Aclaración de puntos:

1. -Las acotaciones son estas

"Lo que el personaje piensa"

Hablando el personaje

(Cuando yo interfiero)

o-o-o-o-o-o-o Cambio de escenario o-o-o-o

2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki solamente el personaje de Aiko es de mi invención (más o menos), al igual que la trama de este fic

3.- Este va a ser un fic clasificación R, no porque haya mucho lemon pero si un poquito, además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic

4.- Aquí hay yaoi, escucharon bien, es yaoi (¬¬ como si Beyblade no lo fuera siempre)

5. – Aunque sea un poco de Kai/Ray, se va a centrar más en la nueva pareja que será…. 3

MOMENTOS DE REFLEXIÓN

El silencio reinaba el lugar, no se escuchaba absolutamente nada además del tic-tac de un reloj, la noche había caído finalmente, y las sombras cubrían todo, nada se movía, todo era calma y tranquilidad la luz de la luna era la única que se filtraba por la ventana que estaba abierta de par en par sus cortinas, revelando un panorama blanquecino y solitario, aquella luz daba directo a una cama que se encontraba en aquella habitación, y en ella, un cuerpo quieto respirando acompasadamente.

Sus cabellos eran tan rojizos como el fuego vivo, y se encontraban completamente esparcidos sobre una almohada tan blanca que hacían un maravilloso contraste, su cuerpo, casi igual de blanco que aquél objeto donde reposaba su cabeza, era cubierto por una fina sábana delgada y de un color azul oscuro, sus párpados ocultaban a unos ojos de un hermoso color azul ártico.

El reloj marcó las tres de la mañana con campanadas, y después de esto volvió a callar. Se suponía que debería estar dormido, pero no podía, su cuerpo pesaba, estaba exhausto, sin embargo, por alguna razón no podía conciliar el sueño y, aunque quisiera engañarse con respuestas banales, sabía muy bien el porqué se sentía así, y aún así se negaba a admitirlo.

Ya hacía un año casi desde que empezaron aquello, desde que lo alejó de lo que le impedía que regresara con él, y aún así no había logrado mucho. Pero era suyo, desde siempre fue suyo, simplemente que se confundió y se alejó de él, pero ahora había vuelto. A pesar de todo eso ¿por qué se sentía tan miserable? Siempre estuvieron juntos, siempre estuvo a su lado, siempre le apoyó y le alentó a seguir adelante y, cuando desapareció, él fue el único que se empeñó a buscarle, sin embargo no pudo encontrarle.

Poco tiempo después dejó de buscarle, aunque no podía recordar del todo bien el porqué, pero ese no era el punto. El punto era, el porqué no habían avanzado nada en tanto tiempo. Él era suyo, y de nadie más, él se lo había ganado a pulso y ellos eran los que debían estar siempre juntos, eso era lo que su cabeza repetía como si de una obligación se tratara.

Tan perdido en aquellos pensamientos tan triviales y a la vez tan profundos no escuchó un pequeño rechinido que ultrajaba aquél silencio inminente, para volver a reinar casi inmediatamente, sin siquiera ser percibidos. Sus ojos fijos en ningún punto en un rayo de luna que se colaba entre las cortinas, perdidos en su propio mundo, y su espalda dándole a aquella enorme ventana no se percataban de nada de lo que ocurría a su alrededor.

De pronto, un lado de su cama se hundió un poco, con un movimiento suave pero firme a la vez, esto lo despertó de su ensueño sobresaltándolo momentáneamente pero olvidándolo casi instantáneamente al ya saber de qué se trataba todo eso, no estaba sorprendido, pero tampoco emocionado, eso era un poco extraño para él, pero estaba bien ¿no?

Lentamente aquél peso se fue acercando desde la orilla de la cama, estando cada vez más cerca de él, podía sentir aquél peso cada vez más cerca de su espalda, su corazón palpitaba rápidamente, esperando algo que él ya sabía de antemano qué pasaría, era un poco extraño, una mezcla e excitación y depresión, muy contrastantes pero a la vez tan similares

Sintió una respiración cerca de su cuello, haciéndole sentir escalofrío por toda la espina dorsal y un ligero sonrojo se apoderó de sus mejillas, cuando no creía posible sentir más placer, pronto unos suaves labios se posaron en su cuello, dando pequeños besos apenas perceptibles, siendo más bien como ligeros roces. Un fornido brazo atravesó su cuerpo posándose frente a su cara, mientras sentía el resto del peso en su espalda.

Sin poder resistirse más, se volteó para quedar boca arriba, encarando al sujeto de sus desvelos constantes, su mirada estaba algo ida, como si realmente no prestara atención a lo que hacía o de quién era él, esa mirada le hizo sentir una presión en su pecho y una sensación de vacío se apoderó de él, aunque pronto lo olvidó con aquellos suaves labios comenzando a morder su delgado y blanco cuello

Inevitablemente no pudo suprimir un leve gemido desde el fondo de su garganta y que sus pálidas mejillas se tornaran de un rosa que, a vista de muchos, se notaba sumamente encantador y suculento; soltó su respiración que inconcientemente retenía al sentir la lengua del otro recorrer el largo de su cuello saboreándolo y dejando un rastro de saliva a lo largo del mismo.

La temperatura de su cuerpo comenzaba a subir lentamente haciéndole poco a poco más difícil la tarea de pensar en algo más aparte de aquellas maravillosas sensaciones que recorrían su cuerpo y que comenzaban a despertar una parte específica de su anatomía. Lentamente una mano se introdujo por debajo de la camisa de su pijama en una caricia suave, hasta el momento en que esta se encontró con su tetilla, ya que en ese momento la apretó con un salvajismo que le hizo lanzar un grito de dolor.

El otro, sin siquiera reparar en un instante en aquél que se encontraba debajo de su cuerpo, abrió de par en par la camisa del pijama, haciendo saltar los botones a un punto desconocido en la penumbra de aquella habitación. Una vez logrado su cometido se puso a mirar detenidamente aquél torso blanquecino como si lo estuviera adorando, pasando la yema de sus dedos sobre él en un roce ligero.

