La historia NO ES MIA, es una adaptación de Lisa Kleypas.

Los personajes por supuesto son de la fantástica S.M.

Historia dedicada a la linda Vane, que fue quien me hizo leer el libro y enamorarme *_* espero que les guste tanto como a mí.

También quiero agradecer a las chicas de The twilight zone que siempre están en mi corazón.

N/A: capitulo un poco largo, espero que les guste

Disfrutó, de un sueño ligero y, al despertar, pudo comprobar que se encontraba sola en el salón privado antes de volver a dormirse a la suave luz del sol. A medida que su cuerpo se adentraba en un estado de somnolencia, se halló inmersa en un sueño de vívidos colores, en el que sus sentidos se habían agudizado y sentía su cuerpo tan ligero como si flotara en un mar de cálidas aguas. Poco a poco las formas se materializaron a su alrededor...

Caminaba por una casa desconocida, una mansión brillante donde la luz del sol se filtraba por los ventanales. Las habitaciones estaban vacías, sin invitados ni sirvientes a la vista. La música, cuyo origen no podía ver, flotaba en el aire; era una melodía triste y etérea que despertaba en ella un extraño anhelo. Mientras paseaba sola, dio con una espaciosa habitación con columnas de mármol y sin techo... Se abría al cielo, que apenas quedaba oculto por una fugaz nube que sobrevolaba la estancia. El suelo de parqué que pisaban sus pies estaba formado por cuadros negros y blancos que se asemejaban a un tablero de ajedrez, con estatuas de tamaño natural colocadas en algunas de las casillas.

Se movió entre ellas con curiosidad y trazó lentos círculos a su alrededor para contemplar sus brillantes rostros esculpidos. Sintió el deseo de tener a alguien con quien hablar, el calor humano de una mano a la que aferrarse, por lo que cruzó el gigantesco tablero, de ajedrez, buscando a ciegas entre la multitud de figuras inmóviles...hasta que divisó una oscura silueta que se apoyaba, indolente, contra una blanca columna de mármol. Su corazón se desbocó y sus pasos se fueron deteniendo poco a poco a medida que una sensación de nerviosismo se apoderaba de ella, calentando su piel y acelerando su pulso con un ritmo frenético.

Era Edward Masen, que se acercaba a ella con una ligera sonrisa en el rostro. La atrapó antes de que pudiera escapar y se inclinó para susurrarle al oído.

-¿Bailarás conmigo ahora?

-No puedo -contestó sin aliento mientras luchaba por desasirse de su abrazo.

-Sí, sí que puedes -la urgió con gentileza y le recorrió el rostro dejando un reguero de besos tiernos-. Rodéame con los brazos...

Cuando Isabella se retorció entre ellos, Edward rió con suavidad y la besó hasta que se encontró inerte e indefensa frente a él.

-La reina está a punto de caer-murmuró al tiempo que se retiraba un poco para mirarla con una expresión perversa en los ojos

- Estás en peligro, Isabella...

De repente, quedó libre y se volvió para huir de él, tropezando con las estatuas que encontraba en su camino. Edward la siguió muy despacio, y esa risa grave tan suya le martilleaba en los oídos. La si guió muy de cerca, prolongando la caza con toda deliberación, hasta que ella se encontró acalorada, exhausta y sin aliento. Cuando por fin la capturó, la obligó a apoyar la espalda contra él antes de ten derla en el suelo. Su oscura cabellera ocultó el cielo cuando colocó su cuerpo sobre el de ella; la música quedó apagada por los atronadores latidos de su propio corazón.

- Isabella -susurró-, Isabella...

Se despertó sus ojos se abrieron en un rostro sonrojado por el sueño y descubrió que había alguien más con ella.

- Isabella -volvió a escuchar... Pero no se trataba de la voz de barítono ronca y acariciante que aparecía en su sueño.

Cuando Isabella alzó la vista, vio a James inclinado sobre ella, Trató de incorporarse y echarse hacia atrás al darse cuenta de que aquello no eran imaginaciones suyas, sino una situación de lo más real. Incapaz de hablar debido a la sorpresa, se encogió hacia delante en cuanto vio que el hombre alargaba el brazo para apartar el ribete de encaje que adornaba la parte delantera de su vestido mañanero.

