Título: Todo no es para siempre
Pairing: Chris x Jill / Helena x Leon
Disclaimer: Resident Evil no me pertenece todos sus derechos son de Shinji Mikami y de CAPCOM, yo sólo fangirleo un poco
Notas:
Negrita: Diálogos entre los personajes
Cursiva: Flash Back
Negrita con cursiva: Diálogos en Flash Back y citaciones
Capítulo 12: Perdón y dolor
No sabía muy bien que era exactamente lo que estaba haciendo. Caminaba entre los cadáveres de las personas que una vez le habían sonreído, o tan sólo había luchado espalda contra espalda. Por más que mirara al suelo no sentía ningún tipo de culpabilidad. Todos aquellos sentimientos de confusión la agonizaban por dentro, haciendo que su pecho doliera más de lo normal.
El fuego a su alrededor jamás había sido un temor para ella, había vivido la destrucción de Raccoon City en su propia piel, un poco de terror realizado por su propia parte no dejaría que retrocediera, seguiría pisando fuerte hasta llegar a ese despacho, el cual guardaba tantos recuerdos que ni siquiera podía contarlos con los dedos de las manos.
Se sentó en la mesa del despacho mirando a un punto fijo, como si delante de ella hubiera algo realmente interesante. La imagen de Chris besando a Helena no desaparecía de su cabeza, como si le atormentara aquella escena. Por más que sacudiera la cabeza seguía permaneciendo allí, dio un golpe a la mesa frustrada entre aquel caos.
- No te perdonaré… No te perdonaré… - Decía a regañadientes, sintiendo en su interior el deseo de querer detener todo aquello. - ¿¡Acaso no lo ves?! ¡Nunca pensó en buscarte, por adicta al trabajo, por no darle lo que buscaba! – Se gritó así misma agarrándose la cabeza con dolor en las sienes.
"Sigue siendo la persona que elegiste"
Escuchó en su interior viendo como sus miradas se cruzaban, realmente no lo esperaba allí tan pronto, pero la estaba mirando recriminadoramente, como aquella vez le había visto mirar a Weske así.
- Jill, esta no eres tú, sino lo que Wesker quiere que seas – Dijo con cierta indignación en sus palabras.
- ¿Nunca tendrás otra excusa a mis decisiones? – Saltó de la mesa bastante decidida y cautivadora, le miraba por encima del hombro como si fuera la peor persona que había pisado el mundo – Primero era mi forma de ayudar a los demás, luego mi amistad con Leon, después mi carácter, poco más allá mi despreocupación por mi hijo, el cual ni siquiera miras tú – Le miró amenazante.
- Has estado juzgándome en todo momento, y por si fuera poco… - Rio con cierta ironía – Me pones los cuernos… No fue poco soltarme en aquel helicóptero…
Chris se mordió el labio fieramente ¿Por qué no simplemente se habían respetado el uno al otro? Es cierto que siempre había tenido miedo de perderla, y más tras lo ocurrido en África, pero todo aquello la había convertido en un arma demasiado peligrosa. No era la mujer que le había buscado en Arklay o que le buscaba de forma desesperada en el Zenobia.
- Sé que te he pedido demasiado, Jill – La miró intentando acercarse un poco- Merezco que ni siquiera quieras mirarme, pero vuelve en ti, no eres el arma de nadie.
La rubia retrocedió desconfiada, no creía en sus palabras, por más que intentara ser suave y calmada con ella no entraría en razón.