Ante la caricia, el pelirrojo cerró fuertemente los ojos y sus mejillas se tornaron de un rosa a un rojo que fácilmente podía ser confundido con el color de su cabello, su respiración era muy pesada y caliente y aquella parte de su anatomía ya estaba muy despierta y ya resaltaba por el pantalón de aquél conjunto blanco que vestía.

Prontamente aquellos ligeros roces por parte de sus dedos fueron suplantados por los labios cálidos de aquél visitante nocturno, dándole pequeños besos a lo largo de su pecho, comenzando por el cuello y bajando lentamente, al encontrarse con un pequeño bulto decidió probarlo detenidamente, succionándolo y mordisqueándolo en ocasiones demasiado fuerte haciéndole soltar a veces gemidos de placer y en otras gemidos de dolor.

Cuando hubo terminado con una prosiguió con la otra dándole el mismo trato, el pelirrojo ya no cabía en el goce que estaba sintiendo y eso que apenas si era el comienzo, el hecho de sentir el calor de su boca sobre su tetilla y al momento de soltarla su aliento se tornaba de inmediato en una brisa fresca era una sensación por demás deliciosa.

Una vez saciado siguió su camino dándole pequeños besos hasta alcanzar su ombligo, donde también se entretuvo un rato metiendo su lengua y moviéndola circularmente a lo cual el ojiártico ya no sabía si reír o retorcerse de placer ante la combinación de sensaciones tan… tan… bueno tan… eso era… no había palabras para describirlo, pero tardó el tiempo suficiente ahí como para desesperarse por no continuar.

Dejó aquél lugar y subió nuevamente a la altura de su oído, solamente para decirle tres simples palabras que hicieron que todo aquél sentimiento, aquellas sensaciones y aquella alegría se fueran directamente el caño. Sin prestar la menor atención en el cambio de ánimo, volvió a dónde se había quedado bajando aún más y comenzando a besar aquella parte que clamaba de atención.

De un solo jalón, bajó aquellas dos prendas juntas que le impedían acercarse a su ansiado manjar y, cuando lo tuvo frente a su cara, no pudo evitar relamerse los labios anticipando cualquier sensación. Primero le dio un beso en la punta de una forma tierna, para enseguida seguir con los besos a lo largo del tronco, esparciéndolos primero hacia abajo y luego de regreso.

Después de hacer aquél movimiento como tres veces, comenzó a dar pequeños lengüetazos por donde sus labios habían estado pasando hasta la base de su miembro y regresando por el mismo camino. El pelirrojo se retorcía del placer ocasionado por aquella lengua y se aferraba firmemente a las sábanas las cuales se doblegaban en su agarre desesperado por contener aquellos gemidos que salían de su boca sin poder ser evitados, aunque tampoco quería evitarlos.

Sin previo aviso, en un rápido movimiento, engulló aquél pedazo de carne haciendo que el ojiártico soltara un grito de sorpresa y placer mezclados, el bicolor volvió a hacer aquél movimiento metiéndoselo en la boca lo más que pudo en un lento movimiento y sacándoselo de la misma forma. A pesar de que aquella era la forma de tortura que más le gustaba hacerle aún no se acostumbraba, y daba gracias por eso ya que siempre disfrutaba de aquellas sensaciones tan placenteras.

Lentamente aquél lento movimiento tan sutil se fue convirtiendo en uno más rudo y más rápido y sus gritos iban de igual forma en aumento retumbando en aquellas paredes, sin siquiera ser retenidos, sus nudillos estaban más blancos de lo que jamás se hubiera imaginado de lo fuerte que sujetaba las sábanas, su espalda se arqueaba ante cada oleada y su cuerpo estaba bañado en pequeñas perlas de sudor dándole un toque sensual.

De pronto, una sensación ya conocida comenzó a invadir el cuerpo del ojiártico, como si algo en su interior hirviera y quisiera explotar, todo eso se concentró en un punto exacto de su anatomía por la que, después de unos minutos, pudo liberarse, aunque el bicolor se retiró justo cuando sintió la explosión del otro, quedando todo esparcido sobre su vientre y escurriendo por su miembro.

La respiración del pelirrojo era irregular y rápida y su corazón latía a mil por el último acontecimiento, aún así sin darle tiempo a recuperarse, el ruso-japonés reclamó aquellos labios secos y los besó con vehemencia y sintiendo que su saliva estaba espesa por su respirar. Así estuvo unos minutos y luego, sin darle tiempo a reaccionar, lo volteó de un solo jalón, dejándolo boca abajo.

El bicolor comenzó a quitarse su ropa lo más rápido que podía sin que el otro se pudiera disfrutarlo por la velocidad de su acción y por la posición en la que se encontraba, una vez que se hubo desvestido cubrió con su cuerpo desnudo al que se encontraba debajo de él dándole pequeños besos en la espalda y hombros que ocasionaron descargas eléctricas en toda la espina dorsal del otro y logrando que lo poco que había decaído su miembro, volviera a levantarse con nuevos bríos debido al hecho de que podía sentir como el miembro totalmente erecto del otro rozaba contra su piel.

Las manos del ojirubí recorrían los brazos del otro en un movimiento lento desde sus hombros hasta sus manos que se encontraban a ambos lados de su cara, una vez terminado su camino movió aquellas ávidas manos hasta la espalda donde momentos antes habían estado sus labios y comenzando a bajarlas de forma lenta al tiempo que levantaba su cuerpo hasta ponerse en cunclillas por debajo de donde la espalda pierde su nombre

El pelirrojo se mantenía con la cara enterrada en el colchón preparándose para lo que venía comenzando a respirar con rapidez de antemano, sintió como aquellos pedazos de carne que permanecían siempre juntos eran separados por las deseosas manos del ojirubí y, sin ninguna preparación, metió de un solo golpe todo su miembro y un grito fue ahogado en aquella colchoneta, misma que absorbió unas gruesas lágrimas que salieron de sus ojos y que el otro no vio.

