Inalcanzable
Capítulo 11: Isaack
POV Milo
Su sangre se detuvo, él estaba cubierto por ella, al igual que mis brazos, manos, el suelo de mi templo, pero ya no sangraba, se detuvo, no… yo lo detuve.
Él se alejó de mí y lo supe, no tenía que dejarlo ir, ese joven rubio tenía un aura de muerte, él traía la peor de las tragedias.
Lo vi caminar hacia adelante, seguir con su camino, quise evitar que avanzara, quería ir tras él, pero mi cuerpo no respondía, mis rodillas no se levantaban, seguía agazapada en el mismo lugar. Quise gritarle que se detuviera, pero sin importar cuanto lo hiciera en mi mente mis labios no se movían. Tuve miedo, todo a mi alrededor se volvió borroso, frío, la sangre ya no estaba debajo de mí, había algo más, era brillante, resbaloso y helado, una fina capa de hielo cubría todo el piso, un aire igual de frío dibujaba mi respiración.
Miré a mi lado y lo vi, era el mismo joven que se había ido, estaba ahí, a mi lado, en el suelo, completamente congelado, su cuerpo sin vida estaba blanco y su pelo lleno de escarcha. Ya había visto algo así, dos aprendices habían muerto de esa manera en el pasado, cuando yo era niña, congelados por una técnica proveniente de un maestro de los hielos, solo conocía a una persona capaz de hacerlo.
Miré en la otra dirección y mi corazón se encogió. Ahí estaba él, Camus, mi Camus, en un estado similar al del joven rubio, más pálido de lo normal, pero igual de carente de vida, estaba congelado… Camus estaba muerto.
"¡Camus!"
Los latidos de mi corazón estaban enloquecidos, el cuerpo me temblaba por completo. Me tomó unos segundos darme cuenta de que había sido una pesadilla, una horrible y muy real pesadilla. Yo no estaba en mi templo, ni en Acuario, estaba en una cabaña en Siberia, recostada en una amplia cama, tapada en pieles, completamente sola.
Miré a mi alrededor buscando a alguien, Camus no tardó en aparecer apresurado por la puerta, lo que me confirmo como cierta mi sospecha de que había gritado al despertar.
"¿Estás bien? ¿Te duele algo?" Me preguntó acelerado, subiendo una rodilla a la cama para sentarse más cerca de mí. Sus manos tomaron mi rostro y yo, abrumada por lo que había visto, solo atiné a besarlo.
Camus me apartó con brusquedad, y tarde advertí que no había entrado solo.
"Isaack, regresa a tu lectura"
"¡Sí maestro!" La mirada del niño, en el umbral de la puerta, era inquisitiva, pero no vi gran sorpresa en ella, el peliverde solo obedeció y se retiró tan silencioso como había llegado, y la mirada de Camus me atacó de inmediato.
"Lo siento, fue… estaba adormilada aún"
Él suspiró mientras agachaba la cabeza y la sacudía, despidiéndose de lo que fuera que me iba a decir al respecto.
"Entonces, ¿Estás bien? Tu grito fue… espeluznante"
Sí, mi pesadilla lo había sido también.
"Solo fue un mal sueño, grité dormida"
Camus pareció conforme con esa respuesta, pues no preguntó nada más.
Me froté los ojos y miré alrededor, recordando bien el lugar donde estaba, con todo lo ocurrido el día anterior no había prestado suficiente atención, recién notaba las maderas agrietadas, las vigas del techo que sostenían el mismo y lo cruzaban de un extremo a otro, el placar de 3 puertas sin barnizar ni pintar en frente mío, y la ventana tapada con una gruesa tela que colgaba sobre ella, posiblemente para evitar la entrada de aire helado, dudaba que hubiera sol afuera.
Luego miré hacia abajo, donde estaba antes el colchón en el que Camus pasó la noche, recordé que yo había bajado ahí, pero no recordaba nada más ¿Dormí toda la noche en el piso y luego él me regresó a la cama? ¿O lo hizo ni bien me dormí?
"Esta cabaña la construyó mi maestro" Interrumpió mis pensamientos Camus, quizás notando como examinaba todo. "Cuando me trajo a entrenar aquí, nos hospedábamos en el pueblo mientras la construcción avanzaba"
Supuse que con eso trataba de disculparse por la apariencia tan precaria del lugar.
