Cap XII: "De rendiciones y disculpas"

Lo sabía todo ahora pero no comprendía nada todavía. La información que Judy Fabray le proporcionó aún daba vueltas en su cabeza pero no lograba hilar la relación con la imagen que tenía en frente.

Ella y Quinn estaban a la orilla del río, contra aquel árbol en el que la rubia siempre apoyaba su espalda y con algunos libros en medio de ambas y alrededor. Aprovechando el aire fresco que corría luego del calor insoportable de la siesta, estaba en el ilegal momento de enseñarle puntos básicos de algunas disciplinas.

Ella misma se había tomado el trabajo de separar los días en cuanto a materias de Instituto se refería y, ese miércoles, por ejemplo, le entregó un libro de Biología porque era la asignatura que más quería instruirle. Creía que Quinn debía conocerse más a sí misma que saber resolver un problema matemático que en realidad ni los graduados en esa materia utilizarían en la vida diaria.

Mientras la rubia leía y detallaba las imágenes de las páginas con total concentración, Rachel alzó sus rodillas y las abrazó, dejando caer apenas su cabeza para inspeccionarla.

No, definitivamente lo que Judy le había contado de una Quinn Fabray, no existía ni se comparaba con la que tenía solo para ella todo el día. Justo como en ese momento.

Ni siquiera cuando me abrazas me pones tan nerviosa como cuando me miras así —le dijo Quinn sacándola de sus pensamientos. Le sonrió con debilidad y alzó los hombros, en un gesto avergonzado por haberse visto descubierta —

Perdón, no quería molestarte. Continúa

No me molestas —le aseguró cerrando el libro pero dejando uno de sus dedos entre dos páginas — ¿estás bien? Es raro no oírte

¿Dices que hablo mucho?

Pero me gusta que hables mucho —la curva en la mejilla derecha de Quinn le demostró que solo bromeaba. Rachel recordó los primeros días allí, con la rubia burlándose de ella todo el tiempo entre bromas y juegos que, luego de que las entendía, la hacían reír a solas también. Y podía recordar muchas otras cosas más, como la ensalada que le preparó la primera noche que pasó en el rancho o cuando la ayudó a montar a Fiona. Convivir con su paciente era un reconteo continuo de memorias que ni ella misma podía detener. Sabía que debería hacerlo con el paso del tiempo, o alguien más pero en ese momento la vió fruncir el ceño, como si estuviese traspasándola y descubriendo sus pensamientos. Rachel se aclaró la garganta y sacudió la cabeza, cuando la rubia le preguntó si se sentía mal o le dolía algo — ¿segura? Estás rara, Rach

Segura. Creo que es el calor…quizá deba meterme un rato al río

Ve entonces, no quiero que se te baje la presión o estés mareada. Te veré desde aquí

¿Y qué tal si me desmayo dentro del agua? No me verás ahogarme desde aquí —le reclamó en tono alto y fingiendo molestia —

Pero me has dado tarea —replicó la rubia alzando el libro y ella agudizó la mirada — tengo aún algunas cosas que leer

A pesar de que algo de verdad era que necesitaba refrescarse, Rachel prefirió ignorar la petición de su mente y obedeció la de su cuerpo. Se arrastró hasta acomodarse a su lado y compartieron el tronco semi húmedo del frondoso árbol. Cuando Quinn la miró cuestionándola, ella estiró su dedo índice y señaló la lectura que había dejado.

Creo que dijiste que tenías cosas que leer ¿o me equivoco?

¿Ahora vas a controlarme? ¿Eres policía?

Sí, soy la policía de la educación ¿es suficiente para ti? —inquirió con sorna y su paciente lanzó una ligera risa. La morena la acompañó segundos después, cuando las mejillas blancas de la rubia se tornaron rosas y la sonrisa escondiéndose tras el libro la hacían ver sumamente infantil e indefensa. Indefensa, pensó y su diversión comenzó a apagarse, eso era para ella Quinn. No la que Judy intentó crearle el día anterior — solo quiero hacerte bien

Me haces bien

No, no como tú crees —murmuró negando suavemente — hacerte bien para ti y hacia los demás. No solo a ti. Me gustaría que aprendieras ciertas cosas, para cuando alguien te pregunte tú puedas responder por ti misma. De eso estoy hablando

¿Quieres que sea inteligente?

