Disclaimer: Harry Potter pertenece a Jotaka, derechos reservados. La historia es mía, derechos reservados.

Gracias a Nicole Cold por sus reviews en el capítulo pasado.


Capítulo 12

No quería que volvieras

Andrómeda Tonks salió oficialmente de San Mungo aquella mañana. Estaba del todo curada, algo que Teddy recibió con mucho entusiasmo. El sanador le había recomendado sin embargo que guardara reposo y que no hiciera esfuerzos. Andrómeda había aceptado lo que ella había llamado "condiciones estúpidas" y se había marchado a su casa. Tanto Harry como Ginny le habían insistido para que no se quedara sola, pero ella los rechazó.

—Necesito volver a la normalidad. Y Teddy necesita volver a Hogwarts. Tres días sin clase son demasiados.

Teddy fue a protestar:

—¡Estaba preocupado por ti!

—No lo dudo, querido, pero ahora ya estoy bien y quiero que vuelvas a Hogwarts—replicó su abuela con su serenidad acostumbrada.

—¡Yo quiero estar contigo!

Harry intervino:

—Entendemos que quieras asegurarte de que tu abuela esté bien pero…

—No quiero que le pase nada, por favor… —interrumpió Teddy y les dirigió una mirada suplicante a los dos adultos de la habitación.

Harry lanzó un suspiro.

—¿Y tus estudios? ¿No quieres convertirte en un gran mago como lo fue tu padre, como lo fue tu madre? —Teddy no dijo nada. Harry continuó: —. ¿Y tus amigos? ¿Tu novia? En tus cartas dicen que te extrañan. ¿Acaso no quieres verlos tú también?

—Yo…

Fue Andrómeda quien acabó dando el golpe de gracia:

—Por favor, Ted, me sentiré mejor si vuelves a Hogwarts. No podemos permitir que este suceso gobierne nuestras vidas. Debemos recuperar nuestras vidas. Eso significa que tú vuelves al colegio y yo a mi casa.

Teddy parecía estar más resignado que convencido a volver, pero Harry se dijo que aquello era mejor que nada. Entendía que tuviera miedo porque le ocurriera algo a su abuela, pero no podía permitir que ese miedo llenara toda su vida.

—¿Me…? ¿Me prometes que me avisarás cualquier cosa?

—Te lo prometo—contestó Andrómeda.


—¿A dónde va, señorita Weasley?—preguntó el profesor Longbottom.

—A Gryffindor.

El profesor Longbottom alzó una ceja.

—Es muy tarde. ¿Daba un paseo nocturno?

A Victoire le caía bien, le parecía que era el profesor más simpático de Hogwarts, por eso bajó la cabeza cuando admitió:

— Vengo del despacho de la profesora Little.

—Ya veo… Por lo visto, la profesora Little está acaparando a mis estudiantes para que aprendan más de su materia que de la mía—bromeó.

Victoire hizo una mueca mientras recordaba por qué Little la había dejado hasta casi la medianoche en su oficina.

—Tuve que organizar su correspondencia.

Hizo una pausa preguntándose si debía o no revelar sus pensamientos. Luego se encogió de hombros y preguntó:

—¿Sabía que la profesora recibe cartas en mandarín?

Aquello era lo único que le había interesado de su castigo. Little no sólo recibía cartas en inglés sino que parecía llevar correspondencia con personas de diferentes nacionalidades, incluido el hebreo y el griego.

—Y también ruso, francés, español y portugués.

—Ajá… —susurró Vic, preguntándose cuando tardaría el profesor Longbottom en cuestionar el porqué estaba organizando correspondencia.

—¿Pero por qué hacías eso? No es que me moleste que la ayudes, pero no pareces, y perdón que te lo diga, el tipo de persona que ayuda desinteresadamente.

No se molestaba porque era cierto, pero eso no evitó que las palabras del profesor la hicieran sonrojar al más puro estilo Weasley.

—Era un castigo… —y luego como si supiera que era mejor hacer las cosas bien, agregó: —por hablar demasiado alto en clase.

Longbottom se echó a reír. Incluso Vic sonrió, contagiada por aquella risa.

—A la profesora Little no le gusta que le interrumpan en su clase, eso siempre ha sido así. Es muy estricta en lo que se refiere al cumplimiento de sus normas.

Vic sintió que debía defenderse:

—Sólo le estaba preguntado a B cuál era el nombre del Maleficio de las piernas Unidas.

Locomotor Mortis—dijo Longbottom automáticamente. La miró pensativamente—. Eso es tema de primer año…

—Sí, ya lo sé—resopló Vic.

B había soltado una risita y luego le había dado la respuesta. En el momento en que Vic había mascullado un "gracias", la profesora Little la había escuchado y la había castigado.

Longbottom seguía mirándola:

—¿Se te dificulta Defensa?

—Un poco, sí… —admitió Vic, sin poder evitarlo.

Él sonrió de forma comprensiva.

—A mí también se me hacía muy difícil.

—¿De verdad?

