Disclaimer: Los Personajes Originales son y serán propiedad de Masashi Kishimoto. La idea y concepto para esta historia así como la manera de desarrollar la trama es lo único que va por mi cuenta.

Se agradece TODO tipo de review, comentario y/o crítica.


ROSA DE DOS AROMAS

Décimo Segundo Capítulo

"Porque las cosas no siempre son sencillas"

—Te noto fatigado —Sakura rozaba con el dorso de su mano la mejilla de Itachi Uchiha. Un trato cálido y suave—¿Pasa algo?

Ésta permanecía sentada en el extremo izquierdo del diván para invitados, que casi nunca se usaba en la oficina salvo por el haragán de Shisui, quien solía tomarse sus "siestas intermediarias" allí. Itachi estaba junto a ella, rodeándole con su brazo.

—No es nada –murmuró, tratando de emular una expresión un poco más serena. Degustó el último bocadillo de los panqueques caseros que le había preparado ella—Sólo una temporada estresante para las compra-ventas de acciones. Nada que no se pueda respaldar.

A pesar de la afirmante expresión de confianza reflejada en Sakura, aun percibía la exigua mortificación por él.

Itachi tampoco podía fingir del todo la inseguridad de sus palabras. Ésa era la razón que le mantuvo despierto el resto de la noche, no era tanto el pacto vergonzoso que le habían obligado a hacer, ni las posibles represalias que tomarían con él si su padre o Madara-sama llegasen a comprobarlo, no, era Sakura ahora su primordial motivo de preocupación. Y por lo mismo se había dicho interiormente que no se lo mencionaría, por lo menos no ahora.

Sakura estaba enterada de la importancia de Itachi en la empresa, así como las altas y bajas del negocio familiar, y eso era aun muchísimo antes de que comenzaran a salir como pareja. Podía tomarse como una ventaja para ambos, la comunicación y la confianza nunca había tenido que ser forzada. De algo podía agradecerle ella al bastardo de Sasuke era que, aparte de haberla dejado libre –libre, aunque doliera un poco al principio-, era que en cierto aspecto, los había acercado a ambos.

El destino podía ser piadoso también. Itachi no quería abusar de ello ni de la desinhibida confianza de Sakura con él, simplemente porque el argumento en cuestión era demasiado duro de tragar, y desconocía las repercusiones que pudiese tener. Lo último que hubiese querido en esta vida era que ella sufriera por su causa.

No podía decírselo, no ahora. Esta era una cuestión que de momento sólo le convenía a él, y si había accedido a la oferta de Pein era porque éste había perjurado que nadie saldría involucrado.

Itachi esperaba que así fuese.

—No te esperaba a estas horas de la mañana—dijo Itachi tranquilamente. Sakura tenía apoyada la cabeza sobre su confortable hombro, percibiendo los acompasados latidos de su corazón—Fue una agradable sorpresa.

Me alegraste el día.

Ésa era la verdadera frase, pero no la verbalizó, por mera sutileza de su escueta forma de expresarse. No era extremadamente parco e insensible como su hermano, pero aun así, se notaba un poco raro en él, usar frases tan personales y sentimentales. No era su costumbre, pero quería intentarlo, tenía todo el tiempo del mundo para aprender, con Sakura a su lado.

—No tenía nada que hacer por la mañana, y quería verte –comentó Sakura—. Aunque creí que sería una imprudencia de mi parte, venir sin avisar.

Él negó levemente con la cabeza.

—Hmp…yo no lo hubiera tomado de ese modo. Además el único por aquí que te conoce, aparte de mí, es Shisui, y es demasiado despreocupado como para ocasionar problemas. Y mi padre no regresará hasta dentro de dos días.

—Supongo que después de eso, seguiremos viéndonos a escondidas a la hora del almuerzo.

—Quizás no por mucho —Itachi la acercó más hacia él. Su mirada era segura—. Podríamos esperar hasta la siguiente semana, y dejar esta maldita farsa.

Sakura le miró con los ojos muy abiertos. No había querido sonreír ante aquella premisa, pero lo hizo de manera impulsiva.

—¿No sería demasiado pronto?

Él ahora sujetaba ambas manos de la joven. Su rostro contiguo, apenas tocando las comisuras de los labios con los suyos.

—Cuando estoy seguro de algo, no pienso esconderlo –dijo, perdiéndose en las pupilas esmeraldas de Sakura—No quiero perderte.