-He oído que estaba enferma -dijo James, que la miraba con los párpados entornados mientras seguía atrapada en el sofá-. Me apenó muchísimo que sufriera una aflicción semejante. Pero parece que el daño no ha sido permanente. Está-se detuvo y se humedeció sus gruesos labio tan exquisita como siempre, aunque un poco más pálida, tal vez.

-¿Cómo... cómo sabía que estaba aquí? -preguntó Isabella -. Éste es el salón privado de los Marsden. No creo que ninguno de ellos le haya dado permiso...

-Conseguí que un criado me lo dijera -fue su petulante respuesta.

-Salga de aquí -espetó Isabella -. O gritaré que me está forzando.

James rió con ganas.

-Querida, no puede permitirse un escándalo semejante. Su interés en lord Jacob resulta obvio para todo el mundo. Y los dos sabemos que el más mínimo descrédito asociado a su nombre sería un desastre para sus aspiraciones-. Sonrió ante el silencio de Isabella, revelando una hilera de dientes amarillentos y torcidos-. Así está mejor. Mi pobre y preciosa Isabella... Sé muy bien cómo conseguir que el color regrese a sus pálidas mejillas. -Metió la ma no en el bolsillo y sacó una gruesa moneda de oro que movió ante ella de forma tentadora-. Un regalo como muestra de mi simpatía por la horrible experiencia que ha sufrido.

La respiración de Isabella se convirtió en un jadeo indignado cuando James se inclinó aún más hacia ella con la moneda su jeta entre unos rechonchos dedos que trataban de apartar el corpi ño de su vestido para dejar allí su regalo. Logró apartar la mano del hombre con un manotazo fuerte y rápido. Aunque todavía se encontraba bastante débil, el gesto fue suficiente para que la moneda saliera volando y aterrizara sobre la alfombra del suelo con un rui do sordo.

-Déjeme sola -le ordenó, furiosa.

-Puta engreída. No hace falta que finjas ser mejor que tu madre.

-Cerdo... -Maldiciendo su debilidad y en medio de estremecimientos de repugnancia, Isabella lo golpeó, apenas sin fuerzas, cuando el hombre se inclinó de nuevo hacia ella-. ¡No! -exclamó con los dientes apretados y cubriéndose la cara con los brazos. Re sistió como pudo mientras James la agarraba por las muñecas-. No...

Un ruido metálico procedente de la puerta hizo que el hombre se incorporara, sorprendido. Temblando de los pies a la cabeza, Isabella siguió la dirección del ruido con la mirada y vio a su madre, de pie en la entrada, sujetando la bandeja del almuerzo. La cubertería había caído al suelo en cuanto René comprendió lo que estaba sucediendo.

La mujer negó con la cabeza, como si le resultara imposible creer que James estuviese allí.

-Se ha atrevido a acercarse a mi hija... -comenzó a hablar con voz ronca, Intensamente ruborizada por la furia, dejó la bandeja so bre una mesa cercana y se dirigió al hombre con voz calmada, pero furibunda-. Mi hija está enferma, milord. No permitiré que su salud se vea comprometida... Va a venir conmigo en este mismo momento y discutiremos este asunto en otro lado.

-No es discutir lo que me interesa en este momento -contestó James.

Isabella percibió la rápida sucesión de emociones que, cruzaron el rostro de su madre: repugnancia, resentimiento, odio, miedo y, finalmente, resignación.

-En ese caso, aléjese de mi hija -le contestó con frialdad.

-No -protestó Isabella con un gemido al darse cuenta de que René tenía toda la intención de marcharse para estar a solas con él-. Mamá, quédate conmigo.

-No pasará nada -René no la miró, al contrario, mantuvo los ojos fijos y carentes de expresión en el rubicundo semblante de James-. Te he traído una bandeja con el almuerzo, queridita. Intenta comer algo...

-No -Desesperada e incapaz de creer lo que estaba sucediendo, Isabella contempló cómo su madre salía de la habitación con paso tranquilo por delante de James-. ¡Mamá, no vayas con él! –Pero René se marchó haciendo caso omiso de su ruego.

Isabella no supo durante cuántos minutos se había quedado mirando fijamente la puerta por la que su madre acababa de marcharse. No tenía intención alguna de acercarse a la bandeja del almuerzo. El olor de la sopa de verdura que flotaba en el, ambiente le estaba provocando náuseas. Descorazonada, se preguntó cómo habría empezado ese infernal asunto: si, James habría obligado a su madre o si, en un principio, habría sido de mutuo acuerdo. Sin importar cómo hubiesen sido los comienzos; era obvio que aquello se había convertido en una farsa. James era un monstruo y René estaba intentando calmarlo con el fin de evitar que las arruinara por completo.

