Los personajes de Narutono me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia tampoco me pertenece, es una adaptación.
Capítulo 11
La impresión estuvo a punto de acabar con sus padres. Por primera vez en su vida, Asuma Sarutobi quedó completamente atontado. Como si se acabara de golpear la cabeza contra una pared, retrocedió tambaleando, sacudiendo la cabeza con incredulidad. Sus oscuros ojos se empañaron.
—¿Konohamaru? —musitó ásperamente. Y luego, otra vez, rugiendo— .¡Konohamaru!
Kurenai Sarutobi se puso de pie de un salto y dejó escapar un grito de alegría, mientras su olvidado cesto de labores caía al suelo, desparramando todo su contenido. Se llevó la mano al corazón. Vacilante, dio un paso hacia su hijo y cayó desvanecida.
Desgraciadamente, Naruto se hallaba demasiado lejos de ella como para sostenerla antes de que se golpeara contra el suelo, y su esposo aún se encontraba demasiado conmocionado como para hacer algo más que contemplarla caer.
Konohamaru por poco hizo caer a su padre al arrojarse contra el y abrazarle las piernas. Asuma trató de sacudirse el estupor que lo paralizaba. Temblando, el imponente guerrero cayó de rodillas, e inclinando la cabeza, con sus ojos cerrados, rodeó a su hijo con sus fuertes brazos.
El niño apoyó la cabeza sobre el hombro de su padre y miró preocupado a su madre.
—Papá ¿no deberías levantar a mamá? —preguntó.
Asuma se puso de pie, pero no pudo soltar a su hijo, de modo que pidió a Naruto que hiciera algo con su esposa.
Naruto, agachándose, deslizó la mano por debajo de los hombros de Kurenai, y con toda delicadeza la levantó en sus brazos. La mujer tenía el rostro blanco, y por mucho que hicieran no iba a recobrar el sentido hasta que estuviera lista.
—Le has dado a tu madre toda una sorpresa, Konohamaru —comentó Naruto—. Ella ya te consideraba muerto y enterrado.
Asuma negó con la cabeza.
—No, todavía abrigaba esperanzas en lo profundo de su corazón.
Kurenai abrió los ojos y se encontró en los brazos de Naruto.
—¿qué...?
—iMamá, estás despierta!
Lentamente, Naruto bajó a Kurenai, pero siguió sosteniéndola de la cintura por si acaso volvía a desvanecerse. Súbitamente abrumada por la marea de emociones que amenazaba con desbordarla, Kurenai comenzó a sollozar incontrolablemente. Asuma fue a su lado y la sostuvo, mientras Konohamaru los contemplaba con preocupaeion.
—No deberías llorar, mamá. No estoy muerto. Estoy en casa. Papá, dile que no llore.
Asuma se echo a reir.
—Está feliz por tu regreso. Dale un minuto, y te lo dirá ella misma.
Kurenai acarició el rostro de Konohamaru con mano temblorosa.
—Recé tanto para que tu...
Naruto retrocedió con prudencia. Quería dejarles a los Sarutobi algunos minutos a solas, y también quería encontrar a Hinata. Pensaba que estaba junto a él al entrar en el gran salón, pero en ese momento se dio cuenta que se había quedado atrás. La encontró sentada sobre un banco, cerca de las escaleras. Tenía las manos juntas sobre el regazo y los ojos bajos.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con gesto adusto.
—Estoy esperando que los Sarutobi terminen con su reencuentro. Me pareció que observarlos sería actuar como una intrusa. Tienen que tener unos minutos a solas.
Naruto se sentó junto a ella, ocupando todo el espacio que quedaba libre en el banco. Hinata se descubrió apretándose contra él. En otra ocasión lo había comparado con un oso, y en ese momento la imagen le parecía totalmente válida.
Él le tomó la mano, y con cuidado le levantó la manga del vestido.
—Esta noche, antes de acostarte, tendrás que quitarte esta venda.
—Lo haré.
Él no le soltó la mano y ella tampoco la retiró.
—Naruto —dijo.
Hinata lo miró a los ojos durante un largo minuto antes de volver a hablar.
—Quiero agradecerte tu ayuda. Sin ti, Konohamaru nunca habría podido regresar con sus padres.
Naruto estuvo en desacuerdo.
—Yo no lo traje a casa, Hinata. Tú lo hiciste. Yo me limité a ayudar —añadió—. Pero si no lo hubiera hecho, tú hubieses encontrado la forma de traerlo.
En ese momento Asuma lo llamó, pero ella le retuvo la mano para que la volviera a mirar.
—Después de hablar con los padres de Konohamaru... ¿vas a volver a tu casa?
Naruto se puso de pie, y la obligó a alzarse. Los separaban apenas centímetros, con la cabeza de él inclinada hacia ella, con el rostro de ella vuelto hacia él, cual amantes a punto de besarse. Maldición, sí que lo acometió su súbito deseo de besarla. Un prolongado, cálido beso que luego llevaría a otro, y otro mas...
