N/A.- Wow, ya tenía siglos sin actualizar esta cosa, pero bueno, entre el trabajo de verano, mudanza y una semana de vacaciones que tomé, no tuve exactamente mucho tiempo para trabajar en esto. Eeeeen fin, disfruten su lectura mis queridos lectores.

Disclaimer: Mmmm no, aún no soy JK Rowling así que el universo de Harry Potter no me pertenece, de lo contrario no habría trabajado en verano.

Capítulo 12.- Se levanta la maldición.

Tres días era todo lo que quedaba entre la última lección de baile y el baile de navidad, y pasaron tan rápido como pudieron, llevando a todos a ese día tan anhelado por unos y odiado por otros. Odiado sobre todo por Harry, que tendría que bailar con Hermione y no con Ginny, y no a falta de haberlo intentado.

-----Flashback-----

-¿QUÉ? ¿Y por qué no?- Preguntó Harry bastante molesto.

Harry había ido a la oficina de McGonagall para preguntar si podía tener a Ginny como pareja para el baile en vez de a Hermione.

McGonagall suspiró. -Potter, ya te lo dije, es muy tarde para cambiarlo, además quiero que bailen los Premios Anuales juntos, así que lo siento, serán usted y a Srta. Granger como habíamos quedado- Dijo con una mirada que decía "y es mi última palabra".

Harry suspiró, deseó un buen día a la profesora y se fue.

-----Fin del flashback-----

Hermione tampoco estaba muy entusiasmada por la idea, ya que tendría que bailar con Harry. Sí, es cierto que sólo era una canción, pero ella hubiera querido bailar con Ron y no con Harry.

Anhelado para Ginny, porque ese sería el día en que trataría de convencer a Harry de hacer algo mas...íntimo... con ella. Anhelado también para Ron, ya que pasaría la noche con Hermione. Al parecer Ron era bastante más infantil que su hermana, ya que no fantaseaba con cosas de semejante calibre.

Pero el que más anhelaba y anticipaba ese día era una pintura, una que colgaba en la oficina de la directora. Así es, el retrato de Dumbledore, ya que él sabía que esa era la última prueba para el amor mutuo de Harry y Hermione.

Harry estaba en su cuarto, alistándose para la terrible noche.

-¿Por qué tengo que hacer esto, si odio bailar? Y aunque me gustara, ni siquiera voy a bailar con Ginny, sino con Hermione, me lleva la que me trajo.-

Convenientemente la poción le hacía "olvidar" que había disfrutado bailar con Hermione, aunque sólo sin público presente.

Cuando por fin bajó a la sala común de los Premios Anuales se topó con Hermione, que había elegido ese mismo instante para también ella bajar de su cuarto.

Traía exactamente el mismo vestuario que llevó a la boda de Bill y Fleur, sin una sola modificación, a excepción de que ya le quedaba un poco más ceñido y acentuaba mejor su figura. Si Harry no hubiera estado bajo la influencia de la poción de Ginny, otro gallo habría cantado, pero dadas las circunstancias actuales, prácticamente la ignoró, cosa que a ella tampoco le molestó demasiado, de hecho ella hizo lo mismo con él.

Bajaron al vestíbulo juntos, sin hablarse o siquiera mirarse uno al otro, en un completo silencio bastante inusual entre ellos. Fue hasta que ellos llegaron a la base de la escalera de mármol que McGonagall los vio.

-Ahí están- Dijo mientras caminaba hacia ellos -Escuchen, el baile empieza en 10 minutos, asegúrense de estar en la puerta del Gran Comedor para entonces.-

-Sí profesora- Contestaron al unísono. Después localizaron a un par de pelirrojos y caminaron hacia ellos.

Ginny volteó y sonrió cuando Harry la tomó por la cintura y la besó.

-Hola amor- Dijo él.

Hermione caminó lo más rápido que pudo, dado que no confiaba en poder correr con los tacones y se arrojó a los brazos de Ron.

-Hola, te ves hermosa- le dijo Ron.

-Oh, gracias- Respondió Hermione ruborizándose. -Tú también estás muy guapo hoy-

-Gracias-

Platicaron cerca de 10 minutos hasta que McGonagall los interrumpió.

-Creo que es hora de que vayan preparando Sr. Potter y Srta. Granger-

Los susodichos suspiraron y dejaron a los dos pelirrojos atrás, mientras estos se dirigían al Gran Comedor con el resto de los alumnos.

Cuando entraron, todo mundo les aplaudió, y caminaron hacia el centro de la pista de baile. Al llegar, Harry tomó a Hermione por la cintura y colocó la mano de ella en la suya como ya tenían bien practicado, Hermione por otro lado posó la mano que no tenía sobre la de Harry en su hombro. La música comenzó, y ellos a bailar al mismo tiempo. Sabían la canción de memoria ya, y bailaron sin falla hasta que percibieron un aroma que creían desaparecido...y con él empezaron a sentirse raros. Sentían que todo estaba bien en ese momento, como si así debieran ser las cosas.