Ya lo eres. Quiero que cuando salgas nadie te haga daño, no quiero que alguien te haga daño. Y para evitarlo se debe empezar por el principio. Éste el es comienzo, Quinn

No voy a salir y las únicas dos personas que podrían dañarme no lo harán. Mi madre no lo hará…y la otra solo me hace bien —musitó con la mirada fija en ella y Rachel se removió, hasta estirarse a tomar su cuello y tirar ligeramente, en una petición porque entendiera su punto —

¿Y que tal si tu madre o yo te lo pediríamos? ¿Saldrías a ver que no me equivoco al pretender que aprendas todo esto?

¿Lo harías? ¿Me obligarías a hacerlo? Estarías obligándome porque no quiero

La sicóloga le recorrió el rostro con la mirada. Y se respondió a sí misma que no, quizá jamás podría obligarla a actuar de alguna manera porque simplemente se trataba de ella, de Quinn Fabray. La chica que la besaba desde hacía tres días y la hacía dar vueltas cuando sus bocas se tocaban.

Ignorando que también le hacía temblar las piernas y golpear su corazón en cada esquina de su pecho, Rachel lanzó un suspiro y la rubia bajó los ojos a sus labios. Vió el tintineo en aquellos faroles avellanas y su lengua caliente asomarse.

Ella pasó su pulgar a lo largo del delgado mentón próximo y, como en un acompasado baile, la mirada de ambas subía hasta cruzarse y bajaban con lentitud hasta sus bocas. Eran como la pareja perfecta en la pista y para las miradas ajenas, que las veían desplazarse de un lado a otro con la mayor comodidad musical.

El resto de sus dedos se dedicaron a acariciar la nuca pulsante y rígida bajo ellos. Así se encontraba Quinn, poco sosegada y ella la tironeó débilmente, para ablandar los nudillos que se juntaban allí con intranquilidad.

Quiero besarte —le impuso con ruego y ella sonrió victoriosa, antes de tirar finalmente y obedecerle —

No había explicación para la explosión de sensaciones que su interior generaba cuando entraban en contacto la calidez de sus labios. Rachel comandaba y Quinn la seguía, en un acto tajante de atracción para cualquiera que las viera.

Ella oyó lejanamente el libro resbalar hasta tocar el césped. Y sentir las manos de la rubia deslizarse desde sus propios muslos a su cintura. Los dedos nerviosos de su paciente apretujaron su camiseta hasta que accidentalmente, su meñique rozó una parte de su piel expuesta y se arqueó cual adolescente pidiendo más.

Le mordió el labio para no soltar un quejido y logrando que Quinn lo liberara. Bajando la intensidad, se disculpó despegando apenas el contacto y sumergiéndose luego en el mar de placer que era tener esos delicados labios a su merced.

La enfriaban si se separaban pero la mantenían caliente si no rompía la unión. Eran tan satisfactorio como frustrante, como esos abrigos de invierno que al quitarlos su ausencia es notoria y los vellos crispándose lo culpan sin vergüenza. Tan molesto como el agua tibia en verano y el sol quemando al salir a la calle.

La sinfonía a la que la hacía bailar Quinn era tan relajada como la locura que su mente creaba cuando cerraba los ojos y notaba todo oscuro, mientras el beso se prolongaba sin empeño a cesar.

De qué iban todos esos pensamientos, pensó. De disfrutar cada segundo que duraba.

Pasándole la lengua por su labio inferior, Rachel separó sus rostros y debió descansar un momento contra su frente. Se oían agitadas y el aliento de Quinn golpeando bajo su nariz sabía cual manzana de la perdición: si volvía a través de el, las cosas se elevarían más y hasta salirse de control.

Al abrir los ojos se regañó por su propio pensamiento. No tenía 15 años y la rubia merecía su cuidado y respeto por lo que, a regañadientes, soltó la mano tras su cuello también y acomodó ambas entre sus piernas.

No había besado antes a nadie —le confesó su paciente y ella la miró enseguida — mamá siempre me dijo que besara a quien me gustara. Por eso me gusta besarte a ti…te besaría de nuevo ahora —con una infantil sonrisa y cerrando los ojos otra vez, dejó una mano en su hombro y la detuvo cuando pretendió volver a hacerlo — ¿no quieres?

No es eso, Quinn. Eres preciosa —le recordó, pasándole el dorso de su mano a lo largo de su rostro — pero no quiero que te aburras de mí

¿Qué dices? No pasará eso —aseguró y recibiendo la misma resistencia en su hombro —

¿Por qué no me dijiste que era tu primer beso?

