Capítulo 11. ¿Qué nos paso?

¿Qué nos paso, porque nos perdimos?

¿Donde quedo aquello que nos prometimos?

¿Quien se metió entre nosotros?

¿Quién te lleno de primaveras esos ojos?

Que no me saben mentir…

Que no me pueden mentir…

La noche era fresca, tranquila y solitaria. Las estrellas, ahí arriba en el firmamento, titilaban constantes y con intensidad. No había en el cielo nube alguna que las cubriera y tampoco había brisa alguna que las trajera… y sin embargo, Sabaku no Temari no podía evitar sentir el frío que por momentos invadía su cuerpo mientras caminaba por las calles, aferrándose con fuerza a la cálida mano de Shikamaru que en penumbras la guiaba.

Se sentía inquieta, como preocupada. Sudaba, sentía que su respiración era agitada, y por sobre todos sus malestares, estaba aquella opresiva sensación que por momentos se mostraba como un punzante dolor sobre su abdomen… y sin embargo, ella estaba completamente segura de que lo único que necesitaba era descansar.

Era conciente de que había hecho un esfuerzo considerable al salir a buscar a Shikamaru, motivo al cual achacaba aquellos malestares que, se decía a sí misma para tranquilizarse, serían únicamente pasajeros… y probablemente, de no estar tan segura de ello, tal vez se lo habría hecho saber al pelinegro que sabiéndose más cercano a su destino e ignorando las dolencias de la rubia de coletas, de pronto le habló.

-El departamento va a estar hecho un desastre – le previno de antemano el muchacho, con ansiedad casi palpable en su voz. - ¿Estás segura que no prefieres que vayamos al tuyo? No está demasiado lejos… – trató de persuadirla de nueva cuenta él, y sin embargo la ojiverde, estrechando con un poco más de fuerza la mano del moreno se mantuvo firme en su posición.

-Iremos a tu casa… hace mucho que no duermes ahí – se justificó de nueva cuenta ella, con el vivo recuerdo de haber dejado a Kiba en el departamento que hasta entonces había sido su hogar…

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La sala se mantenía en penumbras, y la única luz que iluminaba su interior era la de la cocina, en donde se escuchaba el silbido típico de una tetera que indicaba que el agua estaba lista… y maldiciendo mentalmente, el más joven de los Inuzuka, ligeramente desorientado, parpadeó en repetidas ocasiones, tratando de ésta manera enfocar mejor su vista…

-¿Temari…?- preguntó de forma automática, al tiempo que se incorporaba en el sillón y se llevaba una mano a la cabeza, y sin embargo, nada más aparecer la muchacha en el umbral de la cocina, el castaño se dio cuenta de su error.

-Trata de no levantarte todavía o podrías marearte – la escuchó hablar con tranquilidad, y asintiendo con un suave movimiento de cabeza, el muchacho cerro los ojos y suspiró.

Sentía que todo a su alrededor daba vueltas, y además no recordaba qué era lo que estaba haciendo Ino ahí…o al menos, no lo había sabido hasta el momento en que, al tratar de recordarlo, a su mente llegó como si se tratara de un sueño lejano el recuerdo de una convaleciente Temari saliendo por la puerta principal de aquella casa…y abriendo abruptamente los ojos y sin importarle lo mal que se sentía, el de ojos chocolate de inmediato se incorporó y casi gritó.

-¿Dónde está Temari?- dijo sin demora alguna, mientras avanzaba a traspiés por la reducida estancia en un intento de encontrar por ahí a su amada. Y la Yamanaka, apresurándose a dejar la tasa de té que le llevaba en algún mueble que de camino se le atravesara, corrió hacia él para tratar en vano de detenerlo.

-Kiba, Kiba por favor siéntate, acabas de despertar y tanto movimiento no te hará ningún bien – trató ella de hacerlo desistir, y sin embargo el muchacho, desesperado y con el corazón agitado no cedió ni detuvo sus pasos.

-Temari no se sentía bien, tenía fiebre – le dijo, tratando con ello de que su acompañante comprendiera la gravedad de la situación, y no obstante ella también insistió.

