Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación. Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.
Naciste Solo Para Mí
by: Keilant
Cruzar la barrera que nos separa no es sencillo, no es fácil abrir esa puerta que nos separa, mi corazón se siente inquieto, mi corazón no lo soporta, tengo que hacerlo, tengo que ser fuerte, tengo que recuperar lo poco que hemos construido.
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Capítulo 11
La noche había caído una vez más en la mansión de los Andrew, el silencio que cubría cada rincón era un silencio que torturaba a una joven pareja, en la oscuridad de sus habitaciones cada uno mantenía una lucha interna, por un lado una rubia se debatía si entrar en la habitación de su esposo o no, y por el otro, un rubio había terminado de tomar un baño para calmar su angustiado y dolido corazón.
Ira. Rabia. Celos y frustración, eran algunos de los sentimientos que lo atormentaban en esos momentos, después de secarse su cuerpo él tomo unos simples cortos pantalones negros de seda retirándose a descansar, o al menos eso intentaría hacer, la noche era demasiada calurosa como para ponerse una camisa, la idea de dormir desnudo cruzo por su mente, no sería la primera vez que lo hiciera, pero el hecho de saber que ella estaba en el otro lado de su puerta, logro que cambiara de opinión.
Albert se acercó a su balcón abriéndolo de par en par, dejando que la fresca brisa de la noche invadiera su habitación, inhalando el aroma de la primavera. En el jardín las pequeñas pero brillantes flores se abrían a la noche, desplegando sus pétalos, liberando en el aire su dulce aroma, las luciérnagas serpenteaban en el aire trazándose como ondas, brillando igual a la luz de las suaves velas. Solo su hermana y su sobrino podrían lograr aquel efecto en ese jardín en una temporada como esa.
Las estaciones siempre pasaban rápidamente y él quería disfrutar de la dulce esencia que venían con la primavera, parecía aliviar de alguna manera el tumulto de emociones que en ese momento estaba experimentando, sin embargo, sólo basto cerrar sus ojos y recordar esas ultimas semanas para que aquel leve alivio desapareciera.
No la quería ver, estaba demasiado enojado como para entrar en razón y él lo sabía, quería estar así, solo, con su soledad, como siempre lo había hecho cuando se sentía agobiado con tanta realidad, nada de lo qué ella dijera podría cambiar como se sentía en esos momentos, no tenía justificación sus acciones.
Si era sincero consigo mismo, realmente no sabía lo que había esperado de ella, al fin y al cabo ellos estaban casados solo por un contrato, no debería de afectarle nada de lo que ella hiciera con su vida, no debió siquiera considerar intentarlo, se necesitan de dos para hacerlo, y ahora era obvio para él cual era la prioridad de ella, en todo caso no eran ellos dos, su sangre se enfurecía y le hervía de tan solo imaginársela en los brazos de aquel hombre que proclamaba ser solo un amigo, por idiota lo habían tomado.
Hastiado de todo, Albert camino hasta su cama, sentándose en la orilla de ella por un momento miro sus manos, sus nudillos aun estaban enrojecidos de la rabia que sentía, la verdad nunca pensó perder su autocontrol, él usualmente no perdía su paciencia tan fácilmente, pero tenía que ser por ella que lo hiciera, solo ella pudo hacer que hiciera lo inconcebible, de alguna manera agradecía que su hermana y su tía no estuvieran en la mansión, no quería darle explicación a nadie.
Acomendándose en el medio de su cama Albert se recostó sentado contra su almohada, dudaba mucho que pudiera dormir esa noche u otra, había sido así en las últimas semanas, la tensión en su cuerpo no desaparecía ni siquiera con el agua tibia, aunque esa noche fue la gota que rebaso el vaso, no podía dejar pasar por alto el hecho de que ella llegara a media noche a la mansión, era algo que ningún hombre con sangre en las venas pudiera perdonar dada las circunstancias, debió haberlo llamado, debió de estar con él chofer y en el auto que le había asignado, pero no, no lo había hecho.