Exhausta y abatida, Isabella se levantó del canapé, intentando no pensar en lo que podría suceder en esos mismos momentos entre su madre y James. Hizo una mueca de dolor ante el aguijonazo de protesta de sus músculos. Le dolía la cabeza y se sentía mareada; lo único que deseaba era encerrarse en su Habitación. Caminando igual que una anciana, consiguió llegar hasta la campanilla para tirar del cordón. No hubo respuesta alguna, aunque esperó durante lo que le pareció una eternidad. Puesto que los invitados se habían marchado, la mayor parte de los miembros del servicio disfrutaba de un día libre y no había muchas doncellas dis ponibles.

Isabella meditó sobre su situación al tiempo que se acaricia ba con aire distraído los lacios mechones de pelo. Aunque sentía las piernas un tanto débiles, podía caminar. Esa misma mañana, su madre la había ayudado a pasear por los dos pasillos que separaban su habitación del salón privado de los Marsden, situado en el piso su perior. En ese momento, no obstante, estaba bastante segura de poder recorrer la distancia sin ayuda de nadie.

Hizo caso omiso de los destellos brillantes que danzaban de ente de sus ojos como si fuesen luciérnagas y salió de la estancia con pasos cortos y cautelosos. Permaneció cerca de la pared por si se diera el caso de que llegara a necesitar apoyo. Qué extraño era, reflexionó con tristeza, que incluso un esfuerzo tan insignificante la obligara a jadear como si acabase de correr varios kilómetros. Fu riosa por su propia debilidad, se preguntó con remordimiento si no debería haberse tomado esa última taza de infusión de presera des pués de todo. Concentrándose en colocar un pie delante del otro, avanzó muy despacio por el primer pasillo hasta que estuvo cerca de la esquina que conducía al ala este de la mansión, donde se en contraba su habitación. Allí se detuvo cuando, escuchó unas voces, procedentes de otra dirección.

"¡Por las campanas del infierno!" Sería mortificante que la vie ra en semejantes condiciones.

Rogando que las voces pertenecieran a un par de criados, Isabella se apoyó contra la pared y esperó sin hacer movimiento al guno. Tenía unos cuantos mechones de pelo adheridos a la frente y a las mejillas, que estaban pegajosas por el sudor.

Dos hombres cruzaron el pasillo frente a ella, tan inmersos en su conversación que no percibieron su presencia. Aliviada, creyó que se había librado de ser vista. Sin embargo, no fue tan afortunada. Uno de los hombres miró de soslayo en su dirección y la vio de inmediato. A medida que se aproximaba a ella, Isabella reconoció la elegancia masculina de sus largas zancadas antes de distinguir siquiera su rostro con claridad.

Al parecer, estaba destinada a ponerse en ridículo delante de Edward Masen. Con un suspiro, se separó de la pared e intentó componer una apariencia sosegada a pesar del temblor de sus piernas.

-Buenas tardes, señor Masen...

- ¿Qué está haciendo? -la interrumpió él en cuanto estuvo a su lado. Parecía estar molesto, aunque, en cuanto lo miró a la cara, Isabella leyó la preocupación en sus ojos-¿Por qué está aquí sola en el pasillo?.

-Me dirigía a mi habitación. - Isabella se sorprendió un poco cuando él la rodeó con sus brazos, pasando uno por detrás de sus hombros y otro por la cintura-. Señor Masen, no hay necesidad...

-Está tan débil como un gatito -contestó él sin más-. Sabe muy bien que no debería ir a ningún sitio sola en semejantes condiciones.

-No había nadie que me ayudara -replicó ella, irritada. La cabeza le daba vueltas y descubrió que se había inclinado hacia él descansado en Edward parte de su peso. Su torso parecía maravillosamente sólido y fuerte, y podía sentir la frescura de la seda de su chaqueta contra la mejilla.

