Ángeles & Demonios

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::::::::. – cambio de escena

-texto-

"Pensamientos"

"Recuerdos"

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Entrenando en Rusia I

Capítulo 12

«León Oswald Abandona Kaleido»

«Sora Naegino y Álvaro Kornikov Parten Juntos a Rusia»

«¡Estrellas de Kaleido se Libran del Dios de la Muerte!»

«Kaleido cierra sus puertas para ir rumbo al Festival Fantasía»

«¡El Circo Kaleido Junto al famoso Gran Circo de Moscú por la Mejor Producción!»

«Festival Fantasía Reabrirá sus Puertas en Holanda»

Y los títulos continuarían a lo largo del buscador del ordenador de Mía―. Al parecer estamos en la mira del mundo ―comentó ensimismada.

― Sí, con más de dos millones de visitantes, cualquiera se pondría nervioso ―arguyó Ana.

May ingresó enfurruñada a la cafetería; salió del escenario para no ver muertos vivientes y se encuentra con dos en el último lugar pensable―. Una semana sin Sora y ya parecen muertas. Dan asco ―espetó May más ofuscada ahora. Y no era para menos, si tenía que quedarse porque Layla se lo había pedido.

―¿No será porque TÚ también estás deprimida May? ―inquirió una vocecilla tras ellas.

―¡Rossetta! ¡Pensábamos que te habías ido a París a entrenar! ―Mía había recobrado brevemente la ilusión, con Rossetta aun en Kaleido, no sería tan solitario. No cuando aquella jovencita era la más cercana pupila de Sora Naegino.

Ana emprendió el apretujón y Mía la siguió, mientras Rossetta se iba asfixiando por el extra cariño que recibía.

Esto era demasiado para la trapecista ascendencia china―. ¡Por favor! ¡ARG! ¡ARG! ―May entró en rabieta, demasiado amor era una aberración, no. ¡UN MARTIRIO!―. ¡Si la estúpida de Sora estuviera aquí harían la misma estupidez de ir tras ella como perros falderos, maduren, hagan algo productivo! ―vociferó imponente, la ira la llevaba bien cargada en la cara.

No satisfecha, May señaló a Mía con el índice―. ¡Tú deberías estar revisando la obra junto al ingeniero para hacer los estúpidos escenarios junto con los rusos en dos semanas! ―Luego vino el turno de Ana―. ¡Tú deberías organizar al maldito elenco, partimos en una semana! ―Y por último el café caliente le cayó a la diosa del Diávolo. May la miró por sobre el hombro con frialdad ―incluso Sora ha dejado el escenario para entrenar. Ni siquiera DEBERÍAS ESTAR AQUÍ.

Rossetta se pasmó, sus cuerdas vocales dejaron de funcionar momentáneamente. La mala fortuna se cernía sobre ella, incluso Fool se lo había advertido:

«Volver al nido vacío no ayudará a encontrar el camino»

―¡Tú dudaste de Sora, la hiciste sufrir también! ―espetó Mía recordando perfectamente lo sucedido muchas noches atrás.

―¿Y quién habla de ése estúpido ángel? ―arguyó May totalmente cambiada, la madurez irradiaba en su mirada―. No es como si sus inútiles gimoteos las ayude en algo. Sora ESTÁ ENTRENANDO EN RUSIA ―No necesitó decir más, las otras se miraron perplejas y notaron lo que May había visto.

Sora no se había ido para siempre, volvería, luego de representar esa obra. Aunque Kalos les hubiese prohibido ir a verla. «Razones», había sido lo último que les dijo antes de tirarles la puerta de la oficina en la cara.

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Una semana antes Aeropuerto De Rusia

El Terminal rebosante de extranjeros y rusos estaba singularmente repleto aquella tarde, escuadrones de reporteros asediaban a una pareja en especial, dos trapecistas que acababan de arribar en el vuelo 103 San Francisco - Moscú.

― Señorita Naegino. ¿Es verdad que mantiene una relación con Álvaro Kornikov?, ¿Su partida de Kaleido es definitiva? ―inquiría una intrépida reportera que había traspasado las cuerdas de contención con tal de obtener la primicia.

Sora, quien portaba unas gafas oscuras al igual que Álvaro se mantenía callada y sumida en un estado de depresión notable, ella no estaba con el ruso, mucho menos pensar que abandonaría Kaleido.

―Señorita, señorita responda. ¿O es que el incidente con León Oswald la obligó a cambiar de escenario? ¿Participará en el Festival Fantasía si se recupera de sus lesiones? ¿Por qué se...? ―Los oportunos policías lograron detener a la reportera en la entrada del Terminal y con algo de suerte, no logró ver las lágrimas que ya emergían de los ojos de Sora.

