Como un No muerto has vivido, como un Elegido fuiste seleccionado por tus defectos y virtudes, como Cazador te adaptaste al ambiente y como un Héroe serás recordado por tus acciones desinteresadas a lo largo del trayecto.
¡Ohayo!, bienvenidos todos a un nuevo capítulo de esta historia. Me alegra que aún hay personas que se toman la molestia de leerla, aunque no fueran unas más de 2 lectores yo terminaría esta historia para cumplir con ellos. Un gran saludo a "jimsop098" y "Oconner95" que siempre se toman la molestia de comentar (algo que debería hacer el resto *cof cof*), sin nada más que decir comencemos de una vez con esto…¡LETS GO!
1)*(LUGAR-TIEMPO)*
2)-Dialogo-
3)*Pasamiento o acción*
4) (Pensamiento de Masasin)
Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima, por lo cual escribo sin lucro alguno.
CAPITULO 11: Viviendo entre Calma y Recuerdos
*Fairy Tail en la mañana*
Ya pasaron unos tres días desde que Natsu notificó los grandes juegos mágicos y ya casi todos los magos clase S estaban entrenando arduamente para hacerse notar para la plantilla de este año.
El gremio estaba relativamente tranquilo, conversaciones por doquier, algunos equipos tomaban misiones y las peleas por su lado no eran tan destructivas como cuando Gajeel, Gray y Natsu peleaban pero aun así eran ruidosas.
Nos encontramos con Erza entrando por las puertas del gremio saludando a algunos mientras se dirige a la barra donde están Milliana y Bisca siendo atendidas por Kinana. Por su trayecto la pelirroja estaba buscando con la mirada al maestro pelirosa del gremio sin lograr divisarlo.
-Oigan, ¿alguna tiene idea de donde esta Natsu?-, preguntaba Erza con calma mientras se acercaba a las tres chicas en la barra.
-Él a esta hora debería de estar en su casa-, respondió Bisca con una leve sonrisa mientras voltea a ver a Era mientras esta se sienta con ellas en la barra.
-¿Y Kagura?-, preguntó Erza con intriga mientras volvía a buscar en el gremio esperando ver esa cabellera morada con rosado de la esposa de Natsu.
-Probablemente este con él y con Zoe-, contestó Milliana con sencillez para después beber un trago de su vaso de leche tibia.
Al oír esto Erza se quedó en silencio unos segundos pensando y luego levantó la vista para buscar a dos individuos que normalmente estarían en el gremio pero aun así no los encontraba.
-¿Y dónde están Gray y Mirajane?-, preguntó Erza con calma y curiosidad mientras veía a Kinana. Era extraño que el pelinegro que la mayoría del tiempo estaba en el gremio no estuviera, y también que la albina que se encargaba de la barra tampoco estuviera en el gremio.
-A varios de ellos no los he visto por aquí recientemente, tan solo llegan en la noche muy destruidos y cansados para cenar-, respondió Kinana de manera pensativa mientras recordaba algunas veces donde veía como Gajeel llegaba con varios moretones y heridas al gremio, u otras donde Gray llegaba con varias vendas manchadas de sangre.
Erza se extrañó al oír esto y se mantuvo en silencio pensando en que persona buscar. Desde que Natsu notificó el asunto de la plantilla de los grandes juegos mágicos no se encuentran en el gremio varios de los magos de Tenrou.
Si acaso una que otra vez podía ver a Laxus, a Mirajane y a Lucy pero el punto es que ya casi nadie se encontraba en el gremio. Erza por su parte ha estado tomando unas pocas misiones para ganar algo de dinero, después de todo durante esos 7 años los precios de las armaduras y herreros aumentaron, pero también las recompensas de las misiones.
-Mmm… voy a buscar a ver si me encuentro con Lucy-, dijo Erza con tranquilidad mientras se paraba de su asiento y comenzaba a caminar en dirección a las puertas del gremio no sin antes despedirse de las chicas.
-¡Adiós Erza-nee!-, se despidió Milliana con una gran sonrisa para después volver a hablar con Kinana y Bisca.
*En magnolia más tarde*
Después de salir del gremio Erza se dirigió al apartamento de Lucy esperando encontrarla. Para su mala suerte la rubia no se encontraba por lo cual ahora la pelirroja se encontraba caminando sin rumbo por la ciudad con una expresión pensativa.
-Qué extraño, supongo que estará con Levy o de misión-, se decía así misma Erza con una mano en la barbilla. La rubia bien podría estar de misión con Levy y su grupo, donde posiblemente también este Gajeel.
-Disculpe señorita-, llamó una señora de avanzada edad desde al lado de la pelirroja. La cual al oír a alguien llamándola se voltea a mirar de quien se trata.
Cuando se fija se da cuenta de que a su lado esta una… ¿señora antigua?, pues con ropa para viejos. Lo importante es que la señora en sus manos tiene una cesta que adentro contiene una gran cantidad de flores parecidas a unas rosas, había de color rosa y morado y todas se veían hermosas a simple vista.
-Dígame señora-, dijo Erza con una leve sonrisa mientras dejaba de caminar para ver a la viejita.
-¿Podría hacerme un pequeño favor?, es que un grupo de vecinos y yo tenemos un paquete que darle a alguien y no podemos por estar muy ocupados-, decía la señora con tranquilidad y una leve sonrisa cálida típica de toda abuelita mientras veía hacia arriba a Erza.
-Por supuesto, ¿de quién se trata?-, preguntó Erza con una sonrisa.
-Del maestro de Fairy Tail Natsu Dragneel-, respondió la viejita con una sonrisa dejando de piedra a la pelirroja, la cual se quedó con su sonrisa congelada mientras parpadeaba varias veces.
-Él vive en el bosque con su esposa Kagura y su hija, nuestra comunidad en agradecimiento por varias cosas que hizo por nosotros les ayudamos a preparar su boda-, comenzó a hablar la señora mientras que Erza se recomponía para escucharla.
-E-Es maravilloso-, decía Erza con una sonrisita nerviosa.
-Después de eso siguieron pasando muchas cosas y él continúo salvándonos, por lo que nuestra gratitud hacia él era muy alta y de alguna manera se lo teníamos que compensar-, siguió explicando la señora dejando en claro que le gustaba hablar mucho, de verdad que le estaba contando demasiado a una extraña a quien le pedía un favor.
-Al final solo nos pidió que cuidáramos de las flores que cultivó en el bosque, y que cada cierto tiempo le mandáramos algunas, por lo que si no es molestia…-, terminaba por fin la señora mientras que le extendía la cesta a Erza.
-N-No se preocupe señora, yo se las llevare, yo soy buena amiga suya-, aceptó Erza con una sonrisa mientras tomaba la cesta de flores.
-Gracias señorita, se lo agradecemos-, dijo la vieja para luego hacer una humilde reverencia y luego irse por donde vino.
Erza al ver que la vieja desaparecía de la vista se comenzó a encaminar en dirección a la mansión de Natsu que se encontraba en medio del bosque.
(Así por lo menos tengo una excusa para verlos), pensaba Erza con una leve sonrisa mientras se imaginaba una escena donde llega a la mansión y con la excusa de las flores comenzaba a hablar con Natsu mientras que en su regazo estaba Zoe con una feliz sonrisa.
*En el Bosque minutos más tarde*
Una vez Erza recibió las flores de Natsu comenzó a caminar hacia la mansión del pelirosa. A la cual se llegaba caminando por un largo sendero en medio del bosque.
Ahora la pelirroja se encontraba caminando con calma por el sendero y con una leve sonrisa imaginándose situaciones felices con Natsu y Zoe. Pero para su mala suerte un grito la sacaría de sus pensamientos.
-¡AARRRGGHH!-, se escuchó un grito de la nada alarmando a Erza causando que esta volteara a todas partes buscando su origen.
Cuando se fija ve que a lo lejos del sendero hay una zona libre de árboles. Ella se acerca allí y puede ver como esta Gray en medio del césped notablemente cansado y herido con varias vendas cubriendo su torso.
A su alrededor hay varios pilares de hielo destruidos, varias estacas de hielo y espadas clavadas en el suelo. Los arboles de alrededor tenían también varios trozos de hielo clavados y en el ambiente caían varios copos de nieve causados seguramente por el constante rompimiento de los hechizos de Gray.
-¡Oye vamos!, aun ni he utilizado algún hechizo poderoso y ya estas así-, dijo Selene a modo de reproche mientras se acercaba al pelinegro con una expresión seria y estricta evidentemente fingidas.
-¿Qué están haciendo?-, se preguntaba así misma Erza algo confundida mientras se mantenía un poco lejos del pelinegro y la alumna de Natsu.
-Gray está entrenando con Selene-san para hacerse más fuerte-, respondió Juvia con calma detrás de Erza llamando su atención.
Erza se sorprende ante la presencia de Juvia y al oír esto y luego vuelve la vista a Gray con algo de calma.
-¿Desde cuándo Juvia?-, preguntó Erza con calma mientras observa como Selene se encontraba dando varios saltitos juguetones alrededor de Gray mientras que parecía estarle revisando sus heridas.
-Pues desde que Natsu-san dio la noticia de los juegos mágicos, Juvia ha estado a su lado para ayudarlo en lo posible-, dijo Juvia con una linda sonrisa mientras tenía la mirada fija en su amado pelinegro que se encontraba muy lastimado y cansado, pero estaba así es por el brutal entrenamiento de Selene y por su propia determinación para hacerse más fuerte.
-Ya veo, seguramente quiera hacerse fuerte para los juegos-, se decía Erza así misma con una leve sonrisa orgullosa de su amigo de la infancia que dejó de lado su orgullo para comenzar a hacerse más fuerte.
-Correcto, Gray en un acto de sabiduría le pidió a Selene que le ayudara con su entrenamiento-, dijo Juvia con una sonrisa mientras halagaba a Gray con las manos juntas.
En realidad Selene estaba comiendo en la barra cuando Gray de la nada llegó algo apenado tratando de pedirle ayuda a Selene para que le entrenara. La pelirroja en esto vio una oportunidad para divertirse y negó en un principio.
Gray de esta manera avergonzado se comportó como todo buen Tsundere y se hizo el orgulloso. Gracias la intervención de Juvia él volvió a intentarlo y Selene jugando con Gray volvió a rechazarlo. De esta manera las peticiones siguieron llegando unas tras otra y Selene no fue hasta la última que terminó aceptando.
-Pues está bien, pero diles que se alejen un poco más de la ciudad, de otra manera alguien saldrá lastimado-, le decía Erza a la peliazul mientras la veía con una leve sonrisa. A lo cual Juvia asiente y Erza se encamina para volver al sendero que llega a la mansión de Natsu.
Una vez la pelirroja volvió al sendero siguió caminando con la cesta de flores en sus manos mientras parecía estar pensado en algo.
(¿Gray le pidió a Selene entrenar?, es difícil imaginárselo), pensó Erza con calma tratando de imaginar siquiera a su amigo pidiendo ayuda a la pelirroja que le venció, definitivamente se comportó tan Tsundere como lo es siempre.
De la nada una gran cantidad de rayos a lo lejos llamó la atención de Erza. Con algo de curiosidad se encamino hacia la zona de la cual provinieron y llegó hasta un arroyo de agua donde estaba parado Laxus.
Él se encontraba notablemente herido y exhausto mientras que tan solo llevaba puesto sus prendas inferiores debido a que su camisa había sido completamente quemada. Tenía varias quemaduras en su torso junto a varios moretones, además varias de sus vendas estaban quemadas.
