¡Saludos a todos! Sólo unas palabras para aclarar que a partir de aquí me permito algunas licencias respecto a la historia original, así que no va a encajar mucho lo que se plasme con lo que todos ya conocemos, pero me apetecía representarlo así. De todos modos espero que lo disfrutéis, y que me lo dejéis saber si ha sido así :). ¡Gracias por vuestro apoyo!
#Cenizas#
Cenizas.
Todo lo que quedaba no eran más que cenizas.
Las cenizas de sus celos. De su humillación. De su derrota.
La desesperación de saberse perdida, traicionada, engañada...Las ansias de recuperar algo que quizás nunca había poseído habían llevado a Pandora a materializar frente a sí misma la armadura maltrecha del Dragón Marino, y transformarla en una Sapuris que diera la satisfacción a Radamanthys de haber conseguido un nuevo compañero de armas, y darse la oportunidad a ella misma de creer que así podría reconquistarle. Atraerle de nuevo a su lado. De disfrutar otra vez de su compañía, matando así, aunque fuera sólo un poco, su oscura soledad.
Pero no había podido. Simplemente, no podía permitirse semejante debilidad, semejante muestra de angustiosa necesidad.
Ella comandaba el completo ejército de Hades. Un ejército que al fin, después de trece años, estaba a plena disposición del Señor de las Tinieblas. Y no debía mostrarse débil. Menos aún después de haber sido testigo de las muestras de desprecio e insumisión que le había ofrecido Radamanthys, su más valioso soldado, y su más baja perdición.
Era ella la que el destino había elegido para gobernar 108 estrellas malignas. Era ella la que se debía hacer respetar, y no ceder a los deseos transitorios de sus soldados, vinieran de dónde vinieran. Aunque fuera el Juez Radamanthys del Wyvern el que la pusiera entre la espada y la pared. No podía haber concesiones a cambio de nada con nadie. Ni siquiera con él.
La lanza aún seguía firme en su mano, y frente a ella las cenizas que habían quedado de una armadura que podría haber servido al Averno, y que sus recelos habían convertido en nada.
Nada...
Nada quedaba de una armadura que provenía de otro reino, y para la que nunca había habido lugar en el infierno.
Nada quedaba en su corazón que la salvara de su condena.
Nada quedaba en el Castillo capaz de aliviar su pesar.
Nada...
Unas tímidas lágrimas se otorgaron la osadía de seguir delineando sus bellos ojos, apagados tanto tiempo atrás, mientras seguían fijos en los despojos resultantes de la afrenta de Radamanthys. La armadura intrusa había desaparecido, pero no aún su defensor...y éso era otro pequeño detalle que no podía dejar a los caprichos del azar.
El extremo de la lanza revolvía las cenizas con desídia, esparciéndolas sobre las losas de mármol como si fueran los restos de simple papel consumido por las llamas de un candelabro. Y con ellas se revolvían sus resentimientos, sus anhelos y frustraciones, y todo un cúmulo de sentimientos demasiado humanos para alguien que había perdido esa cualidad cuando ni tan sólo había sabido lo que era la inocencia de su alma. Y allí estaba, una y otra vez, la viva imagen de Radamanthys detrás de sus párpados cada instante que éstos decidían cerrarse, recordándole que estaba allí, y al mismo tiempo lejos, muy lejos...
Sólo un estruendoso ruido, propiciado por el cierre de la puerta por sí misma y la aparición de una pesada atmósfera invadiendo su alcoba fueron lo suficientemente intensos para arrancarla del regocijo de sus propios rencores, haciendo que soltara la lanza con súbito pavor antes de congelar todos sus movimientos al acto. Acelerando su respiración y erizando la piel de sus brazos con una intensa pátina de temor.
- Mi pequeña Pandora...- La voz sonó profunda, grave. Tan abrumadora como la había percibido la primera vez.- Parece que los asuntos del Castillo se te están escapando de las manos...- No era sólo una presencia la que había helado el corazón de Pandora con su repentina aparición. Eran dos. Pero como siempre, sólo una llevaba la voz de mando.- ¿Qué te ocurre, pequeña? ¿ A este nivel hemos llegado? ¿Ya ni siquiera presentas tus respetos a tus dioses?
Un frío sudor se había apresurado a cubrir la frente de Pandora, y el terror que le despertaba esa voz le había amarrado un nudo en la garganta imposible de deshacer. No quería verles...No deseaba verle...Pero no tenía otra opción. Debía armarse de valor y dignidad, y ofrecerles su infinito respeto...su sumisa adulación.
No alzó la vista. No fue capaz. Simplemente se volteó e hincó una rodilla al suelo, manteniendo la cabeza gacha, protegida por su larga cabellera desparramada a ambos lados de un rostro que lucía más pálido que la misma parca.