―No tienes que hacer caso, es sensacionalismo en su más bruta expresión ―complementó Álvaro mientras le abría la puerta trasera de un BMW polarizado. Su cojera no parecía impedirle realizar sus movimientos cotidianos―. Tus padres fueron considerados al acceder a hospedarse en mi casa y no llegar con el primer vuelo a San Francisco ―acotó malicioso. Era mejor levantarle el ánimo de muerta viviente que tenía pegado al rostro; considerando que casi pierde la vida por el tipo en el que ella había puesto su confianza, su vida.

― Después de todo, ser joven, galante y soltero puede resultar peligroso. No vaya a ser que quieras ultrajarme o algo por el estilo mientras te hospedes en mi casa.

La fría mirada de Sora le indicó que no había logrado su cometido. Ingresó sin más dándoles un guiño a los reporteros.

― A casa Rudolf ―indicó al conductor, era un hombre de mediana edad, vestido de smoking gris haciendo contraste con su canosa cabellera. Poseía una sonrisa amable, aunque Sora no pudo notarlo en ese momento.

―Como diga señor Álvaro. OH, y sea bienvenido señor ―Rudolf observó de reojo a Sora, tras reconocer quien era no pudo ocultar su sorpresa ―espero haya tenido un viaje placentero. Naegino san. ―Emuló fluidamente en japonés. Algo que hizo que la japonesa clavara sus ojos en el buen chofer que había iniciado la marcha.

―¡Arigato gozaimasu! ―espetó Sora recobrando la energía de golpe―. ¿ japonés? ―preguntó en su lengua natal. A lo que Rudolf sonrió y moviendo la palanca de cambios le guiñó al joven ruso que tenía un notorio puchero en el rostro.

―A parte de otros 6 idiomas señorita ―complementó alegremente.

«Debí llamar a Dimitri». Maquinó Álvaro al ser desplazado por Sora y Rudolf de la conversación. Mejor dicho, lo ignoraron por completo camino a casa.

Habían llegado a una residencia que competía con la de Layla Hamilton y no había una sola criada, todos eran varones vestidos formalmente con los rostros estirados y serios. No le sorprendía a la japonesa que Álvaro se mostrara tal y como era.

«¿En qué diablos estoy pensando?», La meditación no pudo continuar gracias a la aparición de sus padres y la pequeña Yume.

―¡Papá, Mamá, YUME! ―El abrazo fue prolongado y fuerte en ambas partes. Las lágrimas de Sora se igualaron a la de sus padres y una confundida Yume también se unió al sufrimiento en conjunto.

Y habría durado más si no hubiese sido porque Álvaro se añadió al momento―. ¡Los extrañé papás! ―Abrazándolos a todos con sus envolventes brazos.

Sora enrojeció totalmente, jamás hubiese pensado que Álvaro actuaría con sus típicas costumbres frente a sus padres. «¿Los llamó papás?»

―¡Joven Álvaro! ―inquirió represiva.

―No te preocupes Sora, su hermano nos comentó acerca de sus 'peculiares' bromas ―agregó el papá de Sora, aunque tenía una sonrisa algo deformada.

La mamá continuó con un tono un poco más intenso. La pérdida de su hija mayor podría romperle el corazón y no estaba dispuesta a permitirlo―. Nos quedaremos el tiempo que sea posible Sora, aunque preferiríamos que volvieras con nosotros. Ese accidente pudo ser fatal y si te hubiese ocurrido algo grave yo...

Pero Álvaro intervino cortando las súplicas aun conservando su buen humor al referirse al dios de la Muerte―. Como le dije mamá, ella resbaló de las sudorosas e inútiles manos de Oswald. Toda esa basura del Dios de la Muerte es puro drama que le agregaron para ganar popularidad. ―Álvaro se mostraba amable y había hecho una coartada impecable sólo para procurarle una estable estadía en los escenarios. Pero ambos sabían que León lo había hecho adrede. Como el típico demonio que era.

―Bueno, aun así me gustaría verle a la cara ―espetó la madre sincera. ― ¿Por qué no se sabe nada de él?

Sora no podría contener por mucho sus lágrimas, su semblante había cambiado obviamente para todos. ¿Pero la pena iba a consumirla cada vez que escuchara su nombre?

― El viaje ha sido largo y las turbulencias no beneficiaron al hombro de Sora y empezaré a llorar de dolor si no me doy un descanso al tobillo ―sentenció Álvaro alegremente.

Al menos eso podía ver Sora, ella, veía lo que él quería que viese. Él quería vengarla, quería ser su motivo, su inspiración, sin embargo, ella sólo podía pensar en León Oswald. «Haré que lo olvides Sora. No te mereces alguien así».

