así que vayan a descansar soldados.
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Ya era tarde cuando Aang se encontraba agazapado a las afueras de la base de la isla, lejos de todo el ajetreo dentro de los medicub o de las oficinas de los militares. Él estaba cerca de la zona de almuerzo, a unos metros de las ruinas de aquella iglesia que había resistido aquel movimiento telúrico, melancólico mientras observaba el cielo. Y es que particularmente esa noche las estrellas se veían más grandes y brillantes que nunca, como si el terremoto hubiera acercado la tierra hacia ellas, aunque también el aire estaba más frío.
Aang acurrucó más sus piernas entre sus brazos cuando Sokka apareció junto a él, aun con su atuendo quirúrgico, con un gran cansancio instaurado en su rostro, pero aun así se veía tranquilo. Aang admiraba eso de él.
- ¿Terminó? – preguntó Aang, viendo como su amigo se sentaba junto a él.
- Sí. Hace solo un momento.
- ¿El paciente sobrevivió?
- Sí, por el momento.
- Umh…
- Y tú… ¿estás bien?
- Claro. Solo esperando a que todo mejore.
- Ojalá así sea.
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Dentro del medicub el ajetreo era horrible. Gritos y alaridos se escuchaban por todas partes, y es que en cada rincón había pacientes heridos, siendo rápidamente atendidos con lo que tuvieran a mano. Cortes profundos en la cabeza, huesos rotos puestos de vuelta en su lugar solo con palancas y presión, brazos vendados y sangre por todos lados, era lo más leve. En ése ambiente se encontraba Suki trabajando incansable junto a Jinora, batallando contra la falta de recursos, tanto humanos como materiales, caminando con cuidado para no chocar con sus pacientes.
Suki rápidamente estaba cambiando la bolsa de suero de uno de sus pacientes cuando escuchó la voz de Jinora oponerse a otra más grave y prepotente. ¿Qué demonios pasaba ahora?
- ¡Le estoy diciendo que traiga a un doctor! – decía el hombre -, ¿Qué no entiende?
Suki enseguida fue en ayuda de Jinora, observando que este hombre se trataba del Gerente de la planta, aquel despreciable hombre.
- ¿Qué ocurre? – preguntó rápidamente.
- Ah, al fin puedo comunicarme – sonrió arrogante Unalaq -. Me conoce ¿verdad? Soy el gerente de la planta, Unalaq.
- ¿Y qué hay con eso? – respondió brusca Suki.
- Estuve parado todo el día, así que mi presión sanguínea bajó… Ah, creo que podría ser grave – exageró, sentándose con una mueca de dolor en una de las camillas provisionales que había aportado la milicia, y poco a poco fue recostándose en aquella, sin dejar de exagerar su condición -. ¿Puede darme un poco de glucosa o una inyección de vitaminas?
- Le dije que no podemos – comentó Jinora a Suki, observándolo.
- Olvídate de él – respondió -. Ve a trabajar.
- Bien – se despidió Jinora.
Enseguida Suki llevó su mano hasta su walkie talkie, lista para transmitir por la radio:
- Esta es la jefa del ala B. Hay un paciente que está muriendo porque quiere vitaminas. Si hay un doctor que se esté volviendo loco de no hacer nada, por favor, que venga aquí a cuidar al paciente. Cambio y fuera.
- "¿Qué es eso? ¿Cuál es la condición del paciente?" - respondieron por radio.
- Parece necesitar atención inmediata en sus ojos. A menos que sea ciego, no hay manera que no pueda ver el estado en el que están los otros pacientes – dijo burlándose de Unalaq -, pero está diciendo que está tan cansado que podría morir.
- "Pues déjalo morir. Tenemos cosas más importantes que atender. Está mintiendo, voy a apagar esto. Cambio y fuera"
Unalaq se levantó de repente, molesto por la falta de profesionalismo de esta mujer, que en vez de atenderlo se había puesto a jugar con aquel aparato, burlándose de su estado.
- ¿Cuál es tu nombre? – preguntó prepotente Unalaq.
- Suki…. ¿cuál dices que era el tuyo? – lo fastidió.
- ¡Tú!... ¿me acabas de tratar informalmente?
- Pensé que querías que fuéramos amigos, ya que tú me hablaste informal primero – respondió sin inmutarse Suki -. Ya que hemos aclarado nuestros nombres, quisiera saber tu edad.
- ¡Ja! – se bufó el hombre -, tú… ¡tú vas a ver!
