Capítulo 11. Un abrazo de consuelo

Entre Albert y yo todo fluye de maravilla, cuando estamos juntos todo va bien, lo único que me tiene un poco preocupada es este amor que crece dentro de mí, pensé que podía controlarlo, que podía detenerlo o quizás podría ocultarlo pero solo me estaba engañando a mi misma. ¡ Oh Dios! ¿desde cuándo estoy enamorada de él? No me dí cuenta de cuando paso, lo que recuerdo es que estaba sufriendo por Terry, después me refugie en Albert y ahora no sé como decirle que lo amo. Cada que pasa el tiempo me cuesta más trabajo ocultar mi amor hacia él, quisiera estar con mi amigo todo el día, no me importa si solo estamos acompañandonos sin ninguna actividad en específico y en un silencio absoluto.

por el momento me conformo con tan solo verlo, no sé hasta cuando podré resistir la tentación de besar sus labios.

Con decir que he dejado de soñar con mi príncipe para soñar con Albert, hoy tuve un sueño bonito con él, soñé la cabaña de los Andrew, que los dos estábamos frente a la chimenea, yo estaba sentada, él acostado con su cabeza apoyada en mis piernas, yo le acariciaba la cara y el cabello, de vez en cuando le daba besos en la boca que me tenían extasiada, recordar sus labios me hace añorar sus besos. Doy otro suspiro ya común en mí que hasta el doctor Martín ya se acostumbro.

—¡enfermera!.. ¡Candy!

—disculpe doctor que me dijo

—es la cuarta vez que te hablo, ¿por qué estás en las nubes?

Trato de controlarme pero no puedo mi temperatura sube siento las mejillas calientes de lo rojas que han de estar, está sonrisa boba no me la puedo quitar y con solo escuchar su nombre "Albert" mi corazón me martillea el pecho y trato de decir algo coherente:

—na nada, que grosera me a hablado cuatro veces, no lo puedo creer

—lo que yo no puedo creer es que hayas dicho que quieres casarte con Albert y que quieres tener hijos rubios con ojos azules para ya no trabajar conmigo

—¡por Dios! He dicho eso

—jajaja no pero por ver tu cara de preocupación te puedo jurar que si lo dijiste jajaja

—¿doctor por qué me hace esas bromas? Usted lo único que le gusta hacer es ponerme de mal humor

—¡oh! Candy solo es una pequeña broma, quita esa cara, yo solo quería avisarte que ya es hora de que te vallas a descansar, el día de hoy has trabajado mucho atendiendo a esos pacientes infantiles que se enferman cada vez más seguido solo para que les des dulces y besos, no son nada tontos esos niños jajaja

—cierto ya es hora de mi salida— me apresuró en arreglar mis cosas para irme se perfectamente que lo veré muy pronto y aprovecharé para darle ciertos besos, encontraré cualquier escusa que la vida me ofrece para llevar a cabo mi cometido, como de que no

—mira quien vino por ti, es Albert, se ve feliz, nada más de verlo hasta yo me siento alegre

—hasta mañana doctor— salgo corriendo de la clínica, no quiero que el doctor me siga molestando

¡ha! Ya vislumbre a mi guapo amor, me voy a acercar a él despacio para disfrutar de su figura, no se a dado cuenta de mi presencia por eso aprovecho para verlo a detalle, me encanta verlo con esos pantalones vaqueros se le ven unas piernas largas, fuertes y musculosas. Que suerte tengo, con el si mejoro la raza humana, unos bebés rubios y con ojos azules sería fantástico. ¡Estoy loca! voy muy rápido él no sabe de mis intenciones lujuriosas y yo pensando en matrimonio, cuando lo conocí me dijo "yo soy libre como el viento", en ese tiempo no sabía lo que significaban esas palabras pero ahora ya se: Albert no le gustan los compromisos... En ese momento me quedo petrificada de los celos que me dan al verlo con una chica, ¿pero quién será esa mujer? Albert muy sonriente, que mal me siento, nunca me imaginé que le gustarán morenas y gordas, me voy a dar prisa para interrumpir su plática.

