[Antes que nada, quiero disculparme por tantos saltos de espacio en este capítulo, pero es que pienso en ellos como si fueran escenas muy cortas en una serie de televisión]
12
Spanish Class
Cuando Kurt despertó al otro día, la luz entraba en el cuarto como una llamarada ardiente, quemando sus ojos. El chico sentía su cabeza inflamada y un punzante dolor en las sienes. Un horrible zumbido entraba y salía por sus oídos y, tan solo pensar en bajar a desayunar le hacía experimentar una sensación de correr al baño y vomitar. Se sentía de lo peor y, por si fuera poco, no podía recordar gran parte de lo sucedido la noche anterior.
-¡BUENOS DÍAS!-Se escuchó la voz de Matt tan fuerte que Kurt se tapó la cabeza de nuevo con su almohada.
-Mattie, no me grites.-Contestó Kurt- No me siento muy bien
-NO ESTOY GRITANDO
Kurt miró a su amigo. La luz era tan brillante que lastimaba su mirada. La resaca era peor de lo que esperaba. El chico se levantó de la cama y, después de darse un baño para quitarse el asqueroso olor a tabaco y alcohol que se había impregnado en su cabello, se vistió con el uniforme de la academia. Tomó un par de lentes de sol rosados que Blaine debía haber olvidado allí y espero que aquello arreglara su problema con el sol.
-¿Lo han pasado bien en McCarties anoche tú y Blaine?-preguntó Matt al tiempo que salían de la habitación y caminaban juntos a su clase de historia con el profesor Clayton.
-Eso creo,-contestó Kurt en un hilo de voz que apenas y Matt pudo escuchar- en realidad no estoy del todo seguro.
-Bueno, parece que tú te divertiste bastante-bromeó el menor de los chicos y el otro le lanzó una mirada de reproche que incluso atravesaba el negro de los lentes de sol.
En su camino al salón, Kurt se esforzó por recordar al menos algo de lo sucedido la noche anterior en St. Gregory, pero nada. Al menos esperaba no haber hecho algo de lo que se arrepintiera.
…
Spencer Scourge solía dar clases de filosofía a los alumnos de tercero en la academia Dalton además de instruir al club glee de la escuela. La gente solía pensar que era extraño como un tipo tan talentoso y un futuro ya asegurado en Broadway había dejado todo para dar clases. El intentaba no pensar en ello.
Aquella mañana empezó igual que todas. Spencer se levantó de su cama, se dio un baño y bajo a desayunar un pan tostado con mermelada y un americano sin crema ni azúcar. Luego beso a su esposa Rosie en la frente y salió de casa para no regresar hasta las 7 de la tarde, cuando terminaba todos sus deberes en la escuela. Le gusta su vida llena de rutinas y formalismos.
Apenas dieron las 9 de la mañana, el timbre anunció el final de la primera clase de filosofía del día de Spencer Scourge.
-Y recuerden entregar su ensayo acerca de los sofistas griegos para la próxima clase y, señor Finster,-dijo el profesor llamando la atención del capitán del equipo de lucha de Dalton- si no la entrega, espero que esta vez al menos tenga una mejor escusa que "un mapache entro por la ventan y se la llevó"
El chico asintió avergonzado y dejo el aula. El profesor Spencer siguió guardando sus libros y materiales en su maletín de piel y dejo también la sala sola. Era hora de su descanso y lo mejor sería ir a la sala de maestros. Quizás, incluso, si no había nadie más allí, hablaría con ella. Con la mujer que le robaba el sueño, la que le hacía perderse en pensamientos, la otra mujer a la que adoraba tanto como a su esposa.
Apenas había puesto un pie fuera del salón, una larga cabellera dorada lo arrancó de sus locas y pasionales ideas. Palideció, el pulso aumentó. La mujer de los rubios cabellos caminaba contoneándose por el pasillo hacia el salón 306, ofreciéndole a Scourge tan solo su espalda. Él no logró ver su cara, no lo necesitaba, tan solo quería qué estaba haciendo allí.
…
Los viernes como aquel, a las 9 de la mañana Kurt y Matt tenían clase de español con la señora Torres, una anciana puertorriqueña que no hacía otra cosa más que criticar a las actrices americanas modernas y quejarse de su vida sexual con su marido. Por suerte Kurt no lograba entender todo lo que decía, a pesar de ser uno de los mejores en aquella clase.
Kurt seguía batallando con su falta de memoria incluso cuando entraron al salón. Lo último que recordaba era él tomando un shot de tequila con Eric. No podía imaginar cómo había terminado tan borracho si, según él, solo había tomado eso. Ambos chicos tomaron sus asientos regulares y esperaron en silencio a que entrara la maestra de la clase.