- Te odio. Te odio Chris Redfield. - La ira podía verse en sus ojos. Se agazapó un poco yendo hacia él, su rapidez era asombrosa, el Uroboros y ahora el nuevo virus en su interior le daban la fuerza necesaria para alzar la pierna en el aire y darle con todas sus fuerzas en el hombro haciendo que se arrodillara - ¡No lo olvides, soy la reina de este nuevo mundo! Y te aseguro que no podrás vencerme…
Sabía bien que no la escucharía, por más que sintiera como su hombro se había fracturado y su mirada era amenazante, tenía que vencerla como aquella vez, sin embargo tenía la sensación de que esta vez sería mucho más difícil recuperarla… Agarró sus brazos con fuerza y la empujó contra la pared, no debía tener ningún miramiento, era la guerra contra la persona con la que había vivido muchos momentos y a la que siempre había querido…
No sabía muy bien porqué había terminado metiéndose en un embrollo de aquel tipo, no iba a negar que había tenido cierta atracción por Ada, y estar entre sus pechos conforme iban de edificio en edificio con la niña a sus hombros no le resultaba la mejor experiencia de su vida, aunque por desgracia la maldita situación no se le olvidaría, sobretodo porque su hija se divertía tirándole del pelo conforme se movían.
- Sacas la fogosidad de tu madre – Pensaba intentando mirar a la pequeña, la cual aferraba sus piernas a los hombros del chico para no caerse.
- Es extraño que decidas traicionar tu honor y deber por una mujer ¿Qué clase de embrujo te ha hecho Helena? – Leon alzó una ceja mirando a Ada, ¿Embrujo? ¿Enserio creía en esas cosas? – Prefería una sumisa pero terminé con una mandona.
- Siempre te excitaron las mandonas.
- No digas esas cosas delante de la niña – Frunció el ceño – Y por dios, aterriza de una vez, odio tu servicio de transporte, creo que voy a vomitar.
- El señor Leon no soportaría siendo un espía, tía Ada – Sonrió Deborah
- Es un hombre con pocas alternativas, pequeña Deborah - Correspondió a la sonrisa de la pequeña apoyando los pies en tierra firme – Fin del trayecto.
- Mujeres… - Susurró a regañadientes estirándose un poco – Oye… ¿Cómo crees que debo mirarla?
- ¿Por qué no te limitas a decir la verdad por una vez?
El rubio la miró por unos instantes, quizá su historia no había terminado demasiado bien, pero debía mirar por la persona que debía estar comiendo la cabeza en su apartamento por su culpa. Si era probable que después de ello jamás pudiera trabajar de la misma forma pero, no iba a huir, nunca más….
- Deborah – Se acercó la morena a la pequeña conforme su padre se alejaba – Es hora de que seas una pequeña heroína.
- Sí, tía Ada…
La confrontación era cada vez más difícil, se podía cortar la tensión en el ambiente. Jill no dudaba ni un segundo en moverse con agilidad, el combate cuerpo a cuerpo no se le daba nada mal y estaba dispuesta a demostrárselo.
- ¡ Jill!
- Deja de llamarme como si estuviera muerta – Contestó molesta corriendo por los pasillos, no le importaba pasar por al lado de la gente que intentaba evacuar, sabía que le seguiría como un perro. Ese comentario en su mente le hizo sonreír socarronamente.
- ¡Esta no eres tú! – Fue contra ella intentando verla como un enemigo. La siguió hasta las duchas intentando acorralarla ya que no había tanto espacio. Alzó uno de sus brazos dispuesto a darle un puñetazo, el cual ella paró agarrando su muñeca.
- Sino vas enserio no podrás atraparme….
- ¿Eso quieres? ¿Qué vaya enserio y te haga daño? – Frunció el ceño – Pues eso tendrás.
Recordaba haber escuchado ese ultimátum en la boca del chico más de una vez. Cada golpe que esquivaba de su parte le hacía recordar un momento bueno a su lado. Chris le propinó un golpe en el estómago haciendo que su menudo cuerpo volara contra una de las cañerías de las duchas, tuvo que encogerse adolorida intentando mirarle.
- ¿No piensas reaccionar ante el dolor ni siquiera?
- Vete al infierno… - Era la segunda vez que se disponía a mandarlo al infierno y no consentiría una tercera vez. Agarró sus muñecas haciendo fuerza contra la cañería. Jill emitió un gemido de dolor, cerró los ojos con fuerza intentando reaccionar pero… ¿Por qué cada vez que le tenía a tan sólo unos centímetros se le erizaba la piel? ¿Qué demonios le hacía?
