Azotó la puerta con toda la fuerza que pudo, logrando que un gran estruendo retumbara por todo el lugar. Incluso habia podido sentir como las paredes temblaban un poco debido a esto.
No lo habia hecho a propósito a decir verdad. Pero la impotencia lo habia sacado de quicio desde esa mañana, logrando que toda su tarde fuese amarga.
Se recargó en la puerta, dejándose caer al suelo sin preocuparse si salía lastimado, realmente no era su prioridad en aquel instante.
Si por Marinette fuera, se haría todo el daño que ella le pedía sin dudar con tal de tener un poco de su perdón.
Abrazándose a si mismo se permito suspirar, buscando un poco de consuelo en sí mismo, después de todo ¿Cómo podía esperar que Marinette le perdonara? Después de todo, ella tenía la razón, siempre la tenía, siéndose sincero.
Él era un perfecto imbécil, si no es que el mayor imbécil del mundo, citando las palabras de Nino Lahiffe.
Le habia mentido tantos años, pero más importante, él mismo se habia mentido.
Con aquello solo logró lastimar su corazón.
Y no solo él de ella.
Si no también a quien habia capturado su corazón de una manera extraña que no parecía reconocer en ningún aspecto. Y si le preguntaban, no sabía cómo él podía tener un corazón tan grande como para aceptarlo a pesar de todo, perdonarlo.
Aunque claro, no se pudo librar de su indiferencia durante un tiempo, incluso de reclamos; Pero él seguía ahí para él.
― Estoy seguro que Juleka me hubiera colgado de las bolas hace mucho tiempo ― Se dijo a si mismo, intentando esbozar una sonrisa ante aquel comentario. Le hubiese gustado que aquello ocurriera, pero no en el sentido masoquista, sino más bien en escucharla gritándole que era un idiota.
Quizás así se hubiese ahorrado tanto dolor que causó.
Pero no debía pensar en un "posible" suceso, o darle demasiado crédito a su hermana. La culpa era suya y de nadie más.
Como habia dicho Marinette, todo aquello se habia desencadenado por no aceptar lo que era.
Cerró sus ojos, recordando la sensación de los suaves brazos de Marinette a su alrededor mientras besaba en repetidamente sus mejillas en señal de cariño, su corazón salto de felicidad con ese simple recuerdo.
La amaba, pero no como ella quería.
La amaba, pero no como él quería amarla.
La amaba, pero no como él tanto aclamaba al viento como una simple mentira. Su amor a ella era fraternal; uno que intento ocultar con uno que Marinette tanto anhelaba al verlo a los ojos.
Ella habia sido su pilar ¿Cómo no regresar algo de todo ese amor que ella le habia entregado cuando se encontró en el fondo?
Cuando se encontró solo.
Se sobresaltó un poco al sentir una presencia a su lado, levantando su rostro de la posición en la que se encontraba.
Se topó con unos brillantes ojos verdes que le observaban con pena, a pesar de que sus labios intentaban formar una sonrisa.
― Cuando vuelves molesto, es por qué intentaste buscarla ― Tomó una liga negra que llevaba en su muñeca, subiendo sus brazos para poder atrapar su cabello oscuro en una coleta alta, sin dejar de observarlo ― Aunque, hoy has vuelto particularmente molesto. Sentí la puerta del baño retumbar ¿Sabes? ― Agregó, buscando la mano de él.
Luka se dejó hacer, entrelazando sus dedos entre los de él.
A pesar de la calidez que sintió al tener sus manos juntas, no pudo dejar de sentir aquel dolor en su corazón.
― Marinette nunca me perdonara, Marc ― Soltó de repente, sintiendo la increíble necesidad de sacar todo lo que sostenia en aquel instante ― Al fin hablo conmigo, y lo ha dejado en claro, no quiere saber nada de mi ― Dejó caer su cabeza hacia atrás, guardando un quejido en su garganta.
Una mueca de sorpresa apareció en el rostro de él, para después morder su labio inferior, pensativo.
Realmente nunca habia conocido a Marinette más que en aquella ocasión del incidente. Él, al igual que ella, no sabía nada, más que el simple hecho de que Luka ocultaba sus verdaderas preferencias y que se sentía avergonzado por ello.
Sintió su corazón roto al mismo tiempo que aquella chica, inmediatamente le tuvo empatía. No era algo nuevo, él lo habia visto con muchos conocidos, pero nunca pensó que pudiese ocurrirle a él.