"¿Quiénes son Arthur y Helena?" La noche anterior no me había dado muchos detalles ni yo se los había pedido, pero quería aprovechar que estuviera de nuevo comunicativo "¿Amigos de tu maestro?"
"No exactamente, más bien amigos del santuario" Tomó una de las pieles que estaba a los pies de la cama y la pasó sobre mis hombros, no supe que estaba con frío hasta que la sentí sobre la piel. "Son descendientes de un santo dorado, Ikar de Tauro, fue el bisabuelo de Arthur, cuando se retiró con el dinero de los tributos compró una propiedad aquí para construir, invirtió en la maderera que generó puestos de trabajo y mejoró la calidad de vida de las personas del pueblo, y naturalmente tuvo familia también"
Como era de esperarse, no todo el mundo vivía en la ignorancia respecto a nuestra existencia, la vida de un santo no siempre acababa en una muerte honorífica, durante los períodos de paz muchos tuvieron la opción de dejar un sucesor, retirarse, casarse, formar una familia, y esa familia muchas veces conoció su procedencia y guardó una tradición de servicio al santuario, lugar de donde provenían sus padres, de hecho varias colonias de entrenamientos eran en sitios donde familias como la que acababa de conocer colaboraban con alojamiento, mano de obra y recursos.
"Eso lo explica" Camus me miró interrogante "Porque ese hombre es tan enorme…" Mi comentario le sacó una pequeña sonrisa.
"Yo lo conocí de niño, mi impresión fue mayor"
"Y qué idea la de su pariente, le dan el dinero del templo de Tauro para hacer su vida… ¿Y se viene a vivir a Siberia? ¿No sabía de lugares como el Caribe, Miami… un campo de concentración?"
"Pues particularmente le estoy agradecido, de no ser por sus raíces probablemente yo hubiera acabado entrenando en la Antártida, como lo hizo mi maestro, completamente aislado del mundo en un iglú, para mí… Siberia es el Caribe"
Fue mi turno de sonreír, extrañaba poder hablar de esa manera con Camus, extrañaba hablarle de hecho, y estaba dándome cuenta que por primera vez en semanas… no había secretos entre nosotros, la horrible ansiedad no estaba, el miedo a ser descubierta, nuevamente éramos él y yo.
Emocionada por esos pensamientos fue que acaricié su mejilla, llevando parte de su cabello tras las oreja y volví a besarlo. Sus brazos me envolvieron con suavidad, y disfruté de un beso delicado, tierno pero apasionado, sentir su respiración sobre la mía, nuestros labios rosarse.
Cuando el contacto terminó me sentí más que conforme, había sido perfecto, yo sonreía, pero la repentina seriedad que adoptó Camus me puso a la defensiva.
"¿Qué?" Pregunté.
Él miró detrás suyo y fue a cerrar la puerta de la alcoba, regresando luego a sentarse de nuevo en la cama, pero esta vez cerca de los pies, la repentina distancia fue el augurio de que no me gustaría que lo diría a continuación.
"Hoy visité a Arthur por la mañana"
Ósea que ya no era la mañana, ¿Cuánto había dormido? Y tan profundo, no recordaba sentir a ninguno de los dos levantarse o salir de la alcoba.
"Le expliqué la situación, él tiene contactos, nos ayudará a encontrar un buen hogar para el bebé"
Sus palabras me generaron emociones encontradas, debía estar feliz de que pudiéramos seguir adelante con mi embarazo, pero aun así saber en qué acabaría me generaba una profunda e irracional tristeza.
"Entiendo" Me costó encontrar palabras para responderle, no quería que notara mi desanimo, pero a juzgar por la manera en que me miraba ya lo había hecho y tal vez lo esperaba. "Pensé que ellos querían tener hijos… o era sarcasmos y no lo entendí"
Repentinamente recordé el comentario sobre Isaack, había estado demasiado triste y desconcertada el día anterior, pero los recuerdos me iban regresando.
"No quiero que sea en ésta región, irá a la ciudad, es lo mejor"
¿Lo mejor? ¿La ciudad? Si iba a pasar por el horrible clima de Rusia porque no hacerlo en un pueblo, con menor inseguridad, personas conocidas y con su padre biológico a unos kilómetros.
