Escribir es como cocinar. Cuando tú lo haces no tiene el mismo sabor, pero te emociona cuando alguien dice que te quedó... muy bueno ^_^

Korina Herrera Zuno



Capítulo 9

Akishino-sama

Especialmente dedicado a hijadelaluna

Los personajes, excepto uno que otro inventado por mí para la trama, son de Kishimoto-sama

Advertencias:

OcC.

Un poco de AU.

FemNaru.

Alguna que otra grosería.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.


Asumi inicio las tareas que le correspondía como la esposa del terrateniente de la misma manera que lo había echó desde que se casó. Dio las mismas ordenes a prácticamente las mismas personas del servicio, con el mismo gesto de severidad que caracterizaba a la madura mujer. Se vistió con la misma elegancia de siempre, e incluso adorno su largo cabello negro con su broche favorito. Era un día cualquiera para la realeza de Kioto, claro si uno dejaba pasar la inusual sonrisa que adornaba la cara de la estricta morena.

Y es que Asumi no podía sentirse más satisfecha.

En un principio se había opuesto firmemente a la alianza entre Kioto y Osaka. No conocía personalmente a la princesa destinada a ser la esposa de su hijo, llamada Aiko, pero todas las princesas que había conocido eran exactamente iguales: caprichosas, orgullosas, materialistas y ante todo… bastante tontas (1).

Esa era la razón por la que Akishino aun no tenia prometida a sus diecisiete años, Asumi necesitaba tiempo para escoger a la indicada, y cuando el terrateniente decidió tomar la decisión por ella, la idea no le agradó. Ni un poco. Mas cuando se enteró que la elegida no era más que una cría de catorce años… (2) Poco le importaron los halagos que le llegaron sobre su extraña belleza.

"La esposa de un terrateniente no es solo un rico adorno de salón" pensaba Asumi con preocupación "si no un apoyo para la carga que lleva su marido sobre los hombros".

Y su hijo mayor necesitaría toda la ayuda posible.

- ¿Se puede saber porque sonríes tanto, madre? –preguntó una voz levemente irritada.

Cuando Asumi se dio la vuelta, se encontró a la personificación de la mayor de sus preocupaciones. El muchacho tenía el largo pelo de un tono bastante oscuro, recogido en un tradicional chongo samurái. La sombra de una pequeña barba apenas se asomaba en su joven cara, resaltando claramente contra sus gruesas cejas. Un par de esmeraldas brillantes, idénticas a las de su madre, refulgían bajo aquellas cejas. El príncipe Akishino era un apuesto hombre, pero aun era joven y tenía fama de consentido debido a que su padre se desvivía por cumplirle cuanto capricho tuviera. Madurez era lo que le pedía Asumi a Kami-sama en todas sus oraciones, y al parecer esa madurez venía en la forma de una pequeña niña rubia.

- Hoy te presentaremos a tu prometida, hijo mío –le informó su madre ensanchando su sonrisa.

- Pensé que no estabas de acuerdo con mi matrimonio –dijo Akishino bastante fastidiado, tenía el presentimiento de que acababa de perder a su única aliada. Sonrió al pensar la cara que pondría su madre cuando se enterara de que en realidad aun no conocía a la princesa de Osaka.

- Eso fue antes de conocer a Aiko-sama –aseguró su madre orgullosa.

Y esa era la causa de su sonrisa de satisfacción.

La primera vez que vio a Aiko tuvo que darle la razón a los rumores de que era bonita, una verdadera belleza en verdad. Asumi estaría encantada de que sus nietos tuvieran aquellos bonitos ojos o esos dorados cabellos. Pero fue su carácter el que la dejó hechizada desde el primer momento. Alguien consciente de que el sacrificio que hacía era por una causa mayor, por el bienestar de su pueblo, no era algo común en la realeza y menos en alguien tan joven. Conforme la trataba, Asumi se convencía más y más de la decisión de su marido. La niña era aun bastante inocente y algo ingenua pero no tonta. Sus modales tal vez dejan algo que desear, pero ese era un detalle sin importancia y de fácil solución. Aiko parecía dispuesta a defender con su vida lo que era importante para ella, la severa mujer lo notó cuando aquella jovencita impertinente la insultó a su llegada. Asumi estaba segura de que, de no estar presente ella, la princesa le habría saltado encima a la bocona sin dudarlo. Era evidente la envidia con la que había hablado la muchacha, si bien el atuendo era sencillo, el obi se ajustaba perfecto a su cintura y el blanco contrataba bellamente con su piel ligeramente acanelada. Otro detalle que logró ver Asumi era lo transparente que eran las emociones en la cara de la niña. Honestidad era algo que la morena se había resignado a no buscar en su futura nuera, y he aquí que Kami-sama le otorgaba ese regalo sin siquiera pedirlo.

Definitivamente Asumi no podía estar más encantada con su futura pariente.

- Aun así yo no quiero casarme –siguió insistiendo tercamente el joven.

- Pues te aguantas –le contestó su madre molesta, golpeándolo con su abanico-. Tu padre tomó una decisión, y ahora yo la apoyó, ¡así que fin del asunto! Mejor esposa no vas a encontrar, chiquillo malcriado.

"Papá va a estar tres metros bajo tierra cuando Mamá se entere que le mintió" pensó Akishino mientras se sobaba ligeramente la cabeza.

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

- ¿Qué haces, dobe? –preguntó Sasuke desde la puerta.

Para su sorpresa cuando fue a buscar a Naruto en la mañana, la rubia ya se encontraba despierta. Claro, que se encontrara despierta no significaba que estuviera levantada. La niña estaba echada en la cama sobre su estómago, con toda su atención concentrada en algo que el moreno no alcanzaba a distinguir desde el lugar en donde se encontraba.

- Leyendo… -murmuró la Uzumaki, agitando su mano para que no la molestará.

El chico alzó una ceja mientras se acercaba, rodeando la cama para quedar delante de la rubia. Efectivamente había un pequeño libro en las manos de la kunoichi. Por lo visto esa mañana sería de muchas sorpresas…

- Ya, usuratonkachi… -concedió el moreno con indiferencia-. En serio, ¿qué haces?

- ¡Leyendo, teme! ¡Qué no me oíste! –gritó la rubia hincándose sobre la cama.

- ¿Y qué es tan importante como para que te hayas puesto a leer? –preguntó el Uchiha con curiosidad.

- Nada que te importe –gruño la niña molesta, dándole la espalda-. ¡Oye!

El niño no se había conformado con la respuesta así que, valiéndose del hecho que era ignorado, cosa que tampoco era de su agrado, le quitó el libro de las manos a Naruto. Mantuvo a la ruidosa niña alejada con una mano mientras leía el título en la cubierta. A cada palabra en la que posaba sus ojos el ceño del moreno se fruncía más y más.

- ¿Es en serio? –preguntó Sasuke incrédulo.

- ¡Devuélvemelo, dattebayo! –gritó Naruto molesta tratando de quitarle el libro.

- ¿Para qué? –la retó el chico dándole la espalda para colocar el objeto fuera de su alcance-. Nunca podrás alcanzar el nivel para hacer esto.

El comentario hiso enojar bastante a la rubia, que de inmediato empuño una mano para dirigirla a la cara de su compañero. Como siempre, el chico esquivó el golpe con agilidad, sin inmutarse.

- ¡Ya veras, teme! –gritó la Uzumaki furiosa, llevando inconscientemente una mano a su pierna sin recordar que no traía su portashurikens-. ¡Hare que te tragues todas tus malditas palabras, dattebayo!

- No entiendo para que necesitas esto –aseguró el moreno encogiéndose de hombros-. Es una pérdida de tiempo…

- ¡Nunca se sabe cuando alguien puede necesitar ayuda, idiota! –contestó la niña arrojándole unas getas que estaban junto a la cama.

- Ya… ¿Y tú vas a dar esa ayuda? –preguntó Sasuke con un sonrisita prepotente, esquivando las improvisadas armas de su compañera.

- ¡Solo digo que no me quiero quedar viendo, dattebayo! –murmuró Naruto dándole la espalda, cruzando sus brazos con irritación. Ese teme…

El moreno tragó saliva con cierto nerviosismo. Naruto era su amiga, eran compañeros, no tenía nada de malo que la ayudara con sus entrenamientos. Así podrían pasar más tiempo juntos, seguramente haría lo mismo por Sakura… Está bien eso no lo haría ni aunque le pagaran.

"Vamos Sasuke, tú puedes. Esto es importante para ella" se animó a sí mismo el moreno.

- ¿Quieres que te ayude? –ofreció Sasuke tomándola del hombro.

- …

- Na… Hime-sama…

- ¡Tú tampoco sabes nada! –le recordó la rubia apuntándolo con el dedo.

- Pero se leer –aseguró el chico con una media sonrisa.

- ¡Yo también, dattebayo! –dijo la niña muy ofendida.

- Entiendo mejor lo que leo que tú –contestó el chico cruzándose de brazos.

- Baka… -masculló Naruto al tiempo que una vena saltaba en su frente. Sin embargo no lo contradijo.

- Pero lo dejaremos para después, Hime-sama –dijo Sasuke arrojándole el libro para que lo atrapara al vuelo-. Ahora Kaede te está esperando para tu dichosa presentación a Akishino-sama.

Ambos se dirigieron al cuarto contiguo, donde una ya desesperada castaña aguardaba. Una gotita de sudor recorrió la cara de la Uzumaki al darse cuenta de que la usual montaña de paquetes con la que llegaba la Kobo cada mañana era más grande de lo habitual. Esta vez Sasuke no necesito que la muchacha le dijera que saliera, siguió su camino sin detenerse hasta la puerta de la segunda habitación. Monto guardia en el pasillo por lo que le parecieron horas, hasta que Kaede le permitió regresar de nuevo.

Cuando entró al cuarto una imagen que nunca espero ver en su vida lo recibió.

Interiormente el moreno agradeció a Iruka-sensei de hacerle llevar esa cámara a Kakashi… y a su peliplateado maestro le agradeció darle aquellos pañuelos desechables de papel que siempre llevaba en sus mangas. Ahora entendía porque había insistido tanto en que los usara…

Por suerte Kaede necesitaba atender algunos asuntos en otro lugar del palacio, así que se vio obligada a dejarlos solos.

La persona que quedó con él en la habitación se giró con lentitud, mirándose todo lo que quedaba a su alcance en la pulida superficie de un espejo. El entrecejo fruncido que tenía en la cara le indicaba que la niña no estaba muy convencida con lo que veía.

- Recuérdame porque acepte esta misión, dattebayo –pidió Naruto con los hombros caídos. Una oscura aura deprimente la rodeaba.

- Por dobe –contestó Sasuke, adoptando su típica pose de superioridad.

Si la niña esperaba que le dijera "Porque así vas a convertirte en Hokage, usuratonkachi" podría irse sentando y esperar mil años. Solo el usuratonkachi saldría alguna vez de su boca. Una vena saltó en la frente de la rubia al escuchar las palabras del moreno. Su primer impulsó fue correr hacia el Uchiha e intentar darle su merecida paliza, pero un ligero aleteo de seda le advirtió que lo mejor era no moverse.

