Espejos del alma

Por Yoali Iizax Luin

Me encanta la música así que yo creo que con música todo se lee mejor, si me pongo a recomendarles canciones no terminaría, así que disfruten este capítulo.

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Capítulo 12: Verdad

Después de casi cinco días de extenuantes entrenamientos en los que pudieron aprender mucho de energías y Sak pudo saber más de su madre, se marchaban.

Le entregaron algunos víveres.

- Cuídate cariño - dijo su tía, ella asintió.

- Tengan cuidado, hay unos hombres que los están buscando - dijo el que decía ser su abuelo.

- Lo sabemos.

- Sak.

- Si, escucha disculpa que te lo diga hasta ahora, pero si lo sabían antes no se hubieran quedado al entrenamiento – el rostro de Ueman estaba muy serio.

Sak sólo pudo asentir, algo le decía que esas noticias no eran tan buenas.

- Dhirtya ha sido invadida, hace algunos días.

- ¿Qué? – cuestionaron ambos.

- El ejército negro tomo su palacio, hasta donde sabemos el rey fue hecho prisionero.

- Papá – Sak aún no lo podía creer – tengo que salvarlo.

- Sak por favor, tienes que pensar muy bien las cosas, no debes actuar impulsivamente tienes que pensar muy bien las cosas. Las decisiones que ustedes tomen deben ser bien pensadas, es por el bien de todos.

Shaoran frunció el ceño, ahora su desconfianza en ellos creció.

Sin decir más que un adiós los chicos se alejaron.

- Estarán bien – dijo Atzin notando el preocupado rostro de la mujer.

- Eso espero, los humanos y los hechiceros no son de mi agrado.

- Debes dejar se sentir rencor hacia ellos, no es bueno para ti.

Mixtli suspiró – lo sé, es sólo que siento que se han quedado con quienes yo amaba.

- Te refieres a tu hermana.

- Sí, pero también a Dinúviel, mi prima, ella también se caso con un rey. Por su culpa sus vidas fueron muy cortas, no quiero que Sak pase por eso. Y ahora que esta guerra se acerca, no sé que pasará.

- No te preocupes, sabrán que hacer.

- ¿Y si están en el bando contrario al que escojamos? ¿tendremos que luchar contra…?

- Tranquila, todo saldrá bien.

- Me gustaría creerlo, no quiero que nadie más muera.

Ueman escucho todo en silencio, Dinúviel era su sobrina y también había muerto en circunstancias muy extrañas, como la muerte de Nadeshico sospechaban un asesinato por parte de los mortales.

Mixtli se dio vuelta y entro al túnel que la llevaba de regreso a su hogar, mientras que Atzin y Ueman observaban el sendero que ambos chicos habían tomado.

- ¿Hay algo que me quieras decirme? - preguntó el anciano a Atzin.

Había notado muy extraño al chico, sobre todo desde la llegada de los chicos.

- ¿Quiere que sea sincero?

- Más que nunca.

- Me gusta su nieta, me gusta mucho – sus palabras sorprendieron momentáneamente al hombre mayor.

- Ten cuidado, no es como las demás.

- Eso es lo que más me gusta de ella.

- ¿En tan poco tiempo tú…?

Atzin sonrió - Para enamorarse no se necesita mucho tiempo.

Ueman no lo podía dudar, Nadeshico y Fujitaka no tardaron más que días.

- Si ella me corresponde ¿se opondrá? – Atzin se dio vuelta buscando la respuesta del hombre.

- No lo hice con su madre, y si es contigo no hay problema. Pero creo que por ahora tiene mayores preocupaciones.

- Lo sé, pero un día esto terminara y entonces...

- Hasta entonces lo sabremos. Su decisión siempre será respetada.

Atzin no era de aquellos que se quedan callados con sus sentimientos, los conocía bien y los decía. Pero por ahora las condiciones no eran las mejores, era mejor esperar.

Siguieron caminando en silencio.

Sak tenía demasiadas cosas en la mente, tratando de pensar qué podía hacer, su padre estaba en peligro y debía salvarlo. Pensó y repensó sus opciones.

- Regresaremos a Vidya y desde allá planear la recuperación de tu reino, si es que es cierto lo que dicen – dijo Shaoran tratando de animar a su amigo.

- Debemos pensar muy bien las cosas – fueron las desanimadas palabras de Sak.

- Entonces les creíste – Shaoran frunció el ceño - ¿sabes que pueden estar mintiendo?

- Lo sé, pero por ahora será mejor confiar en ellos, sino ¿por qué nos entrenaron? No creo que sea para combatir contra ellos.

- Tal vez lo hicieron para conocer nuestros puntos débiles.

Caminaron unos minutos más.

- ¿Sabes donde estamos exactamente? – Sak se detuvo finalmente.

- Si cerca del lago dorado.

- ¿Lago dorado? Quiere decir que estamos muy cerca de Oeste y del reino de Sideris.

- Así es.

- Entonces le haremos una visita a la princesa Hortensia – sonrió Sak.

- ¿En qué estas pensando?

- Si queremos llegar a Vidya con vida es mejo así, nos proporcionaran todo para el viaje. Así podemos mandarle un aviso a los Li para que sepan que esta bien. Según Atzin aquello hombres aún nos buscan.

- No es mala idea.

- Por supuesto que no.

Algunos días más pasaron y ellos continuaban su viaje, faltaba muy poco para Sideris lo que en cierta forma animaba a Sak. La ropa y la comida que los Sílfide les dieron les ayudaron a continuar sin mayores problemas de frío o hambre. Shaoran aún refunfuñaba porque no les habían proporcionado caballos o algo más útil.

- … fue grandioso, lo viste ¿no es cierto? – Sak hablaba muy emocionado de sus logros.

Sak hablaba y hablaba sobre lo que habían aprendido, lo cierto era que no quería pensar en el paradero de su padre o hacer conjeturas de su suerte o la de su pueblo, no mientras no tenga lo necesario para ponerse a trabajar.

Pero Shaoran se le veía desconfiado.

- ¿Qué te pasa? – lo había notado.

- Nada – cuando dice eso es que definitivamente algo le pasaba.

- Shaoran, anda dime.

- Es que es ese tipo.

- ¿Tipo? Atzin

- Si "ese" con nombre de estornudo.

- je, je – bueno no podía negarlo - ¿qué pasa con él?

- Se cree mucho y… - cielos como decírselo – creo que es algo "raro".

- ¿Cómo en qué?

Definitivamente Sak era muy ingenuo en algunas cosas.

En esos días el muy descarado de Atzin se había acercado demasiado a su amigo, y en ocasiones hablaban ese extraño idioma por lo que no pudo saber lo que se decían. Lo cierto es que no le gustó que Sak pasara tanto tiempo con él, imaginaba que le contagiaría sus modos "raros".

- Olvídalo.

Sak trataba de hacer plática con él pero no funcionaba, estaba enojado.

- Shaoran por favor.

Silencio sólo avanzaba con más rapidez.