- Mi señor Thanatos...mi señor Hypnos...no esperaba vuestra visita...- La voz emergió como un susurro casi inaudible, tembloroso, emulando el estremecimiento que sacudía su cuerpo al saberse ante la presencia de dos divinidades que casi nunca abandonaban la paz y tranquilidad de la que gozaban en los Elíseos, dónde custodiaban la envoltura carnal del dios Hades, siendo sus más eternos defensores en sus propios dominios.
Thanatos se había sentado en la deshecha cama de Pandora con descaro, y con la misma insolencia se permitió agarrar las usadas sábanas y levantarlas levemente, fingiendo una escrupulosa inspección antes de soltarlas de mala gana. Hypnos aún no había pronunciado palabra, y se paseaba indolente por los rincones de la alcoba, aparentando no prestar mucha atención a las acciones de Thanatos. Despreciando con su indiferencia la presencia postrada de Pandora.
- No pareces muy contenta de vernos...
- Señor Thanatos...vuestra presencia siempre es bienvenida...- Unas finas gotas de frío sudor empezaban a descender por sus delicadas sienes, y la aterrorizada mirada no se atrevía a moverse de las baldosas que se desplegaban frente a ella.
Una risilla de sarcástica complacencia llenó el pesado silencio que envolvía la estancia, resonando en extraño eco en las sobrias paredes.
- ¡Mientes!
Una descarga de energía alcanzó a Pandora de lleno, azotándole el rostro como si de un revés se tratara, haciendo que su cuerpo cayera al suelo y quedara medio desprotegido de las únicas finas telas que cubrían su desnudez, mostrando indecorosamente gran parte de sus firmes muslos. Un grito fue ahogado por el mismo nudo que amarraba su garganta, pero el sabor metálico de la sangre no demoró en llenarle la boca con su viscosa presencia.
- ¡Thanatos!
Hypnos...su voz aparentemente no era tan amenazante, tampoco su presencia. Aún así nada agradable de él se podía esperar. El dios del Sueño, que hasta el momento se había mantenido al margen de la escasa conversación, se volteó hacia su hermano Thanatos, lanzándole una mirada de reprobación que el otro ingoró.
- ¿Era necesario ésto?- Inquirió, mirando a su hermano gemelo de refilón, con evidente expresión de repudio moldeando sus facciones ante la situación que Thanatos había propiciado.
- Hypnos...nuestra niña está perdiendo el control...¿Acaso te debo recordar que si ella realizara sus obligaciones como es debido nosotros ahora estaríamos en los Elíseos jugando tranquilamente al ajedrez?- Thanatos había dirigido su mirada hacia Hypnos sólo un instante, para seguidamente volver a posarla sobre la atemorizada figura de Pandora yaciendo sobre el suelo, con una temblorosa mano cubriendo sus ensangrentados labios y el terror impreso en su mirada.- Álzate, Pandora. Las damas no deben arrastrarse por el suelo. Es indecente...- Lentamente Pandora empezó a moverse, tratando de cubrir su cuerpo todo lo que el liviano batín de seda que la vestía le podía permitir, bajando de nuevo la mirada, no pudiendo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla y cayera sobre su desnuda rodilla.- ¡Venga! ¡Levanta! ¡¿O te tengo que ayudar yo?!
La abrupta voz de Thanatos era tan desagradable como lo era también la expresión de su rostro y toda su presencia, medio recostada sobre el mullido lecho mientras su oscura mirada se clavaba afilada sobre Pandora. Thanatos estaba desesperándose por la lentitud de sus movimientos, y por los fallidos intentos de cubrir su cuerpo al tiempo que se alzaba, agarrando los extremos de la obertura del batín y cerrándolos entorno a sus tentadoras curvas, al tiempo que mantenía los brazos abrazados alrededor de su propia cintura. La cabeza seguía gacha, y tuvo que morderse los labios para evitar que siguieran temblando, evidenciando a traición el pavor que la consumía por dentro.
- Acércate.
- Thanatos...es suficiente.
- ¡Cállate Hypnos! Hay que poner orden a todo el descontrol que la inconsciencia de nuestra muchachita está ocasionando...¿no es cierto, Pandora?- El desdén que imprimía el dios de la Muerte en cada sílaba pronunciada no hacía otra cosa que avivar aún más la silenciosa desesperación de Pandora, que se encontraba totalmente atrapada en una espiral de acontecimientos que odiaba y temía al mismo tiempo.
- Yo...lo siento si ha sido así...mi señor...- Balbuceó Pandora.- Nunca ha sido mi intención fallaros...- Con pasos dudosos fue acercándose a su propia cama, ahora ocupada por alguien que no le inspiraba otra cosa que miedo y rechazo, hasta detenerse a tan sólo un par de palmos de distancia.
