N/A: Tenía muchas ganas de escribir este capitulo, por eso he podido actualizar rápidamente. Espero volver al ritmo de actualizaciones constantes que tenía este fic luego del hiato de prácticamente un mes por el cual pasó la historia.

N/A2: ¡Here comes a new challenger! Si, un personaje que en un principio no pensaba incluir pero ahora simplemente no podía dejar de lado. Espero y este cap sea de su agrado :-)

Aclaraciones:
—Diálogo.
"Pensamiento"
Énfasis


El ventilador que colgaba del techo se movía apenas, como si las aspas fueran mecidas por una suave brisa, pero el sonido recurrente que emitía el motor daba a entender que estaba encendido. Por la ventana se podía ver que el cielo azul de South Town comenzaba a teñirse de color púrpura indicando que pronto sería de noche. La habitación estaba iluminada por una luz incandescente que zumbaba cada vez que se apagaba por milésimas de segundos, y que daba un aspecto bastante descuidado al lugar.

Se meció hacía atrás en su silla, chasqueó la lengua en evidente fastidio y lanzó sus cartas a la mesa, otra vez había perdido.

— ¡Hey, gané de nuevo! —exclamó Billy muy animado, mientras se adjudicaba un nuevo triunfo y tomaba un par de billetes que estaban a un costado de la mesa. Sumándolos a lo que ya tenía, el monto que llevaba ganado era considerable.

— Cállate y reparte de nuevo, rápido —Yamazaki habló en un mal tono que casi podía pasar por uno de cansancio, mientras le entregaba las cartas que lo habían llevado a una nueva derrota.

— Ya, ya, no te enojes —dijo con una sonrisa, estaba sorprendido de que le llevara tal ventaja y contento de estarse haciendo de un poco de dinero fácil. Yamazaki era un tramposo de primera pero ahora algo andaba mal, no por nada ya había ganado más de cinco partidas de póker y ahora iba por la sexta. Billy mezcló con habilidad la baraja de cartas un instante y la dejó en medio de la mesa—: Anda, corta.

Yamazaki se tomó su tiempo antes de hacerlo, para sacar unos billetes de su bolsillo, contarlos y ponerlos sobre la mesa a modo de apuesta.

— La ultima y nos largamos —realmente no tenía humor para seguir perdiendo y no lograba concentrarse para armar algún juego bueno, estaba seguro que en esta vuelta no sería diferente. Tomó las cartas que le había dado Billy y lo confirmó—: Vaya mierda.

— ¿Qué te pasa que estás tan torpe, serpiente?

— Tengo otras cosas en las que pensar —respondió en voz baja, bastante serio. Yamazaki puso las cartas boca abajo sobre la mesa para tomar la cajetilla de cigarrillos que había dejado junto a una botella de cerveza, ahora vacía. Su encendedor estaba al lado de la misma, y un poco más alejado reposaba un cenicero de lata en el que se encontraba clara evidencia de que se había estado fumando. El ventilador de techo ayudaba a que el aire circulara, pero aún estaba presente en el ambiente el distintivo olor al tabaco y también el fresco aroma de algún suavizante para ropa. Billy aún tocía a causa de la poca costumbre al fumar, y de vez en cuando miraba la pequeña caja de cartón, como si quisiera fumarse los veinte que traía, pero se moderaba en ello. Aunque no lo suficiente, y por eso ahora tenía solo la mitad. Frunció el ceño en evidente molestia, eran sus favoritos, los que solo podía conseguir en Hong Kong pero que había logrado conseguir de pura suerte en la ciudad y Billy, quien se suponía no fumaba, iba a acabárselos pronto.

Le dio una calada al cigarrillo luego de encenderlo y para después tomar sus cartas y seguir jugando. Llevaba días sin fumar, el sabor del tabaco hasta parecía algo novedoso.

Aquí no por favor.

Cerró los ojos con fuerza mientras recordaba el casi extraño suceso en su departamento hacía ya unos días. No había dormido desde entonces por pasarse las noches pensando en lo que le había dicho a Mary, también lo mantenía en vela la falta de una respuesta de su parte. Se movió un poco en su silla, inquieto al recordar la suave voz de la chica y sus largas pestañas humedecidas por las lágrimas. Quería verla y oprimir su pequeño cuerpo contra el suyo, quería demostrarle que lo que le había dicho no era mentira de la única forma que sabía se haría entender a la perfección.

