Capítulo XII

A orillas del Lago Largo, un hombre solitario parecía observar su reflejo en el agua. Su cabello negro estaba tan largo que le caía y casi rozaba con la superficie del agua. Era Bardo de Valle que por las mañanas solía irse al Lago a meditar, aparte de todo el mundo.

Era en realidad un hombre muy solitario y profundo. Sus compañeros no podían descifrar sus pensamientos y a menudo murmuraban a sus espaldas, como es lo normal entre la gente.

Era el hombre que mató a Smaug.

De vez en cuando lo habían visto cerca de las ruinas de Esgaroth, tal vez para asegurarse de que el esqueleto de Smaug estuviera allí y que de verdad había muerto.

El Hombre se sentía algo abrumado por el peso de su responsabilidad como Señor de Valle, una ciudad que estaba en ruinas.


A la final y después de una noche febril y de pasiones encontradas, El rey Enano salió de su aposento con rostro fresco y engalanado con un traje nuevo recién confeccionado de color negro y capa azul. Las joyas brillaban como estrellas en la noche, al igual que su ánimo.

-¿Qué pasa?- soltó cuando vio al grupo de Enanos reunidos en las estancias junto a la escalera.

Bofur, Bifur, Nori, Ori y Oin, Dwalin y Glóin tenían sendas jarras de cerveza.

-¿Qué pasó, Thorin? ¿Mucha cerveza anoche?- Glóin alzó su jarra alegremente – Se nos escapó la primera noche, pero no la segunda ¡Todo un varón ahora! ¿No?- y celebraba aquello. Riendo los Enanos celebraban los favores del amor que habían puesto al rey tan rozagante, a pesar de haber estado enfermo.

-Sí, eso supongo- respondía Thorin ante aquella chanza con cierto recato. Era costumbre de los Enanos celebrar así al recién casado, cuando el Enano llegaba a la cúspide de la masculinidad, según ellos. Todo un orgullo. Glóin fue el que se le acercó primero y le dio un buen golpe en el hombro- Sí, supongo que haber comido y tomado de más anoche es algo para celebrar- torció el gesto el rey Enano con ironía, pues en realidad le parecía aquello una soberana tontería. Pero ahora era un Enano distinto, y estaba mucho más abierto a esas cosas.

Todos sus amigos lo felicitaban aunque Thorin en realidad se sentía incómodo, le gustaba que su privacidad fuera totalmente privada y no era muy amigo de las fiestas. Pero estaba feliz así que inevitablemente se contagiaba de la alegría fácilmente.

-¡Vamos, una jarra!- Dwalin le dio un fuerte abrazo y le convidó cerveza -¡Por el rey! –

-¡Y por la nueva reina!- alzaron sus cervezas todos los demás.

-Y dime, ¿Todo bien? – proseguía Glóin muy entusiasmado -Porque sabes, no siempre los varones pueden cumplir bien la primera vez ¡Pero no te preocupes!- Thorin ante eso frunció el ceño muy incómodo- Las cosas se arreglan, si tienes dudas sólo dime-

-Bueno, bueno. No perdamos tiempo, es hora de partir- cortó enseguida y apuró un trago antes de que se les ocurriera proseguir con temas tan íntimos, pues no dudaba que eso iba a ocurrir. Él mismo lo había vivido cuando se casó Glóin –Tenemos una misión muy importante que no puede esperar más. Ya hay luz allá afuera y los trols se deben haber escondido. Unos monstruos menos, al menos eso- muy seriamente fue a armarse con hachas y escudos.

Y así efectivamente el rey Enano evitó que surgiera una conversación pudorosa, no perdió tiempo y con pasos firmes Thorin con sus Enanos subieron a los salones del trono donde estaban los demás, en especial Belladonna que lo esperaba, con Dís, Kili y Fili.

-Bien, el sol apenas despunta, iremos a Valle, lo más pronto posible- anunciaba el rey y los inmensos murales tallados en la piedra decoraban cada costado del gran salón - Una tropa de Orcos nos asedia por lo tanto todos deben estar alerta. Kili y Fili escoltarán a Belladonna quien será nuestra embajadora y vocera-

-Tengan cuidado- Dís se despide de sus hijos, luego va y abraza a Thorin también –Cuídate hermano-

-¿Cómo está padre? No tengo tiempo de verlo ahora- pregunta el rey Enano a propósito de que su hermana cuidaba de Thráin y él andaba inquieto ese día. No sabía qué le pasaba, si era el extraño sueño que tuvo con esa presencia masculina, las pasiones que despertaba Belladonna en él, las conversaciones impertinentes de Glóin, los Orcos o algo referente a su padre…

-Padre está estable, no te preocupes- le dijo ella sin entrar en detalles y él besó su frente –Pero debe hablar contigo con respecto al Silmaril- le informó y Thorin asintió. Sin embargo ya debía marcharse.


La comitiva de Enanos sale de Erebor, fuertemente guardiados y sus ropas y espadas centellaban bajo la luz matinal.