Ese último pensamiento aclaró mis ideas, era lo mejor… Para Camus.
"¿No lo quieres cerca?" Pregunté dolida, quería pensar que hacia esto por más que deber, no quería ni pensar que el bebé era una carga para él, más allá de las grandes dificultades.
"Milo, ¿Le querrías cerca tú?"
Esa pregunta me pareció ofensiva.
"Claro que sí… Es mi hijo"
"¿En serio?" Su tono fue sarcástico "Querrías tener en el santuario a nuestro hijo, para verlo cada día siendo criado por otra mujer como hijo propio, sabiendo que no puedes decirle la verdad, de que ya no tienes derecho ni lugar sobre su vida ¿Eso es lo querrías para ti? Porque lo siento, no soy tan noble"
No, yo tampoco lo era. No había pensado en todo tan claramente, pero cuando se trataba de ser razonable Camus siempre iba un paso adelante.
"Tienes razón"
En otro contexto, él hubiera celebrado esa respuesta, pero en esa ocasión solo asintió, tampoco le hacía feliz el tema.
"Milo… Debemos hacer lo correcto, somos santos de Athena antes que nada y nos debemos a ella y todos, lo que incluye a nuestro hijo, en el fondo siempre lo será, pero no podemos conservarlo, ¿Tú lo entiendes?"
"Sí, Camus" Y regresaba el nudo en el estómago. 'Nuestro hijo'
"Esto tampoco es fácil para mí, pero en todo momento debemos recordar que todo pudo ser peor"
Eso no lo olvidaba ni un por segundo.
"Lo sé, lo sé, lo sabía sin que lo dijeras Camus, no es como si pensara poner una cuna en Escorpio" Respondí ya malhumorada por la insistencia.
"Milo, solo trato de que vayas pensando en ello… y que no olvides nuestro deber en el camino"
"¿Puedo disfrutar mi embarazo al menos?" Inquirí para cortar el tema.
"Sí, claro"
"¿Y puedo disfrutar de que estemos juntos?" Cambié mi tono al salirme de las colchas para gatear por la cama hasta donde él estaba sentado "De que vamos a estar durmiendo juntos durante meses, en medio de la nada, sin soldados o santos por ahí" Apoyé mi mano en su pierna y Camus se puso de pie como impulsado por un resorte.
"Ese es otro asunto que debemos discutir, no estamos solos aquí, tengo a Isaack"
"¿No te preocupabas porque mis doncellas te vieran entrando a mi cuarto y te preocupa él?" Me senté sobre mis talones y con las manos en la cintura, viéndolo interrogante.
"Ellas no eran mis alumnas, Milo"
"Vamos Camus" Bajé de la cama siguiéndolo, sin intenciones de dejarle ganar esa discusión, no quería pensar en lo que pasaría más adelante, bastaba cada día con su propio mal, quería disfrutar del cumplimiento de uno de mis más repetidos deseos, Camus y yo estábamos viviendo juntos por primera vez.
Me le colgué del cuello y me pegué a su cuerpo, mientras evaluaba el efecto de mis actos observándolo desde cerca, mi sonrisa era bastante suficiente.
"Milo… Te prometo que… encontraremos la forma, pero no será en ésta cama ni con uno de mis alumnos estudiando del otro lado"
Era un comienzo, le di un corto beso y lo dejé ir.
"¿Cómo resolverás el tema de la cama?" Pregunté regresando a la misma, no estaba lo suficientemente vestida para estar afuera, mi cuerpo se helaba.
"Pronto tendré otro alumno, creo que me mudaré al sillón frente al hogar y tendrás a los niños contigo"
Odie cada una de esas palabras, para empezar el compartir una cama y habitación no con uno sino dos niños.
"¿No sería mejor idea dejar a los niños en la sala y nosotros nos quedamos con la habitación?"
"Milo…"
"¡Esta bien! Les damos la habitación y nos vamos a la sala"
"Ni siquiera me molestaré en explicarte porqué eso no va a pasar"
Por supuesto que no era necesario, Camus no quería que sus alumnos supieran que pasaba la noche con una mujer, por un lado podía entender su deseo de no darles un mal ejemplo o cuidar su imagen, por el otro… mi maestro pasó muy pocas noches sin compañía femenina y eso no me había traumado en lo absoluto… aunque si quitado el sueño varias veces o generado que odiara a esas malditas perras…
"En fin, ¿Qué haremos hoy?"
