Disclaimer: ni la historia ni los personajes de naruto me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto Y a Melanie George

Esta historia es una adaptacion del libro "Juego de Seducción " de Melanie George, espero que les guste y que la disfruten.

Discúlpenme por haberme demorado demasiado en actualizar, como les comente estoy a full de trabajos exámenes y pruebas, parece que mi tiempo se reduce por ello les subo la conti ahorita, espero la disfruten y muchas gracias por tomarse la molestia de leer el fic y dejar sus comentarios

Hontoni hontoni arigatou!

Sin mas ni mas aquí les dejo:

CAPÍTULO 12

Al fin privacidad.

Hinata se permitió un momento para regodearse en la paz, ahora que su madre y hermana habían ido al cine, dejándole la tarde para ella.

Durante dos días había hecho de guía, como si fuera la señora de la casa en vez de una invitada, visitando el mismo vestíbulo tres veces en un momento porque se había perdido. Todavía había lógica en su locura. Siendo el objetivo crucial continuar manteniendo a Hanabi ocupada.

Hinata quería asegurarse de que su hermana se mantenía fuera de problemas. Aunque se preguntaba si la preocupación era innecesaria, considerando que la mente de Hanabi estaba perfectamente ocupada con otros pasatiempos.

Concretamente, Naruto. Hanabi estaba completamente encaprichada con su anfitrión.

Cuando Hinata había presentado a Naruto a su hermana, Hanabi lo había mirado boquiabierta de la manera más inapropiada, hasta el punto de que Hinata tuvo que darle un codazo.

Incómodo aunque divertido, Naruto había aceptado la adoración juvenil de Hanabi con aplomo, lo cual sólo consiguió hacer que Hinata se sintiera todavía peor ante su horroroso comportamiento.

Cuando finalmente se marchó para hablar con su madre, que caminaba a través del vestíbulo admirando una enorme pintura al óleo, el zombi en el que el trance de Hanabi había desembocado acabó... y el homenaje a toda la persona de Naruto comenzó.

—Oh... Dios... Mío. !Es un pedazo de hombre! ¿Has visto esos ojos? —preguntó, como si Hinata hubiera estado todo ese tiempo viendo la cabeza sin ojos de Naruto —. Juro que puede ver a través de mis ropas. —Evidentemente a Hanabi no le importaba la perspectiva—. ¡Vaya cuerpo! Los músculos de ese hombre tienen músculos.

Se fue dando la tabarra. Ni siquiera en el dormitorio, Hinata tuvo alivio temporal del vivo recuerdo de Naruto por parte de Hanabi, ya que su hermana (con una abundancia de habitaciones entre las que escoger) decidió instalarse con Hinata, creyendo que un castillo tan viejo como Branden Manor tenía que estar embrujado por los fantasmas de los no muertos.

—Debe haber conocido a Sasuke —había sido la mordaz adición de Sakura a la conversación.

Al menos, el tiempo pasado con su hermana le había dado a Hinata algún espacio con Naruto. No habían tenido ningún "encuentro" desde que la familia había llegado, pero sospechaba que él la evitaba. ¿Le podía culpar?

Sin embargo, tenían una investigación que realizar. Le había prometido que no era lo bastante tonta como para olvidarlo de nuevo. Además, le debía una disculpa.

¿Entonces cuál era el siguiente movimiento?

Estaba considerando cuidadosamente la respuesta a esa pregunta cuando oyó un ruido sordo que provenía de algún lugar de la casa. No podía suponer exactamente qué era. El castillo tenía tendencia a captar el sonido y distorsionarlo, Hinata abrió la puerta de la habitación y trató de ver.

El pasillo estaba desierto, pero no era nada nuevo. Podía recorrer los pasillos durante media hora sin toparse con otra alma.

La casa estaba más vacía de lo normal, ya que los pocos sirvientes que había se habían tomado el día libre y Sakura se había marchado horas antes al pueblo, para conocerse mejor con un "exquisito pedazo de hombre" que había visto el día anterior.

—Juro que debe haber algo en el agua de los alrededores —había remarcado Sakura, los ojos verdes le destellaban con malvado placer—. Deberías haber visto los brazos de ese chico. Como dos cañones. Sin embargo, apuesto a que tiene el intelecto de un vegetal. —Sonrió—. Mudo y cuadrado. Justo como me gustan.

—¿Oh, de verdad? —entonó Hinata —. Creía que preferías a los hombres educados... como Sasuke, por ejemplo.

Eso borró la sonrisa de la cara de Sakura.