-¿Dónde está su madre? -insistió Edward al tiempo que le desenredaba un mechón rebelde de cabello-Dígamelo y yo iré…

-¡No! - Isabella levantó la mirada hacia él con súbita alarma, mientras cerraba sus largos dedos en torno a las solapas de su chaqueta. Dios Santo, lo último que necesitaba era a Edward promoviendo la búsqueda de René cuando lo más probable es que está se encontrara en ese mismo instante con James, en una situación de lo más comprometida-. No es necesario que la busque- dijo con brusquedad-. Yo... no necesito a nadie. Puedo llegar sola a mi habitación, si me suelta. No quiero...

-Está bien -murmuró Edward, abrazándola con más fuerza-. No pasa nada. No la buscaré. No pasa nada! -Siguió acariciándole el pelo con una relajante cadencia.

Isabella se dejó caer sobre él mientras trataba de recuperar el aliento.

-Edward - susurró, apenas sorprendida por haber utilizado su nombre de pila que, hasta entonces, sólo había pronunciado en sus pensamientos. Humedeciéndose los labios resecos, lo intentó una vez más y, para su sorpresa, volvió a repetirlo- Edward...

-¿Sí?

El cuerpo de Edward, fuerte y voluminoso, se vio asaltado por una tensión diferente y, al mismo tiempo, su mano le acarició la parte posterior de la cabeza con la más tierna de las caricias.

-Por favor... Llévame a mi habitación.

Edward le inclinó la cabeza hacia atrás con delicadeza y la miró con una pequeña sonrisa en los labios.

-Cariño, si me lo pidieras, te llevaría a Tombuctú..

Para entonces, el hombre que lo acompañaba había llegado jun to a ellos y Isabella, mortificada, aunque no sorprendida, descu brió que se trataba de lord Whitlock.

El conde la observó con fría desaprobación, como si sospecha a la que había planeado el encuentro de modo intencional.

-Señorita Swan -la saludó sucintamente,-. Le aseguro que no había necesidad alguna de que atravesara el pasillo sin compa ñía. Si no había nadie para acompañarla, podría haber llamado al servicio.

-Lo hice, milord -le contestó Isabella a la defensiva, al tiempo que intentaba apartarse de Edward, que no estaba dispuesto a permitírselo-. Toqué la campanilla y esperé durante un cuarto de hora, pero no vino nadie.

Whitlock la contempló con obvio escepticismo.

-Imposible. Mis criados siempre acuden cuando se les llama.

-Bueno, pues al parecerlo de hoy ha sido una excepción -exploto Isabella -. Tal vez el cordón de la campanilla esté roto. O, tal vez, sus criados...

-Tranquila -murmuró Edward, obligándola a recostar de nuevo la cabeza sobre su pecho. A pesar de que Isabella no podía verle el rostro, percibió la tajante advertencia que imprimió a su voz al dirigirse a lord Whitlock-. Continuaremos nuestra discusión más tarde. Ahora voy acompañar a la señorita Swan a su habitación. ..

-En mi opinión, no es una idea muy brillante -le dijo el conde.

-En ese caso, me alegro de no habértela pedido -replicó Edward con afabilidad.

Se escuchó el tenso suspiro del conde y, a continuación, Isabella fue vagamente consciente de sus mullidos pasos sobre la alfombra a medida que se alejaba de ellos.

Edward inclinó la cabeza y su aliento le rozó la oreja mientras le preguntaba:

-Ahora..., ¿le importaría explicarme lo que está ocurriendo aquí?

Todas las venas de Isabella parecieron dilatarse y cubrir su piel fría con un repentino y placentero rubor. La cercanía de Edward la llenaba a partes iguales de satisfacción y anhelo. Rodeada por sus brazos, no pudo evitar recordar el sueño, la erótica ilusión de sentir el peso de su cuerpo sobre ella. Aquello estaba terriblemente mal; se deleitaba en secreto con la sensación de estar envuelta por sus brazos..., aun sabiendo que no conseguiría nada de él, aparte de placer pasajero seguido de un deshonor perpetuo. Se las arregló para negar con la cabeza en respuesta a su pregunta, y el movimiento hizo que frotara la mejilla sobre la solapa de su chaqueta.

-No me convence su respuesta -contestó él con sorna.

Aflojó la presión de sus brazos de modo tentativo y con una simple mirada con los ojos entrecerrados comprobó que la debilidad le impedía guardar el equilibrio por sí sola, de modo que se inclinó para cogerla en brazos. Isabella se rindió con un murmullo inarticulada antes de rodearle el cuello con los brazos. Mientras Edward atravesaba el pasillo camino de su habitación, le habló en voz baja:

-Podría ayudarla, si me dijera cuál es el problema.

