Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-11-

Pasé todo lo que quedaba de noche y tres cuartos del día siguiente fuera de la mansión. Necesitaba pensar con claridad, aunque también con frialdad. Debía prepararme para lo que se avecinaba, ya que incluso era capaz de sentir en el aire que los Deimos estaban urdiendo algún plan de ataque contra nosotros.

Lo que me ponía ansioso era no saber cuál sería el día designado para la batalla. Podía ser aquel mismo, o quizá dentro de una semana, no lo sabía.

Después, no podía sacarme de la cabeza que era de total importancia que hablara con Alice, y cuanto antes lo hiciera, mejor. Sabía que cuando se enterara del asunto de la guerra haría lo posible por quedarse, pero si tenía que sacarla a cuestas de la mansión con tal de protegerla, lo haría, a pesar de que sería totalmente en contra de su voluntad. Si quería suicidarse, estaba seguro de que encontraría muchísimas otras maneras para hacerlo, pero al menos yo no estaría delante para verlo.

Lo único que tenía claro de aquella batalla que estaba punto de librarse era que James no saldría vivo de ella. Eso lo tenía más que claro. Mi existencia sería mucho más tranquila sabiendo que aquel desgraciado había desaparecido del mundo. Les haría un gran favor a todos los humanos de Nueva York aunque jamás lo supiesen.

Llené mis pulmones de aire y me encaminé a paso humano hacia la casa bien entrada la noche.

Decidí arriesgarme a entrar directamente a la habitación de Alice, ya que no quería que nadie volviera a descubrirme, tal y como había hecho Edward la noche anterior.

De un salto me agarré al alféizar de la ventana y trepé como un insecto por la pared hasta que llegué hasta el balcón que comunicaba con su habitación. Ya era capaz de escuchar sus gritos y sus quejas preguntándome que qué era lo que hacía allí. Se podía decir que ya me había acostumbrado a sus protestas. Observé a través del cristal y me percaté de que no estaba en la cama, tal y como yo había pensado. Se me hacía raro que no estuviese durmiendo, aunque probablemente estuviese viendo la televisión en el primer piso. Sacudí la cabeza. Jamás la había visto viendo la televisión. Nunca la había visto haciendo cualquier otra cosa que no fuese discutir o insultar, así que tampoco la conocía tanto.

Me encogí de hombros y probé a abrir la puerta, pero como yo había supuesto, estaba cerrada. Bueno, no me quedaría otra opción que romper el cristal. Sólo tuve que darle un mínimo golpecito con un dedo, y el vidrio se resquebrajó. Presioné más con el dedo índice sobre la grieta y conseguí hacer un agujero por el que cabía mi mano. Abrí la puerta desde afuera, a través del orificio, y me sentí como un ladrón.

Entré con sigilo en la habitación y me detuve a inspeccionar el panorama. Había algo que no encajaba. ¿Cómo podía seguir sintiendo el aroma de Alice si ella no estaba en la habitación? No tardé en encontrar la respuesta: algo extremadamente duro golpeó mi nuca, y supe que de haber sido humano, en aquel momento estaría muerto. Ni siquiera sentí dolor, pero me di la vuelta con rapidez, totalmente atónito.

-¡¿Tú? –gritó ella observándome con los ojos abiertos de par en par, sosteniendo en sus manos un bate de béisbol partido por la mitad.

-Sí, yo –murmuré pasándome la mano por el lugar castigado. Aunque no me había dolido, había sido un golpe fuerte. Muy fuerte. Ahora resultaría que era cierto que aquella criaturita tan inofensiva tenía una fuerza excepcional. Bueno, inofensiva tampoco era.

-¿Qué puñetas haces aquí? ¡Si no llego a darme cuenta de que eras tú, podría haberte matado! –continuó gritando, tirando a la vez el bate al suelo.

-¿No te habría gustado matarme? –le pregunté agradablemente sorprendido por su evidente…preocupación.

-Pensaba que eras otro vampiro…uno de los que vinieron ayer –evitó contestarme, cosa que me molestó. –Ya estaba preparada, y mi siguiente paso habría sido clavarte en el suelo con una estaca para después despedazarte y calcinarte.

-Veo que sí estabas preparada –afirmé observando el bate hecho añicos en el suelo, escuchando atentamente su plan de ataque.

-Si hubiera sabido que eras tú, no te habría golpeado –murmuró cogiendo el arma destrozada para dejarla en una esquina de la habitación. –Así que, ¿qué haces aquí?