Suspiró y trató de enfocar su vista nuevamente en sus cartas entre las cuales se había aparecido una reina después de algunos turnos, la pequeña figura llamó su atención. La rubia dama le sonreía enigmáticamente desde su posición central en el cartoncillo, sus ropas estaban adornadas de pequeños corazones rojos, del mismo estilo que estaba junto a su rostro y bajo la letra Q en la esquina superior del naipe. Aplastó el cigarrillo contra el cenicero, intentando pensar en otra cosa. Estaba perdiendo la poca cordura que le quedaba y todo por ella.

— ¡Flor Imperial! —Gritó Billy antes de echar a reír y dejar sus cartas sobre la mesa, mostrándole su mano nuevamente ganadora.

— ¡¿Qué?!

— ¡Que acabas de perder!

Tiró las cartas de mala gana, completamente furioso, ¿cómo es que había perdido, incluso más rápido que antes?

— Eso te pasa porque estás pensando en cualquier cosa, Yamazaki —dijo intentando no reír para no seguir enfureciéndolo mientras tomaba el dinero y se disponía a juntar las cartas para guardarlas—. ¿Te preocupa lo de esta noche?

— ¡No, mierda, claro que no! —bufó mientras se guardaba los cigarrillos y el encendedor en el bolsillo, dispuesto a largarse. Ciertamente el negocio que habían arreglado lo tenía sin cuidado, el problema era que simplemente no podía pensar en otra cosa que no fuera Mary.

Billy guardó los naipes en la caja, arqueando una ceja en duda frente al abrupto enojo de su antiguo compañero de equipo. Conocía bastante bien esas torpes reacciones, más de una vez había peleado con él por ello. Chasqueó la lengua al recordar el incidente en la oficina de Geese hacía ya casi cuatro años, y tomó la botella de cerveza que tenía a un lado para pasar el amargo recuerdo que ya ni venía al caso con un trago aún más amargo. La cerveza estaba a temperatura ambiente por lo que la había dejado olvidada, distraído con el juego y los cigarrillos, pero no era tan malo, sabía bien de todas formas.

— Sabes, Ripper ha estado así como tu últimamente…

— ¿Así como?

— Imbécil.

— ¡Maldita sea Billy! —se puso de pie de repente y se inclinó apenas sobre la mesa dispuesto a darle un puñetazo.

— ¡Espera, espera! —Levantó las manos, en un intento de evitarse un golpe—. Me refiero a tu actitud, torpe, ¡de eso hablo joder!

— Ah, ya veo, ¿y eso qué mierda me importa?

— Déjate el mal tono un momento, maldición, pero es que solo me parece similar, es todo —Billy se levantó y se dirigió hasta una esquina del cuarto por su preciado sansetsukon. Lo tomó y desamarró de él su bandana roja y blanca para guardársela en el bolsillo de su chaqueta de jean, después separó en tres su arma y se la acomodó bajo el brazo. Por último se acercó a la mesa otra vez y siguió hablando—: Fue muy gracioso, ¿sabes? Al final era que estaba liado con una chica, oh, el amor te hace portar como idiota, ¿seguro que no estás enamorado? —concluyó en un tono casi poético.

No se lo pensó dos veces, tomó el cenicero que estaba en la mesa y le dio un golpe en la cabeza. No iba a esperar a que el rubio dejara de quejarse así que rápidamente caminó hacia la puerta para salir del departamento. Se frotó las sienes con la punta de los dedos, la sola idea de que pudiera dejar a la vista que estaba perdiendo la cabeza por una chica le resultaba vergonzosa y hasta era peligrosa. Era un error quererla, había sido un error involucrarse con ella.

Billy lo alcanzó cuando bajaba por la escalera, e ignoró olímpicamente sus quejas interminables. La voz de Billy junto a su estúpido acento le resultaba inaguantable, pero no le quedaba más que soportar aquello hasta que llegaran al puente de South Town. Abrió la enclenque reja que marcaba la entrada al bloque de departamentos donde vivía el rubio de una patada, la fuerza de su molestia casi provoca que una de las bisagras mal soldada saliera despedida por el golpe. Billy dijo algo que obviamente no le importaba, tal vez otra queja. Caminó con rapidez, dando largas zancadas para que Billy se quedara atrás tanto como fuera posible. No le funcionó por mucho, el inglés era bastante ágil y estaba en buena forma, así que pudo seguirle el paso, lo bueno fue que no dijera una sola palabra en el trayecto.

