Creciendo el amor en mi corazón.

Capítulo 11: Visitas a medianoche.

Pov. Edward

Canción recomendada: Mercy –One Republic

Martes 31 Julio

-¿Me vas a dejar morir solo? –Sam sube las piernas a mi escritorio y se rasca la cara.

-Ya te dije que voy a ir a cenar con Emily. Quedamos desde el viernes

-Ya se. Ahora todo tu mundo es esa muchacha –le digo con amargura

-¿De veras quieres empezar otra vez?

-Está bien. Está bien –alzo mis manos en señal de rendición –Cierro la boca

-¿Cómo te fue en la boda de tu hermana?

-¿Cómo quieres que me vaya? Se casó mi hermanita

-¡Uh! ¿Celoso? Se casa tu hermano mayor, se casa tu hermana menor ¿Temes quedarte? –le lanzo un blog de notas y afortunadamente le da en la cabeza.

-Yo no temo quedarme.

-¿Estás diciendo que te nos casas?

-Absolutamente que no. Estoy diciendo que yo no temo quedarme. Porque no me quiero casar

-Bien. Ya Salí y estoy perdiendo mi tiempo contigo, así que me voy con Emily. –azota la puerta al salir.

Termino de checar un archivo de la empresa y se la envío a mi secretaria. Son las siete y puedo por fin largarme de la oficina. Pensaba en ir al bar junto con Sam, pero él está comprometido ya con Emily y no le queda tiempo de nada que no sea su mujercita. Jasper está de luna de miel y Emmett tiene clases de pre-parto junto con Rosalie.

Y dicen llamarse hombres.

Guardo mis cosas y tomo mi cartera y mis llaves antes de salir.

-Disculpe, el señor Cullen me pidió que le entregara esto antes de que se fuera –la secretaria de mi padre me entrega una carpeta amarilla. La abro y hojeo los archivos de adentro.

-¿Puedes dejarla en mi escritorio, por favor?

-Por supuesto

Por favor. Recuerdo sus ojos abriéndose desmesuradamente cuando le pedí que me besara. La recuerdo bailando en mis brazos y con su adorable vestido de flores en medio de la música. Su sonrisa mientras comía hawaiana o sus lágrimas… luego de haberla herido.

Bella.

Mientras conduzco pienso en ella cuando huyo de mi apartamento llorando. Trato de arrepentirme por lo que le dije. No lo hago.

Ella misma lo dijo cuándo la besaba. Ella no pensaba en eso, en tener sexo. Ella… creía en el amor. Y yo no. Yo no podía atarla a mí, no cuando ninguno de los dos pensaba de la misma forma.

No cuando la princesa merecía un príncipe. No un sapo que esperaba que al besarlo se convirtiera en príncipe. Porque eso no pasó. Eso no pasaría.

Me acerco a la barra y pido una cerveza.

-¿No hay una para mí, también? –una atractiva chica se sienta junto a mí y me guiña el ojo.

-Por supuesto que la hay. Ya escuchaste a la chica

-¡Vaya! Eres muy amable chico. ¿Y a quien debo agradecerle? –la mujer se reclina contra la barra haciendo más notorio su escote.

¡Sexy!

-Edward ¿y tú lindura? ¿Cómo debo llamarte?

-Uh bombón no importa cómo. Tu solo debes llamarme. –da un buen sorbo de su cerveza y luego me sonríe con esos labios rojos y salvajes –Pero puedes llamarme Jane.

-Muy bien Jane ¿Qué tal si te invito otra cerveza?

-No esperaba menos de ti, Edward.

Pedimos otras cervezas y nos las bebemos más rápido de lo que se esperaba. Jane se levanta de su sitio para pedir otra cerveza, pero antes se acerca a mí y me besa. Cogiéndome por sorpresa.

No tardo en responderle tomándola de la cintura y sentándola sobre mí.

Sus manos viajan por mi espalda y bueno, mis manos tampoco están muy quietas.

-Es usted muy apasionado Edward –lame sus labios y me besa de nuevo.

Nos detenemos para beber y continuamos hablando. Estudia diseño y viene de Atlanta.

-¿Eres mayor de edad?

Sus labios se curvan y luego de besarme rudamente responde

-Si no lo fuera no estaría en la Universidad, tonto.

-Es bueno saber que no iré a dar a la cárcel.