- Si, si, si… esperaré aquí por ello – sonrió sin darle importancia a la amenaza de Unalaq, y enseguida se encaminó hacia la puerta de salida de esa sala, en donde estaba Jinora -. Vamos, tenemos que arreglar ese esterilizador roto.
- Vamos – la secundó la enfermera, alejándose juntas de ahí.
- Hey… - llamó Unalaq, sin dar crédito a lo que había sucedido -. ¡Hey!
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Korra y su equipo hace tan solo unas horas habían llegado a la base de la isla, poniéndose al corriente de todo lo que había acontecido en el lugar, poniéndose de inmediato en disposición de ayuda con los heridos. Y así pasaron un par de horas más cuando, agotados, Bolin y Korra salieron fuera del medicub, repasando mentalmente todo lo que faltaba.
- ¿Qué haremos? – preguntó el Sargento.
- ¿Con qué?
- Con lo que queda de comida, será difícil alimentar a todos, incluyendo al equipo médico y los heridos.
- Ah – exhaló Korra -, después de volver de la muerte, el problema de comer para seguir viviendo siempre parece acechar. Bueno, tendremos que intentar extender nuestras raciones de combate.
Y habían caminado unos pasos cuando las altas luces de una camioneta, seguido del sonido del claxon llamaron su atención. No era un vehículo que reconocían, así que de inmediato se pusieron en guardia, a la espera de que los recién llegados se dieran a conocer, y grande fue su sorpresa cuando desde el copiloto descendió Azula, vestida con su ajustado atuendo, y aquella mirada felina yendo a parar justo ante ellos.
- Sabía que estarían hambrientos – fue lo que dijo ya frente a ellos, y el hombre con el que ella iba de inmediato comenzó a sacar unas cajas desde la parte trasera de la camioneta, sin que los soldados dijeran nada, mirándose sin saber qué decir. Es cuando Azula abrió una de las cajas, exponiendo el contenido de unos generosos sándwiches, varios de ellos, envueltos en unos envoltorios -. ¿Esto será suficiente?
- Am… – fue lo único que dijo Korra.
- He traído suficiente para 100 personas… por ahora.
- Eso es grandioso – dijo Bolin con una sonrisa -. Muchas gracias, eres la mejor – ante lo que Azula solo sonrió.
- Por eso, te compraremos bebidas para 100 personas – agregó Korra, y de inmediato colocó su brazo alrededor del cuello de Bolin, llamando su atención -, … el Sargento las comprará.
- ¿Co-cómo? – la observó este, sin creer lo que Korra había dicho.
- Vamos, tu sabes que me cortaron la paga – le sonrió, dando un par de golpecitos en su hombro, consolándolo.
Enseguida la capitana cogió su radio y procedió a impartir las buenas nuevas.
- Pelotón Uno, salgan a repartir las raciones. Nos ha llegado la ayuda, como caída del cielo – dijo sonriéndole agradecidamente a Azula.
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Ni siquiera el primer grupo había terminado de comer, cuando Korra le ordenó a Bolin retirarse a descansar, diciendo que ella se encargaría de lo que quedaba. Sin muchas ganas, el Sargento accedió, dirigiéndose a la parte trasera de la base, donde fue a refrescarse junto al pozo de agua.
La noche estaba muy silenciosa, solo escuchándose el chapotear del agua y la respiración ahogada de Bolin, quien refregaba su rostro mientras una corta toalla se balanceaba en su cuello con sus movimientos, hasta que repentinamente ya no la sintió más. Bolin apurado hizo el ademán de recoger la toalla, pensando que se había caído, pero asombrado observo que había sido Opal quien la había removido desde su cuello. Y con el agua aun cayendo desde su rostro empapado solo la observó, sin moverse, hasta que ella comenzó a secarlo, sorprendiéndolo aún más.
- ¿Fue tu deseo venir hasta acá, o de nuevo fue una orden de mi padre? – le preguntó, una vez que terminó, con angustia en su voz.
Bolin se tomó su tiempo en responder, volteándose lentamente hacia ella.
- Enviar a los soldados más capaces a los lugares más peligrosos, esa es la responsabilidad de los comandantes – respondió, obteniendo en respuesta el rostro herido de Opal. Ella ya lo sabía.
- No sé por qué estás de su lado. No me gusta eso.
- Por favor llámalo. Probablemente está preocupado.
- ¿Y qué hay de ti? – preguntó Opal -. Si no estuviese a salvo ¿cómo te hubieras sentido?
Bolin sabía que una pregunta así se vendría, una en donde Opal le demandara saber de sus sentimientos, siempre con la esperanza de volver a su relación. Es por eso que el Sargento tardó en dar su respuesta.
