Mente rota, alma quebrada
Amor y guerra
Era cerca de mediodía y Harry se encontró de repente subiendo la escalera a los dormitorios. Sintió miedo estrujándole el estómago. ¿Qué había pasado? ¿Por qué de pronto estaba ahí? ¿Por qué los vacíos de memoria se habían multiplicado esos días? Corrió el resto del trayecto y fue directo a agarrar el diario. Pero antes de que pudiera escribir nada entró Ron, tenía aspecto de estar fastidiado.
—¡Harry! ¿Qué pasa? Recién pasaste de largo como si yo no existiera. —se quejó Ron que había estado jugando un solitario en la sala común cuando Harry había entrado. Y lo había dejado solo toda la mañana además. Se había quedado en Hogwarts para acompañarlo pero Harry se iba durante horas y él se aburría.
—Perdón… —se disculpó Harry al tiempo que cerraba el diario y lo apretaba contra su pecho. —Entré pensando en otra cosa y no te vi.
—¿Y en qué venías pensando?
—Vine a buscar este libro… eh… en la última penitencia Snape me asignó un deber de diez carillas y es mejor que me ponga a redactarlo porque sólo me queda una semana.
—Ah… ¿no querés que te ayude?
—Mejor no… Snape me amenazó… que si se llegaba a enterar de que me habían ayudado me iba a sacar cientos de puntos.
—¡El muy cretino grasiento!
—Tengo que ir a la biblioteca porque voy a necesitar consultar otros libros. Pero mejor no vengas porque Snape podría vernos y sospecharía que me estás ayudando.
oOo
Pero Harry no bajó a la biblioteca, Hermione seguramente estaría allí y a ella le iba a resultar más difícil engatusarla. Fue al campo de quidditch y se sentó en una de las tribunas.
Silas, ¿vos sabés lo que está pasando? —escribió.
Sí. —respondió el alter lacónicamente. Como no agregó nada más Harry se empezó a inquietar.
¿Es algo serio?
No, Harry. —intervino Gabriel— Lo que pasa es que Silas se está comportando como un nene caprichoso.
¡Claro que no! —protestó Silas vehemente y luego más medido prosiguió— Estoy preocupado por vos. Parece que tus sentimientos por los profesores han crecido mucho y eso es algo que no sabés bien cómo manejar y Rose toma tu lugar.
No entiendo. —escribió Harry arrugando la frente.
De eso se trata justamente. —apuntó Gabriel— A vos te resulta difícil entender el amor y Rose se hace cargo.
Harry se quedó mirando con desconcierto la palabra de cuatro letras. Amor. Él respetaba a los profesores, confiaba en ellos, le caían bien y les tenía afecto. En cierta forma también eran sus amigos. ¿Significaba que había llegado a amarlos? Remus le había dicho que lo querían, pero los términos a veces se usan de manera poco precisa. Él no se había puesto a pensar hasta ése momento cuáles eran sus sentimientos hacia ellos. Y al parecer los amaba.
Y ahora… ¿qué se suponía que hiciera? ¿Cómo iba a encarar esa nueva realidad si ni siquiera podía hablar con ellos? Estaba de nuevo solo. Pero antes de que el miedo y la desesperación se apoderaran de él recordó que no estaba solo. Tenía a sus alter. Con ellos en cierta forma seguía solo… pero en cierta forma no.
¿Remus sabe de nosotros?
Desgraciadamente. —señaló Silas.
Oh, vamos… —escribió Gabriel— Se iba a enterar tarde o temprano. Y creo que él nos puede ayudar incluso más que Snape.
Era extraño que Silas no argumentara nada más. ¿Hay algo que esté mal, Sy? ¿Pasó algo?
¿Sy? —repitió el aludido claramente sorprendido. Era increíble cómo Harry podía darse cuenta de sus reacciones y emociones, en parte por la letra pero más por la forma en que se movía su mano.
Perdón. —se apresuró a disculparse Harry.
No hace falta que te disculpes.
Yo creo que es muy tierno. —escribió Gabriel burlón, era claro que se estaba riendo.
Supongo entonces que no te va a importar que yo empiece a llamarte Gabe— lo espoleó Silas. El silencio de Gabriel/Gabe fue por demás de elocuente.
¿Qué es lo que está mal? —preguntó Harry para que la conversación volviera al punto pertinente.
Sé que vos los perdonaste y puedo entender las razones que adujeron... ¿pero acaso podemos estar seguros de que no se va a repetir? Podrían enterarse de algo y decidir que es mejor no contárnoslo. —explicó Silas.