- Shaoran no seas un niño, no te comportes así.

Sak le dio alcance - Shaoran si te sigues comportando así me iré por otro lugar.

- Estas loco no conoces estos lugares.

- Es preferible perderme que verte hacer rabietas, tal vez así tenga tu atención.

- Basta Sak, no quiero hablar de esto.

Otros momento más en silencio.

- No sé porque te pones así.

Nada Shaoran iba metido en sus pensamientos.

Ahora el príncipe de Vidya recordaba las palabras de la mujer eso de la barbaridad que los humanos cometían contra las demás razas, o esas personas mentían o sus padres lo hacían, era preferible penar que eran los otros y no sus propios padres, no encabezaría una lucha en contra de los humanos, a los cuales se supone servía al gobernar.

- No lo entiendes, alguien miente y... ya me canse de que me mientan - dijo más irritado.

Sak tragó en seco.

- Tal vez sea mejor derrotar al ejército negro y que todo vuelva a ser como antes - dijo como solución

- No, no creo que sea lo mejor.

- O será mejor que nos unamos con el ejército negro y...

- NO.

- Entonces ¿qué quieres? - se estaba desesperando por la actitud del chico – Pienses lo que pienses al regresar a tu reino seguramente te portaras como un buen príncipe, obedecerás lo que tus padres decidan, te casarás y vas a luchar contra el ejército negro.

- No es cierto. Puedo decidir por mi mismo, mis padres no lo deciden.

- Es eso lo que haces ¿no?, complacer a tu reino y a tus padres, no sé como es que aparentas preocuparte por tus decisiones si no son tuyas – dijo sin contenerse.

- Sak ya basta, es mi vida y yo sé que haré con ella, no es de tu incumbencia - gritó exasperado.

- Tienes razón. Eres un príncipe que hace todo por su reino.

- Y tú un príncipe mimado y sobreprotegido.

- Tonto - dijo al borde de la ira - eres un tonto, estúpido princecito, no sé porqué me gustas - gritó y corrió para adelantarse. No quería hablar más.

- No el tonto eres tu, porque... - un momento, un momento que fue lo último que dijo.

- "Me gustas" - eso dijo, no era posible, ambos eran chicos, entre chicos no se pueden gustar. Lo vio delante de sí caminando muy presuroso se veía enfadado.

"Me gustas" esas dos palabras rondaban en su cabeza, al parecer él no notó siquiera que las había dicho, estaba muy enojado. Mientras caminaba tras él conservando la distancia se puso a pensar, no eso era imposible, eran amigos, sólo amigos.

Se detuvieron no muy lejos cerca de varios árboles, hicieron una fogata sin pronunciar palabra. Comieron en silencio.

- Lo siento -lo escucho decir - no debí gritarte, ni decirte esas cosas.

Shaoran lo escucho disculparse, no lo esperaba. Ambos estaban sentados frente a la fogata uno al lado del otro.

- Yo... también lo siento hablé de más.

- ¿Amigos? - al voltear lo vio ofreciéndole la mano.

- Si, amigos - le asió la mano y sonrió y luego Sak lo hizo.

Fue con la luz de la fogata que los ojos de Sak se iluminaron más, tenían un brillo intenso, un cariño revelado, algo más que no supo definir.

Recordó entonces las palabras de Mixtli, "la mirada es la ventana del alma y revela mucho más, sólo en los ojos puedes encontrar la verdad, aunque los labios mientan, la mente y el corazón, los ojos nunca lo harán. Son los espejos del alma, reflejan todo lo que hay en ella".

Él le sonrió y soltó su mano - es hora de dormir.

Sak cayó de inmediato dormida por lo cansada que estaba, sin querer recordar la pelea, así que tampoco recordó lo que había dicho inconcientemente.

Shaoran tardó más recordando la amistad con Sak, siempre fue especial, con él se sentía libre de ser el mismo.

Como cuando eran pequeños, pero también ahora, en él había confiado desde siempre, pero saber que le gustaba a su amigo, le movió más de un sentimiento. Lo quería era cierto pero nada más, era un chico, un hombre, no debía pensar en eso siquiera.

Si tan sólo no hubiera dicho eso, tal vez fue un error por la ira que tenía. Pero tampoco pensaba preguntárselo porque si se lo confirmaba entonces no podría verlo nunca más.

Algo era cierto tenía que alejarse de él lo más pronto posible.

Al día siguiente se despertaron muy temprano, no faltaba mucho.

El camino se fueron sin hablar mucho, Sak se comportaba como siempre, Shaoran lo intentaba pero de pronto esas palabras llegaban a su mente. Levanto un muro emocional a su alrededor para evitar sentir nada, por nada del mundo.

Sak de inmediato notó como se alejaba de ella, ¿acaso había dicho algo malo? ya se habían reconciliado.

- Shaoran ¿pasa algo?

- No, porque lo preguntas

- Te noto... algo distante

- Es tu imaginación, sólo quiero que todo vuelva a la normalidad, tengo muchas cosas que hacer.

Notaba como se distanciaba de él y eso no le gustaba, se sentía repentinamente muy sola. Sentía que Shaoran la despreciaba, ya no era como antes.

Debía hacer algo, no podía esperar más, tal vez la oportunidad no regresaría. No deseaba que la odie, ya no quería mentirle.

- Escucha hay algo que te tengo que decir.

- No

- ¿Qué?

- Que no quiero saberlo – si que era terco.

- Pero si aún no te lo digo.

Silencio de nuevo.

- Debes saberlo, después de que esto termine no sé que pasará y no quiero que pienses que te oculte cosas con mala intención – ya no deseaba mentirle.

Shaoran camino más rápido.

- No quiero saber nada - si que era testarudo, tal vez por eso le gustaba más.

- No me importa si lo quieres saber, te lo diré...

- Ya lo sé – dijo de pronto tomándole por sorpresa.

- ¿Ya lo sabes?

- Si – según las palabras de Sak "me gustas" entendía que a él le gustaban los chicos.

- Y... – se sonrojo al máximo -¿qué piensas? – preguntó en un susurro.

- No soy de esos.

- ¿Qué?

- Cuando llegue a mi reino me casaré con Haydée - sintió como un balde de agua fría en su cuerpo.

- Me alegro – que se casaría con ella - yo sólo... sólo... eres muy cruel.

- Deberías hacer lo mismo y no estar pensando en tonterías.

- ¿Casarme?

- Claro con una CHICA

- Un momento, estamos hablando de cosas diferentes.

- Claro que no.

- Claro que si.

- No es eso lo que te quería decir.

- Entonces.

- Yo…

Escucharon el ruido de cascos de caballos.

- ¿Crees qué…? – iba a preguntar Sak, pero Shaoran lo tomo de la mano y lo guió a un lado del camino, escondiéndose tras algunas rocas.

- Sh… – le indicó con un movimiento.

Observaron como un grupo de hombres pasaba muy cerca y a toda velocidad.

- ¿Esos son…?

