Y para enamorarse, hay pay de queso
Capítulo 12
Fresas con chocolate
-Ieran Li.
-¡¿IERAN LI?!
Los restos del emparedado que devoraba Meiling golpearon mi rostro como proyectiles mojados. Por suerte, había tomado bastantes servilletas antes de sentarnos en la mesa de la cafetería donde estábamos.
-Meiling, ¿podrías tratar de no hablar y no exclamar con la boca llena de comida? –pregunto, limpiándome un trozo de lechuga que se enganchó en mi fleco.
-Lo siento, Sakura, pero ¿por qué tú no te sorprendes? ¿Acaso no sabes quién es Ieran Li?
Niego con la cabeza, mientras algunas migajas que yacían en ella caen sobre la mesa. Al agitar la cabeza, siento un pequeño mareo, pero lo ignoro. Tomoyo me ayuda a limpiar los restos de tomate que tengo en mis hombros.
-No tengo idea, solamente sé que ése es el nombre de la madre de Syaoran –respondo.
-Sí, sí, lo sabemos –dice Meiling agitando la mano, como espantando algún mosquito invisible-. Lo que quiero decir es que si sabes quién es ella. ¡Ah!
De repente, toma su bolso y comienza a rebuscar en él. Tomoyo y yo la observamos, atentas. No es normal que Meiling se interese tanto por indagar sobre el nombre de una persona, y menos sobre el nombre de una mujer, que es la madre de mi profesor de cocina.
Al parecer, de su bolso extrae una revista de paginación abundante. Es sorprendente la cantidad de cosas que se puede encontrar en el bolso de Meiling.
-¿Qué es esa revista? –pregunto, pero Meiling me silencia con un movimiento de su mano.
-Está buscando algo –advierte Tomoyo, con su voz aguda.
Observamos el rostro de Meiling que se contrae en un acto de concentración inmenso, parecido al de un científico buscando la respuesta a una de las interrogantes más enigmáticas del universo.
Hay un silencio que se extiende por varios instantes, pero que es interrumpido por una exclamación de triunfo que emite la boca de Meiling.
-¡¡Lo sabía!!
Coloca de un golpe la revista frente a los ojos amatista de Tomoyo y frente a mis ojos verdes, y con un dedo señala un artículo.
-LEAN ESTO.
Acerco mi rostro al papel y puedo observar la fotografía de una mujer muy hermosa, de largo cabello negro y cuyo rostro posee unas facciones tan delicadas y tan pálidas que la hace parecer una perfecta muñeca de porcelana. Sus ojos negros y rasgados me recuerdan las ilustraciones chinas de antaño que sólo contemplé en los libros de texto de la escuela.
En el pie de foto se puede leer claramente el nombre de Ieran Li. Debajo, un artículo más o menos extenso ocupa la página, encabezado por un título que reza: "Ieran Li, la mujer más rica de Hong Kong... ¿y del mundo?"
Abrí los ojos como platos y arrebato la revista de las manos de Meiling que las sostenían. Leo en voz alta.
-"Ieran Li, la empresaria cheff más famosa de los países orientales es entrevistada por la cadena televisiva RTHK el día anterior, dando respuestas bastante interesantes sobre cómo llegó al lugar que ahora ocupa dentro de la economía china. 'Resultado de un gran esfuerzo...' son unas de las tantas palabras que la dueña de múltiples franquicias en el mercado de restaurantes ha cedido a los cuestionamientos..."
Me detengo por un momento, para asegurarme de que mi mente ha procesado bien la información. ¿Empresaria cheff más famosa de oriente? ¿Dueña de múltiples franquicias en el mercado de restaurantes...?
Suelto la revista y con la mirada perdida me dejo caer sobre el respaldo de mi silla.
-Sakura, ¿estás bien? –pregunta Tomoyo-. Estás... algo pálida...