-¡AUN ESTOY EN PIE!-, exclamaba Laxus con fuerza mientras veía con determinación a la persona que tenía enfrente suyo, la cual no era otra que Yui que estaba mirándolo con una mirada cansada.
-¡¿Laxus?!-, exclamó Erza extrañada y confundida de ver a Laxus allí y al parecer con las mismas intenciones que Gray.
Yui se acercó lentamente a Laxus mientras que sus manos estaban entrelazadas detrás de su espalda. El rubio le había pedido ayuda para entrenar el mismo día que su maestro dio la noticia de los grandes juegos mágicos. Yui con timidez y nervios no sabía si aceptar en un inicio debido a que podría lastimar mucho al rubio pero debido a la insistencia de él terminó aceptando.
-Por mucho que digas eso, tan solo ve el estado en el que te encuentras-, dijo Yui con una leve sonrisa nerviosa mientras que le recalcaba su estado al rubio, el cual tan solo chasqueó con la lengua causando que Yui cambiara su expresión a una más seria.
-Si ves que un ataque muy fuerte va dirigido a ti, pues tan solo esquívalo en vez de tratar de contrarrestarlo, de otra manera tan solo recibirás daños perjudiciales para tu rendimiento-, explicó Yui con seriedad y a modo de reproche al rubio mientras se acercaba al arroyó para verlo a él.
-Uhg… uff… lo sé… pero entreno principalmente es para hacerme lo suficientemente poderoso… uhg…como para no tener que esquivar ningún ataque-, respondió Laxus con cansancio y adolorido por sus heridas mientras que levantaba la mirada a la joven peliverde alumna de Natsu que lo miraba.
-Ya ya, tomate un descanso y luego seguimos-, dijo Yui con cansancio mientras le daba la espalda a Laxus para alejarse. Puede que su determinación por hacerse fuerte fuera admirable, pero era en realidad fastidioso y agobiante tratar con él cuando se ponía terco, sobre todo para alguien generalmente amable y tímida como lo es Yui.
-¡No hasta que no pueda ma!-, estaba exclamando Laxus queriendo continuar con el brutal entrenamiento hasta que fue interrumpido por una gran lanza de luz calorífica cortesía de Yui, la cual lo miraba por encima del hombro con una mirada fría.
Laxus cayó de espalda sobre el arroyo quedando su rostro sobre el nivel del agua.
-Pues ahora no puedes más… ahora descansa-, decía Yui con cansancio para luego continuar caminando en dirección a la sombra de un gran árbol donde estaba una cesta de dulces para ella y un kit de primeros auxilios preparados para Laxus.
(Eso es algo extremo), se dijo así misma Erza mentalmente con una sonrisa nerviosa mientras que veía esto con una gota en la sien. Aunque la peliverde pareciera tímida en verdad era ruda en ocasiones.
Luego de ver esta escena Erza volvió al sendero para seguir caminando hacia la casa de Natsu. De verdad que fue sorprendente ver que Gray se tragaba su orgullo, pero ver al mismo Laxus hacer lo mismo lo fue mucho más. Sobre todo considerando lo irreal que es que la joven y buena Yui entrene al gran terco de Laxus.
(No pensé que hasta Laxus podría pedir ayuda para entrenar), pensaba Erza de manera reflexiva pensando que ellos debido a su determinación estaban fortaleciéndose para hacerse notar mientras que ella todavía no ha empezado a entrenarse.
Si bien era fuerte, era lógico que ahora que habían pasado varios años habría magos muchísimos más fuertes que ella. Si ella quería resaltar para formar parte de la plantilla de ese año debía de demostrar lo fuerte que era, y si no aumentaba su nivel no lo lograría.
-¡Aún te falta!-, exclamaba Zeth desde lejos llamando la atención de Erza, la cual al oír la voz del alumno de Natsu no pudo evitar suspirar con una sonrisa.
-¿Por qué todos se pusieron a entrenar cerca de la casa de Natsu?-, se preguntó Erza con una leve gota de sudor en la sien prediciendo ya que lo siguiente que vería seria a Gajeel entrenando con ayuda de Zeth.
La pelirroja se encaminó hasta dónde provino la voz de Zeth y llegó hasta zona despejada donde estaba Gajeel igual de descuidado y herido que Gray atacando con sus manos convertidas en hierro a Zeth, el cual estaba tranquilo y con una leve sonrisa mientras que con un brazo convertido en un gran escudo de diamante carmesí se protegía sin problemas sin retroceder ni un centímetro.
-¡C-Cállate, tan solo estoy comenzando!-, exclamaba Gajeel con descontrol mientras que con mucho esfuerzo atacaba con sus puños de hierro. Ha estado casi una hora atacando al alumno de Natsu y no ha logrado hacer ni un solo rasguño en el grueso y resistente escudo de diamante.
-Pues has estado comenzando por más de una hora Gajeel, si quieres llegar a hacerme un rasguño deberás hacer mucho más-, dijo Zeth de manera desafiante queriendo provocar al pelinegro. El mismo día que Natsu notificó lo de la plantilla Gajeel le había pedido entrenar juntos, lo cual fue aceptado al instante por Zeth quien tan solo estaba feliz de entrenar con él.
-¡WOOOAAHHH!-, gritó Gajeel con fuerza aumentando la potencia de sus golpes mientras que hacía que en sus nudillos aparecieran unas puntas filosas. Si bien no causó ni la más mínima grieta, era evidente que los golpes aumentaron su poder debido a que el entorno había comenzado a temblar con cada impacto.
-Así está mejor-, dijo Zeth con una sonrisa de lado mientras que se acomodaba con facilidad en su mismo lugar, puesto que el aumento de fuerza de Gajeel le había movido un centímetro hacia atrás.
(¿Es que acaso todos se pusieron de acuerdo con pedir ayuda?), pensó Erza algo exasperada con la situación de que los tres más orgullosos estuvieran entrenando menos ella. Luego dejo que ambos Dragon Slayers siguieran entrenando para seguir su camino hacia la casa de Natsu.
Ahora era Gajeel quien se había tragado su orgullo y le había pedido ayuda al alumno del pelirosa que lo derrotó. De verdad que era absurdo el hecho de que se encontró con todos ellos justamente entrenando y por pura coincidencia el mismo día y todos cerca de la mansión del pelirosa.
-Ahora solo falta que Mirajane aparezca-, dijo Erza con una sonrisa y con los ojos cerrados mientras levantaba sus hombros a modo de broma debido a que era impensable que ahora apareciera la albina, no es como si por un milagro del destino fuera a caer de la nada.
-¡AARGH!-, se escuchó el quejido de dolor de alguien desde el cielo llamando la atención de Erza, la cual antes de poder levantar la vista observa que delante de ella se forma un fuerte golpe levantando el polvo.
Erza espera hasta que el polvo se despeje y cuando lo hace puede observar como en medio de un pequeño cráter estaba Mirajane con su Satan Soul activada con muchas heridas en su cuerpo mientras estaba inconsciente.
-¡¿M-Mira?!-, preguntó Erza muy exaltada y con mucha confusión debido a que era demasiada coincidencia el hecho de que literalmente la peliblanca allá caído del cielo.
Erza levantó la vista un poco y pudo apreciar como Thria con sus alas hechas de agua negra de Demon Slayer estaba descendiendo con lentitud y una leve sonrisa.
-¿Oh?, hola Erza, ¿Cómo estás?-, preguntaba Thria a Erza con una leve sonrisa amable mientras aterrizaba justamente al lado del cráter donde estaba Mirajane.
-B-Bien, ¿y ustedes?-, decía Erza con una sonrisa y una gota de sudor en la nuca mientras veía a Thria, no hacía falta preguntar para darse cuenta del estado de cada una.
-Yo bien, Mira no tanto, estábamos entrenando pero terminamos llegando aquí-, contestó Thria con serenidad recordando el ataque que le dio a Mirajane para mandarla contra el suelo.
-¿Acaso Mirajane te pidió ayuda?-, preguntaba Erza con una sonrisa sabiendo ya la respuesta.
-Pues sí, al parecer los otros también pidieron ayuda para fortalecerse para los juegos mágicos-, respondió Thria con calma recordando cómo mientras estaban en el aire pudo ver a Laxus junto a Yui, a Gajeel junto a Zeth, y por ultimo a Selene contra Gray.
Ella por su parte aceptó ayudar a Mirajane con gusto una vez que esta se lo pidió mientras le ofrecía uno de los legendarios pasteles de fresa de los cuales su maestro siempre halagaba y declaraba extrañar.
-Me di cuenta, vi a Gray, Gajeel y Laxus de camino para acá-, comentó Erza con una sonrisa mientras recordaba como hace tan solo unos minutos los vio a ellos, y ahora por cosa divina se encontró a Mirajane, o sería más correcto decir que ella se topó con el cuerpo inconsciente de la albina.
-¿Acaso usted va a casa de Natsu-Sensei?-, preguntó Thria con una leve sonrisa fijándose en el hecho de que Erza estaba caminando en dirección a la casa de su maestro.
-P-Pues sí, una señora me pidió que le llevara estas-, respondía Erza con una sonrisa nerviosa mientras enseñaba la cesta de flores que hasta el momento tenía detrás de su espalda.
-¡Wow, son las Igneus de Natsu-Sensei!, que bien!-, decía Thria con emoción y una linda sonrisa mientras se acercaba a Erza y desactivaba sus alas de agua.
-¿Son especiales o algo?-, preguntó Erza curiosa por el valor de las flores que le había dado la anciana… quiero decir, abuelita.
Thria se agachó un poco para tomar una flor de color morado para después levantarse para olerla dejando que su espléndida fragancia la sorprendiera como siempre.
-Pues son flores muy raras que no se consiguen en este continente y son inmunes al fuego, pero por suerte Natsu-Sensei las cultiva y recibe apoyo de los ciudadanos de Magnolia-, respondió la pelinegra con calma y una sonrisa mientras que miraba la hermosa Igneus morada que sembraba su maestro.
-No sabía que Natsu sembraba flores-, dijo Erza con un rostro algo afligido y pensativo mientras observaba la cesta de Igneus que llevaba en sus manos. Pensar que había otra cosa que no sabía de su amigo de la infancia le dolía e inquietaba
-Pues según él, lo comenzó a hacer 3 años antes de proponerle matrimonio a Kagura-Sensei, entonces como hace 10 años las cultiva-, comentó Thria con una leve sonrisa mientras se fijaba en la cesta pensando en un plan. Erza por su parte se reprendía a si misma mentalmente por no haber sabido que Natsu sembraba las Igneus aun antes de que ellos desaparecieran.
-De cualquier modo, voy a tomar unas cuatro para Selene, Yui y para mí, a Natsu-Sensei no le molesta-, dijo Thria con una amable sonrisa mientras tomaba otras tres Igneus siendo cuatro contando la que ya tenía, resultando ahora con dos Igneus rosas y dos moradas.
-¿Por qué cuatro?-, preguntó Erza intrigada.
-Pues la cuarta es para Mira, seguro le gustaría tener una flor de Natsu-Sensei-, respondió Thria con una leve sonrisa mientras agachaba la vista para ver a la albina que seguía inconsciente en el cráter.
-¿Qué dijiste?-, preguntaba Erza confundida debido a que no escuchó bien a la pelinegra.
-Nada, nos vemos Erza-, se despedía Thria mientras se alejaba de Erza con calma para luego tomar de un pie a Mirajane y después comenzar a volar teniendo colgada a la albina.