- Sí – le confirmo, muy débilmente pudo detectar que sus energías no eran del todo buenas, a estas alturas era muy difícil confiar en alguien.

- Vamos - comenzaron a correr a todo lo que daban sus piernas.

Tardaron varios minutos antes de que se alejaran de los sonidos.

- Falta menos de un día para llegar.

- ¿Acampamos?

- Estas loco, nos encontrarían, será mejor correr.

- Shaoran yo… - decía entre jadeos de cansancio.

- Luego hablamos Sak.

- Bien.

Unas horas después pudieron ver las luces de Sideris, entre la oscuridad.

- Vamos – ya estaban agotados, pero no tenían opción.

Llegaron al palacio.

Tuvieron algunos problemas para que los dejasen entrar, no fue hasta que uno de los guardias reconoció el sello real de Shaoran que pudieron entrar y fueron llevados hacia el rey.

No era tan hermoso como el de Dhirtya o impresionante como el de Vidya, más bien era sencillo y elegante, que aprovechaba su riqueza natural para seducir la vista.

El muro que rodeaba al reino de Sideris estaba cubierto por grandes enredaderas que florecían en varios colores, de camino hacía el palacio resaltaban con especial elegancia varios estanques y fuentes hermosamente decoradas con algunos candelabros traídos de Narwain, lo que más llamó la atención de Sak fueron unas hermosas flores que flotaban en el estanque central justo frente de las puertas del palacio, de color azul después sabría que eran una rara flor llamada flor de loto azul.

- Sean bienvenidos – dijo el rey bastante cordial.

- Majestad – se inclinaron ambos.

Era un hombre de edad madura, rechoncho y muy buen conversador, parecía un hombre cordial, pero era su parte negativa por la que adquirió mala fama de ser un conquistador de lo peor. De sus tantos hijos ilegítimos sólo reconoció a Hortensia por ser hija de una marquesa.

- Entiendo, les ayudaré en lo que pueda pero por ahora es mejor que descansen – dijo el monarca después de escuchar su relato.

- Gracias – contestaron ambos.

- Mañana arreglaremos los detalles. Guardias llévenlos a sus habitaciones – era ya muy tarde para hablar largamente.

- ¿Es cierto que mi reino ha sido invadido? – preguntó antes de salir.

El rey pareció sorprendido – parece que es cierto, pero no le puedo confirmar nada, hemos enviado a algunos mensajeros pero no han regresado.

No dijo más y se retiró, Sak entro a su habitación, se sentía desesperado deseaba saber que había pasado con su padre.

Cuando todos parecían dormidos, salió de su habitación y a hurtadillas llegó hasta la de Shaoran.

- Shaoran – toco la puerta.

- ¿Qué pasa? – abrió la puerta – deberías estar dormido – lo cierto es que él mismo no había podido conciliar el sueño y daba vueltas en su habitación. Esas dos palabritas aún rondaban su mente.

- Lo sé, sólo quiero hablar contigo.

Shaoran lo dejo pasar.

- Dime.

- Quiero saber si sabes alguna poción o cualquier cosa que me diga como esta mi padre.

- Quisiera ayudarte, pero aquí no tengo nada. En Vidya tal vez podría intentarlo.

- Bien – suspiro – tendré que esperar.

- Tranquilo, no te preocupes todo estará bien.

- Eso espero.

- ¿Shaoran?

- ¿Sí?

- Yo quiero decirte la verdad…

- Es muy tarde, es mejor dormir.

- Shaoran yo…

Escucho que golpeaban la puerta de Shaoran.

NOOOOO, acaso el universo conspiraba contra ella. Quería decírselo, en verdad, pero tenían una precisión impresionante para interrumpirla en la parte más importante.

- "Si alguien me vuelve a interrumpir, le torceré el cuello" – pensó enfadada.

- Príncipe Shaoran – esa voz, como confundirla.

- ¿Princesa Hortensia? ¿En qué le puedo servir? – preguntó Shaoran al abrir.

Sak estaba tras la puerta.

Que hacía ella "ahí" ¿acaso quería aprovecharse de su amigo?

- Es que… - dijo algo nerviosa la chica – buscaba al príncipe Sak pero no esta en su habitación y pensé que estaba con usted.

Shaoran vio la cara de cachorro regañado de Sak, mientras con señas le rogaba que no diga nada.

- Él… esta aquí, Sak la princesa te llama – dijo burlonamente.

A Sak le salieron llamas – Me las pagarás –le susurró al pasar frente a él.

La princesa casi salta al verlo salir.

- Me alegra que este bien, mi padre me dijo lo que paso.

- Estoy bien gracias – la chica se le había pegado al brazo.

- Lamento no haber venido antes pero estaba en una reunión de Lord… - y siguió con la explicación.

Shaoran sonrió, luego se encerró tratar de dormir por fin en un lugar decente. Aunque preocupado por lo que Sak deseaba decirle, le daba un horror tremendo sólo imaginar que Sak le pudiera decir algo que haría cambiar su amistad para siempre.

Al día siguiente

- Creo que no puedo hacer más – dijo el rey.

Les dijo que tendrían que partir en dos días, pues tenía que mandar a llamar a parte de su ejército que se encontraba en las montañas del norte. Si era todo cierto debían estar preparados.

Aunque sabía de las invasiones, el rey de Sideris dudaba que algo así pasara.

Así que Sak y Shaoran tuvieron que aceptar la hospitalidad de Sideris, los llevaron a varios lugares de visita. Mientras el rey organizaba todo para el viaje a Vidya y al ejército por la posible invasión.

Del brazo de Sak colgaba Hortensia que muy emocionada le enseñaba todo lo que había de hermoso en su reino, insinuándole que todo podía ser suyo con sólo casarse con ella.

Sak mantenía bien vigilado a Shaoran que con cualquier pretexto buscaba alejarse, pero Sak conocía a esa chica, si lo dejaba mucho tiempo era capaz de echársele en cima y besarla.

Giack no quería ni pensarlo, que repugnante.

Al regresar el buen rey le confirmo lo que ellos ya sabían.

- Entonces Dhirtya fue invadida – dijo Shaoran reflexionado, esas personas no mintieron.

- Lo siento, los reinos vecinos lo han confirmado, el rey esta prisionero – lamentó el rey – pero los apoyaremos en lo que podamos.

Después de recibir la noticia de parte del rey Sak cayo en el silencio. La verdad es que guardaba la esperanza de que se equivocaran, que todo fuera un enorme malentendido.

La cena se llevó a cabo en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. La princesa Hortensia se comportó mejor pues comprendió que Sak no estaba en las mejores condiciones.

Sak apenas probo bocado y se disculpo.

Llegó a su habitación y preparó la ducha, con agua fría.

- Papá – murmuro y sin poder evitarlo dejo salir unas lágrimas que se fundieron con el agua.

¿Por qué su padre le ocultó algo tan importante? ¿Por qué no confió en él? Tal vez pensó que no era de confianza por ser una chica, tal vez lo hizo para protegerla.