En unas horas sería su presentación al príncipe Akishino, por lo que Asumi había dejado de lado las yukatas y los kimonos ligeros para mandarle el kimono más elegante que hasta el momento había visto la Uzumaki. Era negro, de un tono tan lustroso que hasta en la oscuridad parecía brillar. El color contrastaba de manera admirable con el vivaz tono rojo de unas flores que Naruto no supo identificar. Los pétalos recorrían la tela, guiadas de manera irregular por los vivos tallos y las verdes hojas de la planta, a modo semejante en que lo haría una enredadera. El kimono interior era rojo escarlata, bordado apenas por unas delicadas líneas horizontales en oro. Finalmente, un obi del mismo llamativo rojo rodeaba la cintura de la niña, el bordado negro que lucía seguía el mismo patrón floral que el kimono exterior, un oscuro reflejo del trabajo pintado. Como la formal ocasión lo ameritaba, Kaede había elaborando con la mitad del cabello dorado de la niña un bonito y trabajado peinado que sujetaba de manera elegante con unas kanzashi doradas. El resto del rubio cabello le caía en cascada por la espalda, realzando un poco las ligeras ondas que tenía en las puntas.

"Por qué es un pecado no mostrar un cabello como el suyo, Hime-sama" decía la Kobo risueña (3).

A pesar de ciertas quejas por parte de su princesa, la castaña había insistido en maquillarla un poco, apenas algo de color en las mejillas y los labios, y resaltar algo más esos brillantes ojos.

"Se mira bellísima" pensó Sasuke mirándola con más detenimiento (4).

No se dio cuenta de la cara algo embobada que tenía hasta que alguien le hizo el favor de señalársela.

- Tu dobe se mira increíble –susurró una voz a su oído.

- Mi dobe siempre luce increíble –aseguró el chico con petulancia-, así solo se ponga esa horrible chaqueta naranja…

El moreno se llevo una mano a la boca demasiado tarde. Las palabras ya habían salido de su boca.

- ¡Kakashi! –masculló el moreno mandándole serias miradas de advertencia a su maestro. El hombre ya llevaba tambien el mismo uniforme que el niño, pero era evidente que su máscara no la iba a dejar.

- ¿Solo con esa chaqueta naranja? –repitió el peliplateado rascándose la cabeza pensativo-. Ese es un pensamiento demasiado pervertido hasta para ti, Sasuke.

- ¡Lo dice quien tiene en la cabeza la idea de acosar a…!

- ¿Y donde esta mi modelo favorita? –dijo el Hatake, interrumpiendo el reclamo de su malhumorado alumno. La infeliz cámara que llevaba consigo a todas partes ya estaba en sus manos-. ¡Vamos, Hime-sama! ¡Te veras muy bien en estas fotos!

- ¡Kakashi-sensei! –gritó Naruto molesta, tratando de quitarle la cámara-. ¡Ya tienes suficientes fotos!

- Vamos, solo una última foto –suplicó Kakashi con una sonrisa oculta, alzando el aparato fuera de su alcance.

La niña le dio la espalda, cruzando los brazos mientras murmuraba incoherencias.

- ¿Solo esta y ya? –preguntó la rubia abriendo uno de sus ojos.

- Esta y te dejare en paz… -aseguró el jounin curvando su único ojo visible.

Dando un suspiro de resignación la Uzumaki relajo su cuerpo y se entregó a la tarea de modelar para Kakashi, por esos días el peliplateado sensei ya se había convertido en todo un fotógrafo profesional. El ninja copia sabia sacarle provecho al espacio que tenía para trabajar, así como intentar algunos juegos con la luz, y las poses que proponía eran bastante originales, sin llegar a ser pervertidas por supuesto… Iruka lo mataría si lo intentaba. Y claro, no podría tener mejor modelo. El Uchiha poseía unos cuentos ahorros, que se acrecentarían al final de esa misión, tal vez podría conseguir algunas de esas fotos a pesar de las burlas que segura las acompañarían. En todo caso también tenía una foto de su clase donde aparecía Iruka-sensei, tal vez eso le interesaría más a Kakashi…

El moreno se dedico a observarlos desde una esquina lejana de la habitación. Últimamente Kakashi le prestaba mucha atención a Naruto, Sasuke estaba consciente de que el Hatake tenía cierta preferencia por él, pero ahora el ambu había dividido su tiempo entre ambos niños. Incluso cuando le tocaba vigilar a Hime-sama durante el día, algunas veces sentía que alguien los observaba y no tardo en descubrir que el chackra era demasiado familiar. El hombre debía sentirse culpable de no prestarles demasiada atención, de no cuidarlos como se debía… el maestro Umino era un extra, aunque no por ello menos importante.

- ¿Sabes que solo te dejara en paz por el resto de la tardo, o si tienes suerte por el resto del día? –dijo Sasuke colocándose a un lado de Naruto, una vez que la sesión de fotos termino.

Para su sorpresa la niña le dedico una sonrisa amplia, traviesa.

- ¡Lo sé! –dijo la rubia llevando sus manos detrás de su nuca, pero deteniéndose antes de tocar el peinado y destruirlo-. ¡Solo me estoy haciendo del rogar, dattebayo!

- Presumida… -espetó el Uchiha al tiempo que una vena le saltaba en la frente.

- Amargado… -rumió la niña cruzándose de brazos e inflando las mejillas por el comentario.

- Dobe…

- ¡Kakashi-sensei! –grito Naruto atrayendo la atención de su maestro-. ¡Una foto con el teme!

Sasuke trató de alejarse de su compañera pero el grito lo había tomado por sorpresa, además no tenía idea de cómo escapar del abrazo de la niña sin dañar la suavidad de seda que la cubría ni el trabajo de horas de Kaede. La sensación… tampoco le molestaba. Su molestia surgió cuando los morenitos dedos de la rubia se colaron en su boca, jalando sus delgados labios para obligarle a sonreír.

- ¡No, Na…! ¡Hime-sama! –dijo el moreno de mal humor tratando de alejarla.

- ¡Sonríe, dattebayo! –contestó la Uzumaki al ver como Kakashi sacaba la cámara y la cegadora luz del flash llenaba la habitación. El sensei no tardó en invocar un kage bushin y pronto esos tres miembros del equipo estuvieron divirtiéndose de lo lindo en una renovada sesión fotográfica… bueno al menos dos miembros del equipo.

Hasta que la puerta de la habitación se abrió con brusquedad.

- Lamento interrumpir, pero ya nos están esperando… -dijo Sakura con la voz algo dolida.

Naruto abrió la boca para detenerla, decirle que aun había tiempo para una foto con ella, pero la niña ya se había girado y salido de la habitación. La rubia sacudió su cabeza con tristeza, pero no dijo nada. "No le ruegues" había dicho Ino, y era justo lo que iba a hacer.

En el pasillo, una sonriente Kaede los esperaba para guiarlos al lugar indicado. A cada paso que daban el nerviosismo de Naruto crecía más y más, los irritantes comentarios del zorro no ayudaban a tranquilizarla.

- Saben… aun estamos a tiempo de cancelar la misión, je je je je –tartamudeo nerviosa la Uzumaki cuando se halló delante de las puertas dobles que conducían al salón del trono del palacio.

"¡Avanza!" gesticulo Sasuke con impaciencia, para que Kaede no lo escuchara. Haciendo un ligero puchero, la rubia lo miro con molestia. Aprovechando que todo mundo estaba algo distraído saco una de sus manos de la manga del kimono y lo agito con violencia delante de su supuesto guardia. ¿Quién se creía ese teme? Como él no había tenido que maquillarse, ni tenía que usar un vestido que pesaba tanto, y aparte era más delicado que el papel y encima costaba una fortuna. En cuanto terminaran la misión le cobraría todas y cada una al presumido del Uchiha.

Kakashi tocó con firmeza la tallada madera, y el sonido de aquella acción retumbo en el enorme salón, erizándole el vello de la nuca a la niña. Era su fin, era su fin… Con un ligero crujido las puertas dobles se abrieron, y toda la comitiva entró a la arreglada habitación.

Justo delante de ellos, apuntando en dirección al este, estaba el señor feudal de Kioto, severamente sentado en un mullido tatami, un poco más alto que el resto. A su izquierda, en una actitud sumisa que contrastaba claramente con su carácter, se hallaba sentada Asumi-sama. A su derecha, ligeramente más atrás que los adultos, se encontraba sentado un joven desconocido, presumiblemente el príncipe heredero.

- Les presentó a su alteza real –dijo Kakashi con una solemnidad tan inusual que a la niña le dieron ganas de reírse-, la princesa de Osaka, hija del señor feudal, Aiko-sama.

Tratando de no parecer nerviosa, y lo más importante, de no caerse, Naruto avanzo unos cuantos pasos hacia el hombre y su familia. Lo suficiente como para que la vieran con claridad, pero no tanto como para parecer irrespetuosa.

No los mires a los ojos. No hables si no te lo piden. No olvides el sama al hablar. No dejes que te intimiden, tienes el orgullo de tu pueblo sobre los hombros…

"¡Son demasiadas cosas, dattebayo!" pensó Naruto, sujetándose interiormente de los cabellos.

- Los rumores sobre su belleza no le hacen justicia, Aiko-sama –saludó el señor feudal con una imperceptible sonrisa asomándose en sus labios.

Por un momento la Uzumaki pareció desubicada por el cumplido. Movió levemente su cabeza de un lado a otro, tratando de reaccionar.

- Se lo agradezco, Kazuo-sama –dijo finalmente la rubia dando una ligera reverencia.

- Yo y mi esposa estamos muy complacidos de que pronto formara parte de nuestra familia –dijo el hombre al tiempo que tomaba la mano de su mujer y la besaba-, y de lo que su matrimonio significa para Osaka y para Kioto.

- Es un… verdadero placer servir a mi pueblo, Kazuo-sama, Asumi-sama –balbuceó algo insegura la niña, en realidad no sabía qué más podía decir, o que más se le permitía decir.

- Permítame presentarle a su futuro esposo, Aiko-sama –intervino rápidamente el señor feudal, sacándola del apuro-. Mi hijo mayor, Akishino –dijo el hombre con orgullo, tomando un hombro de su hijo con firmeza.

- Un gusto conocerlo, Akishino-sama –saludo Naruto con una nueva reverencia, mucho menos nerviosa, con una ligera sonrisa en los labios.

El joven abrió la boca para contestar pero ningún sonido salió de ella, por más que lo intentaba las palabras no salían de ella. Incrédulo, el padre del muchacho, alzó una ceja ante la actitud de su hijo. Una risita escapó de la boca de Asumi, una risita que denotaba triunfo, que no le hizo ninguna gracia a su marido, y que fue totalmente ignorada por Akishino. Olvidándose por un momento de su honorable posición, el señor feudal soltó un sonoro manotazo a la nuca de su primogénito (5). Recuperándose con el gesto, el moreno se levanto con elegancia de su tatami y avanzo hacia su recién conocida prometida.

- La palabra belleza no le hace justicia, Aiko-sama –dijo Akishino al tiempo que tomaba las manos de Naruto-. Deberían inventar una nueva palabra que si lo haga…

- Ari-arigatou, Akishino-sama –tartamudeo la niña con una risita nerviosa. No estaba acostumbrada a que hablaran así de ella.

