Capítulo XXI: Sorpresas
Se asomó y lo vio salir de la habitación. Sonrió para sí. Perfecto, está vez no se escaparía. Él se giró en ese momento y ella rápidamente se escondió. Se mordió el labio y agarró con fuerza la espada de madera contra su pecho, rezando porque a Battousai no se le ocurriese ir a su habitación. Escuchó el ruido de unos pasos y suspiró más tranquila. Se volvió a asomar para asegurarse de que no había nadie. Salió intentando mantener las distancias con él, pero teniendo cuidado de no perderlo de vista. Bajó las escaleras y salió de la posada. La noche era fría y oscura, y el tiempo no estaba a su favor pues llovía. Sintió un escalofrío y se escondió detrás de un árbol, se asomó y miró a Battousai, quien miraba a ambos lados, como decidiendo que lado coger. De pronto, Battousai empezó a correr hacia la derecha, Kaoru abrió los ojos sorprendida y frunció el ceño. Corrió, siguiéndolo. Oh, Kami, Battousai corría como el viento, no lo iba a coger. Battousai cruzó la calle y se metió en una pequeña callejuela, lo siguió, viéndolo de lejos, intentando no perderlo de vista. Empezó a jadear por el esfuerzo, corriendo como nunca antes había corrido, la llovía dificultada su visión y hacía que se resbalara. Battousai dobló la esquina, corrió con más fuerza y al doblarla ella, comprobó que la calle no tenía salida.
Su pecho subía y bajaba agitado. Miró a ambos lados para ver donde se había podido meter Battousai. La única forma de que Battousai hubiese salido de ese callejón era saltando el gran muro que le obstaculizaba el paso y medía por lo menos dos metros. Suspiró y hundió los hombros. Battousai podía hacer eso y mucho más. Apoyó la espalda en la pared intentando recuperar el ritmo normal de sus latidos.
—Vaya, vaya, qué hace una jovencita como tú por aquí —una voz ronca y burlona sonó a sus espaldas.
Se volvió sorprendida y miró al hombre atlético que estaba frente a ella, con una espada en sus manos. Ella conocía esa cara, tan afilada y huesuda que recordaba a un lobo hambriento. Abrió los ojos desmesuradamente.
Lobo...
—Saito... —murmuró frunciendo el ceño.
El hombre la miró sorprendido, y luego frunció el ceño. Unas sombras aparecieron detrás de él, y junto a él, un niño de aproximadamente unos trece años.
—¿Quién eres tú? ¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó Saito.
—Saito, eso no es modo de tratar a una mujer —bromeó el pequeño —. Me llamo Okita, ¿y tú?.
Kaoru lo miró con recelo y se mordió el labio. ¿Y ahora cómo iba a salir de esa? Miró a ambos lados y luego levantó el mentón.
—Creo que es mejor que vuelva a mi casa —dijo —. Es tarde y es muy peligroso. Mucho gusto, chicos.
Los demás asintieron sonriendo como tontos al verla. Ella anduvo entre ellos, intentando mantener la compostura. Caminar entre los Shishengumi era como caminar entre una manada de lobos. No se atrevió a mirar hacia atrás y salió corriendo.
—¿Qué hacemos con ella, señor? —preguntó Okita, temeroso.
Había escuchado perfectamente el nombre de su jefe en boca de esa mujer, eso significaba que lo había reconocido.
—Asustadla —dijo con la voz siniestra —. Así soltará quién es y de qué me conoce.
Kaoru corría mirando hacia atrás. Aquellos hombres la perseguían muy de cerca. Miró su espada de madera. Tenía que encontrar el momento oportuno para poder defenderse. Ni siquiera podía ir a la posada, pues descubrirían el escondite. Tropezó y estuvo a punto de perder el equilibrio, miró hacia atrás y no vio a nadie. ¿Dónde se habían metido? Se mordió el labio asustada y paró de correr. No, esos hombres no se habían ido, lo presentía. Agarró con fuerza la espada, a la defensiva. El filo de una espada se colocó frente a su garganta. Tragó con fuerza.
—Creo que esto no te servirá —dijo la profunda voz del hombre. Sintió un escalofrío y como todos los vellos se ponían de punta. El hombre alargó su mano y le arrebató con fuerza la espada. Notó como el hombre la acercaba más a él y como olía su cabello. Sintió repulsión y ganas de golpearlo —. Me han dicho que te dé un pequeño susto. Pero antes…tienes que decirme de qué conoces a el capitán y quién diablos eres.