Sus ojos dirigieron su atención a la luz que era reflejada debajo de su puerta, una sombra él podía ver, era ella y él lo sabía, Albert entrecerró sus ojos al verla detenerse en la puerta, la había esperado por horas después de haberla buscado como un idiota por toda la ciudad de chicago, ¿acaso pensaba entrar?, ¿acaso no era suficiente con todo lo que había hecho? Lo último que deseaba en esos momentos era hablar con ella, lo último que deseaba en esos momentos era verla, si ella entraba no respondería.
=o= Algunas Semanas Atrás =o=
Albert se había marchado a su oficina más temprano de lo que acostumbraba, tenía varios asuntos pendientes y uno de ellos era importante, quería asegurarse de que Candy fuera bien recibida por los otros accionistas, el hecho de que ella fuera mujer seria una de las tantas objeciones que ellos pondrían, solo su tía se había ganado el derecho de sentarse con todos los miembros, no quería ningún clase de comentarios mal hechos y por eso decidió reunirse primero con ellos, para luego introducirla.
Aun le parecía increíble que ahora la quisiera a su lado, sonrió al recordar sus días de luna de miel, realmente ellos habían comenzado en malos términos, pero ahora deseaba cambiar todo eso, él sabía que la cercanía de ella lo estaba perturbando más de lo que deseaba admitir, dejarla cada noche en esa habitación se estaba convirtiendo en una tarea difícil de manejar.
Las palabras de su hermana se colaban en su cabeza. «Lo único que debes hacer es cruzar esa puerta». No lo podía hacer, él era un caballero, esa decisión estaba en manos de ella, pero él sabía que ya llegaría su momento, primero tenía que conquistar a la que era su mujer. pensó dejando escapar un suspiro inaudible de frustración.
- ¡William! — llamo George al verlo distraído. Albert sonrió al notar a su mano derecha parado en la puerta.
- La oficina que pediste para la señora Candy estará lista en dos días, y los accionistas te esperan. — Dijo George después de haber captado su atención.
- Gracias George, — Albert se levanto de su asiento tomando varios documentos entre sus manos, esta sería una reunión donde las batallas verbales serian incesantes e interminables, pero ninguno podía hacer nada, no solo porque ella era su esposa, sino que por derecho le correspondía asumir dicho puesto.
=o=o=o=
- ¿Estás segura de lo que estás haciendo Candice? — preguntó Elroy Andrew levantando una ceja.
- Si, ¿acaso no cree que sea una buena causa? — Candy no entendía porque la pregunta, especialmente viniendo de ella, «la Matriarca» ella sabía de las múltiples organizaciones de caridad que manejaban.
- No es eso, la causa es merecedora de nuestra atención, pero normalmente nosotras no atendemos directamente cada una de ellas, tú más que nadie deberías de saberlo, para eso está el personal, para eso existen los canales apropiados para poder proveer asistencia de esa clase.
- Lo sé, pero uno de los orfanatorios se encuentra en las afuera de la ciudad, y el otro a pesar de ser local no ha podido contar con la ayuda necesaria, me gustaría visitarlos personalmente y asegurarme de que no queden olvidados como suele suceder. — Explicó, Candy sabía por experiencia propia que algunas veces por ser pequeños lugares eran ignorados, y por lo que Michael le había explicado estaba segura que ese era el caso.
Elroy Andrew dejo salir un profundo respiro, no sabía lo que le molestaba mas, la idea de que ella no usara los medios apropiados, o el hecho de que aquel joven estuviera en la puerta esperando por ella, quizás era vieja, pero no era ciega, había notado que sus visitas se estaban volviendo rutina, y ahora la pequeña rubia le estaba diciendo que pasaría las próximas semanas atendiendo personalmente aquellos lugares al lado de aquel joven, no le parecía propio ni correcto como dama, ni tampoco como mujer casada.