Recordé cuál había sido el motivo de mi visita, y me puse serio de repente.

-Quiero que te vayas –opté por parecer severo desde un primer momento.

-¿Qué?

-Dentro de unos días habrá una guerra, y tú no pintas nada aquí. Así que lo mejor para todos es que te largues.

-Eso es lo que tú te crees. Esa será mi oportunidad para…–comenzó, pero no me dio la gana de darle ninguna ocasión para hacerme cambiar de opinión:

-No. No será tu oportunidad para nada, así que ya puedes empezar a recoger tus cosas y marcharte.

-¡Tú no eres nadie para darme órdenes! ¡Me quedaré si quiero! –me desafió colocándose a escasos pasos de mí, demostrándome que lo que menos me tenía era miedo.

-No, no lo vas a hacer. Si te empeñas en desobedecerme, seré yo personalmente el que te saque de aquí, sea como sea –la amenacé observándola con frialdad, queriendo que se acobardara aunque fuese un poco.

-No. Te desobedeceré. Yo no soy de nadie, y no cumplo ninguna orden.

-Entonces, mañana estarás fuera de aquí. Aunque sea despedazada –le aseguré apretando mis puños con fuerza contra mí. Era tan terca que me exasperaba.

-Nunca me pondrías una mano encima para hacerme daño.

-No me retes, porque en este momento lo haría.

-¿A sí? Entonces, hagamos un trato –intentó negociar, colocando sus manos en su cintura.

-No pienso hacer ningún trato contigo. Esto no es negociable, así que, o me obedeces, o haré que me obedezcas.

-Cállate y escúchame –me exigió dándole una patada al suelo que me hizo callar de golpe. –Lucha contra mí. Si ganas, me iré de aquí y te desharás de mí para siempre. Pero si gano, habrás comprobado personalmente que puedo acabar con cualquier vampiro, así que lucharé con vosotros en la guerra. ¿Qué te parece?

-Me parece la mayor estupidez que he escuchado en la vida. No podrás conmigo, así que ya puedes hacer las maletas.

-No cantes victoria tan pronto. ¿Vas luchar o no?

-No.

-¿Tienes miedo de hacerme daño? –me preguntó intentando provocarme para que me enfadara.

-Yo no le tengo miedo a nada –no estaba dispuesto a aceptar aquella verdad que me hacía tan débil, pero tampoco estaba preparado para arriesgarme a poder hacerle daño de verdad.

-Entonces, luchemos. El primero que caiga será el perdedor. Es así de fácil –continuó insistiendo, y yo resoplé, arrepintiéndome de no haberla llevado hasta el estado más próximo en contra de su voluntad. Aquello lo habría hecho todo más fácil.

La observé en silencio durante largos segundos en los que mi mente creó horribles imágenes en las que aparecía ella muerta por mi culpa, así que negué enérgicamente con la cabeza.

-No.

-Sólo quiero recibir un trato justo.

-Luchar no sería un trato justo, sería una locura.

-Entonces, tú mismo –musitó caminando hasta su cama y sentándose en una esquina. –No me voy a ir, así que, puedes largarte –dijo indicándome con la mano el camino hasta la puerta.

Resoplé intentando relajarme. En aquel momento, lo que menos necesitaba eran sus burlas. Tomé una decisión con rapidez. No tenía porqué hacerle daño, yo podría controlar mi fuerza, entonces ella perdería y se iría. Era una locura, pero era lo único que realmente haría que se marchara. O eso esperaba, sino me encargaría de matarla con mis propias manos.

Caminé lentamente hacia ella, calculando cuáles iban a ser mis movimientos para que ninguno fuese espontáneo y acabara con ella sin quererlo.

-Cuando tu espalda toque el suelo, habrás perdido –murmuré acercando mi rostro al suyo amenazadoramente.

-Tal vez sea la tuya la que lo toque primero –me contestó levantándose con una sonrisita arrogante en el rostro.

Dio unos cuantos saltos de espaldas a mí, y entonces se dio la vuelta, colocándose en posición de ataque. Yo ni siquiera me moví.

La pelea estaba a punto de empezar.


Tuve que cortar ahí el capítulo porque si no se habría hecho larguísimo, y sí, lo admito, quité lo más interesante...pero por ese motivo estoy segura de que el capítulo del lunes os gustará...y mucho... ;P

Ya viene la acción, y a mí personalmente el capi siguiente me encanta *-*

Igualmente espero que este también os haya gustado^^

¡Nos leemos en el siguiente!

XOXO