CAPÍTULO 11
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Que sepas que se te debió hacer corto, porque no lo era. Ese capítulo está en la media de extensión XD (entre 2900-3000 palabras). Sobre Misao, más que darle miedo lo que Soujiro puede hacer, es que va a ser de mal gusto para ella. Ya lo vais a ver, porque su venganza es en este capítulo ^o^
SlayArmisa: Pues como le decía a Kaoruca, la venganza le viene aquí. Y no es que sea «grave», el problema es que es desproporcionada y encima ella se lo toma muy mal »_«. Pero hay que entenderle: el pobre intenta aprender ^o^
Gracias por vuestros comentarios. Os dejo con el siguiente capítulo :-D
PD: Como es Nochebuena, espero que tengáis unas felices fiestas y que lo paséis muy bien con todos vuestros amigos y familiares.
¡Saludos!
CAPÍTULO 11
Lo que no había esperado Soujiro cuando pensó en vengarse de Misao, era que la oportunidad llegara tan pronto. En realidad, había tenido que esperar dos semanas más. En concreto, al día en que saldrían de ese hospital por fin.
Pero no veía el momento para ver la cara de Misao. Porque sí: había descubierto que tenía un punto débil enorme.
En las tres semanas que llevaban de tregua había conocido muchos aspectos de Misao. Era imposible no hacerlo cuando convivían las veinticuatro horas del día. Soujiro reconocía que a veces le agobiaba la situación de encerramiento. Pero podía dar gracias de que la persona con la que padeció ese encierro tuviese una personalidad tan abierta; porque si hubiera sido una mala compañía, lo mismo habría acabado dejándola allí por no soportarlo.
No salían del edificio, pero solían dar paseos por los pasillos. Misao exhibía una salud envidiable a excepción del hombro. En cierta forma, todos se habían sorprendido de la buena recuperación que había tenido de una herida tan grave. Se la veía animada y además había recuperado el peso que tenía. Era agradable tanto verla como escucharla; porque no sólo le alegraba la vista esta Misao «no escuálida», sino que era una mujer que le entretenía mucho. No había manera de aburrirse con ella.
Y precisamente, lo que iba a pasar en breve iba a ser un entretenimiento cuyo recuerdo le haría reír durante años. Porque Soujiro iba a cobrarse su venganza con su punto débil.
Debía reconocer que le había sorprendido bastante. No esperaba que una mujer que era la líder de una organización ninja tuviera esos remilgos. Pero pocos días después de que pudiera empezar a levantarse, notó que Misao se ponía susceptible con el hecho de que pudiera verla cambiarse de ropa.
Había entendido que, cuando eran desconocidos, Misao recelara de las intenciones que podía tener un hombre que aparecía de pronto alrededor de ella en uno de sus momentos más vulnerables. Pero con el correr de los días, debía saber que no tenía en mente hacerle nada. Ninguno de los dos podía irse muy lejos de esa habitación, de modo que había esperado que no se sintiera incómoda por tenerle allí, sobre todo si atendían a las circunstancias que vivían.
Pero Misao lo estaba y, con ello, habían entrado en una conversación surrealista donde le hablaba de las diferencias entre una mujer ninja y una espía. Por descontado, ella era del primer grupo y, por lo que le comentó, en su organización era lo mayoritario.
A Soujiro le había desconcertado esa diferenciación porque para él eran lo mismo. Hasta donde sabía, las mujeres dedicadas a las armas eran capaces de hacer cualquier cosa en esos terrenos y sin pestañear. En la organización del señor Shishio las había, sin ir más lejos. Pero los Oniwaban-shu habían estado por muchos años desestructurados y no habían tenido protocolos fijos de adiestramiento en ninguna materia hasta que Misao empezó a organizar al grupo. Y entonces le había explicado que, puesto que ella no podía ejercer de espía, tampoco se lo exigía a las demás mujeres.