Sin darle tiempo a acostumbrarse ni importándole el estado de aquél que en aquellos momentos ahogaba sus quejidos de dolor, comenzó a moverse en un vaivén de una forma un tanto brusca y con cada estocada más rápido era su movimiento. Ahora mismo había dejado de ser aquél amante cariñoso para preocuparse únicamente en su propio placer, aunque en aquella posición el movimiento que tenía hacía que su miembro se rozara contra el colchón ocasionándole un cierto grado de goce

Las penetraciones dejaron de ser rítmicas para comenzar a ser desesperadas, pronto llegaría el ojicarmín al climax y el pelirrojo podía sentirlo en su interior, cómo es que el miembro punzaba cada vez más y como si algo quisiera fluir de ahí, al mismo tiempo que su roce con el colchón era más fuerte y lo estimulaba a él también hasta que lo hizo explotar derramando todo entre él y la colchoneta y embarrándole todo e vientre, para segundos después venirse el bicolor dentro de él y se tumbó sobre su cuerpo

Los dos tenían la respiración agitada y respiraban con dificultad por la boca, sin decir palabra alguna el ruso-bicolor salió del cuerpo del otro, recogió su ropa y salió de ahí, dejándole ahí tumbado, en silencio y en la oscuridad, tal y solo, como estaba al principio. No había esperado que dijera algo, nunca lo había dicho, ni siquiera permanecía más de un minuto después de haber terminado una sesión de sexo ¿Por qué habría de cambiar ahora?

Además estaba a su lado, eso era lo más importante, que estaba con él… ¿o no? Había comenzado aquél ritual a la semana de haberse separado del pelinegro, y él gustoso había aceptado ser su compañero sexual cuantas veces quisiera pero… al menos le gustaría que le reconociera, porque era muy conciente de que el bicolor no se daba cuenta del todo con quién estaba teniendo sexo, al menos al principio.

Cuando comenzaba era cariñoso, amable y cuidadoso, sin embargo, después de que el bicolor le hacía sexo oral todo cambiaba, se volvía rudo y despreocupado por él, como si reconociera que aquél sabor no era el que esperaba. ¿A quién engañaba? No era la persona que el bicolor esperaba y hoy se lo acababa de confirmar con aquellas palabras pronunciadas.

Pero no quería… no podía renunciar a Kai, era darse por vencido y reconocer que había perdido ante el pelinegro, aunque éste no lo supiera. Había luchado tanto por conseguir al bicolor y ahora que lo tenía ¿debía dejarlo ir? Estaba confundido, lastimado – tanto física como mentalmente – y se sentía solo… extrañamente en su mente apareció una sola persona en particular y su corazón deseo con toda su fuerza que estuviera a su lado para consolarle, aunque no fue consiente de su propio pensamiento pues el mundo de los sueños lo reclamó por fin.

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La noche había caído por fin y la oscuridad se comía a todo aquél que en su paso se atravesaba sin tener piedad ni misericordia; ningún as de luz irrumpía en aquellos dominios que había reclamado como suyos aunque fuera solamente un reinado efímero. En aquella penumbra no se distinguían formas ni tamaños, ni si algo estaba vivo o no, sin embargo lo que si se podía percibir, era una respiración, algo extraña por que era suave pero ruda a la vez

El silencio era absoluto, nada lo interrumpía y creaba una atmósfera de paz y tranquilidad que podía llegar a ser adorada o detestada, pero en aquél momento era necesaria, por que le permitía pensar y reflexionar – lo hacía más seguido de lo que todos creían. Estaba totalmente recostado en su cama sin poder conciliar el sueño, viendo fijamente al techo a pesar de que no podía verlo en realidad.

Ya era un año desde que había comenzado su "nueva vida" y poco a poco se iba acoplando a ella, por que no era sencillo dejar su "acogedor" hogar anterior – nótese el sarcasmo – sobre todo por el hecho de que ahí no habían los "hermosos despertares" que solía tener y, para su desgracia aquellas noches de pela antes de dormir con un chico pelirrojo que se había ido con el ex-novio de un compañero suyo – quiso decir amigo, pero las palabras se atoraron en su garganta, aún no le cuadraba decirlo - pero aún con el pasar de ese tiempo, aún le extrañaba (aunque jamás se lo diría a nadie), curiosamente a lo que él hubiera pensado se sentía a gusto donde estaba

En un inicio fue un fastidio, siempre habían estado juntos, desde que podía recordar, siempre compartiendo la misma habitación, teniendo discusiones todo el tiempo, sin embargo, aquella situación cambió de pronto a que discutía con él solamente para tener la atención del otro, no importaba el cómo, y para el colmo, éste sólo mirara al bicolor. Eso en un determinado momento fue demasiado frustrante, sin embargo, había algo que siempre le había gustado, el discutir con él justo antes de dormir, aquella situación se volvió un rito que las primeras noches, extraño a sobremanera

No sabía exactamente cuándo había comenzado a querer al que siempre había visto como su enemigo, pero vaya que sí recordaba el cómo habían sido las cosas. El haber compartido siempre la habitación fue el factor clave, pero también habían compartido muchos entrenamientos y también muchas veces, los mismos castigos debido a que cada uno tenía un carácter de los mil diablos, lo que ocasionaba constantes peleas entre ellos.

En ocasiones aquellas peleas carecían de total sentido de ser, otras discutían de la nada, otras ocasiones discutían con todo fundamento, y en otras, simplemente se les olvidaba el porqué discutían, pero ahí seguían duro y dale con su pelea. La simple presencia a uno del otro les era fastidiosa, no podían estar a menos de 5 metros juntos porque ya comenzaban una pelea campal.

Aquella cara de determinación y furia del pelirrojo que ponía en cada batalla se le hacía muy atrayente. Ya fuera en una beybatalla, pelea verbal o a golpes (porque si los llegaron a tener), aquellos ojos color azul ártico, que siempre emitían la misma frialdad que el hielo, transmitían tanto calor y vida en esos momentos. Las palabras dichas a veces eran hirientes, pero siendo ellos pues no les hacía mella, estaban más que acostumbrados.