-Kiba por favor para ya – le pidió suplicante la platinada. - ¡Ella no está aquí, se fue con Shikamaru y no tiene caso que sigas buscándola en la casa! – gritó finalmente, casi desesperada al notar que el ninja se disponía a subir a costa de lo que fuera aquellas escaleras… y nada más ella pronunciar aquellas palabras, el corazón del Inuzuka se vio sometido a una intensa opresión que en el instante mismo lo detuvo…

-¿Con Shikamaru…? ¿Por qué iba ella a hacer eso? – cuestionó incrédulo el muchacho, volteando lentamente para verla directamente a la cara, específicamente a ese par de ojos azul celeste que lo miraban expresando pena…

-Por favor Kiba, ¿qué no es obvio? – preguntó ella a su vez, esperando que el moreno rápidamente comprendiera, y sin embargo él se mantuvo en silencio esperando su respuesta, obligándola de esta manera a hablar aún cuando sabía perfectamente bien que la explicación no eran algo que le correspondiera decir…

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-Bienvenida a casa – dijo tranquilamente Shikamaru, encendiendo tranquilamente una sola de las luces antes de voltear a ver a su compañera, que tal y como el muchacho había considerado, no se lanzó de inmediato hasta sus brazos… aunque para su desconcierto, ni siquiera le dirigió una sola mirada mientras entraba.

-Está hecho un asco- susurró Temari, pasando de largo junto al muchacho y deteniéndose en mitad de la polvorienta estancia, deliberadamente dándole la espalda al Nara, que deseando poder estrecharla de nuevo entre sus brazos, cerró la puerta y le respondió.

-No digas que no te lo advertí - le dijo, comenzando a acortar la distancia entre ellos, dispuesto a abrazarla cálidamente por la espalda y sentir su calidez entre los brazos…y sin embargo, en cuanto ella giró ligeramente su cabeza para poder mirarlo por sobre el hombro, por primera vez en aquella noche, Shikamaru pudo ver con mayor claridad el rostro de la de ojos verdes, y su desconcierto fue tanto, que se detuvo en el acto e interrumpió lo que fuera que ella iba a decir.- Mujer ¿te sientes bien?- cuestionó de inmediato el muchacho, irremediablemente preocupado por la apariencia pálida, cansada y casi enferma de su rubia, que aún viéndose descubierta, se empeñó en aparentar un bienestar que de ninguna manera sentía.

-Tuve un día bastante ajetreado… sólo necesito descansar un poco – le dijo ella, desviando de nuevo su mirada y tratando de suprimir cualquier muestra de dolor en su rostro, aunque sintiéndose al mismo tiempo sudando frío, y fingiendo todavía ignorar el dolor agudo que desde antes de entrar a la casa le había estado acosando… y sintiéndose ligeramente culpable, Shikamaru suspiró y le tendió una de sus manos.

-Vamos, te llevaré a casa –sugirió él, consiente de que tenerla en un lugar tan sucio y lleno de polvo no era precisamente lo mejor para ella… que sin embargo, contrario a todo lo que aparentaba, exclamó un severo y casi desesperado ¡no!, que alertó de inmediato a la aún aletargada mente de Shikamaru, que incluso bajo los efectos del alcohol, pudo darse cuenta de que ella algo le estaba ocultando…

-No, no es necesario – insistió la rubia de ojos verdes, tragando saliva con dificultad y apretando con fuerza los puños de sus manos, mientras se enfrentaba a la repentinamente desconfiada mirada del Nara, que entrecerrando ligeramente los ojos parecía evaluarla…

–Temari ¿Qué esta pasando?- exigió saber el muchacho, bajando la mano que recién le había tendido, y fijándose con mayor atención en el comportamiento de la muchacha, percibiendo entonces su respiración notablemente agitada, el sudor que le recorría la frente y por sobre todo, la mano que inconcientemente mantenía aferrada con fuerza sobre su abdomen…

-Sólo estoy cansada, no me pasa nada – insistió en un susurro ahogado, a causa del lacerante dolor que de súbito, con el grito que había dado, le pareció que se incrementó.