En ese momento no había entendido por qué Misao no «podía ejercer de espía». El líder de cualquier organización era por descontado una persona muy competente, por lo que ella no debería tener ningún problema en realizar cualquier tarea que surgiera.
Pero entonces, no sólo le había contado que cuando era más joven y asaltaba en los caminos haciéndose pasar por prostituta había tenido momentos humillantes en los que los hombres la habían despreciado; sino que también, al haberse propuesto propagar a los cuatro vientos que era la líder de los Oniwaban-shu, había acabado siendo demasiado reconocible por todo el mundo y había perdido así la posibilidad de ejercer como infiltrada.
Como ella no podía ocuparse de tareas comprometedoras a ese nivel, tampoco había querido obligar a otras mujeres. De ahí que todo lo relacionado con la seducción de objetivos para infiltrarse en algún lugar había quedado relegado a voluntad de cada una.
Y era por eso que nunca se había tenido que encargar de esos temas ni había aprendido sobre ellos.
Para cuando terminó de contárselo, Soujiro no podía parar de reír. Misao en un inicio le había reprochado su insensibilidad por reírse de algo que la afectaba tanto. Pero incluso ella acabó sorprendida por ello porque hasta la fecha no le había visto reírse así.
Porque él no podía evitarlo: en su cabeza la situación era de lo más divertida. La mujer de acero que era capaz de plantarle cara a la misma muerte cuando se le ponía en frente, era incapaz de sobreponerse a la vergüenza que le suponía hablar de cualquier tema sexual.
Y por eso estaba ahí sentado… A la espera de que su venganza entrara por la puerta en un par de horas.
Llamaron a la puerta y entró la enfermera que revisaba las heridas de Misao todas las mañanas. Pero esta vez no se dirigió hacia Misao sino que habló con él.
—Señor Seta, le voy a explicar cómo hacerle las curas y los ejercicios para el hombro —le dijo la mujer a Soujiro.
Él asintió pues ya le habían informado de que lo harían. Puesto que le iban a dar el alta a Misao, a partir de entonces él tendría que encargarse de ello.
—Ha evolucionado muy bien, señora Seta —comentó con ánimo la mujer—. Ha tenido mucha suerte teniendo en cuenta cómo llegó. Pero a partir de aquí, lo único que tendrá que hacer es descansar y hacer los ejercicios.
Misao y Soujiro suspiraron como si hubieran estado sincronizados, porque los dos sabían cuál era el verdadero problema de las palabras de la enfermera. No podían decirle que su única forma de descansar era quedándose allí. Sin embargo, ambos entendían que, para el personal médico, ella ya no necesitaba atención constante y debía dejar el hospital. Aquello no era un hotel, al fin y al cabo.
Misao sonrió con desgana. Era una sonrisa forzada pues no tenía el ánimo para salir de allí y reiniciar la persecución. O al menos no estaba mentalizada para ello. A diferencia de lo que pensaba el doctor, ella no disfrutaría del reposo que cualquier persona normal tendría en su casa, cuidada por sus familiares. Porque cuando saliera de allí, tendría que volver a correr por su vida.
Además, reconocía que su estancia allí había sido como unas vacaciones. Todo tranquilidad; sin la preocupación de mantener ignorante a su gente. Ellos al menos estaban prevenidos. Aunque no supieran los detalles, se andarían con cuidado frente a los Yoshida.
Por eso no quería marcharse de allí. Era la primera vez que se había desconectado del Oniwaban-shu y había dejado que otros cuidaran de ella. También había resultado que Soujiro era una grata compañía. Esas tres semanas eran como un paréntesis en su vida. Sin preocupaciones, sin estrategias… Nada. Sólo ella descansando en un lugar acompañada de un amigo.
No se había dado cuenta de cuánto necesitaba ese parón hasta que lo había tenido. ¿Y se suponía que ahora tendría que volver a la calle a luchar por mantenerse con vida? Suspiró, porque no tenía más remedio que hacerse a la idea de ello.