Sasuke tuvo unas enormes ganas de vomitar. Que cumplido tan barato…

Encantada con la escena que tenía enfrente, Asumi golpeó ligeramente la mano de su marido con su abanico, llamando ligeramente su atención.

- ¿Qué? ¡Ah, sí! –dijo el señor feudal recordando algo repentinamente. Se puso de pie, para después tenderle una mano a su esposa-. Acérquense por favor, es tiempo de que Kioto conozca a su nueva princesa.

Mientras hablaba, el hombre avanzaba hacia una de las múltiples ventanas que poseía el salón, particularmente a una que daba a un amplio balcón con vista a la ciudad. Debajo de él, aguardaba una multitud emocionada, que comenzó a llenar de gritos el aire en cuanto su gobernante apareció. Akishino le ofreció una mano a la niña, y después de algunos segundos de vacilación Naruto se dejo guiar hacia el lugar donde se encontraban sus "futuros suegros".

- Pueblo de Kioto –anunció Kazuo por encima de aquellas exclamaciones-, es un honor para mí presentarles a la que será su princesa de ahora en adelante ¡Su futura señora! ¡Aiko-sama!

Animada por Asumi, la Uzumaki se aproximó al filo del balcón, y la multitud estalló en aplausos cuando la vieron. La niña no pudo contener una enorme sonrisa, y saludo con entusiasmo a la gente, que aumentó sus ovaciones e incluso risas, ante la tierna actitud natural e infantil de Naruto ¡Así se sentiría cuando fuera nombrada Sexta Hokage!

La rubia no notó ciertas duras miradas que le mandaban a su supuesto prometido.

- Akishino –llamó su madre con dulzura, dejando escuchar por primera vez su voz en lo que iba del día-, deberías demostrarle a la gente que vas a cuidar de Hime-sama, y que no solo es un matrimonio arreglado lo que los ata.

- ¿Y cómo se te ocurre que pueda hacer eso, Madre? –pregunto el joven con algo de suspicacia.

Una enorme sonrisa se extendió por la boca de la madura mujer, mientras se abanicaba con elegancia. Le dirigió una mirada calculadora a la niña, que aun saludaba entusiasmada a la multitud.

- Con un beso, querido –contestó Asumi con una risita.

Ese comentario sí que llamó la atención de la Uzumaki, quien se volteó con brusquedad a ver a Asumi para después dirigir su mirada aterrada a Akishino. Sus ojos celestes pasaban tan rápido del muchacho a su madre, y de la madre al muchacho, que termino mareándose. Eso provocó la ternura de la madura mujer, seguramente la niña aun no había dado su primer beso…

- Yo… yo… -balbuceó Naruto con la cara completamente roja.

- Asumi, deja de presionar a los muchachos –la regaño su marido, pero sin ninguna clase de enfado.

Ante la furiosa mirada de cierto pelinegro, el joven príncipe tomo ambas manos de la rubia con dulzura.

Naruto se quedó estática sin saber qué hacer. No quería besar a un extraño, pero si se negaba… ¡Él tal Akishino sabía que no era su prometida! ¡Maldito noble pervertido!

- Para mí -dijo el moreno, mirándola directamente con sus ojos verdes-, es un verdadero regalo que vaya a ser mi esposa, Aiko-sama.

Acto seguido acercó sus labios a la sonrojada cara de la niña… y beso con suavidad su mejilla. A Naruto la sorprendió bastante el gesto, pero una vez pasada la impresión inicial no pudo evitar sonreír. Tal vez Akishino no era tan malo como creía…

Listo, ahora el Uchiha se sentía realmente enfermo. De repente Neji comenzaba a caerle mejor… Tonterías, ese presumido de cuarta nunca le caería bien.

- ¿Le gusta cabalgar, Aiko-sama? –preguntó el príncipe mientras regresaban al salón.

- ¿Cabalgar? –preguntó Naruto confundida.

- Si, quisiera proponerle dar un paseo a caballo –dijo el muchacho con una amplia sonrisa, deslumbrante.

- Mi hijo es un excelente jinete, Aiko-sama –aseguró Asumi con orgullo, y su marido no pudo evitar rodar los ojos ante el comentario. Por lo visto su esposa estaba decidida a hacer de celestina.

- Yo… yo… -tartamudeó la rubia, tratando de encontrar una salida.

"Ayúdala, ¡mírala! Te está diciendo que la rescates con la mirada" pensó Sasuke cuando aquellos ojos azules se clavaron en sus ojos negros "¡No!" se prometió con terquedad, desviando la mirada.

- Ayúdala…

- Ya te dije que no –masculló el moreno con molestia.

- Es la primera vez que te lo pido, imbécil –dijo Kyubi detrás de él, golpeándole ligeramente el hombro.

Sorprendido, el niño se giró de golpe para encontrarse con unos fieros ojos rojos.

- ¿Kyubi? –susurró el Uchiha preguntando lo obvio. Dirigió apremiante su vista al resto de los presentes en la habitación-. No debes salir así, alguien puede verte.

- Nadie me está viendo idiota –aseguró el zorro con una sonrisa de prepotencia-, y solo tú me estas escuchando. Naruto dice que la ayudes.

Al demonio no le caía en gracia hacerla de recadero, pero todo fuera por molestar al Uchiha.

Sasuke recorrió de nuevo el salón del trono. Efectivamente parecía que nadie podía ver o escuchar al pelirrojo más que él, pero para el moreno no pasó desapercibida la actitud rígida que de pronto había tomado Kakashi. El maldito zorro no podía ocultar del todo su agresivo chackra, al recibir ellos entrenamiento shinobi esa energía les llegaba bastante directa.

- ¿O sí no? –preguntó el moreno cruzándose de brazos.

El demonio se pasó la lengua por sus largos incisivos, saboreando su victoria, o más bien… su chantaje.

- Dice –aseguró Kyubi en un susurró frio-, que le pedirá a Tsunade que te doble las misiones D hasta que te mueras, y ya no va a ayudarte.

- No lo haría… -dijo Sasuke con incredulidad.

"Sí lo haría…" pensó interiormente el moreno.

- Si tú lo dices… -contestó el zorro encogiéndose de hombros, dispuesto a desaparecer para llevar la respuesta.

- ¡Esta bien! ¡Está bien! –se apresuró a murmurar el Uchiha-. Pero me va a deber una…

Dándose la vuelta, el niño se acerco a los jóvenes enamorados. Dio una pequeña reverencia en dirección al noble, apenas un seco cabezazo. Era una imagen algo divertida, ver la prepotencia del ninja, algo empequeñecida por la altura de Akishino debido a su edad.

- Con su permiso Akishino-sama –masculló el pelinegro a regañadientes-, Hime-sama jamás ha montando un caballo.

- ¿En serio? –preguntó el muchacho con curiosidad, dirigiéndose a Naruto, ignorándolo por completo al guardia real.

Si Akishino hubiera prestado más atención al pelinegro habría notado como este empuñaba las manos y escuchado como sus nudillos crujían peligrosamente. Ese estúpido noble… nadie ignoraba a un Uchiha. ¡¿Y porque demonios no había soltado ya a Naruto? ¡La dichosa ceremonia había terminado hace horas!

- Bueno, una vez pero, el caballo se… desbocó, y… -balbuceó la niña apenas dándose a entender. Su historia no era del todo mentira, la única vez que había estado cerca de un animal de esos había sido cuando corrió tras la Princesa Ventisca… y el viaje no había sido placentero.

- No se preocupe, Hime-sama –aseguró el príncipe llevando sus labios a una de esas morenas manos-. Para su seguridad, usted cabalgara conmigo. Le prometo que no soltare su mano.

- Yo… se lo agradezco, Akishino-sama –dijo Naruto con una sonrisa vacilante y un ligero tic en su ojo derecho.

- Ahora es momento de que Aiko-san se retire a sus aposentos, demasiadas emociones por un día –intervino Asumi, dándole una señal a Kaede para que condujera de nuevo a los invitados a las habitaciones de la princesa.

- Gracias, Asumi-sama –dijo la rubia con una enorme sonrisa.

La niña dio una profunda reverencia y el señor feudal le permitió retirase, ante la evidente decepción de Akishino.

- ¿Era mi imaginación, o el príncipe estaba coqueteando contigo? –dijo Sakura con una risita, nada más cruzar las puertas del salón (6).

Con discreción, miraba de reojo la reacción de su querido Sasuke-kun, pero el niño apenas reaccionó ante el comentario, impasible… Demasiado impasible, hasta para él.

- Eso es bueno, ¿van a casarse o no? –preguntó Kaede con una ceja alzada.

- En esos matrimonios arreglados nada se sabe, Kaede-san –la apaciguo Kakashi, y la castaña no pudo más que darle la razón, algo triste. Era una lástima que Aiko-sama tuviera un matrimonio arreglado, y más siendo tan joven…

La muchacha Kobo le dio las buenas noches a su querida princesa, y ella la despidió entusiasta, acompañándola hasta la salida de su habitación con una enorme sonrisa.

Nada más su nueva dama de compañía desapareció la expresión de la Uzumaki cambió completamente.

- ¡Por Kami-sama! –gritó Naruto por lo bajo, sujetándose fuerte la cabeza-. ¡De verdad iba a besarme, dattebayo! ¡Estuvo cerca! ¡Así de cerca, teme! –le dijo a Sasuke, indicándole la minúscula distancia con los dedos.

Los pensamientos del moreno no estaban más ordenados que los de ella, pero sin duda su apariencia era más tranquila.

- Vamos, Hime-sama –dijo Kakashi curvando su único ojo visible-. Estoy seguro que no sería tu primer beso…

Ante el comentario, Sakura, que había estado leyendo con cuidado un largo pergamino, lo estiró tanto que el papel termino partiéndose en dos, separado por cortes irregulares.

- No –confirmo Naruto nerviosa-, no sería el primero, dattebayo. Ya había pasado… una sola vez.

El azotón de una puerta le confirmó a la rubia que su compañera se había levantado y salido de la habitación.

- ¿Y por qué intuyo que nuestro pequeño guardián aquí presente tuvo algo que ver? –preguntó el peliplateado tomando los hombros del Uchiha como si fuera un padre orgulloso.

De inmediato una vena saltó en la frente del moreno. Sasuke se aguantó las ganas de borrarle de un golpe la sonrisa idiota que en ese momento tendría su sensei detrás de la máscara, cosa que aunque intentará no conseguiría de todas formas, así que se limitó a desembarazarse del adulto y salir también del cuarto rumbo a su habitación, dando un azotón más fuerte que el de Sakura.

Una vez a salvo de miradas indiscretas, el moreno se recargó en el marco de una ventana, pensativo. Antes de darse cuenta había llevado una mano a sus labios, recordando aquel lejano día en la academia. Prometía ser un día cualquiera, le asignarían a dos inútiles como compañeros de equipo y regresaría a casa. Cuando de repente aquella cabeza rubia le entorpecía la vista del deslumbrantemente vacío pizarrón del salón. Casi tuvo la tentación de sonreír arrogante ante la actitud retadora de ese perdedor, casi… Entonces algo pasó y de pronto tenía aquel carnoso par de labios sobre las finas líneas que delimitaban su propia boca. Inconscientemente había cerrado los ojos por un segundo, pero es que esos labios eran tan suaves, y tenían un sabor tan diferente. Al principio salado, después ligeramente dulce y al final con una nota tan exótica, nunca había probado nada igual… Era único. Se separó de golpe al recordar donde estaba y lo que hacía, ¡estaba besando a alguien! ¡Y no cualquier alguien! Era él… el chico que sabía que había sido de Sayuri. El dichoso beso lo dejó tan confundido que apenas se percató de que un extraño invadía su casa, al siguiente parpadeó estaba tirado y amarrado en el suelo, y aquel perdedor parado delante de él con una sonrisa de triunfo en su cara.