Una vez que ambas chicas desaparecieran de su vista, Erza tomó una Igneus de color rosa con pequeños pétalos morados siendo la única de su tipo en la cesta. La pelirroja la acercó a su rostro para olerla.
(Huele exquisito, me pregunto por qué no nos dimos cuenta antes de que sembrabas flores), pensaba Erza dejándose llevar por el increíble e hipnótico olor de la Igneus bicolor, ella veía a la flor con una mirada vulnerable mientras la imagen de Natsu se le venía a la mente.
(¿Acaso no fui buena amiga?, si fuera una buena amiga sabría de esto y te hubiera ayudado), pensó ella castigándose así misma con esos pensamientos negativos mientras apretaba los dientes frustrada.
Luego suspiró para calmarse y con una mirada gentil desapareció la Igneus que tenía transportándola al lugar donde guarda sus armaduras y armas, más tarde la pondría en un florero en su cuarto.
-También Mira pidió ayuda, ahora tan solo falta que Nid!...-, se decía así misma Erza con una leve sonrisa hasta que fue de la nada interrumpida por un fuerte estruendo.
En la cima de una montaña detrás de la mansión de Natsu fue visible como un gran pilar de color blanco salió disparado hacia las nubes perdiéndose en el cielo mientras que a su alrededor las nubes comenzaban a rodearlo guiadas por las fuertes corrientes de aire que este emitía.
Aun a pesar de la distancia fue visible que varios árboles de la cima fueron completamente destruidos y posiblemente en aquella zona el suelo se haya alisado o posiblemente ahora era un gran cráter ahora.
Para Erza fue obvio de que se trataba de Nidus, el cual posiblemente este entrenando a Gildarts en aquella montaña. Erza tan solo se limitó a tragar algo nerviosa ante el increíble poder de Nidus, a pesar de la gran distancia pudo sentir su poder mágico.
-Ya no importa, tan solo espero que Gildarts siga vivo-, dijo Erza con una sonrisa nerviosa y con una gota de sudor en la frente esperando que el ex mago más fuerte del gremio continuara con vida después de su entrenamiento con el monstruoso albino alumno de Natsu.
*Frente a la casa de Natsu*
Después de caminar un poco más, la pelirroja por fin había llegado frente a la mansión de Natsu. No importa cuántas veces la viera, de verdad que era muy impactante que su amigo de la infancia que siempre vivía en una pequeña y humilde casa completamente desastrosa ahora viviera en semejante mansión.
TOC TOC TOC
Erza tocó el timbre con calma para luego esperar con una leve sonrisa amable y linda a que Natsu le abriera la puerta. Se quedó en esa posición por dos minutos y aun nadie atendía la puerta.
(Que extraño), pensó Erza intrigada por la razón por la cual nadie atendiera.
Antes de que pensara otra cosa un sonido llamó su atención, posiblemente era la voz de Natsu que provenía desde atrás de la gran mansión. Con esto en mente Erza con cautela comenzó a rodear la mansión en dirección al patio esperando ver al pelirosa.
Al ya casi llegar al patio se ocultó en la esquina asomando su cabeza para ver de manera silenciosa lo que estaba sucediendo.
En el patio estaban Natsu, Kagura y Zoe. Los dos padres de cabello bicolor estaban juntos viendo como a unos metros estaba su pequeña hija con las manos extendidas en dirección a una gran roca que estaba flotando sobre el suelo.
La pequeña Zoe estaba sudando y parecía estar esforzándose mucho para mantener esa gran roca con su magia de gravedad. Kagura la veía con una leve sonrisa orgullosa de su hija mientras que Natsu estaba a su lado viendo a Zoe con una gran sonrisa animada y alegre.
-¡Vamos Zoe, tu puedes!-, alentaba Natsu a su hija con mucho entusiasmo. La pequeña al escuchar las palabras de su papa solo pudo sonreír para dar un último esfuerzo para mantener la roca.
-Y… ¡Listo!-, exclamaba Kagura declarando que el tiempo que Zoe debía mantener la roca había terminado.
-¡Fuah!-, suspiró Zoe de una manera linda y adorable mientras dejaba caer la roca al suelo y también se dejaba caer al suelo sosteniéndose con las manos en el césped.
-Lo hiciste muy bien Zoe, lograste hacer una mejora de 15 segundos cargando 35 kilos-, comentó Kagura con una alegre sonrisa mientras se acercaba a su pequeña hijita que estaba recuperando el aire por tanto desgaste de energía.
-¡De verdad que te luciste, tu determinación de verdad que marca una diferencia!-, exclamó Natsu con una gran sonrisa mientras que al igual que Kagura se paraban al lado de Zoe, la cual ya parecía estar más recuperada.
-G-Gracias, pero aun así me gustaría mantenerlo por más tiempo-, dijo Zoe con una expresión algo triste mientras que agachaba la cabeza frustrada de no haber logrado mantener la roca por más tiempo para sorprender a sus padres.
-No seas tan dura contigo, de verdad que estuviste increíble para ser tan joven-, opinó Kagura con un tono maternal mientras que se agachaba para abrazar a Zoe de manera cálida y reconfortante, pero aun así la pequeña seguía decaída.
-Es cierto, aun así no está mal que seas ambiciosa, tan solo inténtalo de nuevo-, apoyó Natsu con una cariñosa sonrisa alentando a su hija para que lo intente nuevamente mientras se agachaba para revolverle el cabello a Zoe que seguía siendo abrazada por Kagura.
-No creo que lo vaya a hacer mejor, estoy cansada-, decía Zoe aun decaída mientras que inflaba un poco sus cachetes sintiéndose incapaz de hacerlo mejor que antes. Le era de verdad difícil levantar aquella roca y le desanimaba pensar que no lo lograría de nuevo.
-No digas eso Zoe, el único límite que tienes es el que te autoimpones-, dijo Kagura con una sonrisa y una mirada inspiradoras mientras que tomaba de los pequeños hombros a su hija para verla directamente causando que la pequeña Zoe se asombrara por lo increíble que se oía su mama.
-Vamos a hacer algo, si logras cargar esa roca de 40 kilos por 30 segundos te llevare a donde quieras-, propuso Natsu con una sonrisa de lado mientras apuntaba a una gran roca a lo lejos y observaba a su hija causando que esta volteara a verlo con los ojos iluminados.
-¡¿En serio?!-, peguntaba Zoe esperanzada y con los ojos iluminados mientras que se imaginaba el lugar al que más quiere ir. Su padre al verla así de contenta le asintió causando que su felicidad aumentara, pero…
-Pero… si fallas tendrás que dejar de entrenar hasta que tengas 7 años-, agregó Natsu con una mirada más seria viendo a su hija causando que la pequeña ángel bajara de las nubes para quedarse impactada por las palabras de su papa.
-¡P-Pero yo!...-, estaba por replicar Zoe pero no tenía nada que decir, sus padres en un principio no tenían intenciones de entrenarla hasta que cumpliera los 7 años y fue solo a causa de su insistencia y optimismo que comenzaron a enseñarle lo básico.
-Esa es la apuesta, pero tranquila, solo confía en ti misma así como tu madre y yo creemos en ti y veras como lo harás sin problemas-, dijo Natsu con una sonrisa alegre y completamente confiada en Zoe mientras se paraba junto con Kagura para ver a su hija de cabello bicolor.
La pequeña se quedó viéndolos con asombro por la confianza que tenían en ella, y así como su padre les había dicho a Nidus y los demás: "Cuando varias personas tienen sus esperanzas en ti, debes de corresponderles dándolo todo", por lo que Zoe les sonrió con determinación.
-¡Está bien, los voy a sorprender!-, declaró Zoe con una mirada desafiante y con una sonrisa alegre mientras se paraba del suelo con energías renovadas.
Natsu y Kagura al verla así de animada sonrieron felices para después darle su espacio a Zoe para que ella se preparara.
Zoe se fijó en la gran roca que casi duplicaba en tamaño en la anterior. Se concentró y luego extendió ambas manitos en dirección a la roca.
-¡Magia de gravedad: Levitación!-, conjuraba Zoe con fuerza mientras señalaba la roca. Luego debajo de esta se formó un estigma mágico rosa y la roca comenzó a flotar sobre el aire dando señal a Kagura para empezar a tomar la cuenta del tiempo.
La pequeña Zoe cerró los ojos mientras que con esfuerzo mantenía a la roca flotando sobre el aire. Por su mente solo pasaban imágenes del lugar a donde quería ir: era el festival de las hadas y las sirenas que se realizaba cada año en Magnolia después de los grandes juegos mágicos, en su mente llegaban recuerdos de ella con sus padres disfrutando del festival con grandes sonrisas.
Así pasó el tiempo y la pequeña Zoe seguía perdida en aquellas memorias felices mientras lo daba todo en su hechizo de gravedad. Luego cuando ya no podía más en un último esfuerzo lanzó la gran roca al aire causando que esta se eleve dos metros para luego caer.
-¡Listo!-, exclamó Kagura con felicidad mientras le aplaudía a su hija. La pequeña por su parte cayó al suelo cansada mientras observaba como sus padres se acercaban a ella felices.
-¡Aye, lo hiciste Zoe, sabía que lo harías!-, exclamaba Natsu muy emocionado mientras se agachaba al estar cerca de Zoe. A juzgar por la emoción de su padre la pequeña pelirosa dedujo que el resultado fue bueno.
-¿Cómo lo hice mama?-, preguntaba Zoe con mucha intriga esperando oír que logró su objetivo de 40 segundos.
-Lograste un tiempo de un minuto Zoe, eres increíble-, respondió Kagura con una linda y maternal sonrisa viendo a su hija de la cual estaba muy orgullosa, verla a ella era como ver una versión mejorada de sí misma cuando tenía su edad.
-¡YEIH!, ¡Lo hice lo logré, lo hice papa!-, exclamaba Zoe con mucha alegría y con una deslumbrante y linda sonrisa mientras se abalanzaba a los brazos de su padre, el cual la recibió para después levantarla por el aire con una sonrisa igual de feliz.
Erza que veía esto a lo lejos sonrió conmovida por lo bien que se veía Natsu cargando en el aire a su hija pelirosa. Definitivamente era una imagen muy bonita, mereciendo ser plasmada en una pintura que representaría muy bien un momento padre e hija.
Al bajar a Zoe Natsu pudo ver como esta ya estaba dormida debido a cansancio, por lo que solo le sonrió de manera paterna para luego acobijarla contra su pecho.
-Ahora será mejor que descansemos, por favor ve a hablar con Erza-, dijo Natsu con calma y una leve sonrisa mientras miraba a su esposa Kagura, la cual busca con la mirada a la pelirroja para luego verla en una esquina de la mansión.
(¡Mierda, me vieron!), pensó Erza alarmada mientras que al momento de ser descubierta se ponía a cubierto pensando apresuradamente como actuar.
Kagura con serenidad se encaminó hasta Erza mientras que Natsu con Zoe dormida en sus brazos se acomodaban en la sombra de uno de los árboles del patio.
Kagura al ya estar cerca de donde se ocultaba la pelirroja, pudo ver como Erza salía de su escondite con una sonrisa algo nerviosa y con las manos detrás de ella sosteniendo una cesta.
-H-Hola Kagura, ¿Cómo estás?-, saludaba Erza con nervios tratando de hacer como que acababa de llegar, no podía explicar que estuvo todo el tiempo viéndolos en silencio.
-Muy bien Erza, ¿Qué puedo hacer por ti?-, preguntaba Kagura con una calmada sonrisa preguntándose la razón por la cual la pelirroja estuviera allí.
