Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani gracias por ser unas divas divinas!

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—¿Esos niños son tuyos? —Bella se sobresaltó ante la voz profunda con un ligero acento sureño.

—Sí, son mis hijos. —Un chico rubio caminó hacia ella, su ropa de deporte se amoldaba perfectamente a sus musculosos hombros.

—¿Acaban de mudarse? —preguntó con una amable sonrisa antes de rehacerse una coleta en su largo cabello rubio—. No los había visto por aquí antes... y definitivamente es un pueblo muy pequeño.

—No… nos mudamos, precisamente —murmuró un poco reticente.

—Los he visto a lo largo de estos días, también me gusta este lugar, es tranquilo sobre todo —sonrió extendiendo una mano—. Soy Jasper.

—Hum… Bella.

—¡Mamá, Sam me aventó arena! —gritó Elizabeth llegando hasta su lado, su largo cabello cubierto de arena, su pequeña boca hecha un mohín.

—¡Ella empezó!

—¡Tú empezaste! —acusó apuntándolo.

—¡Ya me quiero ir, estoy tan aburrido! —chilló Sam cruzándose de brazos. Bella suspiró antes de sonreír a forma de disculpa hacia Jasper.

—¿Sabes? Tengo una tienda de animales en el centro, está como a treinta minutos de aquí, quizás te gustaría llevar a los niños, estoy seguro de que les encantará ver a los animales. —Bella se echó a reír.

—¿Animales? ¿¡Podemos ir, mamá!? Por favor, por favor, por favor, por…

—Sí —sonrió la castaña sacudiendo el cabello de su hija—. Probablemente sea una buena idea, siento que están por volver loca a mi mamá. —Jasper sonrió.

—Así son los niños. —Se despidió de ellos con un gesto de mano—. ¡Calle Campbell, abrimos hasta las seis! —gritó mientras reanudaba su camino, trotando de nuevo por la orilla de la playa.

O~O~O~O

Edward respiró hondo sintiéndose nauseabundo, el estómago hecho un nudo y la mente nublada por la media docena de copas que se había metido en el cuerpo para que le infundieran coraje antes de ir allí y tocar la puerta. Cuando estaba con Angela, no solía beber mucho, pero en las últimas semanas se había sentido demasiado solo y se había dejado llevar con entusiasmo por el tipo de abrazo que solo podía darle el Jack Daniel's, su marca de Whisky favorita. De pronto la puerta se abrió y Bella apareció al otro lado con cara de sorpresa y tremendamente seductora, vestida con una sudadera negra que le cubría las piernas, y que a la vez era tan corta que Edward empezó a preguntarse si llevaría algo debajo de ella; por alguna razón tuvo la impresión de que ésa era la idea que Bella tenía de ir vestida al andar en casa.

Edward. Ah... esto es una auténtica sorpresa.

¿Puedo entrar?

Bella entrecerró los ojos como si estuviera tratando de averiguar si su visita se trataba de algún tipo de trampa, pero finalmente se hizo a un lado. El dulce aroma frutal de la joven inundó sus sentidos de tal forma que estuvo a punto de tambalearse.

«Tiene que tratarse del alcohol», pensó.

Y puede que fuera así, pero no era el maldito alcohol lo que había conseguido que su pene se pusiera firme. Se adentró en el pequeño salón de Bella y se volvió hacia ella.

¿Te estabas preparando para salir a algún lado?

¿Salir? —La joven echó un vistazo a la ropa con la que iba vestida—. Oh, no. Pensaba quedarme a ver películas y comer palomitas; qué plan más excitante, ¿no?

El grueso miembro de Edward se sacudió con fuerza ante los recuerdos de haber estado enterrado profundamente en su interior. Dios, no quería pensar en planes excitantes y Bella en la misma ecuación, tratando de calmarse, se aclaró la garganta y se frotó la nuca.

Eh... Bella, creo que tenemos que hablar.

Sí, yo también lo creo —suspiró—, quizás podríamos empezar hablando de la razón por la que sigues torturándote a ti mismo. Angela lleva meses muerta.

Edward no se había esperado un comentario de ese tipo, y la estupefacción inicial por sus comentarios sin rodeos, muy pronto se transformó en una furia defensiva.

¿Es que acaso existe una fecha límite para dejar de sentir dolor? —espetó con brusquedad—. ¿Tanto deseabas que muriera?

¿Por qué siempre tienes que terminar culpándome a mí por lo que pasó? Tú viniste a mi casa, y sin duda fuiste tú quien me pidió que te reconfortara.

Pero nunca hubiera querido que me "reconfortaras" de esa manera.

¡Ah, no!, claro que no querías —espetó con sarcasmo.

Vine con la intención de que olvidáramos lo que pasó, al menos yo estoy intentándolo, porque a diferencia de ti, la culpa por lo que le hice al recuerdo de Angela me está comiendo vivo.

¿Pero qué dices? —rugió, sus manos temblando como si se estuviera conteniendo de abofetearlo—. También me siento culpable, ¡ella era mi mejor amiga, por el amor de Dios!

