Capitulo 12

"Phoebus II:

Prohibida"


"enfurécete al ver que ya no tenemos el cuerpo de unas niñas y que muchos hombres posan su mirada sobre nosotras"


Las olas azotaban la costa salpicando ferozmente la arena y a quienes pudiesen estar cerca de la orilla, el Sol en su máximo punto haciendo que el sudor resbalase por su rostro y la brisa de aire marino relajando sus músculos con la más simple de las acciones, como lo era el estar tendido en la suave arena…

Los sueños son muchas veces mejor que la realidad… pero también son por mucho, aquello que nos mantiene al margen de nuestras limitaciones y deseos.

Hace mucho que había fantaseado con un día en la playa, con sentir los rayos del Sol bañando su blanca piel, con el murmullo de las olas acariciando sus oídos…

Pero ahora dudaba de que ir ese día hubiese sido una buena idea.

El día más caluroso del verano… —dijo usando el dorso de su mano para bloquear los insoportables rayos del Sol que ya quemaban su frente —, y nada más estupendo que señoras de 60 en bikinis diminutos intentando lucir como si fueran quinceañeras y un montón de arena en mi traje de baño, si… este día no podría ser mejor.

Lo inevitable es jugar con el destino, es poner las cartas sobre la mesa y ver si la suerte te sonríe o no.

Era apostar a que todo te saliera bien, pero para Trunks Brief no existían apuestas, ni nada similar.

Él era joven y como todos los chicos de su edad lo único que deseaba era pasar un buen rato, y porque no, vislumbrar a las bellas muchachas que se suponía pasaban una y otra vez delante de los hombres con un físico impresionante.

¡Él tenía un cuerpo de muerte!, tenía todo aquello que los enclenques que habían venido a lo mismo, no podían ni siquiera concebir en sus más profundos sueños; el no apostaba, el analizaba y casi juraba que las mujeres se morían por acercársele y tocar su torso, pero allí estaba, resignado a que fuera una simple salida y a regresar a casa con la decepción en su pecho.

Las vistas son un asco. ¡Pero alégrate! —le habló su compañero con gafas negras que estaba tomando el Sol a su lado —, tú no fuiste el que le habló a esa supermodelo que terminó siendo Él drag queen* del año en Z Yaoi magazine*.

La mirada espantada de Goten le hizo figurar una endeble sonrisa; sentía que en parte era culpa suya que ni siquiera su mejor amigo la estuviese pasando mejor que él. Ambos no habían tenido el mejor de sus días en la playa, era muy obvio que lamentaban el no haber acompañado a sus compañeros del instituto a la Capital del Este, donde el clima era más que perfecto para ver a las bellezas que llegaban de distintas partes del mundo.

Habían decidido que esas vacaciones lo pasarían en familia como hacía mucho no hacían, aunque claro familia no se reducía a…

¡Mira que caracoles más bonitos!

Una voz algo chillona y dulcinea los apartó de la amargura que sus pupilas negras y azules resaltaban; poniéndole atención a la más pequeña de todos, se dieron cuenta de que para los adultos de sus familias, tiempo en familia se resumía a Goten y Trunks cuiden a Bra y Pan.

Si… debían empezar a cobrar por sus servicios de niñera, no era que necesitasen el dinero (al menos no el Brief), pero cuidar al par de demonios que tenían por sobrina y hermana no era nada barato y quizás por eso también las chicas bonitas no venían ni a probar suerte…

La pequeña tenía unos ojos que fácilmente pasaban por armas de fuego.

Son muy bonitos, Bra —admitió el Son quitándose las gafas y así dejando ver el contraste de su verdadero color de piel con el torso, piernas y brazos bronceados —. ¿Dónde las encontraste?

La pequeña les sonrió e inmediatamente les señaló el lugar de donde las sacó.

Esa señorita de allá me dijo que tomara todas las que quisiera si después tú te acercabas a hablar con ella —le dijo a Goten, señalando un puesto improvisado con una manta y varias chucherías encima —. ¡Verdad que están lindos!

Entusiasmado al escuchar las palabras señorita y hablar con ella, rápidamente posó la mirada sobre las sombrillas y todo lo que le impedía ver a su admiradora.

¡Pero, qué hiciste! —el alma se le heló al pelinegro al ver que se trataba de nada más y nada menos que la supermodelo drag queen con la que coqueteó creyendo que era una sensual rubia buscando quién le pusiera bronceador.

¡Están preciosas!, cuando lleguemos a casa se las mostraré a papá.

Bra, lo siento pero no puedes quedártelas. ¡Devuélvelas en este instante!

Trunks no paraba de reírse dentro de su boca y en forma silenciosa. De repente los ojos azules de ella se hicieron más grandes de lo normal y esa fue la derrota de Son Goten.