"Tú te quedarás aquí, calentita y cómoda" Remarcó sus palabras volviendo a colocarme una de las pieles sobre los hombros. "Mientras te traeré algo para desayunar"
"¿Y ustedes?"
"Ya desayunamos hace horas"
"Pero… ¿Qué van a hacer?"
"Entrenar un poco, ha parado de nevar"
Fruncí el ceño entendiendo cuales eran sus planes.
"Camus… no estoy minusválida"
Él arqueó sus cejas, pero no de sorpresa, era más bien un poco de molestia, seguramente ya anticipaba mi negativa.
"Es verdad… pero tu salud no ha sido la mejor estás últimas semanas"
"Eso es normal en todo embarazo"
En realidad no tenía ninguna idea al respecto, nunca había convivido con una mujer en cinta ni se me instruyó mucho en el asunto, todo lo ligado a la sexualidad parecía darle a mi maestro jaqueca, claro que si se trataba de mí, no tenía ningún problema con la suya.
"¿En serio?" Volvió a tomar la palabra Camus "¿Cuántas amazonas embarazadas conoces?"
"Lo dices como si fuéramos de otra especie, somos mujeres ¿Sabes?"
Él no estaba convencido y dudaba que esa actitud cambiara, empezaba a imaginar que no pensaba facilitarme las cosas esos meses, de repente Camus estaba más preocupado que yo.
"Escucha, descansa hasta el almuerzo, y por la tarde te nos unes"
Estaba negociando, normalmente no hubiera accedido, pero estábamos reconciliándonos y me había negado a permanecer en la aldea obligándolo a pasar la noche en el suelo, le debía eso al menos.
Asentí en silencio y volví a acomodarme en la cama mientras él salía.
El desayuno quedó olvidado en una bandeja de madera a los pies de la cama, ni siquiera supe en que momento volví a dormirme, no tenía la intención de hacerlo, pero desperté para el mencionado almuerzo.
Malhumorada por mi conducta y poco dominio propio, salí de la cama y me coloqué unas calzas negras y una camiseta manga larga, para ir rumbo a la cocina, la sala estaba fría, aún que mejoraba cerca del ardiente hogar a leña, la pequeña cocina estaba mucho más agradable, probablemente por el horno que estaba funcionando en un espacio tan reducido.
Tal como me indicaban los ruidos que escuché desde la pieza, Isaack y Camus se encontraban ahí, mi amigo removía una hoya sobre el fuego mientras su alumno colocaba la vajilla sobre la mesa.
El niño ni bien entré detuvo sus tareas para dedicarme una formal reverencia.
"Buenos días señorita Milo" Al parecer ya se había olvidado de mis palabras la noche anterior o quizás decidió no permitirse tutearme, me pareció mejor dejárselo pasar.
"Buenos días Isaack"
Camus no había volteado a verme, pero seguramente sabía que me acercaba desde que abrí la puerta de la alcoba, a un santo dorado no se le sorprende tan fácilmente.
"¿Cocinas?" Me sentí más que perpleja por esa cuadro, jamás lo hubiera imagino, por lógico que sonara, en los campos de entrenamiento no había sirvientes disponibles, y el aprendiz de mi amigo era demasiado joven para encargarlo de esa tarea, pero no por eso me resultaba menos extraño.
"¿No me crees capaz de cocinar?"
"Francamente no"
Él se giró para verme.
"Pues estas en lo cierto" Volvió a remover la hoya mientras yo me acercaba para ver que es lo que olía tan bien "Ve pasándome los platos Isaack"
"Sí maestro"
Dentro de la hoya había algo parecido a una salsa, rojizo, con cosas que flotaban, no coincidía con las deliciosas imágenes que había en mi mente hace unos segundos.
"¿Qué es eso?"
"Borsch, una sopa tradicional Rusa"
"¿Sopa? ¿Y por qué ese color?"
"Es a base de raíces de remolacha"
Y ahí iban mis ganas de comer.