Kaoru gruñó cuando el hombre hizo más presión en su cuello. No sería la primera vez que le rajaban el cuello, pero no quería repetir la experiencia. Sonrió. Ese hombre se creía que la tenía en su poder.
—Mi nombre es no y mi apellido te importa —dijo, golpeó con fuerza el costado del hombre y éste se doblegó. Aprovechó para dar una patada a la mano que sostenía la espada y ésta salió volando por los aires, luego le golpeó en la cara y cayó de espaldas.
—Maldita… —gruñó, desde el suelo agarró la pierna de Kaoru y tiró de ella, haciendo que se cayera de espaldas. Se puso de pie y cogió su espada — Ven aquí, mocosa —dijo agarrando el brazo de Kaoru y levantándola —. Eres una fiera.
—Suéltame —dijo cansada. Ese día no debería haber salido.
—¡Suéltala!
Kaoru se giró, con una sonrisa de oreja a oreja al reconocer esa voz. El hombre la imitó y su rostro palideció al ver el color de cabello de Battousai.
—Eres… eres tú. El asesino que todos buscan —tembló y luego intentó parecer más calmado. Miró con burla a Kaoru —. ¿Quieres esto? Pues toma —empujó con fuerza a Kaoru y ella se cayó al suelo.
Un brillo peligroso cruzó los orbes de Battousai y apretó los puños.
—Te arrepentirás de esto —gruñó.
Desenvainó su espada y corrió hasta su enemigo. No perdonaría que se haya atrevido a tocar a su mujer. Paró en seco cuando Kaoru se colocó en medio de ese hombre y su espada. La miró sorprendido e incrédulo.
—Quítate —ordenó, pero ella no se movió.
—Déjalo —suplicó con los ojos humedecidos por las lágrimas —, por favor...
Battousai bajó su espada totalmente desconcertado.
—No le perdonaré que te haya tratado así —dijo señalándolo con desprecio.
—Hazlo por mí... —pidió acercándose a él, colocó su mano temblorosa en su brazo —. No lo mates… No quiero que mates…
Battousai frunció el ceño y la miró de hito a hito. Apartó su mirada soltando una maldición y metió su espada en su funda. Miró al hombre y éste, incapaz de seguir ante la presencia de él, huyó.
—Gracias… —susurró sonriendo feliz, pero Battousai no le contestó, estaba inexpresivo. Sin más comenzó a andar, y ella lo observó e imitó. ¿Estaba enfadado con ella?
En el camino de vuelta a la posada Battousai no se volvió ni a mirarla, andaba como si estuviese solo. Su comportamiento despejó las dudas de si estaba enfadado o no con ella. Tembló de frío sintiendo la lluvia caer con fuerza, su ropa mojada, no servía de protección contra el frío. Estornudó, una y otra vez. Sintió como unos brazos la reconfortaban, produciéndole el calor que necesitaba. Battousai frotaba sus brazos, mientras seguían caminando. Al llegar a la posada entraron. Les hacía falta un buen baño, pero ella estaba demasiado cansada. Miró a Battousai.
—¿Estás enfadado? —preguntó.
Battousai la miró de reojo y luego se volvió hacía ella.
—¿Qué hacías fuera? ¿Me estabas siguiendo? —preguntó con una siniestra y aparente calma. Kaoru mordió el interior de la mejilla —. Enfureciste a aquel hombre, ¿qué hubiera pasado?
—No me hubiera pasado nada —contestó —. Los samuráis no matáis a mujeres ni a niños.
—¿Qué sabes tú si es un samurái o no?
—Era un miembro del Shishengumi —dijo altiva —. Sólo quería asustarme y al final, resultó el ser el asustado —añadió con una sonrisa.
Pero Battousai seguía igual de serio.
—No quiero que salgas más de noche.
—Sé defenderme sola.
—Escúchame, maldita mujer —la agarró del brazo acercándola a él —. Aun siendo buena en la espada y en el kendo puede haber quién sea mejor. No volverás a salir, sería poner en riesgo tu vida.
—¿Y qué más te da a ti qué la ponga en riesgo? —preguntó chillando.
—¡Por qué me importas, maldita sea! —gruñó perdiendo los estribos.