- ¿Le informaste a William de tus planes? — Preguntó finalmente, quería saber si su sobrino estaba al tanto de lo que su joven esposa planeaba.
Candy se mordió los labios, ella había querido decírselo, pero cuando se levanto él ya se había marchado.
-No, aun no lo hecho. — Fue su simple respuesta.
- Candice, quieres un consejo de esta vieja. — Ofreció Elroy Andrew mirando hacia la puerta, donde Michael la esperaba. Candy solo asentó, no quería dejar esperando por más tiempo a su amigo.
- Habla primero con William antes de marcharte, llámalo por teléfono, no dejes que malos entendidos se generen entre ustedes dos por falta de comunicación. — Aconsejó antes de retirarse, tenía que terminar de empacar porque pronto partían a escocía, la rubia tendría que aprender por sí misma a no dejarse llevar por sus impulsos de ayudar, pero sobre todo tenía que aprender lo que significaba ser una mujer casada, se le podía aconsejar, se le podía guiar, pero ella tendría que aprender con cada golpe, con cada error que cometiera aunque fuera insignificante, el problema era que ella no amaba a su sobrino, y eso de alguna manera a ella le dolía, si Candy tan solo estuviera enamorada de él, no estaría buscando dedicar su tiempo a otra cosa que no fuera estar a su lado.
Candy se quedo estática pensando en sus palabras, ¿a qué se refería con eso?, vio la hora en aquel reloj de madera, no tenía tiempo, no creía que Albert se fuera a enojar si le decía luego, respirando hondo dio la media vuelta y con una sonrisa se dirigió hacia donde Michael se encontraba.
- ¿Lista? — preguntó al verla, ella lucia tan radiante, que estúpido había sido de su parte no confesarle sus sentimientos, ahora era un poco tarde, o ¿no? la pregunta seguía rondando su mente.
- Si, ¿a dónde iremos primero?
- Quiero que conozca a un viejo amigo, es admirable lo que ha podido hacer en tan poco tiempo y sin dinero.
Los dos salieron rumbo a una pequeña clínica relativamente cerca, donde Candy conoció a un personaje muy peculiar, el doctor Martin, ella no entendía como aquel hombre podía ser doctor, sin embargo lo escucho, él le explico todo lo que hacían en su clínica y lo mucho que agradecería la ayuda, especialmente si podían conseguir una enfermera que se ofreciera a ayudarlo aunque fuera medio tiempo.
Sin darse cuenta la mañana se les paso rápido, tan pronto salieron de aquella clínica, Michael la convenció de ir hacia el pequeño orfanatorio que se encontraba a tan solo una hora en las afueras de chicago, y luego ellos podrían almorzar en la casa de sus padres, Candy no estaba muy segura, después de pensarlo decidió que llamaría a Albert en cuanto llegaran a la casa de Michael, aceptando, los dos continuaron su recorrido.
=o=o=o=
Albert salía de su reunión después de todas las sandeces con las que tuvo que lidiar, la hora del almuerzo se acercaba y sin poder evitarlo ella vino a su mente, aquellas esmeraldas no lo dejaban en paz.
- Señor Andrew, ¿desea que le ordene algo para almorzar? — preguntó su fiel asistente a Albert.
- No, almorzare en la mansión. — Comunicó tomando su portafolio en manos y con una sonrisa en sus labios, tenía que acostumbrarse, la imagen de ella sonriéndole al entrar en la mansión se coló por sus pensamientos, él sabía que muy en su ser eso era lo que deseaba, el calor de un hogar, el amor de su esposa.
Al llegar a la mansión, se dirigió a su estudio, después de dejar su portafolio y algunos documentos que no necesitaba, subió a su habitación. El silencio era asombroso, ¿donde estaban todos?, lanzo su chaqueta sobre su cama y entro al baño donde se lavo su rostro sudado, bueno, ese no era la clase de recibimiento que había esperado, total y absoluto silencio.