Las mañanas tenían que comenzar con una pelea, por lo que fuera, muchas veces las hacían tan escandalosas que Boris llegaba a oírlos y los mandaba encerrar a unas mazmorras y, con el frío de Rusia, aquél lugar era peor que un congelador, pero la alegría de poder ver aquellos ojos nadie se la quitaba. Él era fuerte, terco, obstinado, cabezahueca, arrogante, pedante, y otros apelativos que no recordaba del todo, lo único que le faltaba era ser tan guapo como él, nah, a quién engañaba, era lo mejor que había visto en el mundo. En verdad que le extrañaba, a todas y cada una de las peleas, aquellas noches en las que sus discusiones culminaban con la almohada del ojiártico en su cara para hacerle callar.

Aquella era su vida, sin embargo, nunca pudo comprender qué era lo que veía en el bicolor o, en todo caso, el porqué estaba tan obstinado con él. Si, Hiwatari era antipático, arrogante, pedante, engreído, antisocial, detestable, imbécil y de poco platicar, simplemente él no era para el pelirrojo, y no simplemente por que no le simpatizara, si no porque eran muy parecidos.

Hiwatari requería de alguien con paciencia, ternura y lleno de comprensión, alguien como el kot, y en verdad, si no estuviera enamorado del pelirrojo – por que había caído en la cuenta de que estaba enamorado de él después de un año de no haber podido sacárselo de la cabeza – iría por el kot, por eso y si la mocosa no interfiriera cada vez que se acercaba al chico, claro que sus intenciones nunca eran esas, pero el que ella lo creyera y tratara de impedírselo, le resultaba sumamente divertido. Inclusive, por su cabeza cruzó que, por la forma de ser de aquella chica, iría por ella también.

Aquella chica era sumamente rara, por que después de haber intentado – y remarcó intentado – matarlos, le acoge. A decir verdad le llamaba mucho la atención aquél comportamiento suyo. Al principio fue una situación sumamente difícil, porque el es muy obstinado, y ella también, su forma de ser chocaba constantemente, contrastando con el aire taciturno y deprimido de cierto chico pelinegro y todo eso estuvo a punto de volverlo loco… de verdad loco.

En una ocasión, el pelinegro le había comentado que ella había estado en la abadía, aunque él no podía recordarla pero eso no le preocupaba, ellos no tenían recuerdos. Le había dicho que Voltaire intentó matarla una vez que el bicolor desapareció después de haber causado un gran alboroto con el black dranzer, curiosamente aquél suceso sí lo recordaba

Sin embargo, un ex-empleado se lo impidió y se la llevó de Rusia a Japón, con algo de esfuerzo los recuerdos fueron enterrados, pero la principal razón fue que la chiquilla no soportó el hecho de que aquél hermano al que tanto quería y admiraba no hubiera ido por ella. El tiempo pasó y olvidó todo lo relacionado con la abadía y se volvió en poco menos que un mal sueño, dentro de él, sintió algo parecido a la envidia

Una vez olvidado todo, fue capaz de experimentar la felicidad, sin embargo, un terrible día su cuento de hadas se volvió una pesadilla, su familia entera murió en una sola noche, incluyendo un hermano menor que tenía al cual apreciaba mucho, ese día fue el mismo día en que recordó al bicolor, en sus ojos se reflejó un sentimiento poco característico de él.

También le dijo que ella, a pesar de todo, buscó a Kai, y entrenó arduamente para demostrarle que era digna de ser su hermana, y le dijo el cómo durante algún tiempo les hizo creer que era un chico para lograr su objetivo – muy astuta, pensó. Aquella historia no le parecía para nada un cuento de hadas de una princesa y, para rematar, el chino andaba más o menos por la misma historia, si, en definitiva, aquél cuento era un asco, ya que no tenía un "Y vivieron felices por siempre"

Llegó a un punto donde se cuestionó si en verdad su estadía en la abadía había sido tan mala, al menos él no tenía el cariño de alguien a quien extrañar, por que nunca había sentido eso, y se preguntó que dolor sería peor, el de no saber que se siente el ser querido, o el de saber que alguna vez alguien te quiso y ahora ya no, o aún peor, haber tenido una familia y perderla o el nunca haber tenido una. Tal vez nunca lo sabría

A pesar de todo lo que pasaba, se sorprendía que aquella niña no dejara de sonreír frente al kot, tal vez fue eso lo que le hizo comenzar a estimarla, eso y que en verdad ella es muy buena con el beyblade, sin desmerecerle nada al idiota de su "hermano" o despreciar al ojiambar, inclusive en más de una ocasión se atrevió a pensar que las beybatallas que sostenían le eran más entretenidas y excitantes que las que había tenido con cierto chico pelirrojo, aunque en realidad dudaba que su excitación se debiera a la batalla.

Un golpe en la cabecera de su cama lo sacó de sus pensamientos de una forma muy abrupta – hablando de cariño – pensó. Al parecer tenía a unos vecinos de cuarto muy activos en la noche, uno tras otro golpe se podía escuchar a través de la pared de forma estridente, y no es que estuviera celoso, simplemente que no quería oír aquello, toda la noche

Fastidiado, se levantó de su tálamo, tomó su almohada y una sábana, y salió del lugar hasta la sala, donde puso su almohada en el sillón más grande y se dejó caer con todo y la sábana sobre su cuerpo. No era muy cómodo, pero era mejor a escuchar el constante "pum pum" rítmico sobre su cabeza. Miró hacia un costado y notó que el reloj marcaba las cuatro pasadas ¿Cuándo se había hecho tan tarde? ¿O tan temprano? Dependiendo del punto de vista. Cansado de darle vueltas al asunto de cada noche intento dormir las pocas horas que le quedaban.

- Si te duermes ahí pescarás un resfriado – dijo una voz en algo poco más que un susurro, pero que en el silencio era lo suficientemente audible

- Hmpf, mira quién lo dice – hizo burla a la persona que estaba parada en el marco de la puerta que daba acceso a la sala, con solamente una toalla ataca a su cuerpo y otra posada en su cabeza

- Ya, ya – respondió al tiempo que caminaba hacia él, movía la toalla de su cabeza de adelante para atrás con el afán de secar su cabello y quitándole importancia a lo que el otro había dicho. Él solamente traía una camisa de tirantes y un pantalón de tipo deportivo - ¿Por qué estas aquí?