El gesto infranqueable y sólido de su mirada hizo que a Sakura el corazón le diera un vuelco. Un estertor cálido y sustancial, que nunca había experimentado a manos de Sasuke ni de nadie más.

Se quedaron viendo mutuamente, sin decir nada más. Como si quisieran sacar el resto de la conversación por medio de sus gestos, miradas y caricias compartidas en aquel beso, inicialmente corto.

Sus manos no permanecían parcialmente quietas. Viajaban con mesura por el talle esbelto de la joven. Su espalda, sus caderas, y deteniéndose paulatinamente en sus muslos, sin dejar de besarse. El contacto no era estremecedoramente intenso, no tanto como la ocasión en que ella apareció en su oficina con el indicio de que se había decidido por él, sin siquiera decírselo literalmente. No, éste beso, así como los del día anterior en el restaurante y de camino a casa de Sakura, estaban impregnados de un sentimiento necesitado, calmado y susceptible.

A Itachi le agradaba perderse en el dulce sabor de los labios de Sakura, el profundo aroma a cereza que emanaba de sus cabellos. Era una combinación de sensaciones que provocaban una sacudida casi monumental en todo su ser, como una vibración intensa.

¿Vibración? No, en éste momento su mente oía a kilómetros un silbido entrecortado, como el del comunicador del escritorio.

Rayos…

El sonido se, dándole una similitud a un código tipo Morse, y sacando a ambos de aquel embelesamiento recíproco.

—Itachi…algo…suena…—jadeó Sakura, separando sus comisuras un par de milímetros de las de él.

—No importa. —apoyó cuidadosamente su rostro contra el frágil cuello de Sakura, recorriendo su piel con un tacto tan sutil que la hacía temblar.

—¿Y…y si es…importante?

Entonces el incesante ruido le llegó de lleno al tímpano. Eso había acortado todo, de la misma manera en la que el viento apaga la llama de una vela.

Se separaron, escrutando silenciosamente el origen del tan molesto sonido.

Sobre el vértice derecho del escritorio, el intercomunicador digital emitía una intensa lucecilla en el interior del botón de "llamada en espera", destellando como el insistente ojo ciclópeo de alguna criatura.

El pitido del artefacto no cesaba, a lo que Itachi respondió levantándose renuente y con unas ganas inmensas de arrojar el intercomunicador por la ventana o salir y adherírselo a su tan querido primo en la cara.

Maldita sea…¡Voy a matar a Shisui!, masculló mentalmente mientras hundía el dedo índice en el resplandeciente e inocente botón.

—¡¿Qué quieres?! –espetó el, denotando un leve enojo pero sin perder la compostura.

Oyó la interferencia, seguida de la voz nerviosa de Shisui.

—…ponte los malditos pantalones y sal corriendo como el infierno…—jadeó, con un tono tan bajo que Itachi no entendió completamente nada.

—¿Qué?

—…que hay problemas…sal como puedas…—La voz de Shisui seguía oyéndose tan baja como la de un afónico.

Itachi perdió la paciencia.

—¡Maldición, Shisui! ¡No te entiendo nada!

La respuesta de éste fue un gruñido ahogado. Carraspeó para aclararse la garganta y alzó la voz lo más que pudo.

—¡Un momento, tío…! ¡Parece que hay problemas con el comunicador! ¡¿Itachi, me escuchas?!

Y sin decir más, Shisui cortó la transmisión.

Pedazo de idiota, ¿qué demonios estaría pensando?. Su mente asimiló el "telegrama" hablado. Mencionó una palabra en particular y con cierto énfasis…¿tío?...pero si el único tipo con ese parentesco familiar y que trabajaba aquí era…

—¡Mierda!...¡Mi padre!

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—Shisui, deja de hacerte el idiota y respóndeme ¡¿Dónde diablos está Itachi?!

Fugaku Uchiha, anteriormente conocido como el gerente general de Uchiha Ad Worx, permanecía de pie, con las manos en los bolsillos de su distintivo traje ejecutivo. Miraba con aire displicente a un Shisui de apariencia fingidamente tranquila.

—Pues no contesta, y no le he visto en toda la mañana –éste continuaba obstruyendo el paso del corredor que daba hacia el ascensor. Emuló una sonrisilla pérfida—Quizás no vino a la oficina.