-Estás muy pálida, ¿estás segura que te encuentras bien? – repitió su pregunta, seguro de que ella le estaba mintiendo. Y ella, temblando involuntariamente a causa del dolor, y sintiendo la desagradable sensación de que un líquido caliente bajando por sus piernas, conciente de que no iba a poder ocultárselo más, finalmente le respondió en voz baja.

-Estoy embarazada Shikamaru… yo… - y sin poder completar aquella frase, de súbito, Temari se desmayó y cayó al suelo, sangrando, sin que un aturdido e incrédulo Shikamaru pudiera siquiera tratar de evitarlo…

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Parpadeando un par de ocasiones, y tallándose incluso un poco los ojos, Tenten no estaba segura de lo que sus ojos le estaban mostrando.

De alguna manera, aquello tenia que ser una ilusión… incluso tal vez se tratara de un sueño… porque, en realidad, no creía que ese que se había presentado de pronto en su casa a aquellas horas de la madrugada, sucio, ojeroso y exhausto, fuera de verdad Sabaku no Kankuro…

Y sin embargo, al escuchar su voz, hablándole con un suave susurro, saludándole con un casi tierno hola, su corazón, sintiéndose fuertemente estrujado, le hizo saber que aquella presencia era real y no un sueño como ella había estado pensando…

-¿Qué estas haciendo aquí? - pregunto ella, haciendo un esfuerzo por mantenerse tranquila.

Lo había visto partir hacía semanas de vuelta a su natal Suna, dejándola a ella ahí con la promesa de regresar pronto y poder estar de nuevo con ella… y aunque Tenten había dudado de la validez de sus palabras, incluso cuando se había dicho a si misma que con toda seguridad no iba a volver a verlo, al mismo tiempo también había estado esperando ansiosa por su regreso…

Y Kankuro, sin apenas moverse, le respondió también muy tranquilo.

-Te extrañaba – le dijo el marionetista, esbozando una pequeña sonrisa en sus labios provocada por el sólo hecho de volver a verla frente a él, y que sin embargo, la maestra de armas no imitó, manteniéndose completamente seria al responder…

-Pensé que no volverías – dijo ella, queriendo mantenerse indiferente, fingiéndose poco entusiasmada, y el castaño, con las manos en el interior de los bolsillos, avanzó un par de pasos más hacia la puerta, deteniéndose en el umbral sin dejar de mirarla a la cara, sintiéndose divertido ante aquella actitud que Tenten estaba tomando, siguiéndole el juego y dejándola hacerse del rogar…

-Me encomendaron una misión en Konoha y me quedaré unos días – respondió él, emanando toda aquella seguridad que poseía mientras hablaba, y la castaña, con el corazón latiéndole cada vez mas acelerado, bajó la mirada un par de segundos antes de volver a enfrentarlo, aunque esta vez no pudo contener más aquella sonrisilla que se le dibujó en los labios…

-¿Tu hermana ya sabe que estas aquí?- le preguntó, demostrándole con una sola mirada que el juego de la indiferencia había terminado, y él con un suave movimiento lo negó.

-Tu eres más importante – le dijo, y ella, haciéndose a un lado, le dejó pasar al departamento en completo silencio…

Y sin embargo, nada más cruzar el shinobi el umbral de la puerta, la experta en armas reclamó sus labios mientras se lanzaba a sus brazos y se dejaba estrechar intensamente contra el fornido pecho masculino, demostrándole lo feliz y en paz que se sentía, de tenerlo de nuevo ahí a su lado…

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Caminando con paso firme pero no apresurado, Kiba caminaba por las oscuras y desiertas calles de Konoha en dirección al departamento de Shikamaru.

Quería matarlo, golpearlo y dejarlo completamente fracturado por haberse atrevido a intervenir entre él y la madre de su hijo… y sin embargo, las palabras que minutos antes habían sido pronunciadas por Ino retumban fuerte y claro en su cabeza, obligándolo a pensar en lo que debería hacer en lugar de actuar de forma irracional…

-Ella no te quiere Kiba, salió contigo por despecho sólo para tratar de olvidarlo…

Aquellas habían sido las palabras que la platinada con tanta seguridad había pronunciado. Palabras juradas, duras, crueles, reales… y que sin embargo él se negaba a creer. No, de ninguna manera las iba a creer.