- ¿Es una pregunta espiritualista? – Se burló

- No, estúpido – respondió con algo de enfado y sentándose en la orilla de aquél sillón donde el otro estaba acostado – Me refiero a que por qué estás intentando dormir en el sofá y no en tu habitación – dijo ahora con la toalla de su cabeza sobre sus hombros - ¿Acaso no te parece cómoda?

- Pues la verdad no – contestó recostado y con sus brazos entre su cabeza y su almohada, sirviéndole como apoyo extra restándole importancia al hecho de que la chica le miró confundida por su respuesta – Le falta moho en las paredes, uno o dos pares de grilletes en ella y que de uno de ellos cuelgue el cadáver un tipo que ha estado ahí por mucho tiempo, también que la ventana tenga barrotes y, lo más importante, que la puerta tenga una rendija por donde me pasen la comida. No puedo dormir sin todas esas comodidades – Vio que la chica le sonrió

- No soquete, ya en serio

- Hmpf – rezongó – parece ser que tengo unos vecinos muy activos por la noche – la ojirubí hizo una cara de incomprensión – Olvídalo – rodó los ojos - ¿Y tú? ¿Qué haces despierta a esta hora y más aún tomando un baño?

- ¿Eh? Yo... – comenzó nerviosa – Yo... bueno... verás... – las palabras no querían salir de su boca, su mirada rubí se encontró con la del otro, recia y perspicaz como ninguna, y bajó entonces su mirada – Ya, bueno – contestó algo cohibida

- Mocosa estúpida, te lo advertí

- Tu siempre tan amable, ¿verdad? – El otro sonrió de forma torcida - ¿Cómo lo supiste?

- ¿Con quién crees que estás hablando mocosa? Yo era quien cuidaba del estúpido de Ivanov cuando enfermaba después de uno de esos experimentos locos del imbécil de Boris

- Ah – fue la única respuesta de la chica

- ¿Y el neko?

- Al fin se quedó dormido

- Aún sigue igual – Vio a la ojirubí asentir

- Después de tanto tiempo y a pesar de todo, sigue llorando por las noches entre sueños – la respuesta del otro fue apenas un gruñido

Un silencio se formó después de aquella plática, no era incómodo, era muy apacible estar con ella, acompañaba en silencio cuando tenía aquella rara sensación de querer estar acompañado pero solo. Rió internamente al pensar que más bien parecía pariente del kot que del idiota del bicolor

- Bryan – habló pasado un rato

- ¿Mmm? – Contestó con los ojos cerrados

- Lo siento

- ¿De qué estás hablando mocosa? – Dijo abriendo uno de sus ojos y alzando la ceja

- Yo… - titubeó – En verdad lo siento Bryan – su mirada se escondido tras su flequillo

- No fastidies mi paciencia – le advirtió

- Yo… - titubeó una vez más – Lamento haberte metido en esto, lamento haber ocasionado todo, lamento haber sido tan egoísta al grado de haberles hecho venir y que todo esto sucediera. Casi de inmediato me di cuenta de que te gustaba, y pensé que tú a él, pero… pero… - dijo todo eso de corrido y apretó sus puños – Maldición – dio un quejido – No tenía previsto esto, yo creí… yo imaginé… - otra pausa – ¡Demonios! – Ahora fue un grito pasito de desesperación – oyó que el otro ser rió con ganas y volteó a verle extrañada y enfadada - ¿Te estás burlando de mi?

- Si – contestó simple y llanamente, y la otra le devolvió una mirada digna de un Hiwatari – En verdad que eres estúpida – continuó su risa ocasionando que la chica se enfadara aún más pero después comprendió aquellas palabras no dichas y también sonrió

- Si yo soy una estúpida tu eres un imbécil – dijo con la mirada ya suavizada y el otro rió con más ganas aún, si es que se podía, ella también rió un poco

No pudieron ver como un par de ojos les observaba tranquilamente y en absoluto silencio entre la oscuridad desde la lejanía, sus ojos estaban llenos de paz y alegría que reflejaban lo que su corazón sentía en aquellos, momentos. Era una sensación que no se permitía sentir hacía ya mucho tiempo, hacía ya un poco más de un año. Tal vez, era hora de avanzar, y lo haría por sus amigos, pero principalmente, lo hacía por él mismo, por que él era fuerte y nunca se dejaba amedrentar. Así pues, regresó a su cama con aquella firme decisión en su cabeza, a partir de mañana, volvería a ser al que Kai Hiwatari había matado, volvería a ser Ray Kon, por él, por su amiga inseparable, y por su nuevo amigo

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La mañana se levantaba y, por una rendija entre las cortinas, el sol comenzaba a asomarse lanzando su rayo de luz débil hasta una cama, en ella, un par de ojos color rubí se abrían lentamente, con movimientos perezosos se sentó en aquella mullida cama y con el dorso de la mano talló sus ojos, intentando espantar lo que aún le quedaba de sueño.

Pesadamente, y sin ánimos, se levantó de su cómo lugar y caminó hasta la puerta para abrirla y salir de aquél lugar, sin embargo, no bien había hecho su propósito, un aroma le despertó completamente, haciendo que corriera a toda velocidad hacia dónde se encontraba el origen de la fragancia, encontrándola detrás de unos segundos y ensanchando una sonrisa al ver al pelinegro en la cocina, preparando un delicioso desayuno de hot cakes, su platillo favorito, y en la mesa, cómodamente sentado – en una silla – se encontraba el pelilavanda, tomando un café

- Buenos días – saludó alegremente la ojirubí

- Dirás tardes – se burló el ojilavanda ya con su típico traje morado puesto

- ¡¿Qué?! ¿Pues qué hora es?

- Cerca de las dos de la tarde – le contestó el pelinegro con su ropa de invierno, un pantalón negro que se veía muy cómodo y calientito, y un sweater azul oscuro de cuello de tortuga

- Au – se quejó la chica – Ya perdí todo el día para esquiar

- Eso te pasa por dormir tanto – le reprendió el pelilavanda

- Pero… - reaccionó de pronto – Si ya es tan tarde ¿Por qué estás preparando hot cakes?