- Sir William el almuerzo está listo. — Comunico él mayordomo tan pronto Albert bajo.
- ¿Donde están todos?, ¿has visto a mi esposa?
- Madame Elroy salió con los señoritos y la señora Rosemary a un almuerzo organizado en la residencia de los Britter, la señora Andrew salió temprano después de ser colectada por él joven Bennet.
- ¿Bennet? — El apellido le sonaba conocido pero Albert no recordaba de donde.
- Michael Bennet, Sir. — Clarifico el mayordomo al escuchar la pregunta. A Albert se le había olvidado el apellido del amigo de Candy, quien aparentemente había vuelto a venir, él trago amargadamente al saberlo, una sensación que ignoro atravesó su pecho. ¿Qué estaba sucediendo?, él entendió la invitación de disculpas que ella le hizo el día anterior, hasta se trago su rabia y se sentó a almorzar con él susodicho, y ahora?, ¿por qué había venido a recogerla?. ¿a dónde habían ido?.
- Gracias. — Albert se dirigió al comedor perdiendo su apetito, su mente trabajaba a mil por hora y le irritaba lo que se estaba debatiendo en ella, no llegaría a conclusiones hasta preguntarle, pero no tenía justificación irse sola sin compañía.
Albert la espero más de lo debido, cuando no pudo más, regreso a su oficina, llenarse de trabajo sería apropiado.
- ¡William! — llamó George al verlo con las cejas fruncidas y con un enojo que se reflejaba en su rostro.
Albert solo levanto la vista esperando que hablara.
- ¿Porque estas de tan mal humor?, si se puede saber por supuesto.
-.-
George al ver que no hablaba no pregunto mas, cuando él joven no hablaba era mejor no presionar, pero obviamente algo le estaba molestando. En silencio salió de su oficina dejándolo batallar con sus propios demonios.
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Candy regreso caída la tarde, pero mucho antes de que la cena fuera servida, subiendo hasta su habitación dispuesta a darse un baño, ella pensaba en todo aquellos lugares visitados, tenia tanto que contarle a Albert, fue una mala suerte que no lo consiguió en su oficina cuando lo llamo.
Al salir del baño y tan pronto estuvo presentable pego un brinco del susto al ver como Albert estaba recostado contra la puerta observándola.
- ¡Albert!, que susto me diste. — dijo ella tocándose el pecho.
- ¿Donde estuviste todo el día?, ¿y porque me entero por la boca de la servidumbre que Michael Bennet te recogió temprano?. — pregunto tratando de no sonar alterado, tenía que ser razonable.
Candy parpadeó varias veces al escucharlo, la verdad no era su intención que él lo supiera por boca de la servidumbre, no era apropiado, especialmente porque podría ser malinterpretado.
- Disculpa Albert, anoche se me olvido mencionártelo, le había prometido a Michael ayudar a incluir algunos orfanatorios y otros en nuestra lista de caridad, también visitamos a sus parientes que tenía mucho tiempo sin verlos, te llame pero no estabas en la oficina. — dijo ella acercándose a él, notando inmediatamente lo molesto que se veía.
- Claro que no estaba, vine aquí esperando encontrar a mi esposa y almorzar con ella, ¿Sabes lo mal que se ve que él venga a recogerte?. ¡Y porque rayos te vas sin compañía y sin usar el chofer de la familia!.— espetó sin poder ocultar ahora lo enojado que estaba.
Candy dio un brinco cuando alzo la voz, pudo darse cuenta de cómo todo lucia, ella había pasado el día entero en él auto sola con Michael, a quien conocía desde que era pequeña, y que para ella era natural estar a solas con él, no veía nada malo en ello, pero cuando Albert lo ponía de esa manera, sonaba extremadamente como si hubiera cometido un grave error.