Conocía el camino a la perfección, con frecuencia peleaba con pobres diablos por ahí, también lo hacía con Billy hasta que un día el joven dijo que aquello era una estupidez. Si no fuera por él que le recordaba constantemente que se iba a arrepentir de haber irrumpido en la oficina de Geese, ya se habría olvidado de que iba tanto problema. Le dio una mirada rápida, iba arreglándose esa tonta bandana en la cabeza que le había quitado antes harto de veces solo para hacerlo enojar, y aunque pareciera algo divertido, no tenía ánimos para ello. Una buena pelea le habría hecho bien, manchar sus manos de sangre ajena y aturdirse con los gritos de alguna víctima le habría hecho muy bien, pero esa victima ciertamente no sería Billy. Tal vez después de arreglar el asunto del puente podría ir a divertirse por ahí como hace unos días.

— Hey, lo de la estación, ¿fue cosa tuya, no? —preguntó de repente el rubio, casi como si supiera en que estaba pensando.

— Obviamente… —contestó casual, como si matar tres tipos y armar un alboroto en la ciudad fuera cosa de todos los días. Bueno, eso dependía, había semanas en las que era particularmente activo.

— Lo sabía, Geese también opina lo mismo —dijo animado—, también opina que es un desperdicio que no vayas a participar del King of Fighters de este año.

— ¿Qué? —se detuvo en seco por la sorpresa a la mitad de la estrecha calle que llevaba hasta el amplio espacio que había bajo el puente. No tenía idea de que fuera a haber un torneo ese año, pero debió suponerlo.

— Si, torpe, aunque pues, Geese está demasiado ocupado con esto de las reparaciones de la ciudad —le hizo una seña para que siguiera caminando, Yamazaki fue tras él.

Billy sabía que a Yamazaki el torneo no le interesaba en lo más mínimo, pero eso podía variar. Recordaba con claridad el día en el que se conocieron, al principio no había aceptado, pero una promesa de dinero y el ánimo que le había otorgado un asesinato le hicieron cambiar de opinión. Estaba seguro que no entraría por cuenta propia, y a juzgar por su reacción, podía imaginar que ni siquiera había recibido una invitación.

El puente de South Town era el nexo que unía la ciudad y la isla donde estaba la torre de Geese, el lugar donde Howard Connection tenía su base de operaciones. Por la estructura metálica que se alzaba sobre ellos no podía verla con facilidad, por lo que caminó hacia la orilla de aquel amplio playón de concreto para contemplar el rascacielos que tanto le gustaba. En el playón se podían ver unos camiones estacionados sin conductores a la vista, muchas cajas de madera a un lado y algunas placas de metal. Dio un vistazo al horizonte y pudo ver un gran barco de carga que se acercaba lentamente, sonrió complacido.

— ¿Y que hay con el torneo perro? Seguro el viejo te ha dicho que ganes, ¿no?

— No le digas viejo, imbécil —de un salto se subió a una de las cajas de madera para sentarse, le pareció algo extraño que Yamazaki demostrara algún interés—. No quiere que entre este año, dice que no le importa realmente.

A decir verdad, no era muy extraño que no le ordenara participar, Billy solo iba a pelear si el jefe se lo ordenaba, por lo que sus intervenciones en el afamado torneo eran solo esporádicas. Aun así, había participado más veces que él quien casualmente, nunca recibía una invitación. Escupió a un lado, casi molesto por ello. El King of Fighters era la excusa legal perfecta para salir a cortar gente y patearles la cara. Le habría gustado que Geese se hiciera de un par de planes solo para entrar al juego también, Billy seguro habría ido por él a contratarlo de nuevo.

— Tengo más tiempo libre del que puedo manejar —le dijo sonriendo un tanto engreído, utilizando las mismas palabras que el rubio le dijo alguna vez.

— ¡Apostaría a que sí! —contestó, pensando prácticamente en lo mismo que él. Yamazaki echó a reír mientras él miraba a su alrededor—: Falta nuestra damita, ya debería aparecerse.

— ¿Nuestra damita? —repitió, aun riendo pero sin entenderlo demasiado.

— Mary obviamente —se encogió de hombros— o tal vez tienes que irte para que ella aparezca, podríamos hacer la prueba, ese día fue así.