- Pensé que se te antojarían – le respondió el ojiambar con una radiante sonrisa, tan hermosa que dejó consternados a los otros dos

- Ray – empezó temerosa la ojirubí - ¿Te sientes bien?

- De maravilla ¿Por qué preguntas?

- Yo… - vio de reojo al pelilavanda y consintieron algo en silencio – No, por nada Ray – sonrió – Bueno, será mejor comer esos hot cakes, después de todo Ray los hizo con esmero

- Glotona – le dijo en bajo

- Orangután – le respondió de igual forma

- Oye… - cambió de pronto el tema el chico de Rusia - ¿Por qué hay tan poca gente por aquí?

- Ah, eso es porque siempre vengo cuando los demás se van – el otro le miró con cara interrogante – Es decir, yo vengo cuando los demás ya están regresando a sus casas, no me gusta que haya mucha gente, por eso es costumbre venir un día antes de que todos regresen a sus hogares. Papá solía hacer eso, y pues se me quedó la costumbre

- Entonces eso quiere decir…

- Que para ahora no quedamos más de diez huéspedes en este lugar – sonrió – además sale más económico

- Supongo que hoy ya no saldrás a esquiar ¿verdad? – dijo el chino rompiendo el silencio recién formado

- ¿Bromeas? Todavía queda mucho tiempo para hacerlo – respondió alegre la ojirubí

- Pero… - le miró con cara de preocupación el chino

- Déjala kot – le dijo el ojilavanda – Que haga lo que le de la gana, yo creo que ya está bastante grandecita como para asumir las consecuencias de sus actos

- No es eso lo que tanto me preocupa – contestó pensativo

- Si no es eso ¿Qué es entonces? – preguntó el ruso

- Es que… - dijo dudoso – Tengo un mal presentimiento…

- ¿Acerca de qué?

- Oye Ray – intervino la ojirubí - ¿Qué te parece si continuamos con tus lecciones de esquí hoy?

- Este… - le recorrió un escalofrío por la espina dorsal

- Si, estabas en lo correcto – se burló el ojilavanda

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La mañana ya había levantado completamente desde hacía mucho tiempo, contemplaba el cómo los rayos del sol bañaban a aquella masa blanca por completo y llenaba todo de vida. Llevaba rato de haber despertado. Después de su actividad nocturna, se quedó dormido profundamente, sin embargo, para cuando despertó, su acompañante ya no se encontraba a su lado

No es que esperara encontrarlo ahí al despertar, pero siempre conservaba esa pizca de ilusión en su corazón. Cada vez que tenían sexo, él se quedaba dormido con el otro a su lado, y cada que despertaba, su acompañante nocturno había desaparecido. Aún seguía preguntándose el qué había pasado, porqué a pesar de que se esmeraba, no conseguía el corazón del otro.

¿Qué había hecho mal? Se abrazó a si mismo, y dentro de su corazón que lloraba – porque externamente no lo hacía – deseó que estuviera a su lado. A pesar de que esa no era su naturaleza ni su forma de ser, deseó que otra vez volviera a estar junto a él y que todo fuera como antes

Harto de aquella situación tan lamentosa en la que estaba sumergido, decidió salir de aquellas cuatro paredes y probar algo de aire fresco. Sin más tomó sus típicos pantalones y dejó su chamarra blanca, en lugar de eso se puso un sweater color azul que tenía una gorra, la cual se la acomodó en su cabeza ocultando completamente su cabello rojo como el fuego. No es que fuera a escapar de alguien, simplemente le apetecía ese estilo, tomó sus zapatos y salió de ahí, no sin antes ver la hora, faltaban quince para las doce.

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El lugar se encontraba prácticamente desierto, solamente una familia de cuatro – los esposos y dos hijos pequeños – quedaban en aquél albergue, y de hecho – según había escuchado de Kyouya – ellos se irían en unos momentos más, antes de que la noche cayera. Sus ojos destellaron ante la visión desierta que se le presentaba y sonrió con ahínco, aspiró hondo, y comenzó su recorrido

Frente a su vista, podía notar la cabellera negra de su amigo chino, y cómo éste movía los brazos de forma desesperada mientras se deslizaba sobre una tabla de snowboarding, a la derecha de él, se encontraba un chico fornido y de pelo color lavanda disfrutando de aquél paseo, en una tabla igual que el otro, sonrió más – si es que era posible – y trató de acelerar su velocidad.

- AAAAAAAAAAAAAAIIIIIIIIIIIIIIKOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!! – Gritó el pelinegro

Si, eso era vida… recordó lo que momentos antes habían hablado… después del desayuno

------------------------------------------------ Flash Back -------------------------------------------

- Olvídalo - fue la rotunda respuesta de un chico de ojos color ámbar

- Oh por favor – rogaba una chica ya cambiada de ropa por la apropiada a ese tipo de clima (para mayor referencia leer el capítulo anterior XDDD)

- Si dije que no es por que no

- Pero Ray...

- Nada de pero Ray, ¿Cuál parte de no, no entendiste?

- Tal vez la parte del "no" – se bufó un chico de cabello color lavanda ya vestido

- Cierra la boca orangután – le espetó encarándolo

- Oblígame mocosa – también le enfrentó

- Basta los dos – los calmó el pelinegro

- Por favor Ray – volvió su atención a su problema principal, lograr que el pelinegro saliera a esquiar de nuevo con ellos

- Por favor tú Aiko, ya dije que no. Eso de esquiar no se me da para nada, y la verdad no tengo ganas de morir tan joven, y menos aún por estamparme con alguna pared o un árbol en el peor de los casos

- Bueno – declinó un poco – Hagamos esto... – propuso – Inténtalo un rato, por mi – le miró tiernamente, con "ojos de cachorrito" – si después de dos horas no logras esquiar bien, lo dejamos y ya no te vuelvo a pedir que lo intentes – vio al otro pensárselo – Por favor – suplicó una última vez

- De acuerdo – soltó en un suspiro después de un rato – Pero solamente un par de horas, no más

- De acuerdo – sonrió ampliamente

- Sabes... – le habló el pelilavanda al chico proveniente de china – creo que te dejas convencer muy fácil

- ¿Tu habrías podido negarte? – le preguntó aún viendo a la chica saltar de alegría, más sin embargo lo único que recibió por respuesta fue un "Hmpf"

------------------------------------------------ End Flash Back -------------------------------------

Y bueno, ahora el chico proveniente de china, gritaba con todo lo que sus pulmones le daban implorando por su vida. Recorría a toda velocidad colina abajo, apenas llevaban media hora en aquél nuevo intento por que él pudiera esquiar y ya se había arrepentido, quería bajarse de ahí, quería bajarse de ahí AHORA. Atrás de él, un poco alejados, venía el pelilavanda y también la ojirubí, aquél alejamiento lo ponía aún más nervioso, y gritó todavía más.