Obito, quien estaba en su respectivo cubículo y al lado izquierdo de Shisui, corroboró con el peor comentario que hubiese querido escuchar el mortificado primo y cómplice de Itachi en este momento.

—Pero yo lo vi llegar diez minutos ant….—sin terminar la frase, Shisui apremió a deslizar su mano sobre la nuca de éste y empujó su cara directamente hacia el monitor—¡Auuch!

—No, tal vez salió a desayunar o…

—…y escuché que habían venido a buscarle—Obito alzó la cabeza magullada, y con aquella sonrisa boba—era una joven de cabello ros…—y Shisui volvió a repetir el procedimiento con anticipación—…neeeh…dos más dos son cuatro…bleeh…

El apodado "buen chico" atinó a desplomarse con la más mínima gracia sobre el teclado.

—Hmp, no tengo tu condenado tiempo, Shisui —Fugaku le empujó lo menos rudo que pudo.

Se dirigió sin miramientos hacia el ascensor.

—¿Va a subir? Pero si la oficina esta cerrada con llave, y…—Shisui se levantó de la silla, dejando al nockeado Obito de lado. Ahora su semblante sí se veía más que preocupado, parecía estar al borde de un ataque de nervios.

—Ésta es mi empresa, así que lógicamente yo tengo un juego extra de llaves. Ahora quítate del camino, niño.

Y ahora era demasiado tarde. La puerta del elevador estaba abierta y por desgracia el tiempo no podía detenerse. Pudo haber dejado que las cosas cayesen por su propio peso, al fin y al cabo, era asunto de Itachi. Pero si Itachi se metía en problemas, por consecuente Shisui también, y aun a éste le quedaban demasiadas cosas por vivir. No estaban ni a mitad de agosto y faltaban dos meses para el onomástico de su querida Ayame-chan, no quería enfrentarse a las catastróficas y mortales represalias de "la sombra del demonio" Uchiha (el apodo de Itachi durante sus años en la universidad, en los que jugaba como mariscal de campo en el equipo de futbol colegial) y menos terminar como el blanco de la atinada puntería de éste.

Estaba ya con la soga al cuello –e Itachi también- y la nula posibilidad de remediarlo. Conocían las reglas de la empresa y en cuanto Fugaku se enterase de lo que ocurría en el interior de la oficina de su admirado primogénito, las cosas se pondrían más que mal. El tiempo corría y él no podía hacer nada, sí solo…

—Eh, Uchiha-san –una voz llamó desde el portón de la entrada principal, adelantándose hasta donde estaban ellos.

—Buenos días, Nara-san –Fugaku saludó cortésmente al hombre que había ingresado al edificio, olvidándose del contrariado Shisui.

Aquel sujeto de constitución desgarbada pero firme era Shikaku Nara, abogado, notario y uno de los miembros más respetables al mando del departamento fiscal hacendario de Konoha. Y Shisui no había agradecido tanto su personal ímpetu olvidadizo, el cual le había salvado el pellejo esta mañana. De haber hecho la llamada al departamento fiscal tal y como se lo había ordenado Itachi, probablemente ahora estuviese colgado como efigie desde el astabandera de la entrada.

Ahora que tenía algunos minutos de ventaja, entró al ascensor antes de que éste se cerrara y desapareció de la vista de su tío.

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—Perdóname, Itachi. No quería ocasionarte problemas –Sakura escondía la mirada entre los mechones de su pelo que caían con el impulso de la gravedad, impuesta en su rostro cabizbajo.

—No los ocasionaste –respondió él, con voz ronca y escueta—Yo no tenía ni idea de que a mi padre se le hubiese ocurrido regresar antes. Menudo lío.

Podría haberse tomado la mañana como la mejor que pido tener en mucho tiempo, y ahora todo había dado un giro de noventa grados en su contra, y no tenía caso ponerse a discutir los caprichos del destino. La pregunta era ¿Y ahora?

Desde donde estaba alcanzó a vislumbrar la ventana. Bah, era la idea más idiota arrojarse ambos al exterior…eran casi siete u ocho pisos de diferencia. Y la solución era casi infantil. ¿Entonces? Tampoco podría esconder a Sakura bajo el escritorio. Eso era totalmente incorrecto y hasta bizarro.