- ¡ Jill! ¡ Jillian Redfield! – La miró con frustración. La rubia la miró algo atónita, nunca solía usar su apellido, a excepción de cosas relacionadas con la casa y su hijo. Escucharlo de sus labios le hacía sentirse tan… de él…
Chris atrapó sus labios con cierta fiereza, no quería confundir más sus propios sentimientos, no debía traicionarse así mismo. Ella era la persona que siempre había querido de aquella forma. Sólo ella….
Los ojos de la ahora Redfield se calmaban, como si aquel color rojizo reflejara su estado de humor. Miró al castaño, el cual agarraba sus muñecas con fuerza y desesperación, notaba como le dolían pero no hizo nada, tan sólo miraba cada detalle de su rostro mientras su ropa se empapaba debido a la rotura de una de las cañerías del agua.
Sentía como si su pecho se fuera a quebrar en cualquier momento, la traición, las muertes que ella misma había ocasionado, el sentido de culpa volvía a ella con tal fuerza que sentía como si sus principios murieran con la parte de ella que todo el mundo quería.
- Perdóname por lo que te he hecho…
- ¿C-Cómo puedes pedirme perdón después de todo lo que estoy intentando hacer?... Acaba conmigo Chris… - Susurró algo jadeante, a pesar de que él la aferrara con más fuerza, a pesar de que amara al hombre que tenía delante – Mátame…o no volveré a responder como la Jill Valentine que conoces…
La castaña se encontraba en la oscuridad de su apartamento, sabía muy bien que todo lo ocurrido era culpa de ella ¿Había sido un error enamorarse de su compañero? Sí, era posible que lo hubiera sido, pero… ¿Por qué le seguía afectando tanto todo lo que decía? Era frustrante… ¿Acaso era masoquista?
Se llevó las manos a la cara avergonzada. Su pequeña Deborah había visto cosas que para una niña de su edad no tenía por qué ver… Ni siquiera sabía si era una buena madre…
- Quizá si Simmons me hubiera cogido a mí todo hubiera sido diferente…
- ¿Por qué sigues culpándote de ello? Nunca dejarás de ser masoquista, Helena – La voz del chico le hizo tensarse, buscó en la oscuridad de la habitación a aquel hombre al que había llevado a tientas a una muerte segura. Tocó la pared con cuidado intentando llegar al interruptor, sin embargo jamás pudo llegar ya que unos brazos la aferraron por detrás, con tal fuerza que romper aquel contacto la haría sentirse miserable.
- ¿Qué estás haciendo? – Susurró de forma inaudible.
- Tengo mucho que decirte y yo… tengo que pedirte perdón – Dijo en un hilo de voz – Porque no pudo ser el malo de tu historia, todavía sigo pensando en ti… Y en esa camisa de hombre que siempre sueles llevar….
- ¿Por qué debería creer tus palabras esta vez? Me dijiste todo lo que pensabas en aquella ocasión.
Cuando el rubio alzó la mano que tenía herida por su intento de suicidio hizo un gesto de dolor. Ante ese pequeño quejido el chico la aferró a su pecho besando su mano con cuidado y con dedicación.
- No he podido protegerte… Perdóname…
La castaña tembló ante aquel momento de debilidad, sentía como si su cuerpo estuviera a su merced como en más de una ocasión, esa dedicación, esa preocupación, sus palabras… Era lo que le había enamorado de él. Necesitaba muchas explicaciones para poder creerlo, demasiadas hasta que su corazón cicatrizara con cada beso que depositaba en su cuello….
Continuará:
Siento muchísimo la tardanza, por fin estoy de vacaciones y puedo seguir este gran fic. Debo decir que le tengo muchísimo cariño y ya le quedan muy pocos capítulos.
Gracias por vuestra paciencia y comprensión.
Nos vemos en el próximo capítulo de "Todo no es para siempre"