Y todo por el miedo de alguien, en este caso, de Luka.
Un hombre solitario con grandes pérdidas en su pasado, quien solo era acompañado por su música.
Claro, hasta que supo la verdad, que tenía una prometida.
Durante un principio se consideraría a él mismo un idiota si le perdonaba; pero su corazón era débil ante él. Además, sabía lo que su corazón sufría.
No justificaba sus actos, en realidad era su verdugo, pues los condenaba. Recordó haberlo insultado en muchas ocasiones antes de ceder.
Aun así, entendía su miedo por completo. Entendía sus pérdidas y su soledad.
A final de cuentas si fue el idiota que le perdonó.
Durante ese año habían sucedido muchas cosas, pero lo que aquel dia suscitaba era algo completamente nuevo por lo que podía oír de las palabras de Luka. Marinette por fin habia hablado con él, le habia dado la cara.
Y seguramente le habia dicho cosas que ella merecía sacar, y que él merecía escuchar de boca de ella.
Marc no conocía personalmente a Marinette. Solo había visto sus ojos a punto de derramar lágrimas mientras Luka la llamaba.
Pero sí la conocía un poco por Luka, por cómo se expresaba de ella y de todo lo que habían pasado juntos. A su parecer, era una mujer fuerte que tenía sueños y metas que cumplir, aun así, ella parecía no tener el valor de hablar con él y siempre buscaba esconderse. Y no la culpaba, estaba hecha pedazos.
Algo habia pasado entonces para que ella lo enfrentara, concluyó en su mente, para después sonreír, reclinando su cabeza sobre el hombro de él.
― Yo no diría eso. Ella te ha estado evitando por tanto tiempo, pero esta vez te dirigió la palabra ― Hizo una pausa, girándose hacia él para plantarle un beso en la mejilla ― Algo debió pasar para que eso sucediera ¿No crees? ― Prosiguió, buscando en los ojos de Luka algun ápice de esperanza.
Marinette era alguien a quien Luka quería con locura, lo sabía bien, y él la admiraba demasiado por todo lo que ella habia hecho por él, por todo el amor que le tenía.
Por eso esperaba que ella pudiese darle su perdón, a pesar de que eso fuese imposible a ojos de Luka.
Pero, a sus ojos, fuese lo que ella le habia dicho a Luka, aquello quizás era un rayo de esperanza para su Luka.
― Para mí lo único que sucedió fue que se hartó de mis disculpas, y no la culpo, pues aun así hoy me atreví a mentirle, le dije que todo era un error y que lo olvidara ¿No crees que soy un patán? ―.
Marc asintió con suavidad, dándole la razón. Luka ante esto hizo una mueca en su rostro.
Lo sabía bien, pero ¿No se suponía que Marc debía hacerlo sentir mejor?, de inmediato descartó esa idea, atribuyendo aquello a su honestidad.
― Sí, le mentiste, porque, ¿Cómo demonios planeas que olvide una traición y mentira tras mentira, amor? ¿Cómo planeas decirle a alguien que te amo que es un error lo que eres? Ella es una mujer inteligente, no la harás tonta dos veces ― Comentó mientras pasaba su mano sobre los mechones de su amado, notando que el color azul de las puntas comenzaba a desaparecer, pensando en que pronto debía ayudarle a retocarlas ― Lo que quiero dar a entender, Luka, es que Marinette por fin pudo verte a la cara y, sinceramente pienso que es el primer paso al perdón ― Atinó a decir con una sonrisa en su rostro.
Marc pensó que quizás Marinette comenzaba a pasar la página, que algo la habia impulsado a hacerlo y que ya habia hecho el primer paso para ello.
Y de ahí, el valor para enfrentarlo habia nacido.
Luka sonrió con amargura, intentando no reír.
― Me gustaría que en realidad fuese eso, aunque ella deseara moler cada hueso de mi cuerpo ― Comentó con sorna, relajando sus hombros mientras lo observaba de cerca.
Sin entender como a pesar de todo, Marc daba todo de sí para él.
― Yo le ayudaría. Y también sería buena idea invitar a su amigo, el que tiene buen gancho ― Intentó soltar una pequeña burla, aunque por unos momentos pensó que Luka no reiría.
Pero, lo hizo.