¡Tárdate todo el tiempo que quieras!, de seguro podrás hacer migas con Miss violagoten's —rió al ver como su hermana se alejaba con un ruborizado y molesto Goten en dirección a la rubia que no era del todo una señorita.

¡Eso le había alegrado la tarde y el día entero!, sin embargo, antes de que pudiera seguir riéndose fue testigo de algo que le quitó las ganas de hacerlo.

¿Qué está haciendo? —se levantó de la toalla donde se había plantado todo el día junto con Goten y caminó hasta donde ella estaba; a orillas del océano.

Un traje de baño rosa, sandalias blancas y un sombrero que la hacían lucir como una muñeca, ese día no sabía cómo decirle que no a esa sonrisa y esos ojos que prácticamente lo cegaban. Era adorable, no faltaban las ganas de abrazar a esa pequeñita de 5 años, pero…

Pan.

Trunks… —dijo disimulando mientras tallaba sus ojos, secando así lo que ella decía ser agua de mar.

No se contuvo. La abrazó sin pedir autorización y seguidamente la cargó en sus brazos como si fuera un bebé; acunándola sin mucha dificultad y fácilmente haciéndolo con un solo brazo.

¿Por qué estas llorando?

Orgullosa y prácticamente dueña de sus problemas, Pan frunció el ceño y se reusó a contestarle.

No estoy llorando —fue lo único que dijo antes de que una de las olas bañara por completo a ambos —. ¡AH!

La pequeña empezó a gritar mientras se aferraba a su torso, buscando refugio del agua, escondiendo su rostro en el cálido agarre que Trunks le brindaba y hacía más fuerte, pues la niña estaba inquieta y claramente asustada.

¡Tranquilízate, Pan!, no llores… tan solo es agu… —quiso completar su oración…

No me gusta el agua, no me gusta el océano… ¡no me gusta! —pero ella no lo dejó.

No hubo necesidad de preguntarle el porqué, no era la primera vez que iba la playa con ella y obviamente ese odio tenía nombre y razón de ser.

La abrazó como si fuera un oso de peluche, tan fuerte como para que ella sintiera que zafarse se le haría imposible y sin preguntarle comenzó a dar pequeños pasos hasta entrar en el agua.

¡NO!, ¡suéltame! —gritaba sin que la tomaran en cuenta, a pesar de las lágrimas que eran más que notorias.

Así eran las personas.

Así tomaban la vida de otro ser… como un juego y eso parecía a juzgar por la sonrisa galante que Trunks tenía y segaba a los pocos que volteaban a ver qué es lo que pasaba.

Nada más convincente que eso, para cambiar la realidad de los demás.

Si te suelto las olas podrían arrastrarte hasta el fondo —dijo con el agua ya a la altura de su cintura —, y ya deja de llorar… nada va a pasarte.

¡No sé nadar!, además no tengo a nadie que me cuide ahora… déjame ir por favor… —dijo entristeciendo el ambiente con una súplica.

Esa súplica que pedía a gritos ser protegida, esos ojitos que superaban al mismo Tama* en dulzura e inocencia rogaban por una coraza, un escudo que la defendiera de las olas traicioneras que podían hacer que barcos enteros naufragaran.

Para ella, él no era más que un simple conocido, a duras penas compartían momentos como ese, gracias a la hermana de él.

Yo voy a cuidarte —habló aferrándose al pequeño cuerpo mientras tomaba su mano para reconfortarla. Mágicamente calmando de poco en poco el temor y enseñándole a superarlo.

Muchas fueron las veces que ella golpeó al Brief para que este la soltara, pero aun así, prometió que la protegería de la infinita cantidad de agua y las terribles marejadas que tanto miedo sembraban en la niña que crecía lentamente entre sus brazos y se hacía fuerte.

Tan fuerte… que para el próximo Budokai Tenkaichi ya no habría necesidad de participar en las preliminares.

Directamente ella sería la mejor.


Promesas, promesas y malditas promesas.

¿Cuántas veces había prometido protegerla?… ¿cuántas veces había fallado?

Si llevaba la cuenta, una infinidad de veces había prometido hacer cosas que al final no acababa por cumplir y que profundizaban las heridas, esos cortes en el corazón de la niña que tenía sus pechos sobre su torso, sus piernas tentándolo, sus manos provocando toques eléctricos y sus labios provocándolo, aniquilándolo con el placer.

Era el calor insoportable, la necesidad de hallar un alivio inmediato los llevaba a proseguir con aquello que sus cuerpos gritaban y no eran capaces de negarse a proseguir. Tan solo un respiro, tan solo una milésima de espacio separaba sus labios cuyo embriagante aroma hacía prisionero al otro de sus encantos.

La locura, la locura que los apresaba estaba junto a ellos y los empujaba, les susurraba en el oído las palabras más descaradas y vulgares que se pudiesen llegar a conocer e inventar.

Era una sinfonía majestuosa de tinte lujurioso.

De una prohibición sublime.