La manera en que él la miraba le causó escalofríos a Hinata.
—¿Volverás? —insistió.
—¿Qué me estás preguntando? —demandó él con impaciencia.
Sorprendida por la aspereza de su voz, Hinata dio un paso atrás, y se golpeó contra el banco en la cara interna de sus rodillas.
—Después de hablar con los Sarutobi, ¿volverás a tu casa? —Contemplándose las manos, agregó—: Eres un laird, después de todo. Tienes muchas obligaciones importantes.
—Sí, hay mucho para hacer —asintió él.
—Sí —dijo Hinata, tratando que su voz no dejara ver su decepción—. Debo agradecerte, Naruto, todo lo que has hecho por Konohamaru y por mí, pero tu obligación ha concluido; ya se encuentra a salvo en su hogar. No sé qué... habría hecho... sin ti. —Supo que estaba divagando, pero parecía no poder detenerse—. Por supuesto, debes volver a tu casa. Sólo pensé que...
Hinata se encogió de hombros con gesto delicado.
—Pensé que tal vez querrías volver a ver a tu buen amigo Sasuke Uchiha.
Él le levantó la barbilla con el pulgar.
—Lo veré antes de irme de aquí. Tendría que llegar dentro de poco.
—¿Qué te hace suponer...? –Él no le dejó terminar la pregunta.
—Envié a Shikamaru para que lo pusiera en antecedentes, ¿recuerdas?
—Sí, pero...
—Sasuke querrá hablar contigo lo antes posible. Vendrá aquí–predijo de nuevo.
—¿Pero después te irás a tu casa?
—Como te acabo de decir, tengo mucho que hacer.
—¿No puedes darme una respuesta simple? —exclamó Hinata, frustrada.
Asuma gritó, llamando a Naruto.
—Ven conmigo, Hinata. Asuma querrá conocerte. Ya ha tenido tiempo suficiente para reponerse de su sorpresa.
—¿Y su esposa?
—A ella le llevará más de una semana reponerse de la impresion. Dudo que permita que Konohamaru se aleje de su vista durante ese tiempo.
Hinata trató de quitarse el polvo que le cubría el vestido.
—Parezco un mamarracho.
—Sí, lo pareces.
Hinata se recogió la falda para bajar los escalones, pero Naruto la detuvo, sosteniéndole el brazo. Le habló en voz baja.
—Me pediste que te diera una respuesta directa. Ahora me pregunto por qué no me formulas una pregunta directa.
—Por todos los cielos, ¿y qué quieres decir con eso? ¿Qué crees que debería preguntarte?
—Lo que quieras saber.
—Eres un hombre exasperante.
—Ya me lo han dicho —replicó él—. Y también impaciente —añadió . —Pero en este caso, estoy dispuesto a esperar.
—¡Allí está, mamá! ¡Ésa es Hinata! —El grito de Konohamaru resonó por todo el salón.
Apartándose de Naruto, Hinata le sonrió al niño que se le acercó corriendo. Konohamaru le tomó la mano y comenzó a tirar de ella.
—No tengas miedo de papá. Muchas mujeres le tienen miedo, pero quizá tú no, porque no eres como las demás —dijo.
No estaba tan segura como lo estaba Konohamaru. Asuma Sarutobi era una figura imponente, un hombre alto y musculoso, con penetrantes ojos Negros. Su oscuro cabello tendía a rozarse, lo que parecía suavizar su feroz expresión. De no haber sido tan impresionante podría haber pensado que era casi tan apuesto como Naruto.
La sonrisa de Kurenai Sarutobi ayudó a mitigar el amenazante aspecto de su marido. Era una bella mujer, pero lo que realmente cautivaba era el color de sus ojos. Tenía los ojos de color rojo. Era una mujer pequeña y menuda, pero tenía un porte tan majestuoso que Hinata se sintió en presencia de una verdadera reina.
En cuanto Naruto hubo realizado las presentaciones pertinentes, Kurenai se apresuró a tomar la mano de Hinata. Su voz tembló.
—Encontraste a nuestro hijo, y lo trajiste de regreso a casa. No sé cómo podremos pagártelo.
Hinata echó una rápida mirada a Naruto. Evidentemente, los Sarutobi creían que su hijo se había perdido, y ¿cómo iba a explicarles lo que realmente había sucedido?
—Ven y sientate —la invitó Kurenai—. Debes de tener hambre y sed tras un viaje tan largo. Konohamaru me ha dicho que vienes desde Inglaterra—señaló, mientras llevaba a Hinata hasta una silla cerca del extremo de la mesa.
—Sí, vine desde Inglaterra.
—Yo también soy inglesa —le dijo Kurenai.
—No, Kurenai —la corrigió su esposo—. Eras inglesa. –Kurenai sonrió.
—Aquí los hombres cambian la historia según les conviene.
—Eres una Sarutobi —insistió él—. Y eso es todo lo que cuenta. Naruto, sírvete vino y siéntate. Quiero oír todos los detalles de lo ocurrido antes de abrir las puertas a los familiares y amigos. Konohamaru, ven y siéntate con tu padre. —La orden fue dada con una gran ternura.
