Fics Original:
Sweet Team Girl.
Capítulo Doce: Mina vs. Chibi Mina.
Violeta había decidido llevar a la pequeña Edith a su casa, para cuidarla; sin saber todos los problemas que eso le causaría. Ya en su casa, sus padres como de costumbre no se extrañaron de que su hija estuviera cuidado otro niño pequeño, ya era muy común esa escena, Violeta era una de las niñera oficiales de esa ciudad y muy querida por los niños; además de por muchos padres también, pero eso es una historia para otro día.
—¿Qué tal mi habitación, te gusta Edith?
La pequeña Edith, quien estaba siendo cargada en los brazos de Violeta, miró muy intrigada la gran habitación de su niñera. Era muy espaciosa y tenía muchos juguetes.
—¡Guta!
Chibi Edith se soltó de brazos de Violeta y corrió por toda la habitación, saltando de juguete en juguete, tratando de jugar con todos.
—Si te gusta alguno, puedes llevártelo. Te lo regalo.
Chibi Edith sonrió encantada, luego comenzó a buscar entre su vestido y sacó algo para Violeta.
—¿Para mí? —Violeta se sorprendió ante el regalo de Chibi Edith, le estaba dando un chocolate, pero cuando lo comió—. Esta rancio…
Chibi Edith iba a llorar, pero Violeta la cargo de nuevo y comenzó a mecerla, mientras le cantaba. La pequeña no pudo contra el ataque combinado y calló profundamente dormida muy pronto.
—Bueno, eso fue sencillo.
Violeta acostó a Chibi Edith en la cama, luego presionó un botón junto a su mesita de noche y todo el cuarto se transformó en una especie de laboratorio.
—Veamos que fue lo que realmente te paso, Edith.
Mientras Violeta sometía a Chibi Edith a todo tipo de pruebas y exámenes conocidos por el hombre y uno que otro chango; en la fortaleza secreta de los villanos, su arma secreta, Chocorol llegaba por fin.
—Gracias, quédese con el cambio —la más nueva adición al grupo de Súper Villanos, acababa de bajarse de un taxi—. Ahora si tengo bien escrita la dirección…
Deth buscaba entre las casas de la zona, la que tuviera el número que sus amigos le habían dado.
—Debo buscar la casa número 3…
Pero en la calle tercera, de la manzana 300, de la décimo tercera avenida, una dirección con que solo incluía un tres, parecía muy complicada de buscar.
O tal vez no.
—Debe ser aquí —sin ningún orden alguno, Deth comenzó a contar tres casas, luego entro en la que le salió la número tres. Por increíble que pareciera, era la correcta—. Oigan, ya vine.
—Deth si llegaste, cierra la puerta y tráenos unas papas. La novela esta en su mejor parte.
—Novela debe ser el nombre clave para una nueva estrategia armada —pensó Deth luego de cerrar la puerta—. ¿Ahora que significara eso de papas?
Mientras Deth buscaba una piedra roseta para entender el significado de las órdenes de sus amigos; Andrea y Alix en sus cuerpos cambiados, trataban de espiar cada una a María y a Paola.
—Novedades Alix, cambio.
—Aun no veo cambios, cambio.
—Repórtame cualquier cambio, cambio.
—Entendido, cambio.
Ambas chicas se encontraban comunicándose todo lo que pasaba a través de sus celulares, lo curioso es que, tanto María como Paola, vivían en casas vecinas, una al lado de la otra.
—Creo ver un cambio, cambio.
—Que cambio, cambio.
—No, no hubo cambio, cambio.
—¿Hubo cambio o no hubo cambio?, cambio.
—Que no hubo cambio, cambio.
—Decídete, cambio.
—Mejor dejemos de hablar así, quieres.
—Pero es divertido.
—Olvídalo, dime que has observado.
—Luego de la cena, María se encerró en su habitación y aun no a salido de ahí.
—Pues la mía tan solo se metió a bañar en la tina. Lleva remojándose cerca de dos horas creo.
—A lo mejor estaba muy sucia.
—¿Tú crees?
—Una vez cuando era niña, había llovido mucho y me resbale con el vestido de la primera comunión en un charco de lodo. Lo peor es que mi mamá no sabía nada, tarde cerca de tres horas limpiándolo a escondidas.
—¿Y te descubrieron?
—Quedaron unas pequeñas manchitas que no salieron, pero mi mamá creyó que era culpa del detergente.
Más concentrada en chismear por sus celulares que en vigilar a sus objetivos, Andrea y Alix no se percataron de lo que les estaba sucediendo a sus respectivos objetivos.