No creo que se repita, creo que les dejamos claro que no lo toleraríamos. —argumentó Gabriel.
No los necesitamos. —porfió Silas— Podemos cuidarnos solos.
Pero sí los necesitamos. —opinó Harry— ¿Quién más me puede ayudar a conocer mejor a Rose y a integrarme con ella?
Exactamente. —lo secundó Gabriel— Harry necesita integrar a más de nosotros. Así como está es vulnerable. Acordate de los dementors.
Los tengo bien presentes, perdé cuidado. Pero los profesores están muy involucrados emocionalmente, eso va a nublar su criterio. Deberíamos encontrar a alguien distinto para que nos ayude.
¿Y quién se te ocurre? —demandó Gabriel— Además no creo que a Snape las emociones le nublen el criterio, si casi no tiene emociones.
¿Y entonces por qué no nos dijo nada de papá y Black? —escribió Silas.
Buen argumento. —concedió Harry— ¿Pero quién va a ayudarnos entonces? Yo no quiero decírselo a nadie más. Y en ellos dos confío.
Queda decidido entonces. Seguís con Snape y ahora también con Remus. —concluyó Gabriel.
¿Y cómo vamos a hacer para que no salga Rose? —preguntó Harry.
A Silas ya se le va a ocurrir algo. —le aseguró Gabriel.
¿Sy? —lo tanteó Harry.
Voy a pensarlo.
Harry se dio cuenta de que no iba a obtener más por el momento. Cerró el diario y volvió al castillo. Estuvo jugando al ajedrez y a las cartas con Ron hasta la hora de la cena. Ron estaba mucho más contento cuando bajaron al Gran Salón, tanto así que no le hizo ningún comentario agrio a Hermione cuando vino a sentarse con ellos.
oOo
Cuando Harry se durmió, Silas se levantó con el ceño fruncido. Se puso a escribirles una carta a los profesores Snape y Lupin. Si por él hubiera sido, los habría hecho a un lado. Pero Harry y Gabriel opinaban distinto. Con un esbozo de sonrisa en los labios se encaminó al lechucero para mandar la carta. Se veía obligado a capitular debido a los deseos de Harry, pero sólo estaba dispuesto a ayudar con lo mínimo indispensable, cuando los profesores volvieran a traicionarlos la culpa no sería de él.
oOo
Harry se despertó jadeante y sudoroso. Había soñado que Lockhart había vuelto. Se había metido en su cama y lo había manoseado mientras le susurraba cuánto lo amaba.
Estaba amaneciendo y la habitación estaba en penumbras. Se bajó de la cama y corrió hacia el baño. Encendió las luces y se metió de inmediato en la ducha. Se frotó entero furiosamente. Las lágrimas se mezclaban con el agua que le caía en la cara. ¿Por qué volvía a repetirse? ¿Por qué las pesadillas recurrentes? Mucho le hubiese gustado ir corriendo a contarle a Snape… pero no podía… no se animaba.
¿Y por qué tenía esas pesadillas estúpidas? Lockhart nunca le había dicho que lo amara. Ni siquiera una vez. Sí le había dicho que era hermoso. ¿Y por qué lo hacía sentir tan mal pensar que amaba a Severus y Remus?
oOo
—¿Qué está pasando? —preguntó Gabriel en la sala de las almas. El suelo temblaba y una grieta había aparecido en el lugar donde había estado la puerta de Kit.
—La puerta de Kit quiere insinuarse otra vez. —explicó Silas con tono neutro— Harry la aceptó pero la unión es frágil. Es posible que vuelva a rechazarla.
—Eso no parece augurar nada bueno. —dijo Gabriel frunciendo el ceño.
—Por supuesto que no. —replicó Silas con una mueca de desdén pero la preocupación era clara en sus rasgos— No sé qué pueda pasar si Harry la separa otra vez… creo que todos nos debilitaríamos… ¡y mirá, la grieta se profundiza y se extiende!
—¡Voy a salir! —declaró Gabriel.
Harry se materializó en el sofá. Siempre dormía apaciblemente cuando estaba adentro pero en ese momento se sacudía y gemía en su sueño. Boy se había puesto a gritar en el armario.