No lo sé...No quería que me vieras como una niña —Rachel soltó el agarre y escondió su rostro en el delgado cuello de Quinn. Por mucho que la rubia no lo quisiera, ella la veía así. Una niña desarmada y que se protegía bajo su ala. Se mordió el labio, repitiéndose lo fascinante que se vería su paciente pidiendo su atención y ayuda para el mínimo inconveniente que se le presentara. Con su nariz dibujándole figuras en la piel, la morena pasó sus morenos brazos bajos los de ella y las manos de ambas se cruzaron en la espalda de la otra.

Sabía que no era la hora de dormir pero podría hacerlo allí, con total calma y en un ambiente pacifico que ni el sillón y la frazada que compartían le entregarían otra vez ¿Por qué debía siempre oler tan embriagadoramente a limón y sujetarla con esa firmeza? ¿No podía Quinn simplemente bañarse con un poco de agua y así no tentarla a querer seguir besándola?

Deslizándose hasta su hombro, dejó allí sus labios y supo que nada tenía que ver el jabón, porque podría cambiarlo y seguiría oliendo bien y a ella gustándole el aroma. La razón por la que se sentía de esa flotante manera, era solo Quinn Fabray.

Sin necesidad de nada más.

Tu cabello huele muy bien —irónicamente, la rubia le dejó un beso en su cabeza tras inhalar el perfume de su shampoo — siempre hueles tan bien que pareciera vivieras bajo la ducha —rió, despegándose de ella y la miró con desdén — ¿Qué? No estoy mintiendo

Lo sé —susurró dejándole un fugaz beso en los labios. Y no hablaba del halago, sino de la falta de verdad que la rubia podría cometer. Tan transparente como siempre se presentaba, la hacía dudar que alguna vez mintiera —

¿Aún estás algo mareada? —le cuestionó preocupada y dejando una mano en su frente — tienes algo de temperatura. Ve al río, por favor. Un poco de agua fresca te hará bien

Voy a obviar la manera en que me estás echando y te haré caso

No estoy echándote —la contrarió con algo de vergüenza — me gustaría que te quedaras aquí pero no quiero que te enfermes. Aunque sea mójate el cabello. Aquí te estaré esperando

Rachel la miró, escondiendo una sonrisa y se puso de pie.

Con los enfrentamientos que estaban disputándose en su interior desde hacía unos días, los responsabilizó a ellos cuando se quitó la remera frente a Quinn y luego de arrojarla, desprendió los botones de su pantalón.

Puedo sentir la intensidad con que estaba recorriéndola por lo que la cobardía no la dejó mirarla y, por el contrario, se quitó el jean con rapidez y corrió hasta el río. Nadó ya sin malestares ni calores exagerados. Se movió de un lado a otro solo para relajarse y tratar de alejar la insistencia en la punta de su lengua por alzar la voz y llamarla, rogarle a que se reuniera con ella.

¿Tú sabías que el corazón en realidad impulsa sangre y no late porque vemos a la persona que nos gusta? —le preguntó Quinn en un suave grito, de pie y con el libro alzado —

No lo sabía —mintió moviendo su cabeza — ¿y esa sangre qué?

Pues es la que tenemos en el cuerpo, aquí lo dice —le informó señalando con un dedo pero ella sumergió medio rostro y escondió una risa. Desde allí en realidad no podía ver lo que le indicaba — Y tiene el tamaño de nuestro puño, es una locura ¡pensé que era más grande!

En realidad, cada parte de nuestro interior tiene tejidos y sistemas muy pequeños. Te quedarás asombrada cuando descubras más

¿Tú crees que lo haré? ¿Entenderé todo lo que hay aquí y en los demás libros?

Por supuesto. Y si no, aquí estoy para ayudarte

Gracias… ¡No hagas eso! —la reprendió en una risa cuando ella ingresó agua a su boca y luego la expulsó en un delgado chorro, cual fuente de jardín — ¡Fiona pisa el río todo el tiempo!

Es divertido —le dijo repitiendo el acto. Lo hizo otra vez y una más, hasta que Quinn negó derrotada y volvió a su lugar — ¡es divertido!

¡Pero es agua sucia!

¡No es cierto! —y al menos visiblemente no lo era. La transparencia del agua dejaba ver las piedras bajo ella y además no tenía mal olor — ¿Es por eso que no te metes? ¡Eres una gallina!

En un segundo la tuvo nuevamente en la orilla y esta vez no pudo ocultar un gesto de alegría. La vió quitarse sus zapatos e intentar doblarse el pantalón pero nadó hasta ella con empeño y le arrojó agua de la manera en que le molestaba.