—No puedo.

¡Le dolía el siquiera articular palabra!, cada que pronunciaba una letra, rozaba sus labios y el contacto se hacía sofocante.

Los ojos estaban entrecerrados, los cuerpos mojados gracias a ella y su zambullida… los labios a tortuosos y escasos milímetros de fusionarse en una explosión de excitación y perdición.

Pero el no debía ceder, si algo de aprecio sentía hacía su familia y amigos no podía hacerlo…

No podía hacerle eso a la niña que el recordaba y amaba con todo su corazón, puesto que ella no pensaba racionalmente y su corazón estaba lleno de ira, dolor y rencor.

Ella no estaba siendo Pan, no era la pequeña que cargaba en brazos y a la que una vez prometió cuidar.

—No lo hagas —susurró seductoramente, de una forma tan descarada y distinta que lo excitó, pero sembró el miedo en el interior. Esa muñeca, esa muchacha ofrecida y sin escrúpulos no era la niña, no era la Pan que él quería. No era ni siquiera la sombra de lo que él quería proteger.

El impulso, las maravillosas sensaciones que experimentaba y la ira, Pan se estaba dejando llevar lentamente por la demencia para confundirse más.

Para que el poder olvidar no se le hiciera más doloroso.

—No, Pan —dijo sabiéndole tan amargo que ni siquiera un barril repleto de azúcar podría quitarle el mal sabor.

La tentación era mucha, se reducía a unos milímetros de tortuosa separación que si suprimía, lo llevaría al mundo de la pasión y el deseo carnal que era tener ese cuerpo a su merced, pero tristemente ofrecido y sin respeto propio.

Con el dolor de su alma la sostuvo por los hombros y movió la cabeza en negación, repitiendo a cada instante que no podía hacerlo.

No podía.

—Algo malo está pasando contigo pequeña, y yo no puedo contribuir a destruirte más de lo que ya lo estas.

Quería que entendiera que ella no estaba siendo honesta, que ese extraño comportamiento no era digno de ella y jamás lo sería, pues absolutamente nada, nada tenía sentido si de Pan venía, al menos ya no.

La pelinegra lo miró con disgusto, de seguro sentía arder su orgullo entre las llamas de su rechazo; pero en lugar de golpearlo, ¡en lugar de actuar como lo habría hecho con anterioridad!

—Lástima —habló con un tono de voz indescifrable al darle la espalda, para luego marcharse a un lugar en la arena donde una toalla roja la esperaba al igual que una pequeña bolsa donde sus cosas se encontraban.

Si hubiese podido caerse de espaldas y darse un golpe en la cabeza, lo habría hecho, por Kamisama que eso era justamente lo que quería hacer.

Romper esa máscara, recuperar su felicidad.

Romper esa máscara, volver a verla sin sentir culpa nunca más.

Romper esa máscara, recuperar a la niña que los Son, los Brief y los demás habían perdido…

—Ah… —suspiró desalentado, incrédulo de que un hombre, un solo hombre fuese capaz de causarle tanto daño a alguien como ella.

Tal vez el tenía algo de culpa, pero se sentía como si fuese el causante de la verdadera infelicidad tras Pan.

Como si para ella, el significase algo más.

"Imposible. Somos amigos, tan solo eso". Pensó haciéndose responsable de esa escena, negando con creces que ella pudiese sentir algo diferente por él.

Él jamás le había dado indicios para que algo naciera en su corazón… al menos lo creía así.

—El que necesita ir donde un psicólogo soy yo, de otra manera, creo que acabaré en la pedofilia* —dijo vislumbrando la provocativa silueta que se bronceaba a orillas del pozo del Oasis como si nada hubiese ocurrido minutos atrás.

Como si supiera que tarde o temprano, él iba a regresar.

Y efectivamente así sería, pero después de una ducha fría.


—¡NO!, ¡no pienso regresar sin ella! —vociferó soltándose del agarre que ella le había brindado para darle algo de paz —. ¡No voy a volver hasta que encuentre a mi sobrina!

La ojiazul, molesta por la brusquedad y el modo hosco con el que la trataba, detuvo su caminar gruñendo como la fiera más temible, a lo que este no le prestó la más mínima atención y siguió su camino.

—¡Por Dios!, Goten piensa en que ya nos alejamos demasiado de la nave espacial y el calor ya empieza a afectarnos… ¡no te das cuenta de que no podemos sentir la presencia de nadie! —bramó envuelta en una incomodidad e ira muy grandes.

Las condiciones eran extremas, mucho peor de lo que ella alguna vez hubiese experimentado, por lo cual sentía desfallecer en medio de la arena y las sofocantes estrellas de fuego que iluminaban y privaban de vida a ese planeta. Era como entrar en un sauna seco y que la temperatura superara los 50 grados Celsius*; en lo que respectaba a su vida llena de lujos, autos deportivos color rosa y joyería fina, jamás le había tocado enfrentarse a algo que no fueran puntas abiertas o un tinte de cabello mal hecho.