Marc era esa clase de persona que te tiraba a un pozo para que te ahogaras por tus penas, solo para sacar tu cabeza y dejarte respirar para reflexionar, para que por uno mismo saliera a flote.
― Juleka también se uniría ― Alcanzó a decir, antes de sentir que los delgados brazos de él le rodeaban.
Luka podía tener miles de defectos, un corazón fracturado, soledad en su ser. Pero Marc lo amaba como era, con todas esas curvas y bordes, todas sus perfectas imperfecciones, pero lo amaba. Así como sabía que él lo hacía.
Pues, a pesar de todo, Luka le daba todo de sí para él.
Y realmente esperaba que Marinette le perdonara, sin importar si tenía que patear el trasero de ambos. Ella lo entendía, solo debía sanar.
Pero sobretodo, Luka debía dejar de ocultar lo obvio.
― Me hubiera gustado conocerla ― Atinó a decirle, sintiendo como el cuerpo de él se estremecía.
Después de todo, no habia errores donde uno no tuviera que pagarlos.
[…]
Al dejar su pesado bolso sobre la mesa del comedor se permitió suspirar y expulsar aquel cansancio que el trabajo le habia provocado durante prácticamente medio día, agradecía que por fin ya era viernes.
De inmediato pudo sentir el olor a mostaza que provenía de la cocina, haciéndole sonreír con satisfacción. Moría de hambre, agradecía tener un hombre tan considerado a su lado, pensó durante unos instantes.
Hasta que cuando abrió la puerta de la cocina esa pequeña fantasía se cayó por completo y pudo observar a su esposo intentando limpiar un gran desastre que se encontraba en el suelo, con ayuda claro, de su pequeño Joseph, que de manera torpe intentaba limpiar la mostaza con una servilleta de papel.
La escena que tenía frente a ella, aunque en cierto modo podía ser algo estresante, fue magnifica para ella, pues verlos ahí intentando remediar sus errores como padre e hijo fue algo que derritió su corazón.
Aun así, esperaba en algun momento tener una niña, no estaba segura de resistir cuerda sola con dos hombres en su hogar.
― ¡Cariño! Podemos explicarlo, lo juro ― Nino intentó defenderse, para posteriormente un poco de kétchup cayera en su cabello directo del techo. Alya levantó su mirada, observando como algunas rebanadas de jamón habían sido pegadas al techo con kétchup ― Bien, en realidad no podemos ― Se corrigió, tomando al pequeño de tan solo cuatro años en sus brazos mientras comenzaba a huir del lugar.
― ¡Nino, Joseph, vuelvan cobardes! ― Exclamó mientras se dirigía a perseguirlos por toda la sala de estar del lugar.
Alya pensó que en el pasado una acción así podría desencadenar toda su furia. Incluso se podía recordar a si misma siendo algo dura con sus propias hermanas cuando hacían travesuras, en ese entonces, pensaba realmente que ser madre no estaba en sus planes e incluso pensaba que no estaba hecha para ello.
Pero las cosas cambiaron con la llegada del pequeño Joseph.
No es de malentender la situación, no era una madre que todo lo permitía o solapaba, pero, ver aquella sonrisa sincera de su pequeño hijo mientras su padre lo llevaba en brazos huyendo de su enojo, realmente la molestia se desvanecía.
― ¡Para, mamá! ― Gritó entusiasmado mientras se aferraba a su padre, soltando una risa eufórica.
No eran los padres perfectos, no habían estado preparado para serlos cuando se enteraron de su llegada, pero sin duda las cosas habían resultado bien para ambos.
Tenían al amor de su vida a su lado, y un precioso hijo que era algo que, a pesar de no contemplar en sus vidas, las habia llenado.
Cuando el correteo entre ellos terminó, por obviedad reprimió a ambos con un sermón sobre desperdiciar la comida; como era de esperar, ambos se tiraron la culpa entre ellos mientras ella rodaba los ojos.
La idea seguro habia sido de un programa de televisión, pero solo entre ellos sabrían la verdad de quien verdaderamente inicio.
Esa tarde ordenaron Pizza para comer, ya que la comida que ambos hombres habían preparado termino destrozando la cocina, y mientras esta llegaba, no les quedo de otra que limpiar el lugar.