-Nada, es solo que una señora me pidió traerle estas flores Igneus a Natsu-, respondió Erza con una amable sonrisa mientras que enseñaba bien la cesta de Igneus que tenía. Menos mal que tenía esas flores porque si no de verdad que estaría perdida con respecto a que responder.
-Ya veo, muchas gracias, por favor sígueme-, dijo la pelimorada con una leve sonrisa para después comenzar a caminar hacia donde Natsu y Zoe estaban descansando. Erza simplemente obedeció mientras observaba una escena muy tierna.
Natsu estaba acostado contra el árbol mientras tenía a Zoe dormida y acobijada en sus brazos, ambos estaban profundamente dormidos y la luz del sol que pasaba por las hojas del árbol adornaban muy bien la escena.
Erza y Kagura se rieron un poco al verlos así, dado que desde pequeño Natsu siempre había tenido facilidad para dormirse. El ver a Zoe también dormida al igual que su padre hacia parecer que fuera la viva imagen de Natsu de pequeño.
-Déjalos descansar un rato, Natsu debería despertar en unos minutos-, pidió Kagura con tranquilidad mientras que se sentaba en el césped esperando que Erza hiciera lo mismo, dado que Kagura pensaba que Erza además de traer las flores quería hablar con Natsu.
-Oye Kagura, ¿Tú ya sabias que todos pidieron ayuda para sus entrenamientos?-, preguntó Erza con curiosidad mientras que se sentaba frente a Kagura.
-Claro, Selene y Thria ya me contaron que ahora todos estaban ocupados entrenando a los chicos-, respondió Kagura con una leve sonrisa refiriéndose a que los alumnos de Natsu ya estaban ocupados entrenando a los clase S de Tenrou.
Erza ante esto se encogió de hombros mientras que parecía algo nerviosa por decir algo.
-¿T-Tú crees que Natsu pueda entrenarme?-, preguntó Erza con algo de nervios no muy obvios a la vista haciéndole parecer que titubeo simplemente.
Kagura al oírla sintió un escalofrió en la nuca que no fue evidente para la pelirroja. La esposa del pelirosa sonrió con una sonrisa un poco nerviosa mientras que recordaba el entrenamiento de su esposo.
-Te aconsejo que no, créeme de verdad que será mucho mejor que te entrene alguien más-, dijo la Dragon Slayer pensando en el bienestar de la pelirroja. Si los juegos fueran dentro de 8 meses puede que si fuera buena idea que fuera entrenada por Natsu, pero en solo 3 meses Erza no podría siquiera mover sus piernas para correr.
-¿Por qué?, no creo que sea malo entrenando, solo hay que ver a sus alumnos-, comentaba Erza algo extrañada por la respuesta de Kagura. El potencial del pelirosa como maestro era evidente con solo ver el monstruoso poder que tiene Nidus y el resto.
-Veras, él en mi opinión es el mejor maestro que puede haber, pero sucede que es muy duro y estricto llegando a hacer del entrenamiento un infierno-, contestaba la pelimorado con calma y con los ojos cerrados recordando no solo su entrenamiento de la magia Dragon Slayer, sino también el entrenamiento que le dio Natsu a sus alumnos.
-Aunque es cierto que tiene sus momentos inspiradores y amables, aun así es un riesgo muy alto que te aconsejo no correr-, dijo Kagura con tranquilidad mientras abría los ojos para ver a Erza. La cual entendía las cosas dichas y ahora recurriría al plan B.
-¿E-En ese caso me podrías entrenar tú?-, preguntó Erza con algo de vergüenza debido a que le apenaba un poco pedirle ayuda a la hermana pequeña de su amigo Simón.
No es que ella fuera débil ni nada, solo hacía falta recordar la pelea que tuvieron y el aplastante resultado, la cosa radicaba en que le pedía ayuda a Kagura para que se hiciera más fuerte, y con esa fuerza atraer a Natsu en los grandes juegos mágicos, de cierta forma era algo rastrero.
-Pues me gustaría mucho, pero tengo que admitir que por ser entrenada por Natsu herede un poco de su actitud-, admitió Kagura con un poco de pena en su sonrisa debido a que no estaba precisamente orgullosa de ser muy estricta y dura en los pocos entrenamientos que le dio a los pequeños alumnos de su esposo.
-Por lo que si quieres que te enseñe primero deberás subir un poco tu nivel-, declaró Kagura con calma mientras se fijaba en Erza.
-¿Entonces a quien le preguntó para aumentar mi poder?-, preguntó la pelirroja ya sin saber a quién pedirle ayuda. Tenía que ser alguien fuerte para aumentar su poder lo suficiente y ser apta para ser entrenada por Kagura.
-Pídele a la maestra Diana que te entrene, estoy segura de que podría ayudarte, ella la mayoría del tiempo está en el gremio o se habrá ido a Mermaid Heels-, contestó la chica de cabello bicolor con una leve sonrisa.
Su maestra era verdaderamente fuerte si era considerada un mago santo, por lo cual le vendría muy bien a la pelirroja entrenar con ella, después de todo Diana no hacía casi nada la mayoría del tiempo, solo firmar algunos papeles y coquetear con Natsu.
-Gracias Kagura, ya me voy-, agradeció Erza con una amable sonrisa mientras se paraba con calma del césped dejando la cesta de Igneus al lado de Kagura.
-¿No ibas a hablar con Natsu?-, preguntó Kagura extrañada de que Erza ya se estuviera yendo sin hablar con el pelirosa.
-Solo vine a traer las flores, además tengo que comenzar a entrenar si no me quiero quedar atrás, adiós-, se despidió Erza con una leve sonrisa calmada para luego irse por donde vino con mucha velocidad desapareciendo de la vista de Kagura.
-De verdad eres tal cual como Natsu dijo-, se dijo Kagura con una tenue sonrisa algo afligida mientras observaba el lugar por donde se fue Erza. Luego la pelimorada volteó a ver su esposo específicamente recordando una frase de él.
"Erza definitivamente era la chica más fuerte de espíritu y fuerza en el gremio, de verdad que ella es impresionante cuando ante el mayor reto ella se mantiene determinada a protegernos a todos", eran unas de los muchos halagos que Natsu le había dicho con respecto a la pelirroja, y no solo de ella, sino de cada integrante de los magos que desaparecieron hace 7 años.
-Debes estar feliz ahora que tus amigos volvieron, seguro quieres estar con ellos como antes-, susurró Kagura con una leve sonrisa triste mientras que se acercaba al rostro de su esposo para acariciarle una mejilla.
Ante esto Natsu lentamente abrió los ojos debido a que algo le molestaba, o para decirlo de una mejor manera: un sentimiento de incomodidad y tristeza a través de la marca lo había despertado.
-Te sientes afligida Kagura-, dijo Natsu con una mirada preocupada en su esposa pelimorada, la cual solo agachó la mirada sin saber que decir.
De alguna manera tenía miedo de ser olvidada por el hecho de que los queridos amigos de su esposo hayan vuelto. De verdad que eran buenas personas y le caían bien, por eso mismo se sentía fatal de siquiera pensar que hubiera sido mejor que ellos no hubieran vuelto.
Natsu como si supiera perfectamente lo que pensaba Kagura la jaló hacia sí mismo causando que esta cayera contra el brazo izquierdo de Natsu uniéndola al abrazo que tenía con su hija Zoe.
Ahora estaba Zoe dormida contra el torso de su padre siendo arropada por el brazo derecho mientras que Kagura estaba recostada del hombro de Natsu siendo rodeada por el brazo izquierdo.
-No te preocupes por eso, en estos momentos están entrenando y no puedo distraerlos, cuando tenga tiempo ya podremos divertirnos como antes-, dijo Natsu con una amable sonrisa viendo a su esposa que lo estaba viendo embelesada por la actitud de su esposo.
Puede que la llegada de los magos de Tenrou atrajera más la atención de Natsu, pero con tal de que él sea feliz con sus amigos era suficiente para ella.
-No… será mucho mejor ahora, porque ahora las tengo a ustedes a mi lado-, agregó el pelirosa con un tono cálido y feliz causando que Kagura ensanche los ojos sorprendida por las palabras de SU Natsu.
Ahora solo se sentía como una estúpida si creía que Natsu las iba a olvidar a ellas dos, podía sentirlo a través de la marca: para Natsu ambas eran el centro de su universo y no había nada que cambiara eso. Era reconfortante ese calor del pelirosa y Kagura solo sonrió muy enternecida mientras que tenía su mirada fija en los ojos verdes de su esposo.
-Eres un tonto Natsu, de verdad que siempre consigues decir lo adecuado siempre-, dijo Kagura con una hermosa y radiante sonrisa. De verdad que cada vez que pensaba que no podía amar más a Natsu, siempre este inconscientemente con su forma de ser encontraba una forma de enamorarla aún más.
-Qué te puedo decir, supongo que es una de mis habilidades de Shinigami o Dragon Slayer-, dijo Natsu en broma mientras que levantaba un poco los hombros.
-Si claro, ¿así como la habilidad de cocinar mejor que yo?-, preguntaba la pelimorada con una sonrisa. Desde siempre el pelirosa había sido mejor cocinando que ella, lo cual Kagura tomó como un reto para sorprender a su esposo con su deliciosa comida que algún día le superaría.
-Pero aprendes muy rápido Kagura, es cuestión de tiempo para que me alcances, pero no creas que perderé contra tu comida-, declaró Natsu con una leve sonrisa de lado viendo a Kagura como si estuvieran en medio de una conversación de rivales culinarios.
-¿Alguien dijo comida?-, preguntó Zoe con lindura mientras levantaba la vista hacia sus padres.
-Ya despertaste enana, ¿tienes hambre?-, preguntó Natsu con una alegre sonrisa viendo a su niña. De la nada un pequeño y adorable gruñido se escuchó del estómago de la pequeña pelirosa causando que esta se avergüence un poco.
-L-La verdad es que sí, pero todavía queda entrenar un poco más-, dijo Zoe con las mejillas infladas y con un pequeño sonrojo tratando en lo posible de disimular su vergüenza. Natsu y Kagura rieron un poquito ante lo tierna que era su pequeño milagro.
-No te sobre esfuerces cariño, lo mejor será que repongas energías y después vuelvas a entrenar, ¿te parece?-, dijo Kagura con un tono maternal y cariñoso mientras le sobaba el cabello bicolor a Zoe, la cual sonrió muy feliz.
-¡Claro mama!-, exclamó Zoe con su radiante y feliz sonrisa. Luego todos se separaron para quedar de pie al lado del gran árbol que les dio sombra.
-¡Entonces vamos yendo, el que llegue de último tendrá que limpiar los platos!-, exclamó Natsu rápidamente y con una gran sonrisa mientras comenzaba a correr de manera moderada en dirección a la puerta trasera de la mansión. Kagura no se quedó atrás y le siguió dejando allí a la pequeña Zoe que no se había enterado de nada.
-¡Ey espérenme, no es justo!-, reclamó la pequeña y linda Zoe con un ligero puchero para después correr en dirección a su casa mientras se arreglaba la bufanda de su padre.
Oculta entre algunos árboles estaba Erza viendo la escena como si fuera un ninja. Desde que fingió irse se camufló como pudo para ver por un rato más a la familia de Natsu y sinceramente ya no sabía si fue una buena decisión.
(Con que así es una familia… la familia de Natsu), pensaba Erza algo decaída sintiendo fatal por siquiera tener la idea de separar a esa feliz familia solo por su egoísta felicidad con Natsu. También estaba el hecho de que el pelirosa era evidentemente feliz y pareciera como que no hay nada que podría sepárarlo de sus dos chicas.