Cada vez que veía a Uzumaki Naruto, lo que Sasuke sentía era confusión.

Veía esos ojos azules y veía los ojos de Sayuri, se topaba con ese pelo rubio y se le imaginaba más largo. Las mismas marcas en las mejillas, el mismo carácter, el mismo arrebato, la misma desbordante energía a la que no podías seguirle el paso, la misma sonrisa… Cuando comenzó a preguntarse si los labios de su girasol habrían sido igual de suaves que los del rubio, el moreno supo que estaba tocando fondo. Durante algún tiempo albergo la esperanza de que el ojiazul fuera Sayuri disfrazada, pero ese pensamiento se marchitó tan de repente como había surgido. La escuela realizaba una excursión al río, y ahí comprobó que Naruto era un chico (7). Ya no cabía duda, Naruto no era Sayuri y Sayuri nunca volvería. ¿Entonces por qué su corazón se aceleraba cuando tenía al Uzumaki cerca, de la misma manera en que lo había echó cuando veía a la rubia? ¿Por qué se sentía relajado cuando escuchaba parlotear al chico a su alrededor? Se sentía casi completo… Entonces era cuando llegaba la culpa. La culpa de estar dejando de lado su venganza y olvidar a sus padres asesinados por su hermano. La culpa de ver reflejado a su primer amor en un chico con demasiados secretos. Era momento de tomar una decisión y Sasuke decidió que si no podía ignorar a Naruto lo mejor que podía hacer era aceptar esa especie de rivalidad que él quería. Esa extraña mezcla de amistad, compañerismo, hermandad y matrimonio en crisis.

Todo funcionó muy bien hasta la misión del País de la Ola. "Mi cuerpo se movió solo" había dicho el Uchiha. Por sorprendente que parezca, así fue. En cuanto el ambu enmascarado había empuñado aquellas sembois (8) en dirección al rubio, su corazón se detuvo por el miedo. La imagen de Naruto atravesado por esas armas llegó a su mente y antes del siguiente latido se había interpuesto en el camino de ese acero, protegiendo con su cuerpo a ese revoltoso.

"Idiota" pensó Sasuke, volviendo a acariciarse los labios.

No se refería a Naruto.

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

Ese día Naruto no podía estar más contenta, Asumi se había compadecido de ella y había dejado de lado todo compromiso social para, según la mujer, dedicarse a consentirla. Le habían organizado una sencilla comida en los jardines del palacio, después de la cual las muchachas solo se dedicaron a corretear, jugando entre los árboles. Las doncellas de Asumi disfrutaban del descanso que les daba su severa señora, mientras que Sakura era la que más se aprovechaba de la improvisada fiesta, gozando del privilegio de ser considerada la favorita de la princesa. Naruto prefirió mantenerse al margen del juego, principalmente porque no lo entendía, además de que aun no se acostumbraba a llevar los costosos kimonos que insistía en mandarle Asumi cada día. Esa mañana le había mandado un kimono azul completamente liso, bajo el que llevaba otro de color rojo escarlata. El obi también era rojo, completamente bordado en pequeñas hojas multicolores. Sasuke fue el único varón al que se le permitió estar presente con ellas.

De pronto, el rostro de Naruto se tensó.

- Sasuke…

- Ya lo sé, dobe –murmuró el moreno a su lado.

- El maldito zorro no está, fue al pueblo a ponerse más borracho que una cuba –dijo la rubia llevándose una mano a la frente.

- Kakashi tampoco está ahora, fue a la muralla a revisar algo sobre recién llegados extraños –contestó el pelinegro.

- ¿Cuál crees que sea el blanco? –preguntó Naruto mientras se abanicaba distraídamente.

- Solo hay dos opciones, dobe –dijo el Uchiha. Sus ojos no dejaban de recorrer disimuladamente la arboleda-. Tú te quedas conmigo, Sakura puede hacerse cargo de Asumi.

- ¡Teme! ¡Sakura no se ha dado cuenta! –murmuró Naruto preocupada.

Sasuke miró de nuevo el grupo de chicas que jugaban alegres, ajenas a todo lo que ocurría. Cuando Sakura notó que su querido Sasuke-kun la estaba mirando, alzó la mano para saludarlo con entusiasmo, completamente sonrojada. El moreno gruñó de frustración.

A su lado Naruto comenzó a levantarse.

- ¿A dónde crees que vas? –le preguntó el pelinegro en un murmullo.

- Tenemos que proteger a Asumi-sama –contestó Naruto en el mismo tono, fingiendo que se acomodaba el kimono-. ¡Si haces un escándalo van a darse cuenta que los descubrimos, teme!

Sasuke apretó con más fuerza la empuñadura de su katana, pero dejó que la niña se alejara de él. Mantuvo algo agachada la mirada, no quería asustar a nadie de las muchachas si por casualidad le miraban la cara. El ligero escozor que sentía en los ojos le indicaba que había activado automáticamente su sharingan. Esa… dobe…

- ¡Asumi-sama! –llamó Naruto alegremente, provocando que la morena volteara a verla.

Asumi, considerando que ya no estaba en edad para esos juegos, había preferido dedicar el tiempo a recoger flores. Planeaba enseñarle a la joven princesa lo básico sobre la realización de arreglos florales. Le había sorprendido lo poco que sabia Aiko de la materia, pero lo comprendió al recordar que la niña era la cuarta de siete hijas. La madre debió estar demasiado ocupada instruyendo al primogénito y a las hijas mayores, como para poner demasiada atención en la educación del resto

"Lo cual es un grave descuido de su parte" pensaba Asumi molesta.

- Yo… quería… -tartamudeó la rubia cuando llegó a su lado. ¿Y ahora que le decía? Miró los lirios que sostenía Asumi en la mano y se le ocurrió una idea-. ¿Podría ayudarla, Asumi-sama?

- Por supuesto, Aiko-san –contestó la morena con una sonrisa.

La estricta mujer estaba explicándole el significado de cada flor que cortaba cuando el caos se desató en el jardín. Las jóvenes gritaban espantadas y echaban a correr lo más rápido que podían, tratando de escaparse. Un kunai atravesó el espacio en dirección a Naruto. Decenas de pétalos llenaron el aire cuando el arma destrozó las flores que sostenía la niña. Varias shurikens siguieron al kunai, buscando herir a la rubia y a Asumi.

- ¡Asumi-sama! –gritó Naruto mientras empujaba a la mujer fuera del peligro.

Ambas cayeron al suelo en diferentes direcciones, ilesas.

Delante de ellas había dos hombres. Iban vestidos con trajes ninja de color verde oscuro, tratando de camuflajearse con el entorno. También llevaban las caras cubiertas por unos pasamontañas gruesos, las típicas portashurikens se notaban llenas hasta el tope y estaban abiertas. Uno llevaba una katana entre las manos, mientras que el otro blandía unas pesadas sai.

El hombre de la katana llevó una mano a su bolsa y volvió a arrojar algunos kunai en dirección a las mujeres.

El vibrante sonido del metal entrechocando llenó al aire.

Sasuke se encontraba en medio del jardín, interponiéndose entre los atacantes y la realeza, con su katana desenfundada delante de su cara. Los kunai desviados se encontraban clavados en el suelo a su alrededor.

- Llévate a Asumi-sama –le ordenó el moreno a Sakura, sin quitarle la vista a los extraños.

- ¿¡Pero y Aiko-sama! –gritó Kaede aterrada, tratando de acercarse a su princesa.

- ¡Yo me encargare de proteger a Hime-sama! ¡Ustedes llévense a Asumi-sama! –contestó Sasuke impaciente.

Asintiendo, la pelirosada se apresuró a hacer lo que le pedían, seguida de una temblorosa Kaede. Otras doncellas que se hallaban escondidas tras lo arboles se apresuraron a rodear a su señora, que se dejó llevar no sin ciertas reticencias.

En cuanto la comitiva desapareció Naruto y Sasuke intercambiaron un par de significativas miradas. La princesa echó a correr, con el tipo de las sai pisándole los talones. Antes de que el moreno pudiera atacarlo aprovechando su descuido, el hombre de la katana lo interceptó. Ambas katanas chocaron con fuerza, casi echando chispas por la fuerza con lo que lo hacían. Pese a que el atacante era más experimentado con el arma que el gennin, Sasuke no tuvo problemas en seguir sus movimientos gracias a su técnica ocular. El moreno miró con desconfianza que el desconocido no se sorprendiera ante su sharingan.

- Uchiha Sasuke –dijo el hombre-. ¿Dónde se encuentra Uzumaki Naruto?

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

Toru avanzó rápidamente entre los árboles, sin perder de vista a la presa que corría debajo de él. El trabajo era fácil y las instrucciones no podían ser más claras. Entrar, burlar a los guardias, dejar a Kesu con el rubio y el Uchiha, matar a la princesa y escapar. Su parte seria fácil, pero al parecer Kesu tendría que buscar al rubio en otro lugar para terminar con la suya. Saltó delante de la princesa para detener su escape. Toru miró como la niña llevaba una mano a su pecho, asustada. El ninja blandió una de sus sai presumido, tratando de intimidarla aun más.

- Sus guardias no debieron dejarla sola, Hime-sama –dijo burlón el muchacho.

"Definitivamente este trabajo será fácil" pensó Toru al tiempo que enterraba su arma en el cuerpo de la niña.

- Te metiste con la persona equivocada, dattebayo –dijo la rubia con una burlona sonrisa.

Sorprendido, Toru miro que su arma había sido bloqueada ¡¿por un abanico? El joven alzó su otra sai, dispuesto a que el golpe de suerte no se repitiera. Esta vez pudo observar claramente como la niña desviaba su ataque con el abanico. Cada estocada que daba Toru era hábilmente interceptada por la extraña arma. El muchacho se sorprendió más cuando la aparente princesa sacaba un segundo abanico y lo extendía. Unas filosas cuchillas aparecieron en el borde.

- ¡Recibiste entrenamiento shinobi! –gritó Toru, comenzando a tomar sus precauciones.

- Y el teme dice que yo soy lenta, dattebayo –murmuró la princesa ligeramente decepcionada.

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

Unos inconfundibles sonidos de lucha llegaron hasta sus oídos seguidos de las maldiciones que soltaba un hombre y finalmente, el silencio.

- Parece que Toru tuvo dificultades –dijo el ninja enmascarado.

Intercambio unos cuantos golpes de espada con el niño que tenía delante, hasta que Sasuke lo hizo retroceder.

- Hatake Kakashi ya debe haber llegado –contestó el moreno con una media sonrisa.

Para su sorpresa, detrás de la máscara, el hombre de la katana soltó una ligera carcajada.