- Ahora...¿nos puedes explicar qué hace un humano que ni tan sólo es un espectro de tercera en estos dominios?
Pandora tragó saliva como pudo, luchando para deshacerse el nudo que a duras penas les permitía articular palabra, forzándose a alzar la vista y enfocarla dentro de la mirada más diabólica que había visto nunca.
- Radamanthys pensó que ese soldado podría ser de ayuda a nuestra causa...
- ¡¿Y desde cuando permites que tus subordinados piensen por tí?!
Otro azote de energía siguió a estas palabras y Pandora se vio arrojada de nuevo al suelo, golpeándose el rostro contra la mesita que descansaba al lado de su cama. No hubo ni una queja, ni siquiera un gemido que delatara el dolor que estaba sufriendo su corazón. Lo único que Pandora no podía controlar eran las lágrimas que seguían fluyendo de sus ojos y un gesto mecánico e inconsciente que llevó su mano a cubrir la magullado mejilla.
- Thanatos...detén ésto...
- Hypnos, me estás agotando la poca paciencia que ésta mujer dejó en mí!.- Una furiosa mirada fue dirigida hacia el dios del Sueño, que chasqueando la lengua con evidente disgusto rompió el contacto de sus miradas y regresó a su distracción de seguir curioseando la habitación.- ¡Y tú levántate! ¡Te he dicho que una dama no debe arrastrarse por el suelo!- Exclamó Thanatos abalanzándose hacia Pandora mientras la agarraba de los cabellos detrás de su nuca y tiraba de ellos con rudeza, halándola hacia sus pies.
El llanto de Pandora era ya imposible de contener, y unos tímidos sollozos comenzaron a rebotar en su garganta, mientras inconscientemente su cosmos clamaba por ayuda, formando un mudo nombre en sus labios. El agarre de Thanatos no aflojaba, y con soberbia acercó su rostro hacia el de Pandora, que mantenía sus párpados sellados con fuerza.
- ¿A quién llamas pequeña? ¿A Radamanthys?...- Thanatos escupía las palabras cargadas de desprecio sobre el compungido rostro de Pandora.- ¿Crees que vendrá en tu ayuda? ¿Tan estúpida llegas a ser?- Pandora se ahogaba con sus propios sollozos, pero ya era demasiado tarde para remediarlo.- Nuestro Juez no puede oírte, ya me he encargado que así sea...y aunque pudiera parece que Radamanthys te ha perdido el respeto últimamente...Diría que ahora mismo tiene asuntos más importantes que atender...- Un gemido de dolor y desesperación escapó de los labios de Pandora, que llevó una de sus manos hacia la garra que la tenía amarrada por la nuca.- ¿Quieres ver qué está haciendo? Yo te lo muestro...
Pandora negó con un repetido movimiento de cabeza, esbozando una escueto "no" con sus labios, pero Thanatos seguía con su personal tortura hacia su súbdita más leal. En una fracción de segundo, la atmósfera de la habitación cambió, y frente a ellos aparecieron las paredes del cuarto de Radamanthys, dónde en ese mismo instante se estaba librando una batalla muy distinta a la que tenía Pandora frente a sí.
- Mírale, Pandora...observa qué hace tu maldito amante cuando puede escapar de tí...- Pandora se resistía a desvelar su mirada, intuía demasiado bien lo que podía descubrir si lo hacía, y no estaba segura que su maltrecho corazón lo pudiera soportar...Pero Thanatos era insistente. Demasiado insistente y aterrador para negarle algo tan simple como abrir su anegada mirada, y confirmar lo que su alma no estaba dispuesta a aceptar.- ¿Lo ves, Pandora? ¿También es así de apasionado contigo? ¿O eres tú la que destila pasión mientras él obedece?- Pandora había cerrado su mirada de nuevo. No podía seguir soportando la humillación de tener que ver cómo Radamanthys se besaba con tal derroche de pasión con un intruso, un don nadie...un repugnante roedor de alcantarilla...Los sollozos convulsionaban en su pecho, y las lágrimas seguían derramándose sin fin.- ¡Álzate de una vez, furcia!
Estas palabras volvieron a llamar la atención de Hypnos, que sin disimular el repudio que le ocasionaba aquella situación se acercó decidido hacia Thanatos, posando la mano sobre el brazo que seguía manteniendo a Pandora bajo su control, estrechándolo con fuerza, invitándole a detener la desagradable escena que Thanatos le obligaba a presenciar.
- Ya es suficiente...Thanatos.- Dijo con tono firme, escrutando a su hermano intensamente.- Creo que a Pandora ya le ha quedado claro cuál ha sido su error...