Ibmega habría sido un lugar que fácilmente podría haber pasado a ser un gran destino turístico, pero sumado a la experiencia del secuestro extraterrestre y al maltrato tanto físico como psicológico…

"Ni en una granja, ni en un lugar sin cobertura ni internet". Pensó cayendo de rodillas; agotada y sudorosa, como más odiaba sentirse.

Simplemente no estaba hecha para esa clase de vida.

—Te equivocas —le dijo él sin voltear y con el ceño fruncido —. Estamos más cerca de lo que piensas.

Sin embargo, Goten parecía seguir estando bien; apenas transpiraba y seguía en paso firme, serio como pocas veces y notoriamente molesto.

¿Acaso su enojo era lo que lo impulsaba seguir sin importar las quemaduras de los 5 soles y lo seco del ambiente?

Cada segundo era un infierno, tortuoso y prácticamente inhumano.

—Por favor, al menos detente durante un segundo y déjame respirar —pidió con los ojos entrecerrados y la molestia aun expresada en su rostro —. No estoy acostumbrada a todo esto, tengo deseos de golpearte en la cabeza para ayudarte a entender que no tenemos oportunidad de encontrarla solos —el sudor se concentraba en su frente y caía a los lados irritándola aun más —, y tú quieres arriesgarte a morir deshidratado tan solo por algo que carece de gravedad.

—No lo entiendes, me importa un bledo si muero o si acabo con la lengua afuera —habló frunciendo aun más su ceño —, pero no voy a permitir que ande de una forma tan impropia siendo tan joven, ¡es una niña, por Dios!, las niñas no se visten de esa manera ni mucho menos… ella no es como tú, Bra… ¡mi sobrina jamás se pondría algo así!

Ese último comentario, la hizo sentirse insultada y con una muy justa razón: Goten se refería a ella y su forma de vestir como indecorosa y nada propia de una mujer que se respete y respete su cuerpo.

No iba a dejar que hablasen mal de ella y su trabajo, no iba a dejar que la insultasen a ella y a Pan.

—¿Por qué mejor no me dices lo que piensas de frente? —lo retó dispuesta a atacarlo, con cada fibra de su cuerpo tensándose por la rabia que cada segundo acrecentaba —. ¡Anda!, dime lo que piensas o qué, ¿tienes miedo de mirar a una chica inmodesta y ofrecida como tú crees que son todas las que dejan ver un poco más que las que tú NUNCA, te has molestado en conocer?

Las palabras tan ásperas calaron hondo como si le clavaran docenas de agujas. Había hablado demás, no lo había analizado correctamente y sin darse cuenta había insultado a Bra de la forma más estúpida en que podía hacerlo.

—Bra —susurró apretando los puños y deteniendo su andar —, yo no quise decir…

Intentó arreglarlo, pero Bra no se lo permitió.

—Tal vez yo no merezca el premio a la chica más humilde, y es muy probable que muchas envidiosas me hayan catalogado por cosas que no soy —los ojos azules echaban llamas —, ¡pero no soy como lo eran aquellas con las que a mi edad, salías a divertirte!, no… ¡yo me respeto! Podré utilizar la ropa más transparente y podré usar la lencería más provocativa que se me pegue en gana, ¡pero no soy una cualquiera!, ¿me oyes?, ¡NO lo soy! Y aquí al que deben enseñarle a respetar, es a ti.

Se podía oír como el viento silbaba y como ambos se acordaban de sus pecados, admitiendo que, después de todo, tanto el uno como el otro no estaban tan bien como creían en un principio.

La ropa si bien dice mucho de la persona a primera vista, no lo era todo y él lo sabía, pero en el fondo no le agradaba la idea de aceptar ese comportamiento tan moderno, si se pudiera decir. Quisiera o no, no estaba acostumbrado a ver a las mujeres de su familia como él veía a todas aquellas muchachas con las que alguna vez pasó un corto periodo de tiempo en la intimidad de su habitación.

¿Cuántas serían?, ¿acaso no era la ropa que todas ellas llevaban sino, era él quién les faltaba el respeto al desnudarlas con la mirada?

¿Y por qué había metido a Bra en medio de todo esto?

—Castigar a Pan por algo que no tiene la más mínima importancia —dio un paso al frente, sintió como sus piernas temblaban —, si te parece malo el hecho de que ya no es una niña, entonces encolerízate con Kaiosama y reclámale por hacer que el tiempo pase y todo envejezca… —la vista se le nublaba —, enfurécete al ver que ya no tenemos el cuerpo de unas niñas y que muchos hombres posan su mirada sobre nosotras —cayó de rodillas, en su tono más débil dijo solo para ella —, y agradece, grandísimo estúpido… agradece que lo que siento me impida golpearte… agradece que el maldito destino nos quiera hacer ver que debemos estar juntos…

Escuchó el débil tono de su voz quebrarse, incluso fue capaz de percibir como su cansancio empezaba a hacerla víctima de la insolación. Volteó a verla, y la encontró a cortos segundos del suelo arenoso.