Silas levantó suavemente la cabeza de Harry, se sentó y la acomodó sobre su falda. Comenzó a acariciarlo. Harry se fue calmando y finalmente se quedó quieto. Pero Silas no se detuvo. Harry estaba sufriendo y ellos necesitaban ayuda… e iban a tener que pedirla… ¡cómo detestaba tener que pedirla!
oOo
—¡Adelante! —dijo Severus y no se sorprendió de que fuera Gabriel el que había entrado.
—¿Recibió la carta de Silas? —preguntó yendo directamente al punto.
—Así es. —asintió Severus— Vos y Silas trataran de mantener controlada y adentro a Rose y a Harry debería irle bien en tanto Lupin y yo nos comportemos "neutrales" y no le instiguemos ningún sentimiento de… amor.
—Eso es. —dijo Gabriel— Y es preciso que arreglen las cosas rápido. Harry se está desmoronando y está causando estragos acá. —agregó llevándose una mano a la sien.
—¿Qué pasó? —preguntó Severus poniéndose de pie y acercándosele.
—Ha estado teniendo sueños de Lockhart. Se presentan hacia el final de la noche cuando los efectos de la media dosis de poción empiezan a desvanecerse. Para peor piensa que los ha perdido a ustedes dos, se ha vuelto muy inestable.
—Ya veo… —gruñó Snape frunciendo el ceño.
—Tuve que salir para evitar que rechazara de nuevo a Kit. Silas opina que eso sería muy malo para todos nosotros.
—Muy probablemente. —confirmó Snape— ¿Podría salir Harry? Quiero que se convenza de que no ha perdido nada.
—Sea muy cuidadoso. —le advirtió Gabriel— O Rose podría reaccionar.
—Me manejaré con prudencia.
Gabriel lo miró con desconfianza pero se retrajo y le devolvió el control a Harry. Harry miró alrededor confuso, la respiración se le aceleró de inmediato. Severus evitó deliberadamente tocarlo pero se agachó un poco y fijó en él una de sus más severas miradas de profesor.
—Respirá. —le indicó.
Harry obedeció y se esforzó para inspirar profundamente y alargar lo más posible los ciclos.
Severus asintió conforme y comenzó a hablar con tono calmo y neutral. —Como podrás ver, a Silas se le ocurrió un método para que podamos comunicarnos nuevamente. Es recomendable, sin embargo, que no pasemos demasiado tiempo juntos por ahora. Lo mismo vale para Lupin.
—Sí, señor.
—Tomá asiento. —ordenó Severus y él también fue a sentarse pero del otro lado del escritorio para de esa forma poner algo de distancia. Nunca en un millón de años se le habría podido ocurrir que llegaría a encontrarse en una situación en la que le resultara difícil tratar de contener sus sentimientos de afecto y… amor. —Estuviste teniendo sueños de Lockhart…? —preguntó, había estado a punto de agregar Harry pero había logrado evitarlo.
—Sí. —asintió Harry— No sé por qué.
—Llegaste a entender y a aceptar a Kit, pero eso no significa necesariamente que también llegaras a entender y a aceptar la situación.
—Entonces… ¿qué tengo que hacer para que no se repitan? —preguntó Harry con ojos llorosos al tiempo que se envolvía el torso con los brazos— Quiero dejar de soñar con eso… no quiero volver a pensar en eso nunca…
—Querés olvidarte. —dijo Severus con voz dura, era claramente una reconvención. Harry hizo una mueca y bajó la mirada. —Desistí de inmediato de esa actitud. Tratar de huir de los problemas sólo los empeoraría. Sería darle a Lockhart mayor poder sobre vos. ¿Es eso lo que querés?
—No. —susurró Harry siempre con la vista baja.
—Entonces tenés que afrontar lo que pasó, es la única manera de llegar a superarlo.
—¿Cómo? —preguntó Harry alzando la mirada.
Severus sintió como si se le estrujara el corazón al verlo así tan desamparado. Pero pudo controlarse y su expresión siguió tan impasible como antes. —Ya te había mencionado en una oportunidad anterior que esto podría llegar a ser necesario. Creo que es necesario que enfrentes a Lockhart. Para decirle a la cara que él ya no puede hacerte daño. Porque vos no se lo vas permitir, porque ahora sos más fuerte que entonces. Incluso decirle que lo vas a denunciar para que sea castigado debidamente por lo que hizo.
—¡Pero, señor…! —protestó Harry con los ojos desorbitados de pánico.