(No pienses en eso, ya lo sorprenderás en los juegos mágicos), se decía mentalmente la pelirroja quitándose esos pensamientos negativos. Ella ya sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero ya aceptó el desafió de enamorar a Natsu y nada se lo impediría. Si seguía pesando detenidamente al final se detendría por lo cual lo mejor era ignorar a su cerebro y seguir a su corazón.
(Ahora que lo pienso, ¿Por qué Natsu dijo "Shinigami"?)-, se preguntó Erza intrigada por la palabra del pelirosa que le resultaba algo familiar. No sabía si lo dijo en broma o no, por lo cual no sabía si darle mucha importancia, así que se fue de allí para buscar a Diana y pedirle que le entrene.
*Con Gildarts en su entrenamiento*
Mientras tanto en la montaña de la cual procedió el poder de Nidus nos encontramos con un cráter inmenso que cubre completamente la cima de esta. No hay rastros de vegetación y tan solo se puede ver como esta Nidus cerca del centro del cráter donde esta Gildarts en el suelo sin poder moverse.
Gildarts estaba muy lastimado y con las prendas muy deterioradas mientras estaba mirando al cielo sin la posibilidad de mover alguna parte de su cuerpo salvo su cara. Había recibido una ataque muy brutal del peliblanco y de milagro no había caído inconsciente.
-Tiene que utilizar su poder al máximo para así expandir su contenedor mágico, de otra forma estará atascado en su estado actual-, decía Nidus con calma y serenidad mientras veía al pelinaranja tirado en el suelo. El hombre le había pedido ayuda para entrenar a lo cual él acepto sin problemas debido a que tendría mucho tiempo libre ya que Selene estaría entrenando a Gray.
-Ya lo sé, pero sin casi magia es imposible llevar al límite mi contenedor mágico-, replicaba Gildarts con calma en el suelo pensando en que no podía darlo todo si no tenía esa cantidad de magia necesaria.
-Eso no es cierto, yo mismo aunque no tenía mi magia al máximo me esforcé al límite y así eventualmente mi contenedor fue aumentando-, dijo el peliblanco con serenidad recordando varias veces donde se vio contra las cuerdas y se vio obligado a sobre pasar sus límites.
-Pues supongo que no he tenido esa experiencia tantas veces, aunque recuerdo que cuando era joven y estaba entrenando una que otra vez pude llevarme a más allá del límite-, comentaba Gildarts mientras recordaba las pocas ocasiones en donde se sobre esforzó hasta más allá de su límite, un buen ejemplo fue en su pelea contra el albino.
-Pues supongo que nos detendremos por ahora, de otra manera va a terminar en coma por tanto agotamiento-, declaró Nidus con serenidad mientras se sentaba en suelo con los ojos cerrados.
-Supongo que no tengo otra alternativa-, bromeó Gildarts refiriéndose al deteriorado estado de su cuerpo.
Así se formó un silencio tranquilo acompañado del sonido del aire mientras que Nidus y Gildarts se mantenían viendo el despejado e iluminado cielo.
-Usted la verdad es que es muy fuerte Gildarts, la verdad es que se nota que usted es superior a todos los demás clase S de Tenrou-, opinaba el albino con sinceridad mientras bajaba la vista hacia el pelinaranja. Normalmente magos muy poderosos ya estarían con serias lesiones e incapacitados después de recibir sus ataques, era evidente que Gildarts no era igual que el resto.
-Pues aunque me enorgulleciera de eso antes, ahora tan solo pienso que soy muy débil como para proteger a mi gremio-, contestó Gildarts algo decaído.
-¿Es por lo que sucedió con Acnologia?-, preguntó Nidus con calma al pelinaranja recibiendo un asentimiento de este.
-Ya lo había visto una vez antes y él me dejo como ya ves-, dijo Gildarts recordando la primera vez que vio al maldito dragón que le arrebato su brazo en cuestión de segundos.
-El verlo en la isla tan solo causó que temiera por mis amigos y por Kana, no teníamos oportunidad alguna contra ese monstruo-, siguió hablando el hombre mientras recordaba lo inútil e inservible que fue para hacerle frente a Acnologia. Su mera presencia significaba desesperación y causaba que todos eventualmente perdieran la esperanza de ganar o siquiera huir.
-Dimos absolutamente todo y aun así ni un solo rasguño le hicimos-, dijo Gildarts con notable frustración mientras apretaba los dientes sintiendo rabia ante el vano esfuerzo que hicieron todos para no hacerle ningún daño.
Todos con todas sus fuerzas atacaron al dragón demostrando que sus vidas dependían de eso, y aun así al final se vieron acorralados a tan solo aceptar su muerte tomados de las manos.
Se formó nuevamente un silenció y Nidus levanto su mirada al cielo con su usual mirada inexpresiva y serena.
-No puedo opinar mucho debido a que no estuve allí, solo puedo decir que son admirables por el solo hecho de armarse de valor para atacar a un dragón, la mayoría de seres inteligentes hubieran huido-, opinó el peliblanco con completa honestidad halagando la gran valentía y el coraje del grupo de Tenrou para si quiera pensar en enfrentar al gran Acnologia.
Gildarts ante estas palabras no pudo evitar comenzar a reír. Si bien no habían logrado ganar, estaban vivos y según la primera maestra Mavis fue así gracias a los vínculos de la amistad que todos ellos tenían. Quizás si hubieran huido como perros hubieran muerto sin pena ni gloria.
-¡JAJAJA, Pues así somos Fairy Tail!-, exclamó Gildarts con euforia y alegría mientras sonreía mirando al cielo. Nidus por su parte sonrió levemente al escucharlo.
-Correcto, así somos-, apoyó el peliblanco para después cerrar los ojos pensando en la curiosa forma de ser de Fairy Tail gracias a su maestro pelirosa.
Fairy Tail siempre animado, alegre, amistoso, llamativo y descontrolado, pero ese era su gremio, el lugar donde él junto con sus amigos habían pasado los mejores momentos de sus vidas, sin duda un gremio que representa la palabra familia.
-Ey Nidus, ¿Cómo fue que Natsu te conoció?-, preguntó Gildarts con curiosidad buscando un nuevo tema de conversación.
-Pues es una larga historia, pero supongo que tenemos tiempo-, decía Nidus con calma para comenzar a buscar el momento exacto para comenzar su narración.
-Todo comenzó hace 7 años…-, comenzó a contar el peliblanco.
*Flash Back*
Hace más o menos 7 años un pequeño Nidus vestido nada más con una camisa blanca sucia y un short negro estaba caminando en medio de un temible y peligroso bosque mientras estaba cargando una pequeña mochila en su espalda.
El pequeño no tenía la cicatriz en el rostro pero mantenía esa característica expresión fría e inexpresiva del Nidus del presente. Este pequeño de tan solo 11 años había sido abandonado 3 años atrás por su madre: Luminaris, diosa de la luz.
Un día de la nada ella desapareció sin dejar nada más que un libro grueso que ahora es el que lleva en su mochila. Desde entonces el pequeño Nidus desde sus 8 años ha estado en la búsqueda de su madre sin resultado alguno. Durante su trayecto ha sido testigo de cosas horripilantes, asesinatos, ciudades incendiadas, injusticias contra personas inocentes.
Por esa razón es que su mirada se volvió fría e inexpresiva, debía mantenerse recluido y alerta para no ser víctima de las personas con malas intenciones. Había vivido solo todo el tiempo y su objetivo principal era sobrevivir para continuar con la búsqueda de su madre.
Ahora se encontraba en un bosque de algún reino vecino de Fiore buscando un lugar en el cual dormir. Para su "suerte" logró ver una gran cueva con forma de cráneo de serpiente en la cual poder resguardarse de la salvaje naturaleza del bosque.
El pequeño Nidus entró con calma a la cueva adentrándose lentamente hasta que un nauseabundo olor llegó a su nariz. Olía a sangre, o más precisamente a un cuerpo en descomposición. Delante de él pudo ver vagamente el cadáver de unas dos niñas con una mujer mayor que podría haber sido su madre.
Nidus con su rostro sereno lamentaba las muertes de las niñas y la mujer, pero lo principal era su supervivencia por lo cual tenía que salir de aquella cueva que posiblemente aun albergue a la bestia que les hizo eso.
Cuando Nidus estaba dando unos pasos para atrás chocó contra alguien detrás de él, lo cual causó que se pusiera alerta y se alejara observando a quien tenía detrás.
-Ey mocoso, entraste a la cueva equivocada-, dijo una voz distorsionada y gruesa parecida a la de un demonio. Nidus chasquea los dedos produciendo un pequeño destello de luz que lo dejo ver lo que tenía enfrente.
Eran dos hombres adultos con apariencias comunes y corrientes exceptuando varias manchas de sangre en sus prendas, ellos miraban al peliblanco expectantes con miradas frías y maliciosas.
-D-Discúlpenme, pero esta cueva no les pertenece y además no tengo algún lugar a donde ir-, decía Nidus tratando de dialogar con los dos hombres tratando de evitar pelear con ellos. Era evidente que ellos mataron a las chicas pero Nidus optaba por su supervivencia, y cualquier amenaza era mejor evitarla.
-¿Y que nos importa a nosotros?, vamos a destruirte pequeño idiota-, dijo uno de los hombres mostrándose hostil con una sonrisa maliciosa mientras apretaba su puño derecho.
-Les pido por favor que no hagan nada, no quiero hacerles daño a unos humanos-, pidió Nidus con un tono frió y calmado queriendo evitar utilizar lo poco que sabía de su magia God Slayer aprendida de su madre adoptiva.
-¿Humanos?, ¿Quién dijo que fuéramos esa plaga?-, dijo el otro hombre sonando como la voz de hace unos momentos atrás: la voz de un demonio. Luego de eso los cuerpos de ambos hombres fueron cambiando de una manera repugnante a la vista.
Luego de unos segundos ambos eran de 2 metros de alto, con un pelaje negro azabache con manchas de sangre por todo su pelaje (de sangre que no eran de ellos), largas garras amenazantes, dientes filosos, apariencia semejante a un hombre lobo y solo llevaban unos pantalones rasgados de colores oscuros.
Ambos se veían realmente amenazantes y peligrosos, sus miradas eran salvajes y miraban al pequeño Nidus como si fuera una pequeña presa. El albino asustado dio unos pasos para atrás mientras que trataba en lo posible de mantener su expresión serena.
-Parece que alguien ya no es tan valiente, supongo que tendremos que mostrar lo aterradores que podemos ser los demonios-, dijo uno de los demonios mientras que se acercaba de manera imponente y dominante al pequeño peliblanco.
-Apártense de mí…-, dijo Nidus reuniendo valor para atacar al demonio mientras que cargaba su brazo derecho contra su costado. Luego su puño fue cubierto por una pequeña aura de luz que intrigó por momentos a los demonios.
-¡GOLPE DEL DIOS DE LA LUZ!-, exclamó el albino con fuerza para después saltar al rostro del demonio que se acercó para darle el golpe en el hocico, causando que este diera unos pasos para atrás algo adolorido. (Cabe aclarar que aunque sería correcto que el hechizo diga "diosa de la luz" debido a que fue enseñado por Luminaris, en realidad Nidus lo conjura como si fuera de él mismo, por lo tanto "dios de la luz" :v)
-Oye mocoso, eso dolió un poco, ahora me estas comenzando a cabrear-, dijo el demonio con un tono notablemente molesto y distorsionado mientras que se tocaba el hocico un poco adolorido.