¿¡Entonces por qué te veo tan tranquila!? —recriminó dando tumbos hacia ella—. ¿Por qué no te carcome la culpa? —La sujetó por los hombros—. ¡Dime cómo mierda salir adelante!

Edward, yo no… No es como tú crees, también la extraño, era como una hermana para mí… pero lo que siento por ti es distinto, no me puedo arrepentir.

Isabella representaba todo lo que él no buscaba en las mujeres. Era inocente, vulnerable, precisamente el tipo de mujer que había evitado toda la vida: la que querría más de lo que él podría darle. Y sin embargo cayó en ella, completamente. Con sus dulces palabras y su suave tacto, cayó hasta el fondo. Y aunque se sentía como una basura cada vez que estaba con Isabella, la verdad era que había encontrado en ella un refugio, un desfogue, un medio para olvidarse un poco del dolor que lo consumía a todas horas, casi siempre estaba borracho, y muy poco dispuesto a pelear con Isabella y sus formas de reconfortarlo, pero entonces aquellos encuentros fortuitos terminaron cuando se enteraron que estaba embarazada.

Sin embargo ahora, recordando el motivo por el que terminaron casándose, le parecía que no era el único; él intentó olvidarse de ella durante días, de sus besos, de su aroma, su sonrisa, de sus caricias o su cuerpo, pero al parecer Isabella se había apoderado de su mente y terminó casándose con ella porque la deseaba, la… ¿la amaba? Se quedó paralizado ante el pensamiento. ¿Era posible? El temor hizo que le diera un vuelco el corazón. Había evitado eso durante mucho tiempo, quizás estuviera bien para los demás, pero era nocivo para él…

—Le traje la comida. —Irina lo arrancó abruptamente de sus pensamientos.

—¿Por qué harías eso? —farfulló mirándola con recelo.

—Porque tiene todo el día encerrado en la oficina, debe tener hambre.

—No deberías tomarte… tantas molestias. —«Por no agregar libertades», pensó.

—No es ninguna molestia —sonrió dejándole la comida en el escritorio—. Atenderé la conferencia con Newton, no se preocupe.

Y luego le guiñó un ojo antes de salir de ahí. Y aunque Edward normalmente se sentiría frustrado y molesto por su actitud, ya que Irina siempre se metía donde no la llamaban y se tomaba libertades como ésta, tenía que admitir que admiraba su semblante fuerte, la forma en la que lo confrontaba y cómo ignoraba olímpicamente su mal humor, si a eso le sumaba la increíble eficacia con la que se desempeñaba… quizás por eso esta vez se quedó observando el suave balanceo de sus caderas mientras salía.

O~O~O~O

Te lo juro, estaba a nada de hablarle al FBI. —Bella se rio rodando los ojos.

—Eres una exagerada, Rose, ¿te lo han dicho?

Un montón de veces, pero aun así, eso no te da derecho a desaparecerte del mapa. En serio, ¿Forks? No pudiste tan solo ir a… ¿Vancouver o algo?

—Mi mamá vive aquí con su nuevo esposo. —Sonrió recordando al amable Phil—. Se mudó de Seattle y bueno, necesitaba de ella.

Eso lo comprendo, pero… no le has avisado, ya sabes… ¿a tu familia aquí? —La castaña cerró los ojos.

—No.

Emmett está desesperado por saber de sus sobrinos. —La joven abrió los ojos de par en par—. Y sí, antes de que preguntes, déjame decirte que estoy… intentándolo con él. A diferencia de su hermano, él es dulce. Me gusta mucho, y no te lo habría contado de esta manera si hubiera tenido a dónde llamarte.

—No sabes el gusto que me da que estés saliendo con Emm, es encantador —aseguró todavía sonriendo.

Lo es. —Bella se quedó aturdida de pronto cuando la golpeó la realidad.

—Por favor, si le dices dónde estoy, te suplico que no se lo diga a… a… —Sacudió la cabeza—. Todavía no estoy lista para verlo.

Mi boca es una tumba, lo prometo. ¿Cuánto tiempo piensas pasar allá?

—Estaba pensando que me gusta aquí… —suspiró mirando el brillante sol por la ventana—, a los niños les ha venido bien el clima…

No estarás hablando en serio, ¿y tu trabajo en el Capitol, y la escuela de los niños?

—Sé que hay muchas cosas que pensar y yo… —El timbre de la casa sonando y los gritos de los niños, le robaron una sonrisa.

—¡Bella, Jasper ya está aquí! —gritó Renée de esa forma para nada prudente que la caracterizaba.

—Un momento, mamá, dile a los niños que lleven su abrigo, ahora salgo. —Sonrió—. Siento eso, Rose, tengo que…

¿Jasper? —La joven intuyó un atisbo de sonrisa en su voz.

—Larga historia, ¿te cuento mañana?

Oh pero claro que me contarás, te llamaré hoy mismo en la noche.


Entonces... les presento a Jasper sin su Alice, ¿cómo ven?

Como siempre un placer leer sus comentarios, gracias por seguirme apoyando con esta historia, un abrazo para todas!