Ya era un adulto hecho y derecho, y como tal, enfrentaría las consecuencias. De todas maneras, ya estaba haciéndose a la idea de "bajar el telón" y encarar la situación delante de su propia familia, si bien no la semana entrante, el mes entrante. Pero lo haría, sin importarle que a su padre le diese otro infarto, su madre lo secundara y Sasuke…

Y pues Sasuke, su estúpido hermanito ególatra, probablemente matarlo sería el término más insignificante. Tal vez fuese capaz de destazarlo, dinamitarlo, decapitarlo y de algún modo volver a ensamblarlo de nuevo para repetir la misma tortura. Claro, el que Itachi le permitiese todo aquello, era una cuestión muy distinta.

—¿Dirás algo, si…?

—Diré lo que sea prudente y necesario –Itachi se anticipó a su respuesta, rodeándola con sus brazos. La puerta se abrió y Shisui entró intempestivamente. Itachi le miró, con alivio, sorpresa y desconcierto—¡Pedazo de idiota, te he dicho que no entres así!

Shisui se alineó el revuelto cabello, sin importarle la mirada asesina de su primo.

—Menos mal que te encuentro con los pantalones puestos.—ignorando que Itachi pudiese lanzarle otro de sus "puntapiés laxantes", habló casi solemnemente—Tienes diez minutos de ventaja.

—¿Qué?

—Diez o quince, si es que a Shikaku-san le da por ponerse a comentar respecto al "problemático sistema de actas y avalúos de impuestos". –Enunció Shisui—Puedo llevar a Sakura hasta la entrada y nadie se dará cuenta de ello.

Itachi sentía que apenas y le oía.

—¿Shikaku? ¿Qué hace él aquí? ¿Qué no se suponía que llamarías a los del fisco hace una hora?

—Estaba en el proceso de la llamada cuando mi querido tío comenzó a interrogarme como un criminal acerca de ti. ¡Ahora deja de perder el tiempo, comadreja!

El aludido asintió, y sin dejar de sujetar la mano de Sakura, le acompañó junto con Shisui hasta el ascensor.

—Bien, me debes una –Shisui mostró una mueca ladina.

—Como sea –Itachi ni siquiera le miró, su atención seguía clavada en la joven de cabellos rosas.—¿Te veo mañana a la hora del almuerzo? –dijo dirigiéndose a Sakura.

La chica mostraba una sonrisa apenada.

—Si no te incomodo –fue una frase dicha por mera espontaneidad del momento, pero Itachi no lo tomó a represalia ni reproche—Podríamos vernos en el mismo restaurante del otro día.

Itachi afirmó con un escueto "hmp". No había necesidad de confirmar la hora, ambos lo sabían. Sorprendente la forma en que algunos detalles cobran importancia en tan poco tiempo, ¿verdad?

Detuvo un poco la puerta del elevador antes de que ésta se cerrara, dándose la oportunidad de un último beso a modo de despedida. Diez segundos después, Shisui dio un impertinente golpecito en el tablero.

—…Ejem…¡Itachi!

Éste le dedicó una ceñuda expresión.

—Hasta mañana entonces –dijo a Sakura. Shisui notó una tenue sonrisa en el rostro de su primo, que no le agradó mucho—. Y si este se pasa de listo –le señaló con el pulgar izquierdo—Puedes patearlo donde quieras.

No hubo respuesta de ella. Shisui sólo se cruzó de brazos.

Ok…esta si me la pagas, pensó con una especie de autocompasión y burla hacia sí mismo.

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El resto de la mañana transcurrió tranquilamente, por lo menos más calmada y lenta de lo que Sakura esperó. Después de haber regresado de con Itachi, sintiéndose un poquito apenada por lo que pudo haber ocurrido, tuvo la latente idea de quedarse en casa un rato.

Llegó, encontrándose el interior del domicilio en soledad absoluta. Lógico, su madre trabajaba de lunes a sábado como auxiliar de ventas en una de los tantos expendios comerciales del centro, y regresaba hasta en la tarde. No podía negar, que la casa se había tornado más solitaria y sombría desde la ausencia de su padre.

Ya habían pasado casi doce años desde entonces. Ella sólo contaba con cinco solamente; el día en que se presentaron dos individuos del sistema de correos, con un telegrama con el remitente de una de los desolados pueblecitos del País de la Nieve. Su padre trabajaba como repartidor de paquetería pesada para la oficina principal de Correo Internacional del País del Fuego. No era el empleo más maravilloso del mundo, pero entonces Sakura, con sus inocentes cinco años de edad, le consideraba como el trabajo más importante del mundo.