- Parece que el esquí no es lo de Ray verdad – preguntó la chica a su acompañante

- Así parece, pero qué divertido es verle gritar por su vida - rió y volteó a ver a la chica

- Cruel – le reprochó volteando a verlo

- AIIIIIIIIIIIIIIIIIIIKOOOOOOOOOOOOO – gritó el chico que estaba frente a ellos – BAJAME DE AQUÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏÏ

- ¡Bryan! – le llamó algo alarmada ya con su vista puesta de nuevo en el pelinegro

- Déjalo en mis manos – contesto mientras aceleraba su velocidad y se acercaba al pelinegro

Ella también aceleró su velocidad lo más que pudo ya que, en su plática, no habían notado que ya estaban demasiado cerca de la cabaña y que el neko-jin ya estaba a punto de estrellarse con ella. El pelinegro vio acercarse al ojilavanda hacia él, y se alegró demasiado, pensando que era su salvador, sin embargo, éste no ponía la mínima atención a su persona, borrando de inmediato su sonrisa y volteando para atrás al escuchar un grito proveniente de su amiga.

- CUIDADOOOOOOOOOO – gritó a todo lo que sus pulmones le dieron la ojirubí

En su terror el neko-jin no se había dado cuenta de que, frente a él, había una persona caminando distraídamente y que, por la velocidad que él llevaba, no sería capaz de esquivarlo a tiempo porque no había escuchado el grito de su amiga. Era por eso que el ruso se había adelantado, para poder salvar al extraño, pero no llegaría a tiempo

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Había salido a caminar solo por los alrededores del lugar, primero había ido a ver si su acompañante de viaje se encontraba en su habitación, pero no se sorprendió al no encontrarlo ahí, un tanto exasperado y fastidiado, salió de ahí dispuesto a dar un paseo, no es que hubiera mucho a dónde ir, pero era mejor que estar encerrado todo el tiempo sin hacer nada.

Caminó por la nieve hasta perderse en un pequeño bosque que había a las cercanías, inconscientemente aún buscaba a su compañero, ya que sabía que aquél lugar era perfecto para esa persona, sin embargo no se sorprendió al no encontrarlo. Aún así, encontró reconfortante, estaba solo, estaba en la nieve, estaba en su ambiente, era así como se sentía.

No supo cuanto tiempo estuvo caminando, pero supuso que debía haber sido mucho, puesto que ahora su estomago le reclamaba por comida y ya comenzaba a hacer más fresco, calculó que serían cerca de las cinco de la tarde, y es que había olvidado su reloj en la habitación, al igual que a Wolfborg, en verdad que estaba distraído ese día, si Bryan lo viera se burlaría de él por semanas.

Lentamente se dirigió a aquella cabaña donde se hospedaba, había notado que cada vez había menos gente, había sido buena idea ir cuando ya los demás vacacionistas se retiraban, así podría estar a solas con el bicolor. Si bien en la abadía pasaban mucho tiempo juntos, el ruso-japonés se enfrascaba tanto en la organización del lugar que si apenas lo veía.

Cuando él le decía que se relajara y dejara lo que estaba haciendo, el otro se enojaba, le gritaba y se volvía gruñón con él, eso era claro está hasta en la noche, que era cuando iba a su habitación y tomaba posesión de su cuerpo. Nunca había faltado una sola noche desde que habían comenzado con aquello.

Aunque debiera sentirse feliz, cada vez que el bicolor hacía eso, sentía que algo en si se iba destruyendo poco a poco y consumiéndolo, aunque no sabía exactamente qué era y la verdad aquella situación ya le estaba hartando. Y sin contar de que la imagen de cierto inepto pelilavanda aparecía constantemente en su cabeza, comenzaba a pensar que se estaba volviendo loco.

Tan sumido en sus pensamientos estaba que apenas y alcanzó a escuchar un pequeño grito, pero no supo exactamente qué era lo que había dicho, a fin de cuentas no le importaba, se detuvo unos instantes y soltó un suspiro que estaban en sus pulmones, de pronto deseó que todo aquello acabara, aunque no sabía qué quería que acabara. De pronto sintió un tirón de su cuerpo y cayó completamente al suelo golpeándose contra la nieve junto con otro peso sobre el de él.

No bien habían pasado unos segundos y el peso extra comenzó a retirarse, él también se incorporó levemente quedando sentado y apoyándose sobre sus brazos hacia atrás dispuesto a enfrentar a aquél estúpido que se había atrevido a tirarlo, sin embargo, al levantar la vista, se quedó helado...

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Sus ojos ardían por la velocidad que llevaba, apenas si lograba mantenerlos abiertos, había oído a la chica llamarle con preocupación, y volteó a ver al kot creyendo que se trataba de él, más su sorpresa incrementó al ver cómo el kot se dirigía a toda velocidad hacia un individuo que por lo visto no se había dado cuenta de que estaba a escasos momentos de convertirse en estampilla postal.

Le había dicho que él se iba a encargar del extraño ese, confiaba en que ella alcanzaría al pelinegro y detendría su loca carrera. Tal vez ahora sí lograra el neko-jin que su amiga desistiera en su afán por que él su amigo aprendiera a esquiar, rió por dentro ante sus pensamientos tan poco coherentes para esos momentos. Sin embargo aquél momento no era el apropiado para estar tan relajado, puesto que aún el pelinegro le llevaba ventaja.