-No al menos por esto –Jane se levanta de su silla y me arrastra con ella a la pista de baile.

Sus movimientos no son nada inocentes, y su pequeño vestido tampoco ayuda a uno a mantenerse "tranquilo". Gira, da un montón de vueltas con las manos alzadas y eso hace que su vestido se levante un poco más, si es que eso es posible. De vez en cuanto toma mi cabello y nos besamos defendiéndonos hasta que es demasiado necesario respirar. Mueve sus manos en mi pecho de arriba abajo y yo la acerco a mí cada vez que puedo.

-Veo que alguien está muy ansioso –susurra en mi oído.

-¿Es que acaso tu no? No me has soltado en toda la noche

-Tal vez. Tal vez no. ¿Quieres ir a casa, Edward?

Recuerdo la última vez que alguien susurro esa frase. Ayer. Pero Bella no se refería a eso, y es algo que yo no entendí al principio.

-Lo he estado esperando desde que te vi –sus labios rojos me sonríen una vez más antes de caminar hacia la puerta moviendo sus caderas con movimientos demasiado malos para mí ya, situación actual.

Jane ha llegado aquí en taxi así que nos vamos en mi auto. Afortunadamente, el bar no está muy lejos del edificio donde vivo.

Cuando entramos noto aun ahí la caja de pizza sobre la mesa de centro y un dolor me golpea, pero Jane acaricia mi espalda con sus manos y susurra en mi oído.

-Alguien ha comida pizza ¿he? –Se pone delante mío y me besa –Iré a tu recamara ¿Dónde es?

-Por aquella puerta -señalo el comedor y ella asiente sonriente.

-No tardes mucho

Tomo la caja de pizza y la lanzo al bote de basura sin preocuparme en averiguar si hay comida dentro o no. Y luego abro la puerta de mi recamara; pero ni aun la sexy imagen de Jane desnuda me hace sentir mejor.

Jane me mira sonriente cuando comienzo a desvestirme, ella aplaude cuando por fin me deshago del pantalón.

-Eres un chico guapo Eddie. Vamos a ver si como cantas chiflas

-¿Ah sí? ¿Y tienes mucha experiencia, rubiecita? –me acerco a ella y acaricio sus mechones mientras me acomodo bajo ella.

-Claro. Créeme cuando te digo que soy una experta en esto. Se lo que te digo, bombón.

-Con que una experta, ¿la competencia es mucha? –le pregunto pensando que está bromeando.

-Uh. No tienes idea –me besa el cuello y se mueve para quedar a mi lado.

Una experta. Sin poder controlarlo mi mente me trae el recuerdo de Bella ahí en medio del antro con su sencillo vestido y sus ojos registrando cada movimiento, curiosa. "Hace el amor". Me pregunto si hay alguna diferencia.

Observo a Jane mirándome divertida y con una sonrisa coqueta. EL rímel corrido al igual que sus labios despintados por los "besos inocentes" camino acá. Veo la foto que Alice ha puesto en mi recamara de ella y la familia en su boda. Ella sonriente abrazando a Jasper, el que un día me acompaño a bares… lo que trae consigo a Sam. A punto de casarse. Y Emmett con Rose sin poder quitarse las manos uno del otro porque ya quieren tener otro hijo y eso que el primero todavía no nace.

No quiero esto.

No quiero dormir con una mujer de la que ni siquiera estoy seguro de su nombre. Muchos menos de su edad. No cuando ella misma me ha confesado la "gran experiencia" que asegura tener. No deseo tener que ir a tomar para conseguir a alguien y no pasar la noche solo. Y mucho menos quiero envejecer sin haber descubierto que es hacer el amor.

Me levanto de la cama y me visto recogiendo mi ropa del suelo. Cambio mi camisa al ver que esa esta manchada de labial rojo. Jane me mira con la ceja alzada cuando me he terminado de vestir.

-¿Qué pasa?

-Necesito que te vayas.

-¿Qué?

-Que cuando regrese no te quiero aquí ¿entiendes?

Salgo de la habitación sin esperar una respuesta. Únicamente recojo las llaves de mi auto. No me molesto en esperar el elevador; estoy ansioso, extasiado y a la vez temeroso. Cuando las escaleras se acaban y llego al estacionamiento no tardo en encender el automóvil y conducir hasta su casa.

Toco el timbre del portón y una voz desconocida me contesta.