Hasta aquella lluviosa tarde de octubre, cuando aparecieron estos sujetos. Ella escuchó todo,

y aun recordaba la plática de ellos con su madre, desde el vestíbulo, palabra por palabra. Su padre, que llevaba una semana de retraso con su regreso a Konoha, había ido a entregar un cargamento de despensas para solventar el tremendo invierno que amenazaba con sitiar las aldeas rurales. Hubo una ventisca tremenda, y una avalancha ocasionada por la sobre acumulación de nieve, la cual se desplomó por toneladas sobre la carretera, atrapando en ella a cinco vehículos, tres urbanos, un remolque y una camioneta con el emblema del País del Fuego; el transporte manejado por su padre.

Éste y el copiloto, además de dos de los otros conductores quedaron enterrados entre quince toneladas de nieve. Los hombres que traían el telegrama, informaron que tras tres días de búsqueda, habían encontrado los cuerpos. Kouji Haruno había perecido de hipotermia, después de cuatro horas de que la avalancha les sepultó en medio de la nada, según el minucioso informe del forense.

Los meses siguientes fueron una agonía para las Haruno sobrevivientes. Hanako inició su labor de acomodarse en un empleo de tiempo completo y paga lo suficientemente decente como para mantenerla a ella y a su pequeña. Para Sakura fue un poco más soportable este lapso de tiempo, gracias a Naruto, Ino y Hinata. A Sasuke le llegó a comentar alguna vez, pero éste no había contribuido con ningún comentario ni nada.

Las heridas siempre cierran con el tiempo, dejando cicatrices y melladuras. Y por alguna extraña razón, desde que había comenzado a compartir su tiempo y sus sentimientos con Itachi, la cicatriz dolía menos. A pesar de que no llevaban aun mucho tiempo, el aire protector y seguro del Uchiha había saltado a su ser y ella se aferraba a éste, sintiendo que eso era lo único que le hacía falta durante todo este tiempo.

Estaba sentada en el mullido sofá de la sala, mirando la barra de la programación en el televisor. Apenas y serían las doce, fue entonces cuando se le ocurrió algo.

Bien, si Itachi ya tenía por lo menos a Shisui sobre aviso –a veces era más fácil llevar una mentira a medias- y ella sólo lo había dicho a Naruto, sentía la pequeña tentación de comentárselo a Ino.

Sabía las rotundas consecuencias, la rubia Yamanaka a veces era más eficiente que el sistema de noticias de todo el país del Fuego y Suna juntos, pero también la idea de que a Naruto pudiese salírsele el comentario, le aterraba aun más.

Pero hacía tiempo –los últimos tres años de secundaria y lo que llevaban de preparatoria- que habían aprendido a tolerarse mutuamente. Su casi familiar rivalidad terminó el día en que Ino comenzó a salir con el serio –y raro, desde la perspectiva de Sakura- joven de nombre Sai; un pálido y delgaducho estudiante del grupo "B" que siempre cargaba consigo un block de dibujo y un lápiz en la oreja.

Dos semanas después, Sakura se convirtió en la pareja oficial de Sasuke Uchiha.

Las rencillas entre las chicas se disiparon sin desaparecer del todo, tornándose simples disyuntivas que sólo giraban en torno a la moda popular, la escuela y los programas de televisión. La cuestión de los chicos, se convirtió en un tema abordado rara vez, como un tabú.

Eso era lo que le había impulsado a apagar el televisor, tomar su bolso de mano y salir.

A veces el riesgo era un poco necesario.

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—¡¿Qué tu qué?! –detrás del mostrador de la florería de la familia, Ino abrió los ojos y alzó la voz como si hubiera escuchado una sentencia de muerte.

Había estado leyendo una revista, aun durante el momento en que Sakura entró y comenzó la inicialmente desinteresada plática, hasta que pronunció la última frase y a Ino se le resbaló la publicación de las manos. Una señora, que había estado observando unos ramilletes de gardenias en la parte de la entrada, totalmente ajena a la charla de las chicas, se sobresaltó al oír la peculiar exclamación de la joven.