Kaoru abrió los ojos sorprendida, se zafó de su agarre y retrocedió unos pasos.
—Tú no sabes porque salí... —musitó —¿Sabes por qué lo hice? Para impedir que sigas matando —sus ojos se llenaron de lágrimas —. No quiero que sigas manchando tus manos de sangre.
Battousai la miró sorprendido, mientras ella subía las escaleras hacía las habitaciones corriendo. ¿Por qué le preocupaba tanto que matase a gente?
Kaoru abrió la puerta de su habitación y anduvo por el pasillo. Se detuvo frente a la puerta de Battousai. La noche anterior había sido un caos, ella se había esforzado porque él no matase a nadie y había acabado metida en un lío. Había conocido algunos miembros del Shishengumi, aparte de Saito. Era extraño haberlo visto, aparte de ser más joven no había cambiado mucho, seguía poseyendo aquellos rasgos afilados y lobunos. La puerta de Battousai se abrió y se giró rápidamente, dando un pequeño respingón.
—Hola —dijo Battousai al verla, mirándola fijamente.
Kaoru lo miró.
—¿Has dormido bien? —preguntó.
Battousai se pasó la mano por la cara, cansado.
—No —contestó. Se acercó a ella, serio, la agarró de la cintura posesivamente, y la abrazó. Kaoru intentó mostrarse indiferente, fría, pero no pudo. Lo abrazó con fuerza, soltando un pequeño suspiro salido de su alma —. Ayer, cuando te vi tirada en el suelo con ese hombre, sentí miedo... No vuelvas a salir, ¿me escuchas? No quiero sentirme así nunca más.
—Kenshin… —murmuró sorprendida.
—Me haces sentir débil y no me gusta —la separó un poco de él —. Prométeme que no saldrás de noche sin mí.
Kaoru se mordió el labio. No podía prometer tal cosa…aunque...
—Está bien —sonrió —prometo no ir sin ti…
—Bien —la agarró del mentón y la besó.
Lizuka salió de su habitación y se quedó petrificado al ver esa escena. Se metió en su habitación y apretó los puños, dolido y enfurecido. Él debería ser quien besase sus labios, él debería ser quien tuviese ese derecho sobre ella.
Shinsaku miró el papel que tenía en sus manos. Si, el nombre coincidía; aquel era el Dojo Kamiya, ¿tenían alguna coincidencia?
—Qué dojo más bonito —dijo Izumi admirando el gran dojo.
Shinsaku asintió y abrió la rejilla.
—Tengo que hablar con el dueño. Recuerda que somos una pareja de recién casados.
Izumi asintió y entró detrás de él. El dojo parecía solitario. El jardín era grande y, por la ropa que había colgada, vivían un hombre y una niña. Unos gritos de lucha se escucharon en la parte contigua al dojo, anduvieron por el jardín haciendo un pequeño rodeo y encontraron una pequeña casita, la puerta estaba abierta, y se podía ver unos niños con unos espadas de madera haciendo unos ejercicios de defensa. Enfrente, un hombre sentado en el suelo, fornido y con un elegante bigote.
Shinsaku frunció el ceño. Aquella forma de mover la espada... Era la misma que Kaoru hacía en sus ejercicios. Los mismos movimientos, la misma pose…
—Hiruma, sujeta con más fuerza la espada —dijo el hombre —. Tenéis que tener total control sobre la espada, entonces podréis tenerlo sobre el enemigo.
Shinsaku entró dentro de la casita, dando unos pasos hacía el hombre, que, a pesar de haber advertido su presencia, seguía concentrado en sus alumnos con expresión severa.
—Señor… soy Shinsaku Takasugi —el hombre lo miró de reojo y después, se levantó.
—Kojiro Kamiya —hicieron una pequeña reverencia.
—Desearía hablar con usted sobre su técnica —el señor Kamiya asintió y se dirigió hacia sus alumnos.
—Practicad el ejercicio, quiero que cuando vuelva lo dominéis bien.
Salieron de la casa y fueron al interior del dojo. Era acogedor y amplio, pero bastante solitario. Llegaron a una habitación y se sentaron en los cojines del suelo. La puerta daba al jardín y dejaba entrar el hermoso y brillante sol.
—¿Queréis tomar té? —preguntó el señor Kamiya.
—Sí, muchas gracias —dijo Izumi con una sonrisa.
—¡Kaoru! —llamó Kamiya.
