Adrenalina
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SAKURA POV'S
-Bien, eso es todo por hoy. No se les olvide que el día de mañana es el último plazo para entregar su ensayo.
Los bufidos y maldiciones hacia el profesor y al ensayo no se hicieron esperar. Lo haría yo también pero no es necesario, hacia días que había terminado ese ensayo.
Una semana. Una lenta y aburrida semana desde que me encontré con Pain. Las llaves que me entrego no las he utilizado. Todavía no. Siguen en mi escritorio junto a mi computador. Es solo cuestión de tiempo para esperar órdenes. Tampoco es que tuviera prisa pero cada vez que veo aquellas llaves la adrenalina corre por mis venas y sin evitarlo me emociono demasiado. Todo en mi es una revolución.
Días en los que me levante a las de madrugada y el sueño no volvía a mí. Loca era lo que me estaba volviendo si no saciaba esta necesidad.
Si…, necesidad.
Para mí, sentir el riesgo que corro en un momento definitivo es una necesidad. Estar entre la vida y la muerte es una sensación…única, por no decir mágica.
No es como las drogas, ni tampoco como el alcohol, yo diría que es como un camino diferente no es necesario meterme nicotina en el cuerpo ni sustancias extrañas que me harán ver el paraíso, es solo que sentir la sensación de morir en cualquier momento es adrenalina pura. Es como meterse toneladas de adrenalina en el cuerpo.
Desafiar a la muerte y ganarle.
Estar entre una línea.
La primera: Caer en un abismo sin fin, en las manos de la muerte para recibir tu castigo por todos tus pecados, despedirte de todos aquellos seres que te aman. O la segunda: vivir para contarlo, para sentirte libre, para cometer muchos más errores los cuales de igual manera serán castigados y para burlarte del mismo infierno por no caer en él.
Entre la vida y la muerte.
Muchos dicen, que es una estupidez, otros que es una pérdida de tiempo, algunos que solo es arriesgar la vida en una idiotez. Pero para mí no. Para mi es único.
Además, prefiero estar en esto que fumar, drogarse, tomar y tener sexo sin control como lo hacen otras personas. Se podría decir que es un vicio, pero un vicio que no me traerá nada malo. Solo la muerte.
Pero… después de muerta ¿Qué puede pasar?
De solo no saber mi propio destino y las malas jugadas que me pasara me pone los pelos de punta, aunque más que todo: Felicidad.
Claro, pero no todos piensan igual.
Muchos planean su futuro. Su carrera, su familia, con el amor de su vida y con muchas cosas mas que son importantes para las personas.
Pero y si no llegan a sus metas ¿Qué harán?
Morirán, caerán y sobre todo se rendirán. Ya no ven las mismas esperanzas que veían antes.
Para mí eso no es una opción, me gusta conocer lo desconocido, apreciar lo incierto y no tener planes. Me preocupo por mi futuro, claro. Pero también me preocupo por mi presente, aunque más que preocuparme me gusta vivirlo.
No digo que anhelo la muerte ni mucho menos, más bien diría que me gusta estar viva. Pero verle la cara a la muerte tiene su gracia, o por lo menos para mí.
-Sakura, ya tienes que irte.
-¿Eh?-
Cuanto tiempo me quede pensando. El salón ya estaba vacío no había rastros de nadie a excepción del profesor que estaba parado en la puerta mirándome con gesto serio y aburrido junto con unos papeles entre su brazo.
-Tienes que irte a casa- dijo serio para después salir del salón.
Sola.
Aún estaba sentada en mi lugar sin hacer nada. Suspire y me quite las gafas. Nadie me estaba viendo así que soy libre de hacer lo que quiera, bueno, tampoco es que me vaya a volver loca en un instante pero la nariz ya me estaba doliendo. Los lentes son muy pesados, tal vez debería cambiarlos por unos más livianos.
Cogí mi mochila y guarde los restante en ella. Inconscientemente mire al otro lado del salón, en la otra esquina opuesta a la mía.