—No tenías que gritarlo –Sakura arguyó mordazmente—Siempre eres tan exagerada, Ino-cerda.

—¡Por Kami-sama! ¡Sakura…es que… es lo más ilógico, bajo e impropio que has hecho! –Ino levantó la revista del piso. Bajó un poco más la voz, pero seguía siendo represiva y alterada—No han pasado ni un mes, y ya estas saliendo con el hermano mayor de Sasuke…y lo de la diferencia de edades, es preocupante, ¿sabías?

Lo mismo que dice el baka de Naruto…¿Porqué siempre creen que eso es un obstáculo?, pensó Sakura con hastío.

—Si, lo sé perfectamente –comentó—y…¡Deja de gritar!

La rubia irguió la espalda en la silla, apoyando los codos en el mostrador.

—Claro, como si fuera la única…—Ino esbozó una acertada risilla.—. Vaya, ahora entiendo porque no te veía desde el fin de semana. —Se quedó sumida en un silencio pensativo por fracción de segundos—Hum…el tipo en cuestión…¿es el que fue a buscar a Sasuke a la escuela el semestre pasado? ¿El de cabello medio largo y cara de chiste?

—Ése era Shisui, su primo –respondió Sakura, recordando superficialmente el incidente citado por Ino.

Ésta le miraba con aire confundido. Lógico, había sido sólo esa ocasión en la que se le vio algún otro familiar al "teme", que no fueran sus padres. Sasuke era demasiado reservado en esas cuestiones. Sakura sacó el teléfono móvil, mostrándole a su indagadora amiga una de las contadas fotografías del display. La imagen era un poco borrosa, tomada "al vuelo", el día anterior en que ella e Itachi habían salido a almorzar. Tal vez si fuese un poco pronto como para comenzar a tomarse aquellas cuestiones tan personales, pero no importaba, no tratándose de él.

—Itachi se le parece un poco, a no ser por las ojeras.—señaló Sakura.

Ino Yamanaka observaba meticulosamente la imagen.

—Pues no se ve tan avejentado…y ese traje no le sienta nada mal.

—Tal vez sea una de las ventajas sobre Sasuke. Tiene porte y …—Sakura se sobresaltó a punto de pasar desapercibido el comentario anterior—¡Ey, Ino-cerda!

—Oh, vamos. Que por ver no se paga.

—Y si Sai te escuchara…

—Pero Sai no esta aquí, jeje –sonrió Ino, llevándose un dedo a la comisura de sus labios, evocando una inexistente señal de silencio.

Ambas rieron, con la confianza y espontaneidad típicas de sus juveniles años. Y en realidad, hacía ya mucho tiempo que no charlaban tan resueltamente. Quisieran admitirlo o no, el factor "pareja" distanciaba un poco aquellos momentos, y Sasuke se había convertido en una sombra vigilante y celadora en la vida de Sakura.

—…¿Y ya lo sabe tu madre? –inquirió Ino. No se le veía seria, la pregunta era hecha sólo por mera formalidad, y por si acaso. No quería cometer alguna indiscreción, como siempre decía "Propiedad ante Todo".

Sakura negó con una apenas visible seña de culpabilidad.

—Aun no –reiteró la joven de cabellos rosas—. Pero supongo que no se opondría del todo, creo.

—Bueno, eso ya es ventaja, pero los Uchiha no creo que lo tomen tan bien, empezando por Sasuke –entonces la voz de Ino había adquirido el tono que Sakura asociaba con su cotidiano papel de "amiga mortificada". Algo que distaba de los argumentos quisquillosos de Naruto—Sería demasiado arriesgado.

—Por mí, Sasuke que haga lo que mejor le parezca. No le he visto desde entonces y no creo verle hasta volver a clases. –Sakura habló con una apesadumbrada verdad. Ino lo sabía, después de todo escuchó la primicia de su ruptura, antes que el hiperactivo Naruto. Su rostro no corroboraba del todo la tristeza que debería notarse en el comentario. Más bien, a Ino le parecía la expresión de alguien que acaba de librarse de un gran peso de encima.—Además, no soy la única con "inconvenientes familiares".

Ino sonrió con complicidad, a causa del argumento.

—Y que lo digas. Mi padre aun quiere estacar al pobre de Sai con las tijeras para jardinería. El que no sea de familia conocida, no le da derecho a tratarlo como un guiñapo, y Sai no es tan impropio…excepto cuando llega con esa horrenda peste a tinta del lugarejo donde trabaja. Ugh.