— No voy a irme —dijo poniéndose serio abruptamente, no le agradaba bastante la idea de que fuera a funcionar de esa forma—, además, ¿cómo es que le llamas nuestra damita? Seguro te escucha y te parte los dientes.

— Oh sí, señor, discúlpeme, cierto que ahora usted conoce a Mary a la perfección —contestó sarcástico—, te borraste por tanto tiempo que seguro no la has visto desde hace años.

— Me la cruzado un par de veces —dijo en un tono casual, había hecho mucho más que eso pero no planeaba decírselo— ¿Crees que ella vaya a participar? Ya lo ha hecho sin nosotros después de todo —se llevó una mano al pecho en un gesto dramático que hizo reír al joven inglés.

— De eso no tengo idea, no sé contigo…pero solo sé que no trabajaría conmigo, temo que aun esté medio enojada aunque le haya dicho que lamentaba lo que paso en el '97 —miró en dirección al barco, que estaba prácticamente en el puerto ya y se bajó de la caja de madera de un salto. Desplegó su sansetsukon como si estuviera por pelear y le hizo una seña para que lo siguiera hasta la orilla.

No sé contigo… Pero en qué dilema lo ponía esa frase tan singular. ¿Y si la rubia recibía una invitación y les pedía formar equipo con ella? ¿Y si se lo pedía a él? Con bastante facilidad pudo imaginársela, pidiéndoselo con su suave y encantador tono de voz, mirándolo a los ojos. Le habría dicho que sí sin pensárselo, le habría dicho que sí a cualquier cosa que le pidiera. Dio un suspiro y se cruzó de brazos aparentando calma y seguridad, observando cómo se abría una compuerta del barco y como salían unos sujetos que eran obviamente trabajadores. Billy le comentó algo por lo bajo y asintió con la cabeza como si le hubiera prestado atención. Un par de hombres bien vestidos salieron de la embarcación también y se acercaron hacia ellos.

El trato era lo más lícito en lo que recordaba haber participado, pues era todo parte del plan de reparaciones para la ciudad. Billy le había explicado un par de veces cómo es que un sector en la urbe había sido destruido y cómo Geese y el gobierno hacían lo posible para que la reconstrucción fuera hecha de forma rápida y eficaz. El viejo había hecho un par de arreglos con unos contactos en Japón para conseguir algo de material barato y según Billy, para eso estaba ahí. El rubio era demasiado torpe y tenía bastantes problemas con él idioma, y para eso específicamente lo había llamado. Era realmente cosa de nada, una bobería, estar de traductor del guarda espaldas de Geese era algo que no se hubiera imaginado hacer, y había aceptado de buena gana tras pedir una exagerada suma de dinero como retribución a la que Billy había accedido no sin quejarse. Tal vez por eso tampoco le interesaba demasiado haber perdido jugando al póker.

La corta reunión había llegado a su fin por suerte, y todo había salido bien. Estuvieron un rato más hasta que los trabajadores hubieran descargado lo necesario y para su sorpresa, de la misma forma en la que habían llegado, se largaban. Se volteó para volver por donde había venido, sin mucho ánimo de quedarse viendo como el barco daba la vuelta lentamente y se perdía en el horizonte.

— ¡Yamazaki! —Llamó el otro antes de alcanzarlo a mitad de la calle por la que se bajaba al lugar donde habían estado— ¿Qué tal un trago? ¡Esto salió mejor de lo que esperaba!

— Si vas a dejar de molestarme… —dijo de mala gana pues era un tanto cansadora su actitud a veces, jugando a ser amigos, como si aquello disminuyera la posibilidad de que acabaran peleando.

Billy pareció notar su estado de ánimo y aunque le costara, se quedó callado la mayor parte del trayecto. Intentaba de alguna forma mostrarse agradecido pero Yamazaki no colaboraba en lo absoluto, su actitud le provocaba darle un golpe en la cara para que dejara de portarse como un imbécil. Golpeaba su sansetsukon contra su hombro al ritmo de sus pasos solo para tener la mente ocupada en algo mientras caminaban a quien sabe dónde, no había pensado realmente a donde quería ir, ya se le ocurriría algún lugar pronto.