Sasuke...
Hace también una semana que Sasuke dejo de venir, de hecho vino a mitad de semana pero igual como vino también se fue. Lo más probable es que no lo hayan admitido por el accidente que tuvo, debía de estar en reposo y al igual que sus amigos no vino el resto de la semana.
¡Bah! ¿Por qué debería yo preocuparme por ese bastardo? De solo recordar cómo me trato en hospital la sangre me bulle…bulle…hierve. ¡Que se coma un zapato ese idiota!
Debería de estar agradecido y apostaría lo que fuera que en este momento debe de tener una cara de muy mala leche maldiciendo todo a su alrededor y mandando a la…
-¿Sakura?- aquella voz…
Un brazo desconocido toco mi hombro y yo de estúpida me caí de culo. Mi cuerpo se congelo. No sé qué decir, ni si quiera sé que estoy haciendo soy incapaz de moverme. Miedo es lo que siento. Y al parecer él lo ha notado. Itachi está aquí.
-¿Estas bien?- me pregunta un poco confundido.
-Sí, lo siento, es solo que me has sorprendido- digo un poco nerviosa- ¿Qué haces aquí?
Mi pregunta lo cogió de sorpresa no esperaba que fuera tan arisca, de hecho ni yo me lo esperaba pero odio cuando me asustan de esa manera y me cogen desprevenida.
-Bueno, pues solo venía a hablar con los profesores de Sasuke pero te vi y decidí venir a saludarte, aunque creo que fue una mala idea. Lo siento, no era mi intención asustarte.
¡Pero que idiota soy! Itachi es el único hombre que no se ha comportado como un imbécil conmigo y yo le respondo como si quisiera que se largara.
-No te preocupes- sonreí tímida hacia el- sé que no era tu intención.
Su enorme sonrisa no tardó en aparecer. Me gusta eso de él. Me gustaría que todos fueran como el, pero pedir un milagro es imposible. Sus ojos muestran felicidad mientras su gran sonrisa ilumina el salón. Debo de parecer una idiota.
-No, no lo eres- dice rápidamente.
¿Qué? Pero… ¡oh mierda!, lo he dicho en voz alta.
-Solo…, estaba pensando- respondí. Las manos me empezaron a temblar al igual que todo mi cuerpo. Me da demasiada vergüenza hablar con la gente y mi cara debe de parecer un tomate.
-Y dime ¿Porque no has salido de la escuela?
Mi voz al igual que siempre que estoy en frente de alguien tiembla, empiezo a murmurar y es un hilillo de voz. Toda esa valentía que tengo cuando estoy sola y todos aquellos pensamientos sobre mi vida se esfuman.
Ni siquiera me atrevo a responder e Itachi parece desesperarse por eso. Se acerca un poco a mí y empiezo a temblar. Estúpida timidez.
-¿Estas bien?- murmura acercándose aún más a mí. Su cercanía me inquieta y siento ganas de salir corriendo lejos de él.
Quería responderle «no», que me siento incomoda con su presencia pero ni siquiera eso puedo. Los nervios me ganan y eso hace que yo me bloquee.
-Si-mentí.
-No parece- asevero- deberías aprender a mentir.
Su comentario, más que ofenderme me hizo razonar. Mi cara debe de estar como un tomate. ¡Ahhh! Ni si quiera me moleste en responder a eso. No quería contarle a Itachi sobre mis sentimientos, pero por alguna extraña razón, tampoco quería que se fuera, no, corrección. No quería quedarme sola.
-¿Te puedo hacer una pregunta?- dije sin pensarlo.
Sus ojos me miraron a la espera de que yo le dijera.
Esaba relajado y eso me decía que sí, que no había ningún problema, así que intentando lo ser más normal posible me apoye de espaldas en una mesa y haciendo a un lado todos mis nervios pregunte:
-¿Cómo siguió tu hermano del accidente?-
Mi pregunta lo tomo por sorpresa. Sus ojos se agrandaron y sus cejas se arquearon por la confusión.