- ¿En serio? –pregunto burlón el hombre-. Entonces yo no tengo nada que hacer aquí…

El ninja dio un salto hacia atrás y enfundó su arma. Sorprendentemente, el Uchiha hizo lo mismo.

- No es como si alguna vez hubieras estado aquí –dijo Sasuke, entrecerrando sus ojos con frustración.

Delante de él, el hombre de la katana comenzó a desmoronarse en pesados trozos de tierra. Sus carcajadas perforaron los tímpanos del moreno durante varios minutos.

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

- ¿Así que era un clon de tierra? –preguntó Kakashi.

El equipo siete estaba reunido en los aposentos de la princesa, comentando los últimos sucesos del día. La seriedad con la que el jounin trataba el asunto no auguraba nada bueno, y la tensión en el aire era asfixiante.

- Hai –contestó Sasuke, de pie detrás de él-. Lo supe desde que apareció.

El moreno se encontraba recargado en la pared del cuarto, con los brazos cruzados y la mirada baja, oculta por su oscuro cabello. Aun no llegaban al punto que él quería tratar.

- Buen trabajo, Hime-sama –felicitó el peliplateado a la rubia-. Hiciste una captura perfecta tú sola.

La Uzumaki le sacó la lengua a su maestro y alzó una mano con un gesto de victoria en ella.

- Buscaban a la dobe, Kakashi-sensei –dijo el niño interrumpiendo el festejo-. El asunto de la princesa Aiko era secundario…

El Hatake soltó un suspiro, llevándose una mano a la cabeza.

- Se lo que estas pensando, Sasuke –dijo el ninja copia-. Pero tu hermano no está detrás de esto.

- Mi hermano no trabaja solo –alego el gennin, sin sorprenderse por el comentario de su sensei.

- Ambos sabemos que ese no es el estilo de… tu hermano –dijo el hombre sin atreverse a mencionar el nombre de Itachi.

- Eso no quita el problema. Todo se está complicando, Kakashi –murmuró el moreno separándose de la pared-. Deberíamos cancelar la misión…

- ¡Claro que no, dattebayo! –interrumpió Naruto enojada-. Esta misión es muy importante para Konoha, teme ¡Contrataron a tres equipos!

- ¿¡Qué no lo ves, usuratonkachi! –gruñó Sasuke molesto-. ¡Ya no se trata de la misión! ¡Estos tipos van tras de ti!

- ¡Ellos ni siquiera me reconocieron, teme! –se defendió la Uzumaki poniéndose de pie-. Es lo mismo que pasó en la misión del País de la Ola, dattebayo ¡Podemos hacerlo! ¡Yo puedo hacerlo!

- ¿¡Tú! –gritó el moreno señalándola-. ¡Tú eres una dobe que va a hacerse la heroína sin importar las consecuencias!

- ¡Lo dice la persona que termino siendo un alfiletero humano! –gritó la rubia e inmediatamente se tapo la boca arrepentida.

Sasuke abrió los ojos sorprendido. Por la cara que tenía cualquiera juraría que la Uzumaki le había soltado una bofetada.

- Lo siento, teme… Yo te juro que… -tartamudeó Naruto.

- Lo que más me enferma –la interrumpió el Uchiha apretando los puños-, es lo poco que te importa tu propia vida…

- ¡Entiéndeme, Sasuke! –dijo la niña tomándolo de los brazos-. Es solo que pienso que esto no puede ser pero que Akatsuki…

Nuevamente los morenos dedos de Naruto terminaron otra vez sobre sus labios.

- ¿Quién es Akatsuki? –preguntó Sasuke desconfiado.

- Sasuke, yo…

- ¿Tiene que ver con mi hermano? –exigió saber el moreno tomándola del brazo.

- ¡Suéltame, teme! Me lastimas –dijo la rubia mordiéndose los labios.

- Ya basta, Sasuke –intervino Kakashi separándolos-. Tendrán tiempo de hablar de eso después… en Konoha –aclaró al percatarse de los apremiantes ojos de su alumno-. Ahora tú y yo debemos hablar algunas cosas…

El peliplateado abrió una de las puertas deslizantes de la habitación, que conducía a uno de los cuartos aledaños. Espero a que el Uchiha, a regañadientes, lo supiera y solo entonces la cerró tras de sí.

- Deja de presionarla –regaño el sensei al niño-. Si ella dice que puede, es que ella puede.

- ¡Esta no es la misión del País de la Ola! ¡Esa gente va tras ella, Kakashi! –gritó Sasuke sin poder contenerse-. ¡Ella es el blanco! ¡Y esto no lo planeó el idiota de Zabuza (9)! ¡Tú interrogaste al ninja que capturó la dobe! ¡El tal Kima Toru era solo un señuelo! ¡Estaban reconociendo el terreno! ¡Van a atacar otra vez!

- ¿Ya terminaste? –preguntó el Hatake aburrido.

- ¡No! –contestó el Uchiha molestó-. ¡La dobe siempre ha sido así, maldición! ¡Desde que éramos niños, en la Academia Ninja, en todas las misiones! ¡Se arroja sin importarle las consecuencias! ¡Siempre me he conformado con decirle "Dobe, eres un idiota"! ¡Pero yo también tengo mi límite! ¡Si ella no va a mover un dedo por protegerse, YO SÍ!

- ¿Ahora ya sí terminaste? –volvió a preguntar Kakashi.

- ¡Sí! ¡Ya termine, con un demonio! –dijo el moreno pasando una mano desesperado por su cabello.

- Bien. Ahora escúchame tú, jovencito (10) –dijo el peliplatedo tomándolo por el hombro para que lo viera de frente-. Na… Hime-sama no está acostumbrada a que la protejan, así que si quieres hacerlo debes ser más… sutil ¡Empezando por no gritarle!

- ¡Pues parece que si no le gritas ella no entiende lo que le dices! –gritó Sasuke golpeando la puerta con toda la intención que Naruto lo escuchara-. Y yo no la estoy protegiendo… (11)

- Sí, claro… -contestó Kakashi resignado, cruzándose de brazos.

- ¡Te escuche, teme! –gritó la rubia en la habitación de al lado.

- ¡Era la idea, dobe! –le respondió el moreno golpeando nuevamente la puerta.

- Ya basta –dijo el Hatake separándolo de la puerta antes de que rompiera la delicada combinación de papel y madera-. Vas a despertar a todo el palacio. Deja de comportarte como un niño, Sasuke…

- ¡Soy un niño! ¡Tengo trece años, sensei! –le reclamó el Uchiha, cruzándose también de brazos.

- Ah… Si… Bueno… -balbuceo Kakashi-. Tú me entiendes… Deja de hacer berrinche.

- Yo no hago berrinche –murmuró Sasuke-. ¡Es ella la que…!

- Como sea –dijo el ninja copia tapándole la boca antes de que empezara a gritar de nuevo-. Escucha. Si, la misión se complicó pero ella tiene razón: no hay mayor peligro que tu hermano. Y no es él, ¿de acuerdo?

- Bien –gruñó el moreno a regañadientes.

- Tú no vas a separarte de ella, y yo no dejare que nada le pase a mi equipo, ¿está bien? Ella estará a salvo…

Sasuke se tomó su tiempo para contestar.

- De acuerdo –dijo al final, mucho más tranquilo.

"No me están pagando por ser niñera, o consejero amoroso" pensó el Hatake con una gota de sudor resbalándole por la cara "No soy bueno en esto".

Pero satisfecho con el resultado de la conversación, el ninja copia abrió nuevamente la maltratada puerta y le permitió a Sasuke regresar al cuarto. Naruto estaba sentada en la cama, aburrida, pero en cuanto los vio entrar se puso de pie inmediatamente.

- Esto es lo que haremos –informó Kakashi serio-. La misión seguirá en pie pero le escribiré a Hokage-sama y si ella decide que se cancela, se cancela. ¿Entendido? –preguntó señalando a Naruto que había abierto la boca para protestar.

La rubia hizo un puchero, pero no se quejó, al menos no en voz alta. Se cruzó de brazos y empezó a murmurar cosas como "exagerados", o algo parecido.

- Mientras tanto –continúo Kakashi-, mantengan los ojos bien abiertos y sean cuidadosos. Esas personas volverán a atacar, lo mejor es estar preparados y no subestimarlos. Sakura está tratando de calmar a Asumi-sama, yo iré a revisar el lugar del ataque. Sasuke se quedara a cuidarte, Hime-sama.

- Hai –contestaron ambos niños.

Nada más el hombre desapareció de la habitación, Naruto no tardó en mandarle sendas miradas de reproche a su compañero. El moreno trató de ignorarlas todo lo que podía, consiguiendo un buen resultado, hasta que la niña se hartó y le arrojó una almohada con fuerza.

- ¿Qué? –preguntó Sasuke molesto, atrapando el mullido objeto al vuelo.

- ¿Y todavía lo preguntas, dattebayo? –contestó Naruto cruzándose de brazos-. Si por culpa de tus quejas cancelan la misión te juro que…

- ¿Y qué vas a hacer? –interrumpió el moreno mientras se acostaba descaradamente sobre la cama-. ¿Llorar hasta que cumplan su capricho, Hime-sama?

- ¡Tú! ¡Maldito engreído! –dijo la ojiceleste agitando un puño-. ¡Te crees el mejor solo porque tienes…! ¡Ay!

Casi al instante el Uchiha ya estaba arrodillado junto a la rubia. Sasuke había visto a Naruto llevarse una mano a la frente y desvanecerse en cámara lenta. La atrapó entre sus brazos antes de que la niña se golpeara contra el suelo.

- ¡Naruto! –susurró el moreno, golpeándole suavemente la cara-. ¿Estás bien?

- Mal-maldito… zorro… de mierda… -balbuceó la Uzumaki con mucho trabajo, tratando de ponerse en pie apoyándose en su compañero.

Sasuke no entendió que tenía que ver el Kyubi con todo ese enredo, pero ese pensamiento dejo rápidamente su mente.

En su mano había rastros de sangre.

Cerca del cuello de Naruto estaba una herida todavía abierta.

- Estas sangrando –dijo el moreno con la boca repentinamente seca.

- Eso… -contestó la rubia con los ojos a medio cerrar-, creo que fue un kunai que no esquive… cuando empuje… a Asumi-sama…

- Ya debería estar cerrando –afirmó el pelinegro, descubriendo un poco más el hombro del kimono para examinar la herida-. Deberíamos curarla.

- Cerrara cuando regrese ese estúpido zorro –gruñó la niña sujetándose la cabeza con ambas manos.

- ¡No deberías ser tan descuidada! –la regañó molesto el Uchiha.

- ¡Es apenas un rozón, teme! ¡Deja ya de regañarme! ¡No eres mi padre, dattebayo! –dijo Naruto empujándolo lejos de sí.

Sasuke gruñó molesto cuando su espalda se golpeó con un mueble que estaba detrás de él. En serio que le estaba hartando la actitud de su compañera. Así que haciendo oídos sordos a las quejas de la niña, la tomó de las muñecas y la sujetó con fuerza.

- ¡Vas a dejar que te cure y se acabó! –gritó el moreno enojado.

- ¡No me grites, teme! ¡Ya te dije que cerrara sola, baka! –contestó la rubia, al tiempo que forcejeaba para soltarse.