El camino no era muy largo así que en menos de lo que esperaban la vieja ciudad de Valle se abría ante la caravana amenazante y ruinosa. Estaba todo en silencio que ni el agudo oído de la hobbit podía captar algo en el ambiente.

-Esto no me gusta- Kili y Fili cuidaban de la reina con celo -No hemos visto señales de algún guardia, o algo-

-Recuerdo todo, como si fuera ayer- Balin y Thorin tenían muchos años sin caminar por aquellos empedrados. Más que temor lo que golpeaba a ambos Enanos era la melancolía.

Llegaron hasta un gran arco cuyas piedras tristemente se habían desprendido casi en su totalidad, y más allá de éste se extendía la ciudad.

-¡Alto!- gritó una voz pero no veían nada.

-Salve gentes de Girion- saludó Thorin imponente, interponiéndose ante todos y sus voz retumbó entre los muros de piedra -Thorin Rey Bajo la Montaña ha venido para verse con Bardo, Señor de Valle-

-Thorin "Asesino de Elfos" está vetado en esta ciudad- anunció la voz y todos los Enanos lanzaron exclamaciones llenos de indignación.

-¿Se puede saber por qué semejante afrenta contra el rey de Erebor?- Dáin alzó la voz interponiéndose y se enfrentó al vacío.

-Es acusado de graves crímenes contra los Elfos, por lo tanto son enemigos de Hombres y Elfos-

Fue la hobbit la que intercedió:

-Soy Belladonna Bolsón. Pido hablar con Bardo, vengo en son de paz-

Quiénes fueran que estuvieran hablando hicieron un silencio meditativo. En eso Thorin se niega a soltar la mano de Belladonna, pero ella lo convenció.

-Bien, la hobbit puede entrar sola- accedieron los Hombres –Sólo ella-

-Ella no está sola, no entrará sola- demandó Thorin y los Enanos murmuraban y gruñían- Mis sobrinos deben entrar con ella que es la reina de Erebor-

Nuevamente la hobbit intercede:

-Yo hablaré con Bardo, ustedes esperen aquí-

-No entrarás sola, mi deber es cuidarte- exigió Kili cortando el camino –Tío, yo debo ir con ella-

Thorin estaba de acuerdo pero no los dejarían entrar así. Gruñó impotente al fin. Muy indignados estaban por semejante irrespeto contra el rey.

Los Enanos cedieron recelosos, pues era eso o no poder hablar nunca con los Hombres. Finalmente Thorin le suelta la mano despidiéndola con cierta preocupación.

El grupo se quedó apiñado a pies del arco mientras un Hombre con armadura y espada se aparecía para acompañar a Belladonna hacia el interior de la ciudad.


Era una ciudad fantasma todavía y Valle tardaría un tiempo en recobrar su esplendor. Las calles eran ruinosas y tristes, todo era sombras y recuerdos de la destrucción de Smaug. Realmente abrumador.

Bardo me recibió en medio de lo que una vez fue una plaza:

-Belladonna- exclamó con una sonrisa–Mírate-

-Hola- saludé torpemente. Era reina pero me tomaría tiempo actuar como tal.

-Tú y Thorin. Estoy muy sorprendido. Fue la noticia más exótica que yo haya podido oír en mi vida- decía él a propósito de lo que hace poco le informó Roäc –Un nuevo reino con una compañera para el legendario Thorin Escudo de Roble- agregó meneando la cabeza.

-Bardo ¿Por qué nos han vetado los Hombres de Valle?- le soltó ante esa actitud.

-Porque a pesar de todo eso el Enano sigue actuando imprudentemente-

-¿Qué te dijeron los Elfos?-

-Bella, tu Enano es peligroso ¿O es que no te has enterado de lo que hizo?- Bardo se extrañó de mi actitud -¿Sabes con quién has unido tu vida?-

-No pienses así de él. Todos ahora están pensando muy mal de él. Yo vi lo que hizo porque estuve presente. De hecho yo fui la causa de lo que hizo- admití sin vergüenza.

-¿Tú?- entrecerró los ojos.

-Yo soy todavía muy tonta en estos asuntos. Cometí una imprudencia y recibí un castigo de los Elfos… Thorin reaccionó ante eso, no lo puedo culpar-

Bardo estaba impresionado y empezó a pasearse por la plaza.

-Pero, eso no me lo contaron. Me dijeron otras cosas. Bella, cuéntame toda la verdad- dijo apartando unas rocas con sus pies, como si con eso lograra limpiar de escombros la plaza.

-No, primero debo informarte. Es muy importante lo que venimos a decir y no nos dejaron-

- ¿Qué pasa?- el Hombre se me acercó y se arrodilló ante mí, y fue un gesto de respeto y la vez para poder verme de frente, y su mirada era muy gentil.

-Hay grupos de Orcos amenazando, aquí en la Montaña Solitaria. Tengan cuidado, no anden por los bosques. Nos encontramos con ellos ayer-

Bardo enseguida dirigió la mirada hacia la salida de la ciudad, con una punzada de temor que le oprimía el pecho… él había estado expuesto todos esos días a semejante peligro.

Dejaría hablar a la hobbit y la escucharía.