Después de todo, Temari se había entregado a él muchas veces, habían pasado tantas cosas juntos que se le hacía imposible que aquello fuera cierto… y sin embargo él mismo había visto con sus propios ojos como prácticamente la kunoichi de Suna había salido corriendo a buscar a Shikamaru, sin aparentemente importarle su delicado estado de salud…

Francamente, Kiba no entendía que estaba pasando, sobre todo dadas aquellas irregularidades… y a decir verdad, para él le era mucho más fácil creer que la Yamanaka había manipulado su visión y había llenado su mente con imágenes falsas, con esos recuerdos que desde donde lo viera, parecían ser simplemente un juego, algo falso… y sin embargo, al encontrarse ya a unos pasos del departamento del Nara, y percibir con gran facilidad el inconfundible olor de Temari mezclado con el de Shikamaru, su teoría, al igual que su falsa tranquilidad se fueron por el caño…

-Ese cabrón… - maldijo, apretando con furia sus puños y avanzando ahora sí con pasos rápidos hacia la casa, entrando a ella sin siquiera tomarse la molestia de llamar, y deteniéndose en el mismo umbral al notar la mirada preocupada… no, más bien alterada de Shikamaru, que hincado en el suelo y con Temari entre sus brazos, lo miró y susurró algo que a Kiba le estrujó el corazón…

-Está sangrando… hay que llevarla pronto hasta el hospital… - lo escuchó hablar, y arrebatándosela de los brazos, el Inuzuka salió a toda prisa de aquella casa, y echó a correr con ella sin siquiera tomarse la molestia de esperarlo.

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Sin pronunciar ninguno una sola palabra, y mucho menos sin dejar de besarse, Tenten guió sin mayor demora a Kankuro directo a la cama.

Aunque no estuviera en ningún momento dispuesta a decirle directamente a la cara que ella también lo había estado extrañando, en aquellos momentos no le importaba que sus acciones le estuvieran demostrando que no solo lo extrañaba, sino que también lo necesitaba…

Porque sí, lo necesitaba. Y no solo los besos y las caricias que en aquellos momentos con tanto ahínco él le estaba proporcionando. No.

Más allá del placer carnal y el mutuo deseo que en ese instante ambos se morían por saciar, durante aquella breve o infinita ausencia en la que el shinobi se había visto alejado de la muchacha, ella, la orgullosa e independiente Tenten, repentinamente se había descubierto a sí misma no sólo pensando cómo iba a actuar en caso de que el marionetista regresara, sino que además, se había encontrado en repetidas ocasiones esperándolo frente a las grandes puertas de la aldea, pensando en lo mucho que le habría gustado el poder recibirlo con una gran sonrisa, dispuesta a gozar de nuevo de su presencia, de sus atenciones, de sus charlas, jugando otro poco aquel juego del tira y afloja en el que ella primero se hacía del rogar para después, justo cuando él parecía iba a darse por vencido, poder ella recompensarlo con un intenso y ardiente besos que los dejaban a ambos sin aliento… y que en comparación con los de ahora, parecían ser unos simples, castos y puros besos.

-Tenten…- balbuceó de pronto Kankuro, sintiendo junto a sus piernas el borde de la cama.

-¿Qué?- preguntó en un susurro la maestra de armas, mordiéndole inmediatamente los labios, pensando en la manera más rápida de poder arrancarle la ropa al muchacho, y poder sentir aquel masculino cuerpo desnudo contra el suyo.