Muchos pensamientos llegaron en su mente y jugaron con su imaginación.

Salió, se vistió como siempre, con ropa regalo de Hortensia. Tenía buen gusto tenía que reconocerlo, pobre chica, sólo esperaba que no sintiera por ella más que atracción de la más simple.

Se paseó por toda la habitación, desesperado. Si Vidya decidía ayudarle la guerra iba a crecer más involucrando a su reino, era lo que menos deseaba. No quería que esas personas tuvieran que sufrir por ayudarle a recuperar su reino. Tenía que pensar en alguna solución que no involucrase más peleas y sangre, suficiente había sido la del padre de Yukito.

Era como poner a pelear a una hormiga contra un elefante, sabía que podía contar con los Li, pero no deseaba una guerra mayor. Tenía que hacer algo, tenía que pensar como liberar a su padre y a su pueblo y a Tomoyo, por los cielos, Tomoyo ¿cómo estaría ella? ¿Y Yukito?

¿Acaso la los habían…? No, no lo permitiría.

Ahora más que nunca debía servir al pueblo de Dhirtya, a su familia y a ella misma.

- ¿Sak? – llamaron a la puerta, interrumpiendo sus pensamientos.

- Adelante – dijo sin ánimo alguno.

- Sak ¿estas bien?

Genial, simplemente genial a quien menos deseaba ver. Bueno en realidad era el único del que deseaba compañía, si tan sólo supiera que su presencia la perturbaba y tranquilizaba a la vez.

- Sí, gracias.

Se sentó en el amplio lecho – sólo un poco cansado – expiró fuertemente.

- Si quieres hablar… - se sentía un poco egoísta, él evitándolo cuando su amigo estaba pasando por una situación difícil, sin saber que ha sido de su padre y de su reino. Tenía que ayudarle de alguna manera, Sak no vacilaba en ayudarlo o escucharlo cuando lo necesitaba.

- No gracias.

Definitivamente ese no era el Sak que conocía, su mirada estaba casi vacía, sin ese brillo verdoso lleno de vida que la solía acompañar.

- ¿Qué te parece si nos escapamos?

O-O?? misión cumplida tenía su atención.

- ¿Qué dices? – el siempre recto Li (bueno en público) le ofrecía un escape - y exactamente ¿a dónde?

- Atrás del palacio hay caballos, la guardia se esta concentrando en el frente del palacio. Y es lo suficientemente tarde para que alguien nos busque. La princesa Hortensia me contó que hay una cascada con peces. ¿Vamos?

- No lo sé – volvió a suspirar, sus verdes ojos estaban muy tristes, pocas veces lo había visto tan decaído.

- Pescaremos algo, anda – lo que deseaba era distraerlo.

- No lo creo, afuera hace frío – en efecto afuera hacía frío, Sideris por estar casi rodeado de varias montañas tenía un clima frío.

- No me digas ¿tienes miedo?

- Claro que no.

- Vamos princesita, demuéstrame que no lo tienes – ¿se supone que esa era una ofensa?

- Shaoran no estoy de humor.

- Si no me acompañas iré yo – dijo con desilusión, antes de salir se dio vuelta - por cierto la princesa Hortensia ha organizado una fiesta en tu honor y varias damas desean conocerte y creo quiere anunciar tu boda con ella – bien no era del todo verdad, pero era el último recurso.

- Esta bien, pero es sólo para demostrarte que no tengo miedo – la verdad es que esa parte de que su amigo se fuese solo no le gusto en lo absoluto.

Se prepararon y como ladrones en acción se escabulleron por los pasillos, cobijados por los últimos rayos del atardecer. Tenían ya práctica con los escapes en Dhirtya, así que los guardias no eran mayor problema.

Sak sonrió - ¿qué pasará si nos descubren?

- Que te perdiste y yo te fui a buscar.

- Mejor que tú te perdiste y yo te busque.

- Sak tienes una muy mala orientación, me creerá a mí.

- Esta bien, sólo esta vez – siempre vigilando no ser descubiertos salieron del palacio.

Llegaron hasta los establos.

Había varios caballos de todos colores y tamaños, seguramente eran los que la nobleza utilizaba.

- Son hermosos – dijo al verlos – son pura sangre.

- Quiero el negro – señaló un hermoso caballo negro azulado. Pero al acercarse el animal relincho no muy contento.

- Qué carácter. Tranquilo amigo – busco los hermosos ojos del animal - sólo queremos salir y si nos ayudas podremos hacerlo – toco su gran cabeza y lo acarició.

El caballo no parecía convencido.

- Ten cuidado, puede ser un salvaje recién atrapado. Acá hay varios que parecen tranquilos – dijo Shaoran tomando otro que no opuso resistencia.

- ¿Verdad que irás con nosotros? – hablaba con el animal, sin quitarle la vista de encima.

Shaoran ya estaba sobre uno de ellos – Sak.

- Este amigo cooperará ¿no es cierto? – extrañamente el animal se tranquilizo y se dejo montar.

- ¿Cómo lo hiciste?

- Diplomacia, deberías practicarla – dijo burlonamente – ahora por ¿dónde?

- Allá.

Ambos se perdieron en la oscura y fría noche, guiado por Shaoran Sak trataba de disfrutar el viaje, lo que parecía más difícil recordando a su padre.

Llegaron a un amplio pastizal, repleto de pequeñas y hermosas flores blancas. La luna no brillaba en el cielo, sólo la luz de las estrellas iluminaban muy levemente el paisaje.

Más adelante se levantaban frondosos y altísimos árboles que oscurecían más el lugar.

- ¿Eeestas seguro de que es por aquí?

- Claro ¿no me digas que tienes miedo?

- No – por supuesto que no.

- Ni a los fantasmas

- N…o

Tardaron algunos segundos y entonces llegaron.

- Waw, es bonito – dijo bajando del caballo.

La cascada era parte de una montaña que derretía su nieve, el agua era tan cristalina que era fácil ver los peces que parecían resplandecer por el efecto de sus escamas.

El río que ahí nacía, bajaba por el pastizal, dando vida a las plantas, a los árboles y animalillos que se alcanzaban a escuchar, una rana, pajarillos nocturnos y uno que otro grillo.

Era mágico.

- Lastima que hace un poco de frío – Shaoran lo sacó de sus pensamientos.

- ¿Podemos sentarnos un rato?

No contestó pero tomo asiento en una de las rocas que estaban alrededor del agua que dejaba caer la cascada.

Permanecieron un largo rato en silencio, sólo admirando el paisaje.

¿Cuándo podrían disfrutar de nuevo una tranquilidad así?

Con una guerra, no sería fácil. El futuro no era prometedor.

Tal vez, tal vez no volvería a ver de nuevo a Shaoran. Tal vez se casaría y ella terminaría como rehén del ejército negro. No deseaba causar problemas, tal vez era momento de tomar decisiones.

Al tener ese pensamiento tuvo un escalofrío que la estremeció, y no era por el frío.

Shaoran lo notó.