-¿Cómo lo sabes?
Buen punto…,¿Cómo lo sé? Bueno, podría decirle que fui yo la que llamo a la ambulancia, la que lo dejo incapacitado, la que lo atendió a él y a sus amigos o…simplemente le diría que no lo sabía y que solo lo adivine.
Decidí por la segunda opción.
-Me entere-
Sus ojos se pusieron en blanco.
-Pero…, nadie sabe del accidente.
¡Mierda! ¿Y ahora que se supone que diga?
-No necesariamente todos lo tienen que saber- dije- ¿Si te digo que yo lo sé, me creerías?
¡Perfecto! Mi lado tímido desapareció y dio entrada a la preocupación. Por muy estúpido que fuera me sentía preocupada por Sasuke, él fue el que salió más grave de ahí. No soy capaz de no preocuparme, así Sasuke sea el más idiota e imbécil del mundo, con un ego hasta los cielos. No le desearía ni lo peor que a mí me pudiera pasar.
-Pues…,-dudo un momento en su respuesta pero hablo- Sasuke se está recuperando, eso sí, ni te digo como esta su genio. No se lo aguanta nadie.
-Me alegro- Respondí sinceramente.
El silencio reino el lugar y me di cuenta de que no había nada más que hablar. Agarre mi mochila y la coloque en mi espalda. Su mirada me seguía al igual que la mía. Yo no hablaba y él tampoco hablaba. Estaba a punto de despedirme y de salir cuando una voz al fondo se escuchó.
-¡Itachi! ¿Dónde carajos estas?-
En la puerta apareció Sasuke. Tenía su brazo escayolado y unas cuantas cintas de vendaje en su cara y brazos. La camisa blanca y su pantalón gris a media rodilla me decía que no había salido de casa en unos cuantos días, claro, sin contar su usual rostro fruncido.
Mi mirada no se despegaba de él. Para ser sincera, se encontraba en un muy buen estado.
No me muevo, no se mueve, nadie se mueve. Itachi ni si quiera se molestó en mirar a su hermano; ni si quiera por la ira que desprendía a su alrededor.
-Nos vemos al rato Sakura- dijo Itachi despidiéndose de mí. Sasuke le dirigió un fulminante mirada a Itachi esperando a que saliera por el lumbral de la puerta. Cuando lo vi desaparecer; Sasuke salió; no sin antes mirarme de la manera más fría y cerrando la puerta de un portazo.
Nada de esto iba a salir bien.
Suspire pesadamente y cogí mi mochila. Entre más antes saliera de ahí, mejor.
A casi medio camino de llegar a mi casa me solté el cabello. Un asqueroso dolor de cabeza me estaba atormentando, tanto, que ya ni siquiera sabía para donde iba. Mi celular empezó a sonar y me detuve para contestar, pero cuando lo fui a hacer ya había dejado de sonar. Lo único que leí era que tenía una llamada perdida de un número desconocido. Sin darle mucha importancia empecé a caminar otra vez pero no pasaron ni dos minutos cuando el celular volvió a sonar. Esta vez estaba preparada.
-¿Qué te parece venir hoy conmigo?
No hacía falta que saludara. Ya me imaginaba quien era. Deje caer mi brazo con el celular resoplando y rodando los ojos. No quería que me escuchara y antes de que dijera algo más ya tenía de nuevo el teléfono en mi oído.
-Pein...,-susurre- ¿A dónde se supone que me vas a llevar esta vez?- dije molesta.
-Es una sorpresa-dijo quisquilloso- Además ¿Por qué estas molesta?
-¿Tu por qué crees?- hable sarcástica. Su risa la pude escuchar; ¡el muy imbécil es estaba burlando de mí!
-Vamos Sakura…, no es mi culpa…
-¿¡No es tu culpa!?- grite desesperada-,¿¡No es tu culpa!? ¡Claro que es tu culpa! Una semana, una maldita semana en la que no me has llamado.