—Harry… —retomó Severus muy serio— Sé que va a ser muy duro. Nunca dije que iba a ser de otra forma. Pero vos querés mejorarte y ésta es muy probablemente la única forma. Será preciso que venzas el miedo y el pesar, pero decirle esas cosas al que te hizo daño te va a hacer sentir bien. Y… —vaciló un instante, decirle directamente que iba a estar a su lado quizá no era prudente porque podría atraer a Rose— sé que yo me voy a sentir muy bien siendo testigo de cómo ponés a Lockhart en su lugar.
El pánico de Harry cedió un poco y hasta una sonrisa débil se le asomó a los labios. Se acordaba de que Severus ya detestaba a Lockhart incluso antes de saber lo que le había hecho. Bien podía imaginárselo disfrutando de la escena. Pero el ánimo no le duró. No creía que él pudiera hacerlo, no era lo suficientemente valiente. No quería volver a ver a Lockhart nunca más.
—He descubierto… —empezó a decir Severus con mucha prudencia— que vos no fuiste la única víctima… sería conveniente también para el otro enfrentarlo.
—Yo… creo… que sería más fácil para mí… si lo confrontáramos juntos. —admitió. Por un lado, la idea de tener a alguien en su misma situación a su lado ayudaba… por otro, significaba que iba a tener que revelarle todo a otro… ¿Iba a poder, se animaría?
—Primero tengo que hablar con él. Él no sabe que yo sé. Podría negarse a que yo te revele su identidad. Y para eso necesito la ayuda de Lupin… como ya sabés, no tengo reputación de alguien que pueda brindar apoyo o consuelo. Le voy a contar a Lupin el crimen que cometió Lockhart… pero me abstendré de mencionar tu nombre si eso es lo que preferís.
Harry reflexionó unos instantes en silencio. Ciertamente Severus iba a tener que recurrir a Remus… pero era evidente que, quienquiera que fuera la otra víctima, no iba querer aceptar a Snape para que lo ayudara… pero Harry no quería que Remus se enterara de lo que le había pasado…
—No va a pensar distinto de vos si se entera… yo sé lo que pasó y no pienso distinto de vos. Vos no tuviste la culpa. —aclaró Severus con calma.
—No quiero que me tenga lástima.
Severus alzó una comisura. —Puedo asegurarte que no va a ser lástima la emoción que se le va suscitar cuando lo sepa. Tiene una profunda veta de protector… en particular con aquellos a los que les tiene afecto. Creo que la primera emoción va a ser unas ganas tremendas de descuartizar a Lockhart. Lástima, no va a cruzar por su cabeza.
—¿Dice eso porque es un licántropo?
—¿Él te lo contó? —preguntó Severus sorprendido— ¿Y a vos no te molesta?
—No veo por qué habría de molestarme. Sigue siendo el mismo Remus… y con la poción la cosa es más tolerable.
—Preferirías decírselo o esperar… probablemente terminaría deduciéndolo aunque no se lo dijeras… y necesito que me ayude con el otro alumno.
—¿Podríamos… podríamos esperar… hasta que él ayude al otro alumno… hasta que los dos estemos listos para enfrentar a Lockhart? Creo que yo no me animaría a decírselo…
—De acuerdo. Pero vos vas a estar presente cuando se lo cuente. Es algo que tenés que enfrentar… tenés que ser fuerte, Harry.
—Sí, señor. —dijo Harry, se sentía exhausto pero también asustado… y enojado.
—¿Por qué no te ponés a tocar durante un rato? —sugirió Severus— Yo tengo otras cosas que hacer, cuando termines dejá todo como esté, yo me ocuparé de reacomodar cuando vuelva.
—Gracias, señor.
oOo
—Lupin, vení a mi oficina inmediatamente. —lo convocó a través de la chimenea. Harry se había marchado unos minutos antes.
Lupin ingresó unos segundos después. —¿Qué pasa, Severus? ¿Harry está bien?
—Harry está bien. Es por otro alumno que estoy preocupado. —respondió Snape con algo de brusquedad y caminó hasta pararse junto al escritorio— Descubrí hace poco que Lockhart tiene antecedentes de abuso sexual de menores. Estuve investigando con mucha discreción y pude determinar que hay un alumno que fue victima de él el año pasado. De mí no va a aceptar consejo, consuelo u orientación. Vas a tener que ocuparte vos.
—¡Por Dios, Severus! — exclamó Lupin escandalizado al tiempo que se dejaba caer en una silla— ¿Cómo lo averiguaste?