—El hombre tiene la personalidad de un orinal —murmuró y rápidamente se fue.

Poco tiempo después, Naruto también salió de la casa. Adonde había ido, Hinata no tenía ni idea. Lo más probable es que se estuviera abasteciendo de pulverizadores de pimienta, para protegerse de otro de sus arrebatos.

Hinata se dio cuenta que había caminado sin rumbo por los pasillos y que el sonido que la había arrastrado fuera de su habitación se estaba debilitando.

Giró y se dirigió hacia las escaleras que conducían al nivel inferior.

Bajó hasta el descansillo de la segunda planta, que daba a un gran recibidor con un oscuro suelo de madera brillantemente pulido, una actualización obviamente moderna, cuando una puerta se abrió repentinamente y derramó el sonido que había estado siguiendo.

Música.

Un cuerpo extrañamente vestido se deslizó fuera del estudio, unos pies descalzos lo llevaron hasta la mitad del piso donde procedió a sostener un destornillador inalámbrico convertido en micrófono y canturreó.

Sólo toma esos viejos discos del estante...1 —Sasuke se detuvo abruptamente cuando la divisó.

Hinata disimuló una sonrisa tras la mano cuando Sasuke se arregló rápidamente el cuello de su prístina, blanca y abotonada camisa y trató de fingir que no había estado actuando como Tom Cruise en el papel de "Negocios de Riesgo".

—Buenas noches —dijo cuando se la encontró al pie de las escaleras.

—Buenas noches —respondió ella, rezando por mantener a raya la risa. El pobre hombre parecía tan incómodo que no quería hacerle pasar más vergüenza.

Hinata no podía entender por qué a Sakura le disgustaba tanto Sasuke. Era inteligente, guapo, divertido y claramente desinhibido, si su actuación musical era un indicador. El tipo de hombre que a cualquier mujer le enorgullecería nombrar como suyo. De todas formas a Hinata le gustaba sólo como amigo.

Recorrió el estudio con la mirada y divisó la fuente de la música; un estéreo portátil, el cual descansaba sobre una cara mesa junto al sofá.

—Voy a apagarlo —dijo Sasuke yendo hacia la habitación.

Hinata le detuvo.

—No. Me gusta.

Solía escuchar música todo el tiempo, disfrutando los ritmos, sintiendo las pulsaciones penetrándole en la sangre.

Durante años, había tomado clases de baile, pero las había dejado cuando el dinero escaseó, teniendo que decidirse entre mantener las clases o ayudar a la familia con el aumento constante de facturas que su padre les había dejado. En realidad sólo había tenido una opción.

—Hay algo en escuchar buena música que me alivia la tensión —dijo Sasuke.

—A mí también.

Sonrió y le extendió la mano, diciéndole con victoriana galantería,

—Mi señora, ¿quiere honrarme con un baile?

La mirada de Hinata se movió rápidamente de la mano hacia la cara.

—¿Aquí? ¿Ahora? ¿Así?

—Aquí. Ahora. Así.

Empezó a protestar, pero una conmovedora abertura de acordes de guitarra llenó el aire cuando la canción de Santana, "María", empezó a sonar, rogándole a quien fuera que se balanceara con su apasionado ritmo.

Hinata le devolvió la sonrisa contagiosa a Sasuke y tomó su mano.

—Me gustaría mucho, amable caballero.

Fue arrastrada por el ritmo, cerrando los ojos y permitiéndole a la música fluir a través de ella y dejando atrás las preocupaciones.

Entonces encontró la respuesta a su pregunta sobre qué hacer con Naruto. Si la música podía apaciguar a la bestia salvaje, seguramente podría relajar a un muy tenso profesor y si estaba relajado, quizás sería capaz de enseñarle lo que él quería saber.

Cuando había cerrado los ojos mientras estaban en la oficina, se había relajado durante unos pocos minutos y había hecho una descripción remarcablemente buena de los labios de la mujer misteriosa... demasiado buena, de hecho.

Por eso, si podía liberarlo completamente, podría finalmente conseguir algo. Le podría mostrar algunos movimientos de baile... los que no requirieran manoseo, por tanto de acuerdo con la línea de la aproximación visual.

Se sentía bastante satisfecha con la solución, visualizando escenarios, lo cual pudo ser la razón por la que no se dio cuenta de que ella y Sasuke tenían audiencia hasta que una voz familiar tronó.

—¿Qué demonios está pasando aquí?

Sobre el hombro de Sasuke, los ojos de Hinata colisionaron con unos fascinantes ojos azules... ojos que hasta ahora la habían mirado sólo con insípido interés, confusión o cuestionando su cordura.