- Todas las veces que me alejé de ti… Me he arrepentido de ellas – confesó, a medias.
- Pero solo estás parado ahí – lo reprendió decepcionada.
Y ante esa respuesta, inesperadamente Bolin la abrazó, sin jamás pretenderlo, simplemente su cuerpo se abalanzó a envolver a aquella mujer dueña de todos sus problemas y soluciones, de sus felicidades y desgracias, y que ahora intentaba lucir fuerte frente a él cuando la vulnerabilidad se le salía en forma de gotas por los ojos. Opal tardó un momento en dar crédito a lo que su cuerpo sentía. A la estrechez de sus músculos envueltos en la suave y protectora piel de Bolin. Había esperado tanto por eso, que ahora que lo tenía no lo encontraba real, pero, aun así, al fin deshaciéndose de la pena que tenía acumulada en su pecho, lo abrazó de vuelta, estrechándolo con fuerza, para que esta vez él no se fuera.
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- ¿Qué hay de su consciencia? – preguntó Asami, colocándose junto a Rohan, que aún estaba dormido luego de aquella cirugía.
- Aun no – respondió Sokka junto a ella -. Creo que tenemos que observarlo hasta mañana.
Asami suspiró, jamás le había gustado el suspenso, menos en el ámbito de la medicina ya que eso era una úlcera segura en su estómago. Observando por última vez a Rohan, acostado en su camilla, intubado y conectado a otros tubos más, le deseo todas las suertes, esperando sinceramente verlo despierto por la mañana (dentro de unas pocas horas más, en realidad).
Terminado esto, Asami dio un par de pasos hacia la siguiente camilla. Aun le faltaba revisar muchos pacientes antes de que su turno finalizara. Debía hacerlo, de lo contrario no podría descansar tranquila.
- Es este paciente ¿verdad? – apuntó una vez junto a él, preguntándole a Jinora -. El paciente que fue abierto en la planta eléctrica.
- Él tiene consciencia – respondió Sokka.
Asami examinó sus signos vitales y algunas respuestas inducidas, y dirigiéndose hacia su muñeca en el cual estaba la banda roja del triage, procedió a cambiarla por una verde. Instantáneamente la tensión del grupo médico desapareció un poco. Era una gran noticia.
- Está mejorando – dijo Asami, envolviendo la banda -. Por favor revisen sus signos vitales cada tres horas.
- Si.
A continuación, estaban frente a una mujer embrazada con el pie enyesado, Asami la revisó cuando Aang se adelantó a dar la información del paciente.
- Mujer embarazada, edad desconocida… - dijo deteniéndose, dándose cuenta que no tenía mucha información acerca de ella, así que no podría seguir el protocolo. Asami le dedicó una sonrisa, relajándolo y entonces Aang continuó -: Es una fractura tibial. Ya que está embarazada lo hicimos sin anestesia. Creo que dolió mucho, pero lo contuvo bien – finalizó, sonriéndole a la mujer en la camilla.
- Su bebé es valiente – sonrió Asami, comprendiendo de que la mujer no entendía su idioma. Pero no era solo eso, ella tenía unos audífonos y quizás también por eso no le respondía y solo se limitaba a sonreírle. Siguiendo el cable de ellos, la doctora observó que daban hasta un celular, específicamente hasta el teléfono de Aang, el cual estaba transmitiendo música -. Aang, ése es tu teléfono ¿cierto?
- Es música clásica que siempre escucho. Tenía miedo que el bebé estuviera asustado.
Asami sonrió tiernamente. Aang había cambiado.
- Te has convertido completamente en un doctor – le dijo -, también te has convertido en un padre.
Asami los dejó, dirigiéndose hacia la salida de aquella sala, y estaba por abrir la puerta cuando periféricamente observó a un hombre sentado en una esquina, sobándose un hombro adolorido, intentando descansar. Asami lo reconoció de inmediato y en silencio fue hacia él, y apenas él la advirtió ella ya se había agachado, desabrochando los cordones de sus bototos, descalzándoselos y dejándolos a su lado.
- Las usé bien – le dijo, mirándolo -. Muchas gracias.
El hombre la observó atento, sonriéndole sinceramente.
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Al final no había podido descansar. Todavía tenía todo grabado en su retina, así que luego de que Jinora le hubiera pasado un par de zapatos, había abordado el primer camión devuelta hasta la central, en el cual aún seguían trabajando para ver si quedaban trabajadores atrapados. Aun habían heridos en la provisional, aquellos que no necesitaban traslado inmediato, además de todos los muertos a un rincón.