Me importaba una mierda si me tachaban de loca.
-¿Porque no vienes esta noche?- Pregunto tranquilo. Su maldita tranquilidad me sacaba aún más de mis casillas. Me desesperaba.
A no más de diez metros había un parque. Camine lo más rápido que pude hasta una banca debajo de la sombra de un árbol, alejada de todos; y me senté. Deje mi mochila en el suelo y empecé a quitarme la pesada e incómoda sudadera. El calor estaba que mataba, me valía mierda si Pain tenía que esperar a que le respondiera.
Que se aguantara. Yo había aguantado una semana.
Mire el teléfono en mi mano. No sabía si cortarle, mandarlo a la mierda o simplemente aceptar la invitación. Alce la vista y mire a los niños jugar en el suelo, con un balón o simplemente corriendo de ellos mismos.
Cerré los ojos y una vaga imagen de cuando yo era niña apareció de repente. Una sonrisa se extendió por todo mi rostro y luego se desvaneció. Sacudí mi cabeza. No podía pensar en eso. No ahora.
Puse el telefono en mi oído retomando la conversación que tenía pero no pude hablar cuando sentí un brazo alrededor de mi cuello.
¡Dios! ¡Me van a robar!
Me tense. Intente gritar, no pude. Golpearlo, tampoco pude. Moverme, mucho menos.
-No deberías estar aquí…tan sola- murmuro alguien a mis espaldas. Conocía esa voz…de algún lado.
Ni siquiera me moleste en contestar.
Su ancho y musculoso brazo seguía en mi cuello. Tenía algunos rasguños y cortes, nada que se pudiera ver a simple vista.
Solo esperaba que no me hiciera nada.
-¿Te asuste?- volvió a hablar, pero su voz era normal, una de la cual estaba segura de conocer.
Aleje su brazo bruscamente de mí y me levante a encararlo.
-¿Eres idiota o te haces?- espete con el ceño fruncido.
Sonrió y con toda la tranquilidad se sentó en donde yo estaba y extendió sus brazos alrededor del espaldar.
-Tranquila. Solo quería hablar contigo.
-Eso es lo que estábamos haciendo ¡imbecil!- gruñí. Me cruce de brazos mientras le daba la espalda alejándome unos pasos de el.
-¿Por qué el mal genio?-pregunto riéndose.
-¿Cómo esperas que este? ¿Riendo?-ironice. Guarde la sudadera en mi mochila con rabia. Le colgué en mi hombro y me fui de ahí. Las apresuradas pisadas detrás de mí hicieron que me detuviera.
-Vale, ya. Lo siento.
-Eso no es suficiente.
-Entonces…, si te invito una cerveza hoy ¿Me la aceptarías?
Me gire mirándolo incrédula ¿de verdad cree que aceptaría?
-Mañana tengo que estudiar.
-¿Y?- dijo alzando sus hombros con indiferencia.
Rodé los ojos, me di media vuelta y seguí mi camino.
-Faltar un día no te va a hacer mal-dijo sonriendo. A pesar de estar distanciados lo pude escuchar perfectamente.
Lo mire sobre mi hombro y sonreí.
-Está bien. Si esta noche me das lo que quiero.
Su sonrisa se desvaneció por completo. Su boca hacia una línea casi perfecta sabiendo que eso no le gustaría para nada. Me aburrí de esperar su respuesta y seguí caminando.
-¡Esta bien!- grito- Te paso a recoger- gruño caminando por el lado contrario.
¡Genial!
Seguí mi camino hasta la casa sin borrar la sonrisa que tenía en mi rostro.
Como siempre, no había nadie en casa así que tire la mochila en la esquina de la puerta y cerré de un portazo. Subí corriendo las escaleras hasta mi habitación y me puse ropa de casa. Cogí mi I-pod, mis audífonos y me los coloque. Feliz de la vida. Me recosté en la cama mirando el techo pensando en cómo se sentiría otra vez esa exquisita sensación y sin darme cuenta un rato más me dormí con una sonrisa plantada en mi rostro.