—Eso no tiene importancia. —dijo Severus poniéndole mala cara— Ya me puse en contacto con la familia del chico. Te están esperando, pero no saben por qué vas a ir a verlos. Les dije que necesitás un lugar donde residir porque tus aposentos están siendo reparados y reacondicionados. Inventá alguna otra cosa para que la excusa sea más creíble.
—Naturalmente que voy a ayudar, pero… ¿qué con Harry? ¿Y qué sabe el director de todo esto?
—Por el momento no sabe nada. Comunicale que vas a estar ausente esta semana para recuperarte mejor de la luna llena. De Lockhart y del alumno no sabe nada. Y no va saberlo hasta que el alumno esté mejor preparado para asumir la situación. —dijo Severus y le tendió un libro— Este libro trata sobre abuso sexual y brinda posibilidades para la recuperación de la víctima. Leelo con minuciosa atención.
—¿Por qué yo? —preguntó Lupin con voz muy suave.
—Vos sabés comprender el dolor y el pesar. Te tocó soportar mucho de eso durante mucho tiempo. Pero más importante que eso, a pesar de la antipatía que te tengo, sé que sos alguien en quien se puede confiar. En cuanto a Harry, según Silas, durante cierto tiempo es mejor moderar los sentimientos de protección… y creo que a vos va a resultarte difícil comportarte de manera neutra con él… una semana le permitirá entender mejor a Rose y esperemos que se estabilice un poco.
—Si a vos te parece que es lo mejor… —concedió Lupin. No era estúpido, era consciente de que Snape sabía más de Psicología que él. Harry estaría en buenas manos y la separación por unos días podía ser beneficiosa para su recuperación.
—Andá a prepararte. Partís mañana a la mañana.
oOo
Harry se mantuvo casi toda la semana apartado de Snape. Ocupó el tiempo estudiando algunas horas con Hermione y muchas más horas divirtiéndose con Ron. Era bueno, al menos por unos días, olvidarse de las cosas serias y comportarse como un chico. Hubo muchas batallas de bolas de nieve y se hartaron de comer golosinas.
A Snape había ido a verlo en dos oportunidades. La mayor parte del tiempo había estado tocando el piano, pero habían tenido algunas conversaciones breves sobre los sueños. En realidad también esas charlas lo ayudaron, Snape sabía poner sus sueños en perspectiva y poco a poco lo iba convenciendo de que tenía la fortaleza necesaria para sobreponerse a ellos.
Llegó finalmente el lunes tres de enero, los alumnos ya estaban de regreso en la escuela. Remus también, había vuelto el día anterior. Harry lo había saludado brevemente. En la torre había mucha algarabía, todos hablaban de lo que habían hecho durante las vacaciones. A Oliver casi le dio un síncope cuando se enteró de que a Harry le habían regalado una Firebolt y que se la habían quitado.
Oliver había regresado más fanático que nunca y había programado prácticas todos los días hasta el siguiente juego. Tenían que ganar sí o sí o quedarían fuera de carrera por la Copa. Snape decidió que tendrían sólo una sesión durante los fines de semana. Harry suspiró aliviado, a como estaban las cosas no sabía de dónde iba a sacar tiempo para hacer los deberes.
Pensaba que con una agenda tan atiborrada a Remus lo iba a ver poco, pero el profesor le recordó la promesa que le había hecho de enseñarle el encantamiento para defenderse de los dementors. Acordaron encontrarse en el aula de Defensa dos veces por semana para practicar el Patronus. Que resultó ser un encantamiento dificilísimo. Pero Harry estaba dispuesto a poner todo el empeño y la dedicación que fueran necesarios.
El esfuerzo dio resultado. Dos semanas más tarde logró convocar a su Patronus perfectamente. Era un ciervo macho. Remus había quedado muy sorprendido y también algo triste cuando lo había visto. Harry también se sorprendió cuando se enteró de que era igual al Patronus de su padre. A partir de allí empezó a practicarlo con un boggart, sin embargo redujeron las prácticas a una vez por semana, el encantamiento era muy extenuante y Remus no quería que se enfermara.
El tiempo pareció pasar muy rápido. Estaba tan ocupado y llegaba tan cansado a dormir que prácticamente no había tenido pesadillas. Nunca le preguntó a Snape quién era la otra víctima o cuándo irían a enfrentar a Lockhart. Rose no había vuelto a salir, no pasaba mucho tiempo con los profesores y cuando estaban juntos todo se manejaba con cierta distancia, muy profesional.