"Quita esa cara, ni siquiera lo has probado aún" Me reprendió mientras iba cargando uno de los platos con un cucharon.
"Pero ya me has dado demasiada información… ¿Qué son los trocitos que flotan?"
"De todo un poco, judías, tomates, cebollas, cerdo, lo que se le haya ocurrido a Helena meterle"
"¿Helena?"
"La señora Helena cocina muy rico" Intervino el niño, colocando un plato listo sobre la mesa y alcanzándole otro a su maestro.
"Ya te dije que yo no cocino, ella es quien lo hace, por eso tenemos un freezer"
Tras ese comentario yo voltee hacía todos lados hasta que vi el rectángulo blanco en una orilla, siendo utilizado para apoyar objetos en desuso temporal, como tazones y repasadores.
Así que de eso se trataba, Camus solo sacaba la comida ya congelada y la ponía a calentar, era un buen sistema después de todo, él tenía cada cosa organizada en ese lugar, estaba conociendo a un Camus diferente, a un Camus maestro, responsable de alguien más, responsable de un hogar, era un poco inquietante, pese a ser amazona dorada yo no poseía ese tipo de responsabilidad aún, apenas se me había asignado mi primer misión, ni siquiera salía de Grecia, mi amigo estaba hecho un hombre de mundo y un Santo de campo.
Nos sentamos a la mesa y observé mi plato, seguía sin convencerme una sopa de ese color, parecía que iba a tomarme a cucharadas una salsa y reventaría mi hígado.
"¿Cómo dijiste que se llamaba esto?"
"Borsch"
"¿Por qué le ponen nombres tan raro a todo?"
"Solo come"
De igual manera Isaack resultó tener razón, el plato fue muy bueno y hasta decidí repetir la ración, estaba demasiado hambrienta por no haber desayunado.
Luego, tal como prometió Camus, los tres salimos afuera.
Seguía oscuro, lo que no era novedad, pero no había viento, por lo que el frío ya no calaba los huesos, de hecho de repente lo encontré agradable, lo que me duró hasta que pisé nieve congelada y caí sentada al suelo.
"Observa bien donde pisas, si esta brilloso es hielo, evítalo"
"Gracias por el dato" Le respondí mordaz.
Él y Isaack se mantuvieron a un poco de distancia y escuché como Camus le instruía en el control del cosmos. Tenía razón, el niño era todo un prodigio, en cuestión de minutos alumno y maestro alzaron sus cosmos, el del primero fue menor, pero pronto copos de nieve empezaron a formarse, supuse que ese era el calentamiento, y no me equivoqué, luego empezaron a combatir, mi amigo no atacaba, más bien le daba la posibilidad de atacarlo y alcanzarlo con su polvo de diamantes.
Para cualquiera ese sería un espectáculo excepcional, tantos cristales de hielo por ahí y la velocidad de ambos, pero yo me había criado con Camus, esas pequeñas muestras de talento no me asombraban, sabía que había mucho más, pero el niño aún era joven.
Me frustración fue en aumento al darme cuenta de que en un ambiente así no podía correr libremente, como lo hacía cada día, sería frustrante ir barriendo nieve con mis pies a cada paso, y humillante volver a caer en la misma frente a un aprendiz. Así que recordando los consejos de Shaka de Virgo, me senté en el suelo e intenté una meditación. Fue inútil, lo único que conseguí fue congelarme de la cintura para abajo y casi quedarme dormida.
Miré de nuevo a mis acompañantes, Isaack se encontraba practicando solo su control sobre el hielo, haciendo pequeños ataques en el aire mientras Camus lo supervisaba, decidí que podía robarme su atención unos minutos, eso de entrenar sola no me estaba resultando en Siberia.
"Lucha conmigo" Esa declaración atrajo la atención de ambos, Isaack ni siquiera disimuló su interés.
"¿Qué?"
"Eres el único aquí, Camus" Traté de explicarme mejor, pero él me había entendido bien.
"Milo, no voy a luchar contigo"
"¡Vamos! Necesito entrenar"
Ni siquiera se molestó en responderme, solo regresó la atención a su alumno, ordenándole que retomara su tarea.