-Es que es la impresión –explica Meiling, tomando de vuelta la revista y hojeándola de nuevo-. Recordaba que en esta revista había leído algo sobre ella, y pues estaba en lo cierto. Y al parecer creo que también... ¡aquí está! –Acerca una de las páginas de la revista a sus ojos y comienza a leer-. "Hijo de la empresaria china Li Ieran desaparece de la farándula. Hace un mes que el joven no atiende el teléfono ni las entrevistas de las televisoras. 'Al parecer decidió tomarse un descanso y retirarse del acoso de la prensa' notificó Satoshi Xong, reportero del Apple Daily, encargado de recaudar notas sobre el famoso chico. 'Esperemos que su ausencia no dure mucho, lo extrañamos' expresa la líder del club de fans de Syaoran Li, quien es heredero de la fortuna y del apellido Li pertenecientes a una de las familias más poderosas de China."
Las palabras que había pronunciado Meiling resuenan como eco en mi cabeza. Me están dando náuseas.
-Ahora vengo –musité tras levantarme rápidamente y dirigirme hacia los baños.
Al entrar a los baños, pude escapar de la fija mirada que mis amigas mantenían sobre mí.
Entro y me recargo en uno de los lavabos. Respiro profundo, asimilando todo lo que acabo de escuchar y leer.
Parece que las náuseas han remitido un poco.
SAKURA, ¿ESTÁS EMBARAZADA?
Por supuesto.
¿DE QUIÉN ES? QUE YO SEPA NO TIENES NOVIO.
Un dato fundamental que no necesitaba que me recordaras, gracias, estimada consciencia.
Y QUIEN QUIERES QUE SEA TU NOVIO, NO LO PUEDE SER.
Es cierto. Esa persona que me gusta; esa persona que con tan sólo mirarle fugazmente hace que mi corazón acelere su latido; esa persona que con la sonrisa de su mirada hace que mi día se ilumine completamente... no puede ser para mí.
Él... está fuera de mi alcance.
¿Qué puedo hacer yo, una simple estudiante de preparatoria, de una ciudad común de un país extranjero, que no tiene un futuro mejor que terminar siendo la esposa de algún profesor?
ÉL ES UN PROFESOR.
Me pregunto, consciencia, si estás de mi lado o en mi contra.
Su respuesta es algo semejante a una ola; empieza desde lo más profundo de las entrañas y recorre la espina dorsal para salir con toda su fuerza por medio de mi garganta y boca.
Menos mal que me aferro al borde del lavabo para dejar que todo aquel fluido que sale bravamente de mi interior caiga sobre la porcelana y no se derrame en los mosaicos.
Lo entiendo. Ahora lo entiendo todo. Desde el principio todo fue un gran error. Fue un error haberle encontrado; fue un error haberme tropezado con él; fue un error haberme inscrito en esa clase y ser su alumna... fue un error haberle hablado... y sobre todo, el error más grande fue haberme enamorado de él.
Las arcadas cada vez son más fuertes. Quizá debí decirle a Tomoyo que me acompañara...
Comienzan a temblarme las piernas, y el esfuerzo que hago por mantenerme de pie me está destrozando. Mi cabeza empieza a dar vueltas y ya no siento el piso firme.
¿Qué es lo que me está pasando?
El interior de mi abdomen y de mi garganta se desgarra de manera atroz en cada contracción. Las gotas rojas cayendo sobre la porcelana blanca no se hacen esperar.
Levanto mi rostro con lo que me queda de fuerza y observo en el espejo una última imagen antes de caer inconsciente sobre el suelo: es mi rostro pálido con mirada titilante y mis labios empapados en líquido carmesí.
-¡Sakura! ¡Sakura!
-¿Eh?
-¿Qué haces de pie allí, totalmente distraída?
-Es que ella siempre hace lo mismo.
-Quizá se lo podamos quitar...
-¿Sugieres alguna forma?
Fresas.
-¿Con fresas?
-Sí, sí. Solamente dale de comer estas fresas y ella estará mejor.
Fresas con sangre.
-No, no. Eso no le aliviará. Mira, está vomitando sangre... ¿Ves lo que has causado?
-No era mi intención...
-El mal está hecho. Ella morirá.
Fresas con chocolate.
-Eso, eso.
-Si le das un poco, podrá mejorar.
-¿Lo crees así?
-Estoy completamente segura.
Fresas con chocolate... fresas con chocolate...