- Es mejor regresar, te puedes resfriar – se levantó para dirigirse a los caballos, que estaban bajo los enormes árboles.

- ¿Shaoran?

El momento era ahora, sin marcha atrás.

- ¿Qué pasa? –se dio vuelta.

- Quiero decirte algo, pero por favor necesito que me escuches – lo dijo tan serio que preocupo a Shaoran.

El príncipe de Vidya mantuvo su mirada en su amigo, como tratando de leer en sus ojos lo que estaba por decir.

Sin poder evitarlo se sonrojo.

- Después Sak, ahora es mejor irnos – tomo a su caballo y dándole la espalda comenzó a avanzar, no se sentía capaz de escuchar algo que destruiría su amistad..

- Shaoran por favor, es importante, muy importante – bajo el volumen de su voz y escondió sus ojos verdes tras el cabello que formaba su flequillo.

Él detuvo sus pasos y muy levemente inclinó su cabeza para después dar media vuelta y ver de frente a su amigo que se veía contrariado.

- Shaoran yo… - las palabras se atoraron en su cuello como negándose a salir.

No esta vez no, tenía que saberlo.

- Escucha, no soy un hombre... - cielos era más difícil de lo que pensaba - soy mujer - dijo casi en susurro.

- No digas tonterías Sak, no quiero hablar de eso – le dio la espalda negándose a seguir escuchando esa clase de tonterías. ¿Acaso Sak estaba perdiendo la razón?

- Cuando nací y se dieron cuenta de que era niña me disfrazaron de niño para protegerme. Yo tampoco lo sabía hasta hace unos meses me lo confesaron – dijo al fin con una voz tan apagada que llamó la atención de su amigo.

- No quiero escuchar más mentiras – dijo sin darse vuelta y con una voz mucho más fría y cargada de ira. ¿Por qué decía esas tonterías?

- Pero es la verdad – levantó el rostro buscando su mirada, pero él no lo vio siquiera.

- Basta, no quiero seguirte escuchando – se subió al caballo en un ágil movimiento y comenzó a avanzar de regreso.

Una terrible sensación de vacío en el pecho de Sak.

- Shaoran por favor… - rogó pero él ya se alejaba.

No, ya había dicho la verdad. Por todos los cielos lo había confesado ya.

- ¿Qué puedo hacer para que me creas? ¿Desnudarme? – gritó desesperada para que él la escuchara, pero al notar sus palabras no pudo más que enrojecer - Le diré a mi padre que te lo diga y entonces ¿me creerás? – corrigió.

Shaoran escucho todo claramente pero no contestó, ni siquiera quería pensar nada sólo se alejaba de Sak.

Sería capaz de decir semejante mentira para que... No, no podía ser, simplemente no podía ser.

- Shaoran – no tuvo opción y gritó adelgazando la voz, mostrando su voz, tal y como era.

El silencio de apodero del lugar nuevamente, él no regresaría.

Comenzó a llorar, no le creía y eso en verdad dolía y mucho.

El caballo se acercó a Sak y le acarició el rostro con la cabeza, como si sintiera su dolor. Sak dejo salir todos sus sentimientos en cada lágrima, en cada suspiro, se permitió expresar su sufrimiento, pues estaba segura que sería la última vez que podría hacerlo.

Odiaba todas las mentiras que una vez creyó, odiaba que le ocultaran cosas y ocultarlas. Las mentiras llevan a otras y pronto es tan grande que lo único que hacen es destruir la confianza y romper relaciones.

Por primera vez en mucho tiempo se sintió sola, totalmente sola. Sin su padre, sin su hermano, sin Tomoyo, sin su pueblo, sin Kero, sin sus amigos queridos y sin Shaoran. Finalmente había perdido todo lo que le importaba.

Lo peor era sentir que Shaoran la despreciaba, que la odiaba porque creía que le mentía.

Trato de tranquilizarse un poco y fue hacia la cascada, tomo un poco de agua fría y lavó su cara.

Ya no se permitiría volver a llorar, no cuando había mucho que hacer.

Regreso con el caballo y se subió en él, era hora de regresar y hacer lo que había decidido ya.

De regreso se encontró con la figura de un jinete inmóvil a la mitad del pequeño bosque, pensó que se había marchado ya.

Lo paso como si nada, aunque sentía un nudo en la garganta.

- Créeme que jamás quise mentirte, pero no tenía opción – más tranquila Sak trato de explicarse sin notar que por el llanto su voz se había adelgazado lo suficiente.

- ¿Sak? – preguntó él aún conmocionado.

Esa voz, esa voz era de una chica no había duda, era la misma voz.

- De verdad tal vez te lo hubiera ocultado el resto de mi vida, pero no puedo la verdad sale a la luz en algún momento. Y jamás quise mentirte – explicaba ella con la mirada en el camino de regreso.

Él simplemente estaba muy perturbado para decir algo.

- Zafiro, ella no es una pariente mía. Ella soy yo, por una tonta idea de Tomoyo me vistió de mujer y ese día y…

Como olvidar ese día del festival y el beso robado.

- … ese día me di cuenta cuanto me importas y cuanto me gustas, no como amigo sino como algo más Shaoran – no sabía de donde salían esas palabras, tal vez del corazón, tal vez de la desesperación de que le crea. Tal vez simplemente le odiaría más, pero estaba dispuesta a decir la verdad, toda.

Silencio. Sólo el sonido de los grillos en la cercanía del pastizal.

- Sak no sé que decir – dijo al fin él.

- Te juro por lo más sagrado que daría mi vida porque no lo fuera, pero para mi desgracia o fortuna, es cierto – permanecía con la mirada clavada en las lejanas luces de Sideris.

- Yo…

- No te estoy diciendo que sientas algo por mí, tal vez si me dices que me odias me sienta mejor, sólo… sólo quería que lo sepas – su voz temblaba levemente, delatando su resignación.

Seguramente Shaoran estaba decepcionado y dolido.

Pero él estaba muy confundido, demasiado.

Permaneció en silencio, lo que le dolió aún más que cualquier rechazo. Sin más que poder decir a su favor hizo avanzar a su caballo, era hora de regresar.

En un movimiento interpuso su caballo frente al de ella, y mirándola de frente, fue entonces que Sak bajo la mirada estaba muy avergonzada.

- Maldita sea la hora en que me engañaron, en que te conocí, en que supe la verdad y en la que me enamore de ti – dijo voz lastimera e iracunda.

- Sak.

No pudo evitarlo y dos ardientes lágrimas bajaron por sus mejillas.

- Las mujeres son unas lloronas – dijo limpiándose rápidamente las salinas gotitas.

Pasaron unos minutos en los que Shaoran no sabía que decir o pensar. Sólo llegaban a su mente loa recuerdos de su infancia con Sak a su lado, y esas horas que pasó junto a ella.

Era tan difícil de comprender.

Pero fue cuando esos pequeños incidentes tuvieron sentido, la extrema vigilancia de la que era objeto en su reino, la ausencia de Sak en el festival, el mismo color de ojos, los celos de Sak por Haidée, la enfermera que le dijo que era chica, y ese tipo que se interesaba en ella, hasta el color de su aura.