Cuando desperté la noche ya estaba en mi ventana. Bostece y me estire en la cama, estaba lo suficientemente descansada para esta noche. Me levante de un salto, agarre mi toalla y me fui directa al baño.
Cuando salí me di cuenta de que eran las diez menos veinte ¡Dios! ¿Cuánto había dormido? Sali a mi habitación con solo bragas mientras buscaba que ponerme. Encontré unos vaqueros oscuros y una blusa blanca ajustada. Nada mal. Me puse mi converse negros y me fui.
Cuando baje a la cocina fue mi sorpresa de no encontrara a nadie, la oscuridad reinaba en el lugar. Me pegue contra la pared y a tientas busque el enchufe para encender la luz. Mi estómago gruño, pidiendo comida así que no lo hice esperar. Saque unos nachos con crema de queso y los serví en un plato. Me recosté en la barra de la cocina mirando al vacío. Sentía crujir el pequeño triangulo en mi boca con la crema. Rico.
El motor de un carro hizo que dejara de mirar el vacío.
Por fin
Tome mis llaves y mi celular para salir dando un portazo.
Pain estaba recostado en la puerta del copiloto, al parecer su cara no ha cambiado desde que me lo encontré en el parque.
-¿Estas lista?- pregunto, dirigiéndose al otro lado del auto.
Un hermoso porsche 911 gt3 era el auto de Pain, seguro costo un buen dineral, pero valia la pena darse ese lujo. Un súper auto.
-Sip- me subí emocionada a su lado.
-Bien-
Durante todo el camino no hablo, ni siquiera me miro. ¡Bah! Infantil. Mientras avanzábamos por las calles podía escuchar como la música se hacía más alta cada vez que no acercábamos. El bar de akatsuki.
Me baje y admire el lugar. Precisamente era el mismo lugar donde no habíamos encontrado. Con razón era tan grande. Mire a mí alrededor. Chicos y chicas besándose, hablando, fumando, incluso follando. Sentí la mano de Pain sobre la mía jalándome adentro, en cuanto el de seguridad lo vio lo hizo pasar sin ningún apuro pero cuando me vio hizo que me detuviera.
-Viene conmigo- se apresuró a decir Pain sin parar de caminar.
El lugar estaba lleno. Casi ni escuchaba a la gente, la música estaba bastante alta. Se hizo paso entre la gente conmigo atrás de el sin parar de caminar, subimos a unas escaleras, la segunda planta. No había tanta gente como abajo.
Pain se sentó en una de las cómodas sillas vacías.
-¿Vienes?- dijo palmoteando el espacio vacío a su lado.
Me tumbe a su lado mientras que el llamaba a la camarera con una mano.
-Tráeme dos cervezas- ordeno guiñándole un ojo.
Le sonrió coquetamente mientras que se llevaba un dedo a su boca haciéndola ver provocativa. Se fue meneando sus caderas y yo la mire de arriba abajo. Hice una mueca de disgusto y mire a mi acompañante.
-No crees que es muy… ¿zorra?- Pregunte, cruzándome de piernas.
Alzo una de sus cejas.
-¿Zorra?
No sabía si estaba burlándose de mi o de ella. Di por terminada la conversación con un bufido y fue cuando la misma camera se acercó con dos vasos de cerveza, los dejo en la mesa inclinándose hacia Pain mostrándole sus grandes tetas, lo cual él no se molestó en disimular mirar.
-Me prometiste algo-le dije medio molesta.
-Sí. Una cerveza.
-No seas idiota-replique-dame lo que quiero.
Dio un largo trago a su vaso y dejo caer el mismo en la mesa con un ruido seco.
-Ni siquiera trajiste tus llaves- dijo resaltando mi propiedad.