El pequeño rodeó corriendo la mesa y acercó un taburete a la silla de su padre. Hinata pudo ver que la mano de Asuma temblaba al tocar el hombro de su hijo. Konohamaru le sonrió y se sentó a su lado, pero de inmediato volvió a ponerse de pie, aguardando que primero se sentaran las damas presentes.
Menma, el comandante de los Sarutobi, entró en el salón y saludó a su laird y a su esposa.
—Sasuke Uchiha acaba de cruzar nuestras fronteras, y estará aquí en menos de una hora —anuncio.
—¿Ya se ha enterado de nuestra buena fortuna? —preguntó Asuma.
—Envié a Shikamaru a por él —explicó Naruto, antes de volverse hacia su hermano.—Hinata, me gustaría que conocieras a mi hermano. Menma, ésta es lady Hinata.
Menma la saludó con una reverenda.
—Lady Hinata, ¿procedéis de Inglaterra? —preguntó, frunciendo el entrecejo.
—Sí, procedo de Inglaterra. Esa es la verdad, y ni puedo ni quiero modificarla, sir. ¿Os disgusta?
Menma la sorprendió al dirigirle una fugaz sonrisa.
—Depende, milady.
—¿ Depende de qué?
—De mi hermano. —Sin más explicaciones, cambió de tema al volverse hacia Naruto—. ¿Verás a mi esposa y a los niños antes de marcharte? Se sentirán defraudados si no lo haces.
—Desde luego que los iré a ver.
—Tráelos aquí, Menma —ordenó Asuma—. Esta noche debemos celebrar. Los niños se quedarán levantados hasta tarde.
—Menma, ¿pudisteis ver si Itachi, el hermano de Sasuke, viene con él? —preguntó Hinata.
Si al soldado la pregunta le pareció extraña, no lo manifestó.
—No lo sé, milady, pero pronto lo averiguaremos. —Volvió a inclinarse, y abandonó el salón.
Kurenai se encargó personalmente de buscar un cántaro con agua para ofrecerles a sus huéspedes.
—Papá, ¿dónde está Graham? —preguntó Konohamaru.
—Tu hermano está con tu tío Patrick, pero pronto volverá a casa. Se va a alegrar mucho de verte.
—¿Por qué? ¿Me ha echado de menos? —pregunté el niño con ansiedad.
—Todos te hemos echado de menos, –Konohamaru le respondió sonriendo.
—Mamá fue la que más me extrañó. Todavía está temblando por la sorpresa que le he dado. Mírala, papá. Ni siquiera puede servir el agua.¿Va a ponerse a llorar de nuevo?
Asuma se echó a reír.
—Es probable —respondió—. A tu madre... y a mí —agregó—, nos va a costar mucho reponemos de esta maravillosa sorpresa.
Konohamaru no había exagerado al describir la condición de Kurenai. Ya había derramado una buena cantidad de agua sobre la mesa, y hasta el momento no había podido verter ni una sola gota dentro de las copas. Las manos le temblaban violentamente, y cada vez que miraba a su hijo, sus ojos se volvían a llenar de lágrimas.
Asuma le cubrió la mano con la suya.
—Siéntate, mi amor —le sugirió suavemente.
Kurenai acercó su silla a su marido, se derrumbó en ella y se recostó contra él. Asuma le sirvió agua a Hinata, pero cuando ésta estaba a punto de tomar la copa que le ofrecían, advirtió lo sucias que tenía las manos y las ocultó entre sus faldas.
Asuma rodeó a su esposa con el brazo y la estrechó contra sí. No obstante, su mirada no se apartó de Hinata.
—Comienza por el principio, y dime cómo y cuándo encontraste a mi hijo. Quiero escuchar todos los detalles —le ordenó. Hizo una pausa para darle una palmadita afectuosa a Konohamaru antes de añadir—: Es un milagro que un niño de cinco años logre sobrevivir a una caída en la cascada.
—¿Konohamaru sólo tiene cinco años? —preguntó Hinata.
—Pero voy a tener siete.
—Tu hermano tiene siete —le recordó Asuma.
—Pero yo también voy a tener siete.
Konohamaru se bajó rápidamente del taburete y rodeó la mesa para ir corriendo al lado de Hinata. Sin pedir permiso, trepó a su falda, la obligó a rodearlo con sus brazos y le sonrió.
—Konohamaru y tú os habéis hecho muy amigos —señaló Kurenai con una sonrisa.
—Asuma, tal vez prefieras esperar hasta que Konohamaru se haya ido a la cama para escuchar los detalles —sugirió Naruto.
—Pero me voy a quedar levantado hasta tarde porque papá dijo que tenemos que celebrar —interpuso Konohamaru—. ¿No dijiste eso, papá?
—Así es —asintió su padre.
—¿Sabes qué, Hinata? —preguntó Konohamaru en lo que pretendió ser un susurro.