Sak permanecía con la cabeza baja, mientras no podía contener sus lágrimas caían en sus manos.

Guío el caballo al lado del de Sak y acercó hasta su cuerpo y con delicadeza rodeo su cuerpo con ambos brazos, logrando sorprenderla. Y a medida que lo hacía, una hermosa y conocida sensación se incrementaba en todo su cuerpo y en toda su alma.

- Shaoran – dijo con voz apagada, pero suave y delicada su verdadera voz. Era la misma voz de Zafiro no había duda alguna, la tenía grabada en lo más profundo de su mente como un tesoro valioso.

Pero esa no era una cómoda posición, así que bajo del caballo y se dirigió a su lado.

- Te creo – dijo tomándola de la cintura para ayudarla a bajar.

- ¿De verdad? – ella se apoyo en sus hombros.

- Sí – sonrió el bajándola por completo

- Gracias – quedaron muy juntos y Sak aprovecho para abrazarlo eufóricamente.

Él acarició su cabello y busco el contorno de su rostro y lo acarició disfrutando lo que sus dedos recorrían. Sí era esa misma sensación que tuvo cuando la besó por primera vez.

- Sak… no Sakura, me gusta más ese nombre.

- Shaoran.

- Yo siento no haberte creído, pero debes entender que no es fácil.

- Dímelo a mí, lo creo hasta ahora – hasta ahora que ser mujer sería lo más hermoso del mundo para poder estar a tu lado, omitió decir.

- Gracias por quererme tanto.

- Shaoran, no te pido nada, sólo quería que lo supieras

- Pero yo quiero dártelo

- Shao… - su nombre quedo trunco ante un sutil beso, apenas un rose de reconocimiento que los dejo muy sonrojados.

- Por favor, no quiero tu lastima – bajo su rostro.

- Jamás he sentido eso por ti – dijo bastante serio - He sentido por ti desde admiración hasta ira, pero nunca lástima – suavizo su voz y le sonrió.

Sak le correspondió.

- Regresemos a la cascada tenemos mucho de que hablar.

Así lo hicieron, dejando a los caballos se volvieron a sentar en las piedras.

- Ahora entiendo muchas cosas – decía Shaoran, recordando mientras examinaba cada parte del rostro que hasta hace unos minutos conocía como su amigo. Analizándolo minuciosamente podía reconocer a Zafiro en él.

- ¿En serio?

Shaoran asintió, esos hermosos ojos verdes antes apagados parecían iluminados de nuevo.

- Lo de la enfermera y lo de lady Haydée. Estabas celosa – se apresuró a concluir.

- Como una tonta.

- No pensé que lo admitieras tan pronto.

- Créeme no fue fácil.

Shaoran sonrió y le acercó de nuevo esta vez sin prisas aprisionó sus labios y los saboreo, eran los mismo labios que había probado una vez en aquel festival. Era ella a quien soñaba y anhelaba conocer y que sin saber ya conocía bastante bien.

El aliento, la piel, su respiración, todo se armonizo. Con la oscuridad, la cascada y el bosque como testigos.

- Debemos regresar – era ya muy tarde.

- Sí.

- Pero mañana ¿podemos regresar?

- Claro.

Sak tenía ya una decisión y la llevaría a cabo, pasara lo que pasara. Sólo por ahora quería dejarse llevar.

Al día siguiente en el mismo lugar.

Shaoran llegó al anochecer, espero varios minutos y Sak no aparecía.

- ¿Acaso se le olvido? – se preguntó.

Una muy tímida luna apenas crecía en el firmamento, rodeado de estrellas que salpicado en el cielo se reflejaba en la cristalina agua.

¿Realmente había pasado? Le parecía un sueño.

Sus emociones, sentimientos y emociones parecían no concordar en un primer momento, era todo tan extraño. Estaba seguro del sentimiento de cariño por Sak como su amigo y esa extraña sensación por Zafiro.

¿Acaso lo soñó todo?

Pues en todo el día no vio a Sak, al parecer desde muy temprano se fue con Hortensia y no regresaron a comer, así que no lo había visto. Pensaba que si lo había soñado o sí había sido cierto, lo sabría de una sola manera, viendo en esos hermosos ojos verdes. La mirada que no sabe mentir, los espejos del alma le revelarían la verdad que necesitaba saber.

Calculo una hora y Sak no aparecía, tomo su caballo y se dispuso a regresar.

De pronto escucho los cascos de un caballo acercándose a gran velocidad, así que para hacerla pagar su imprudencia se escondió con todo y caballo entre los árboles.

Lo que vio escondido tras los arbustos, lo dejo con la boca abierta.

Hay estaba Sak o la que había conocido como Zafiro, iba vestida de mujer.

Bajo con agilidad del caballo y comenzó a buscarlo.

- ¿Shaoran?

Era ella no había duda, era su voz.

Su cabello aunque corto estaba adornado con una linda peineta plateada que brillaba con la luz de la luna.

- ¿Shaoran? – siguió en su búsqueda.

Realmente su vestimenta lo había impactado, no era como los solían usar las damas enormes y cargados de piedras finas. Era más bien sencillo pero hermoso. Con un escote en línea recta hecho de encaje fino que delineaba con gran suavidad el contorno de sus redondos pechos, tenía una reducidas mangas que dejaban ver gran parte de su blanca piel. Sólo el pecho parecía ceñido a su cuerpo, el resto del vestido caía con gracia, haciendo que con cada paso la tela se moviera con delicada lentitud, como aquella noche traía una capa larga en un tono rosa pálido.

Se veía mucho más alta y delgada, mucho más femenina y delicada, casi como un ángel del cielo, iluminada por la tenue luz de la luna parecía casi etérea, recordándole su origen sílfide.

Dio unos pasos y por la altura de sus zapatos (que no era mucha) casi cae – estúpidos zapatos.

- ¿Shaoran? Maldición creo que llegue tarde.

Escucharla decir semejantes maldiciones lo hizo salir de su asombro y embobamiento. Definitivamente no era una ilusión.

- Ese no es lenguaje para una dama – salió de su escondite.

Sólo de verlo las esmeraldas de sus ojos brillaron con luz propia y una sonrisa aparecieron en sus femeninos labios, apenas delineados con un color rosado – lo siento, es sólo que encontrar un vestido decente es toda una proeza.

- La espera valió la pena. Te vez hermosa – dijo acercándose, tomando su mano y besándola.

- Gracias – se sonrojo – quería que lo comprobarás.

- No tenías por que, te dije que te creo – clavo su intensa mirada ámbar en los ojos de ella.

- Quería que me vieras como una chica, no como tu amigo – bajo la mirada, mientras sus mejillas se coloreaban.

- Sakura – le levantó el sonrojado rostro – gracias.

- ¿De qué? – preguntó con inocencia.