Vic nunca había escuchado a un adulto admitir que se hacía difícil alguna materia. Sus padres jamás lo habían hecho. Fleur Weasley decía muy ufana —a todo el que quisiera escucharla —que siempge había sido la primega de su curso. Y Bill Weasley presumía que siempre estaba en los primeros seis puestos de la clase y sin estudiar demasiado. Al parecer, Vic no había heredado esos talentos de estudio.

—Ajá… Defensa se me hacía muy cuesta arriba. Aunque la peor fue Pociones, le temía al profesor —un sonrojo asomaba por sus mejillas con esa confesión—, a veces pienso que fue un milagro que pudiera pasar todos mis años de Pociones.

Vic sonrió. A ella no se le hacía tan difícil Pociones —era sólo mezclar ingredientes, ¿no?— pero entendía el sentimiento que te provocaba no poder con una materia.

—¿Y qué hizo?

—¿Qué hice?

—Sí, ¿cómo hizo para pasar?

—Con mucho esfuerzo… Ah, y una amiga muy inteligente, tu tía Hermione, ¿sabes?

Vic asintió. Tal vez era hora de aumentar sus amistades.

—Buenas noches, profesor Lontbottom—dijo una voz amable que el profesor distinguió como la voz de la profesora Little—. Señorita Weasley.

—Buenas noches, profesora.

—Buenas noches—contestó Victorie.

—Señorita Weasley, creo recordar que hace diez minutos la liberé del castigo…

Vic sintió vergüenza. Encima que la castigaba, ¿también debía recordarle que lo hacía? La vergüenza dio paso a la humillación. ¿Por qué castigarla solamente a ella? ¿Por qué no a B? B fue la que se rió, la que llamó la atención de la profesora, pero era a Vic a quien le caía el castigo. ¿Por qué? ¿Acaso la profesora la tenía agarrada con ella? La rabia abrió paso en su interior y de repente Vic lo vio todo negro.

—Perdón Karen, yo fui quien retrasó a la señorita Little. Me temo que no quería dar mi ronda nocturna solo…

La rabia se atenuó lo suficiente para permitirle a Vic sentir alivio y gratitud hacia el profesor Longbottom.

—Oh, entiendo, Neville… No hay problema.

—Me alegra contar con tu compañía, Karen. Sin embargo, debo preguntar el motivo.

—Debo recibir al señor Lupin.

—Ah, ¿ya ha regresado? Enhorabuena.

—Así es.

Victoire dirigió su atención hacia las enormes puertas del vestíbulo, segura que en cualquier momento aparecería Teddy. ¿Vendría con el tío Harry o con tía Ginny? Aunque también era posible que lo fuera a llevar su abuela.

Ted apareció y detrás de él apareció la tía Ginny que levitaba el baúl del metamorfomago.

—Buenas noches, profesor Longbottom. Profesora Little.

—Buenas noches, señor Lupin. Señora Potter, ¿todo en orden?

—Todo bien. ¿Qué tal, Nev? ¿Dando un paseo nocturno?

—Algo así. Cuidando de que no haya muchachos fuera de sus camas a horas tan tardías. ¿No es así, Victoire?

—¿Vic? ¿Qué haces aquí?

En ese momento, Vic se dio cuenta que su tía no había reparado en ella. Se mordió un labio preguntándose qué iría a decir, pero Little contestó por ella.

—La señorita Weasley tenía un castigo conmigo, pero supongo que ya se iba a su cama.

La rabia que había mermado en el pecho de Vic surgió con más fuerza, pero se contuvo lo suficiente para no fulminar a la profesora con la mirada.

—Sí, así es.

—¿Castigo? ¿Por qué te castigarían, Vic?

—Interrumpió mi clase —contestó la profesora Little—. Espero que el castigo haya sido productivo y que no vuelva a comportarse de esa forma, señorita Weasley.

Vic apretó los dientes.

—Descuide, profesora.

Ella miró a Teddy que permanecía en un tranquilo segundo plano. Su mirada sin embargo, la confundió. Era una mezcla de ira y molestia. ¿Pero qué bicho le ha picado? ¡Yo no le he hecho nada!, pensó Vic y le devolvió la mirada, altiva.

—¡Señorita Weasley!

Abandonó su guerra de miradas con Teddy y se obligó a prestar atención a lo que decían.

—¿Qué?

—Le estaba diciendo que la llevaría a su casa común, señorita Weasley—dijo el profesor Longbottom.

—Ah, está bien. Que pase buenas noches, profesora. Buenas noches, tía.

—Buenas noches, querida.

Sin dedicarle una última mirada a Ted —no se la merecía, pensó—, Vic siguió al profesor Longbottom.


Antes de entrar al Gran Comedor, el colegio entero sabía que Ted Lupin había vuelto. Ted lo supo cuando la gente en lugar de mirarlo y sorprenderse, se dirigía a la persona que estuviera más cerca y lo señalaba o bien cuchicheaban sobre él.