Shinsaku se tensó, sintiendo como su corazón latía con fuerza. La puerta se abrió y se volvió con lentitud. Una pequeña cabeza se asomó y Shinsaku sintió como si la sangre de sus venas se congelase. Aquella niña era la misma Kaoru en miniatura.
Izumi miró a Shinsaku, extrañada.
—¿Si, papi? —preguntó la pequeña sonrojada, dirigiendo furtivas miradas a los visitantes.
—Trae té a nuestros invitados, por favor —pidió.
Kaoru asintió y se marchó corriendo.
Shinsaku miró a Kojiro, sin saber que decir. Todo era muy confuso. Esa niña era una réplica exacta de Kaoru, su mismo color de cabello, sus mismos ojos…
—Señor... ¿Usted tiene otra hija? —preguntó indeciso.
El hombre lo miró sin comprender.
—No, Kaoru es la única hija que tengo. Y bien, ¿qué desean?
—Quisiera que me hablase sobre su técnica… He oído que es usted profesor.
—Así es, enseño la técnica Kamiya Kasshin Ryu —sacó un pipa de su bolsillo y la encendió —. No es una técnica para la lucha.
—¿Es la técnica que protege la vida? —preguntó Shinsaku frunciendo el ceño.
—Así es. En un mundo donde los débiles son atacados por los fuertes debe haber quien defienda a los débiles. Enseño a mis alumnos que deben usar la espada para hacer el bien y ayudar, no para matar.
—Suena interesante… —murmuró Shinsaku.
La puerta se volvió a abrir un poco, dejando ver un pie. Izumi sonrió y alargó su mano para abrirla. La pequeña Kaoru llevaba la bandeja con cuidado y esfuerzo. Dejó la bandeja en la mesa y sirvió el té.
—Gracias —dijo Izumi cuando la pequeña le entregó su taza.
La niña se sonrojó y sonrió. La misma sonrisa...
—Dígame, ¿existe alguna técnica que se llame Kamiku Kass? —preguntó Shinsaku —. Me refiero aquí, en Edo.
—No —dijo pasándose los dedos por el bigote en actitud pensante —. No que yo conozca. Pero uno tampoco puede conocer todas las técnicas que hay.
—¿Vive usted solo con la pequeña? —preguntó Izumi.
El señor Kamiya fijó la mirada en su taza de té y asintió.
—Mi esposa, desgraciadamente, falleció —contestó.
La mirada de Shinsaku se volvió a posar en la pequeña que soplaba su taza para que no quemase tanto, bebió y sus grandes ojos azules se posaron en él y se sonrojó.
—Así que Kaoru y Battousai se van a casar —dijo la señora Anara y sonrió —. Te dije que tendrías a Battoucitos correteando por aquí.
—Según me han dicho creo que Battousai quiere irse a vivir a otro lugar —comentó la señora Hiroe —, y también ha pasado algo, creo que Shinsaku e Izumi tienen algo...
Anara sonrió orgullosa.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó arqueando ambas cejas.
—Pues cuando estaban aquí se dirigían miradas muy, muy sospechosas. Y ahora Shinsaku se ha ido a un viaje de descanso e Izumi ha ido a acompañarlo —se acercó a ella y susurró —. Argumentando que Shinsaku estaba con la salud delicada.
—Creo que la posada se está convirtiendo en un nido de amor. Además, Izumi ha sufrido mucho y Shinsaku es un buen hombre, sabrá cuidarla como es debido.
—¿Y qué opinas de Battousai?
La señora Anara cerró los ojos y suspiró.
—De él no sé qué pensar. Es tan callado y distante que no me he podido hacer una idea muy concreta de él, aunque creo que, a pesar de ser el asesino más temido de todo Japón, no es malo.
—No sabría qué decirte, querida, no sabría…
Continuará…
Aquí tenéis la continuación. Espero que os haya gustado y muchísisimas gracias por los 201 review :) estoy muy contenta. OKM!
Gracias por vuestros review a : Kaorumar, gabyhyatt, coolis17, Kaoru—Neko, Kagome—Higurashi13, lorena, lola1655, BatoousaiKamiya, dragossmaster, kaoruluz, Athena Kaoru Himura, sol10, Monika—Dono ( no sé cuantos capítulos tendrá este fic, pero creo que son bastantes), hitoki—chan, Bake—tsuki, Mix Himura, okashira janet.