Nunca había visto esos ojos mirándola como ahora.

Con furia.

Mientras la sensual canción terminaba, Hinata pensó que Naruto era una bestia lejos de ser apaciguada.

—Señorita Hyuga, mientras sea mi empleada, espero que refrene sus flirteos con mis asociados.

Hinata miró a Naruto con furia y se restregó el brazo por dónde la había agarrado cuando despóticamente la había arrastrado a su oficina, dando un portazo tan fuerte que esperaba que una de las cuatro torrecillas que adornaban las esquinas del castillo se desplomaran como un cohete entrando en la atmósfera terrestre.

Pero no le importaba en ese momento. Las piedras podrían desplomarse a su alrededor como los muros de Jericó y eso no cambiaría un simple hecho.

Ella, también, estaba enfadada.

Cuando Naruto había ido furioso hacia ella, Hinata había tenido un asomo de la persona que había estado escondida tras su forma maciza.

Sakura. Bella, despeinada por el viento, Sakura, la chica Coppertone.2

¿Se habían encontrado en algún lugar? ¿Quizás habían pasado algún tiempo juntos? ¿Conociéndose mejor? ¿Compartiendo unas risas? ¿O había sido simple coincidencia que llegaran a casa al mismo tiempo?

Hinata frunció el ceño. ¿Por qué tenía importancia si había sido coincidencia o habían estado juntos? Lo que hiciera Naruto no era de su incumbencia. No tenía ningún derecho sobre él, ni él sobre ella. Y eso, se dijo a sí misma, era la verdadera razón por la que estaba furiosa. ¡No tenía ningún derecho a actuar como si ella fuera de su propiedad!

—¿Me está usted escuchando, Señorita Hyuga ? —preguntó bruscamente—. No toleraré su falta de atención... o que hechice a Sasuke con sus artimañas femeninas. ¿Está claro?

Hinata podría haber sentido algún placer en la suposición de que ella tuviera artimañas femeninas si no hubiera dicho las palabras como si fueran una maldición.

¡Hechizar a Sasuke! Los hechizos eran el territorio de Sakura, no el suyo. ¿Y además, quién se creía el hombre que era? Evidentemente ella no se doblegaría ante ese tono de voz autocrático de "yo estoy al mando". ¡Se estaba buscando un labio hinchado!

—Hago lo que quiero cuando quiero —replicó tirante, plegando los brazos sobre el pecho.

Estaban frente a frente en su escritorio. Hinata rehusó el echarse atrás, incluso aunque la mirada que le echó él era suficiente como para helar el agua. Sabía que el escritorio no sería un elemento disuasorio si el tumulto estallara... y con cada momento que pasaba, las probabilidades de un estallido aumentaban considerablemente.

—Mientras esté en mi casa, se comportará. Guarde las citas para sus amigos en Nueva York.

—¿Mis citas? —espetó Hinata , una cornucopia de palabras se le atascaron en la garganta; ahogada como estaba con ardiente indignación.

¡Cómo se atrevía ese hombre a acusarla de algo tan... vil! ¡Pensar que ella tontearía con Sasuke (el dulce, encantador y caballeroso Sasuke) era absolutamente absurdo! Nunca en su vida había tenido una cita.

Necesitaba dar rienda suelta a su temperamente, la mirada de Hinata recorrió el escritorio de Naruto , buscando un objeto para arrojárselo a la cabeza con la esperanza de darle algún sentido. Divisó el pisapapeles. Un bonito y fornido pisapapeles de mármol. Lo birló del escritorio y lo levantó en la mano.

—¿Qué está usted haciendo con ese pisapapeles, Señorita Hyuga ? Bájelo antes que alguien se lastime.

Oh, estaba claro que alguien iba a lastimarse.

—¿Estás preocupado?

—No, por supuesto que no. —Sin embargo parecía preocupado—. No haría algo tan infantil como tirarme eso. Ahora, si fuera tan amable...

—¿Eso crees? —Hinata empezó a rodear el escritorio. Él a su vez empezó a retroceder.

—Si sólo pudiéramos hablar de esto como adultos racionales.

—Soy racional. Ahora estoy disfrutando de un ataque de irracionalidad.

Naruto continuó retrocediendo. Si ella se tomara una pausa para pensar en ello, se podría dar cuenta de lo completamente ridículos que parecían. Un metro noventa y cinco de hombre, de unos noventa kilos de sólidos y compactos músculos siendo perseguido por una mujer de la mitad de su tamaño.