-Buenos días caballeros,-saludó en español una voz que no era la de la señora Torres, una voz femenina más juvenil, más fresca- ¿es este el salón 306?
Al escuchar la voz, Kurt pudo reconocerla inmediatamente.
-¡Miss Holiday!-saludó efusivamente el chico y la mujer levantó la mirada.
-Kurt Hummel,-contestó ella al saludo sonriendo y acomodando su cabellera rubia-había olvidad por completo que estudiabas aquí, en la academia Dalton.
-Yo creía que usted no seguía dando clases-contestó el chico ignorando las miradas de todos los demás alumnos que se preguntaban cómo se conocían.
-Bueno hace ya algún tiempo qué…-dijo Holly Holiday antes de ser interrumpida por un suave golpeteo en la ventana de la puerta.
-Buenos días señorita Holiday,-saludó cortésmente Spencer Scourge cuando la maestra sustituta le abrió la puerta, parecía sorprendida de verle- ¿Podría habla con usted un minuto? En el pasillo.
La maestra de español se disculpó con sus alumnos y correspondió a lo que él suplicaba. Spencer y Holly debían de tener más o menos la misma edad. Ya se conocían, hacía mucho tiempo atrás y, quizás, se conocían muy bien.
-¿Qué crees que estás haciendo aquí?-preguntó Scourge de forma un tanto agresiva.
-Dando clases ¿Qué más?-contestó Holiday si perder su brillante sonrisa.
-¿En Dalton? ¿Estás loca?-volvió a inquirir él- Mi mujer está en nuestra casa, en St. Gregory, y la gente habla demasiado. ¡Alguien podría vernos!
-Vamos, no es como si estuviese haciendo algo malo.
-¿No es como sí…? ¿A caso no te das cuenta de lo que sucede Holly? Somos dos maestros de preparatoria que mantiene en secreto una relación adultera.
Spencer Scourge se veía muy alterado. Su situación laboral estaba en riesgo ahora, mientras ella estuviese allí.
-Escucha,-continuó él un poco menos acelerado ahora que podía pensar un poco más las cosas- entiendo que tú, quizás no tengas mucho que perder. Pero yo tengo todo en riesgo: mi trabajo, mi matrimonio, la mujer de mi vida…
Holly Holiday lo miró, perdida. Entendía, pero aquello solo la irritaba un poco más.
-Creí que yo era la mujer de tu vida- comentó ella sínicamente.
Spencer miró el suelo y lanzó un suspiro. Había metido la pata ¿cierto?
-Lo eres Holly y ya lo sabes pero yo…
-No está bien,-siguió ella ofendida- será mejor que regrese a mi clase, quizás tu deberías hacer lo mismo.
Y dciho esto cerró la puerta antes sus narices. Scourge no se movió, la observaba desde la ventana de la puerta del salón 306, como un niño regañado que espera alguna pista de perdón.
-Muchachos,-volvió a decir en español la maestra Holiday- debo decirles que mis métodos de enseñanza no son del todo convencionales. El señor Hummel no me dejará mentir…
Kurt sonrió para sí. Le encantaban los métodos de enseñanza de Holly Holiday.
-Así que, continuó la mujer- mejor será que coloquen sus bancas contra la pared, necesitaremos el mayor espacio posible.
Mientras los estudiantes correspondían a las sencillas ordenes de Holly Holiday, ella sacó una grabadora, la colocó sobre el escritorio y presionó el botón de música comenzó y Kurt notó que la maestra no dejaba de mirar por la ventana que daba al pasillo, como si esperara que, quien fuera que estuviese afuera, prestara atención a lo que estaba por decir.
-¿Por qué será? Si no lo tienes más lo quieres- Comenzó a cantar en español la señorita Holiday- ¿Por qué será? Cuando lo tienes ya no quieres.
Kurt entendía la mayor parte de lo que decía la canción. Quizás debido a sus anteriores clases con el señor Schuester en McKinley era uno de los mejores en español. De pronto el chico sintió que la maestra le estaba cantando a él.
-El mundo no entiende de amores ya, estoy tan cansada de esperar si duermo despierto para bailar- siguió cantando Holly Holiday frente a todos sus alumnos y Kurt recordó la sesión de New Directions en que habían cantado Forget you- y tú no te decides por ninguna de las dos; y tú no te decides por ninguna de las dos.
Entonces la letra de la canción golpeó fuertemente a Kurt en el pecho. ¿Quizás iba siendo hora de que si tomara una decisión. La maestra de español no sabía nada acerca de Blaine o Eric y, en realidad, no cantaba para Kurt, cantaba para el hombre que estaba a punto de volverla loca, el hombre del que era cómplice en una relación que no debía ser, pero que ambos querían que fuera.