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La semana había transcurrido sin contratiempos, el médico de Álvaro había revisado a ambos acróbatas y las mejoras eran notables.

El médico aun se mantenía en dudas acerca del porqué la mejora tan oportuna. Conocía al joven ruso, sabía qué tan osado era habitualmente. Y que odiaba seguir cualquier prescripción médica.

― Es inaudito que no haya actuado acorde a su temperamento señor Álvaro. Esperaba que hubiese complicado su luxación. Tenía tantas ganas de enyesarle ese tobillo ―continuó abatido.

―Ya sabes Dimitri, uno madura con el tiempo ―alardeaba descaradamente mientras comprobaba que su tobillo respondiera a sus acrobacias de calentamiento.

«¿Qué se supone que hace?», se preguntaba Sora mientras Dimitri ponía los ojos en blanco.

«¿Dijo madurar?», Dimitri no asociaba esa palabra junto a algún atributo de Álvaro Kornikov.

―¿Sora, tus padres no piensan quedarse para la cena? ―inquiría el 'maduro' trapecista a la japonesa que observaba desde un rincón de la sala.

―Eh no. Papá no puede por el trabajo. Y Yume tiene que ir al colegio. ―Sora parecía sorprendida de lo que su familia había dejado de lado por ella. Trabajo, estudios, quehaceres y demás.

―Pensé que me tenían confianza ―agregaba Álvaro desilusionado. ―¿Dimitri se va ha quedar como carabina, no?

Sora comenzaba a preguntarse a qué venían esas estúpidas frases. Y Dimitri sabía perfectamente lo que quería Álvaro―. En realidad, evitaré que cometa alguna estupidez y lo denuncien por acoso sexual, de nuevo.

―¿Qué? ―Sora no había entendido la indirecta más directa del mundo.

La madre de Sora llegaba salvando el momento―. Sora, ya tenemos que partir, me apena mucho joven Álvaro, ha sido muy amable con nosotros ―su reverencia fue corta y sincera―. Espero que cuide bien de mi hija, estoy eternamente agradecida por haberla salvado de la caída ―Aquello no se lo esperaba Álvaro, ni Sora. Ni siquiera Dimitri.

A pesar de que Álvaro los trató como si fuesen sus padres o algo parecido a los 'suegros'―. Lo volvería a hacer señora, aunque quizá no tarde en suceder―. Bueno, Álvaro era Álvaro, pero lo que había dicho dejó desconcertada a Sora. Pero la madre sabía a qué se refería.

En un escenario, siempre ocurren accidentes. Siempre―. Es algo que he tenido que asimilar todo este tiempo joven Kornikov. Y confío en que Sora tiene un ángel de la guarda en el escenario.

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Horas más tarde, Sora contemplaba a Álvaro en un salón de entrenamiento que él tenía dispuesto en el sótano de la casa. Un estéreo dispuesto en lugares estratégicos proveía de la entonada de Mozart en toda la basta sala.

Álvaro se paseaba de trapecio en trapecio con maniobras que jamás hubiese podido imaginarse Sora. Él no se limitaba a un 'veré si puedo', 'es peligroso', 'hay riesgos'. Si debía caer de cara contra la red. Lo hacía sin flaquear.

―Él jamás estuvo tranquilo con los pies sobre la tierra ―espetó Dimitri acercándole una bandeja de plata con sándwich de jamón y queso―. Coma para que gane energía y peso, va a perder más kilos en las próximas semanas, no sería extraño que tenga que ponerle intravenosa después.

Sora sonreía nerviosa, ahora no tenía mucho tiempo para pensar, no cuando Dimitri o Álvaro la asediaban con preguntas capciosas o 'frases con un sentido macabro'.

― Dimitri, te dije que nada de tu jamón especial para ella. ¡La estreñirá como a Rudolf! ―Vociferó saltando a un lejano trapecio e incurrir a una maniobra giratoria en él.

«¿Estreñir?»

―Sí, quizá ocurra. Pero te alimentará lo suficiente.

Sora podía ver un maligno brillo en los ojos del misterioso médico. Y no sabía si temerle a él o al ruso trapecista y sus maniobras suicidas.

―Etto…

―Señor Dimitri ―enunció uno de los criados―. El Gran Circo de Moscú quiere saber si la presentación de mañana incluirá a la señorita Sora Naegino.

―No, ella no estará disponible ―espetó serio―. Y llama al cocinero, necesito que prepare una dieta para el estreñimiento crónico exclamó serio.

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Fin de la primera parte.

Próxima actualización: Domingo 02 / 05 / 2010