Hinata se detuvo en seco cuando un solo pensamiento se precipitó en su mente: ¡Estaba persiguiendo al profesor alrededor del escritorio!

Oh, Dios mío, se había vuelto loca. El último agarre a la realidad se había deslizado al borde del precipicio para una muerte prematura.

Se sacudió mentalmente, incapaz de creer en lo que había estado a punto de hacer, que había dejado a ese hombre controlarla tan fácilmente. ¿Qué le estaba pasando?

Tomó aliento profundamente, intentando poner el pisapapeles en su sitio... hasta que él dijo:

—Si pudiera aprender a subyugar sus impulsos de furia, Señorita Hyuga, no habríamos tenido esta discusión o esta subsiguiente actuación infantil.

¿Impulsos de furia? ¿Actuación infantil?

¡Le enseñaría a él! ¡Infantil!

Levantó el brazo, terminando el lanzamiento, apuntando... y en el siguiente instante, se encontró en el suelo. No podía comprender cómo había acabado encima del profesor. Pero el cómo y el por qué de su apuro actual quedó relegado a un segundo lugar por el casi pecaminoso placer de tener la sartén por el mango.

Las gafas de Naruto habían volado hacia alguna parte y por primera vez, Hinata pudo mirar directamente esos ojos azules. Él, a su vez, la estudió, con la mirada examinando su frente, bajando hasta su nariz, el contorno de los labios, su mandíbula... y luego regresó a los labios; cada recorrido de su mirada era como una cálida caricia.

El pelo de él parecía suave y rico, y Hinata tenía un ardiente deseo de enterrar los dedos a través de las sedosas hebras doradas y descubrir la verdad por sí misma.

—¿Te estoy lastimando? —preguntó ella, maravillándose por la jadeante textura de su voz.

—No —replicó, la voz igualmente grave y ronca, el sonido la empapaba como un cálido viento.

—¿Quieres... que me mueva?

Hinata no sabía qué la poseyó para preguntar eso en vez de simplemente quitarse de encima. Pero fue así. La verdad. No quería moverse. Todavía no.

Todavía no.

Él dudó, luego lentamente negó con la cabeza.

—No.

Esa única palabra le disparó un estremecimiento hasta los dedos del pie. Ella le afectaba. Y por eso, estaba más que agradecida, porque Dios sabía que él la afectaba. De hecho más bien apasionadamente.

Tanto que sintió una fuerte urgencia de besarle, tiernamente, saborear los labios con la lengua y rozar la sensitiva piel de su boca sobre la suya. La necesidad zumbaba tan fuerte en su interior que se sintió sucumbiendo a la tentación.

—Voy a besarte, profesor —murmuró, las palabras salieron de sus labios antes de que pudiera detenerlas, antes que pudiera pensar qué estaba diciendo.

Antes de que le volviera la sensatez y arruinara el momento.

Él tragó saliva.

—¿Lo harás

—Umm—hmm.

—¿Cree que es prudente?

La pregunta la hizo querer reír y llorar al mismo tiempo. No, por supuesto que no era prudente. Era completamente alocado, temerario, y muy, muy irresponsable, especialmente para una chica que nunca había sido nada más que responsable.

Quizás fue por eso que dijo.

—Sí, es totalmente prudente.

Aunque la expresión de Narutoparecía contener no menos que curiosidad, sus ojos se oscurecieron sutilmente.

—¿Para qué propósito servirá el besarme?

—¿Qué propósito? —Hinata tuvo que reforzar su orgullo femenino ante esta pregunta—. Para fomentar nuestra investigación —replicó.

—¿Esto es una investigación?

Asintió y deseó que parara de hablar.

—La acción de besar es parte del cortejo, una parte muy importante.

Demasiado importante en ese momento.

—Parece bastante descarado besar a alguien a cuya familia acabo de conocer.

Increíble. ¿Cuándo fue la última vez que a un hombre le parecía necesario conocer a la familia antes de besar a una mujer?

—Ni conozco su color favorito —añadió.

Hinata no pudo ocultar una leve sonrisa.

—Es el turquesa.

—¿El turquesa? —Arrugando la frente—. Nunca la he visto llevar nada de ese color.

—Quizás porque no me sienta bien.

—Lo encuentro difícil de creer.

—¿Vaya, profesor, eso fue un cumplido?

Naruto frunció el ceño, claramente sin agradecer la diversión a su costa.

—Simplemente una observación, Señorita Hyuga —respondió ásperamente.

—¿Crees que podrías llamarme Hinata esta vez? Después de todo te he dicho mi color favorito... y has conocido a mi familia.