-Ella es bonita, ella es bonita. Aunque tiene mal humor aunque no me quiere a mi- Holly Holiday estaba seguro de que todo aquello era verdad a pesar de que no conocía a Rosie Scourge. La gente podía pensar que su relación con Spencer era solamente un juego pero, por desgracia, había terminado enamorándose del hombre que menos esperaba, y eso la molestaba demasiado- Ella es bonita, ella es bonita. Aunque no te deje ir, aunque no me quiere a mí. Ella es bonita.
…
Aún a la hora del almuerzo Kurt esperaba que las memorias sobre la noche anterior aterrizaran en su cabeza. El chico había pasado la mañana pensando en ello y las cosas solo habían empeorado cuando Holly Holiday, con su canción, lo había puesto a pensar también en Blaine y Eric.
Kurt entró acompañado de Matt a la cafetería. En una mesa Blaine conversaba con David y Wes posiblemente acerca de futbol o de Julliard. En otro sitio del comedor, Eric aguardaba en silencio mientras jugueteaba con la comida, solo. Kurt miró a uno y luego al otro varias veces mientras la voz de la señorita Holiday le repetía en su cabeza: Y tú no te decides por ninguna de las dos; y tú no te decides por ninguna de las dos.
-¿Aun enojado con tu novio Miss Broadway?-preguntó Wickham sin levantar la mirada de su plato cuando el chico se acercó a su mesa para hacerle compañía- Lamentó mucho que no haya llegado anoche y, respecto a lo que sucedió…
Eric sonreía de forma que su rostro brillaba de una forma encantadora, Kurt nunca lo había visto tan feliz. El chico había esperado toda la mañana para hablar con Kurt, para decirle lo diferente que se sentía, lo mucho que le quería.
-Ahora que lo mencionas, justamente de eso quería hablar contigo-dijo Kurt y Eric sintió un agradable hormigueo en la boca del estómago- No recuerdo nada de lo que sucedió anoche.
La sensación desapareció en Eric. Sus esperanzas desaparecieron, casi como el recuerdo de la noche anterior.
-No sucedió nada anoche, respondió Eric en voz baja- nada de lo que debas avergonzarte si es lo que te preocupa. Solo bebiste un poco de más y te subiste a cantar al escenario pero no fue algo bochornoso, en realidad estuviste bastante bien.
-Vaya, muchas gracias Eric-contestó su amigo, más relajado que antes- no sabes el alivio que significa eso para mí.
Quizás sería mejor guardar el secreto del beso solo para él. Eric miró a Blaine sobre el hombro de Kurt. Las cosas serían mejor para ellos dos, incluso si eso significaba que él fuera infeliz.
…
-Kurt, ¿puedo hablar contigo?- dijo Blaine interceptando a su novio de camino a su reunión de warblers.
El menor de los dos chicos asintió sin decir palabra. Imaginaba por donde iba la situación.
-Quiero pedirte una disculpa,-continuó Blaine- por todo. Por mis ataques de celos y por no confiar plenamente en ti, en nosotros. Espero que entiendas que ese no soy yo. Yo soy el chico del que te enamoraste antes, el que te ha cantado canciones cuando estamos a solas. Y espero que puedas entenderme y darme otra oportunidad.
Kurt miró a su novio. Podía tener mil dudas acerca de cualquier cosa pero, si algo tenía seguro, era que no podía permanecer enojado para siempre con aquel muchacho tan dulce. Lo sabía desde el día que le había visto cantar Teenage Dream en la academia, lo supo cuando lo tomó de la mano y cuando no dudo en enfrentarse a Karofsky por él.
-Blaine,-siguió Kurt- yo tampoco he sido precisamente el mejor novio. No debí haberme enojado contigo cuando me comentaste acerca del club glee de Sally. Es tu amiga y lo entiendo, y también entiendo lo importante que es para ti esa beca y no puedo permitirte que pierdas esa oportunidad…
-Hablando de ello,- le interrumpió Blaine- en quince minutos tengo una audición con ellos, con Totally Awesome. Si entro podría participar junto con ellos en la competencia de dentro de dos semanas.
-¿En la misma en la que participarán los warblers?
-Precisamente,-contestó el mayor de los dos chicos- ¿No estás molesto?
Kurt lo miró y le tomó las manos.
-Blaine, eso es estupendo.
Eric miraba la escena desde dentro del salón de música. No podía escuchar nada de lo que decían, pero verlos era más que suficiente para comprenderlo. Las cosas eran fabulosas tal como estaban para aquellos dos, se pertenecía el uno al otro y así era como las cosas debían ser. Estaba seguro de que jamás había presenciado amor tan puro, tan palpable como el de Blaine y Kurt, y él no era quien para arruinarlo.