Luego sonrió de lado mirando al peliblanco para en cuestión de un segundo mandarlo de una patada a la entrada de la cueva.
-¡UGH!-, Nidus se quejó del dolor al recibir semejante patada en el estómago para mandarlo a la entrada de la gran cueva. El peliblanco sentía mucho dolor y solo podía limitarse a tocarse el abdomen retorciéndose en el suelo.
-Prepárate para sufrir pequeña mierda-, dijo el otro demonio de manera amenazante y aterradora mientras se acercaba a Nidus preparando un zarpazo de las garras de su brazo izquierdo.
El pequeño Nidus estaba acorralado por estos dos demonios y tan solo cerró los ojos con miedo esperando su trágico final.
-Oye oye, no molesten al chico así-, dijo una voz desde afuera de la cueva, causando que los demonios y Nidus voltearan a ver a una silueta oscura entrando de manera imponente.
-Vete de aquí humano, tenemos asuntos con este niño-, dijo uno de los demonios de manera amenazante advirtiéndole al intruso que debía alejarse si no quería morir.
Luego ambos demonios levantaron sus brazos preparándose para descuartizar al pequeño niño que volvió a esperar su final con los ojos cerrados mientras que abrazaba su mochila donde tenía el único recuerdo que le dejo su madre Luminaris.
-He dicho…-, dijo la figura misteriosa con molestia mientras los demonios ya dirigían a gran velocidad sus garras contra Nidus.
-¡Que no lo molesten!-, exclamó la silueta mientras que a una increíble velocidad aparecía al lado de los demonios para darles una fuerte patada cubierta de fuego.
El tiempo se detuvo por unos segundos para Nidus que al abrir los ojos se asombró de lo que estaba viendo. Las llamas que produjo el hombre hicieron que su rostro fuera visible y se apreció una cabellera de color rosado y una bufanda blanca de diseño de escamas de dragón.
-¡ARRGGGHH!-, gruñían ambos demonios ante el increíble dolor mientras eran estampados contra una de las paredes de la cueva.
Natsu se recompuso con calma para quedarse viendo a los demonios con seriedad mientras que atrás de él estaba Nidus observando atentamente.
-B-Bastardo… ¡vas a morir!-, exclamaba uno de los demonios con furia mientras que junto con su compañero se recomponían del fuerte ataque.
-Desaparezcan malditos…-, dijo Natsu con furia y seriedad al ver los cadáveres de las dos niñas y la mujer en el suelo de la cueva, su olfato no mintió cuando detecto estos cadáveres en esta cueva.
-Bastardos -, fue lo único que dijo Natsu para en una fracción de segundos tomar el mango de su espada metida en su vaina y después desplazarse a una velocidad imperceptible para quedar de nuevo en su mismo lugar.
-¡AAARRGGHH!-, gritaron los demonios con mucho dolor al sentir como sus cuerpos eran separados por varios cortes profundos para después desaparecer en un aura de color negruzco que se dirigió a la hoja de la Zanpaku-tō para ser absorbidas.
Nidus se quedó en silencio completamente asombrado por lo que acababa de ver. Ese hombre pelirosa había asesinado a dos demonios en menos de un minuto sin ninguna dificultad. Pero aun así debía mantenerse calmado y precavido por si sus intenciones no eran buenas.
-Ya todo está solucionado, ¿te encuentras bien?-, preguntó Natsu con calma y una sonrisa amable mientras se volteaba a ver al pequeña niño que estaba a punto de ser asesinado por los demonios.
-S-Si, muchas gracias por salvarme-, agradeció Nidus con tranquilidad mientras le asentía con la cabeza al pelirosa.
-Mi nombre es Natsu Dragneel, ¿y el tuyo?-, preguntó el pelirosa con morado mientras se agachaba frente a Nidus, el cual se alejó un poco para hablar con Natsu.
-Mi nombre es Nidus Scardio y soy un God Slayer de la luz-, se presentó el albino con calma causando que Natsu ensanche un poco los ojos asombrado.
-¡Es asombroso Nidus, yo soy un Dragon Slayer del fuego!, ¡me parece que fue una gran coincidencia que nos encontráramos!-, opinó Natsu muy emocionado de encontrar a un mago con esa magia perdida, nunca había visto a un God Slayer pero era asombroso que un pequeño niño supiera esa magia.
Ante la emoción del pelirosa Nidus decidió calmar un poco su guardia debido a que no percibía malicia en Natsu, además de que le había salvado la vida por lo que por lo menos puede mostrarse educado.
-¿Te importaría contarme de ti?-, pedía el pelirosa con una sonrisa amigable queriendo saber la historia del peliblanco.
Nidus dudó un poco al principio pero al final terminó cediendo. Luego procedió a contarle a Natsu su historia. Como fue criado por la diosa de la luz Luminaris, que fue ella quien le enseñó lo básico de la magia God Slayer, a leer y escribir. También le contó cómo esta desapareció sin dejar rastro dejando solo el libro en su mochila y de cómo ha estado sobreviviendo durante esos 3 años.
Duraron hablando por varios minutos hasta que un gruñido proveniente del estomagó de Nidus llamo la atención del pelirosa.
-Disculpe señor, ¿no tiene de casualidad algo de comida?, no he comido en días-, pidió Nidus con un pequeño sonrojo en su inexpresivo rostro mientras veía algo apenado al pelirosa que le salvo la vida.
Natsu se puso a reír un poco ante esto y comenzó a buscar algo en su pequeño bolso que tenía atado a su pantalón.
-Aquí tengo algo de pan-, dijo Natsu con una sonrisa mientras le ofrecía un trozo de pan al albino, al cual se le iluminaron los ojos al ver comida luego de tantos días.
-Muchas gracias-, agradeció Nidus con calma para después comenzar a devorar rápidamente el trozo de pan.
Natsu se quedó viendo al albino con una mirada melancólica mientras este seguía comiendo.
-Oye Nidus, ¿Te interesaría ser mi alumno?-, interrogó Natsu con una sonrisa alegre causando que Nidus de la nada ensanche los ojos y se tragante con el pan.
-CUGH… ¡COF COF!-, tosía Nidus impactado por la proposición del pelirosa. Era demasiado repentino y le había tomado con la guardia baja.
-Uhum…¿Por qué me propone eso señor Dragneel?-, preguntó Nidus con calma luego de recuperarse de la agresiva tos.
-Solo llámame Natsu-, dijo el pelirosa con una sonrisa calmada.
-Pues la verdad es que me interesas mucho, pareces ser alguien fuerte a pesar de las cosas por las que pasaste, de cierta forma me recuerdas a mí-, respondió Natsu con una leve sonrisa mirando a Nidus mientras recuerda como estuvo semanas buscando a Igneel batallando por sobrevivir hasta que encontró a Kagura.
Nidus se mantuvo en silencio por unos segundos hasta que atrajo su mochila para comenzar a tomar algo que estaba adentro.
-No se utilizar muy bien mi magia God Slayer, lo único que llevo es un libro que me dio mi madre Luminaris, no lo entiendo debido a que está en un idioma extraño-, dijo Nidus mientras que sacaba de su mochila un grueso libro de cuero adornado con gemas preciosas. Él había sido atacado y traicionado numerosas veces por varias personas que estaban interesadas en el valor de ese libro.
-Déjame ver por favor-, pidió Natsu con sencillez mientras le extendía la mano a Nidus. El peliblanco dudó unos momentos hasta que al final se lo dio a Natsu.
El pelirosa se quedó unos segundos ojeándolo leyendo su contenido. Algo no muy difícil gracias a que su Zanpaku-tō sin el nombre todavía descubierto se lo traducía. Una vez Natsu leyó lo suficiente cerró el libro para devolvérselo a Nidus.
-Vaya…pues antes de decir algo, ¿qué me dices?, ¿quieres ser mi primer alumno?-, preguntó Natsu con una radiante sonrisa mientras se quedó mirando al albino directamente.
-Por supuesto seño!... digo, Natsu-Sensei-, aceptó Nidus con emoción corrigiéndose. Estaba en deuda con el pelirosa por salvarle la vida y por darle de comer, sabía que era de confianza y se le seguía podría hacerse más fuerte, por lo que la oferta era ideal para el albino.
-¡Yosh, ahora ven conmigo, te llevare a mi casa!-, exclamó Natsu con entusiasmo y alegría de ahora tener un discípulo, un alumno, alguien a quien enseñarle cosas.
-¿Voy a vivir con usted?-, interrogó Nidus sorprendido y confundido mientras se paraba metiendo el libro en su mochila y tomando esta del suelo.
-Y con mi novia Kagura, después de todo tendrás que estar cerca mío para comenzar a entrenar-, respondió el pelirosa con alegría mientras miraba por encima del hombro al pequeño albino, el cual se emocionó internamente ante la idea.
-Vámonos Nidus-, dijo Natsu con una sonrisa inspiradora y entusiasta.
-¡Claro Natsu-Sensei!-, contestó el niño albino con emoción para después seguir a Natsu en dirección a la salida de la cueva.
El libro que escribió Luminaris era un manual o instructivo de cómo enseñarle a Nidus todo lo referido a la magia God Slayer. Algo en definitiva útil para Natsu que por los años venideros estaría entrenando sin parar al peliblanco.
*Fin del Flash Back*
-Después de eso conocí a Kagura-Sensei y comencé a ser entrenado por Natsu-Sensei diariamente, también me llevaba de misiones con él y pasaron muchas cosas hasta el día de hoy-, terminaba de relatar Nidus con calma y con una leve sonrisa dibujada en su cara mientras miraba el cielo.
-Es increíble, entonces Natsu venció a unos demonios así de fácil, eh?-, comentó Gildarts con algo de asombro recordando que las pocas veces que peleó contra demonios estos fueron un reto.
-Ya basta de descansar, será mejor que volvamos a entrenar-, dijo Nidus con serenidad parándose del suelo del cráter mientras miraba a Gildarts, el cual ya tenía fuerzas suficientes para moverse.
-¡Está bien, ya verás que lo hare mejor que antes!-, respondió Gildarts con una sonrisa desafiante mientras que con esfuerzo trataba de pararse. Su brazo y sus piernas le dolían mucho pero si podía moverlos era suficiente para seguir entrenando con el peliblanco.
*Con Mirajane en su entrenamiento*
Ahora mismo nos encontramos en un prado verde algo alejado del bosque. Allí estaba sentada Thria apreciando la naturaleza con una Igneus morada en su mano mientras que al lado de ella estaba Mirajane sin su modo Satan Soul dormida con una Igneus rosa a su lado.
Después de encontrarse con Erza, la pelinegra tomó a la albina y la trajo a ese prado para esperar a que esta despierte, también aprovecho para darle unas Igneus a Yui y Selene que pasaron cerca. Pasaron varios minutos y Mirajane comenzó a moverse en su lugar abriendo lentamente los ojos despertando de su sueño forzado por su inconciencia.
-Oh, ya despertaste-, dijo Thria con una leve sonrisa mientras volteaba a ver a la albina que estaba acomodándose en el césped para sentarse al igual que la pelinegra.
-¡Ay!, me duele mucho la cabeza-, se quejó Mirajane adolorida mientras que con una mano se tocaba su cabeza y con la otra contra el césped se mantenía sentada.
-Pues es comprensible si decimos que caíste de una altura de 500 metros, eso es una gran caída-, opinó Thria con serenidad recordando el gran ataque de agua con el cual mandó a la albina contra el suelo.
-Supongo que si…¿Y estas flores?-, preguntó Mirajane intriga por la hermosa flor rosada mientras que la cogía para observarla atentamente.