- Lo siento, no lo pensé, no creí que fuera problema, mañana usare el chofer. — fue su sincera disculpa.
- Pensé que deseabas asumir tu posición en la compañía. — Dijo sin mencionarle todo lo que había ordenado y hecho para presentarla.
- Por supuesto que deseo hacerlo, pero no creí que sería tan pronto, ¿me necesitas de inmediato? — preguntó sintiendo que sus acciones estaban creando una distancia entre los dos.
- Haz lo que desees, solo recuerda las clausulas del contrato, tu conducta se refleja en mi también. — Soltó fríamente saliendo de la habitación tan pronto como pudo, quería zarandearla, quería besarla, ella no sabía cómo se sentía al saber que prácticamente se había olvidado de que estaban casados, se suponía que se estaban dando una oportunidad, se suponía que ella estaría ahí para los dos, pero ahora él no estaba seguro de ello, lo que más le molestaba era que no se atrevió a preguntarle lo que sentía ella por el tal Michael, realmente no quería saberlo.
- ¡Albert! — llamó Candy tan pronto la palabra «Contrato» clic en su cerebro.
Albert simplemente bajo las escaleras a pesar de haberla escuchado, no quería hablar más, la cena comenzó en silencio y la tía no entendía la actitud de William, mientras Candy sentía un apretón en su corazón.
- ¿Cómo te fue en tu recorrido hoy Candice? — preguntó la tía tratando de aliviar la tensión que se respiraba en el aire, era tan denso que lo sentía recorrer por su espina dorsal.
- Muy bien tía, estoy segura que podremos ayudarlos, especialmente el orfanatorio que está en las afueras de chicago, son tantos los niños abandonados que estoy seguro se beneficiaran con ello. — Dijo al recordar tanta pobreza en aquellas instalaciones, era triste saber cómo habían padres que abandonaban indefensas criaturas, desde bebe de meses hasta pequeños que apenas recordaban a sus padres.
Albert escuchaba en silencio la conversación entre ella y su tía, sintiéndose culpable, quizás fue muy duro, quizás se dejo llevar por todas esas nuevas emociones que estaba experimentando, cerró sus ojos por un momento tratando de calmarse, al abrirlos pudo ver como aquellas esmeraldas lo miraban, que estaba ella haciendo con él?...
Al terminar la cena Albert se levanto dándole un beso a su tía en la frente, necesitaba aire fresco.
- Ve con él hija, — sugirió la tía al ver como Candy observaba a su sobrino alejarse.
- Está molesto conmigo, — contesto bajando su rostro.
- Hombres, ellos se molestan por todo y por nada hija, es nuestro deber aminorar sus incomodidades, no dejes que te ignore, William es un poco difícil, siempre encerrado en sí mismo, cuando lo veas así no dejes que te aparte. — Aconsejo la tía sabiamente.
Candy sonrió por primera vez desde que había regresado y se levanto a buscarlo. Caminando por el jardín lo vio, su mirada perdida mirando en dirección hacia la luna, con pasos inseguros se acerco a él, tímidamente ella tomo de su mano sintiendo su tibieza.
Albert sabía que ella había entrado en el jardín, estaba aprendiendo a reconocer sus pasos, su perfume era embriagador, sus manos entrelazadas hicieron que volteara y la atrajera, abrazándola fuertemente contra su pecho, esa mujer lo tenía confundido, estaba enojado, estaba irritado.
Cuando ella sintió que la envolvía contra su pecho supo que todo estaría bien, Candy levanto su rostro perdiéndose en la profundidad de sus ojos azules, su perfume masculino invadió sus sentidos, su discusión olvidada en ese abrazo protector, o eso pensó.