—Siento como si cada molécula de mi cuerpo se fundiera con el agua de la tina.
Paola cerró sus ojos, lo que vio al cerrarlos, fue algo increíble. No era como si realmente pudiera verlas, pero podía saber donde se encontraba ubicada cada una de sus moléculas en aquella tina de agua.
—Probemos algo más…
Paola levantó una mano y extendió la palma hacia arriba, una burbuja de agua se levanto de esta. Aunque no era una burbuja común, tenía un cierto color verdoso.
—Que divertido, creo que debo contarle a María.
En casa de María, la chica se había quedado dormida con los auriculares puestos, por ello no se había percatado de los cambios que sufría ella misma. María se encontraba flotando sobre la cama, cuando el teléfono suena y la despierta de golpe, haciéndola caer.
—¿Fue idea mía o me caí de la cama?
María contesto el teléfono, al otro lado de la línea estaba Paola, quien se notaba muy alterada.
—Calma mujer, no te entiendo.
—¡Qué ahora soy una especie de cosa hecha de líquido!
—¿Otra vez anduviste comiéndote la crema antiarrugas de tu madre?
—Solo lo hice una vez y fue su culpa por haberla puesto junto al guacamole.
—Estoy cansada Paola, llámame mañana.
—Oye espera, es importante. Colgó… si que es.
Paola volvió a llamar a María, pero esta ya no respondía. Así que opto por un nuevo plan, como su habitación estaba frente a la de su amiga, en el segundo piso de la casa, abrió la ventana y pensó brincar al cuarto de María, aprovechando que la ventana estaba abierta.
—A la una… a las dos… a las tres.
Pero cuando brincó, María cerró la ventana de un golpe y Paola se estrelló con esta, terminando en una gran mancha verdosa, la cual se corrió por toda la ventana y la pared, hasta volver a formarse en el suelo.
—Aunque mañana se las cobrare todas a María, debo admitir que fue divertido.
Paola se convirtió en una especie de charco verde y luego se deslizo contra la gravedad, subiendo por la pared de su casa hasta entrar a su habitación.
—No creí que resultara, pero lo hice. Debo ver que más puedo hacer.
Mientras Paola se divertía explorando en su habitación los límites de sus recién adquiridas habilidades, afuera, Alix y Andrea seguían chismeando.
—¿En serio? Pero que fue lo que el hizo.
—Si, fue en serio. Y no sabes la cara que puso, me quería morir.
En otro lado, nuestro trío de villanas buscaban a su cuarta integrante.
—Dijiste que la chica vivía aquí, pero no veo a nadie que parezca una villana.
Misa, Shirley y Kei se encontraban en una casa hogar, la cual se encontraba repleta de niños hasta el tope. Sin embargo, todos parecían niños comunes y corrientes.
—Tal ese niño de allá, el que le levanta la falda a esa niña.
—O esa niña que raya en la pared.
La pequeña casa hogar era atendida única y exclusivamente por una sola persona, una chica no mayor que las tres que habían ido de visita.
—Me encantaría tener una niña en nuestro equipo, así estaríamos a la par de Edith.
—Sería interesante, pero me anima más un pequeño niño.
—¿No sabía que tuvieras esos gustos?
—¡Cállate! Solo lo decía porque un niño sería más fácil de manejar.
—¿Tu crees? Muerden, gritan, patalean… prefiero mil veces una niña. Tal vez como esa castaña del fondo, la que esta leyendo ese libro.
—No, yo prefiero un niño enérgico, como aquel de cabello negro que juega a los piratas.
—Sino, quiero a esa, la de rizos rojos que peina su muñeca.
—O aquel niño rubio que esta haciendo avioncitos de papel y lanzándolos por la ventana.
—Si, si, par de locas, no venimos a comprar niños. Esto no es tienda por si se dieron cuenta.
—¿Entonces para qué venimos?
—¿No venimos para buscar una colaboradora?
—Si, pero no esta entre los niños que ven aquí.
—¿Entonces?
—Ya se, es ese gato que tienen los niños en brazos.
—O esa araña que esta bajando del techo.
—Acaso no ven a otra persona más aquí.
—¿Hablas de la chica que cuida de los niños?
—Pero si parece una chica buena.
La encargada se encontraba limpiando la boca de varios niños, luego le devolvió la muñeca que le habían quitado a una niña y al final, les repartió galletas a varios niños, antes de atender a las invitadas.