—¡Bra! —gritó preocupado; abandonando el enfado por completo y enfocándose en ella al socorrerla, prefiriendo el bienestar de ella a sus egoístas deseos y sobreprotecciones.

Su reacción oportuna salvó a Bra de que su nariz tocase la arena, la alzó en sus brazos, dedicándole unos minutos con su mirada para asegurarse de que no estuviera herida.

—Hm… te prometo que te partiré la cara… si acaso vuelves a criticar mi sentido de la moda —pero sus quejidos lo tranquilizaban, ayudándole a ver que era el calor el causante del problema, ya que incluso con el malestar le hacía reír.

Respiró aliviado, pero contrariado por sus sentimientos. Por un lado se encontraba Bra, quien era víctima de una insolación, que aunque no era severa, sin duda alguna le afectaba ya que los ojos apenas podían estar entreabiertos y su respiración se encontraba en camino a ser entrecortada.

Por alguna razón le dolía más a él que a ella… mucho más a él de lo que pensaba podría dolerle a un simple amigo.

—Resiste un poco más, Bra —le dijo intentando relajarla con su mirada y soplándole en la cara para intentar apaciguar la calentura —. Dentro de poco… volveremos a la nave espacial.

Dirigió su rumbo de regreso, esperando encontrar a Trunks y Giru sin problemas para dejar que Bra descansara y volver a emprender su búsqueda.

Ya no sabía que pensar, estaba casi seguro de que su respuesta con respecto a Pan no estaba completamente bien. Sabía que los años pasaban, que todo cambiaba, que envejecía…

Pero jamás se había puesto a pensar en que a los demás les pasaba lo mismo, en que todos crecían y estaban en constante cambio al igual que él.

Cada vez se entendía menos… cada vez le gustaba algo más de la niña que tenía en frente, pues le decía que no era como todas y eso lo enorgullecía.

Le agradaba conocer a una mujer que fuera una excepción al igual que su amada, Pares.

Si, Pares era diferente, a los ojos de todos era un ángel que encantaba con su tierna mirada e inocencia reflejada en las acciones que para una persona que no fuera rica (como ella) eran cotidianas.

Le gustaba esa ignorancia por parte de su actual novia, pero la perspicacia y el mundo que tenía Bra eran a la vez muy atractivos…

"No, no… lo dejo ella muy claro… ya no tienen el cuerpo de unas niñas, sin embargo, por dentro siguen siendo aquellas diablillas que metían polvo picapica en los cajones de mi ropa interior". Pensó negando con la cabeza y divertido por la situación.

Por unos instantes… estaba considerando a Bra como para algo más que una amistad.

Algo más fuerte que una simple amistad.


El agua le brindaba algo de calma, le transmitía una paz que anhelaba se percibiera en el ambiente para poder relajar la única parte de todo su cuerpo que era prisionera de golpes constantes e imposibles de calmar.

"Siento que mi cabeza va a estallar". Pensó al pasarse una mano por su rostro, el cual estaba frío, mucho más frío que en cualquier otra oportunidad hubiese experimentado. "Aunque…".

Se le vino a la mente otro recuerdo de esos días, uno que ahora sonaba irresistible para que la ropa la cubriera, los cubriera a ambos y que a duras penas se vieran el rostro. Sentía que el frío era su aliado más poderoso y que tan solo éste podría aconsejarlo con mayor sabiduría que cualquier persona, aunque no sabía a ciencia cierta si ya podía catalogarse como un loco, tampoco podía pedirle consejo a nadie más.

No, al menos dentro de esa nave espacial.

—Ah… —suspiró desganado, apoyándose en la pared de baldosas del box de ducha* mientras el agua actuaba como un estimulante en su cerebro. A estas alturas del problema ya no sabía que más hacer para devolverle al mundo a aquella muchacha de orgullo y terquedad imparables… a esa pequeña que el amaba.

El cariño que le profesaba a ella se reflejaba en el interés de hacerla avanzar en lugar de retroceder, de ayudarla a olvidar ya que nadie podía vivir de recuerdos, ni siquiera alguien tan fuerte como Goku podía hacerlo.

"Tal vez es eso lo que no entiendes, pequeña".

Cerró la llave y se quedó inmóvil, disfrutando de sus ya tensos músculos y de la sensación relajante que el agua había dejado en su viaje por cada uno de los rincones de cuerpo. Deseaba poder quedarse allí eternamente para no enfrentarse con ella, sobre todo porque no sabía si su autocontrol sería suficiente para detener una segunda ocasión.

El contacto había sido tan sublime y pecaminoso, tan provocativo que lo que menos quería era hablar con ella.