-Y quien dijo que tenía que ser con mis llaves.
De ninguna manera dejaría que se escapara. Quiero lo que deseo, y el, me lo tiene que dar.
Maldiciendo entre dientes, vi como alzaba su cadera y metía las manos en su bolsillo trasero. Saco una llave de plata y el dejo sobre la mesa. Sin pensarlo la agarre y me pare de la mesa, tome un pequeño sorbo de mi cerveza di la vuelta para irme a la salida, pero antes de que pudiera dar el primer paso sentí unos dedos apretar mi muñeca. Pain.
-Ni un rasguño, Sakura- dijo con toda seriedad para luego soltarme y dejarme ir –A, por cierto, el lunes te vas a llevar una gran sorpresa.
La maldita sonrisa en su rostro cuando se fue me dio indicios de que me tenía que preocupar. Aun me miraba cuando se fue a sentar; alce mis hombros, indiferente dándole a ver que no me interesaba aunque realmente era todo lo contrario.
Se oía la música demasiado alto y murmullos leves de la gente hablando.
Salí del maldito lugar con esfuerzo evitando que alguien me aplastara, o peor aún, me manosearan. Ugh.
A unas calles pude ver el auto de Pain. Ya sentía la adrenalina correr por mis venas, como siempre pasaba cuando me lo imaginaba. Con una gran sonrisa en mi rostro camine rápido hasta el auto, abrí la puerta del conductor y entre.
¡Por fin! Después de casi un año entero, volvería hacer lo que más me gusta.
Pensé en Pain por un segundo, antes de encender el auto. Esto no lo va a hacer feliz, pero a mí sí.
Encendí el auto sintiendo como la adrenalina se multiplicaba por diez. Pise el acelerador varias veces escuchando el gran rugido de ese motor sin moverme, estaba segura de que se podía escuchar aún más fuerte que toda la música de afuera. Así que, sin esperar más, hice el cambio en la palanca y acelere. Empecé a andar por las calles a 80 km/h esquivando autos y haciendo caso omiso a todos los insultos y claxon que se quejaban.
Andar a 80 km/h me parecía muy poco, así que tome por otra ruta, una la cual nadie se atrevía a conducir porque no había luz, de hecho, casi siempre es donde roban a la gente, pero no le tome importancia.
Faltaban muy pocas calles para que llegara. Era la ruta que me sabía de memoria; podría llegar allí con los ojos cerrados. De un brusco y rápido movimiento gire a la derecha haciendo que las llantas del auto rechinaran contra el cemento por el freno.
Toda una calle delante de mí.
Un túnel.
Oscura.
Peligrosa.
Ni siquiera el ser más suertudo desearía meterse ahí. Ni una luz iluminaba aquel callejón. Encendí las luces del auto y ni siquiera con eso podía ver claramente.
Tenía la vista al frente, mi respiración era agitada e irregular. Apreté el volante entre mis dedos sintiendo como el sudor en mis manos lo hacía resbalar. Volví a hacer un cambio y arranque hacia adelante dejando una nube de polvo atras. No había nada ni nadie.
30 km/h
Apreté el acelerador.
50 km/h
Hice cambio y apreté aún más el acelerador. Las paredes de ladrillo pasaban a una velocidad considerable.
Pero no era suficiente.
90 km/h
Sigue sin ser suficiente. Moví el cambio. Apreté aún más el acelerador. El motor del auto se quejaba por el sobre esfuerzo que hacía, pero aun no era suficiente.
Distinguía algunos dibujos en las paredes, pero eran solo imágenes borrosas.
180 km/h
Era lo máximo que el auto podía dar. Tenía que empezar a detenerme, el callejón se estaba acabando y muy pronto saldría de nuevo a la calle principal con los otros autos.
Gruñí molesta por que aún no había saciado mi necesidad. Deje de pisar el acelerador y cambia la velocidad a la mínima.
160 km/h
140 km/h
120 km/h
80 km/h
60 km/h
Bufe.