-Estas son unas flores llamadas Igneus que son inmunes al fuego, estas fueron sembradas por Natsu-Sensei y tomé algunas para Selene, Yui, tu y yo-, explicaba la alumna de Natsu con una leve sonrisa causando que la albina se sorprenda por el hecho de que Natsu sembrara flores tan bellas y especiales.
-¿Una para mí?, muchas gracias, se ve muy hermosa-, agradeció Mirajane con una hermosa sonrisa agradecida para luego cerrar los ojos y proceder a oler la Igneus rosa dejando que su fragancia la llene de calma.
-Sera mejor que descanses un rato para que te repongas-, propuso Thria con calma mientras que volvía a apreciar el hermoso prado donde se encontraban.
Mirajane asintió ante lo dicho e imito a la pelinegra mientras que se ponía a pensar en el pelirosa por el cual se estaba esforzando tanto.
Pasaron algunos minutos en completo silencio hasta que la albina decidió hablar.
-Te tengo una pregunta Thria-, decía Mirajane con una mirada algo seria mientras veía al cielo.
-¿Cómo fue que conocí a Natsu-Sensei?-, preguntó Thria con una leve sonrisa y con los ojos cerrados causando que la albina se sorprendiera un poco.
-Era cuestión de tiempo para que me preguntaras… está bien, te responderé-, accedió Thria con sencillez y calma para comenzar a relatar mientras que Mirajane se acercaba interesada en la historia.
*Flash Back*
Estamos en la ciudad de Crocus hace 7 años, apenas pasaron unas 3 semanas desde que se divulgo la noticia de los magos más poderosos de Fairy Tail y la repentina unión de este gremio con Mermaid Heels causando revuelo en todo Ishgar.
En una pequeña y humilde casa de dos pisos en la ciudad nos encontramos con una pequeña Thria de 11 años bajando las escaleras de su casa con emoción y energía. Era otro día tranquilo en su vida, su madre preparando el almuerzo y su padre leyendo el periódico en la sala, todo completamente normal y mundano.
-¡Mama!, voy a salir al bosque a buscar flores-, notificó Thria con una linda sonrisa a su madre que estaba cocinando el almuerzo. Ella era una atractiva mujer con un largo cabello negro y un largo vestido color pastel mientras que encima llevaba un delantal blanco.
-Está bien cariño, pero ten cuidado con los extraños-, dijo su madre con una sonrisa maternal y cariñosa mientras volteaba a ver a su pequeña hija.
-Está bien, ¡nos vemos papa!-, se despedía la pequeña pelinegra de su padre con una sonrisa mientras que se dirigía a la sala para ver como este leía el periódico como era costumbre.
Su padre no tenía una apariencia ordinaria. Era un hombre adulto muy alto, con un cabello corto de color negro con un mechón grisáceo. Tenía varias cicatrices en sus brazos y algunas pequeñas en su rostro, pero a pesar de todo eso sus expresiones faciales eran gentiles y cariñosas con su hija y esposa. Vestía de una camiseta oscura de manga larga aferrándose a su tonificado cuerpo y unos pantalones de combate de color negro acompañados de unas botas del mismo color.
-Adiós Thria, vuelve antes de que sea de noche-, dijo su padre con una amable sonrisa mientras dejaba de leer para voltear a ver a su hija, la cual asintió con una radiante sonrisa para luego ir a la salida de su casa.
La pequeña Thria se dirigió al bosque de la ciudad con alegría esperando continuar con su entrenamiento secreto de su magia Demon Slayer. El asunto de recoger flores solo era una pantalla para que sus padres le dejaran salir.
Su padre era un mago que no pertenecía a ningún gremio, solo era un mago viajero que iba de pueblo en pueblo ayudando a las personas con sus distintos problemas con demonios, después de todo él era un poderoso Demon Slayer del agua llamado Tyran Freiner.
Le había estado enseñando recientemente a Thria las bases de esta magia perdida y la pequeña pelinegra en su emoción y entusiasmo entrenaba por si sola en una pequeña zona de entrenamiento improvisada.
Allí entrenaba en ocasiones para no atraer demasiado la atención de sus padres, aunque ellos lo llegaran a saber seguramente le apoyarían en su entrenamiento, después de todo sus padres eran muy gentiles y cariñosos.
Para Thria todo era perfecto: padres cariñosos y gentiles, días de tranquilidad y paz, hace no más de un mes sus ídolos Natsu y Kagura le habían aconsejado, entrenaba su magia Demon Slayer y volvía a casa para estar con sus padres como una familia feliz. Nada podía salir mal… o esa pensaba Thria.
-¿Qué paso?-, preguntó Thria con los ojos ensanchados y con una mirada atemorizada mientras que a través de sus hermosos ojos cafés algo vidriosos se veían reflejados la imagen de un incendio.
Había terminado ya de entrenar y volvió en dirección a su casa, pero cuando llega por fin a la ciudad puede darse cuenta de que su zona residencial estaba siendo víctima de un gran incendio.
Gritos de mujeres y bebes se escuchaban en el ambiente y en conjunto con el cielo oscuro hacían parecer que era una escena apocalíptica. La desesperación era muy densa en el ambiente y el olor del humo solo causaba que el pánico se adueñara de la mente de Thria pensando en sus padres.
-¡MAMA, PAPA!-, gritó la pequeña pelinegra con pánico mientras comenzaba a correr en dirección a su casa que estaba ubicada cerca del centro de la zona del incendio.
A medida que se adentraba en la ciudad pudo apreciar como varios hombres adultos ayudaban en lo posible para salvar a las mujeres y los niños de los escombros de las estructuras en llamas.
La pequeña miraba en todas las direcciones buscando con la vista a sus padres, estaba realmente preocupada por su bienestar y estaba cada vez más asustada por la situación tan desesperánzate.
-¿Dónde están? -, se preguntó Thria a sí misma en voz baja mientras caminaba camino a su casa.
-¡AAARRGHH!-, fue el quejido de un demonio con apariencia humanoide con rasgos de ave que fue estampado contra la pared de un edificio para que después la estructura le cayera encima sepultándolo.
La pequeña Thria se alarmó al ver esto y se encogió de hombros asustada. Luego se dio cuenta de que ese demonio había provenido de la dirección de su casa, por lo que la pelinegra fue corriendo rápidamente hacia su hogar para quedar frente a una escena que la seguiría para toda su vida.
Su casa estaba ardiendo con mucha intensidad y el humo salía desde la ventana de su cuarto. Frente a la entrada estaba el cuerpo inerte de su madre, la cual estaba con sus manos juntas sobre su abdomen, donde era visible una gran mancha de sangre donde posiblemente fue apuñalada.
Su madre tenía una leve sonrisa y lágrimas en su rostro pero era evidente para Thria: su madre estaba muerta. Frente al cadáver de su madre estaba su padre notablemente cansado y herido mientras batallaba contra unos 9 demonios evitando que estos llegaran a profanar el cuerpo de su amada.
-P-Papa… mama-, decía Thria muy asustada mientras estaba comenzando a temblar por el pánico y la tristeza. Tan solo se quedó paralizada sin poder creer lo que estaba viendo: su perfecta vida estaba arruinada justo frente a sus ojos.
-¡L-Lárguense demonios!-, exclamó el padre de Thria con ira mientras que creaba agua oscura de sus manos para atacar a los demonios haciéndole daño a algunos. Esos malditos llegaron de la nada incendiando todo y en un descuido lograron apuñalar a su esposa en el estómago.
-¡URGH!-, se quejó Tyran por el dolor que sentía en su costilla izquierda donde habían obvias señales de garras de demonios.
ÉL había estado luchando contra 15 de esos malditos él solo y el solo hecho de seguir luchando era en si un milagro, pero lo hacía con tal de destruir a aquellas amenazas para su pequeña.
-¡PAPAA!-, gritó Thria preocupada por su padre mientras se acercaba corriendo a él. Ella salió de su shock cuando vio que su padre estaba tremendamente herido y con grandes cantidades de sangre perdida.
El padre al ver que su pequeña hija se acercaba solo sintió terror y miedo, miedo de que Thria fuera víctima de esos demonios que seguían combatiendo contra él.
-¡Thria, no vengas!-, exclamó Tyran con fuerza causando que Thria con lágrimas en sus ojos se detuviera.
Los demonios de alrededor al ver que la pelinegra era importante para el Demon Slayer que mató a muchos de los suyos fijaron su atención en ella.
-¡A por ella!-, exclamó el demonio de 3 metros con apariencia de minotauro que parecía ser el líder mientras que apuntaba a la pequeña Thria, causando que de este modo 3 demonios se abalanzaran sobre la pequeña que estaba paralizada por el miedo.
-¡NOOOO!-, gritaba el papa de Thria con pánico y preocupación mientras que corría en dirección a su hija para salvarla con un hechizo de Demon Slayer.
El tiempo se detuvo por unos segundos. La pequeña estaba a punto de ser víctima de 3 demonios y su padre no llegaría a tiempo para salvarla. Pero en cuestión de unos segundos una gran llamarada de fuego atravesó el torso del líder demonio y llegó frente a Kagura para darles unos fuertes golpes a los 3 demonios mandándolos en distintas direcciones posiblemente muertos.
De esa llamarada salió una persona de cabello rosa con morado muy familiar para Thria, era Natsu Dragneel quien emergía de la llamarada de fuego con una expresión seriamente enojada con los demonios.
-Malditos bastardos, atacar Crocus está fuera de su liga con Mermaid Heels y conmigo aquí-, dijo Natsu con una mirada asesina viendo a los demonios mientras que el tiempo volvía a transcurrir con normalidad.
El cuerpo del líder cayó al suelo inerte y los demonios restantes al ver que su líder fue derrotado comenzaron a huir en distintas direcciones. Thria fue abrazada fuertemente por su padre una vez él llego a su lado para protegerla.
-No escaparan malditos-, gruñó el pelirosa con furia para luego comenzar a perseguir a dos demonios lejos de la zona. Había reconocido a la pequeña Thria pero no era momento de hablar, esa zona en concreto había sido atacada por varios demonios y actualmente todo Mermaid Heels estaba salvando al mayor número de personas posible.
Natsu dejó a Nidus con Kagura y Diana para que ayudaran con la evacuación mientras que él se encargaba de los demonios. Podría continuar cazándolos sin problemas ahora que sabía que la pequeña pelinegra era protegida por su padre.
-¡Van a pagar por lo que le hicieron!-, gritó Natsu con furia afilando los ojos al darse cuenta de que mataron a la madre de Thria.
Luego aplicó magia de gravedad en los demonios que se escapaban para apresarlos y al llegar junto a ellos los cortó con su Zanpaku-tō para cosechar sus almas.
Mientras tanto Thria era abrazada por su padre que estaba realmente aliviado de que su hija siguiera con vida. Él tenía una sonrisa en su rostro y antes de que dijera una palabra fue atravesado por una lanza cortesía de un demonio volador.
Allí y en ese mismo momento dos cosas pasaron: la primera fue un grito enojado de Natsu al percatarse de esto para luego convertirse en fuego y dirigirse volando hacia el demonio para ejecutarlo con sus propias manos.
Lo segundo fue que tanto Thria como su padre ensancharon los ojos impactados al ver como la lanza había atravesado el torso de su padre justamente donde estaría un pulmón. El hombre con esfuerzo se quitó la lanza del torso para luego caer.
-¡PAPAAA!-, gritó Thria aterrorizada y preocupada por la vida de su padre mientras que observaba como este caía al suelo adolorido terminando boca arriba.