¡DESPIERTA!
-Mm...
Abro los ojos lentamente, y una luz blanca encoge mis pupilas. Al parecer, las voces que escuchaba antes, han callado completamente, cediéndole el paso a unos murmullos apenas audibles.
-Fresas con... chocolate...
-¿Sakura?
La voz suave de mi padre llega a mis oídos sensibles. Giro un poco la cabeza sobre la almohada y observo su mirada marrón clavada sobre mí, irradiando una tremenda preocupación, pero a la vez una confianza inmensurable.
-¿Cómo te sientes?
-Bien...
Vuelvo a cerrar los ojos. Aquella luz blanca me perturba mucho.
Escucho una nueva voz que no me es conocida. Es ronca y profunda, pero con un dejo de firmeza en cada palabra.
-No se preocupe. Ella ya está fuera de peligro. Con los medicamentos que le aplicamos, su condición mejorará notablemente. Ciertamente, acudió al hospital en un momento adecuado; al menos la bacteria no afectó al cerebro.
-Muchas gracias, doctor –profesó mi padre, con alivio-. Por todo, muchas gracias.
-No es nada. Sin embargo, es mejor que salgamos de aquí y le dejemos descansar.
El sonido de la puerta al cerrarse y silencio.
-¿No crees que está demasiado oscuro?
-Díselo a ella, es quien no despierta.
-¿Algún día lo hará?
-Sí, lo hará. Sobre todo si quiere fresas con chocolate.
-Tienes razón.
-Le está esperando.
-¿Quién?
El chocolate.
-Escoge una.
-Ésta.
-¡Y levanta a esa dormilona!
Lo que antes era oscuridad en mi visión es reemplazada por un dejo de luz que proviene de una lámpara cercana. Me siento con la aptitud de observar más ávidamente a mi alrededor, al parecer la debilidad ha remitido.
Busco la alta figura de mi padre dibujada en algún rincón del cuarto, pero no la encuentro. Creo que estoy sola.
Ya no me siento mareada y no tengo ganas de dormir, y eso es una buena noticia, porque ya no quiero seguir escuchando esas voces que saturan mis sueños. Son escandalosas, casi como la de mi propia consciencia.
CLARO SAKURA, HAS COMO QUE NO TE ESTOY ESCUCHANDO.
Y eso es lo que voy a hacer.
Levanto el rostro y observo con detenimiento el techo blanco de la habitación de hospital donde me encuentro. Supe que estaba en una clínica desde que noté a mi lado la alta presencia del tubo de suero, que reposaba al lado de mi cama como un guardián silencioso.
¿Cómo habré llegado allí? No recuerdo en verdad mucho.
Fresas...
Sigo paseando mi mirada por el resto de la habitación y no localizo nada que le dé una pista a mi memoria.
Hay un pequeño sillón en una esquina de la pieza y un periódico yace sobre el asiento.
Un momento. Ya recuerdo un poco...
Periódico; restaurante; Tomoyo y Meiling; baño... dolor... vómito...
Suspiro.
Lo más seguro es que después de haber quedado inconsciente, alguna de las dos me encontró y llamó a mis padres. Por eso me internaron.
Qué escándalo, y ni siquiera sé porqué se provocó. Según yo no había comido nada dañino, solamente pedí un postre en ese restaurante. Nada fuera de lo normal. O quizá el postre sí lo era.
Estiro mis brazos y siento que no lo he hecho en años. Realmente odio los hospitales. Y aún más desde que mi madre tuvo que estar en uno hace unas semanas. Quisiera...
Lentamente me incorporo en la cama. Lo habría hecho con tremenda facilidad si el dolor en mi abdomen no hubiera despertado con una punzada por reproche. Instintivamente llevo una mano para calmarle, y aunque sé que no es suficiente continúo con mi tarea de levantarme de esa cama que tanto me molesta.
Ya de pie, exijo a mis piernas que den algunos pasos y ellas obedecen. El daño sólo es en el estómago, no estoy inválida.
La pieza está más oscura, quizá el anochecer se aproxima.