Con la mínima velocidad me adentre a las calles, encendí el radio y estaban dando una canción de rock, no estaba muy segura de cómo se llamaba pero empecé a tararear su ritmo mientras volvía al bar. Cuando llegue cerca a unas calles lo estacione, apague el motor y salí hecha una furia. Cerré de un portazo y espere a que el auto diera los dos pitidos para que se cerrara y en cuanto lo hizo me adentre al lugar.
Fue casi igual que cuando me fui.
Sin importarme una mierda empuje al que se metiera en mí camino, recibí algunas quejas de mujeres pero las ignore. Cuando llegue a la segunda planta del edificio vi a Pain con una muchacha entre sus piernas besándole el cuello mientras que él le manoseaba el culo.
¡Genial!
Pain abrió los ojos, y sin dejar de acariciar el culo de la "mujer" me miro e hizo una seña para que me acercara a ellos. Rodé los ojos, pensando en un momento en negarme a ir, pero se lo debía, tenía que hacer caso. No es que fuera perrito, pero si no es por él no tendría mi oportunidad.
En cuanto llegue a la mesa, me senté y vi que mi vaso seguía intacto mientras que él ya tenía tres más vacíos y uno lleno hasta la mitad. De repente, me dieron unas inmensas ganas de beber algo así que me relamí los labios y lleve mi vaso hasta ellos haciendo que el líquido amargo atravesara mi garganta.
Le dijo algo a la chica al oído y ella se fue, mirándome con reproche y haciendo una mueca.
-¿Y?- pregunto con una sonrisa.
Saque las llaves de mi bolsillo y las deje en la mesa.
-Quiero mi auto- exigí molesta. Estiro su brazo y tomo las llaves dejándolas colgando de un dedo.
-Lo tendrás- las guardo y tomo su vaso para luego beber el resto de su cerveza.
-¿¡Cuando!?
-El lunes en la mañana… o tal vez el martes- dijo tranquilo. Llamo a la misma perra con la que estaba ahorita y le pidió más cerveza. Esta con mucho gusto acepto traérsela y se fue de ahí.
-No te quieras pasar de listo conmigo- entrecerré los ojos mirándolo.
Sabiendo que no iba a obtener respuesta de él saque mi celular para mirar la hora y me sorprendí que faltaran quince minutos para las dos de la mañana.
-No te preocupes.- hablo Pain sin mirarme- Te llevare a casa.
-¿Tu?- arquee una ceja incrédula-No creo que puedas, y antes de que me digas que si puedes, no voy a arriesgar mi vida en tus manos- dije apuntándolo con un dedo.
Giro su mirada hacia mí y antes de que dijera algo la camarera llego con tres vasos de cerveza, dejo dos al frente de él, que le guiño un ojo coqueto y el otro lo dejo al frente mío.
-¿Recuerdas quién te enseño a conducir?- pregunto burlón, con su típica sonrisa. Igual a la de Sasuke.
Un momento…
¿Sasuke?
¿¡Qué hago pensando en Sasuke!?
Su fría mirada de hoy y su rostro serio aparecieron en mi mente. Cerré lo ojos y sacudí mi cabeza intentando algar aquel rostro de mi cerebro.
Baje la mirada y gruñí molesta. Pain tenía razón.
-Eso fue lo que creí- dijo dándole un trago a su cerveza.
Paso más de media hora para que no fuéramos. Pain me dejo sola para irse con la zorra de la camarera que no perdió oportunidad de mirarme mal. Quería responderle pero eso sería perder mi tiempo. Varios chicos me invitaron a bailar, otros me invitaron un trago, pero en cualquier de los casos los rechace.
Ya iba en mi cuarto vaso de cerveza, y ni siquiera el alcohol en mis venas hizo que el rostro de Uchiha Sasuke saliera de mi mente.
Algo mal estaba en mí.
Algo malo iba a pasar.
Continuara…