Amaba a Kurt, no tenía duda de ello. El beso de la noche anterior solo le hacía reafirmarlo, pero, ¿Qué tal si Kurt no había sentido la misma chispa? El pobre chico ni siquiera podía recordarlo. Eric sabía perfectamente que ya no debía acercarse a él, no quería lastimarle. Todo la gente que él había querido alguna vez se había alejado de él por alguna razón y no quería que esta vez fuese igual. Ahora debía alejarse él si quería que el amor de su vida fuese feliz. Y no había cosa en el mundo que él deseara más que la felicidad de un Kurt Hummel.
Los warblers fueron entrando al salón en pequeños grupos de dos o tres y tomaron sus asientos. Kurt se despidió de su novio deseándole suerte en su audición y fue a sentarse junto a su amigo Eric Wickham.
Eric sabía que tenía que buscar la forma de mantenerse alejado de él, que nada bueno saldría de pasar más tiempo juntos. Pero eran aquellos ojos azules lo que lo manipulaban, lo que lo ataban al hermoso Kurt Hummel. Solo pensar en estar lejos de él le lastimaba el pecho, jamás le desearía el mal de ninguna forma, tan solo quería que Kurt fuera feliz de cualquier forma. Lo amaba, y justo por eso, y porque Kurt y Blaine se amaban, tenía ahora que hacerlo lo que ya sabía.
El profesor Scourge entró a la habitación seguido de Holly Holiday, ella era tan sonriente y espontánea, y el tan frío y escrupuloso. Eran, posiblemente, las personas más distintas una de otra.
-Jóvenes, buenas tardes.-saludó Scourge-El día de hoy tenemos una invitada. La señorita Holiday será maestra de español en la academia durante la ausencia de la señora Torres, espero que podamos hacerla sentir cómoda entre nosotros.
Se escuchó un comentario de aprobación entre los warblers y el maestro continuó.
-Bueno nuestra tarea para el día de hoy es justamente eso- todos los warblers parecían confundidos, Scourge no había explicado si quiera – practicaremos nuestro canto y, al mismo tiempo nuestro español, como un pequeño experimento. Así que todos tendrán que investigar canciones en español para el día de…
Esta vez nadie se sorprendió de ver la mano de Eric alzada. Las últimas sesiones él se había encargado de abrir los números musicales inesperadamente. Wickham sólo podía pensar que esta podía ser su oportunidad para alejarse un poco de Kurt, aunque fuera por solo un momento.
-Yo,-dijo Eric con la voz un poco entrecortada- yo me sé una canción en español.
-Bueno, adelante señor Wickham, el público es todo suyo.
…
Blaine se sentía nervioso por primera vez en un largo rato. Estaba parado frente a once chicos y chicas que lo miraban expectantes, pero, más que nada, le aterraba la idea de que estaba sobre un escenario. ¿Y si no lo conseguía? ¿Y si ellos no querían a alguien como él en su glee club?
-Blaine,-comentó sonriente Darren Richter, el líder de Totally Awesome- verás, ya hemos revisado todo tu trabajo con los warblers desde hace un semestre. Nos gustó especialmente tu versión Hey, Soul Sister, sin embargo creo que todos…
La mirada de Sally Conrad llamó su atención entre aquellos once chicos. La chica se veía entusiasmada, sonreía, parecía esperanzada. Era su amiga, pero Blaine sabía que ella esperaba de aquello más que solo un nuevo integrante del grupo. Ella buscaba en él más que solo un amigo.
-¿Todo bien, Blaine?-Continuó Richter-Esperamos a que cantes algo distinto, algo que sea un poco menos conocido a lo que cantas la mayoría del tiempo. ¿Estás bien con eso?
-Bien, adelante. Tú canta cuando te sientas listo.
…
Todos los warblers tenían sus miradas puestas sobre Eric, listos para escucharle cantar. Él estaba listo para cantar, para abrir su pecho y dejar salir todo lo que tuviera que salir. La música comenzó y Eric cerró sus ojos con fuerza, apenas podía pensar en las letras de aquella canción sin que le doliese en el corazón, ¿Cómo iba a ser de cantarla? Luego abrió los ojos y lo vio sentado frente a él. Cantaba por Kurt, por nadie más.
-Aléjate de mi, hazlo pronto antes de que te mienta.-comenzó a cantar Eric con los puños apretados, le dolía-Tu cielo se hace gris, yo ya camino bajo la tormenta. Aléjate de mi, escapa, vete ya no debo verte. Entiende que aunque pida que te vayas, no quiero perderte.