—¿Ha visto el hombro de su esposa? —le preguntó la enfermera a Soujiro.
—No, aún no —contestó solícito a la vez que la mujer le quitaba la yukata y el vendaje.
Soujiro no lo había visto porque Misao se había preocupado de que no lo hiciera. Con mortificación pensó en el día que Soujiro había dado por hecho que no le molestaría que la viera desnuda un hombre. Pero lo hacía, porque hasta la fecha sólo había deseado que uno lo hiciera y ése había sido Aoshi, el cual no lo había hecho. Y si no lo había hecho el único hombre al que había amado, menos querría que lo hiciera otro distinto.
Por eso había hecho prometerle que nunca estaría en la línea de visión cuando tuviera que desnudar alguna parte comprometedora de su cuerpo. Había sido bochornoso verle reírse tanto de ella, pero lo había conseguido.
Así que el hecho de que ahora le tuviera al lado observándola la ponía nerviosa. Misao miró para otro lado sonrojada. En realidad, hacía más de dos semanas que no necesitaban seguir con el teatro del matrimonio —desde que los habían localizado—, así que podría decirle que no era su marido y, por tanto, que no debería desnudarla de cintura para arriba delante de un hombre. Pero entonces se tendría que enfrentar a que la mujer pensara cosas peores del hecho de haber dejado que un hombre durmiera en su habitación durante más de tres semanas.
Y fue por eso que tuvo que tragarse su incomodidad.
—Como ve, la piel es muy reciente, por eso está tan enrojecida.
—Sí, lo sé. —La enfermera le miró con curiosidad—. Hace años cuidé a un familiar con grandes quemaduras. Aprendí bastante de estas cosas.
—Eso ayudará mucho —comentó emocionada la mujer, al tiempo que fijaba sus ojos en el hombro de nuevo—. Puede que pierda parte de la flexibilidad del hombro, por eso hay que hacer que sea lo menos posible. Le vamos a dejar un bote con una crema hidratante para la piel y que no pierda elasticidad. ¿Ve las cicatrices?
—Es inevitable verlas —respondió Soujiro ante una pregunta tan absurda.
—Ya… —comentó con una sonrisa la mujer.
Misao le miró resignada, perdiendo parte de su vergüenza. Se había percatado de que el personal tendía a pensar que Soujiro bromeaba cuando soltaba sus directas respuestas tras su permanente sonrisa. Pero la realidad era que no entendía los tonos de la gente y por eso respondía literalmente a lo que le preguntaban, como en ese caso donde la enfermera no le estaba preguntando si era capaz de verlas o no, sino el tipo de cicatrices que eran.
—Estas cicatrices pueden impedirle el movimiento completo del hombro —siguió con la explicación la mujer—. Hay que conseguir que pueda estirarlo lo máximo posible. Y eso dependerá de lo que haga ahora, cuando la piel es joven.
—Entiendo —respondió por completo concentrado.
Misao se dio cuenta, en ese momento, que Soujiro no estaba prestando ni el más mínimo interés al hecho de permanecer medio desnuda. Pasaba su atención de la enfermera a su hombro y a las distintas posiciones en que iba colocando su brazo.
—Ya habrá visto que hemos estado haciendo estiramientos desde hace días. Tendrá que seguir así durante un tiempo y tendrán que hacerlos varias veces al día.
Era desconcertante. Soujiro era el primer hombre que la había visto desnuda. Cuando salió a relucir el tema de que la vio en el río, lo cortó de raíz por lo bochornoso que le resultaba. Prefería hacer como que no había pasado. Sin embargo, Soujiro no estaba mostrando ni un mínimo interés. Recordó que cuando la conoció la había desechado sin miramientos y, vista su reacción actual, debía darle crédito a su sinceridad.