Ese mes escribió mucho en el diario. Pero sólo habló con Silas y Gabriel en dos oportunidades. Las dos veces les pidió consejo sobre Hermione. Estaba exigiéndose demasiado y empezaba a verse enferma. Pero sus alter no le proporcionaron mucha ayuda. Silas opinó que ella era lo suficientemente mayor para resolver sobre su propia vida, si se estaba haciendo daño la culpa era de ella. Gabriel le sugirió que le aconsejara que se tomara uno o dos días de descanso cada tanto. Ron también estaba preocupado por ella, pero cada vez que intentaban decirle algo al respecto se ponía agresiva primero y enseguida estallaba en llanto. Harry decidió que lo mejor era dejarla tranquila porque cualquier acción empeoraba la situación.
oOo
Estaban ya a 8 de febrero, el partido Gryffindor-Ravenclaw se jugaba dos días después. Todos los del equipo estaban muy nerviosos. Ravenclaw había perdido contra Slytherin, Los dos equipos necesitaban ganar si querían quedar en carrera. Y para peor a Harry todavía no le habían devuelto la escoba.
Durante la última semana había atosigado a Remus y Severus para que lograran de alguna forma que se la devolvieran. Quizá algo habían hecho porque la profesora McGonagall se la dio en su cuarto muy sonriente justo ese día.
—Fue revisada minuciosa y exhaustivamente y no detectamos nada peligroso. Parece que tiene Ud. un muy buen amigo en alguna parte, señor Potter.
Harry no cabía en sí de la alegría. ¡La recuperaba! Y cierto era que tenía no uno sino dos buenos amigos. ¡Se sentía tan feliz! Pero no… no podía dejar salir a Rose, ¡y mucho menos delante de la profesora!
—Sugeriría que la pruebe lo antes posible… —dijo ella— Y otra cosa, Potter, ¡haga todo lo posible para que ganemos!
—¡Sí, señora! —contestó con una sonrisa y partió corriendo, trató de concentrar todos sus pensamientos en la escoba y de no pensar ni en Remus ni en Severus. Ayudó que cuando bajó a la sala común todos lo rodearon, estaban fascinados, todos querían tocarla. Harry les dio el gusto. Por supuesto que sería él el que la estrenaría, no veía la hora de que llegara la práctica del día siguiente.
Una hora más tarde subió con Ron para irse a acostar. Estaba acomodando la escoba en un rincón cuando Ron pegó un grito.
—¿Scabbers? ¡Está muerto! —aulló— ¡Mirá…!
Había manchas de sangre en las sábanas y había además algunos pelos rojizos que indudablemente eran de Crookshanks. Al parecer el gato había ganado finalmente la guerra con el roedor.
Ron bajó a la sala común como una tromba y Harry bajó detrás de él. Le gritó de todo a Hermione al tiempo que le enrostraba la sábana ensangrentada. Ella se defendió aduciendo que no había nada que probara que fuera Crookshanks el culpable. Ron siguió gritando con rabia y ella pasó a gritar también repitiendo los mismos argumentos con empecinamiento. Probablemente esto va a ser el fin de la amistad entre ellos, pensó Harry.
oOo
Al día siguiente en el Gran Salón todos querían ver la escoba. Oliver la depositó sobre la mesa con el nombre grabado en letras doradas cara arriba. Todos querían tocarla por lo menos una vez.
Incluso Malfoy se había aproximado. El Slytherin se había mantenido con un perfil muy bajo durante las últimas semanas. Harry sabía que Silas le había susurrado algo la vez anterior, pero no sabía exactamente qué le había dicho. Las veces que le había preguntado, Silas había respondido con vaguedades. Sentía curiosidad de oír lo que Malfoy fuera a decir, pero se decepcionó puesto que fueron los insultos habituales.
—¿Estás seguro de que vas a poder manejar una escoba como ésa, Potter? Es una lástima que entre los tantos accesorios que trae no venga incluido un paracaídas… te sería muy útil si algún dementor se acercara demasiado.
Harry estaba apunto de contestar pero Silas lo desplazó y tomó el control. Pestañeó varias veces pero pudo ubicarse casi de inmediato. No hizo caso del dolor de cabeza que empezaba a gestársele a la altura de las sienes y le dirigió a Malfoy una sonrisa helada. Con satisfacción comprobó que un apenas aparente destello de inquietud se había encendido en los ojos grises del príncipe de Slytherin.