No quería más que acallarla con su boca sobre la suya.

Tuvo que volver a abrir la llave de agua fría cuando vio que su problema había vuelto a aparecer y se propuso olvidar ese momento, dedicándole unos instantes a quién le había jurado fidelidad y amor por sobre todas las cosas.

—Seguramente ya no se encuentra en su apartamento… será mejor llamarla al celular —analizó al salir de la ducha después de un largo rato. Probablemente ella no se encontraba en casa y a juzgar por la fecha, era evidente que Satán City era ideal para un desfile de modas empezando la primavera en unos pocos días.

Pensó también en su madre, en su padre y en las personas a las que habían dejado en la Tierra, los extrañaba.

—¿Me pregunto qué estarán haciendo? —abrió la puerta del pequeño armario donde reposaban las capsulas que guardaban las pertenencias de cada quién y activando una suya, sacó una maleta gris de dónde sacó un par de bóxers y un short negro.

Al salir del baño descubrió que el clima era el triple pesado de lo que recordaba haber sentido antes de entrar a la ducha. Atribuirle este cambio tan brusco al malestar que Pan le había hecho sentir, no era correcto y en definitivamente todo tenía un nombre y color diferentes.

Cambiándose lo más rápido posible, salió a ver qué había pasado con el aire acondicionado y fue un completo desastre cuando al abrirse la puerta, la silueta que lo infartó minutos antes, estuviera frente a sus ojos haciendo que los recuerdos estimulasen sus sentidos y cada una de las partes que ella había rozado reviviesen ese toque.

Ese desquiciante aroma que se colaba en cada poro de su piel… esas delicadas manos que habían desordenado su cabello lila…

—Pan… —la llamó al no poder ver sus pupilas, un par de gafas oscuras le privaban de saber cómo se sentía con el rechazo de él.

La Son apenas y se inmutó cuando Trunks dijo su nombre. Le dio la espalda y apretó un par de botones que iluminaron una imagen de la nave espacial, más específicamente el mirador, y dicho botones también hicieron de la habitación un lugar más pesado, haciendo que el aire frío de la nave se concentrase (como explicaba la imagen) en el mirador y nada más; se volteó a mirarlo por un leve instante con el semblante serio e ilegible, mas tan solo era para que el silencio la inquietase y el sabor de su rechazo se hiciera más amargo.

No estaba dispuesta a seguir manteniendo la mirada con él, no después de todo lo que había pasado.

—… estás molesta, ¿verdad? —reconoció al sentir su silencio como miles de agujas que laceraban su piel.

Ella simplemente no le contestó, tan solo dio media vuelta en sus talones y se dirigió a la plataforma que la llevaba al mirador, haciendo que Trunks se inquietara, abatiendo su corazón y apretujándolo con odio y rabia…

"… como todo lo que te quisiera decir". Pensó antes de desaparecer por completo y dejar al saiyan con las dudas en un mar de pesares.

Un mar como los de ese día, en los que él le había enseñado a nadar.

Inconscientemente empezó a acercarse a la plataforma, pero antes de que sus dedos pudiesen siquiera tocar el tubo…

—¡Si que pesas!

Volteó para ver de quién se trataba y grande fue su sorpresa cuando vio a Bra con el cabello y ropa desordenada, cubierta de arena y con unos raspones donde la ropa no la cubría, cargando a Goten de sus brazos en las mismas condiciones o peor mientras Giru la ayudaba con los pies.

—Pero, se puede saber ¿qué les paso?

—Nada —respondió la peliazul, arrastrando a un inconsciente Goten por la habitación —. Tan solo que cierto semi-saiyan no tiene ojos y se tropieza con los enormes insectos rojos, que por cierto, te agradezco infinitamente, nos hayas alertado de su existencia. ¡Muchas gracias, grandísimo imbécil!


Ya era tarde, se podría decir que la noche había bañado con su negro color dejando a todo el mundo sin luz natural, dando paso a que la luna fuera lo más llamativo en el cielo.

Su teléfono celular dejó escuchar un tono en particular, un ringtone que era especial para una sola persona y que le avisaba que ya la extrañaban.

"Ya van casi dos meses, al menos te dignaste a ver si no estoy muerta". Pensó molesta al ver que la habían olvidado por tanto tiempo.

—¿Hola? —articuló haciéndose a la indiferente, como la gran actriz que era.

—¿Cómo estas, linda?

Al escuchar el tono apresurado de su voz, su corazón se detuvo dando paso a que su cerebro maquinara la mejor forma de contestarle. Trunks era tan manipulable, era tan frágil como una copa de cristal y aunque no lo pareciera…

—Bien, aunque un poco triste porque mi novio no me llama —era tan débil como una hoja de papel.