La miró como si le hubiera preguntado si tenía unas últimas palabras antes de que el pelotón de fusilamiento acribillase su cuerpo.

Luego, dudando, dijo:

—Bien... Hinata.

El nombre en sus labios sonó tan dulce, tan intenso y perfecto, que le rozó suavemente la boca sobre la suya antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—Entonces, ¿ya está? —preguntó él cuando Hinata se echó hacia atrás.

A ella le llevó un momento el darse cuenta de lo que estaba preguntando.

—¿Quieres decir el beso?

Asintió.

—No.

No, no, no.

—Ésa fue una clase diferente de beso. Un beso de agradecimiento.

—¿Qué me estabas agradeciendo?

—Es complicado —se evadió.

Pero una cosa estaba clara: el beso había sido algo más que simple agradecimiento. El qué, precisamente, no estaba segura.

—Entonces, ¿vas a besarme otra vez?

¿Quería él que le besara de nuevo? No podría decirlo. Su cara era completamente inexpresiva.

¿Y por su parte? ¿Quería besarle de nuevo?

—Sí —contestó a ambos—. Ahora relájate y piensa que esto es como un examen.

—¿Un examen?

—Más que una investigación, realmente —dijo, provocándolo con sus propias palabras—. Para propósitos puramente científicos, por supuesto.

La miró durante un largo instante y luego se encogió de hombros.

—De acuerdo. Adelante. Yo, por supuesto, conozco el valor de la investigación. —Cerró los ojos y dijo, como un mártir en la estaca—. Estoy listo.

Aquella había sido la invitación menos romántica e impersonal para compartir un beso que nunca hubiera oído... Hinata casi esperó que añadiera, lamento que sólo tenga una vida para entregar por mi país.

Hinata vaciló, luego cerró los ojos y descendió la cabeza, presionando los labios contra los de Naruto en una exploración tentativa. La invadió una sensación de lo más embriagadora y exquisita, no conocía las palabras para describirlo.

Sus labios eran cálidos, flexibles y sabían como el brandy que había tomado tras arrastrarla a su oficina para acusarla de corromper a Sasuke con sus artimañas femeninas. Lo que se suponían que eran "artimañas femeninas"… como ella seguía sin verlas, Hinata no tenía ni la más remota idea, no estaba como para importarle mientras Naruto inclinaba la cabeza para profundizar el beso y su lengua avanzaba tentativamente dentro de la boca.

Una estremecimiento la sacudió mientras sus labios se envolvían alrededor de su lengua y la succionaban suavemente, inclinó la boca a través de la suya, causando una vorágine de calor líquido creciendo rápidamente, extendiéndose y propagándose. Un único pensamiento acudió a su mente.

El profesor besaba estupendamente.

Ciertamente no necesitaba instrucciones. ¿Era su técnica perfecta algo natural? ¿O había perfeccionado sus habilidades con montones de práctica? Hinata prefirió pensar que era una habilidad natural.

Sucumbió a su anterior deseo y le peinó el pelo con los dedos, deleitándose con su textura, las sedosas hebras acariciándole las palmas.

Él, a su vez, alcanzó y quitó la goma que le aseguraba la cola de caballo, provocando que una masa de trenzas oscuras bajaran en cascada, envolviéndolos en el aislamiento y el deseo creciente.

Los dedos trenzaron su pelo, una mano se deslizó hacia la nuca para ahuecarle la cabeza, atrayendo su boca todavía más contra la suya.

Hinata se movió desasosegadamente contra él, presionando su cuerpo más cerca para acunar la dureza en la coyuntura de sus muslos. Un bajo gemido retumbó desde el interior del pecho de él, el sonido fue una combinación de placer y dolor.

Creyó que había murmurado su nombre, pero sea lo que fuera que hubiera dicho murió ahogado por el sonido de un golpeteo, el cual su difusa mente reconoció un momento más tarde como el de alguien golpeando la puerta de la oficina.

Hinata salió despedida por un pánico nacido de la culpabilidad, gateó lejos de Naruto, pero el destino conspiraba contra ellos ese día, enredando sus extremidades así que él estaba medio encima de ella cuando la puerta se abrió repentinamente.

1 Famosa canción de Bob Segel :"Old Time Rock&Roll"

2 Coppertone es una marca de bronceador que hizo famoso su anuncio introduciendo a la chica Coppertone, una joven rubia con coletas a la que un Terrier Escocés le bajaba el bañador azul dejando expuesto su trasero blanco en contraste con su bronceada piel.