No sabía si estaba aliviada o desilusionada. En verdad no quería que la viera un hombre, pero puesto que lo estaba haciendo, esa falta de interés era un golpe a su amor propio. Seguro que así debió verse Soujiro cuando los doctores europeos le explicaron cómo atender a Shishio.
Resopló con disgusto. Ella no era un hombre para que tuviera esa falta de reacción.
Claro que también estaba hablando de Soujiro, pensó con algo más de optimismo. Ese hombre no era capaz de apreciar nada ni aunque se le pusiera delante.
Misao volvió a resoplar, porque le daba igual: le seguía enojando la situación, pensara lo que pensase.
—¿Le duele? —se preocupó la enfermera.
—No.
—Bien, no hay que forzarlo. No queremos que se lesione —dijo al tiempo que volvía a vendar el hombro de Misao.
—¿Tiene alguna pregunta?
—No —respondió Soujiro al momento.
La mujer terminó de vestirla.
—Cuando lleguen a casa sería adecuado que su médico le hiciera un seguimiento.
—No hay problema.
Teniendo en cuenta que, una vez llegara a casa, de aquello se tendría que encargar ella, era irónico que la conversación la estuviera manteniendo con Soujiro.
—Como he terminado aquí, voy a buscar al doctor para que venga a verla.
En cuanto cerró la puerta, Misao fulminó a Soujiro con la mirada. El hombre dio un paso atrás al ver la animadversión que presentaba ella de pronto.
—¿Por qué pareces enfadada? —preguntó él reticente.
—Por nada —respondió con brusquedad. Soujiro suspiró.
—Es evidente que sí.
¿En serio no se daba cuenta? Y por otro lado, ¿por qué estaba tan enojada? Debería estar contenta por que el primer hombre que la viera sin permiso fuese un eunuco. Pero a ella le habría afectado verle desnudo a él, aunque en realidad no quisiera verle. Como mínimo, se habría sentido en extremo avergonzada. Y él ni se había inmutado. Ni siquiera se había sonrojado un poco.
¿Cómo podía ser así de desinteresado? Ella no tenía nada mal. Era una mujer bonita.
—Estos días has estado de buen humor y es importante que sigas así una vez salgamos de aquí —dijo él tras ver que ella no iba a contestar—. Es importante para tu recuperación que no llenes tu cabeza de preocupaciones.
—Eso va a ser un poco complicado —suavizó su tono al volver a un tema más importante—. Según salgamos por la puerta seremos un blanco fácil. Seguro que nos estarán esperando, observando desde un tejado, a que pongamos un pie fuera.
—En realidad, he pensado en eso —replicó Soujiro con una gran sonrisa—. Aunque puede que no te guste, pero es una forma de salir de aquí.
—¿Qué has pensado?
—No te lo voy a decir —contestó ufano.
—Soujiro… —le advirtió.
Sin embargo, se dedicó a recoger sus pocas pertenencias e ignorarla por completo.
El doctor entró poco después para revisar su hombro y certificar el alta. La mayor parte de lo que le dijo era lo mismo que lo dicho por la enfermera: descanso y ejercicios para el hombro.
Y menos de una hora después, el plan de Soujiro entró por la puerta. Le miró como si no diera crédito a lo que veía.
Una oiran estaba en su puerta. Y era morena y bajita… como ella.
—Será una broma…
—No… Y, de hecho, le he pedido que traiga maquillaje para ti.
Misao era incapaz de reaccionar. Las oirans pocas veces salían del barrio del placer en el que vivían. Eran los hombres los que iban allí. Pero no podía hacerse a la idea de que hubiera un barrio del placer en ese lugar. Esos barrios eran como guetos que se ubicaban en las afueras de las grandes poblaciones y donde las cortesanas hacían toda su vida allí. Pero se suponía que estaban prohibidos por lo que las oirans se habían «dispersado» en lugares donde ejercían ilegalmente sus servicios.
Pero eso no era lo más desconcertante de todo. Porque la gran pregunta era:
—¡¿Cómo es posible que hayas conseguido una oiran?!