Él hubiera preferido que no lo hicieran, le hacía sentir incómodo. Así que con los hombros hundidos y el firme pensamiento de no hacerle caso a las reacciones que le rodeaban, caminó con sus amigos a su puesto habitual en la mesa de Hufflepuff.

—Vaya, los rumores corren rápido, ¿eh?—dijo John con sorna—. La noticia de tu regreso ha corrido más rápido que el rumor de que Betty Marlowe era anoréxica.

Alex le dio un leve golpe por el comentario tan malintencionado y se sentó a su lado.

—La gente se aburre con facilidad, por eso inventan tanto.

—Desearía que dejaran de darse cuenta que estoy aquí. ¿Qué rayos les importa a ellos? No es como si fuera muy popular, ¿o sí?

—No te entusiasmes, Lupin—empezó John con tono de fingida molestia —, aunque hoy seas el tema conversación del cien por ciento de los estudiantes presentes, nunca vas a ser más popular que yo.

Jonathan y Alex rieron de buen grado. Incluso Ted se permitió una sonrisa. La sonrisa sin embargo no le llegaba los ojos y Alex se dio cuenta.

—¿Te pasa algo, Teddy?—preguntó preocupada.

—Nada. ¿Por qué lo preguntas?—dijo Ted evasivo.

Con la cuchara jugó con sus gachas de avena, rogando que sus amigos no insistiera, pero eso era mucho pedir.

—Desde ayer estás bien raro—observó Jonathan.

—Es por tu abuela, ¿verdad?—preguntó John mientras daba cuenta de sus tostadas.

—Sí, es por ella—admitió Ted.

—¿Pero nos dijiste que estaba bien, no?—dijo Alex.

—Sí, lo está. Los sanadores dicen que lo está.

—Entonces estará bien.

—¿Y si se equivocan?

Ella bufó.

—Confía un poco en ellos, hombre—dijo John—. Y recuerda con quién estás hablando—señaló a Alex.

Ella hizo una mueca. Fue cuando Teddy recordó que una tía de Alex a quien ella quería mucho, era sanadora. Por supuesto que a ella no le había gustado que él desconfiara de los sanadores. ¿Y no había una sanadora que lo había tratado con mucha familiaridad en San Mungo? Aquella mujer tenía cierto parecido con la chica que tenía al frente.

—Lo siento, Alex.

—No te preocupes. Pero como John dijo, confía un poco en ellos, saben lo que hacen.

Ted asintió, no del todo convencido.

—Menos mal que nos contaste que Teddy había vuelto—murmuró Berenice—. Imagínense, hubiéramos sido las únicas en sorprendernos esta mañana.

—Y eso sería una desgracia, ¿no?—se burló Jessica.

A Jessica no le interesaba si se enteraba o no de los rumores. B sin embargo, había demostrado que tenía cierto afán por conocer todo sobre los demás, tanto si eran simples chismes como si eran verdades.

—Por supuesto que lo sería. Mi madre dice que jamás hay que ser una ignorante.

—Ya, claro… ¿En qué piensas, Vic?

Vic que había permanecido gran parte del desayuno en silencio, se volteó hacía Jess.

—¿Eh?

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—¿Segura?

—Ajá—contestó, y luego giró la cabeza.

No podía decirle a Jess, ni siquiera admitírselo a sí misma que había echado de menos ver a Ted en el Gran Comedor. Se giró para mirarlo. Estaba aparentemente tranquilo, comiendo un plato de avena en la mesa de los tejones, ajeno a lo que ella sentía. Te he extrañado pero ahora sólo quiero que te vayas de nuevo.

—¡Katie! ¡Katie espera! ¡Katie! ¿Quieres esperarte, joder?

Katie se giró rápidamente y encaró a Teddy. El chico perdió un poco de su valor al ver esas pupilas llenas de odio. Odio hacia él. ¿Pero qué se supone que había hecho? Se planteó la posibilidad de largarse por donde vino y dejar a Katie sola, pero decidió que ya que estaba ahí…

—Katie, yo…

—Ahórrate el aliento, Ted.

—¿Qué te pasa?

—¿Tienes alguna idea del ridículo que hice en el desayuno?

—¿El ridículo? Katie no…

Pero Katie ya había llegado al límite:

—¿POR QUÉ DEMENTORES NO ME DIJISTE ANOCHE, CUANDO LLEGASTE QUE YA ESTABAS EN HOGWARTS?—su voz había subido cada vez más a medida que iba hablando.

Asustado, Teddy se había ido empujando hacia la pared, intentando hacerse diminuto. No entendía cuál era la razón de aquella molestia y no entendía por qué él debía recibir esos gritos. Pero ella seguía molesta y decía:

— ¿Por qué dejaste que fuera la última chica en enterarse? ¡Soy tu novia, Teddy, tu novia! ¡Debería ser la primera, NO LA ÚLTIMA!

—Katie, yo…

Pero ella ya había terminado. Muy digna, dio la media vuelta y le dio la espalda.

Teddy apenas alcanzó a escuchar:

—Búscame cuando estés seguro que quieres seguir con esta relación.


¿Un review para que Teddy entienda un poco a las mujeres?