- La luz ya, no alcanza,- Cantó Blaine la misma canción aunque se encontraba lejos de la Academia Dalton, sin saber que Eric la cantaba a su novio.- no quieras caminar sobre el dolor descalza. Un ángel te cuida,
- y puso en mi boca la verdad para mostrarme la salida-Cantaron juntos Blaine y Eric, sin estar uno junto al otro, cantando a diferentes personas. -Y aléjate de mi amor. Yo se que aun estas a tiempo, no soy quien en verdad parezco y, perdón, no soy quien crees, yo no caí del cielo. Si aún no me lo crees amor, y quieres tu correr el riesgo, verás que soy realmente bueno en engañar y hacer sufrir,
-A quien más quiero- cantó Eric mirando a Kurt mientras una lágrima, quizás la primera lágrima que él había derramado por otra persona, resbalaba por su mejilla. No quería verlo partir de su vida, pero si era necesario para que Kurt fuese feliz, entonces así debía ser.
-A quien más quiero.- repitió Blaine mirando a Sally desde el escenario, esperaba que, de esa forma pudiera convencerla de que ellos no estaban destinados a estar juntos. Que lo que había existido antes había sido sólo un erros y no quería volver a herirla- Aléjate de mi pues tu bien sabes que no te merezco. Quisiera arrepentirme, ser el mismo y no decirte esto. Aléjate de mi, escapa, vete ya no debo verte, entiende que aunque pida que te vayas no quiero perderte.
- La luz ya, no alcanza,- sonaba la voz de Eric en el salón de música de los warblers- no quieras caminar sobre el dolor descalzo. Un ángel te cuida,
Y entonces regresaron a su boca las letras del coro, las que más le herían aunque sabía que eran verdad.
-y puso en mi boca la verdad para mostrarme la salida-volvieron a cantar a dueto los dos chicos -Y aléjate de mi amor. Yo se que aun estas a tiempo, no soy quien en verdad parezco y, perdón, no soy quien crees, yo no caí del cielo. Si aún no me lo crees amor, y quieres tu correr el riesgo, verás que soy realmente bueno en engañar y hacer sufrir,
-y hacer llorar-continuó Eric
-a quien más quiero!-cantaron juntos a todo pulmón.
- Y aléjate de mi amor.- Volvió a cantar Eric casi en un susurro. Sufría de solo pedírselo, pero no quería ser él quien lo lastimara, no quería causarle ningún daño. Lo amaba, aunque jamás se lo hubiese dicho, era verdad. Las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas, era una sensación nueva para él, y lo odiaba.-Yo se que aun estas a tiempo, no soy quien en verdad parezco y, perdón, no soy quien crees, yo no caí del cielo.
-Si aún no me lo crees amor, y quieres tu correr el riesgo, verás que soy realmente bueno en engañar y hacer sufrir,
-A quien más quiero.-cantó Eric por última vez sin despegar sus ojos de los de Kurt.
…
-A quien más quiero-repitió Blaine pensando en Kurt, sonriendo.
- Gracias Blaine,-anunció Darren mientras anotaba algunas cosas en una libreta- puedes esperar en los vestidores del auditorio y nosotros te daremos el veredicto final en unos minutos.
…
Apenas termino la sesión de glee, Kurt se acercó lentamente a Eric que estaba de espaldas a él, guardando algunas cosas en su mochila.
-Eric, solo quería decirte que,-titubeó- que tu canción de hoy fue hermosa. No pude entender algunas palabras pero verte cantar así fue solamente…
-Kurt, no sigas- interrumpió Eric- yo ya no puedo seguir tan cerca de ti.
Kurt lo miró. Aún tenía los ojos rebosantes de lágrimas, aún podía percibirse todo ese sentimiento de dolor en él.
-¿No te das cuenta, Kurt? Todo lo que canté, todo lo que decía mi canción era acerca de ti. Yo no quiero hacerte daño, tú debes dejar de buscarme por eso. ¡Date cuenta! Blaine te ama, y sabes que tú lo amas a él. Entonces ¿por qué sigues haciendo esto? Yo no soy para ti, tú ya tienes a alguien a quien querer no importa cuánto me duela eso a mí. Así que, por favor, deja ya este estúpido juego por la paz.
Se miraron en silencio por un instante. Luego Eric tomó sus cosas y salió del salón, dejando a Kurt pensando en lo último que le había dicho. Y, ¿si era cierto todo aquello? Era verdad que amaba a Blaine pero, ¿debía solo ignorar todo lo que había sentido los últimos días por Eric? No entendía bien la reacción del chico, ¿por qué solamente había actuado de aquella forma? Lo que si entendía ahora, era que algo suficientemente malo había sucedido la noche anterior.