Muy graciosa, Rachel. Acabas de mojar mi pantalón y…muy graciosa —añadió cuando repitió el acto. No quería verla ingresar como las veces anteriores y con ropa. Y tampoco se trataba de verla desnuda. Solo de notar su felicidad como ella al disfrutar de refrescarse en el río —

No puedes quedarte allí —le reclamó cuando Quinn se recostó contra la misma roca de siempre y esta vez alzó los hombros —

¿Por qué no? —la morena se puso de pie y caminó hasta ella. Descubrió la tensión en los ojos de la rubia por no bajar y admirar su escultural y bronceado cuerpo. No iba a molestarle si lo hacía tampoco. Pero sabía que, la situación al revés, podría ser un poco más compleja. Con total delicadeza y cuidado, dejó las manos en las puntas de la remera y la rubia tragó saliva —

Solo quiero que compartamos un momento —susurró con la voz áspera y aguardó por su aceptación o negación. Segundos después, su paciente separó los brazos y luego los alzó, permitiéndole liberarla de la prenda y a la que arrojó a la orilla.

No necesitaba de un espejo para saber lo oscurecidos que debían estar sus ojos. El pecho moldeado de Quinn y su sostén violeta acaparaban su atención al punto de sacarles la claridad.

Cuando la vió temblar e intentar cubrirse, ella tomó sus muñecas y las inmovilizó a los costados, antes de estirarse y dejarle un suave beso bajo su cuello.

La rubia pareció relajarse y envió un suspiro directo a su oído, mientras ella se alejaba y bajaba su vista, al botón de su pantalón. Se humedeció los labios y el corazón le dió un vuelco, violento y doloroso cuando lo abrió y un trozo de la ropa interior aparecía.

Hoy no —la detuvo Quinn de repente al soltarse y alejar sus manos. La subida de aquella montaña rusa estaba cayendo a picada y el latido punzante a su cabeza regresó — puedo refrescarme así —asintió y tiró del agarre, arrastrándola hacia el centro del río y arrojándose para que la siguiera.

Bajo el agua, la tensión se rompió cuando, luego de unos minutos, ella pasó sus brazos tras el cuello de la rubia y la rodeó con sus piernas. Las manos de Quinn sostuvieron la parte baja de su espalda y los besos volvieron, confirmando que dejaron atrás el incómodo momento pasado.

Te reto a lanzarte del otro lado —susurró con picardía sobre sus labios y Quinn alzó una ceja, antes de desviar su vista. La pequeña cumbre de barro de apenas unos dos metros del lado donde Fiona se perdía para sus encuentros con Pantano, no eran nada peligroso si Rachel creía que sí —

¿Y qué gano?

¡Nada! —Rió golpeando suavemente su hombro — solo estamos divirtiéndonos. Yo podría hacerlo —la rubia lanzó un resoplido irónico —

Por favor —le dijo separándose y nadando hasta la montaña. Se subió con la ayuda de una rama y con la misma se sostuvo, antes de mirar con detenimiento a dónde se lanzaría — te dejaré elegir el lugar

Aquí —le dijo señalando justo frente a ella — Quiero que vengas aquí —agregó con una sonrisa que Quinn correspondió. Rachel la vió soltar la rama y, producto de la sacudida, un insecto se desprendió y cayó directo al hombro de la rubia — ¡Quinn! —se apresuró a llegar a ella cuando la vió estrujarse esa parte de la piel por el dolor — maldita sea ¡Quinn!

No sé que fue eso ¿lo viste? —no tenía idea qué insecto había sido y el peligro del mismo, por lo que, totalmente asustada, se irguió y ayudó a bajarla —

No, Dios, lo siento tanto. Fue mi culpa —sollozó al notar la hinchazón y el color rojo inundar la piel que minutos atrás había besado — Dios, Quinn ¡soy una estúpida!

No digas eso, no fue tu culpa —pretendió calmarla al acariciarle el rostro — Creí que no había insectos aquí —agregó entre dientes y aguantando los gemidos de dolor. Todo había sucedido tan rápido que veloz era también el pinchazo que no dejaba de latir en su hombro, casi al punto de adormecerlo —

Vamos a casa —fue lo único que le dijo al rodearle la cintura y ayudarla a caminar.

Poco le importó abandonar los libros y solo tomó como pudo la ropa de ambas. Regresaría por todo lo demás luego, cuando se cerciorara de Quinn estuviese bien.