—¿Les ofrezco galletas o leche?
—No gracias.
—Yo si quiero.
—Niños ahora guarden silencio, que debo atender a unas visitas.
La encargada le entrego a Shirley un vaso de leche y unas galletas.
—Sigo creyendo que ella no luce malvada —le susurró Misa a Kei.
—Las apariencias engañan, tú confía en mí.
Uno de los niños le arrebato la galleta a otro y co esto, comenzó una pequeña pelea, la cual trascendió a niveles cada vez mayores, hasta que se hizo muy molesta y los demás niños se unieron para hacerla crecer.
—Me disculpan un momento.
La encargada se disculpo amablemente con las chicas y se volteó a sus pequeños, luego a viva voz les grito.
—¡LES DIJE QUE GUARDARAN SILENCIO!
El gritó fue tan fuerte, que no solo hizo callar a los pequeños, sino que también movió varios muebles de lugar.
—Estos niños de hoy, hay que gritarles para que hagan caso. Lo siento… me decían.
—Mina, ella me da miedo…
—Cállate Shirley o puede que nos coma.
En la guarida secreta de nuestros villanos favoritos.
—Deth tráenos más tamales.
—Deth tráeme una limonada.
—Los tamales están fríos, caliéntalos.
—Deth, la limonada con hielo…
—Los tamales están demasiado calientes, ¿quieres que me queme?
—Tres hielos no dos, ponle también una rebanada de limón para que se vea más chick.
Deth se había integrado muy bien al grupo de villanos, tanto, que sus amigos le habían dado un puesto especial, encargado de la satisfacción y el nivel de felicidad de las tropas.
En otras palabras, era la mucama personal.
—¡Hasta cuando seré su chacha! —Deth cargaba puesto un delantal—. Solo me hicieron venir para limpiar y darles de comer.
—Vamos Deth amigo, es una iniciación… todos la pasamos, no es así Sub.
—¿Nunca me vestí de mujer y jamás lo haré?
—Oye, que te dije antes.
—¡Solo me trajeron de burla!
—Te trajimos para que nos ayudes en una misión importante.
—¿Y cuál es esa?
—Cámbiate de roma, ponte tu traje. Primero debemos salir a hacer algo importante.
Mientras Deth se cambiaba su traje de mucama y se ponía su disfraz de Chocorol, Cafetto y Oso Gominola, subían a Cacahuate Man y a Gomito a una camioneta.
—¿Planeas llevarlos?
—Claro, sino me van a babear toda la sala.
Luego de subirlos, Deth llegó con el traje y todos partieron con rumbo desconocido.
—¿Y a dónde vamos? ¿O qué vamos a hacer?
—Como sabes, tenemos un Equipo de Heroínas a las que debemos vencer.
—Si, leí todo eso en el informe que me dieron.
—Por eso te trajimos, necesitamos estar iguales a ellos en número.
—Pero aunque digan eso… —Deth comenzó a contar a los presentes—. Si sumamos a los dos zombies de atrás… somos tan solo cinco.
—¿Y que tiene eso?
—Necesitamos más villanos para igualar a esas chicas, ellas son seis.
—Y qué tal ese chico de ahí.
Entre los transeúntes había un chico arrimado a una pared, estaba comiendo un jamón.
—¿Oye quieres unirte a nuestro grupo?
El chico asintió y se unió al equipo de villanos.
*Felicidades, Hell acaba de unirse a su Equipo*
—Listo, ya somos seis, feliz.
En la fábrica de dulces, Marisol e Iris llegaban por fin.
—¿Qué hacemos para entrar?
—Pensé que podría disfrazarme como un empleado, pero no e visto entrar o salir a nadie.
—Tienes razón, entonces que haremos, Mari.
—Supongo que no hay otra opción…
Marisol se infló hasta triplicar su tamaño, abrió bien grande la boca y luego, se zampó a Iris de una sola mordida. A continuación se enrolló hasta hacerse una bola y brincar sobre la cerca, luego de entrar, sacó a Iris de su boca.
La pobre estaba toda ensalivada.
—Me vuelves a hacer eso y verás… tranquilamente me pude hacer líquida y cruzar por los barrotes.
—Lo siento, fue un instinto reflejo.
Mientras las chicas entraban para desentrañar un misterio enorme, otro misterio aun más grande se llevaba a cano en casa de Violeta.
—¿Y ella quién es? Y como es que se parece a mí.
Frente a Violeta, estaban una Edith y una Chibi Edith.
—Es una larga historia, Edith.
Continuará…