Lo lamento, preciosa —dijo excusándose lo mejor que podía a través de la pantalla —. Sé muy bien que te dejé sin tu teléfono celular casi por una semana con el afán de instalarle una aplicación para que pudiéramos tener video-llamadas en mi ausencia, pero…

El silencio inundó la línea de comunicación casi como si uno de los dos lados hubiese cortado la llamada. ¿Sería correcto decirle a Misty que Pan había intentado seducirlo?, ¿sería bueno que ella supiera que él tampoco había hecho mucho para evitar eso?

¿Sería bueno que Misty supiera… que no había pensado en ella desde hacía ya mucho tiempo?

—Estoy esperando una respuesta, Trunks.

Por favor, Misty no te lo tomes tan a pecho… surgieron algunas complicaciones y… —intentó explicarle al notar la ausencia de ese sobrenombre cargado de una cursilería impresionante.

La rubia caminaba de lado a lado impaciente y con una iracunda mirada que soltaba por los caprichos que casi nunca no se le permitían cumplir.

—Mira, Trunks —profirió con la voz en pos de mostrar su frustración, o lo que aparentaba serlo —, no me parece justo que te olvides de que tienes novia y otras responsabilidades, es decir, ¿acaso yo ya no te importo? O ¿es que tienes a otra contigo?

Era tan caótica con cada frase que soltaba, era su forma de castigarlo por no pensar en ella…

Y lo peor era que en las últimas dos preguntas, Trunks se había quedado frío y sin habla…

Eso no es… —tan nervioso que ni siquiera podía decirle que eso no era cierto.

No podía, no podía hacerlo ya que Pan y lo de hace unas horas le decían que nada era como se suponía; todo era confuso, y en definitiva la vida le sabía diferente, tanto que sentía algo muy diferente cuando tenía a ambas frente a frente.

Misty yo… —dijo mientras los nervios le impedían hablarle, le impedían decir con la mirada lo que antes de partir de la Tierra sentía por ella.

Y si no podía hablarle a Misty sintiendo lo mismo que con la pelinegra, todo estaría perdido.

Todo.

—Trunks.

Tras el intercomunicador no se podía percibir a profundidad de la mirada azul o de la verde, pero posaban la vista en los orbes del otro, esperando que uno de ellos dijera algo.

—… —y tan solo la incomodidad seguía.

—Trunks—volvió a nombrarlo.

—… tú tampoco me llamaste.

Eso fue lo más inteligente que pudo decir con tanto caos desordenando su mente, con la rubia y la de cabello negro inundando sus pensamientos.

Con la duda de qué hacer con ellas.

—Ay… bueno, acepto que yo también no he tenido tiempo para llamarte —se quejó sin ya tener cara para ponerse a criticar a su pareja —. Como sea; Trunksi Pooh, te he extrañado mucho. Con todo esto de las pasarelas, el flash de las cámaras y los paparazzi no he hecho otra cosa más que trabajar.

Le trajo paz el escucharla hablar con tanta vanidad y superficialidad, después de todo así era ella, así se había interesado en ella ya que dinero les sobraba a ambos, por lo tanto ella jamás saldría con el por conveniencia.

No, según Trunks eso era amor.

Escucha —habló él con calma y el corazón más tranquilo. Al parecer no todo estaba perdido, al parecer había una solución para todo aquello que lo abrumaba y se empeñaba en dañar su cerebro —, se que no he estado muy al pendiente de ti, Misty pero no quiero que estemos mal, ¿no sé si me entiendes?, pero lo que te trato de decir es que no quiero pelearme con alguien que es muy importante para mí, lo sabes ¿no, Misty?

Las palabras eran capaces de seducir a cualquiera, eran capaces de hacer que las personas cambiasen.

—Lo sé, cielo… lo sé…

Pero lo que él le decía carecía de toda razón.

De todo apego sentimental con su corazón.

La noche había caído dejando un manto de estrellas interminables y deslumbrantes constelaciones que eran parte de un espectáculo sin igual. Era evidente que no podían dejar pasar la oportunidad de salir a gozar de las maravillas que la vida nocturna les ofrecía, y sin pensarlo demasiado, quedaron en verse en la habitación de ella.

Lucía una minifalda negra de tela vaquera, unos tacones rojos y extremadamente altos, todo en combinación de su top rojo y su peinado recogido en un moño de forma muy coqueta.

Era la sensación de la ciudad y de los antros, como siempre lo había sido.

—Señorita Mizuki, tiene visita.

—Si se trata de los paparazzi, dígales que esta noche no habrá sesión de fotografías… —dijo mientras se retocaba el maquillaje y procuraba tapar las imperfecciones que no existían.

—No, en todo caso me ocuparé de que no la molesten el resto de la noche —dijo la voz masculina a través del intercomunicador al lado del espejo —. Se trata de la Señori… perdón, la Señora Son.

No hubo necesidad de indagar el nombre de quien podría ser la mujer que la buscaba, ese tono dulce e infantil que había cambiado el verdadero estado civil de la joven, tan solo podía ser de una princesa de cuento de hadas.