—Es una lástima que vos no le puedas fijar un brazo adicional a la tuya, Draco. —respondió Silas enfatizando particularmente el nombre— Visto que ninguno de los dos tuyos sirve para capturar la snitch.
Silas se retrotrajo con una comisura en alto y Harry volvió a salir. La mesa de Gryffindor había estallado en rugidos de risas y varios le palmeaban la espalda por la ocurrencia. Malfoy se apresuró a alejarse pero Harry se había quedado con el dolor de cabeza. Respondió con breves asentimientos a las felicitaciones. Sentía las mejillas ardientes pero no estaban así de vergüenza por los elogios sino de enojo contra
Silas que lo había desplazado a la fuerza.
oOo
Oliver pronunció las palabras de aliento de último momento e ingresaron al campo de juego. Fueron recibidos con un rugido de vivas y aplausos.
Harry estudió con la mirada a la buscadora del equipo oponente, Cho Chang, era la única chica en el equipo. La había visto jugar anteriormente, era buena, pero él contaba con la ventaja de una Firebolt. El partido empezó poco después a un ritmo muy acelerado que se mantuvo de manera constante, ambos equipos convirtieron tantos, si bien Gryffindor llevaba una pequeña ventaja.
Harry pronto se dio cuenta de que Cho no tenía intenciones de ubicar la snitch por su cuenta, toda la primera hora se la había pasado siguiéndolo. Era sumamente fastidioso puesto que se hacía muy difícil maniobrar en vuelo teniendo a alguien de manera constante a tan corta distancia. Había avistado la snitch en dos oportunidades pero se le había escapado por tener que esquivarla.
La tercera vez que la vio flotando y brillando dorada cerca de los aros de Ravenclaw, recurrió a otra estrategia. Se lanzó hacia abajo casi en picada, Cho lo siguió naturalmente. La intención de Harry era cambiar de dirección repentinamente a corta distancia del suelo para luego ascender a toda velocidad aprovechado la ventaja de la Firebolt para llegar antes a la snitch. Pero justo cuando alzó el mango de la escoba para remontarse una vez más vio a los tres dementors que habían invadido el campo. Cho lanzó un chillido. Quizá porque ella también los había visto o quizá porque había estado a punto de estrellarse contra el suelo. Harry frenó bruscamente el ascenso y sin perder un segundo lanzó su Patronus contra las criaturas. El colosal ciervo plateado brotó majestuoso y arremetió contra ellos. Harry no se detuvo a ver el resultado, tenía una bola que capturar y tenía que aprovechar la confusión de Cho. Aceleró al máximo hacia arriba. Pocos segundos después agarró la snitch y descendió triunfal con los brazos en alto.
Estallaron gritos de júbilo y fueron muchos los que lo rodearon, todos quería abrazarlo y felicitarlo. Harry se dejó estrujar muy contento. Cuando la ronda se hubo completado oyó la voz de Remus elogiando su Patronus. Se volvió en dirección al sonido, sonrió más ampliamente y corrió a abrazarlo.
—¡Lo logré! —le susurró al oído— ¡Los dementors no me afectaron, no sentí nada!
—Es que no eran dementors. —le aclaró Remus riendo y le señaló con un gesto a los tres Slythrins abatidos y esparcidos sobre el césped— ¡Buen susto el que les diste! ¡Pero más que merecido se lo tenían!
Harry sonrió de oreja a oreja. Flint, Montague y Warrington lo observaban desde el suelo con miradas asesinas. Harry se despidió de ellos saludándolos burlón con un descarado gesto de la manita. Los de su equipo lo alzaron en andas y lo llevaron de regreso al castillo. Hubo una gran fiesta en la torre de Gryffindor esa noche, todos participaron… menos Hermione. Cuando Harry fue a llamarla, ella explotó en un ataque de histeria, clamando que tenía mucho que estudiar y que no podía perder ni un segundo de tiempo. Harry optó por una rápida retirada.
oOo
Harry se despertó de repente con los ecos de un grito desgarrador resonándole en los oídos. Durante un segundo pensó que se trataba de otra de sus pesadillas, pero al siguiente Ron dejó oír otro alarido aterrado.
Saltó de la cama de inmediato para ver qué pasaba, lo mismo hicieron los otros. Ron estaba sentado en la suya mirando espantado las cortinas que habían sido reducidas a jirones.
—¡Black! —chilló— ¡Estuvo aquí! ¡Hace apenas unos segundos! ¡Desgarró las cortinas con un cuchillo y estuvo a punto de apuñalarme!