Como pudo aceleró todavía más su velocidad hasta que al fin pudo estar a la par del otro, pero aún no era suficiente, si no lograba adelantársele, no podría quitar a ese distraído de aquél lugar y la chiquilla se enfadaría con él por haberle fallado. Rió de nuevo, desde cuándo le importaba el fallarle a aquella chiquilla. Apretó aún más su velocidad, no estaba dispuesto a perder.

Poco a poco fue adelantándose al chino hasta llevarle una considerable ventaja, y de un momento a otro, había derribado a aquél mequetrefe distraído, por un momento creyó captar un aroma muy familiar para él, un aroma que él conocía perfectamente, pero eso era absolutamente imposible. Volteó a ver a la chica que venía a toda velocidad, no podría alcanzar al kot aunque quisiera y ya estaban a escasos cinco metros de la cabaña

Se dispuso a levantarse pero alguien se acercó al neko-jin y lo tiró de lado para frenar su alocada carrera. Ante esto la ojirubí y el pelilavanda sonrieron al ver a su amigo a salvo, sin embargo, ahora el problema era que la chica no podría frenar a tiempo, así que nada más tapó sus ojos con sus brazos y trató de ladearse un poco para que el golpe fuera de costado y aguardó a esperar el golpe.

El pelilavanda actuó en segundos, se quitó los esquís y corrió a toda prisa hacia dónde se dirigía la chica y, con su cuerpo, detuvo su trayectoria, absorbiendo él todo el golpe haciendo estremecer toda la cabaña por el impacto

- Bry – dijo abriendo los ojos y viendo hacia arriba para encontrarse con los del ruso

Las palabras sobraron en aquellos instantes, ya que el ojilavanda le regaló una sonrisa que jamás había mostrado a nadie. De pronto, escucharon un tintineo y voltearon ambos hacia arriba, notando que aquellas figuras puntiagudas de hielo (no recuerdo si son las estalactitas o las estalacnitas las que van de arriba para abajo XD) se balanceaban peligrosamente, hasta que al final cayeron. El pelilavanda actuó sin pensar y protegió con su cuerpo al de la ojirubí esperando que aquellas dagas heladas golpearan su cuerpo.

Sin embargo, esto nunca sucedió, un sonido muy conocido por todos ellos resonó por el lugar golpeando a aquellas piezas formadas por el clima y destrozándolas en el aire antes de que cayeran sobre ellos. Lentamente se incorporaron y, lo que cada uno de ellos vio los dejó más que helados.

- Mocosa/orangután – se llamaron mutuamente y se vieron a la cara, para después cada uno voltear a ver hacia dónde el otro volteaba

- Con un demonio/no puede ser posible – dijeron de nuevo al unísono

Frente a los ojos del pelilavanda, tirado aún en el suelo, se encontraba un chico de cabellos color rojo como el fuego, cubiertos por una capucha azul oscuro, con sus ya conocidos pantalones blancos, piel blanca y mirada azul ártico que no dejaba de mirarle de forma intensa.

Frente a los ojos de la chica, se encontraba Ray, tirado en el suelo, siendo ayudado por un chico de piel blanca, con un pantalón y una camisa de color morado algo holgadas, además de una especie de chaquetilla de un color morado ligeramente más fuerte que el resto de su traje, con los broches que hacían de botones en un color amarillo-dorado, un par de guantes color negro adornaban sus manos como complemento ideal y unos tenis del mismo color, además de su cabello de dos tonalidades de azul.

Aquél chico era el que había ayudado a Ray a detenerse. Así era. Frente a ellos se encontraban a los que precisamente no querían volver a ver, frente a ellos se encontraban Tala, y su hermano, Kai.

- Kai – susurró apenas el ojiambarino al tiempo que tomaba la mano ofrecida

- Bryan – dijo el de cabellos rojos

- Esto debe ser una broma – dijo la ojirubí dijo en shock

- Pues si lo es, es de muy mal gusto – le contestó el pelilavanda en un estado igual a la chica

NOTAS DE LA AUTORA

Hola mundo!!!!!!! ¬¬ ya debería dejar por la paz esa broma. Pues bueno, eh aquí la actualización de este fic, que ya lo tenía medio olvidado, pero por fin se me acomodaron las ideas para su continuación. Eto... espero que les haya gustado y que la espera haya valido la pena, acepto críticas, ya que estos me ayudan a mejorar. Ah y no lo olvido, les doy un especial agradecimiento a aquellos que les ha gustado Aiko, ya que ella es un personaje muy especial para mi, es mi primer personaje creado y le tengo especial aprecio porque dentro de ella pongo parte de mi para que ella pueda existir D

Qué más. Ah si, sé que debo una graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan disculpa por el atraso, creí que cuando dejara de estudiar y trabajara tendría más tiempo para poder escribir TT qué equivocada estaba, tengo mucho menos tiempo que antes. Pero me esfuerzo en todo lo que puedo para seguir con esta historia. Ah si antes de que se me olvide, la historia de Ayúdame a volver a vivir, ya sé que hace mucho que no la actualizo, pero si se fijan, estas historias tienen un corte muy distinto a aquél, no quiero que se mezclen los sentimientos que pongo al escribir cada una de las historias y, como este es aún más alegre (a pesar de que parezca lo contrario) pues no quiero que si el otro tiene una trama triste y desolada, de pronto vaya a parecer muy alegre.

Ah, agradezco infinitamente todos los reviews, todos los leo y los guardo en mi mente y mi corazón, aunque a veces no puedo responderos – en realidad casi nunca puedo responderlos – aquí les doy su merecido GRACIAS, ya que sin ustedes que me alientan, tal vez esta historia no seguiría.

Ah, por último, si alguien quiere visitar mi fotolog es triple w punto fotolog punto com diagonal aiko guión bajo hiwatari D por si quieren verme o ver algo de lo que escribo pues ahí estoy.

Ahora si, eso es todo. Los leo pronto en un nuevo capítulo ya sea de este fic o de mi vida en la escuela o quien sabe, tal vez me de lalo con un palo y escriba algo para Ayúdame a volver a vivir, pero eso nadie lo sabe. Nos vemos luego, y recuerden un review se agradece mucho y toma poco tiempo enviarlo

Dewa matta