Al acercarme más Albert se da cuenta de mi presencia, me saluda y se despide de ¡esa mujer! Me quedo más asombrada cuando puedo ver su cara, empiezo a sentir alivio y vergüenza al darme cuenta de que ella es una niña cómo de doce años, solo que está alta y rellenita por eso la confundí con una jovencita coqueta. Ya más calmada le pregunté:

—¿con quién estabas platicando?

—hola Candy, se te ve muy linda el día de hoy, este vestido hace resaltar tus encantos

—gracias, a mi tambien me gusta, tú me lo regalaste el año pasado ¿pero con quién estabas?

—con nadie

—¿y de quién te acabas de despedir?

—¡ah! Ella es una niña que estaba buscando a su cachorro y de pura casualidad yo lo encontré por eso nos viste juntos, yo le estaba dando algunos consejos para que cuide mejor a su perro

—¡encerio! Mira nada más ¡ tú siempre ayudando a los desconocidos!

—vamos, sube al coche

—si, ¿a dónde vamos?

—a casa

—antes de irnos, me das un beso

Albert me dió un beso en la mejilla, que rico besa aunque yo lo quería en la boca, el con una sonrisa en esos esplendorosos labios me dijo

—tenemos que irnos, los chicos nos esperan

—cierto los chicos, quedamos de vernos hoy

—todo está listo, solo faltas tú, por eso he venido por ti y por que tenía ganas de verte. Sabes me haces feliz

—yo también soy feliz contigo Albert

En la casa los chicos están en el patio, así que atraje a Albert a mi mientras él me rodeaba con sus brazos y con mi mano derecha le despeine el pelo y le dije —voy a arreglarme antes de saludarlos, no tardó guapo

—ves princesa

Ya limpia decido ponerme otro vestido que Albert me regaló, este es de color amarillo claro con flores blancas, es sencillo pero bonito y cómodo.

Todos tratamos de estar lo mejor que se puede pero podemos sentir el dolor de Archie y Paty que se trasmite a nosotros por la muerte de Stear, no lo podemos superar todavía es muy reciente su partida sin retorno.

Terminamos de comer, el pastel de carne estuvo esquito, seguro lo preparo Annie, el postre también estuvo riquísimo pero me parte en corazón ver a Archie decaído y Paty ver su esfuerzo por estar bien pero de vez en cuando le salen lágrimas solitarias que logra secar antes de que se le corran por las mejillas, claro que tratamos de sonreír.

Mientras intentábamos entablar una conversación amena Paty no pudo más con su dolor y estalló en llanto diciendo:

—disculpenme, pero el dolor me supera, compermiso— se para y fue a sentarse sola debajo del árbol que está en el patio mirando en dirección contraria de nosotros ocultando su cuerpo con el tallo del árbol.

Inmediatamente me paro para alcanzarla, pero Albert me detiene y me dice —necesita tiempo y estar sola

—lo se

Me suelto de su agarre, avanzo con cautela hacia donde está Paty, me siento junto a ella, la abrazo, acomodo su cabeza en mi hombro y le acarició el cabello. Ella lo único que hace es llorar amargamente, yo puedo sentir su dolor y no puedo evitar que se me salgan las lágrimas. Así nos quedamos mucho rato hasta que se tranquilizó.

—gracias Candy, sabes me esfuerzo por estar bien pero saber que nunca más lo veré me parte el corazón, tú sabes era tan gentil, alegre, inteligente, yo lo amo tanto, fuimos tan felices y pudimos tener una vida juntos pero que ya no podrá ser, simplemente no puedo...

—comprendo, todos lo queríamos

—si todos, con decirte que hasta Eliza y Neil se veían tristes en el funeral

—jajaja encerio, eso sí es una novedad

—jajaja si

—ya te sientes mejor

—un poco, lo siento, todavía no estoy de humor para convivir, me gustaría irme a casa de Annie

—claro, te comprendemos

—gracias

—si quieres quedarte, lo puedes hacer para que estés acompañada

—gracias Candy, pero en casa de Annie no estoy sola

—esta bien.

Las visitas se fueron, Archie se encargó de llevarse a Paty y a Annie.

Entre Albert y yo limpiamos el patio después los dos trepamos ese majestuoso árbol en el que momentos antes fue testigo del dolor de Paty por perder al amor de su vida, se convirtió en testigo de un abrazo de consuelo que me ofreció mi rubio amigo.

Continuará...