-Buenas noches. Casa de la familia Swan ¿Qué necesita?

-Necesito entrar

-¿Disculpe?

-Tengo que ver a la señorita Swan. Abra la puerta.

-Lo siento pero la señorita Swan ya no recibe visitas esta dormi…

-Soy su novio. Y si no me deja entrar, de seguro se va a enojar.

-Señor –la mujer al otro lado suspira- permítame preguntarle.

En poco tiempo el portón se abre y luego de recorrer el pequeño jardín el frente toco la puerta. Pero al abrirla ella es la que se encuentra del otro lado.

Sonrío, al ver lo mucho que la extrañaba. Su inocencia. Su dulzura.

Lleva una pijama de conejos y unas lindas pantuflas. Sus ojos se ven cansados así que supongo que debía de estar dormida y por supuesto no lleva maquillaje, pero por alguna absurda razón eso le hace ver más preciosa. No es posible encontrar algo en el jodido mundo que luzca más lindo de lo que luce ella ahora mismo.

-Buenas noches. –su voz suena como una nota musical.

-Hola Bella. ¿Te desperté?

-¿Tu qué crees? –responde. Miro el reloj sobre la chimenea. Marca las tres de la mañana.

-¿Me permites hablar contigo?

-¿No lo estamos haciendo ahora? –miro hacia la mujer detrás de ella, la que supongo ha atendido el intercomunicador. –ven

Subimos las escaleras y abre la puerta de su recamara. Su habitación es tranquila, justo como ella.

-Dime –se sienta en el borde de la cama y yo me arrodillo frente a ella tomando su mano entre las mías y viéndola a los ojos. Sus ojos que susurran amor. Esos ojos que no quiero dejar de ver.

-Escucha, siento mucho lo que te dije ayer ¿vale? Créeme cuando te digo que no era mi intención lastimarte Bella. Yo… no estoy acostumbrado a tratar chicas como tú. Tú no tienes idea de a lo que una chica de las que acostumbro trata de decir cuando comenta: Vayamos a casa. Y de veras, siento haber pensado eso de ti. Cuando tú me dijiste lo que pensabas… Bells mierda tu realmente vives en un cuento de hadas –sus ojos se abren dolidos, pero continuo antes de que la riegue por segunda vez –pero cariño, tú te mereces vivir en un cuento de hadas. Las princesas deben vivir en uno.

-¿Qué?

-Bella ayer te dije todo eso porque quería. Quería que te marcharas y te diera cuenta que aunque beses a este sapo no se va a convertir en príncipe. Pero mi amor, si eso no te importa, entonces me sentiría realmente afortunado de dejar que la princesa haga el intento tanto como quiera.

Me levanto cuando me doy cuenta que está llorando. Ella trata de esconder su rostro tras sus manos.

-No dije esto para que lloraras, de verdad. Yo… -ella me detiene cuando alza su mano y acaricia mi mejilla suavemente.

-Edward sé que eres un buen chico ¿está bien? Y creo que solo hace falta un poco de ayudadita para que este príncipe se convierta en rey. Yo no veo ningún sapo. –es una jodida dulzura. Vaya que lo es.

Me lanzo contra ella suavemente y la tiro en la cama para hacerle cosquillas. Me doy cuenta a los dos segundos que su risa se ha convertido en mi segundo sonido preferido. Su voz es el primero.

-¡Para ya! –me detengo para verla sonrojada y feliz. En mi interior solo espero hacer cualquier maldita cosa para que siempre lo este.

-¿Puedo quedarme? –le pregunto luego de que ambos hemos tomado un poco de aire.

-Edward…

-Para dormir y charlar. Quiero saber todo de ti. Lo que sea. Por favor –ella sonríe

-Con una condición

-Lo que tú quieras

-Dame un beso

-Bueno princesa, con esas condiciones ¿Cómo se niega uno?

***¡HOLA CHICAS! HACE MUCHO QUE NO ME PASABA POR AQUÍ, QUIERO DECIRLES QUE LO SIENTO. NO VOY A DAR EXCUSAS PORQUE NO SOY UNA CHICA DE EXCUSAS… SOLO QUIERO DECIRLES QUE LAS ACTUALIZACIONES VUELVEN A LA NORMALIDAD. LUNES, MIERCOLES Y VIERNES. ¡NOS LEEMOS PRONTO! ***

"Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad." -Winston Churchill

K.