Ella se inclinó para escucharlo.
—No, ¿qué?
—Cuando me voy a acostar, mamá se sienta a mi lado hasta que me quedo dormido y mi hermano duerme conmigo, en el mismo cuarto, así que tal vez no tenga malos sueños y no me asuste.
—Quizás esta noche no sueñes nada.
—Pero tendrás que conseguirte alguien con quien dormir, porque te asustarás y yo no estaré allí para consolarte.
—Estaré bien– le aseguró ella.
Konohamaru no quedó convencido.
—¿Pero y si te da miedo? Tienes que tener al lado a alguien que te despierte. Tal vez puedas pedirle a Naruto que vuelva a dormir contigo, como lo hizo antes.
Hinata le cubrió la boca con la mano para obligarlo a callar, y sintió que se ruborizaba. Sabía que Naruto la estaba mirando, pero no se atrevió a devolverle la mirada.
Kurenai se echó a reír.
—Konohamaru, cariño, estás avergonzando a Hinata.
—Mamá , ¿sabes cómo me llama Hinata?
—No ¿cómo?
—Oso meloso — respondió el niño riendo.
La mirada de Asuma fue de Hinata a Naruto.
—El padre Iruka está de regreso —comentó—. Y con él hay otro más, un joven cura llamado Yamato.
—¿Por qué me dices eso? —preguntó Naruto.
—Sólo quería que supieras que hay dos sacerdotes disponibles —explicó Asuma, echando una mirada significativa a Hinata.
—¡Yo no dormí con Naruto! —explotó ella—. ¡No necesito ningún sacerdote!
—Oh, sí que lo hiciste.
—Konohamaru, no es de buena educación contradecir a tus mayores.
—Pero, ...
—Sshh, cariño.
Hinata clavó la mirada en Naruto, expectante. Él podía aclarar este horrible malentendido con toda facilidad, con sólo dar una somera explicación. Pero, él no se mostró inclinado a hacerlo. Le guiñó un ojo.
—No sabía que una cara podía ponerse tan encarnada —comentó.
—Explica, por favor —exigió ella.
—¿Explicar qué? —preguntó él, fingiendo inocencia.
Hinata se volvió hacia Kurenai.
—Estábamos acampando... y no fue tal como parece... yo me quedé dormida, y cuando desperté... todos estaban allí...
—¿Todos? —repitió Asuma.
—Sus soldados.
—¿También dormiste con sus soldados?
Hinata no comprendió que Asuma bromeaba con ella.
—¡No! Es decir... nosotros... dormimos. Eso es todo lo que sucedió, laird.
—Deja ya de atormentarla —le ordenó Kurenai a su marido—. ¿Es que no puedes ver qué embarazoso es esto para ella? Hinata no entiende el humor de las Highlands. ¿Qué le pasó a tu brazo? —preguntó entonces a Hinata, tratando de cambiar el tema hacia otro menos delicado—. Vi el vendaje, y me preguntaba...
Konohamaru interrumpió a su madre, saltando de la falda de Hinata.
—Hinata, tenemos que salir a dar un paseo —dijo.
—¿Ahora? —preguntó Asuma.
—Sí, papá, ahora.
—Konohamaru, quiero hablar con Hinata y con Naruto. Estoy ansioso por saber cómo te encontraron.
—Pero, papá, tengo que decirte lo que hice, y entonces te vas a enfadar conmigo. Tenemos que dar un paseo para que pueda pensar en ello.
—Ven aquí, hijo mío —ordenó su padre, preocupado por la ansiedad que vió en los ojos de su hijo.
El pequeño fue hasta donde se hallaba su padre con la cabeza gacha y arrastrando los pies. Asuma le apoyó las manos sobre los hombros y se inclinó hacia él.
Konohamaru rompió en llanto.
—Me asusté mucho, papá, y le corté el brazo a Hinata, y se le hinchó, y entonces Shisune tuvo que curárselo, y es culpa mía porque lastimé a una dama y no debo lastimar a las damas, pero estaba muy asustado. No me gustaban los ingleses y quería volver a casa —Konohamaru arrojó los brazos al cuello de su padre, y se puso a llorar en serio.
—A Konohamaru le preocupaba mucho decepcionaros, laírd —explicó Hinata—. Él no entendió que yo estaba tratando de ayudarlo. Se había descolgado por el desfiladero con una cuerda, pero estaba gastada y empezó a deshilacharse, y él... —Miró a Naruto en busca de ayuda. La tarea de explicarlo todo de pronto le resultó abrumadora, y se sintió tan cansada que no supo por dónde empezar.
—Mi hijo no es demasiado coherente —dijo Asuma—. ¿Dice que estaba en Inglaterra?
Hinata se preparó para lo que iba a venir, y habló con voz queda.
—Dice la verdad. Konohamaru estaba en Inglaterra.
—Te lo dije, papá.
Asuma asintió con un gesto, pero mantuvo la atención fija en Hinata.
—¿Cómo llegó mi hijo a Inglaterra?