Isabella meditó la oferta un instante. Lo único que conseguiría contándole sus penas a Edward Masen sería una más que probable proposición de apoyo en calidad de amante. Y odiaba esa parte de sí misma que se sentía tentada por la idea.

-¿Por qué iba a querer inmiscuirse en mis problemas? -le preguntó.

-¿Es que debo tener un motivo implícito para querer ayudarla?

-Sí -contestó ella con un aire misterioso que arrancó a Edward una, carcajada.

Al llegar a la puerta de su habitación, él la dejó con suavidad en el suelo.

-¿Puede llegar sola a la cama o quiere que la deje allí?

A pesar de que su voz traslucía una ligera burla, Isabella sos pechaba que, si lo alentaba en lo más mínimo, eso sería exactamente lo que Edward haría. Por tanto, negó con la cabeza sin pérdida de tiempo.

-No. Estoy bien, por favor, no entre. -Le colocó la mano en el pecho para impedir que entrara. Débil como era el gesto, fue suficiente para detenerlo.

-Está bien. -La miró, intentando ver a través de ella-. Haré que suba una doncella para atenderla. Aunque sospecho que Jasper ya está haciendo sus pesquisas.

-Llamé a una doncella -insistió Isabella, avergonzada por el tono malhumorado de su voz-, Está claro que el conde no me cree, pero

-Yo sí la creo. -Edward apartó la mano de Isabella de su pe cho con suma delicadeza, reteniendo sus elegantes dedos un ins tante antes de dejarla machar-. Jasper no es, ni por asomo, el ogro que aparenta ser. Es necesario haberlo tratado durante algún tiempo para poder apreciar sus mejores cualidades.

-Si usted lo dice... -le contestó ella dubitativa, tras lo cual de jó escapar un suspiro y entró en la oscura y enrarecida habitación en la que aún flotaban los miasmas de la enfermedad-. Gracias, se ñor Masen.

Preguntándose con ansiedad cuándo regresaría René, echó un vistazo a la habitación antes de volver a mirar a Edward.

La penetrante mirada del hombre pareció hacer aflorar todas las emociones que Isabella ocultaba bajo su tensa fachada y la joven percibió la multitud de preguntas que lo rondaban. No obstante, lo único que dijo fue:

-Necesita descansar.

-Eso es lo único que he hecho hasta ahora. Me vaya morir del aburrimiento... Sin embargo, el mero hecho de pensar en hacer algo me deja exhausta. -Bajó la cabeza y miró con amarga concentra ción los pocos centímetros de suelo que los separaban antes de pre guntar con cautela-: Supongo que no tendrá interés en continuar la partida de ajedrez esta noche, ¿verdad?

Se produjo un breve silencio tras el cual Edward contestó de forma lenta y algo burlona:

-Vaya, señorita Swan... Me siento abrumado al pensar que usted desea mi compañía.

Tan avergonzada estaba Isabella que no fue capaz de alzar la mirada y, con el rostro ruborizado, murmuró:

-Buscaría la compañía del diablo en persona con tal de hacer otra cosa que no sea estar en la cama.

Con una suave carcajada, él alargó el brazo y le colocó un mechón de pelo tras la oreja.

-Ya veremos -murmuró él-. Tal vez venga a su habitación más tarde.

Y, con esa promesa, le hizo una breve y experta reverencia y se alejó por el pasillo con su habitual paso confiado.

Isabella recordó, si bien demasiado tarde, algo acerca de una velada musical que había sido planeada para los invitados mientras éstos disfrutaban del bufé. No le cabía duda alguna de que Edward Masen preferiría quedarse con los invitados en la planta inferior a jugar una partida de ajedrez con una simple aficionada enferma desaliñada y con bastante mal humor. Hizo una mueca, deseando poder retirar la espontánea invitación... ¡Qué desesperada había parecido! Se llevó una mano a la frente y entró en la habitación casi arrastrando los pies, para dejarse caer con pesadez sobre la cama deshecha, como un árbol al que acabaran de derribar.

Cinco minutos más tarde, escuchó que alguien llamaba a la puerta y, acto seguido, dos doncellas de aspecto contrito entraron en la habitación.

-Hemos venido a limpiar, señorita -se atrevió a decir una de ellas-. El señor nos ha enviado... Dice que debemos ayudarla con cualquier cosa que necesite.