En un último intento por huir, Naruto le soltó un simple puntapié al Uchiha. El moreno, que no esperaba algo tan infantil, lo tomo totalmente desprevenido el golpe, que le llegó de llenó a su descalza extremidad. Sin embargo a la rubia le duró muy poco su libertad, ya que a pesar de la molestia y gruñendo maldiciones, Sasuke se abalanzó sobre ella y la sujeto por su pequeña cintura. La ojiazul no se dio por vencida y aprovechándose de su posición, le propinó un codazo al niño que por poco le rompe la nariz.

"Suficiente" pensó molestó el pelinegro.

Se valió de que Naruto aun estuviera algo mareada para arrojarla con relativa facilidad sobre la cama y posicionarse sobre ella.

- ¿Quieres quedarte quieta? Solo quiero revisarte la herida –dijo Sasuke más calmado, pero sujetándola firmemente de las muñecas.

- Vete al diablo –gruñó la Uzumaki de mal humor-. ¡Y quítate de encima, dattebayo! ¡Me aplastas, teme!

Entonces algo sucedió que los hizo callar a ambos, olvidándose completamente de su discusión. La puerta de la habitación se deslizó con suavidad, y una cabecilla castaña se asomó por la pequeña abertura creada. La preocupación que reflejaban sus ojos negros era clara, hasta que vio la escena que tenía enfrente.

- ¡Hi-hime-sama! –tartamudeó la muchacha aferrándose con fuerza a la puerta.

- ¡Kaede-chan! –gritó Naruto asustada, consiste de que, desde donde se encontraba la joven, ni ella ni Sasuke se veían bien.

- Yo… lamento… ejem… interrumpir… -dijo Kaede, frunciendo el entrecejo.

- ¡No es lo que parece! –balbuceó la rubia-. ¡Yo…! ¡Él…!

Naruto miró apremiante a Sasuke, pidiéndole con los ojos que hiciera o dijera algo… ¡Lo que fuera! El moreno, por primera vez en mucho tiempo tenía la mente en blanco. ¿Qué le decía a Kaede? ¿Me caí? Encima de Hime-sama, como no… ¿La avente sobre la cama, pero te juró que fue con buena intención? Podría irse despidiendo de la misión…

- ¡Fuera! –gritó el Uchiha poniéndose en pie.

Prácticamente a patadas, Sasuke echó a Kaede de la habitación, cerrando la puerta con fuerza. Golpeó su frente contra la puerta, a falta de no poder expresar su consternación más que haciendo eso.

"Tenemos un problema" pensó el moreno preocupado "Uno muy grande".

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

Kaede se frotó las manos con nerviosismo. Aun a costa de recibir un regañó por parte de Sasuke, no había querido separarse más que unas cuantos pasos de las habitaciones de la princesa. La muchacha sentía que tenía un grave problema entre las manos. En cierta forma no le sorprendía lo que había visto. Solo un ciego (12) no notaria las miradas que de vez en cuando se escapaban de los ojos azules de Hime-sama, dedicadas a su guardián. Y el atento cuidado con el que Edo Sasuke la protegía, siempre enmascarado por ese pésimo carácter, no era usual. La castaña se había resguardo en la idea de que, pese a lo que le advertía su corazón, solo era un amor de niños que se convertiría con el pasar del tiempo en un simple recuerdo de infancia. Pensó que Hime-sama pondría el bien de Osaka por encima de cualquier capricho y, ante todo, pensó que Edo Sasuke tendría claro cuál era su deber… y su lugar. Ahora Kaede se sentía dividida entre su lealtad a su señora Asumo y el cariño que sentía hacia su joven princesa. La joven Kobo quería ser un apoyo para Aiko, a quien veía como su pequeña hermana. No quería causarle ningún daño a la niña, ni perjudicarla ante su futura familia, no quería que esas lagunas azules dejaran de brillar.

- Kaede, ¡ayúdame por favor! –dijo una voz a sus espaldas.

La aludida dio un audible resoplido de disgusto. No necesitaba darse la vuelta para saber quien la llamaba. Colocó sus brazos en jarras antes de encarar al muchacho. Si un enamorado para una princesa comprometida era un problema… dos no podían ser mejor.

- Yoshito, ¿qué estás haciendo aquí? –murmuró la castaña viendo para todos lados-. ¡Los hombres tienen prohibido estar en este lugar! ¡Vete antes de que me causes problemas!

El joven guardia torció el gesto. ¿Acaso Kaede no se daba cuenta de lo mucho que le costó llegar hasta aquí sin ser descubierto? Si su tío estuviera presente, y estuviera de acuerdo con lo que hacía, le diría que no era momento de retroceder si no de presionar. Tratándose de Kobo Kaede quizás era mejor rogar un poco…

- Por favor, Kaede –suplicó el muchacho-. Necesito tu ayuda, ¡ese crio que tiene como perro guardián no se le separa ni un segundo! Debo verla, hablar con ella de…

- He dicho que no, Yoshito –interrumpió la castaña-. ¡Y te lo he dicho más de quince veces! Es lo mejor para Hime-sama, y lo mejor para ti, Yoshito –dijo Kaede con voz suave-. Ella va a casarse y…

- ¿De qué estás hablando? –preguntó Nakasawa confundido.

La muchacha dio un profundo suspiro antes de contestar. Esto no iba a ser nada fácil.

- Mi hermano me lo contó, Yoshito… Sé que estás enamorado de la princesa ¡Todo el palacio lo sabe! –dijo la joven e inmediatamente el guardia se puso rojo de la vergüenza.

"Maldito Koichi bocafloja ¡Cuando lo encuentre le daré su merecido!" pensó para sí el Nakasawa.

- ¿Estás loca, Kaede? ¿Cómo se te ocurre decir esas cosas? ¡Es solo una niña! –se defendió Yoshito-. ¡Y además nuestra futura princesa!

- Pues a mí me dijeron que tú querías hacerla tu princesa personal –dijo Kaede frunciendo el entrecejo.

- ¡Deja de decir tonterías! –gruñó molesto el muchacho-. Yo solo quería decirle que…

- ¿Decirle que, Yoshito? –interrumpió nuevamente la joven-. ¿Decirle que la amas? ¿Qué harías lo que fuera por ella? ¿Qué escaparan juntos (13)? ¿Qué es lo que quieres decirle a Hime-sama?

- Si, Yoshito… ¿Qué es lo que quieres decirle a Hime-sama? –susurró una voz a sus espaldas-. Yo también estoy muy interesado en saberlo…

Y ahí, justo en medio del pasillo, recargado en la pared como si el tiempo no pasará por él, estaba Edo Sasuke. Su vista se desviaba a algún punto perdido del pasillo, aburrida, semioculta por su cabello, pero al joven guardia le daba la impresión de que sus sentidos estaban totalmente alerta. Cuando el niño movió la cabeza y clavó sus ojos en Yoshito, por un instante creyeron ver un endemoniado brillo rojo en ellos.

- Vete –ordenó el moreno con la voz helada.

Kaede no necesito que mencionaran su nombre para saber que se refería a ella. Casi corriendo, la muchacha retrocedió asustada hacia algún lugar desconocido del palacio. Uno muy lejos…

- Escúchame bien, idiota –soltó Sasuke sin contemplaciones-. Hime-sama no necesita nada de ti, así que más vale que no vuelva a verte merodeando por aquí, porque si lo hago el castigo de tu querido tío será un juego comparado con lo que te espera.

Yoshito apretó los dientes ante la amenaza, sentía que la furia lo estaba ahogando y le hacía hervir la sangre, no tenía idea de cómo ese crio sabía tantas cosas de él pero eso era lo de menos. Empuño repetidamente sus manos tratando de calmarse, él venía a algo importante y ningún mocoso malcriado iba a impedirlo.

- Debo verla, necesito decirle que… -dijo Nakasawa-. Necesito decirle algo importante.

- Si es tan importante dímelo a mí y yo se lo diré a Hime-sama –contestó el pelinegro, aparentemente tranquilo.

- ¡Debo decírselo en persona! –gritó Yoshito con enojo.

Todavía no terminaba de hablar cuando algo helado voló por el aire, apenas rozando su mejilla. Se llevó una mano asombrado a la cara. Había una herida superficial en ella, apenas sangrante. Una shuriken quedó clavada en la pared, a uno de los costados de su cabeza. Sasuke no se había movido ni un milímetro, pero Yoshito no tuvo dudas de quien lo había atacado.

- Lárgate, antes de que te mate –dijo el Uchiha dándose la vuelta.

El guardia se quedó estático al final del pasillo pero, antes de que el niño se perdiera de nuevo en las habitaciones, volvió a hablar. Todo rastro de emoción en su voz había desaparecido.

- ¿Crees que nadie a tu alrededor lo ha notado? Asumi-sama solo está esperando a que pase la boda para mandarte de regreso a Osaka –dijo Yoshito con la cabeza gacha-. Es cierto, a mi me gusta Hime-sama pero tú…

Nakasawa no vio la cara del moreno ya que este se encontraba de espaldas, pero no importaba. No conocía bien a Edo Sasuke pero había visto lo suficiente como entender muchas cosas…

- Mi tío siempre me ha dicho que soy bueno leyendo los rostros de la gente. ¿Sabes lo que veo cuando te miró, Sasuke? Amor… porque estás dispuesto a sacrificar tus años y tu vida por ella. Miedo, porque ya lo hiciste o sabes que eso pasara si sigues a su lado. Dejaras cosas importantes detrás de ti, tal vez tu familia, tu posición, oro… No lo sé… Cobardía, porque ni siquiera te has atrevido a hablarle de frente de lo que sientes, ocultando todo tras esas absurdas discusiones que provocas solo para oírla hablar, ¡solo para que te mire! Y finalmente: tristeza… porque sabes que si sigues así vas a perderla… Pero… ¿te digo algo, Sasuke? Eso ya pasó, la perdiste.

El azoton de la puerta al cerrar le dijo a Yoshito que el niño había escuchado cada palabra. Y que había comprendido la verdad que encerraban.

˜S&N˜*M*E*T*R*A*J*O*D*E*V*U*E*L*T*A*˜S&N˜

Sasuke se recargó cansado contra la inanimada superficie del primer soporte firme que encontró, respirando entrecortadamente, tratando de serenarse.

- ¡Teme! –gritó Naruto echándosele al cuello-. ¿Dónde estabas, dattebayo? Me sentía tan sola… ¿Dónde está ese maldito zorro? Debe de andar aquí porque la herida, ¡ya sanó! ¡Kyu, Kyu! –silbó la rubia con fuerza, como si el zorro fuera su mascota-. ¿Dónde estás, bonito? Ven, ven, ven… ¡Kyu, Kyu!

- Dobe… -murmuró Sasuke sin inmutarse, acostumbrado a las locuras que cometía la Uzumaki todos los días-. ¿No te dolía la cabeza?

- ¡Sí! –gritó la rubia muy animada, alzando los brazos-. ¡Pero todo es culpa de ese zorro, dattebayo! ¡Se tomó dos barriles de cerveza antes del mediodía! ¡Y ya son las ocho! ¿Por qué no piensa en mí? –sollozó de repente la niña echándose al suelo-. ¡Yo no tomó! ¡Soy menor de edad! ¡A mí no me gusta la cerveza, dattebayo!