—Konohamaru no fue a la cascada. Lo raptaron en el festival, y lo hicieron prisionero en un castillo de Inglaterra. Allí es donde lo encontré.
La expresión del rostro de Asuma cambió totalmente. Pasó a Konohamaru sobre la falda de Kurenai y se puso de pie. Para no austar a su hijo, trató de mantener un tono mesurado de voz, aunque lo que deseaba era aullar.
—¿Quién lo raptó?
Hinata sintió un instante de franco pavor cuando Asuma se irguió sobre ella, echando chispas por los ojos como si hubiera ya decidido que Hinata era la única responsable del peligro que había corrido su hijo.
—Fue un error —musitó Hinata.
—¡Maldición si lo fue! —rugió Asuma. Konohamaru abrió los ojos como platos.
—¿Estás enfadado, papá?
Su padre aspiró con fuerza.
—Sí —declaró.
—No está enfadado contigo, Konohamaru —dijo Hinata.
—¡Ya lo sabe!
—¡No le hables a Hinata en ese tono !—Naruto, que hasta ese momento había permanecido en silencio, parecía tan enfadado como Asuma al dar esa orden—. En esto, es tan inocente como lo es tu hijo. Siéntate, y te diré lo que sé. Entiendo tu ansiedad por conocer todos los detalles, pero no debes levantarle la voz a Hinata. No lo voy a permitir.
Hinata pudo ver que Asuma estaba a punto de explotar, y se apresuro a dar explicaciones antes de que los dos lairds se pelearan de verdad.
—Cuando dije que había sido un error...
—¿Sí?—dijo Asuma.
—El hombre que raptó a Konohamaru creyó que estaba secuestrando a Itachi, el hermano de Sasuke. Secuestraron al niño equivocado.
—¡Por el amor de...! —Asuma estaba tan furioso que no pudo continuar.
—Siéntate, esposo —sugirió Kurenai—. Escucha lo que Hinata tiene que decirnos.
Asuma apartó de un manotazo una de las sillas y estuvo a punto de volcarla. Se sentó, se recostó contra el respaldo y miró fijamente a Hinata durante un largo rato.
—Comienza a hablar.
—Es una larga historia, laird, y Sasuke debe de estar al llegar,¿Verdad? Si pudierais esperar...
Asuma apretó las mandíbulas y negó con la cabeza.
—Papá, ¿sabes qué? —El niño sonrió a su padre, y Asuma se inclinó para darle una palmadita en la cabeza.
—No, ¿qué, Konohamaru?
—Tratamos de escaparnos dos veces, pero la primera vez nos pescaron y nos arrastraron de vuelta a la prisión. Fue culpa mía, porque no esperé como se supone que debía esperar.
Asuma pestañeo varias veces, tratando de desentrañar la confusa explicación de su hijo.
—¿Qué ocurrió la primera vez que escapaste?
—Bajé por el desfiladero, eso es lo que hice —alardeé el niño—. Pero no conseguí una buena soga.
—Estaba muy raída —intervino Hinata.
—¿Mi hijo se deslizó por un desfiladero con una cuerda raída? —bramo Asuma—. ¿Y dónde estabas tú mientras Konohamaru bajaba?
—Papá, ella me dijo que la esperara, pero no lo hice, y no íbamos a meternos en el cañón, pero pensé que eso sería más rápido. Pero me sostuve, ¿no, Hinata?
—Sí, lo hiciste.
—Debería haber esperado en el establo.
—Pero no lo hiciste —señaló su madre.
—No, y pensé que Hinata iba a vomitar, porque se puso verde cuando miró por el borde y me vio. Me dijo que se indispone cuando tiene que mirar hacia abajo, y que a veces también se marea.
—Tenías miedo de... —comenzó a decir Kurenai.
Su marido la interrumpió.
—¿Pero igualmente te deslizaste por el desfiladero para rescatar a Konohamaru?
—No tenía alternativa.
—Tenía que rescatarme, papá —explicó Konohamaru—. Y llegó justo a tiempo, porque la cuerda se rompió por la mitad justamente después de que Hinata me agarrara. Me dijo que estaba terriblemente asustada, pero no vomitó.
El niño parecía un tanto decepcionado por esa circunstancia. Ninguno de sus padres sonrió, ya que ambos pensaban en lo cerca que habían estado de perder a su hijo.
También se estaban dando cuenta de que Hinata lo había salvado.
—Me obligaré a ser paciente y a esperar que llegue Sasuke para escuchar tu relato —anuncio Asuma a Hinata—. Pero al menos dame los nombres de los bastardos que raptaron a mi hijo —exigió—. ¡Por Dios, quiero saber quiero saber quiénes son, y lo quiero saber ya, ahora mismo!
—¡Te advertí que no usaras ese tono para dirigirte a Hinata! ¡Ahora te lo ordeno, Asuma! No quiero que la hagas sentir mal.
Kurenai Sarutobi no lograba decidir quién se había quedado más atónito ante el estallido de ira de Naruto. Asuma parecía no poder salir de su asombro y Hinata parecía sumida en la incredulidad.