Soujiro la miró sin entender, pues esperaba que se molestara por tener que intercambiarse con ella, que era, de hecho, lo que había dado origen a todo. Pero poco a poco fue ampliando una sonrisa divertida cuando otra idea se pasó por su mente tras su pregunta. Teniendo en cuenta que Misao daba por certera su pobreza, debía estar imaginándose de todo al pensar en cómo esa mujer podía haber acabado allí.
—No te he dicho en ningún momento que no haya estado antes por esta ciudad —dejó caer él divertido—. He conocido a mucha gente en mis viajes y algunos me deben favores.
Misao le miró con los ojos como platos y se sonrojó furiosamente cuando esas palabras calaron en toda su profundidad dentro de su mente para hacerla imaginarse a Soujiro con esa mujer en el pasado. ¡Menudo descarado! Y ella pensando que no tenía interés en esos terrenos. Lo que no tenía era interés en una mujer normal y corriente cuando había visitado a bellezas despampanantes.
—Me importa poco con quién hayas estado —refunfuñó Misao molesta—. Pero sé que esto lo has hecho a propósito.
—Sólo he buscado una manera de salir de aquí. Que salgas bajo la protección de un disfraz es lo más eficiente —replicó Soujiro con una sonrisa tranquila que sacó de quicio a Misao.
—Por supuesto —repuso mordaz—. ¿Y no podías haber buscado mejor a una geisha?
—A ellas sabía dónde encontrarlas —explicó él con tono inocente—. Y además, ni siquiera sé si hay una casa de geishas.
—Hay una localizada en los límites del pueblo. No es tan céntrica como la nuestra —informó complaciente la mujer, la cual, de paso, aclaró a Misao que no existía un barrio del placer. Si estaba cerca del hospital, debía ser un local clandestino.
—Pero por si acaso, seguro que ni la ha buscado —se quejó en tono sarcástico Misao hacia ella.
—¿Y para qué iba a hacerlo? La que me interesaba era la de ellas —comentó sincero el aludido señalando a la mujer de la puerta. Porque la vestimenta de geisha no habría impactado sobre Misao de la misma forma que lo había hecho la de oiran.
Sin embargo, con esas palabras, lo más bonito que pasaba por la cabeza de Misao referente a Soujiro eran «pervertido» y «degenerado».
Viendo el cariz que estaba tomando esa conversación, la mujer decidió intervenir:
—Señora, si tanto le preocupa, podría intentar maquillarla como una, si es lo que desea. Pero debe entender que la vestimenta no concordará.
—Es un buen disfraz, Misao. Si están vigilando la puerta, saben que ella ha entrado. Y este traje te cubre entera. Es un kimono completo e irás maquillada y peinada —adujo él con confianza—. No te reconocerán. Y cuando salgas, no te prestarán atención porque pensarán que es ella. Saldrás sola, sin ir acompañada por mí, por lo que no sospecharán de ti.
Misao se fijó en que Soujiro no parecía sentirse culpable en absoluto. Al contrario, sabía que lo había hecho con toda la intención. Hasta ese momento, tenía constancia de que Soujiro era raro y su comportamiento con las personas más de una vez le hacía a uno pensar qué demonios pasaba por su cabeza. Pero no había esperado que tuviese también una vena retorcida cuando quería.
No sabía por qué, pero se había convertido en el objeto de su divertimento. Porque ya le había dicho que antaño se había hecho pasar por prostituta con desastrosas consecuencias para su autoestima. Y sin embargo, ahora la quería hacer pasar por una cortesana, que era varios pasos más allá. La mujer que había traído era bonita como una muñeca y eso la metió en una involuntaria comparación. Era como si estuviera echándole en cara las virtudes que otras mujeres tenían y ella no. Seguro que a los hombres les gustaba. Si alguien tan impasible como Soujiro la encontraba atractiva, el resto de hombres seguro que caían también embobados con ella.