—Jaque mate, estamos igual entonces. Así que deja de recriminarme.

—Lo que digas, "frentesota"—dijo Ino porfiadamente—… pero yo no estoy saliendo con el hermano de mi ex novio. Lo tuyo no es tan sencillo.

El silencio y la seriedad se negaban a impregnar aun así los tintes de la conversación. Los riesgos, lo cierto y lo falso ya eran un objetivo contemplado en el horizonte, y Sakura los había meditado ya.

Sakura suspiró, asintiendo.

—Las cosas no siempre son sencillas, Ino-chan.

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Por su parte, Itachi llegó a pensar lo mismo. El resto de la semana transcurrió con la extrañeza de un sueño. Ésas sensaciones tranquilas y poco relevantes, que siempre se asocian con la futura llegada de una tormenta

La balanza económica que concernía a Uchiha Ad Worx se equilibró luego de los decibeles que les habían azotado semanas anteriores. Su padre, y aun el mismo Shisui continuaban con la interrogante de la inverosímil recuperación. No todos los días una empresa declarada en bancarrota logra ponerse a flote de un día para otro.

Itachi nunca mencionaría la obvia intervención de Akatsuki, y conscientemente quería relegar el asunto a su lista de experiencias pasadas y personales, sin embargo, éste seguía presente, como las imágenes más estremecedoras de una pesadilla. Sabía que llegaría el momento de corroborar con su parte, más tarde o más temprano, y ésta sola idea le hacía mirar hacia el cerrojo de la puerta de la oficina a cada rato o al remitente de las llamadas de su celular.

Él y Sakura continuaban viéndose en aquel restaurante durante los recesos de Itachi, y éste dedicaba cada minuto, segundo y hora libre de su tiempo a ocupar su pensamiento con ella. A veces la mejor manera de solventar su tortura personal era ésa. Si antes pasaba poco tiempo en casa, ahora su estancia domiciliar era hasta muy entrada la noche.

Si pensaban o sospechaban algo de él, no era su asunto aun. Y que cada quien sacase sus propias conjeturas.

Al salir de la oficina, un par de ocasiones había quedado con Shisui para terminar de manufacturar unas cuentas y ayer Sakura le había llamado a su número personal, con la propuesta de quedarse de ver en el parque y él accedió casi de inmediato. La joven había salido con el pretexto de ir a ver alguna de sus amistades. Habrán sido sólo veinte minutos, pero a Itachi le había bastado con eso.

Ahora era sábado y trabajaría hasta la tarde. Eran las cuatro y media, se había tomado unos cuantos minutos extra para asegurarse de que todo había quedado en orden. Tenía pensado regresarle el detalle a Sakura, aun era demasiado temprano y era fin de semana, tal vez pudiesen ir a algún lado, si es que ella no estuviese ocupada, claro.

Apenas y su mente subrayó la idea de tomar su teléfono cuando éste comenzó a timbrar. Lo levantó del escritorio casi al instante y el brillo de su mirada desapareció al leer el remitente.

Un número desconocido. Itachi activó la llamada, sintiendo que el aliento se le congelaba en la garganta.

—Muchachito…—la voz sonaba grave y modulada al otro lado de la línea. El Uchiha la reconoció al instante; era Pein—creo que es el momento de que retribuyas el favor.

El impulso de colgar fue algo a lo que quiso aferrarse, pero no tendría caso.

—¿Ahora? –eso fue todo cuanto logró hablar.

Oyó la respiración pausada de Pein. Calmada como si no hubiese nada en el mundo que le inquietase. Tan malditamente calmado.

—Si, envié a Kisame por ti. Si eres lo suficiente madurito como aparentas, creo que está de más que te diga que no es optativo.

Fue todo lo que dijo, y colgó

Itachi se quedó inmóvil, con el teléfono aun en la mano, escuchado el sonido de la línea suspendida.

No había plazo que no se llegue, ni fecha que se evite. Para él, para Itachi Uchiha, el día D había llegado.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo:

"¿A las puertas de un amor imposible?"


Notas de la Autora:

...bien, ahora QUE EMPIECE EL DRAMA!!...no digo más.

Gracias por todo su apoyo en reviews y lecturas. Para dudas o comentarios, manden review.

Nos leemos.