Asami estaba de pie frente al pizarrón donde estaban anotados todos los heridos y fallecidos, siendo hasta ahora el conteo de 55 y 41, respectivamente. Además de eso, en la pizarra había algunas fotografías de quienes no habían podido ser identificados.
Terminando de encender una vela en aquel improvisado altar, la doctora se volteó hacia lo que quedaba de la planta, caminando un par de pasos, y en su mente perfectamente pudo ver cómo había sido todo unas semanas atrás: un camión siendo descargado por los trabajadores, quienes bromeaban entre ellos, haciendo alarde de su fuerza frente a las mujeres; por su parte éstas acarreaban pequeñas canastas llenas de alimento, ocupadas en las comidas o llevándoselas a los hombres; grupos de chicos descansando debajo de un árbol, y a Gyatso reprendiendo a los más jóvenes, siempre con un aire paternal.
Ahora, en la oscuridad, solo se escuchaban las máquinas trabajando, cortando metales o destruyendo bloques de cemento que obstaculizaban la entrada a la planta. No había ligereza en las acciones, solo el frío silencio. Todo había desaparecido.
Recordando eso, el cuerpo de Asami comenzó levemente a estremecerse, incapaz de poder aguantar la tristeza, y aprovechándose de la soledad, por primera vez se permitió abandonarse a sí misma, derramando las lágrimas y los alaridos de impotencia que no había podido liberar antes, pensando en toda la gente que no había podido salvar, en todas las familias en las que faltarían personas, grandes personas, a las que jamás debió sucederles eso.
Sola en aquel rincón de la planta, nadie se percató de que ella ya había dejado de ser doctora, volviendo a ser humana, vulnerable, escondida de los ojos de los demás.
Pero no había sido la única que no había podido ir a dormir, volviendo al sitio de la catástrofe.
Korra había observado todo, con la tristeza instaurada en su pecho viendo a lo lejos como Asami se desmoronaba. No quería ir a importunarla, sabía lo orgullosa que ésta era y por el momento solo quería que ella se desahogara sin ser molestada, aunque eso la destruyera.
En silencio estaba velado por ella, cuando un soldado se le acercó, llamando su atención.
- Capitana, debería estar descansado – comentó el soldado, resultando ser Wei.
- Lo mismo va para ti, Wei – respondió Korra.
- Ah, es que jamás pude descansar. Las imágenes aun no quieren irse, es por eso que vine acá a ayudar.
- Sí, creo que a varios nos pasa lo mismo – respondió, observando hacia donde estaba Asami, sin encontrarla, lo cual le generó una puntada de decepción.
- Korra ¿hay algo que necesites? – preguntó más preocupado Wei.
- Solo estoy mirando – respondió esta, encogiéndose de hombros al no saber qué más decir.
- Lo pregunto por tu hombro – fue lo siguiente que preguntó el chico, apuntando a la mancha de sangre en la ropa de la capitana.
- Ah – comentó esta, culpable -. ¿Le echarías un vistazo por mí? – sonrió.
Wei suspiró resignado, así siempre solía ser su capitana, atenta con todos menos consigo misma. Korra se quitó con cuidado su chaqueta militar, incapaz de poder ocultar una punzada de dolor cuando movió su brazo más de la cuenta.
- Esto se ve mal – dijo Wei, observando aquella herida abierta y desatendida por horas -. ¿Cómo soportaste esto? Creo que necesitas puntos.
- No es de extrañar – sonrió Korra, avergonzada -. Fue muy doloroso.
- Llamaré al equipo médico.
- No – se apresuró en responder la capitana -. Yo puedo ir…
- Por favor ven por aquí – dijo una voz femenina a su lado, y cuando observó sorprendida se encontró con Asami, aun con los ojos rojos, pero volviendo a su papel de "doctora": seria y profesional. Korra no se atrevió a decir nada, y simplemente se limitó a caminar detrás de Asami, siendo conducida hacia la provisional.
Una vez ahí, se sentó en un lugar alejado de todos, donde estaban los implementos médicos, y Asami acompañándola un minuto después, con todo lo que iba a utilizar en ella, procedió en silencio a situarse detrás de ella, colocándose sus guantes y limpiando la zona afectada con algodón y alcohol, algo que le ardió a la capitana, pero no dijo nada.
