Todos estaban terminando de desayunar cuando Espeon y Absol entraron en la sala. Los aprendices se callaron, dejaron sus cubiertos y miraron hacia la tarima que se alzaba al fondo de la sala.
Espeon carraspeó.
-Buenos días, aprendices. Espero que hayáis descansado, ayer fue un día bastante duro y por eso os hemos dejado algo más de tiempo a la hora de despertaros. Pero no os acostumbréis, es solo por ser vuestra primera… ¿Cómo lo diría…?
-Misión importante. –Intervino Absol.- Ya sabíamos que estarían esos Pokémon allí, pero confiábamos en vosotros. Espeon y yo estuvimos vigilándoos desde la retaguardia por si algo se ponía demasiado feo. Pero lo conseguisteis. Enhorabuena.
Hubo unos murmullos y alguna exclamación de sorpresa.
-Entonces… ¿Todo estaba planeado? –Preguntó Vulpix.
-Algo así. Realmente no esperábamos que hubiera tantos. Sabíamos que había problemas con ellos, pero sabíamos también que no eran lo suficientemente fuertes como para que cayerais derrotados a la primera. –Contestó Espeon.
Volvieron a haber murmullos.
Espeon tocó una campana que llevaba colgada al cuello, y todos callaron. Esa era la señal para que todos prestaran atención.
-Y ahora, vuestra misión de hoy.
Observó a la sala antes de continuar, observando todas las caras de los aprendices. Luego, carraspeó y dijo:
-Tenéis que ir a la Torre Oscura. Es una torre recién descubierta al sur de aquí. Al parecer, en su interior, en la parte superior, en el último nivel, hay una Piedra Noche. Con ella se pueden evolucionar a algunos tipos de Pokémon. La verdad es que nos vendría bien tener una en el Pokégremio. Lo que tenéis que hacer creo que está claro: Subir a lo alto de la Torre Oscura y traerme esa piedra.
Todos asintieron.
-Y ahora, id a preparaos y salid cuanto antes. –Finalizó Espeon, y observó cómo los aprendices salían de la sala.
.-.
-¿Y si pasamos primero por la Tienda de Kecleon? –Preguntó Cyndaquil. – Nos hacen falta Pociones, Revivir y Elixires.
Los demás asintieron. Al final, habían pensado en ser todos un equipo. No servía de nada estar separados haciendo una misma misión. Eso sí, no todos iban a las misiones. Algunos se quedaban ayudando en el Pokégremio, y otros hacían otras misiones distintas para subir el rango. En esta ocasión, iban Shinx, Cyndaquil, Riolu y Squirtle.
Mientras iban de camino al pueblo, Shinx rompió el silencio.
-¿No creéis que Vulpix y Grovyle se traen algo entre manos?
Todos lo miraron con curiosidad.
-Me refiero… Se les ve muy juntos… O eso creo yo… -Dijo el pequeño, que era bastante tímido.
-Yo creo que sí que hay algo. Lo he notado. Es un tipo de… "aura". Como que conectan. O algo así. –Respondió Riolu.
Squirtle rió.
-¡Eso no vale! ¡Tú puedes sentir el aura!
Todos los demás rieron.
Al llegar a la ciudad, compraron lo que necesitaban, y se pusieron en camino hacia la Torre Oscura. Pero antes de poder salir a las afueras, Absol los esperaba en la salida.
Todos se pararon, sorprendidos por semejante sorpresa, si se le podía llamar así. Absol sacó cuatro mochilas con utensilios dentro y les dio una a cada uno.
-Esta misión es bastante larga. La Torre tiene bastantes pisos y el camino para llegar hasta allí es largo. Por eso, tendréis que pasar algunas noches fuera. En esas mochilas tenéis comida para una semana, no creo que tardéis tanto, pero más vale prevenir que curar, como se dice. También tenéis agua potable, ya sabéis que no siempre el agua de los caminos es buena. Hacéis bien en llevar a Squirtle. –Lo miró y asintió.- También tenéis Revivir, por si alguno de vosotros cae en la batalla. Elixires por si se os agotan los PP. Y unos pañuelos. Hará que no os puedan envenenar, hay bastantes Pokémon venenosos ahí fuera. Además, son calentitos, y harán que no cojáis frío y os agarréis una pulmonía.
Todos se quedaron callados, asimilando la información. Tenían que pasar días fuera…
-¿Todo entendido?
Los aprendices se miraron y asintieron. Absol sacó un mapa y se los tendió. Tenía una cruz en un sitio bastante al sur de su posición actual.
-Ese es vuestro destino. Mucha suerte.
Se apartó del camino y observó como los aprendices se miraban entre ellos, asentían débilmente y salían a la aventura. Por un momento, se le formó una sonrisa nostálgica. Pero eso solo duró unos segundos. Luego volvió esa expresión seria que siempre tenía, y que seguiría teniendo… siempre.
Una vez los hubo perdido de vista, se dio la vuelta y fue hacia el Pokegremio. Antes de llegar, alguien apareció en su camino, deteniéndose delante de él.
Absol se detuvo y la miro fijamente. Allí, vio a una figura parecida a cuatro patas, con orejas puntiagudas y tapada totalmente por una capucha.
-¿Qué haces aquí? –Preguntó Absol.
-He venido a buscarte. –Respondió el Pokémon misterioso. Tenía una voz femenina, suave, delicada.
Absol adoptó una expresión de dolor, disimulada.
-No pienso irme. Estoy bien aquí. Déjame. –Dijo, apartando a su misterioso acompañante y siguiendo su camino.
El Pokémon no insistió, simplemente vio cómo se alejaba con ojos duros, como si hubieran sufrido bastante y no tuvieran ya nada por lo que afectarse.
-Sabes que aún quieres. –Susurró, y se dio la vuelta, internándose en la maleza, de donde había salido.
.-.
Cuenta Espeon que cuando Absol llegó al Pokégremio, había una lágrima en su rostro. Pero eso nadie puede corroborarlo. Nadie más estaba allí.