—¡Bajemos! —los urgió harry— ¡Tenemos que pedir ayuda!
Bajaron la escalera sin demora, Ron estaba temblando, muy alterado. Algunos alumnos que se habían despertado con los gritos de Ron ya estaban en la sala común y otros más se les fueron uniendo. McGonagall llegó unos instantes más tarde. Dean y Seamus, hablando al mismo tiempo, le contaron lo ocurrido.
—¿Pero qué disparates están diciendo? —se sorprendió la profesora— Nadie puede pasar sin la contraseña.
—¡Pregúntele a él! —gritó Ron señalando la puerta— ¡Pregúntele si vio a Black!
McGonagall lo miró con incredulidad pero se encaminó hasta la puerta y la abrió. El retrato de la dama gorda había sido reemplazado por el de Sir Cadogan.
—Sir Cadogan, ¿dejó Ud. entrar a un hombre en la torre hace unos momentos?
—Ciertamente, mi buena señora. —respondió el caballero. Todos sabían que no estaba del todo bien de la cabeza.
—Pero… ¡¿cómo?! —replicó ella anonada— ¿Y la contraseña…?
—Me la dio correctamente. —se justificó sir Cadogan— En realidad tenía escritas en un trozo de pergamino todas las contraseñas de la semana.
—¡¿Pero quién… —tartamudeó ella que de golpe se había puesto blanca como tiza— quién pudo haber sido tan estúpido como para poner por escrito todas las contraseñas… y extraviarlas para peor?
Un Neville Longbottom muy consternado levantó lentamente una mano temblorosa. La profesora le clavó una mirada helada como para congelar el infierno. Pero no pronunció ninguna palabra recriminatoria. Se volvió al retrato y le ordenó que no dejara entrar o salir a nadie hasta que ella misma revocara la orden. Era preciso revisar el castillo minuciosamente.
Todos empezaron a hablar desordenada y nerviosamente cuando se hubo ido. Nadie podía explicarse cómo había hecho Black para esquivar… ¡dos veces! a los dementors que rodeaban la escuela.
Los únicos que no decían nada eran Harry, que estaba muy preocupado, y Neville, que había quedado como en estado de shock.
oOo
El incidente estaba en boca de todos al día siguiente durante el desayuno. Neville recibió un vociferador de su abuela recriminándole su insensatez y torpeza. El pobre chico huyó corriendo y a los trompicones hacia la puerta, el vociferador lo siguió de cerca sin dejar de aullar.
oOo
Harry se despertó en medio de la noche, no había tenido una pesadilla y todo estaba tranquilo y silencioso. Trató de conciliar el sueño nuevamente pero le resultaba imposible. Abrió las cortinas y espió la habitación que estaba en penumbras. La cama de Neville tenía las cortinas descorridas y estaba vacía. Frunció el ceño. Se bajó de la cama y fue hasta su baúl para sacar el mapa. Suspiró aliviado cuando vio el nombre de Neville en el baño.
Volvió a acostarse y cerró los ojos, pero el sueño seguía resistiéndosele. Algo lo preocupaba aunque no pudiera definir claramente qué. Pero tenía que ver con Neville que todo ese día había deambulado como un zombi, con ojos rojizos de haber llorado tanto. No había tocado la comida, siempre con mirada perdida… y como vacía.
Empezó a asustarse porque pasaban los minutos y Neville no había vuelto. Decidió que era mejor que fuera investigar. Las luces estaban apagadas cuando empujó la puerta del baño. Frunció el ceño con mayor desconcierto. Lo llamó por su nombre pero no obtuvo respuesta. Ahora podía estar seguro de que había algo que estaba mal, el corazón comenzó a acelerársele en el pecho. Con un susurro encendió las luces. Neville yacía sobre el suelo, de costado dándole la espalda, ¡y en un charco de sangre!
—¡Silas! —invocó Harry espantado y se retrajo.
Silas avanzó muy controlado y cuando se acercó revoleó los ojos. Neville se había abierto ambas muñecas. Se agachó y le tomó las dos muñecas con una mano y sosteniendo la varita en la otra apuntó y empezó a canturrear. Las lesiones fueron cerrándose poco a poco. Neville giró un poco la cabeza para mirarlo, parecía estar muy poco consciente. Silas siguió murmurando encantamientos durante diez minutos hasta que las heridas desparecieron.
Le soltó las manos y susurró con tono duro. —¡Qué necio! La muerte nunca es una opción.
oOo