Miró a la mujer y luego fulminó a Soujiro, el cual sólo le devolvió su sonrisa inocente de vuelta.
Iba a matarle por esto.
Notas del fic:
*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo. Tienen peinados, maquillajes y vestimentas diferentes a los de las geishas, lo que hace que se diferencien unas de otras.
— * —
Fin del Capítulo 11
24 Diciembre 2017
Notas finales de la autora:
A pesar de que son fics, las que habéis leído otros míos sabéis que siempre intento trazarme sobre una base realista. Y esa realidad lleva al planteamiento de Soujiro, porque por desgracia, las mujeres que se dedicaban al combate en aquellas épocas estaban más entrenadas para infiltrarse o sonsacar información mediante la seducción que a la batalla, porque para combatir «ya estaban los hombres». Así que, bajo esa premisa, desde una perspectiva más real sobre la situación histórica de los personajes, Misao no debería ser tan mojigata. Esa visión más real es la que aporta Soujiro.
Peeeero (y aquí es cuando viene el gran «pero»), aunque dudé sobre cómo encarar la actitud de Misao frente a este tema, al final hubo dos factores que me hicieron tirar por aquí. El primero es que necesitaba una debilidad de Misao que fuese fácilmente explotable por alguien con las limitaciones de Soujiro (y ésta la es XD). Y la segunda es que Watsuki lo planteó ligeramente en el manga (y ya sabéis que yo me guío siempre por él). En el acto 91, «La decisión de Misao», cuando Aoshi casi mata a Okina y ella toma la decisión de ser la nueva líder, hay una escena donde todas las chicas (entre ellas Okon y Omasu) se alteran (y mucho) porque Misao se cambia de ropa habiendo hombres delante. Entiendo que Misao estaba tan perturbada (y resolutiva) en ese momento que no se da mucha cuenta de lo que hace, pero si las mujeres ninja de su familia reaccionan como lo hicieron, Misao, educada igual que ellas, reaccionaría igual en circunstancias normales (aunque esto, a la vez, también me da pie a que Misao sea capaz de sobreponerse a ello bajo determinados factores, como fue el caso del río cuando la perturbó más el hecho de volver al pueblo y alejarse de Kioto que el que Soujiro la hubiese desnudado XD).
Y por otra parte, esta debilidad también me da paso a plantear que luego suceda lo que sucede: que hay hombres como Kazuki (el traidor) que no quiere de líder a una mujer u_uº. Si hay que ser sinceras, entiendo el dilema de Misao que deriva de aquí porque, ¿con qué cara puede exigirle a sus ninjas que hagan algo que ella no puede hacer? Pero eso se puede interpretar como una debilidad por parte de los hombres u_uº.
Por último (y ahondando en el tema de la debilidad de Misao), en el manga, cuando conoce a Kenshin, se da la escena de que intenta atraer a varios hombres para robarles y ellos la desprecian en cuanto la ven. Por supuesto, esto le sentó como una patada (y los hombres lo pagaron XD). Pero para rematar, cuando Soujiro la rescata también pasa de ella. Así que bueno, se puede decir que Misao no ha tenido muy buenos antecedentes al respecto, de modo que el tener a una cortesana delante con la que compararse (y con la que Soujiro pueda compararla), pues como que no es muy de su agradado.
Como decía en los comentarios, el problema no es tanto la venganza en sí como la bola de nieve que arrastra. Porque Soujiro ha tocado un punto débil doloroso para Misao y que da de lleno en sus inseguridades, y para rematar, le cabrea pensar que pueda compararla con una preciosa oiran con la que ha estado anteriormente (algo que no es que le duela, pero le empieza a «picar» un poquitín ^o^). Así que vamos, que se pilla un mosqueo padre XD. Pero bueno, esto le sirve a Soujiro para aprender que, con las mujeres, en esas cosas no se enreda así porque sí XD
¡Saludos y Felices Fiestas!