Ahí en su piel, observó el profundo y gran corte que ésta tenía en su escápula. Una herida abierta y sucia, que poco a poco había empezado a infectarse por la falta de tratamiento. Eso la molestó un poco ¿cómo podía ser tan despreocupada? ¿cuándo había sucedido esto? Aquel golpe hasta había roto su polera, su chaqueta, su piel. Había sido una completa irresponsabilidad de su parte. Es por eso que no se molestó en disminuir su dolencia con palabras, al contrario, el silencio y la rudeza de sus acciones, limpiando y suturando la herida, fue suficiente para que Korra entendiera que eso era un castigo.
- ¿Cómo sucedió esto? – preguntó después de un rato.
- Por rescatar desordenadamente – suspiró Korra, afectada por su tono tan frío.
Eso hizo sonreír a Asami. Como siempre ella jamás respondía directo a sus preguntas, censurándole cosas, como si ella no fuera lo suficientemente fuerte para escucharlas. Esta vez eso no le molestó, más que nada por el tono de voz con que Korra le respondió, preocupada y dolida, aquella dura capitana a veces se comportaba tan infantil, lo cual muchas veces le hacía olvidar su propio enojo.
- Estoy bien – respondió luego de unos segundos Asami, dejando de lado todo su enfado.
Korra de inmediato relajó sus hombros, cerrando sus ojos ya más tranquila. Era un alivio.
- ¿Lo escuchaste? – susurró Korra -. Lo pregunté en mis pensamientos.
- Si, en voz muy alta.
- Me… me alegro que estuvieras aquí en la escena. Estoy agradecida de que tú hayas luchado ahí conmigo.
- Yo también, capitana.
Asami continuó suturando. Faltaba muy poco, pero ella estaba realmente cómoda detrás de Korra, sin mirarla directamente, escuchándola hablar relajada, disfrutando el tiempo con ella. Es por eso que tardaba intencionalmente en terminar con su trabajo.
- Antes, cuando fui cortante contigo… - continuó Korra.
- Lo sé – respondió de inmediato Asami.
- ¿Lo sabes? – y Asami solo sonrió.
- ¿Sabes cuántos años he sido doctora? La persona que ha visto más muertes que los soldados, es el doctor que sostiene el cuchillo.
- Si mis palabras de consuelo son demasiado torpes, entonces dejaré de intentarlo – dijo en voz baja Korra -. Pero, me gustaría que estuvieras bien, Asami. Sinceramente.
Esta vez fue turno de la doctora sorprenderse, ¿qué es lo que sabía Korra? ¿la había visto antes, acaso? Pero sabía que no se lo diría, en vez de eso, ella solo estaba preocupada. Eso era halagador.
- Entonces – respondió -, en lugar de palabras de consuelo torpes, haga la cosa que hace bien, capitana.
- ¿La cosa que hago bien? ¿de qué hablas?
- Bromear, porque creo que lo que más necesito en este momento es una broma que me haga reír.
- Estás muy linda ahora – dijo Korra.
Asami sonrió. ¿Qué clase de broma era esa? Estaba completamente sucia, con manchas de sangre, ropa destruida y pelo desarreglado. Era una muy buena broma para empezar, aun a costa de ella.
- Tú no me ves ¿cierto?
- Lo hice hace un rato. Tú eres alguien que siempre está linda – respondió seria.
- No seas tan seria – se apresuró a decir Asami, intentando deshacer esa atmósfera que se estaba formando.
- Era una broma – respondió Korra, con el mismo tono de voz.
No lo era.
Asami lo dejó pasar. Terminando con su trabajo, dejando en la mesa las tijeras y los guantes utilizados, lista para dejar ir a su paciente.
- En verdad te extrañé – escuchó susurrar a Korra, deteniéndola inmediatamente, escuchando como su palpitar aumentó su ritmo solo con escuchar esto -. Sin importar lo que hacía, seguía pensando en ti – confesó, y Asami no supo qué hacer. No estaba preparada para nada de eso, pero Korra continuó, como si no necesitara nada de ella, solo dejando salir todo lo que ella sentía -. Me agoté físicamente a mí misma, en verdad lo hice. Bebí hasta perderme e intenté de todo… e incluso entonces, seguía extrañándote.
Asami tenía un nudo en su garganta. Sus piernas las sentía de plomo y lentamente un fuego estaba subiendo por su columna, alojándose en su rostro. Pero no podía moverse para evitar eso. Las palabras de Korra la tenían hechizada, mientras su mente estaba en blanco, solo escuchándola.
- ¿Fue algo en lo que ni siquiera podías pensar? – continuó Korra -. Entonces intenta pensarlo. Porque estoy siendo muy seria con esto.
Eso era una confesión directa. Y Asami supo que pronto tenía que darle una respuesta.
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