Asuma se repuso rápidamente. Se inclinó hacia delante, y siseando con furia.
—¿Te atreves a darme órdenes? —dijo. Naruto también se inclinó hacia él.
—Eso es exactamente lo que yo...
Hinata, trató de evitar el peligro de la creciente hostilidad.
—¡Si me grita, no me hace sentir mal! —exclamó.
Se pregunté si Naruto se daría cuenta de que el que estaba casi gritándole era él. Buscó la mirada de Kurenai en busca de ayuda, pero fue Konohamaru el que, sin darse cuenta, desvío la atención de su padre.
—¡Papá, no le grites a Hinata! —exclamó el niño, mientras daba la vuelta a la mesa y trepaba al regazo de Hinata—. Ella jamás me gritó, ni siquiera cuando el hombre le pegó. Bien que lo engañó, papá.
—¿Alguien le pegó a la muchacha? —preguntó Asuma.
Konohamaru asintió.
—Hinata hizo que le pegara a ella para que no me pegara a mi.
El pequeño recordó de pronto el anillo que le había dado Hinata, y se paspasó la cinta por su cabeza.
—Hinata dijo que iba a ser mi protectora, igual que el tío Naruto, y me dijo que podía conservar el anillo hasta que llegara a casa. Me prometió que no permitiría que nadie me lastimara, y lo cumplió. Ya no necesito el anillo para recordar que estoy a salvo, pero sin embargo quiero quedarme con él.
—No puedes, Konohamaru —dijo Hinata con suavidad.
Con desgana, Konohamaru le entregó el anillo.
—Tío Naruto dijo que me podía quedar con la daga para síempre.
Hinata se echó a reír.
—Aún así, no voy a dejar que te quedes con el anillo de mi abuela.
Kurenai apoyó la mano sobre la de su esposo.
—¿Te das cuenta de que, si no fuera por esta querida joven, nuestro hijo estaría muerto?
—Por supuesto, me doy cuenta
—Entonces, te sugiero que en lugar de gritarle y tratarla como si la consideraras responsable de las acciones de otros, le des las gracias. Pienso hincarme de rodillas y dar gracias a Dios por ponerla en el camino de Konohamaru. Fue su ángel guardián.
El emotivo discurso avergonzó a Hinata, que sacudió la cabeza, protestando. Kurenai se enjugó los ojos con un pañuelo de hilo blanco, y se puso de pie.
—Hinata —comenzó Asuma en tono vacilante—, te agradezco el haber protegido a mi hijo, y ciertamente que no tuve ninguna intención de sugerir que tuvieras nada que ver con su secuestro. Si te di esa impresión, te pido disculpas. Por difícil que me resulte, esperaré que Sasuke se reúna con nosotros para enterarme de lo ocurrido.
Kurenai resplandecía de satisfacción.
—Creo que es la primera vez que te oigo pedir disculpas. Es una ocasión muy especial. Y ya que estas con animo tan tolerante, me atrevo a sugerir que Sasuke y tú esperéis hasta el final de los festejos para escuchar lo que Hinata tiene para decir. Esta noche celebramos el regreso a casa de Konohamaru, y pronto llegarán nuestros familiares y amigos. —No esperó que su esposo diera su consentimiento—. Hinata querrá refrescarse.
—A Hinata le encantan los baños, mamá —dijo Konohamaru—. A mí también me obligó a lavarme. Yo no quería, pero igual me obligó.
Kurenai rio.
—Te cuidó muy bien, Konohamaru —dijo, mientras tomaba a Hinata del brazo—. ¿Qué te parecería ahora un buen baño?
—Me encantaría.
—Te buscaré ropas limpias y haré que laven ésas cuanto antes —prometió—. El tartán de Sarutobi te quedará bien y te abrigará—añadió—. Aunque los días ya son cálidos, por la noche refresca mucho.
Enterarse de que Hinata usaría el tartán de los Sarutobi no le acabó de gustar a Naruto. No pensó cómo podían ser interpretadas sus palabras.
—Ella usará el tartán Uzumaki para esta celebración —anunció.
Asuma se cruzó de brazos y se reclino en su silla.
—¿Por qué quieres que use tus colores? ¿Acaso estás...? —pregunto.
Naruto lo cortó en seco.
—A mis hombres... les molestaría. Con toda seguridad, se rebelarían si la vieran usar tus colores, Asuma. Se han encariñado con la muchacha, y se han vuelto muy posesivos y protectores. Mientras esté en las Highlands, usará nuestros colores. No quiero que los soldados Uzumaki se sientan ofendidos.
Asuma esbozó una sonrisa.
—¿Te preocupa que tus soldados se sientan molestos? ¿Es eso lo que has dicho? ¡Por cl amor de Dios, son guerreros no...! —Iba a decir "mujeres', pero cambió rápidamente de idea cuando vio la mirada que le dirigió su esposa. Con una sonrisa, lo sustituyó por "niños".