"Camus… No tienes que preocuparte tanto por mí, se cuidarme sola" Insistí entre dientes, tratando de no enfadarme con él.
"Me preocupo más por mí"
Esa respuesta me descolocó.
"¿Tú… temes perder?" No sonaba como algo posible, al menos no que lo reconociera.
"Estás embarazada Milo, sabes que no voy a lastimarte, y tú no sabes medirte, con lo desnivelado que sería el combate tendría suerte de seguir en pie, olvídalo"
El bastardo ya había pensado en todo.
"Como sea, iré a buscar algo que hacer adentro"
Los siguientes días transcurrieron de la manera mas tedioso.
Frío, aburrimiento, entrenamientos insatisfactorios, y muchos silencios, Camus era un maestro poco comunicativo y su querido alumno parecía una réplica suya, solo que ésta no me era tan afín como el original, era un buen niño, respetuoso y obediente, pero era tan… parco, tomaba muy en serio las enseñanzas de su superior y él no tenía otros niños que lo sacaran de su soledad, empezaba a entender porque nuestros maestros sintieron la necesidad de juntarnos a Camus y a mí, debieron ver lo mismo que yo veía en Isaack.
Un día quedé a solas con el infante, Camus se tomó el día para ir a la ciudad y comprar unas cosas, dejándome a cargo hasta su regreso, no entendí del todo ese pedido, el niño se cuidaba muy bien por su cuenta, pero Arles, en teoría, deseaba entusiasmarme con la tarea de enseñar, al menos tenía que tratar. Con ese pensamiento en mente fue que me senté frente al hogar, en el mismo sillón que Isaack devoraba un libro, dispuesta a acercarme un poco a él.
"¿Qué lees?"
El niño reaccionó con tranquilidad y me dedicó la atención de sus bonitos ojos unos momentos.
"Es un libro sobre deidades, templos, e historias de los mismos"
¿Camus le estaba dando, ya, a estudiar otras deidades? Esperaba que hubiera priorizado el aprendizaje de otros idiomas, como pasó con nosotros.
"Oh, ¿Algo interesante?"
Él asintió, decir que su gesto fue entusiasta sería exagerar, pero si inmediato y ya era mucho para tratarse de Isaack.
"El kraken"
Me contuve de soltar un improperio que repitiera una vocal y me hiciera ver como retardada, pero no era el tipo de respuesta que esperaba.
"¿El Kraken?"
Él volvió a afirmar y supe que no diría mucho más por su cuenta, asique puse a trabajar mi cabeza para traer a memoria lo que sabía sobre el tema.
"Es parte de la mitología escandinava y noruega, el calamar gigante, pues sí… supongo que la existencia de un animal tan… grande es interesante"
"Es más que eso" Me respondió, regresando luego la mirada al libro abierto sobre sus piernas "El Kraken atacaba los barcos piratas, a las personas de negro corazón, se llevaba sus almas por la eternidad… "
Sí, recordaba algo de todo eso, había estudiado ese libro años atrás, pero no me había despertado la misma pasión que al alumno de Camus, principalmente porque muchos de los relatos no estaban comprobados como ciertos, era difícil saber que era parte del mito y que era parte de nuestra historia con olimpo.
"Suena a un purificador" Lo dije por cortar el incómodo silencio, pero mis palabras generaron una reacción inesperada, el niño volvió a mirarme, sorprendido.
"Seria grandioso, ¿No? Que los dioses purificaran la tierra… no habría tantas malas personas"
Esas palabras me incomodaron, esperaba dialogar alguna trivialidad con Isaack, no una charla sobre moral o ideologías, ignoraba lo que Camus le estaba enseñando y no quería contradecirlo.
"Nosotros solo servimos a Athena, Isaack" Decidí tomar el argumento más arbitrario que encontré "No nos corresponde decidir lo que es mejor para los demás, somos simples mortales, nuestro deber es proteger a nuestra diosa, y ella protegerá a la humanidad, buenos o malos, así a sido siempre, y se trata de la diosa de la sabiduría"
El niño arrugó sus cejas.
"También es la diosa de la guerra"
No estuve muy segura de lo que quiso decirme con eso último, pero decidí ya no indagar, no tenía respuestas listas para la mayoría de los interrogantes que podrían surgir, y no valía la pena sufrir por algo que no era mi responsabilidad directa.