Apenas llegaron, la recostó en el sillón del pórtico y notó el color rojo ahora en su rostro. Ocupó su frente y apretó los ojos, cuando la fiebre traspasó a su mano informándole que solo seguiría aumentando.

Dios…tienes la temperatura muy alta —le dijo con la garganta seca y al borde del llanto — Lo siento tanto…perdóname, Quinn

He tenido fiebre en muchas otras ocasiones —sonrió la rubia con esfuerzo y rozándole el mentón con una ardiente caricia — solo…con un poco de sopa se me irá

Te prepararé sopa, está bien, sí…pero debemos llamar a un médico

No, Rach —la detuvo sujetándole la muñeca cuando se puso de pie — solo te necesito a ti y un poco a la sopa. Por favor

Cuando vió el cansancio al cerrar sus ojos, Rachel la cubrió con la frazada y le dejó un beso en la frente. Le pareció verla sonreír por lo que, esperanzada, corrió a la cocina y cortó algunas verduras para preparar sopa. Puso a hervir un jarro con agua también y le haría un té. George solía prepararle uno con mucho limón y la fiebre así como resfriados, descendían considerablemente.

Llevó una silla como siempre la usaban de mesa y dejó a un lado un recipiente con agua y un pañuelo dentro. Lo mojó lo necesario y lo acomodó sobre la frente pálida y ardiente de su paciente.

A pesar de verla dormir sin problemas, a Rachel se le humedecieron los ojos y sus labios se curvaron hacia abajo, titubeantes por llorar y soltar algo de la culpabilidad que la invadía.

Nunca había visto su rostro tan blanco, sus párpados oscuros y su cuerpo sin peso. Débil no era palabra para describirla y, muy por el contrario, fuerte y segura era de las virtudes que más sobresalían en la rubia.

Cuando oyó el agua hervir, abandonó a Quinn nuevamente y, mientras el té se enfriaba, se colocó ropa seca y volvió a ella. Le quitó la frazada un momento, dejó un poco de hielo en la hinchazón y desprendió el pantalón que en el río no le dejó. Sus intenciones eran distintas e importantes ahora, por lo que abrió el botón y lo deslizó hasta quitárselo.

Inevitablemente le dedicó una rápida mirada a su entrepierna y pensó una vez más que todo era perfecto en Quinn Fabray.

Su ropa interior aún estaba humedecida y se debatió entre quitársela o dejársela un poco más. Cuando la vió removerse incómoda, la morena volvió a cubrirla y se acercó a ella con rapidez.

Te daré té, debes tomar un poco ¿de acuerdo?

De acuerdo —le respondió sin chistar y acomodando su espalda contra el apoyabrazos. Rachel negó cuando quiso tomar la taza y ella misma la guió hasta su boca. La ayudó a tomar el primer sorbo y luego uno más, bajo la sonrisa siempre destinada a ella de Quinn — estoy bien, no llores —le pidió acariciando su mejilla y ella finalmente dejó escapar la emoción.

Sus lágrimas caían y su garganta dolía al tragar las que no salían pero continuó socorriendo a la debilidad de su paciente. Contó seis sorbos más antes de que la rubia se negara a seguir y para ella estuvo bien de igual manera.

Iré por la sopa —le dijo sollozante y regresando con rapidez — Lo siento mucho

Ahora que lo pienso…cuando era pequeña también me pasó lo mismo. Un insecto me picó cerca de mi brazo

No me mientas —masculló llevando la cuchara llena hasta su boca. Después de tragar y hacer una seña de que sabía excelente, Quinn se humedeció los labios —

No miento. Me picó un…una araña acuática. Sí, eso dijo el médico. No hay riesgo de infección ni veneno. Lo juro

Lo siento tanto, soy una idiota —repitió entre llantos y Quinn le arrebató con cuidado el plato para dejarlo a un lado. Se sintió acercarse a ella y la rubia la aprisionó en su pecho, mientras le acariciaba la espalda y parte de su cabello. Sus latidos eran igual de fuertes que cuando se besaban o minutos atrás, cuando sus cuerpos se enredaron bajo el agua —

Estaré bien, Rach. No hay animales peligrosos aquí

Lo siento tanto por eso, Quinn, perdóname

Shhh, está bien..ya no llores, por favor

Y lo siento tanto por lo otro…también fui una idiota —los movimientos de la rubia se detuvieron y le tomó dulcemente el mentón, obligándola a que la viera —

¿Qué otro?