El moreno vio incrédulo como gruesos lagrimones salían de los ojos de Naruto y recorrían su cara. Si no conociera a la Uzumaki como él la conocía, juraría que estaba…

- ¿Y ustedes dos que me ven? –dijo Naruto de mal humor, apartándose las manos de la cara.

Solo entonces el Uchiha notó el pronunciado sonrojo en las mejillas de la rubia, por otra parte sus ojos estaban casi cerrados, y un ligero tambaleo gobernaba el movimiento de su cuerpo, aun cuando estaba sentada.

- ¡Mira teme, un Sasuke igualito a ti! –gritó la Uzumaki señalando dos metros a un costado del niño-. Digo… ¡Un teme igualito a ti, Sasuke!

Para la consternación del Uchiha, la niña trató de abalanzarse sobre el segundo Sasuke, pero sus brazos solo encerraron aire y cayó cuan larga era sobre el pulido piso de madera.

Era un hecho, Naruto estaba ebria. Como había sucedido, Sasuke lo averiguaría después.

- Ese maldito zorro tendrá que dar muchas explicaciones –masculló el moreno mientras ponía de pie a la niña-. Encima que se la pasa molestándote todo el día…

- ¡Chitón! –lo calló la rubia con una risita desubicada, recargándose en él en el proceso-. ¿Te digo un secreto? Al zorro le gusta Iruka-sensei –dijo Naruto, y segundos después soltó una salvaje carcajada-, pero solo me molesta para hacer enojar al teme… No le gustan los Uchiha, ¡y eso que solo hay dos! –gritó alzando la mano, mostrando ese número de dedos en ella-. ¡Pero ahora son tres!

Repentinamente la Uzumaki comenzó a reírse, a esa risa la siguieron varias carcajadas más. El moreno frunció el entrecejo molesto, ¿acaso Naruto se burlaba de su familia?

- ¡Mira, teme! –dijo la rubia agitando su mano-. ¡Solo tengo dos dedos! ¿Dónde están los otros tres?

- Aquí están, usuratonkachi –contestó el moreno extendiéndole por completo la mano para que los viera.

- ¡Wow! ¿Cómo hiciste eso, teme? ¿Tu hermano también puede hacerlo? Oye teme, ¿qué le pasó a Itachi? Se encogió… y se cortó el pelo –balbuceó la Uzumaki mirando a la derecha del Uchiha. Por lo visto su imaginario hermano gemelo se había convertido en Itachi-. ¡Corre, teme! ¡Él viene por mí, dattebayo!

- Nadie viene por ti, dobe –dijo Sasuke, sujetándola antes de que saliera de la habitación y la vieran en ese estado-. ¿Por qué Itachi vendría por ti?

Inmediatamente la niña se inclinó sobre él y le tapo la boca con preocupación.

- ¿Te digo un secreto? –preguntó la rubia con nerviosismo.

- ¿Otro? –contestó Sasuke con sarcasmo, pero la kunoichi no lo escuchó.

- Pero no debes decirle al teme –continuo diciendo Naruto, poniendo un dedo sobre los labios del moreno. Eso atrajo de inmediato la atención del Uchiha.

- Será nuestro secreto –aseguró el niño sujetándole la mano-, ¿qué no debo decirle a Sasuke?

- Sasuke se preocupara si lo sabe –dijo la ojiazul, con la cabeza bamboleándole sobre el cuello-. Ellos no van por mí…

- ¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? ¿Akatsuki?

- ¡Chitón! Sasuke te va a oír –susurró la niña-. Si Akatsuki… Ellos no van por mí, van por el zorro que tengo aquí –dijo señalándose el pecho-. Ero-sennin me lo dijo… cuando me encuentren lo sacaran y entonces…

- ¿Y entonces? –preguntó el Uchiha apremiante, sujetándola por los hombros.

- Entonces… Kakashi-sensei tendrá otro nombre que visitar en esa piedra –contestó Naruto con tristeza.

- Eso no pasará –prometió Sasuke con firmeza.

Una sonrisa comenzó a expandirse por la cara de la niña.

- Te ves lindo cuando te preocupas por mí, dattebayo –dijo la rubia llevando las manos a las mejillas del moreno.

Nuevamente Sasuke sintió aquel calor en su cara que significaba que estaba avergonzado, pero solo porque estaban solos y Naruto no tenía idea de lo que decía, no le importó. Dejando de lado las extrañas circunstancias, al Uchiha le encantó escuchar esas palabras de su girasol.

- Ino tiene razón, Sasuke –siguió diciendo Naruto-. Tú eres muy guapo.

Repentinamente, el niño sintió que Yamanaka Ino no estaba tan loca. Tal vez fuera una buena influencia para la Uzumaki…

- Neji también es guapo… -balbuceó la niña en medio de risitas.

¡CRASH!

Si eso no era el mundo de ilusiones de Sasuke rompiéndose, era su corazón… o alguien acababa de dejar caer un jarrón al piso.

- Pero tú me gustas, teme –aseguró Naruto con una enorme sonrisa.

Instantes después unió sus labios con los del moreno, robándole un suave beso.

El Uchiha abrió los ojos sorprendido, tratando de procesar con calma lo que estaba pasando.

Al final Sasuke decidió que podía procesarlo después y se entregó totalmente al gesto.

Se dedicó a sentir esa suavidad que se le daba como regalo, abrazando a su niña por la cintura, rozando como quiso ese dulce pedacito de piel.

Nunca supo cuanto duro el momento, pero a Sasuke lo hizo inmensamente feliz saber que ese momento solo había pasado una vez antes… y que también había sido con él.

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- Sasuke, ¿estás enfermo? –preguntó Kakashi con preocupación colocando una mano sobre la frente de su alumno.

- No –contestó el moreno-. ¿Por qué lo dice, sensei?

- Estas sonriendo –dijo el Hatake incrédulo, señalando su cara.

Ante el comentario el Uchiha no pudo evitar aumentar su sonrisa, y la preocupación de su holgazán maestro.

- ¿Pasó algo interesante mientras no estuve? –preguntó el peliplateado alzando la ceja.

- Nada –aseguró Sasuke sin dejar de sonreír-, nada en absoluto…

"Al menos parece que le fue mejor que a mi" pensó Kakashi encogiéndose de hombros.

El Hatake estaba inclinado sobre la tierra, sacando sus propias conclusiones sobre el ataque del jardín. Gracias a Pakun sabía exactamente el lugar por donde habían entrado los intrusos, le inquietaba que ambos hombres parecieran conocer cada rincón del palacio así como sus alrededores. O eran lugareños, cosa muy poco probable debido a su entrenamiento shinobi, o recibían ayuda de alguien del interior… El otro problema era la identidad de los atacantes, del hombre de la katana era claro que no obtendrían información, y del hombre de las sai… Apenas consiguió sacarle su nombre, Kima Toru, cuando un sello se activó y bloqueó cualquier recuerdo de su mente. Kakashi había preferido encerrar él mismo a Toru y no involucrar a la guardia de Kioto. Ahora solo quedaba esperar a que los desconocidos hicieran el primer movimiento, y prepararse para sopórtalo.

Kakashi se llevó una mano a la cabeza con frustración cuando sintió su escandalosa presencia a unos metros de su posición, y al cabo de un instante un remolino de cabellos rojos saltó de entre los árboles y aterrizó delante de él.

- ¡Iruka! –gritó Kyubi alzando los manos y abrazándose al ninja copia con fuerza, para total disgusto del hombre.

Aun detrás de la máscara, a Kakashi le llegó con fuerza el aliento alcohólico que despedía el demonio, además de que la botella de sake medio vacía que tenía en la mano no dejaba muchas opciones a pensar.

- Yo no soy Iruka –gruñó el peliplateado mientras empujaba al muchacho lejos de él.

El demonio se tambaleó hacia atrás, pero antes de caer dio un giro y terminó triunfantemente de pie a unos cuantos pasos de su posición original.

- Ya lo sé –dijo el zorro con un risita-. Reconocería sus labios en donde fuera…

- Idiota –murmuró Kakashi con disgusto.

El pelirrojo torció el gesto al oír el insulto del ninja, y mientras le daba un prolongado trago a su botella no le quitó la vista de encima al ambu.

- Que este ebrio no significa que no esté consciente de lo que hago o de lo que pasa a mí alrededor, malnacido –dijo Kyubi después de limpiarse la boca con el dorso de la mano-. Aun puedo darte la golpiza que te mereces por entrometido…

El pelirrojo aun no olvidaba la manera en que se había despedido del Umino… y como el peliplateado había roto la magia del momento.

- Me gustaría ver que lo intentaras –lo retó el Hatake.

- ¿Seguro? –preguntó el zorro, pasándose la lengua por los largos colmillos-. Ahora no está Naruto para que te defienda…

- No necesito que nadie me defienda –aseguró Kakashi entrecerrando los ojos.

Kyubi soltó un carcajada, a la que siguieron muchas otras, tantas que el zorro se llevó una mano a la frente por el dolor que le provocaban, aumentando el ligero mareo que sentía por el alcohol. Sin dejar de reírse el pelirrojo se sentó con comodidad en el verde césped, enterrando ligeramente los descalzos pies en él.

- No sé qué te molesta tanto… -dijo el demonio cuando al fin se controlo-. Tú no tienes nada que ver con Iruka, y te puedo asegurar que él no tiene pareja.

- Me molesta que quieras aprovecharte de tu poder para presionarlo y acosarlo como se te dé la gana –contestó Kakashi metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

- Es el padre de Naruto –dijo Kyubi sacando un paquete de cigarrillos de su pantalón y encendiendo uno-, jamás haría algo para lastimarlo…

Ahora fue el turno de Kakashi de soltar una risita despectiva, mucho más discreta que la de su indeseado acompañante. Desde que el demonio había salido a su encuentro, el ninja copia apenas se había movido y sus hombros lucían increíblemente tensos.

- Ahora eres todo un ejemplo de ética –afirmó el Hatake con sarcasmo.

El pelirrojo dio una larga aspirada a su cigarrillo y exhaló el humo con fuerza, consiguiendo que el tóxico gas llegara hasta el imperturbable rostro del peliplateado.

- La mocosa me controla, me guste o no –se defendió Kyubi.

- Cuando regresemos a Konoha no volverás a tocar a Iruka –aseguró el Hatake viéndolo desde arriba.

La botella de sake explotó entre los dedos del zorro, la porcelana voló por todos lados y el resto del licor que quedaba en el recipiente resbaló por los largos dedos del muchacho.

- Bien, voy a ser claro contigo, Hatake –dijo el demonio mientras se ponía de pie. Tiró el resto del cigarro al suelo y lo pisó con su pie descalzo-. Iruka me gusta, y no voy a dejar de acosarlo solo por que a ti te molesta.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Kakashi viéndolo con fijeza.

- Tengo mil trescientos sesenta y cinco años, idiota –contestó el zorro encogiéndose de hombros-. Tal vez es tiempo de sentar cabeza… -añadió mientras sonreía.