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Las siguientes semanas no fueron sencillas para Albert, a pesar de que Candy ahora usaba el chofer todos los días, estaba el detalle de que Michael pasaba todo el día con ella, y eso tenía a Albert al borde, sus celos creciendo exponencialmente cada vez que tenía que escuchar lo que ella hizo ese día, parecía que ella no se daba cuenta de lo que le estaba haciendo, un hueco perforando su pecho al escuchar el nombre de aquel idiota que no tragaba.
Olvidándose de todo, había llegado a la mansión un poco más temprano de lo usual, la había invitado a ir al teatro tratando de acercarse a ella, salir juntos era lo que debían estar haciendo, profundizar su relación y llevarlo a otro nivel, o eso pensaba él, pero solo hasta ahora ella tuvo tiempo, era ridículo pensar que su propia esposa no estaba disponible para él. Tan pronto subió a su habitación noto que ella aun no había llegado, eran ya casi las seis de la tarde y no entendía, ella le había dicho que lo vería temprano, al bajar vio salir de la cocina al chofer que ella usaba.
- Ricardo, ¿por qué no estás con la señora? — preguntó Albert acercándose.
-Sir William, la señora me pidió que regresara, él joven Bennet se ofreció a traerla. — Respondió el chofer serenamente, él fue testigo de lo dedicada que era la señora comenzando a admirarla.
Albert apretó sus dientes dando las gracias y retirándose a su estudio, nuevamente lo había hecho, al cerrar su puerta un fuerte golpe se escucho, Albert se sirvió una copa de coñac después de limpiar sus nudillos esperando por ella, ese día terminaría con su agonía, había tenido suficiente, al diablo con todo, se dijo.
Pero ella no llegaba, preocupado de haberla juzgado tomo las llaves de su auto y se marcho a buscarla en todos aquellos lugares del que ella hablaba, después de varias horas sin tener suerte regreso a la mansión, quizás ella ya había regresado, pero no, no la encontró, espero y espero hasta que la media noche llego, desde su ventana la vio bajar de aquel auto, ahora no deseaba verla, ahora no deseaba escucharla, en ese momento solo deseaba que se marchara y no regresara.
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Candy no podía creer todo lo que le había pasado, se sentía cansada, agotada, y estúpida, pero tenía que llegar a la mansión, sus pies le dolían, aunque no tanto como la confianza que Michael destruyo entre los dos, porque ahora que estaba casada le confesaba que la amaba? no debió escucharlo, no debió dejar que el chofer se marchara sin ella, solo esperaba que Albert entendiera y no se enojara con ella.
- Candy, sube al auto por favor. — Pidió Michael sintiendose culpable por todo lo que había sucedido.
- ¡Te dije que no! — gritó levantando su barbilla, enojada con él, por su culpa no pudo ir al teatro con Albert, todo había sido un error, todo era su culpa, bueno no todo, pero él había roto su confianza, engañándola de esa manera, debió haberse quedado en Francia, merecido tuvo que le rompiera la nariz, y si Albert se enteraba, mayor desastre que seria.
- Perdóname Candy, lo siento, no debí decirte nada, pero yo pensé que podía haber algo entre nosotros dos. — Suplicaba Michael desde el auto.
De repente Candy se detuvo abriendo sus ojos de par en par, todo realmente había sido su culpa, ahora que lo pensaba mejor ella había alimentado falsas expectativas, pasando más tiempo con él alejada del que era su esposo, estuvo tan absorbida que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y si él pensaba de esa manera, que pensaría Albert de ella?, prácticamente había declinado cada invitación pendiente solo de aquellos pequeños que estuvieron enfermos. Tenía que regresar a la mansión de una buena vez, aclarar, explicar, lagrimas comenzaron a derramarse por sus ojos ante la realidad que la azotaba.
- Vete Michael!... vete y no regreses!...
- Déjame al menos llevarte a la mansión, no quiero sentirme culpable si algo te sucede.
Ella lo pensó, estaban millas fuera de la ciudad, nunca llegaría a pie, bueno no hasta el siguiente día, mirándolo furiosa entro el auto, nunca lo perdonaría, tratar de besarla, ¡como se atrevía!, especialmente cuando le había dicho que solo lo veía como lo que era, un amigo.