De pronto, una sed tremenda hace su aparición en mi garganta y boca. Busco en mi entorno algún líquido que pueda beber y diviso una jarra de agua sobre la mesa situada justo a la derecha del sillón. Me dirijo hasta ese lugar, y en ausencia de vasos, bebo de la boquilla.
Cada trago es un alivio a la sensación de aridez que envolvía mis órganos. Bebo hasta que mi estómago me reclama con otra punzada. Dejo la jarra en la mesa y me doy cuenta que la sed sigue presente, aunque es mínima.
Recorro la habitación con deseos de salir de allí, pero tengo muy presente que las enfermeras no lo permitirían.
¿Y SI ABRES LA VENTANA?
Es cierto. Me encamino hacia la ventana, hueco cuadrado en la pared cubierto con telas blancas que cuelgan de un cortinero, las cuales las hago a un lado y con mi mano deslizo uno de los vidrios permitiendo a la brisa del atardecer invadir cada espacio de la pieza.
Respiro profundamente aquel aire que purifica mis pulmones, hartos del encerramiento, y sonrío. No sé si es por el alivio o por la fuerza del viento, pero mis piernas trastabillan y me hacen caer hacia atrás.
Espero el impacto sobre el suelo, pero éste no llega.
...con chocolate.
Levanto mi mirada y tropieza con dos ojos caoba que me observan también.
-Eso es por levantarte de la cama sin permiso, Kinomoto.
Me giro repentinamente, omitiendo la punzada que se había pronunciado en mi abdomen pero que no era de dolor sino de otra cosa.
-¡Sya-syaoran!
-Veo que ya estás mejor, y eso me alegra mucho.
La sonrisa de su mirada marrón me asegura que sus palabras son enteramente ciertas.
-¿Qué haces aquí? Digo... –Asimilo que pregunté de un modo muy brusco-. ¿Quién te avisó que estaba internada? –Mis mejillas comenzaron adquiriendo el ardor acostumbrado.
-Tu amiga Meiling. Acudió al Instituto y entró en una de mis clases que doy entre semana. Y me contó todo.
En mi estómago surge otra punzada, y reconozco inmediatamente que es de coraje.
-Lo siento.
-¿Por qué lo sientes? Realmente agradezco que lo haya hecho.
Por más que puedo, trato de que mis ojos no delaten mi sorpresa pero es imposible. Sin embargo, aún siento un extraño remordimiento que no tardo en expresar.
-Es que, no logré nada más que molestarte. Sólo fue un accidente, creo que comí algo malo y me sentí mal. Pero ya estoy bien y solamente perdiste tu tiempo en haber venido hasta aquí. Quizá tenías otras cosas qué hacer y yo...
-Kinomoto, basta –La voz de Syaoran suena molesta-. Dime una cosa. Si alguno de tus amigos estuviera mal de salud y tú no te hubieras enterado hasta pasados varios días que sigue internado, ¿estarías tranquila?
-¡¿Días?! –exclamo-. ¿Realmente llevo días aquí?
-Kinomoto, llevas cinco días en este hospital.
Mi mente pierde balance, al igual que mi cuerpo pero logro sentarme en la cama antes de desplomarme en otra parte.
-Me dijeron los doctores y tu padre que hoy despertaste tras cuatro días de inconsciencia, y en cierto modo considero que llegué en momento oportuno, porque pude verte despierta y con tus ojos verdes brillando otra vez.
No puedo evitar sonreírle. Esas palabras eran más sanadoras que cualquier medicamento y que cualquier hospital de todo el mundo.
-Gracias, Syaoran.
Los recuerdos de los pensamientos que tuve antes de caer inconsciente se estrellaron en mi memoria como kamikazes. Sin embargo, cuando los evoco pienso que quizá no son del todo ciertos.
Es seguro que no fue un error haberme inscrito al Instituto; tampoco fue un error haber conocido o hablado a Syaoran; aún estoy en duda si fue un error enamorarme de él pero... definitivamente encontrarnos no fue un error sino el destino. Después de todo, como dicen, todo pasa por algo.
Creo entender un poco lo que esa frase significa. Espero pueda entenderlo completamente algún día.