― Y bien, hermoso ¿Me dirás quien inició la pelea de comida? ― Preguntó en la oreja de su hijo mientras tallaba su espalda con una esponja con forma de tortuga.
El pequeño salpicó el agua de la bañera mientras jugaba con un patito de juguete, negando con su cabeza.
― Es secreto, mami ― Dijo él con simpatía. Alya estaba segura que en cualquier momento el descarado de su hijo podría sacar su lengua en señal de burla, tal como su padre.
Eso no paso. Ella agradeció que aún no aprendía por completo la actitud de su padre.
― Bien dicho caparazoncito ― Alentó Nino, quien se encontraba en el umbral de la puerta.
Habían terminado de comer hace no mucho y mientras Nino limpiaba el comedor, ella se habia dispuesto a darle un baño a Joseph para que pudiese dormir limpio y no con manchas de mostaza y kétchup en todo su cuerpo.
En una instancia se preguntó cómo estas manchas habían llegado hasta sus pies si cuando habia llegado el llevaba unos bonitos zapatos negros, pero aparentemente no lo sabría en un buen tiempo.
― Los hombres y su orgullo ― Se burló ella, tomando un pequeño balde con agua para quitarle los rastros de jabón a su pequeño.
Nino entro al baño, sentándose sobre el retrete, observando con una sonrisa a su esposa.
Le encantaba verla actuar de esa manera maternal con Joseph. Más bien, le encantaba verla en cada aspecto.
Claro, excepto cuando perdía la cordura y él podía perder algo más que unos cuantos dientes.
― ¿Qué tal el trabajo hoy? ― Se atrevió a preguntar, pasándole una bonita toalla de zorritos, algo que Adrien le había obsequiado a su hijo hacia no mucho tiempo, pues le habia parecido tremendamente adorable.
Además de que era una trampa para que comenzara a ver Naruto con él. Alya negó aquello, alegando que era muy pequeño para ver una serie con tal cantidad de violencia.
― Estresante, Nadja no me da un respiro como siempre― Se quejó, suspirando con pesadez. Con la toalla en mano comenzó a secar el cabello castaño de su hijo, pensativa ― Y mamá llamó hoy. Quería saber si podíamos ir a cenar a su casa el domingo, Nora viene a la ciudad y quieren que estemos reunidos ―.
― Supongo que ya decidiste ¿Verdad? ― Preguntó intrigado, alzando una ceja.
― Sí, pero podemos fingir que fue una decisión de pareja ― Nino intentó no reír ante aquello, logrando que un sonido extraño saliera de su garganta.
No es que pensara en decir no, después de todo, la familia de Alya se habia convertido en su familia. El único asunto que tenía con ello, quizás era Nora, quien siempre habia sido sobreprotectora con sus hermanas, y que realmente nunca habían logrado llevarse tan bien, menos cuando ella se enteró que habia embarazado a Alya.
Aun podía recordar el golpe directo a su estómago que le propicio durante el parto de ella, y seguía doliendo como el infierno. Según Nora, aquello lo habia hecho para que sintiera algo de empatía con el dolor de su ahora esposa.
― Bien, entonces estoy de acuerdo en ir ― Respondió luego de unos segundos, tomando en sus brazos a Joseph de la bañera quien ya se encontraba envuelto en la curiosa toalla.
― Papá, eres débil ante mamá ― Atinó a responder el pequeño quien habia colocado sus dos manos sobre las mejillas de Nino, dándole un efecto serio al tono de sus palabras.
― Así son las cosas aquí ― Le dio un beso en la mejilla al pequeño, para después dirigirse a Nino y plantarle uno de igual manera ― También hay otro asunto ― Repuso ella, un poco más seria.
Él alzó una ceja, a modo de que continuara.
― Mamá me comentó que Marinette fue ayer por la noche, buscando a Adrien para hablar de algo. Pero, mamá dice que sus ojos lucían rojos, como si hubiese llorado ― Relató, observando como su pequeño comenzaba a caer en los brazos de Morfeo sobre los brazos de su padre ― Estoy cien por ciento segura que Luka volvió a buscarla, y por ende Marinette fue a hablar con Adrien por… bueno, tu sabes, se entienden en ese sentido de los exs. Y estoy preocupada porque Adrien es un ser igual de deprimente en ese tema ― Acotó, preocupada.
Nino le dio la razón mentalmente. La última vez que se habia tocado el tema de la separación de Adrien no habia sido hacia mucho, y sus palabras no habían sido las mejores con respecto a la motivación se refiere.