-T-Thria, gracias a dios que estas bien, no sé qué hubiera hecho si te hubiera pasado algo-, decía el pelinegro mayor con una tenue sonrisa calmada como si una extraña calma le estuviera invadiendo.
-*Snif* ¡N-No hables papa, d-de…debemos curarte rápido!-, exclamaba Thria muy triste y lloraba por lo que estaba viendo mientras que torpemente trataba de ayudar a su padre con su herida mortal.
-E-Es muy tarde Thria, solo quiero que sepas que tu madre y yo te amamos con todo el corazón y…-, estaba hablando Tyran a Thria con pena en su mirada al ver a su hija llorar de tristeza mientras que sentía como poco a poco sus fuerzas le traicionaban en ese momento tan crucial.
-N-No… p-por favor no me dejen…*snif*-, lloraba Thria desesperada porque todo volviera a estar bien. Natsu por su parte llegaba para estar al lado de Thria mientras esta se aferraba a su padre.
El pelirosa ya había terminado de exterminar a los demonios y ahora solo tenía leves rasguños en su rostro. Estaba profundamente apenado culpándose así mismo del trágico final de los padres de la pelinegra, sino fuera porque él llego tarde ellos aun estarían vivos.
-D-Disculpa muchacho, ¿podrías por favor acercarte?-, pidió el pelinegro con una leve sonrisa mientras volteaba a ver a Natsu, el cual se acercó con una expresión afligida para después arrodillarse frente al Demon Slayer.
-P-Por favor protege a mi hija, entrénela para que pueda defenderse sola, le e-enseñé muy poco de la magia Demon Slayer de agua y ¡CUGH!... ¡COF!-, decía Tyran para ser interrumpido por una tos escupiendo algo de sangre sobre el rostro de Natsu que se mantuvo con la mirada fija en el hombre mientras Thria estaba llorando desconsoladamente con la cara contra el pecho de su papa sin importarle si se manchaba de sangre.
-P-Pero escribí un libro para enseñarle, ese esta debajo de la casa, p-por favor utilícelo y enséñele a mi hija a defenderse-, fue la última voluntad del padre de la pelinegra mientras tenía una leve sonrisa en su rostro haciendo frente a la muerte de una manera muy honorable: asegurándose del bienestar de su hija.
Natsu ubicó una mano sobre la cabeza de la triste Thria mientras la miraba con seriedad.
-Se lo juro con toda mi alma, protegeré a su hija mientras le enseño a defenderse y ella no estará sola nunca-, juró Natsu con completa sinceridad y convicción mientras volteaba a ver al pelinegro que ahora tenía dibujada en su cara una feliz y aliviada sonrisa mientras que algo de sangre salía de su boca.
-M-Muchas gracias… ¡COF COF!-, agradecía el Demon Slayer muy agradecido con el pelirosa que a partir de ahora protegería a su pequeña hija. Thria levantó la vista con lágrimas en su rostro mientras se acercaba al rostro de su padre.
-P-Papi, *Snif*… no te vayas-, sollozaba Thria con mucha tristeza mientras que mantenía su mirada sobre su moribundo padre que estaba por dar su último aliento.
El pelinegro con lentitud y esfuerzo levantó su brazo derecho para sobarle con gentileza la cabeza a Thria causando que esta se ponga más triste y Natsu cierre los ojos frustrado por no haberlo salvado por lo menos a él.
-Lo siento Thria… mis últimas palabras serán las mismas que las de tu madre… -, decía Tyran con una cariñosa y suave sonrisa mientras miraba a su pequeña milagro que desde que llego al mundo solo le trajo felicidad a él y a su esposa.
-"Te amamos mucho Thria"-, fueron las últimas palabras del Demon Slayer con una alegre y cálida sonrisa para después dar su último aliento causando que su brazo sin vida cayera al suelo.
-¡Wuaahhhhhh!-, Thria comenzó a llorar con fuerza mientras abrazaba el cadáver de su padre. Natsu se quedó a su lado consolándola mientras que comenzaba a llover en toda la ciudad.
Así pasaron varios minutos donde la lluvia ahogaba el sonido del llanto de la pelinegra que ese día había quedado sin casa y sin padres. Natsu con calma movió el cuerpo de Tyran y su esposa hasta la entrada de la casa mirando a la pelinegra con unas leve sonrisas con las que partieron de ese mundo.
La lluvia una vez apagó todo el fuego se detuvo y el pelirosa se dirigió al interior de la casa para minutos después salir con dos objetos.
Uno era un grueso libro de cuero escrito por Tyran para enseñarle todo lo referente a la magia Demon Slayer a Thria. Lo otro era un sobre blanco que según decía era para la pelinegra.
-Toma Thria, échale un vistazo-, dijo Natsu con una mirada cálida y una sonrisa reconfortante mientras le extendía el sobre a la pelinegra, la cual con tristeza se limpió las lágrimas de sus ojos para después abrir el sobre.
Dentro había una carta y una cinta de color blanco que Thria reconoció al instante en que la vio, era de color blanco algo sucia y deteriorada con algunas partes ligeramente quemadas.
Esa cinta era el objeto que unió a sus padres y el que ha estado presente en cada momento importante de sus vidas: su primer encuentro, su primera cita, en la propuesta de matrimonio, en su boda y por último en el nacimiento de Thria.
La pelinegra intrigada se dispuso a leer la carta con atención:
"Hola Thria, ¡feliz cumpleaños número 18!, puede que leas esto antes de que sea ese día pero aun así queríamos decírtelo. Tu padre y yo estamos seguros de que habrá algún enemigo de tu padre que busque venganza contra él, por lo que no sabemos cuánto tiempo podamos estar contigo. De verdad que nos aterra la idea de perderte aunque es imposible si tu padre te protege, ya tú sabes como de fuerte es él. Solo queremos decirte de que en caso de que ya no estemos a tu lado estas dos cosas son para ti, el libro que escribió tu padre para que siguieras aprendiendo la magia Demon Slayer, yo por mi parte te doy mi segundo tesoro más valioso: la cinta blanca que me ha acompañado en los momentos más felices de mi vida. Estas dos cosas son para ti, para que no nos olvides y para que continúes viviendo tu vida de la mejor manera posible, asegúrate de ser feliz y de encontrar buenos amigos y recuerda que nosotros te amamos con todas nuestras fuerzas, pues tú eres nuestro tesoro más valioso. ATT: Mama y papa".
Al terminar de leer la nota Thria evitaba llorar pero aun así una cascada de lágrimas bajaba por sus mejillas. Natsu repentinamente la acobijo entre sus brazos para confortarla mientras le sobaba la cabeza.
-Están en un mejor lugar, te lo prometo-, dijo Natsu en voz baja con gentileza causando que Thria volviera a llorar pero de una manera más liberadora, como si su tristeza y peso se fueran con cada lagrima.
Pasaron varios minutos de esa forma hasta que la pequeña se tranquilizó. Natsu se paró de allí dando unos pasos para atrás dejando a Thria frente a su casa y mirando a los cuerpos de sus padres.
-Es hora de que nos vayamos Thria, despídete de tus padres-, dijo el pelirosa con una leve sonrisa gentil mirando a Thria, la cual se paró del suelo limpiándose las lágrimas mientras que guardaba la carta en el sobre.
Luego procedió a amarrarse la cinta blanca de su madre en su muñeca derecha con los ojos algo húmedos.
-Les j-Juro que nunca los o-olvidare y que me haré muy fuerte para proteger a las personas que quiera, p-por lo que espero que estén viendo lo feliz que voy a ser-, declaraba Thria con cierta dificultad para pronunciar la frase mientras que miraba a sus padres con sus leves sonrisas y recordaba la frase "tú eres nuestro tesoro más valioso".
-¡Los amo mucho!-, exclamó Thria con fuerza mientras apretaba sus puños dejando salir esas palabras esperando que sus padres en el otro lado la estuvieran escuchando.
Natsu detrás de la pequeña se acercó para tomarle de la mano y sobarle cabeza mientras esta se limpiaba los ojos.
-No te preocupes Thria, ahora yo te protegeré y estaré a tu lado, ahora eres mi alumna y me asegurare de que tu declaración se cumpla-, aseguró Natsu con una amble y reconfortante sonrisa aliviando y alegrando a la pelinegra.
-E-Está bien Natsu-Sensei-, dijo Thria con una alegre sonrisa mirando a su ídolo que ahora sería su maestro. Debía de seguir adelante por la voluntad de sus padres y la suya por lo que este sería un nuevo comienzo para ella.
Después el pelirosa con su pequeña alumna pelinegra se fueron caminando hacia el gremio de Mermaid Heels donde estaba Kagura, Diana y Nidus esperando al pelirosa. Allí recibirían la noticia de que otra alumna terminaría bajo la tutela de Natsu, el cual utilizando el libro de Tyran se encargaría de fortalecerla en la magia de Demon Slayer.
*Fin del Flash Back*
-Y creo que eso es todo lo que pasó hasta la actualidad-, decía Thria con una leve sonrisa nostálgica mirando su mano derecha extendida hacia el cielo puesto que estaba apreciando la cinta de su madre.
Mirajane estaba a su lado con una mirada algo llorosa conmovida por la historia de la pelinegra mientras que se limpiaba unas pequeñas lágrimas y veía con una sonrisa temblorosa a Thria.
-N-No sé qué decir *Snif*, fue una suerte que Natsu estuviera contigo-, comentaba la albina recuperándose de su estado emotivo pensando en lo afortunada que fue de que el pelirosa apareciera allí, de otra manera ella también hubiera muerto.
-Yo pienso que fue cosa del destino, así como me quitó a mis padres me dio a Natsu-Sensei, a Kagura-Sensei, a Selene, Yui y el resto de mis amigos, ahora ya no puedo decir que preferiría que las cosas hubieran sido diferentes-, dijo la pelinegra de manera muy madura y con una alegre sonrisa mientras volteaba a ver a Mirajane, la cual le sonrió de la misma manera.
-Bueno, ahora que te recuperaste volvamos a entrenar-, declaró Thria con serenidad y una leve sonrisa mientras se paraba del césped para quedarse viendo a la peliblanca.
-¡Si tu pudiste avanzar yo también lo haré!-, exclamó Mirajane con determinación y convicción mientras se paraba del césped pensando en que debía de seguir entrenando arduamente con su nueva amiga pelinegra, con la cual se está llevando muy bien.
Luego de eso ambas chicas utilizando sus magias volvieron a elevarse en el aire para seguir entrenando dejando los dos Igneus en el césped siendo iluminadas por la luz del atardecer.
*FIN DEL CAPITULO*
Y eso fue todo por esta actualización, espero que les haya gustado y que ahora más gente se tome unos minutos para dejar su opinión en los Reviews, solo pienso que no cuesta nada.
Este fue un capitulo más que nada tranquilo, para profundizar un poco en Erza, la familia Dragneel y en los alumnos del pelirosa, los que faltan vendrán en el siguiente capítulo junto con otras cosas.
Tengo que admitir que me sentí un poco mal al escribir el pasado de Thria, estaba pensando que estaba siendo demasiado cruel, pero en un impulso de maldad decidí dejarlo. (WUAJAJAJA XD)
Ahora quiero decir una cosita más, la historia solo tengo planeado que dure hasta el final de los grandes juegos mágicos, por lo que yo diría que tiene los capítulos contados. Durante ese tiempo pienso dar lo mejor de mi por lo que espero contar con su apoyo.
Sin mas que agregar me despido de ustedes…¡SAYONARA!.