- Así que según tú –dijo el Hatake-, lo que quieres con él es serio…

- Es una manera de decirlo –confirmó Kyubi, sin perder la sonrisa. El zorro esperaba con ansia el fin de la misión y volver a ver a ese lindo maestro. Tal vez probar otra vez aquellos labios…

- Eso… -murmuró Kakashi dándose la vuelta-, me tranquiliza. Solo espero que lo cumplas.

El peliplateado no sabía cómo sentirse con la confesión del demonio. Si, era tranquilizante saber que para Kyubi, Iruka era algo más que un juego, pero ciertamente no le alegraba saber que tenía un rival.

- No creas que no sé lo que sientes por él –soltó el zorro antes de que el Hatake desapareciera entre los árboles-. De cierta forma, tú tienes más probabilidades que yo…

- ¿Por qué lo dices? –preguntó el ninja copia sin volverse.

El pelirrojo sacó de quien sabe donde otra botella de sake y se la llevó con prontitud a la boca, dispuesto a seguir llenándose de alcohol. Esa era la razón por la que había salido corriendo hacia el primer bar que encontrara nada más llegar a Kioto. La verdad que se reveló ante sus ojos deprimió su ánimo como ninguna otra cosa en siglos…

- ¿Todavía lo preguntas? –dijo Kyubi sin dejar que la tristeza se transmitiera en su voz-. Soy el asesino de sus padres y él nunca va a poder olvidar eso, por mucho que se esfuerce por ocultarlo.

Kyubi se miró las manos y se sintió justo como ellas estaban en ese momento: vacías. Tanto poder, tanto chackra, tantos años… y lo único que tenía era una botella de sake que no le duraría más de cinco minutos en la garganta y treinta en la sangre.

- Solo voy a advertirte una cosa, Hatake –lo llamó nuevamente el demonio con la voz melancólica-. En cierta forma Iruka se parece mucho a Naruto, atrae las miradas sobre él, todos en Konoha lo conocen… ¿Nunca te has preguntado la razón por la que una persona como él esta solo? En el pasado… -siguió diciendo mientras sus ojos se entrecerraban con ira, el aura asesina que despedía el demonio empezó a sofocar al ninja copia-, alguien le hizo mucho daño… Si él te elige, no te atrevas a hacerle lo mismo, porque entonces te aseguró que Naruto no te defenderá.

- ¿De qué estás hablando? –preguntó Kakashi girando la cabeza.

- Si quieres saber más pregúntale a Naruto –gruñó el zorro de mal humor-, pero a Iruka déjalo en paz.

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Especial Detrás de Cámaras

- ¡Corte! –gritó una voz en medio del set.

- ¿Qué pasó, dattebayo? ¿Lo hice mal? –dijo Naruto mientras se alejaba de Sasuke.

Una mujer se les acercó a ambos niños con un gesto de concentración bastante marcado. Llevaba en su mano derecha una bocina mientras que en la otra llevaba un cuaderno rojo llena de enredados apuntes. Iba descalza, y traía puesta una falda de mezclilla junto con una camiseta blanca con un extraño símbolo al frente. Su pelo era largo hasta la cintura, de un color azul eléctrico, y sus ojos de un extraño tono dorado.

- No, linda ¡Te salió perfecto! El problema fue de otro… -dijo la peliazul lanzándole una dura mirada al moreno.

- Zaphy-sama, no sea tan dura con Sasuke, dattebayo –intervino la rubia antes de que el poseedor del sharingan se le abalanzara a la directora-. Es que no habíamos ensayado esta escena y… bueno…

- Está bien –contestó la chica tratando de ser comprensiva. Dando un suspiro para controlar su carácter se dirigió al niño que tenía enfrente-. Mira Sasuke, quiero que te deshagas por un minuto, unos condenados 60 segundos, de esa cara de estreñido que tienes y mires a la niña que tienes a un lado…

Gruñendo, el moreno le volteó la cara a la directora, con toda la intención de ignorarla e ignorar todo lo que le decía. La peliazul entrecerró los ojos con furia, y Naruto prefirió retroceder un paso ante esa mirada.

- Acaba de decirte que le gustas, tú no lo esperabas, ¡te besó! –dijo Zaphy tomando la cara del Uchiha para obligarlo a que viera a la Uzumaki-. Así que haznos un favor a todos y refleja esa sorpresa en tu cara de hielo para que todos nos podamos ir a casa, ¿está bien?

Sasuke apartó la mano de Zaphy con un manotazo, pero asintió en silencio. Odiaba que le dieran órdenes, pero la mujer mandaba… y ella podía hacer lo que quiera con las escenas. La última vez que la había echó enojar había cambiado la "tarde de chicas" de Naruto y las Hyuga por una "cita" con Neji, ¡y lo obligó a ver cada maldito ensayo!

- ¡Bien! -dijo Zaphy con una sonrisa-. ¡Hagámoslo otra vez! ¡Escena 45, toma 2!

Pero esa alegría no duró mucho…

- ¡Corte! ¡Otra vez!

- ¡Corte! ¡Demonios, Sasuke! ¡Hazlo bien!

- ¡No, no, no, no! ¡Sorpresa! ¡Eso es lo que quiero ver en tu cara, Uchiha! ¿¡Es tan difícil pedírtelo!

- ¡Ya basta! ¡No te le abalances a Naruto! ¡Maldita sea! ¿¡Voy a tener que traer a un doble o que!

- De nuevo…

Zaphyrla dio un suspiro de fastidio que hizo temblar a todo el set de grabación.

- Tomemos un descanso –dijo la directora mientras se sobaba la cabeza-. Sasuke, quiero hablar contigo… todos los demás fuera.

No necesito decirlo dos veces.

- Suerte, teme –susurró Naruto antes de irse.

Zaphyrla colocó sus brazos en jarras. Sasuke le mandó una mirada retadora. La peliazul alzó la ceja, incrédula. El moreno arrugó el entrecejo molesto.

- ¿Y bien? –dijo la ojidorada extendiendo su mano-. ¿Qué esperas?

El Uchiha se cruzó de brazos. Obviamente no estaba conforme con el pedido de la directora.

- Dije veinte y apenas vas doce –dijo Sasuke enojado.

- Y yo dije que tomáramos un descanso, Uchiha, el resto de las tomas serán después. Ahora –dijo Zaphy volviendo a agitar la mano-, suelta el dinero.

Gruñendo, el niño metió una mano al bolsillo de su pantalón y de él sacó un grueso fajo de billetes nuevos, que Zaphy recibió con ojos brillantes.

- ¿Esta completo? –preguntó la directora mientras contaba desconfiada el dinero.

- ¿Por quién me tomas? –dijo el pelinegro, sintiéndose insultado-. No tenías porque gritarme tanto… Ahora todo mundo se pregunta porque no te he matado.

- En realidad Sasuke, todo mundo se pregunta si ya me hartaste y si estoy pensando en conseguir otro protagonista –contestó Zaphy con un guiño-. Tal vez un guapo chico de ojos blancos…

El Uchiha, que se había retirado unos pasos hacia la mesa del refrigerio para tomar un vaso con agua, casi se ahoga al escuchar a su directora.

- No te atreverías –dijo el moreno en medio de tosidas.

- No se… -contestó la chica, escribiendo algo en ese cuaderno rojo-. Solo bromeaba –dijo sonriendo la directora al notar la mirada que le mandaba el moreno-, Sasuke. Eres un idiota… pero me caes bien.

- Aun así me cobraste por ese… favor.

- Nada en la vida es gratis, Uchiha. Si no fueras tan lento y te le declararas no gastarías tanto…

- Es mi problema…

Zaphy se golpeó la frente y se pasó los dedos entre el pelo, frustrada.

- Eres un caso perdido… -murmuró la chica mientras le soltaba un manotazo en la cabeza al niño.

- ¡Auch!


(1) Asumi solo tiene hijos varones, así que no hay princesas en Kioto.

(2) Aiko tiene un año más que Naruto, la Uzumaki tiene trece en mi fic.

(3) Esa frase también se aplica a mí parecer a Naruto chico. Para mí el personaje más odiado de la serie es esa maldita bandana que no deja que el pelo se le vea todo suelto ¡Se ve tan sexy así! ¿No la puede llevar en otro lugar? ¡Casi me desmayo cuando lo vi en el funeral del Tercero! *.*

(4) Eso me salió muy cursi -_-*

(5) No se trabe, no se trabe n.n

(6) Víbora -_-*

(7) Sasuke: Un muy lindo, atractivo y violable chico, si me permites.

Zaphy: Ejem… Gracias por la obvia información, teme.

(8) Gracias a Moon-9215 por aclararme como se llamaban esas armas, en serio que trate de buscar el nombre, pero sin computadora y aislada en ese tiempo no puede hacer mucho. Ya no pude corregir el error en el otro capítulo, no sé cómo -_-*

(9) Me disculpo con los admiradores de Zabuza. Yo no pienso que el ninja sea idiota, solo medio arrebatado ¡Para mí Haku era el cerebro del equipo!

(10) Kakashi pareció viejito diciendo eso.

(11) ¿Qué no acaba de decir qué él la iba a proteger? ¿Quién entiende al teme? O_o

(12) Le hablan al teme, pasillo 3: Inteligencia. Teme, pasillo 3: Inteligencia.

(13) Esta ya alucina -_-*


Aclaremos algo... Yo no iba a actualizar hoy! Pero el capitulo estaba en mi escritorio y me decia ACTUALIZA... ACTUALIZA... Y yo... soy debil... y no puedo resistirme T-T... Por Dios, soy tan debil... Pero ustedes dejen de lado mis debilidades y disfruten n.n... Saben deberia estar haciendo tarea u.u

Esta capitulo también me quedo bastante largo, pero como Zaphy es una buena chica ^.^ ya no lo dividió, y dejo que lo disfrutaran completo. La parte final es un pequeño añadido que se me ocurrió y me hizo chistoso, je je je. Sí, me deje sobornar por el teme ^.^, pero conste que no soy interesada n.n y que todo lo hago por el bien del SasuNaru n.n

Por cierto, si no quedó claro Kyubi se emborrachó y el alcohol afectó a Naruto debido a su conexión. Esa era la razón de su mal humor y del hecho que se llevara tanto las manos a la cabeza.

¡Y a todos ustedes mal pensados ò_ó que imaginaron cosas sucias igual que Kaede, cuando Sasuke arrojó a Naruto a la cama! ¡El teme de verdad estaba preocupado, hentais ò_ó! ¡Si lo sabré yo que escribí la escena ò_ó! Si yo soy una persona bien inocente y soy incapaz de hacer esas cosas a propósito *.*

Uno de sus comentarios hizo surgir mi duda, ¿cuales han sido sus momentos favoritos del fic hasta ahora? Eso me ayudaria a saber que es lo que más les gusta y que no... ¡No quiero que me hagan un top10! Solo, si van a dejar un comentario, diganme en él sus tres momentos favoritos... en cuenta regresiva para que me la hagan de emocion, y si tambien quieren, el momento que menos les haya agradado, ya sea por aburrido, por feo, etc, etc.

Zaludos

Zaphyrla

Bajo la luz de la luna llena

Que iluminaba en todo su esplendor las blancas calles de Ellora

Ella solo suspiraba

Recordando los ojos azules de aquel halcón

Que había escapado alzando las alas al viento