—Hágala pasar.

Un par de minutos pasaron en los que la puerta del ascensor de la lujosa suite se abrió de par en par, dejando ver su figura delgada y marcada en un corto de tela vaquera, un par de botas negras y largas, con una blusa larga y rosa que la cubría un poco más que a su prima.

La amplitud de la habitación dejó anonadada a la visitante, quien con un gesto de sorpresa inspeccionaba todo sin dejar que algo se le pasara desapercibido. Simplemente todo la llenaba de fascinación y curiosidad, en especial las cosas tan extrañas que su prima solía tener en la mesa y en los cajones de su buró.

—Se llama Taco*, creo que es una tortilla con carne y otras cosas, nada del otro mundo; pero no lo recomendaría si lo que quieres es mantener la línea.

Dirigió la mirada hacía la persona que había interrumpido su investigación y con una sonrisa de oreja a oreja se irguió para saludar.

—¡Hola, Misty!

—¿Me puedes explicar qué es eso de Señora Son? —inquirió con la mirada seria y llena de incertidumbre.

—Ah, bueno la verdad es que tuve un sueño maravilloso en el que Goten me pedía matrimonio y… —contaba con los ojos envueltos en un brillo de felicidad incontenible que brotaba como burbujas en el ambiente.

A su edad no era muy apropiado que se comportase como una adolescente, pero lo hacía y eso lo aprovechaban muchas personas.

—Pares, ¿cuántas veces vamos a tener la misma conversación?

En realidad muchas personas.

—Lo lamento, Mis es que no puedo evitarlo; yo sé que ese día no está lejos.

La rubia bufó ante la ingenuidad de su prima menor mientras se encaminaba a su habitación seguida de la castaña que hacía caso omiso a los reclamos de su pariente. Se preguntaba cómo era posible que existiese alguien tan inocente como Pares, y sobre todo como un hombre como Goten se mostraba interesado en su infantil prima.

Tal vez nunca encontraría una respuesta que complementara a las otras incógnitas que tenía con respecto a las relaciones sentimentales de Pares.

—Prima si algo he de saber mejor que tú, es que raro es el hombre guapo y exitoso que quiere sentar cabeza —cizañó envuelta en su reflejo y observando las reacciones de Pares a través del espejo —. Yo no creo que eso vaya a ocurrir entre tú y Son Goten.

—No digas eso, Mis… —dijo angustiada mientras sostenía uno de los animales de peluche que la supermodelo tenía en su cama —, yo sé que Goten me ama así como que nuestro amor es a prueba de todo.

El lápiz labial, las sombras para ojos, el rubor de mejillas eran usados con maestría y una gran habilidad que muchas mujeres desearían a la hora de arreglarse y lucir como lo hacía una de las mujeres más hermosas de la Capital del Oeste.

Sin embargo, las palabras empleadas por la muchacha eran predestinadas para calar hondo en Pares.

—¿Cuántos años ya llevan saliendo? —preguntó revolviéndose las pestañas.

—Mmmm… ya se cumplirán como 6 años desde que somos novios.

—¿Lo ves?, si se quisiera casar contigo ya te lo hubiera pedido hace años —pinchó con sus palabras en el corazón de la dulce joven —. Lo mismo ocurre con Trunksi Pooh, y la verdad ya estoy harta de estarlo esperando…

Pares optó por no decir nada, tan solo se quedó quieta mientras la escuchaba.

—Si quieres que algo suceda debes hacer que pase y no solamente quedarte a esperar —guardó cada una de las brochas y estuches de cosméticos —. Ya son 6 años y no veo que el esperar haga efecto, así que hice lo que tenía que hacer y ahora todo depende de qué es lo que Trunks en realidad quiere.

La castaña parpadeó dos veces y sin esperar mucho preguntó: —Por Kamisama… ¿qué hiciste, Misty?

—Le dije que los años pasan, que es muy probable que algún día nos cansemos el uno del otro.

—Por Dios… ¿y qué te dijo?

La rubia se retiró del espejo y sentándose al lado de su menor:

—Que tenía razón, pero que su amor era tan fuerte que no iba a dejar que eso nos pasara.

—Eso quiere decir que…

Asintió alumbrada con la sola idea de saberse vencedora y de tener aquello que todas las demás deseaban.

—Le dije que lo piense en estos dos meses antes de su cumpleaños… después de todo, eso me dará tiempo de gozar como soltera por un tiempo más.

It will continue in the next chapter

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Bueno… no tengo excusas y como quiero que disfruten lo más pronto posible del capítulo no les respondí los reviews que me llenan de felicidad u_u

Editaré esta nota en la semana para que aclarar dudas, asteriscos, responder comentarios y demás.

Gracias por leer y PERDÓN por el brutal retraso.

Saiyan Girl Heart~