Una intensa mirada de súplica, enviada de las bajezas más deplorables a las que puede descender un alma humana, se posó desesperada sobre el dios más amable de todos los dioses más malvados, deseando estúpidamente hallar un miga de comprensión...necesitando alarmantemente un grumo de compasión.
- Hypnos...¡siempre tan aguafiestas!- Se quejó Thanatos, volviendo la mirada de nuevo hacia Pandora.- Sabes que te puedes unir a nosotros ¿verdad, Pandora? Díselo tú misma, ya que mi hermano tiene la mala costumbre de no creerme...¡Venga, díselo!
Uno sonoro gemido se deformó en la garganta de Pandora, que inútilmente luchaba para cubrir su cuerpo con la tela que aún vestía ante tanta vejación. Fueron necesarios un par de entrecortados suspiros antes de poder hablar con algo de claridad, y con la vergüenza estrujándola por dentro buscó la fría mirada de Hypnos y obedeció.
- Señor Hypnos...su presencia y compañía siempre es un placer para mí...
La silenciosa súplica de ayuda seguía delineando su violeta mirada, y un leve estiramiento de los labios de Hypnos en un frágil rictus de comprensión estuvo a punto de salvar la dignidad de Pandora, insuflándole unas agonizantes esperanzas, que murieron en el preciso instante que Hypnos volvió a hablar.
- Aborrezco estas escenas...- Dijo Hypnos, soltando el amarre del brazo de su hermano.- Y no voy a ser cómplice de ellas...pero tampoco soy nadie para interponerme entre los deseos de mi hermano.
La esperanza que fugazmente había brillado dentro de la mirada de Pandora se esfumó al instante, dejando paso otra vez al pavor. A la repugnancia. A la humillación...
- Cómo desees Hypnos...luego no te arrepientas de haber declinado las ofrendas de nuestra niña para compensar sus errores.
- Repito que no es necesario todo ésto. Pero si quieres regalarte un rato de diversión no soy quién para impedírtelo. Sólo te pido que no lo prolongues inútilmente.
Dicho ésto Hypnos desapareció, y aunque su presencia nunca era benévola, Pandora no pudo evitar sentir cómo se iba lo único que le ofrecía una absurda protección.
En algún momento Thanatos había soltado su agarre de la cabellera de Pandora, que seguía arrodillada a sus pies, abrazándose a ella misma con su rostro completamente gacho, protegido por la cortina de sus densos cabellos negros. Una nueva orden de Thanatos fue pronunciada con lacerante frialdad, y Pandora obedeció, e intentando disimular el temblor de sus rodillas se alzó.
- Desnúdate.
El batín de seda tímidamente se deslizó a través de sus finos hombros, hasta probar el sabor del deshonor que sembrada el suelo de la habitación, y unas dudosas manos lucharon infantilmente para cubrir una expuesta desnudez que dolía mostrar.
Thanatos alargó la mano, tomando a Pandora del brazo con firmeza mientras la obligaba a sentarse a horcajadas sobre su regazo.
- Pandora...mi tierna Pandora...- La voz estaba impregnada de una lascivia repugnante, y el tacto de los dedos que apartaban los mechones de su rostro hasta colocarlos con falsa dulzura detrás de su oreja le despertaban unos escalofríos que nada tenían que ver con las sensaciones que regala el placer.- Ahora me vas a ofrecer las atenciones que sólo me deben pertenecer a mí, y que tan vulgarmente te has dedicado a desperdiciar con tu soldado...- Pandora asintió sin ser capaz de devolver su mirada a los ojos que la devoraban sin compasión.- Y te harás respetar tal y cómo yo te enseñé que se debe hacer...- Otro asentimiento siguió a estas encubiertas órdenes.- Iniciarás nuestra invasión del mundo humano...y por supuesto castigarás como se merece la desobediencia de nuestro Juez...¿Te queda claro, pequeña?.- Pandora volvió a asentir, mordiéndose los labios para evitar su temblor, odiándose por no retener su maldita debilidad dentro de su apagada mirada.- Así pues...Muéstrame qué es lo que Radamanthys no sabe apreciar de tí...
Una última lágrima regó las mejillas de Pandora antes de empezar a desabrochar la camisa que cubría el cuerpo de Thanatos, al tiempo que sentía cómo sus muslos empezaban a ser acariciados con indecoro, forzándose a formar el rostro de Radamanthys sobre unas facciones que le repugnaban con profundo pesar.
Sabiéndose perdida en manos de quién tenía el control de los latidos de su corazón. Revolviéndose en las cenizas de su más secreta humillación.
#Continuará#
¡Gracias Katty! ¡Espero leerte de nuevo!