Kurt salió del aula con la mirada baja, pensando, justo en el momento en que entraba otra vez el señor Socurge y la señorita Holiday. Él tenía el ceño fruncido, mientras que ella caminaba tras él, suplicante. Obviamente discutían, pero Kurt no lo notó.
-Ya te lo dije Holly,- dijo Spencer mientras se sentaba en su escritorio a revisar su lista de posibles números para los próximos regionales a los que los warblers se enfrentaban en dos semanas- nadie puede verte aquí, conmigo. La gente podría empezar a decir cosas.
-Vamos Spencer,-siguió ella subiéndose al escritorio, muy cerca de él- ella no está aquí. Rosie no tiene por que enterarse.
Spencer Scourge no podía oponerse más a ella y se dejó besar por su bella amante rubia. Era difícil mantener una relación prohibida como aquella, pero ¿Cómo podía resistir al gusto de aquel pecado que lo hacía sentirse diferente, nuevo, espontaneo? Con ella era joven otra vez, con la eterna adolescente Holly Holiday. La amaba.
Holly tomó a Spencer por el cuello y la carpeta amarilla que llevaba bajo el brazo resbaló cayendo estrepitosamente sobre el escritorio. Exámenes, trabajos, boletas, todos los pápeles de la joven maestra se desparramaron sobre el escritorio y el piso. Uno en especial llamó la atención de Spencer que no pudo evitar abrir los ojos en el momento del impacto.
La hoja llevaba por encabezado: Laboratorios Clínicos de Ohio. Era, al parecer, una especie de puebla clínica. Spencer dejo de besar a Holly, preocupado e inspeccionó los resultados de la prueba de sangre, estaban a nombre de ella y el resultado era positivo. Las peores sospechas de Spencer aparecieron en su cabeza ¿podría ella estar…?
-Holly,-llamó él más preocupado que nunca- ¿Qué es esto?
La maestra, alarmada, le arrebató la hoja y la escondió rápidamente.
-Oh, no es nada- contestó sin titubear pero con la mirada en otro lado- tu sabes me sentía un poco mal y fui al doctor…
-Holly, dime la verdad. ¿Estás embarazada? ¿Estás esperando un hijo mío?
-No, yo no…
-Los resultados de la prueba son positivos. Por favor Holly, solo dime la verdad.
-Ya te lo he dicho, no estoy embarazada-contestó ella con la voz cortada, él se daba cuenta de que no le decía la verdad.
-¡Carajo Holly!-gritó él- soy un hombre casado y mi matrimonio se podría ir a la mierda por esto. ¡Ya basta de mentiras!
…
Blaine esperaba ansioso en los vestidores detrás del escenario del teatro Windsor. Estaba seguro de que le había ido bien, estaba contento, confiado. La imagen de él reconciliándose con Kurt vagaba en su cabeza. Estaba tan feliz por ello, porque las cosas al fin se habían arreglado y porque lo amaba como a nadie más. Ya no le importaba que Eric Wickham pareciera estar en todos lados porque nada ni nadie podía ponerse entre él, Blaine Anderson y su amado Kurt Hummel, el chico que más le robaba el aliento.
-¿Puedo pasar?-llamó la alegre voz de Sally Conrad al otro lado de la puerta.
-Claro pasa-contestó Blaine atándose las agujetas de los zapatos- ¿Has venido a darme el veredicto final Sals?
-En realidad aún no.-contestó la chica sentándose a su lado- Los dejaste encantados, pero aún están discutiendo algunas cosas. Darren dice que le recuerdas a él mismo cuando empezó a meterse en todo esto del show de coro, y que ve mucho futuro en ti. Creo que puedes estar tranquilo.
Blaine sonrió. Ella parecía ahora un poco más distante, quizás había entendido todo lo de la canción, quizás no. En realidad ya no le importaba mucho, estaba emocionado.
-En fin,-siguió la chica- creo que te dejo a solas un rato. Regresaré para ser yo quien te dé la decisión final.
Sally regresó al teatro dejando a Blain consigo mismo y el silencio. La peor de las compañías cuando se espera una decisión determinante.
De pronto el teléfono celular de Blaine comenzó a vibrar. Un mensaje. Quizás era Kurt queriendo estar al tanto de la audición. No, se trataba de un número desconocido. Blaine abrió el mensaje curioso y la pantalla desplegó una imagen.