Kurenai no pudo sino reír al ver que su marido procuraba mostrarse diplomático. Se dirigió hacia las escaleras, pero en el trayecto Hinata se detuvo para hablar con Naruto.
—Naruto, prometiste a tu hermano Menma que irías a ver a su mujer y a sus hijos.
—Recuerdo lo que prometí.
—Entonces, ¿estarás aquí cuando regrese?
Se exasperó al ver que no tenía el coraje de formularle una pregunta directa.
—Sí —respondió.
Hinata asintió en silencio, apresurándose para alcanzar a Kurenai.
Trató de ocultar el alivio que le producía saber que Naruto se quedaría un rato más, y luego se enfada consigo misma por permitirse esos sentimientos. Se estaba comportando como una tonta, porque se dejaba depender de él, y no tenía derecho a apoyarse en ese hombre. No, no podía pedirle nada más.
Intentó apartarlo de sus pensamientos durante la siguiente hora, mientras se bañaba y se lavaba el cabello. Kurenai le trajo un traje color amarillo claro para que se pusiera. Le quedaba un poco ajustado en el busto y el escote mostraba más de lo que debía el nacimiento de sus pechos, pero aún así Kurenai lo consideró apropiado. Naruto le había enviado uno de los tartanes Uzumaki, y Kurenai le enseñó cómo se colocaba alrededor de la cintura. Luego le pasó uno de los extremos por encima del hombro izquierdo y lo metió dentro del cinturón.
—Me llevó mucho tiempo aprender a hacer esto. Lo que más me costó fue lograr que los pliegues se mantuvieran derechos. La única manera de hacerlo bien, es con práctica.
—El tartán es muy importante para la gente de las Highlands,¿verdad?
—¡Oh, sí! —asintió Kurenai—. Ellos.., quiero decir, nosotros... somos gente muy imaginativa. El tartán siempre debe cubrir el corazón —agregó—. Llevamos nuestros colores con gran orgullo. —Dio un paso atrás para inspeccionar el resultado—. Estás encantadora —anuncio—.Ahora ve, siéntate junto al fuego y déjame cepillarte el cabello. Ya parece estar casi seco. ¿Te molestaría que te hiciera algunas preguntas?—Se echó a reír—. Soy terrible, lo reconozco. Obligué a mi esposo a esperar y ahora la impaciente soy yo.
—No tengo problemas en responder tus preguntas. ¿Qué quieres saber?
—¿Cómo fue que te encontraste con Konohamaru? ¿A ti también te habían hecho prisionera?
—Sí, en efecto.
—Pero, ¿por qué? Eres inglesa, y seguramente podías acudir a tu rey en busca de ayuda.
—Mi rey es amigo de los hombres responsables de lo sucedido a Konohamaru y a mí, y de alguna manera, Nagato es el responsable de todo.
Mientras Kurenai le cepillaba el cabello, Hinata le contó todo lo relacionado con el tesoro de Konan. Kurenai quedó cautivada por la historia, y cuando Hinata le habló de la muerte de su padre, la sensible dama pareció genuinamente apenada.
—El príncipe Nagato se enamoró de Konan, y aunque parece algo muy romantico, la verdad es que cuando tuvo ese capricho, estaba casado. Fue trágico que asesinaran a Konan, pero lo cierto es que no tengo ninguna simpatía por mi rey. Traicionó los votos que le hiciera a su esposa.
—Ya se ha casado dos veces, ¿verdad? Y tengo entendido que su primera esposa aún vive.
—Sí, vive —confirmó Hinata—. A Nagato se le concedió una anulación del matrimonio con Hadwisa tras muchos años de casados. No tuvieron hijos —agregó—. Eran primos segundos. El arzobispo de Canterbury había prohibido la boda, pero Nagato obtuvo una dispensa de Roma.
—Si el primer matrimonio de Nagato fue reconocido por la Iglesia, ¿cómo pudo, entonces, casarse por segunda vez?
—El arzobispo de Burdeos y los obispos de Poitiers y de Saintes declararon que el primer matrimonio no era valido.
—¿Con qué argumentos?
—Consanguinidad —respondió Hinata.
—Porque como primos segundos eran parientes cercanos ,¿verdad?
—En efecto —confirmó Hinata—. Inmediatamente después, Nagato se casó con lsahella, lo que le trajo un sinnúmero de problemas porque ella ya había sido prometida a otro hombre. Isabella tenía apenas doce años cuando se casaron.
—Nagato se apodera de lo que quiere, ¿no es así? —comento Kurenai.
—Sí, así es —coincidió Hinata.
Kurenai sacudió la cabeza, pesarosa.
—Inglaterra ha cambiado mucho desde los tiempos en que yo vivía allí.
—El culpable de los peores cambios es el rey Nagato. Ha expropiado las posesiones de muchos nobles poderosos, y corren rumores de insurrección. Peor aún, ha enajenado los bienes de la Iglesia, y el Papa ha tomado represalias poniendo a todos los ingleses bajo una interdiccion.