Al llegar a la mansión no lo miro bajándose de aquel auto, auto que supuestamente se había descompuesto, la puerta fue abierta por el mayordomo y ella se sentía apenada, no sabía cómo le explicaría a Albert todo lo que le sucedió, sentía que no podía esperar hasta el siguiente día, ella tenía que verlo, subió a su habitación y decidió cambiarse primero, su vestido y sus cabellos sudados de tanto caminar. Después de bañarse y cambiarse ahora se encontraba parada en su puerta, decidiendo si entrar o no.
=o= Presente día =o=
Candy no sabía si Albert estaba enojado con ella o no, lo más seguro es que estuviese, pero de alguna manera tenía que lograr que la escuchara, ella quería ver sus ojos azul cielo, ella quería perderse en ellos como lo había hecho aquella noche cuando él la abrazo fuertemente contra su pecho, debió escuchar a Madame Elroy, debió haber usado el bendito chofer, ahora sentía que lo necesitaba tanto, ella... ella no quería perderlo.
Respirando hondo una vez mas Candy tomo la manilla y abrió la puerta que conectaba sus habitaciones, tenía que explicarle, él tenía que creerle, él tenía que escucharla, así que no se marcharía de su habitación hasta hacerlo.
Tan pronto entro lo vio, sus ojos fijos en los de ella, nerviosa como estaba cerró la puerta detrás, se detuvo por un momento esperando a ver si él decía algo, reclamarle, preguntarle el porqué de su tardanza, pero nada salía de sus labios, al no escuchar palabra comenzó su camino hacia donde se encontraba. Lentamente. Pausadamente, mientras sus manos le sudaban, su respiración agitándose, era imposible mantener la calma cuando aquellos hermosos ojos azules atravesaban su alma.
Continuara...
Gracias Por Leer. No se olviden de dejar sus comentarios.
N/A: Hola chicas, siento la tardanza, pero en realidad no quería bajar este capítulo, no estoy acostumbrada a torturar a mi rubio bello y este me ha dejado un tanto estresada, quería despelucar a Candy personalmente, lo sé, lo sé, contradictorio siendo la escritora, pero era necesario, porque? lo sabrán pronto, bajare el próximo realmente rápido para no dejarlas sufrir en agonía, aunque debo de advertirles que el próximo capítulo no es apto para menores de 18 años.
Lamento mucho no haber respondidos a sus comentarios, mis más sinceras disculpas, prometo hacerlo en el próximo capítulo, Laila amiguita, no sabes lo mucho que tus palabras me han llegado, me has hecho llorar como cual niña, soy una sentimental sin remedio y lo acepto, muchas gracias por seguir al pie del cañón aquí conmigo al igual que les agradezco de corazón a todas mis queridas lectoras, no creas que he ignorado tu pedido de darle un papel más activo a los tres paladines, inicialmente no los tenía incluido en esta historia, solo porque se lo mucho que adoran a este trió lo hice, pero realmente la historia está centrada en Albert y Candy, en el descubrimiento de sus sentimientos, si me tienen un poquito de paciencia veras como todo florece, y a las chicas que están leyendo mi otra historia el capitulo será bajado la próxima . Saludos y un Abrazote a todas.
Mis especiales Agradecimientos a: Mayra Exitosa - Paolau2 - Amy C.L - Zafiro Azul Cielo 1313 - lara here - Mxima - Lila - Gatita Andrew - LETY - Lynda K - Amy Ri-So - KattieAndrew - patty sparda - lucia ardley - Blackcat2010 - Laila - Somiant - Karina - Cielo Azul A - Angelis - Mushita - Lezti Bella - Ginaa - arinayed - nikimarkus1 - azul andry - Tatita Andrew - samaggy - Laila.