-Gracias -contestó Isabella, esperando que lord Jasper no hubiese sido demasiado severo con las muchachas.

Se retiró a un sillón y se limitó a contemplar la vorágine de la actividad que siguió a la llegada de las doncellas. Con una velocidad que más bien parecía cosa de magia, las muchachas cambiaron las sábanas, abrieron las ventanas para permitida entrada del aire fresco, limpiaron el polvo de los muebles y trajeron una bañera que procedieron a llenar, con agua caliente. Una de las chicas ayudó a Isabella a desvestirse mientras que la otra traía unas cuantas toallas dobladas y un cubo de agua limpia que serviría para enjuagarle el cabello. Con un estremecimiento de placer, se metió en la bañera portátil ribeteada de caoba.

-Agárrese a mi brazo, señorita, por favor- dijo la más joven de las doncellas al tiempo que extendía el brazo para que Isabella se sostuviera-. Parece que todavía no es capaz de guardar bien el equilibrio.

Ella obedeció y se sentó en la bañera antes de soltar el muscu loso brazo de la muchacha.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó antes de recostarse en la ba ñera hasta que sus hombros quedaron bajo la superficie del agua, de la que ascendía una nube de vapor.

-Bree, señorita.

-Bree, creo que se me cayó un soberano en el saloncito de la familia, ¿te importaría buscarlo?

La chica la observó con expresión perpleja, preguntándose a todas luces por qué Isabella habría dejado caer una moneda de tanto valor al suelo y qué pasaría si ella no era capaz de encon trarlo.

-Sí, señorita.

Se despidió con una inclinación recelosa y se apresuró a salir de la habitación.

Tras meter la cabeza bajo el agua, Isabella volvió a sentarse con la cara y el pelo chorreando y se enjugó los ojos mientras la otra doncella se inclinaba para frotarle el jabón sobre la cabeza hasta conseguir una buena cantidad de espuma.

-Es maravilloso sentirse limpia -murmuró Isabella, inmó vil bajo las atenciones de la muchacha.

-Mi madre dice siempre que es malo bañarse cuando uno está enfermo -le dijo la doncella con voz insegura.

-Creo que correré el riesgo -replicó Isabella, echando agradecida la cabeza hacia atrás mientras la muchacha le aclaraba el jabón del pelo con el agua limpia.

Tras limpiarse los ojos de nuevo, Isabella vio que Bree había vuelto.

-Lo encontré, señorita -exclamó Bree sin aliento, mos trándole la moneda que tenía en la mano extendida. Era muy posible que ésa fuera la primera vez que la muchacha veía un soberano puesto que el sueldo medio de una doncella era de ocho chelines al mes-. ¿Dónde quiere que lo ponga?

-Podéis repartirlo entre las dos -le contestó Isabella. Las doncellas la miraron de hito en hito, incapaces de creer lo que acababan de oír.

-¡Vaya! ¡Gracias, señorita! -exclamaron al unísono, con los ojos y las bocas abiertos de par en par a causa de la sorpresa.

Consciente, por desgracia, de la hipocresía que suponía deshacerse del dinero de lord James, cuando la residencia de los Swan se había beneficiado del dudoso auspicio del hombre durante más de un año, Isabella bajó la cabeza, mortificada por la gratitud de las muchachas. Al ver su incomodidad, las doncellas se apresuraron a ayudarla a salir de la bañera, le secaron el pelo y el cuerpo, que se veía sacudido por continuos escalofríos, y la ayudaron a ponerse un vestido limpio.

...

Holis :D como están? Estoy de regreso! :D ammm a que odian a James tanto como yo, es realmente despreciable u.u lo odio! Tendrá su merecido, se los prometo… ¿qué les pareció? No es Edward Adorable *_* tonta Bella que no acepta lo que siente por el 3 ammm actualizare doblemente x que el capitulo siguiente es doblemente adorable y se enamoran mas de El Sr. Masen *_*

Gracias por las alertas, favoritos y reviews, perdón si no le he podido contestar es que me he quedado sin internet y justo ando en un cyber para subirles actualización, apenas pueda les contestare, Les aclaro que los leo todos y me hacen muy feliz! :D

No leemos yaaa en el siguiente cap lol no me aguante *_* las quiero! Un abrazo enoorrme y gracias simplemente x leer :D

¿amm merezco review? *se esconde y sonrrie tímidamente*

XoXo