-Es… espera un poco…- le pidió él, a pesar de no hacer absolutamente nada por detenerla…

-¿Esperar…? – preguntó ella, deteniéndose apenas unos segundos para mirarlo a los ojos. – No Kakuro, ya hemos esperado demasiado – le dijo, y aunque el castaño estuvo a punto de abrir la boca para decir algo, al verla despojarse de la parte superior de su pijama, las palabras simplemente no brotaron… - ahora acuéstate, y pórtate bien… - le dijo, y empujándolo, lo hizo caer sobre la cama y sin esperar nada se posicionó sobre él, sentándose sobre su vientre, escuchándolo exclamar una especie de gruñido que le atribuyó a la excitación.

Después de todo, no era la primera vez que llegaban a tal punto de excitación… aunque claro, tampoco era como para decir que ya eran todos unos expertos. Si acaso, lo habían hecho en algunas ocasiones antes de que él se marchara y sólo en la última él la había penetrado…

-Descuida, seré gentil contigo…- le susurró en broma ella, atenta a su expresión que en el instante preciso en que, al introducir ella sus manos bajo la ropa del muchacho, más precisamente al rozarle el abdomen, más que de excitación le pareció de auténtico dolor… -¿Estas bien?- preguntó ligeramente confundida, sacando de inmediato las manos, y él, jadeando, asintió.

-Si, no es nada- dijo él, queriendo no darle importancia… y sin embargo, Tenten dudo… así que, levantándole la ropa con cuidado, pronto se dio cuenta de que el de Suna no estaba tan bien como el decía…

-¡Kakuro tienes el abdomen morado!- le dijo alarmada, y antes de que el muchacho pudiera decir más nada, levantándose de la cama, lo obligó a darle la espalda, en donde pudo fácilmente notar más golpes que no le gustaron… - hay que llevarte al hospital – anunció finalmente ella, tomando su pijama del piso.

Y aunque el muchacho quiso renegar, a ella no le importó, por lo que tras ponerse rápidamente la ropa, prácticamente lo arrastró al exterior…

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Caminando de un lado a otro del pasillo, Kiba no conseguía tranquilizarse. Estaba preocupado, casi aterrado… y la presencia de Shikamaru, ahí sentado, no lo estaba ayudando a nada.

Quería sacarlo de ahí a patadas, llevarlo arrastrando hasta afuera y molerlo a golpes por haber lastimado a Temari… porque aunque el estratega ya le había jurado que nunca haría nada para lastimarla, sabía en el fondo que el Nara era el único culpable de que su amada estuviera en ese instante mismo internada…

-¿Podrías dejar de moverte?- pidió de pronto el pelinegro, consiguiendo en el acto que el moreno le mirara fulminante.

-¿Podrías largarte? – respondió, sin poder contener la frustración en su voz, y tras un par de segundos en silencio, mientras los dos intercambiaban miradas, el Nara respondió.

-Ninguno de los dos puede hacer nada, no sabemos que tiene, y sólo podemos esperar – le dijo, y justo cuando el Inuzuka se disponía a discutir con él, la luz roja del quirófano se apagó y la puerta se abrió dándole paso a Tsunade sama, que miró a sus dos ninjas de forma alternada.

-Temari quiere verte – indicó la Hokage, mirando al castaño, que aliviado, corrió a ver a su amada… y Shikamaru, poniéndose de pie, se enfrentó a la mirada de la mujer, que suspiró con pesar.

-Tú vendrás conmigo: me parece que tenemos mucho de que hablar…


Y por fin, después de meses y meses tratando de terminar satisfactoriamente este capitulo, puedo decir orgullosamente que lo he terminado… y lo mejor de todo, es que me ha gustado como ha quedado! A ustedes mis fieles lectoras, ¿qué les pareció...? espero de todo corazón que la espera a la que los sometí haya valido la pena y me lo dejen saber por medio de un review.

Y hablando de reviews, quiero agradecer enorme e infinitamente a quienes se tomaron la molestia de dejarme sus comentarios en el capitulo pasado, {Natzu, Titxu, Lady Amaltea, Nonahere}, a ustedes les dedico este capitulo que me costó tanto trabajo escribir!

Y bueno, ya sin nada más que agregar, espero poder traerles los capitulos siguientes en el menor tiempo posible, gracias por leerme y no olviden dejarme reviews!

Besitos, bye bye! nOn