"Sigue con tu lectura, iré a calentar la cena"
Camus llegó por la noche, yo ya había mandado a Isaack a la cama, por lo que pudimos acurrucarnos frente a la chimenea, ni siquiera me molesté en preguntarle que tanto había comprado, hacía un buen rato que quería quedarme a solas con él y por fin se daba la ocasión.
"¿Cómo te fue?" Le pregunté tras un rato de silencio, con la mirada en el fuego. Había subido mis pies al sillón y estaba recostada sobre su regazo, disfrutando de una agradable caricia en mi cabello.
"Tengo más curiosidad en saber cómo te fue a ti"
"Pues bien, supongo"
"¿Supones?"
"A tu alumno le gusta el Kraken" Por algún motivo esa pequeña charla me había dejado inquieta.
"Lo sé, Isaack tiene un alto concepto de justicia, es algo que me gusta de su personalidad"
Por lo visto Camus no compartía mi inquietud.
"Habla de otros dioses"
"Es lo que está aprendiendo"
"No te parece… ¿Muy joven? Podría confundirse, aún no entiende quién es Athena"
"Aún no le ha jurado lealtad, quiero que cuando lo haga ya este informado para escoger su camino, no voy a imponérselo"
¿Escoger? ¿De qué demonios hablaba Camus? Nosotros no escogimos, simplemente… hicimos lo que teníamos que hacer, desde que era aprendiz supe que serviría a Athena, ¿A quién más sino?
Un bostezo propio me quitó las ganas de seguir con el asunto.
Me puse de pie solo para sentarme en sus rodillas y abrazarlo en medio de un profundo beso, separándome luego para ir a la cama.
"Que tengas buenas noches"
Isaack dormía profundamente en un rincón del colchón, yo simplemente tomé el otro y me recosté, dando por olvidado todo el asunto para irme a un sueño tranquilo.
La mañana trajo nuevas sorpresas y complicaciones, pues desperté para recibir a Camus, quien muy temprano había desaparecido, y volvía a la cabaña acompañado.
"Milo, Isaack, vengan"
Me encontraba desayunando con el niño cuando mi amigo volvió, así que intrigada fui a la sala para ver que había traído o a donde fue esas horas y sin avisar.
Y ahí estaba él, un pequeño infante de larga caballera rubia y enormes ojos azules, no lucía nada tímido o incómodo, parecía malhumorado.
"Él es Hyoga"
Apenas y escuché el nombre del pequeño, porque cuando nuestras miaradas se cruzaron sentí un escalofrío por todo el cuerpo, yo conocía a ese chico, de alguna manera lo conocía, su rostro me era muy familiar.
"Pues… Bienvenido Hyoga"
Hasta aquí
Lo sé, lo se, me tardo la vida entera en actualizar y traigo un capítulo aburrido XD Pero es que me a costado horrores no dar un salto en la trama enorme, no quiero que me queden huecos en el argumento y si presentaba a Hyoga al principio del capítulo (que por obvias razones su personaje tendrá más peso que el de Isaack) Isaack iba a quedar muuuy de relleno, y quería darle su lugarcito al personaje.
Ahora, no recordaba taaanto de Saint Seiya respecto a Isaack así que me basé más que nada en su información oficial, quiero marcar las diferencias entre los dos, Isaack no era tan ateniense, perseguía la justicia y respetaba las enseñanzas de Camus sobre no dejarse llevar por las emociones, por eso opte por hacerlo más serio de entrada y que la influencia de Hyoga lo ablande (Creo que si Isaack viero SOG le mete una buena patada a Camus, en fin) y en cuanto a Hyoga, hasta la muerte de Isaack sus motivos para ser santos eran egoístas, así que imagino que el primer tiempo como aprendiz no debió serle placentero, él no buscaba servir a Athena, pero ya veremos, tengo una idea de lo que quiero lograr y espero no deformarlos mucho en el camino.
Bueno, desde ya muchas gracias a todos por sus review, que son los que me animan a seguir escribiendo y a saber que hay personas interesadas en la historia aún, confió no será tan larga, dije que estábamos a la mitad, así que calculo unos 20 capítulos.
Bueno, buen Sábado y feliz Domingo!