Las luces y el movimiento repentino indicaban que ya no se encontraban en los barrios bajos de la ciudad, sino que estaban en el centro de la misma, siempre tan lleno de vida. A juzgar por los atuendos de las personas podía decirse que el horario de trabajo había terminado hacia bastante, y que ya era un poco tarde, probablemente era ya casi media noche. Cada vez se arrepentía más de haber aceptado la tonta invitación de Billy y estaba a punto de darse vuelta y marcharse cuando lo empujó dentro de un local. Miró a su alrededor, el lugar le resultaba familiar.

Illusion.

El maldito Illusion. ¿En qué diablos pensaba el imbécil de Billy?

Billy lo arrastró a una mesa vacía que estaba cerca de la puerta, no sabía si le molestaba más el hecho de estar ahí o esa estúpida sonrisa en su rostro. Estaba completamente arrepentido de haber aceptado la tonta invitación de Billy.

— ¿Y se puede saber por qué diablos me traes a este maldito lugar?

— Ah pues, quería ir a un lugar con algo de clase para variar.

— ¡Pero si tú no tienes ni un gramo de puta clase, joder!

Bufó molesto, su humor no podía empeorar aunque lo quisiera. Se habría largado de no ser que realmente necesitaba un trago y a decir verdad daba igual donde se lo sirviera. De repente recordó la última vez que había estado en aquel lugar, al que había entrado por casualidad. Miró con más detenimiento a la gente que alcanzaba a divisar, esperando encontrar entre tantos rostros la dulce mirada de Mary, pero no tuvo tanta suerte. Se quedó un rato con la vista perdida, pensando en algo más importante que la camarera en uniforme que hablaba con Billy, o en la suave y un tanto hipnótica melodía que ambientaba el bar.

— Eh, tonto, me voy a fumar al fondo, no me sigas o te parto la cara —dijo al levantarse de su asiento y alejarse rápidamente. A decir verdad, ni sabía si el bar tenía un sector que podría llamarse patio de fumadores, pero fue una excusa inteligente para levantarse sin que el rubio lo siguiera.

Tenía la extraña sensación de que Mary estaba allí esa noche y aunque no fuera así, debía confirmarlo. Caminó lentamente por entre las mesas, buscándola sin éxito. Se sentía como un adolescente desesperado al hacerlo, pero simplemente necesitaba verla. Llegó al final del local y se volteó a ver mejor, pero tampoco logró hallarla. Suspiró fastidiado y se quedó allí un instante durante el tiempo que aproximadamente le tomaba acabarse un cigarrillo, antes de regresar de peor humor a la mesa donde había estado sentado con Billy.

Pasó el rato bebiendo una insípida cerveza con su ex compañero solo por mera cortesía, esperando a que fuera una hora más o menos prudente para largarse, cuando el rubio habló de repente.

— Cómo le partiría la maldita cara… —seguía con la mirada a alguien con el entrecejo fruncido, bastante molesto.

— Perro que ladra no muerde, ¿a quién miras tanto?

— A ese estúpido de Bogard, y también le diría un par de cosas a Mary, ¿por qué tiene que andar con ese sujeto? ¡Es un idiota, lo odio!

— ¡¿Mary?! —no podía ser posible, al fin y al cabo no estaba tan equivocado. Billy encontró su sorpresa un tanto extraña, pero no dijo nada. Era una suerte que fuera un idiota o ya habría decantado por la respuesta más obvia a su actitud, que momentos antes casi había adivinado.

— Si —chasqueo la lengua y le dio un trago a su cerveza, terminándose el vaso—, como si no pudiera salir con otro que no fuera ese vagabundo que se cree el héroe…joder, que tipo que no soporto.

Yamazaki se mordió el labio y se quedó sentado en su lugar, no iba a salir corriendo detrás de la chica, habría resultado bastante imprudente y sumado a eso, habría dejado a la luz el secreto que tenía con ella. No le quedó más que pedir otra botella y seguir a Billy con los insultos a Terry. El americano le había resultado indiferente por mucho tiempo, y si bien sus motivos eran bastantes diferentes que los de Billy, ahora estaba seguro que lo odiaba también.


N/A: Si han leido la historia del 97 Special Team en la pagina de KOF reconocerán el dialogo del tiempo libre y la suposición de Billy al decir que Mary vendría al marcharse Yamazaki.

Hasta el proximo capitulo! Dejad review con cualquier duda, critica o sugerencia, ya saben que lo apreciaría mucho! :D