- Veo que no es muy grato para ti andar en esas fachas, pero lo hiciste – acarició su rostro con su pulgar, haciendo que Sakura se estremeciera ante la caricia.

- Shaoran.

- ¿Sí?

- ¿Crees que algún día podamos estar juntos?

Él pareció dudar en responder, pero luego lo hizo – Ahora estamos juntos – realmente no deseaba pensar en su futuro, era mucho más importante el ahora.

- Shaoran – sin poder reprimirse más, paso sus brazos por el cuello del chico y lo atrajo hacia sí.

Un poco sorprendido, pero sin negarse Shaoran tomo sus labios. Los acarició con gran ternura, los exploró y extrajo de ellos el dulce sabor de ser correspondida.

Un poco inexperta sólo se dejaba guiar por él, que muy dulcemente la estremecía.

- Sakura – murmuró el cuando tuvieron que respirar.

Sus ojos estaban cerrados y sus frentes unidas, sus pechos subían y bajaban en armonía.

- ¿Shaoran?

- Dime.

- ¿Crees que algún día me llegues a amar?

Él abrió los ojos automáticamente y separó su frente.

- ¿Qué dices?

- Es que yo… - en verdad no deseaba arruinar el momento, pero deseaba más que supiera eso, tan importante para ella.

Tuvo que bajar la cabeza, dio un hondo suspiro.

Casi inconscientemente buscó refugió apoyando su cabeza en su pecho, escucho el tranquilizador palpitar de su corazón que logro darle el valor para continuar

- Tu presencia hace que mi cuerpo reaccione, siento una calidez expandirse en mi cuerpo, siento mi piel pedir tu contacto, deseos de estar contigo, y mariposas en el estomago – recitó con un toque de inocencia que fascinó a Shaoran.

Él sonrió, luego rodeo con sus brazos su diminuta cintura y aspiro el aroma que muy leve, se desprendía de ella – siento algo parecido por ti.

- ¿De verdad? – preguntó emocionada aferrando la camisa de Shaoran en sus manos.

- Sí – dijo casi con pesar, no era que mintiera, simplemente eso era lo que sentía y que lo confundía.

- ¿Shaoran? – esta niña no se cansaba de preguntar, sonrió para sí mismo.

- ¿Sí?

- Bésame ¿quieres? – por fin se atrevió a levantar su sonrojado rostro.

- Como negarme a la petición de una dama – cómo negarse a una petición que él mismo se hacía, a esa dulce sensación que crecía rápidamente en su pecho, a esas esmeraldas suplicantes de cariño.

Reclamo los dulces labios con arrebato, eran suyos, era suya la calidez que emanaban, era suyo el placer de explorarlos y satisfacer su ansia.

Esa agradable sensación pronto invadió su cuerpo entero, quemándole los deseos de sentirla más y más cerca. Profundizo el beso y se concentró en el movimiento de sus labios, proporcionándole un caudal de emociones y sensaciones dormidas en sus cuerpos.

Esa sensación tan embriagante que Shaoran sentía, ella lo compartía.

Sus pequeñas manos aparentemente inexpertas, comenzaron a moverse con cierta desesperación.

Se enredaron en el alborotado cabello del chico, después bajaron a su espalda y luego a su pecho. Despertando en Shaoran sensaciones que jamás había experimentado y le resultaban tan placenteros que quería corresponder sus caricias.

Sus varoniles manos entonces viajaron por su espalda, luego por su cintura. Los besos no pararon, pero recorrieron su cuello, mientras podía exhalar su dulce aroma y probar cada parte de su calida piel. Mientras sus oídos se deleitaban escuchando como los suspiros escapaban de sus labios

- Shaoran – era tan agradable y excitante escucharla decir su nombre.

La llamita de pasión pronto tomo nuevas proporciones.

Algo estorbaba y mucho.

Sakura fue la primera en desabotonar la camisa de él, complaciéndose al acariciar la suave y a la vez dura piel de su abdomen, acariciando cada línea de sus formados músculos.

Ahora era ella quien dejaba un dulce rastro de besos en su masculina piel.

- Sakura – ahora él murmuro su nombre, con una voz grave cargada de sensualidad – pequeña debemos detenernos – dijo respirando entrecortadamente, le tomó el rostro, era mejor detenerse ahora antes de que no pudiera controlarse más.

Pero ella quería tenerlo cerca, quería fundirse con él para siempre y no tener que separarse nunca más.

Ella muy sonrojada negó con la cabeza – quiero que estemos juntos – susurro y jalando el listón que sostenía su capa se deshizo de ella.

Él se quedo momentáneamente sorprendido, la contemplo en todo su esplendor, la leve luz de la luna exaltaba el blanco del vestido de seda que portaba y de su misma piel, no pudo evitar ser hechizado por esas hermosas esmeraldas que hablaban por ella, no le dio tiempo a reaccionar cuando Sakura ya reclamara de nuevo esos varoniles labios y prosiguiera con las caricias.

- ¿Estas segura? – le susurró al oído y ella percibió la profunda sensualidad de sus palabras.

Ella se estremeció, pero realmente deseaba acariciar su piel. Lo deseo desde aquél día en su recamara, cuando lo vio semidesnudo en el río y ahora más que nunca.

- Más que nada en el mundo – esas palabras sonaron como la mejor melodía del mundo que tuvieron la virtud de estremecerlo y corresponder sus deseos.

Entre besos Sakura doblo sus rodillas obligando a Shaoran a seguirla, quedaron hincados uno frente al otro.

- Shaoran – un suspiro con su nombre en él.

- Sakura – exhalo él.

- ¿Quieres ayudarme? No puedo sola.

- Eh? – definitivamente cortó la inspiración.

- Con el vestido - dijo apuntando a su espalda.

Él la vio un tanto serio – Aún puedes arrepentirte – por fin sus neuronas comenzaron a trabajar.

Sakura bajo la mirada un tanto decepcionada.

- No me deseas – dijo con un hilo de voz.

- Sakura – dio un leve suspiro – no es eso, es sólo que…- sentía que todo estaba sucediendo muy rápido.

- Te entiendo – levantó su encontró su mirada ámbar expectante – toda tu vida me has visto como un chico, en verdad te entiendo – forzó una sonrisa comprensiva.

Se levantó de golpe – no te preocupes, en verdad que lo entiendo – se dio vuelta y comenzó a caminar de regreso. Lo único que deseaba era alejarse.

¿Por qué él no sentía esos deseos tan intensos que ella sentía? ¿Por qué se enamoro de alguien imposible? ¿Era tan tonta como para pensar que le correspondía?

- Sak – susurró Shaoran algo confundido por su reacción.

Su cuerpo reaccionó sin su voluntad y la tomo de la mano deteniendo sus pasos.

- Sakura, espera.

Sakura se quedo sin moverse, mientras sus ojos derramaban amargas lágrimas de rechazo.

- No pienses eso. Te deseo, te deseo mucho… - dijo casi con pesar - desde aquél día del festival, desde que me dejaste como idiota esperando, y eso me asusto mucho.