Lo siento tanto, pero por favor no vayas a enojarte ni odiarme. Lo hice porque…

¿Fuiste a ver a Finn? —le preguntó con tristeza y seriedad. Rachel se quitó las lágrimas del rostro y sacudió la cabeza —

¿Qué? ¡No! No, nada de eso ¿por qué iba a verlo?

Porque ayer desapareciste unas horas…y pensé que él podía gustarte

Me gustas tú —soltó sin límites y el silencio las envolvió huracanadamente. De repente su nariz ya no emitía sonidos de llanto y los ojos de Quinn brillaron de emoción; podía hasta sentir el tamborileo brusco de sus latidos y las ganas de salir de su pecho para explotar felizmente en el exterior — No me gusta Finn

Entonces no digas que puedo llegar a odiarte. No lo haría, Rach…dime por qué estás así, porque mira —agregó tomando su mano y llevándola a su hombro. El bulto había disminuido y el círculo rojo comenzaba a cerrarse — solo fue una tontería y me sanaré más rápido de lo que crees. Te dije que ya me había pasado, asique…

Fui a ver a tu madre —la cortó contundentemente y todo volvió a callarse.

La mano de Quinn soltó la suya con inconsciencia y se deslizó débilmente hasta sus muslos, cubiertos por la frazada negra aún.

Bajó la vista y jugó nerviosa con sus dedos, esperando por recibir las palabras que la rubia quisiera decirle o, en su peor deseo, pedirle que se vaya sin siquiera escucharla.

Sin embargo pasaron los minutos y volvió a verla, cuando una mano cubrió la suya y la apretó ligeramente.

No digas que puedo odiarte, Rach. No podría hacerlo —le repitió con dulzura y ella se estiró de inmediato a reclamar sus labios.

La besó con las sensaciones de tristeza que aún no la abandonaban y por sus mejillas volvieron a rodar lágrimas, que la rubia intentaba secar mientras respondía el contacto.

Se separaron segundos después y Rachel se pasó una mano bajo su nariz, antes de contarle lo que había hecho.

Necesitaba saber algo más de ti y…no es que no estuviese satisfecha con lo que ya sabía pero…solo quiero hacerte bien. Y para eso debo saber algunas cosas, Quinn

Está bien, te entiendo. Es mi madre y si solo has hablado con ella no hay razón para molestarme. Al contrario —añadió con algo de timidez — te hubiese llevado con mucho gusto

Me habló de ti —comenzó, dejando una mano en su cuello como de costumbre pero evitando el tirón que siempre le daba antes de juntar sus bocas — y de tu padre. Me contó lo que pasó —sintió la tensión y dureza en la nuca de Quinn por lo que la masajeó suavemente y siguió, al verla expulsar aire vencida — ¿te molesta que lo sepa?

No

¿Entonces por qué no me lo dijiste antes?

Porque tenía miedo de que te fueras. Si te ha contado todo, entonces sabrás por qué no quiero irme de aquí

No fue tu culpa —Quinn chistó con burla y ella debió sacudir su agarre para que volviera a verla — hubiese hecho lo mismo en tu lugar. Tú te defendiste

Él no piensa así

Lo sé —aseguró recordando la conversación con Judy — pero tu madre, tú y yo sabemos que él no tiene razón. Quinn…Quinn, hubiese hecho lo mismo, cualquier otra persona hubiera actuado como tú… ¿es por eso que no lo quieres por aquí?

Cuando estaba sola me daba igual. Pero no quiero que se repita si tú estás aquí —Rachel sintió su corazón encogerse. Nada más allá que defensa y valentía había tras aquellas palabras y, como ella misma lo dijo, con la situación invertida actuaría igual. Y eso incluía defender a Quinn si el momento volvía a ocurrir — ¿qué más te ha dicho mi madre? Porque estuviste mucho tiempo lejos de casa

Ella sonrió y, luego de dejarle un fugaz beso en los labios, recreó la conversación para acomodar las incógnitas sueltas nuevamente.

-Flashback-

¿Debo preocuparme? —preguntó Rachel al ocupar una silla alta en una de las mesas de la cocina. Judy se acomodó frente a ella y le sonrió con seguridad, a pesar de que su mirada no transmitía lo mismo —

¿Quieres tomar algo?