Kurenai soltó una exclamación sofocada.
—¿Nagato ha sido excomulgado?
—Todavía no, pero creo que el papa Inocencio se verá obligado a excomulgarlo si Nagato no se doblega y pronto a la decisión del pontífice. La raíz del problema es el cargo de arzobispo de Canterbury. Nagato quería que se nombrara al obispo de Norwhich, John de Grey, pero los jóvenes monjes de Canterbury ya habían elegido a Reginald y lo habían enviado a Roma para que fuera confirmado por el Papa.
—¿Y el Papa confirmé a Reginald, entonces?
Hinata negó con la cabeza.
—No, puso a su propio candidato, Stephen Langton. Nagato se indignó de tal forma que le prohibió a Langton regresar a Inglaterra, y asumió el control del monasterio de Canterbury, entonces fue cuando el pontífice puso bajo interdicción a todo el pueblo inglés. No se pueden celebrar oficios religiosos. Las iglesias están cerradas y los curas deben negarse a bendecir matrimonios. No pueden administrar ninguno de los sacramentos, salvo aquéllos de extrema necesidad. Corren tiempos sombríos en Inglaterra, y mucho me temo que no harán más que agravarse.
—He oído decir que Nagato se deja llevar por sus accesos de ira.
—Es bien conocido por su ferocidad.
—No me extraña que no hayas acudido a él en busca de ayuda.
—No, no pude —dijo Hinata.
—¿Tienes familia que se ocupe de ti?
—Mi tío Hizashi está prisionero —murmuró Hinata—. Y se me ha asignado... una tarea... para cumplir antes de la cosecha de otoño. Si fracaso, mi tío será ejecutado.
—¡Oh, Hinata, vaya si has pasado lo tuyo!
—Necesito la ayuda de tu esposo.
—Él te ayudará en todo lo que pueda —le prometió Kurenai, en nombre de Asuma.
—El hombre que mantiene cautivo a mi tío es consejero del rey, y Nagato le hará caso a él, no a mí. Pensé en solicitar ayuda a uno de los nobles más poderosos, pero todos se hallan enzarzados en luchas internas, y no sé en quién podría confiar. Inglaterra —concluyó—, es un caos, y me preocupa el futuro.
—No voy a seguir acosándote con más preguntas —anunció Kurenai— . Tendrás que contarles todo a Sasuke y a mi esposo.
—Gracias por tu paciencia —replicó Hinata.
En ese momento golpearon a la puerta, pero antes de que Kurenai pudiera responder, Konohamaeu entró corriendo en la habitación. Al ver a Hinata, se paró en seco.
Ella, sonriendo, se puso de pie.
—¿Sucede algo malo, Konohamaru? —le preguntó.
—Estás... hermosa —logró decir él.
Kurenai estuvo de acuerdo. Al secarse, el largo cabello de Hinata caía sobre sus hombros en una cascada de rizos que enmarcaban perfectamente sus delicadas facciones. Era una atractiva mujer que esa noche iba a provocar un verdadero revuelo, predijo Kurenai.
—Mamá, papá te ordena bajar en este mismo instante. Dice: '¿no puedes oír la música?". Ya ha llegado todo el mundo y están todos listos para empezar a comer. Hinata, tú también debes bajar. Eso dijo el tío Naruto.
—Kurenai, ve tú adelante —dijo Hinata—. Tengo todo el vendaje húmedo, y de todas maneras, pienso que me lo tengo que quitar.
Kurenai le ofreció su ayuda, pero Hinata insistió en que fuera a reunírse con su esposo. Una vez que se encontró sola, se sentó, y con toda lentitud se quitó el vendaje, temerosa de lo que fuera a encontrar debajo.
La herida era más impresionante de lo que esperaba, pero por suerte ya no supuraba y la inflamación parecía haber desaparecido. Tenía la piel arrugada, en carne viva y con un aspecto horrible. Se recordó que ser vanidosa era pecado y que no debía preocuparse por las cicatrices.
Además, siempre podía cubrirse el brazo con la manga de su traje, y nunca lo vería nadie más que ella misma. La herida todavía estaba muy sensible al tacto, y al lavarla con agua y jabón no pudo evitar una mueca de dolor. Cuando terminó de cumplir con las indicaciones dadas por Shisune Drummond, el brazo le latía.
Se secó dando suaves golpecitos, se bajó la manga hasta la muñeca e hizo a un lado el insignificante tema de su herida. Había cosas mucho más importantes de las que preocuparse. Su pensamiento regresé a su tío Hizashi. ¿Lo tratarían bien? Si habían permitido que su servidumbre se quedara con él, Hinata sabía que estaría bien, pero si Hidan lo había trasladado...
Hundió el rostro entre sus manos. "Por favor, Señor, cuida de él. No permitas que tenga frío o que se enferme. Y, por favor, no dejes que sepreocupe por mi."
El sonido de risas interrumpió sus súplicas; con un suspiro, se puso de pie y de mala gana, bajó a reunirse con los Sarutobi.
Continuará...