Una fotografía ocupaba todo el display del iPhone de Blaine, una fotografía que le arrebató el alma en un segundo y destruyó su mundo por completo. Kurt besaba a Eric Wickham con una especie de pasión en un lugar que Blaine reconoció como McCarties, el viejo Pub irlandés del centro de St. Gregory. Llevaba la ropa de la noche anterior por lo que el muchacho supuso que la foto era reciente. Debajo de ella solo aparecía el texto: "Con cariño para un buen amigo, J. "
Una lágrima cubrió la pantalla del teléfono celular. Blaine no sabía ahora que pensar. Un gran hueco era lo único que quedaba donde, solo minutos antes, había existido un latido. La única persona a la que podía amar en verdad, el único que hacía latir su corazón lo había roto también. Su primer gran amor lo estaba matando.
Blaine comenzó a caminar arrastrando los pies, buscando la salida de emergencias, escapando del teatro.
-Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad. Él me mintió,- cantó Blaine en un susurró, intentado evitar que las lágrimas siguieran brotando de sus ojos sin éxito. No quería llorar pero su corazón le decía ahora que era lo único que podía hacer, nada más- no me amaba, nunca me amó. Él dejó que lo adorara, él me mintió. Él me mintió, era un juego y nada más, era sólo un juego cruel de su vanidad. Él me mintió…
No podía quitarse aquella imagen de su cabeza. Tanto tiempo amándolo, tanto tiempo sufriendo por él y hasta ahora podía darse cuenta. Pero no quería no quería que nada de aquello fuera verdad, le amaba y quería creer que todo aquello solo era un tonto sueño. Una pesadilla de la que pronto iba a despertar. Kurt, el inocente y dulce Kurt lo había engañado, solo eso era verdad.
-De todo el amor que juraba, jamás hubo nada. ¡Yo fui simplemente otro más que lo amaba! –Blaine siguió cantando a lo largo del oscuro pasillo, apretando aquel maldito celular en sus manos, con el corazón roto y las lágrimas brotando desde el fondo de su alma- Mentiras, todo era mentira: los besos, las rosas, las falsas caricias que me estremecían...
…
-Juro, lo juro. Juro, lo juro. Juro, lo juro. Juro, lo juro…- Cantaba Holly Holiday enfadada, ella y Spencer jamás dejaban de discutir, y ni siquiera era ella la que estaba casada con él
-Dime por qué, me dices siempre solamente mentiras.- Cantó Spencer Scourge en voz alta mirando a Holly a los ojos. Por una vez en la vida de su relación, lo único que quería era la verdad.- Dime por qué, no dices nunca la verdad. Dime por qué, me dices siempre solamente...
-¡¿Mentiras?- Cantó Holly contestando furiosa, no podía soportarlo más- ¡Mentiras! Tú me enamoraste a base de mentiras. ¡Mentiras! Tú me alimentaste siempre de mentiras. ¡Mentiras! Qué estúpida que siempre te creí…
- ¡Dime por qué!-contestó él.
-Mentiras. ¡Mentiras! Que me queman como fuego
- Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad- Se hubiese podido haber escuchado la agonizante canción de Blaine si no fuera porque el fuego del momento se levantaba con sus voces hasta llegar al techo.
-Mentiras. ¡Mentiras! Que se clavan en mi pecho
- Él me mintió- Repitió Blaine en algún lado del pueblo de St. Gregory
-Mentiras. ¡Mentiras! Que me matan, que se ríen de mí…
- ¡Dime por qué!
- ¡MENTIRAS!- Cantaron los tres al mismo tiempo. Holly en la puerta de la sal de música, dispuesta a salir; Spencer, apoyado en su escritorio, dando la espalda a la señorita Holiday y Blaine, a la salida del teatro Windsor de rodillas, llorando en soledad.
Holly cerró la puerta del salón y, sin pensarlo dos veces regresó hasta donde estaba el Sr. Scourge, de espaldas a ella.
-Spencer,-comenzó ella en un hilo de voz, mucho más tranquila ahora. Scourge se dio la vuelta- tienes razón, no he sido del todo sincera contigo.
Spencer se dio la vuelta para escucharla. No quería seguir discutiendo, pero tampoco podía soportar más mentiras.
-No estoy embarazada de ti,-continuo Holly- Pero debí haberte hablado también de esos exámenes.
Spencer se acercó a ella y tomó sus manos entre las suyas. Cualquier cosa que fuera decir quería que ella supiera que estaba ahí con ella, porque la amaba a pesar de todo. Holly miró el piso, lloraba, no sabía cómo decírselo.
-Spencer, mi amor,-susurró ella- tengo VIH positivo…
Holly reventó en lágrimas y Spencer, sin decir nada, la abrazó. No sabía que decirle, solo se ocurría abrazarla, nada más. Era imposible, ella no… ¿Qué iba a pasar ahora? No lo sabía, nadie lo podía saber.
…
Las últimas clases del día siempre parecían una tortura y, en realidad, el día entero había sido una sufrida pesadilla para Kurt. Ahora solo tenía la esperanza de volver a encontrarse con Blaine por la noche y abrazarlo como nunca lo había hecho.