Oh, no, no, gracias Judy. En realidad…debo regresar antes de que anochezca —la mujer la comprendió y asintió. Su cafetería estaba aún más alejada que Orín por lo que el camino de regreso tardaría unos minutos más—

¿Quieres que te cuente de la vida de mi hija o de la relación con su padre? —eran pasada las cinco de la tarde y a luego de las siete el sol descendía, por lo que respondió por lo segundo y dejaría para otra charla todos los detalles del crecimiento de Quinn — Ella era pequeña, tenía 12 en aquel entonces. U 11, creo… Antes de que ella naciera, Russel salía cada fin de semana por su reunión con amigos y volvía a casa borracho. Cuando tuvimos a Quinn prometió que ya no lo haría, que se dedicaría solo a nosotras. Y lo hizo, y lo hizo muy bien, Rachel. Trabajaba doce horas en el campo, vendía animales, compraba grandes terrenos y salía al condado por los pañales…pero Quinn creció y cuando el médico nos dijo que no sería igual a otras niñas, él quedó devastado. Y no lo culpo ¿sabes? Nosotras no reaccionamos igual que ellos

Ya lo creo —susurró. Sin importar lo que había bajo su ropa interior, a ella le gustaba la Quinn dulce e inocente que no dejaba de abrazarla al compartir el sillón y aún más, la niña que parecía cuando andaba para todos lados con su cámara en mano —

Noté que poco a poco se iba alejando de ella. Si lloraba por las noches le gritaba o me obligaba a sacarla del cuarto para que durmiera en otro y no molestarlo. Y él volvió a sus borracheras. No le prestaba atención a nuestra hija y si lo hacía solo era para tratarla mal. Cuando comenzó a gastar el dinero en alcohol me ví obligada a buscar un trabajo

¿Y Quinn? Era pequeña ¿con quién dejaba a Quinn?

Russel estaba en casa todo el día y mientras ella no saliera de su cuarto, él no le gritaba y parecía no acordarse de que estaban bajo el mismo techo…Llegué una noche, Rachel, sin dinero. Mi antiguo jefe murió en un accidente a un lado de la carretera y volví a casa sin el pago de ese mes ¿quién iba a dármelo? Él no tenia familia y ya era un tanto mayor para formarla. Russel se enojó, estaba muy ebrio y…—la mujer se detuvo un momento y ella movió sus ojos en todo su rostro, estudiando el latir nervioso en cada extremidad — me golpeó. Fue la única vez, lo juro —agregó ante su gesto desencajado y casi furioso — Grité y lloré, nunca lo había hecho. Cuando quiso volver a golpearme…Quinn apareció y lo detuvo…y entonces la golpeó a ella

Rachel apretó sus mejillas internas y aguantó la humedad de sus ojos, el amigo de toda la vida de su padre no era más que un idiota golpeador y lo odiaba sin siquiera haber oído su voz.

La rabia la consumía y las ganas de volver con Quinn cuánto antes aún más. Quería abrazarla y dejarle en claro que ella la protegería incluso de su propio padre. Pero en ese momento, estiró su mano y sujetó la de Judy. Si quería continuar, iba a escucharla. De lo contrario, no iba a obligarla a seguir.

Él la golpeó más de dos veces, más de cuatro inclusive y cuando rompí uno de mis floreros en él, Quinn recibió el último golpe y cayó inconsciente al piso. No reaccionaba y salía algo de sangre entre sus cabellos, se notaba demasiado, Rachel. La ambulancia llegó mucho tiempo después y para entonces Russel ya estaba despierto. Me obligó a inventar que nuestra hija resbaló con la alfombra y los inútiles policías lo creyeron… Quinn volvió a casa semanas después y nunca hablamos de lo ocurrido, ella no quería saberlo y me ignoraba por seguir aún casada con su padre….Mucho tiempo después de eso, tomó su bicicleta y como cada tarde fueron al río a jugar con Finn. Él la golpeó accidentalmente y ella no reaccionó bien. Le devolvió a puño cerrado los impactos en todo su cuerpo, estaba furiosa y cuando Finn quiso defenderse descubrió lo que solo sabíamos a puertas cerradas ella y nosotros. Y eran unos niños en aquel entonces, asique Finn soltó la lengua y todo el condado lo supo

Ahora entendía todo. Sin censura, sus lágrimas caían una tras otra y se perdían bajo su cuello, donde su camisa las secaba o al menos las ocultaba. Por eso Quinn odiaba a Finn y por eso odiaba también a su propio padre. Y ella los odiaba a los dos aún más ahora.

¿Por qué la rubia? Se preguntó. Era incapaz de dañar a alguien o a sí misma. Al menos ella se sentía en total seguridad con Quinn cerca.

Entonces por eso Russel le da la medicina, cree que sin ellas seguirá actuando con violencia pero con ellas la mantiene controlada. Su abuelo las tomaba también en un control de ira y él se las compra para evitar que le falten —la morena pestañeó varias veces —

¿Medicinas?