Mientras la respiración de Sakura se calmaba, escuchaba la de Shaoran aumentar de velocidad.

- Jamás me había pasado algo remotamente parecido, apenas te conocía y ya sentía algo por ti algo fuera de mi comprensión – se acerco hasta quedar frente a ella.

Su ojos ámbar brillaban, como asegurándole que era verdad cada palabra que salía de sus labios – es la verdad – confirmó luego con una leve sonrisa.

- Desde entonces… - paso sus brazos alrededor del cuerpo de Sakura – deseaba hacer esto.

Con asombro ella notó que en su espalda sus manos se movían diestramente, deshaciendo el nudo de su vestido. Se acercó aún más a ella besando lentamente su mejilla, no tardo mucho en que la prenda cediera en sus manos.

Con la delicadeza con que se trataría a una flor única en el mundo, retiró el vestido de sus hombros y a medida que lo hacía marcaba la piel con diminutos besos.

- Shaoran – suspiró profundamente y cerró lo ojos.

- Ahora déjame mostrarte que no miento – dijo con voz aterciopelada.

El vestido cayó entre ellos y Sakura sólo pudo callar su vergüenza pasando sus delgados brazos por su cuello, acercando más su cuerpo con el de él.

Tenía un leve miedo, miedo a que fuera sólo un sueño lo que estaba pasando, miedo a que él la rechazara de nuevo.

La suavidad y aroma de su piel expuesta era como una bella ilusión, sentirla en sus brazos tan frágil, tan delicada, tan suya, le hicieron sentir una ternura tan grande que apenas cabía en su pecho. Claramente percibió un ligero temblor en todo su cuerpo y lo único que pudo hacer fue pasar sus manos por su estrecha cintura, sin pensar en todo aquello que despertaba con su cercanía.

El frío de la noche desapareció a su alrededor. La llama, una vez encendida, no podría ser apagada tan fácilmente, ellos lo sabían.

No tardo en que sus prendas en el frío suelo fungieran como lecho.

La danza comenzó.

Shaoran la separó lentamente de él para verle el rostro, estaba muy sonrojada seguramente por su semidesnudez, ella bajo sus manos y las dejo descansar a sus costados, se sentía tan extraña pero a la vez feliz.

Para su sorpresa ella le sonrió con dulzura a lo que no pudo hacer más que corresponderle de la misma manera, tomo sus delgadas manos y en un gesto que le sorprendió, las beso, sonrojándola aún más. Luego tomándose su tiempo para disfrutar lo que hacía, recorrió con sus manos la blanca piel de la chica, desde sus muñecas hasta sus hombros, luego el cuello y finalmente el sonrojado rostro, todo sin que en ningún momento dejaran el contacto visual.

Acarició y rememoró su piel con los pulgares, después, después sólo se fundieron en un largo beso, disfrutándolo como si fuera el último. Mientras sus labios se reconocían y jugaban con cada vez más sensuales movimientos, las manos de Sakura descansaban en el pecho de él y claramente sentían el golpe de su agitado corazón.

Tuvieron que separarse unos momentos para recuperar aire, y fue de nuevo ella que poco a poco en movimientos suaves y delicados fue retirando la prenda que aún cubría el dorso de Shaoran.

Él lo permitió disfrutando cada rose de sus manos y el carmín que aumentaba en las mejillas de la Sakura. Ante la figura semidesnuda se atrevió a tocar su piel, era tan placentero sentir sus pequeñas manos recorriendo su cuerpo, pronto sus manos se detuvieron en su pecho justo sobre su corazón. La vio sonreír y luego no se detuvo más y reclamo sus labios, como si su dulce sabor pudiera calmar la llama en su interior.

Aún unidos en el beso Shaoran la condujo con suavidad hasta el lecho, se separaron un segundo suficiente para ver en los ojos de otro el brillo opacado por el deseo, el deseo que crecía a cada instante.

Sakura se sintió dichosa, él la deseaba tanto como ella a él.

- Shaoran – no había nada más en su mente, sólo ese nombre repitiéndose una y otra vez.

Él se inclinaba sobre ella y depositaba suaves besos en su cuerpo.

- Sakura – adoraba el sonido de esa palabra en sus labios, no quería escuchar nada más el resto de su vida, sólo a él llamándola.

No había tiempo, no había espacio, no había más personas, no había nadie, ni nada más que ellos, y esa extraña y dulce sensación en todo su ser, en ambos. Sus corazones estaban eufóricos.

Y lo podían sentir, casi podían leer los pensamientos del otro, dando y recibiendo dulces caricias que tenían la virtud de despertar más y más deseo, más y más de ese sentimiento tan sublime.

El contacto que mantenían era tan íntimo que necesitaban más que eso. Pedían más y más, de esa unión. Pedían que se consumara, pedían que se consumara ahora. Esa unión que los haría uno, esa unión que nunca, jamás se rompería a pesar del tiempo, del espacio, del destino, de todo, ahora.

El resto de las prendas fueron innecesarias, y poco a poco sin dejar su danza se deshicieron de ellas. Su piel sin nada que la cubriera sólo tenía el calor propio, destilaba calor y deseo, pasión y calidez.

El pensamiento y el corazón por fin estaban de acuerdo, esa persona a quien tenían en sus brazos, por quien su corazón se aceleraba, era la persona indicada. A cada segundo que permanecían juntos la sensación de felicidad aumentaba.

La danza estaba en su apogeo, el sonido de sus respiraciones se extendía en el silencio de la noche, él a pesar de que toda la pasión le gritaba hacerlo ahora, verla a ella disfrutar sus caricias, hizo que él se contuviera y lo hiciera lo más tiernamente posible, con suma delicadeza y gran amor, siempre pensando el ella.

Eran sensaciones nuevas, sorprendentes y adictivas, enredar sus manos en su cabello, escuchar el fuerte latido de su corazón, sentir la piel del otro estremecerse con cada caricia, probar las mieles del amor en los labios del otro, aspirar el aroma de un cuerpo deseoso y deseado.

Podían comunicarse, comprenderse y fundirse con cada mirada.

Las agitadas respiraciones se detuvieron durante unos segundos, el latido del corazón hizo lo mismo y una explosión de placer los sacudió y embriago sus pensamientos y sentimientos. Se hicieron uno, mientras tocaban juntos el paraíso y se quedaron en él unos momentos, jurando que regresarían de nuevo.

- Sakura

- Shaoran

No había más que decir, sólo sus nombres eran suficientes, estar juntos era suficiente, soñar juntos era todo.

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Este capítulo fue dedicado a todos y cada uno de ustedes que leen esta historia y les gusta S&S.

HiKaRi-09

Luz

lindahanyou

yuuko-hime

Celina Sosa

Black Star Dragon Girl

Gilraen Singöllo

nitoky hanayime

Citrikivy

Esmeraldy

Aahhh, que puedo decir, sólo espero que lo hayan disfrutado y que me den su opinión creo que es la primera vez que escribo algo así.

Saludos

Yoalitzin