Sus dos amigos tenían ese aspecto en común con una gran falla amorosa, y se entendían al respecto, porque las coincidencias eran extremadamente grandes.
― ¿Nette no te ha comentado nada al respecto? ― Preguntó él, haciendo un mohín con la boca.
― Ni un solo mensaje. De hecho, esperaba pasar por su apartamento antes de ir a hacer compras para la semana, ya que dos personitas hicieron destrozos en la cocina ― Acusó de manera firme, para después suspirar ― Estoy realmente preocupada, Nino. No es que no confié a Adrien para consejos, y entiendo que lo haya buscado a él en mi lugar debido a que sus asuntos son similares ― Nino no pudo evitar reír ante aquel comentario, su esposa sonaba como una adolescente quejándose de que su mejor amiga la habia cambiado por otra ― Pero Adrien no es el mejor para dar consejos ―.
― No, aunque a decir verdad yo tampoco. La última vez que aconseje a Adrien fue para que se lanzara a Nette insinuando que ella era bajar sus expectativas. No me fue muy bien que digamos ― Atinó a decir, comenzando a salir del baño ― Deberías ir a verla si así quieres, pero no creo que deberías presionarla si no quiere hablar de algo. Me refiero a que sabes que es difícil ―.
Alya asintió, siguiéndolo en silencio, y pensativa.
Lamentaba tanto que sus amigos tuviesen tan mala suerte en el amor, fracasando prácticamente en la misma manera.
Recordó las palabras de Chloé; Los únicos culpables de su propia miseria son ellos al no ver bien las cosas. Y aunque odiaba admitirlo, tenía razón en cierto modo.
Aunque ¿Quién era ella para juzgarlos?
― Eso haré cielo ―.
[…]
Una punzada de dolor más recorrió su cuerpo de manera inoportuna, logrando que este se estremeciera sin control mientras se encorvaba sobre su vientre, haciendo una especie de caracol sobre su cama.
De pronto sintió a alguien sentarse a su lado, tocando su cintura con suavidad para llamar su atención.
― Marinette, traje la compresa caliente ― Escuchó la suave voz de Adrien, y como pudo, intentó acomodarse para facilitarle el trabajo.
Adrien levantó con suavidad la blusa de Marinette hasta el inicio de su pecho, descubriendo así su abdomen para después colocar la pequeña compresa caliente en la zona, esperando que aquello aliviara el dolor de ella.
Las facciones de Marinette parecieron relajarse ante aquel contacto caliente, y él pudo observar como su respiración volvía a la normalidad.
La habia visto sufrir cólicos desde hace no mucho tiempo. Era algo a lo cual ella no estaba acostumbrada, pero en definitiva aquello no era lo que esperaba, pues parecía estar sufriendo bastante.
Afortunadamente, ya habia tomado el analgésico que Rose le habia recetado para poder aminorar el dolor, por ahora la comprensa era para ayudarla en lo que aquello hacia efecto.
― Lo siento Adrien, no pensé que esto pasara ― Comentó con pena, intentando sonreír ― No era necesario que vinieras antes si estoy indispuesta ¿Sabes? ―.
Él negó con su cabeza.
― Lo que te ocurra me concierne a mí también. No solo porque me preocupo por ti, si no por qué tiene que ver con nosotros ― Se explicó, aplicando un poco de presión sobre la compresa, sonriéndole.
― ¿Y si los cólicos no se van? No puedes quedarte toda la noche si no vamos a intentarlo― Acotó ella, frunciendo el ceño por otra punzada de dolor.
― Me quedaría, ya lo hice una vez, no creo que exista problema si lo hago aunque no hagamos el intento de hoy, si es por tu bienestar ― Refutó, golpeando con suavidad su frente, con complicidad ― Además, podríamos intentar lo que mencionaste de inseminación casera ― Bromeó el, para después recibir un empujón por parte de ella que lo derribó por completo de la cama.
Habia olvidado su fuerza, pensó Adrien, tendido en el suelo.
― Ni se te ocurra, Agreste ―.
Él estuvo por decir algo más, pero el teléfono móvil de ella comenzó a sonar de manera insistente.
Marinette lo tomó de su mesa de noche, arqueando una ceja al ver quien marcaba; era Alya.
[…]