—respondió la mujer con dudas — sus visitas son para eso —Rachel abandonó la silla pero debió sostenerse de la mesa para que el mareo no la derrumbara en un fuerte desmayo. Ese hombre no debía ser llamado padre y ni siquiera ser aceptado por Quinn en su propia casa. Se pasó las manos por el cabello y miró con detenimiento a Judy, pero ya tendría tiempo de aclararlo todo con él — Russel dice que una señorita no debería comportarse como Quinn, por eso le pidió su ayuda a tu padre. Piensa terminar de aceptarla cuando crea que…

Cuándo él diga, lo que él crea, porque él lo piensa —se burló ella — ¿y usted por qué lo permite?

Las cosas han cambiado, Rachel. Él ha cambiado —no le importaba sus excusas. Ya había oído lo necesario y, con total enojo, tomó su cartera y la echó contra ella violentamente.

Salió disparada de la cocina y no le importó los pasos de la mujer siguiéndola pero con la voz baja, porque algunos clientes las veían y otros las escuchaban con interés.

¿Es por eso que usted la visita una vez al mes? —inquirió molesta y girando cuando se encontraron en la vereda —

Su tratamiento finalmente está avanzando, contigo todo está sucediendo de maravilla. Interponerme a eso…

Quinn la ama, señora. Y tenerla por más tiempo sería el acto más valorable que usted podría regalarle…Si deja pasar el tiempo y la abandona, usted no será mejor que su esposo —sentenció sin miedo y, sin mirar atrás cuando Judy volvió a llamarla, corrió las largas calles de ese pueblo y se alejó de allí.

Le tardó más de media hora llegar hasta Orín y, tras pasar frente a la cafetería de Finn, el chico la vió desde el interior y con una sonrisa tonta le alzó la mano en saludo. Ella levantó su brazo también y le enseñó el dedo medio, moviéndole los labios en un insulto y siendo la atracción esos segundos.

Idiota él e idiota Russel Fabray. Pero con el hombre iba a hablar ella misma, lo esperaría el viernes y lo confrontaría sin importar las consecuencias ¿Quinn con medicinas? pensó y repitiéndose las palabras de Judy. Ella era la sicóloga de la rubia y, con las tres sesiones establecidas y los días compartidos, estaba segura que pastillas era lo que menos necesitaba.

A pesar de que había vecinos en cada esquina o niños jugando, siguió su camino secando lágrimas y ansiando la llegada para verla.

Estrellarse en el abrazo más fuerte y protector con Quinn, era lo que más necesitaba en ese momento.

-Fin del Flashback-

Te lo ha contado todo —murmuró la rubia — eso es porque le caes bien

A decir verdad, eso me importa poco. Solo quiero que tú estés bien

Y lo estoy, Rach

¿Por qué no le reclamas? ¿Por qué no le exiges que venga más a menudo a visitarte? ¿Por qué dejas que tu padre regrese y te dé medicamentos?

¿Estás juzgándome?

No —aseguró abrazándola al instante — lo siento —se disculpó después de unos minutos en silencio.

Cuando Quinn volvió a la tarea de acariciar su cabello y parte de su espalda, ella comprendió que las respuestas a sus preguntas saldrían igual de pausadas que el resto de objetivos logrados: entregándole más confianza a su paciente y resolviéndolo en la terapia.

Con las ansias de que pasara el día para llegar al siguiente, la sostuvo con más firmeza y se dejó envolver por el momento, como cada uno que consistía en Quinn, tranquilo y pacifico.

Era solo a ella la que necesitaba para volver todo a la calma porque era solo a la otra a la que necesitaban para la tranquilidad absoluta.

Nada más.


Otro caps queridismas lectoras, espero que les haya gustado y si no pues hagan de cuenta que no lo leyeron, ya vendrán otros mejores. Muchas gracias por leer y/o comentar, son un amor

Lluviarios18: Bueno perdón, tengo un trabajo de 9 horas diarias y una facultad de 6, por eso me tardo en actualizar. No soy el gigo ok? a mi no me mantienen y eso que Lea es mi mujer. Saludos! sean pacientes igual o les van a salir arrugas

Disculpen si hay errores ortográficos, hasta a mí me molesta que haya a veces..Ni glee ni sus personajes me pertenecen o de lo contrario si Rachel tuvo la idea del ramillete, Rachel lo hubiera entregado. Que estén bien, saludos!