Esta historia no me pertenece es una adaptación de los personajes de Alexandra Sellers. Escribo esta historia por que es muy buena. Ah y por favor no me de manden ni me acusen de robar la historia ya que nada repito NADA me pertenece Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen los personajes son de Rumiko Takahashi
Capítulo 12
Aquella noche, Kagome permaneció despierta e incómoda sobre la cama. El día había transcurrido entre el sueño y la pesadilla. La casa y el jardín eran más bonitos de lo que Kagome podría haber imaginado nunca, pero la nube de una sospecha constante la seguía por todas partes y convertía cualquier expresión de admiración en una declaración de intenciones a ojos de Inuyasha.
Él siempre la estaba observando. No satisfecho con haberle puesto un sirviente que la vigilaba constantemente, también lo hacía él. Kagome no podía ir a ningún sitio sin él, a excepción de a su propio dormitorio. Entonces, Inuyasha se sentaba al otro lado de la puerta y esperaba, por lo que Kagome no podía sentirse cómoda y tenía que volver a salir.
Odiaba aquella situación. Aquella cercanía constante la volvía loca. Sentía un hormigueo en la piel, como si estuviera en un campo de fuerzas. Era como estar en la parte receptora de un campo estático constante. El cabello parecía ponérsele de punta y se negaba a obedecer al peine. Cuando se quejaba, Inuyasha se limitaba a repetir el mismo soniquete de siempre:
–Si no te gusta, ya sabes la solución...
A pesar de que él le había dicho que no la deseaba, cuando la miraba, la sangre de Kagome hervía como si respondiera así al deseo que notaba en él. Entonces, ella recordaba sus palabras. "Si hiciéramos el amor mil veces...". Se decía que no era a Kagome sino a Kikyou a quien deseaba. Estaba recordando los momentos de pasión que los dos habían compartido. Nada más. Kikyou era probablemente una magnífica amante y si Kagome cedía alguna vez a la atracción, el jeque se encontraría con una enorme desilusión.
Al darse cuenta de la dirección que habían tomado sus pensamientos, se sentó y ahuecó airadamente la almohada. ¿Ceder a la atracción¿Qué atracción? No sentía nada por Inuyasha a parte de una ira totalmente justificada. Aunque fuera atractivo, no había mantenido su virginidad todos aquellos años para perderla con alguien que la despreciaba a ella y a sí mismo por desearla.
Se volvió a sentar en la cama. Lo que la estaba matando era saber que él dormía, si era capaz de dormir, en el dormitorio de al lado. La puerta estaba ligeramente entreabierta, pero no se oía nada. ¿Podría escuchar él cómo daba vueltas en la cama¿Se estaría imaginando que no podía dormir por él?
¿Cuánto tiempo iría a durar aquella situación? Él le había dicho que en el hotel creían que se había ido a recorrer el país y que estaría fuera varias noches. Si eso era cierto, no podía esperar ayuda alguna en aquel sentido. Nadie llamaría a la embajada para declarar que una ciudadana canadiense había desaparecido cuando un consejero había explicado su paradero. De eso estaba segura.
No le permitiría hacer llamadas telefónicas y, mientras no pudiera llamar a Kikyou, no podía decirle nada. Aunque había momentos en los que no sabía qué hacer, estaba segura de que no podía arriesgarse a decirle la verdad. Tanto si Kikyou se había llevado el cuenco de jade como si no, lo que creía lo más probable, la posibilidad de que el asunto pudiera perjudicar a Onigumo era muy alta.
Cuando le preguntó cómo estaba tan seguro de que ella se había llevado el cuenco, el jeque se limitó a observarla y a sacudir la cabeza.
–Ya sabes cómo lo sé, Kagome –le dijo–. Cuando comprendas por fin que no podrás escaparte de aquí con afirmaciones de inocencia, empezaremos a hacer progresos.
A pesar de lo que él decía, Kagome estaba segura de que seguía deseando a Kikyou. Sin embargo, por mucho que deseara volver a tenerla en su cama, Kagome comprendía que no le haría el amor sabiendo que estaba casada con otro hombre. Aquello formaba parte de su código personal de honor. Por una vez, Kagome se alegraba de una de las mentiras de Kikyou. El hecho de que él pensara que estaba casada podría ser la única protección que tuviera contra Inuyasha.
Frunció el ceño al pensar de nuevo en aquella idea. ¿Habría algún modo de escapar de allí? Había dicho que ella era una tentadora. ¿La dejaría escapar si pensaba que lo estaba tentando excesivamente¿Podría Kagome conseguir que a él le pareciera que tenerla allí recluida le reportaba demasiados problemas?
lo prometido es deuda y como el otro capitulo no c subio aqui está este una pequeño obsequio por mis retrasos