Había tomado una decisión, y esa era Blaine. Ya no le importaba nadie más que él. Le amaba.
Kurt caminaba por el pasillo en dirección a los dormitorios de la academia. Había sido el día más cansado de la semana y, por suerte, era viernes, final de semana. Ya al siguiente día tendría el día más libre e incluso podría ir a casa, a Lima. Al fin podría salir un poco del drama de Dalton, quizás su papá hasta le permitiría que Blaine pasar una noche en casa con él y su hermano Finn. Sería divertido.
Apenas llegaba a los primeros dormitorios cuando, saliendo de su habitación encontró a Blaine. Se veía tan apuesto como siempre, pensó Kurt. Con su cabello perfectamente peinado y su uniforme impecable. Lo extrañaba tanto en los warblers que ahora estaba dispuesto a recompensar todo el tiempo que habían perdido.
-¡Blaine!-gritó Kurt contento de encontrar a su novio y corriendo hacia donde estaba él
Al llegar a su lado Kurt le tomó delicadamente la mano y Blaine, en su lugar, la deslizó liberándola de la del chico. Kurt miró su cara y se encontró con el semblante más triste que alguna vez hubiera conocido de él. Sus ojos lo miraban suplicantes, el labio inferior temblaba y había desaparecido aquel halo de luz que Blaine solía cargar consigo. Cualquier podía notar que algo estaba matándolo por dentro, consumiéndolo poco a poco.
-Blaine,-llamó Kurt- ¿Qué sucede? ¿Está todo bien?
-Kurt,-contestó su novio incapaz de mirarlo a la cara, sabía que si lo hacía solo llegaría a su mente la infame imagen de aquella fotografía- quiero terminar.
-¿Que quiere qué?-contestó Kurt tartamudeando, seguro de que había escuchado mal- ¿Blaine de que hablas?
-Yo sé que no me puedo entrometer entre tú y el amor.-siguió Blaine con la voz entrecortada- No quiero ser yo quien te lastime, no quiero ser yo quien te ate a estas cadenas y creo que, por eso, es mejor que lo dejemos todo.
Kurt no podía seguir escuchando más. No podía creer ninguna palabra. Blaine dibujo su más triste sonrisa.
-¿Sabes? Han sido los tres meses más hermosos de mi vida, y siempre los recordaré así…
-No entiendo de que hablas-dijo Kurt tomando la mano izquierda de su novio entre las suyas.
Blaine cerró los ojos. Aquella forma en que él lo tocaba, aquellas caricias de niño, sus ojos, su rostro de porcelana, todo aquello lo iba a extrañar de él. Pero sabía que así era mejor. Una lágrima resbaló por su mejilla y volvió a libera su mano, lentamente.
-No, no es necesario que lo entienda, porque nunca le ha servido la razón al corazón, el corazón no piensa…-cantó Blaine quedamente, intentando mantener la calma, simulando serenidad- No mi vida, ¿para qué te esfuerzas? No me tienes que explicar, siempre amaré tu libertad, por mucho que eso duela…
Blaine acarició el rostro de Kurt por última vez. El menor de los chicos ya no podía contener las lágrimas. ¿Era esto el fin? Después de todo lo que habían luchado para permanecer juntos. No podía dejarlo, no podría vivir sin él. Todo este tiempo le había costado tanto trabajo darse cuenta de a quien amaba y ahora él se estaba marchando de su vida.
-Y si, entiendo que quieres hablar, que a veces necesitas saber de mi pero no sé si quiera saber de ti, y vivir así, seguir así… pensando en ti- Siguió cantando Blaine mientras una silenciosa y cristalina lágrima nacía en su mirada - Suelta mi mano ya por favor, entiende que me tengo que ir. Si ya no sientes más este amor no tengo nada más que decir. No digas nada ya por favor, te entiendo, pero entiéndeme a mí. Cada palabra aumenta el dolor y una lágrima quiere salir.
-Blaine, no-consiguió decir apenas Kurt- por favor no me dejes…
-Si, entiendo que quieres hablar, que a veces necesitas saber de mi pero no sé si quiera saber de ti, y vivir así, seguir así… pensando en ti.- Blaine se dio la vuelta en el pasillo y comenzó a caminar alejándose, cantando para sus adentros mientras las lágrimas le quemaban el alma y el rostro-Suelta mi mano ya por favor, entiende que me tengo que ir. Si ya no sientes más este amor no tengo nada más que decir. No digas nada ya por favor, te entiendo, pero entiéndeme a mí. Cada palabra aumenta el dolor y una lágrima quiere salir.