Ambos se sentían inmersos en un enorme dilema mental, pero sus pies se movían mecánicamente, repitiendo los pasos que ya habían memorizado y practicado tanto. Harry pensaba, o mejor dicho debatía consigo mismo, ¿a quién amaba? ¿En verdad amaba a Ginny o amaba a Hermione? No podía dejar de pensar en la hija menor de los Weasley, pero tenía en frente a Hermione, y a su parecer era muy hermosa.

Sin embargo nadie notó nada extraño en la pareja que bailaba frente a ellos hasta que terminó la pieza. Todos aplaudieron animadamente hasta que Harry se acercó más a Hermione y presionó sus labios contra los de ella en un suave y tierno beso.

Todo mundo dejó de aplaudir en seco, incluso el tiempo parecía haberse detenido hasta que el trozo de muérdago encantado que llevaba ya 24 días flotando sobre la cabeza de Harry comenzó a emitir grandes cantidades de humo rosado y rojo que envolvió a ambos. Al terminar, el muérdago cayó al suelo y cogió fuego.

Por fin Harry notó lo que estaba haciendo: estaba besando a Hermione frente a toda la escuela. Se espantó un poco, pero al notar que ella no interrumpía el beso ni se separaba de él, él tampoco hizo nada. Después de lo que parecieran días para ellos, se separaron, sonriendo.

-Hola hermosa- Dijo Harry

-Hola- Respondió Hermione, profundamente sonrojada

El Gran Comedor entró en un silencio sepulcral hasta que alguien del público silbó, entonces todo mundo comenzó a aplaudir de nuevo, todos a excepción de un par de pelirrojos cuyas bocas se habían caído hasta las mazmorras o más abajo aún. Ginny incluso lloraba de la rabia.

Al terminar el aplauso comenzó otro vals y varias parejas decidieron abrir pista. Hermione, sabiendo bien que Harry no volvería a bailar decidió irse a sentar a una de las muchas mesas desperdigadas por todo el salón, pero antes de que pudiera irse, Harry alcanzó a tomarla de la mano. Ella se volvió y fijó sus ojos en los de él.

-Hermione, ¿te importaría bailar conmigo una vez más?-

-¡Por supuesto que sí, Harry!-

Harry hizo una profunda reverencia, y Hermione la devolvió, ofreciendo su mano. Harry la tomó y colocó su otra mano en la cintura de ella. Hermione posó su mano libre en el hombro de Harry y comenzaron a bailar, disfrutándolo esta vez. Al finalizar la canción se dirigieron a una mesa, cuando Harry sintió una mano en su hombro y volteó, pero sus facciones se tensaron al ver que se trataba de Ginny.

-Este...Harry, ¿te...te molestaría bailar una canción conmigo?-

-A decir verdad sí me molestaría Ginny, y no lo haré. En verdad te pasaste de la raya ¿sabes? Aún te quería como a una hermana menor, pero no, tenías que ir y ponerme bajo la influencia de una poción de amor. Rompiste los cimientos de nuestra amistad Ginevra. Lo siento, pero no quiero volver a cruzar palabra contigo. En verdad lo lamento mucho, porque como ya te dije, eras como una hermana menor para mí.- Respondió Harry firmemente.

Ginny no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Como pudo ser tan estúpida? La cegó s avaricia y ahora lo había perdido para siempre. Se odiaba a sí misma. Se dio media vuelta y se fue, con lágrimas en los ojos.

-No crees que fuiste demasiado duro con ella Harry?- Le preguntó Hermione

-Lo siento Hermione, pero ella sabía que ya no la amaba de esa manera y aún así me forzó a hacerlo. Además se atrevió a utilizar un filtro de amor, y están prohibidos en Hogwarts, tú mejor que nadie deberías saber eso- Le respondió él.

-¿En verdad serías capaz de dejar que la expulsen? Sólo hazte esa pregunta- Le dijo Hermione.

-Obviamente no, no pienso dejar que se haga algo tan grande. Recuerda que es como mi hermana pequeña, y aún la amo de esa forma. Aún así me temo que me tomará bastante tiempo perdonarla por completo.-

-¿Por completo? O sea que...-

-Sí, la perdono hasta cierto punto, y también a Ron, ya que el también es como un hermano para mí. Ambos fueron cegados por la avaricia, uno de los siete pecados capitales, según Dante, y es ante uno de los que uno sucumbe más fácil, y de los que trae peores actos y consecuencias-

-Lo sé, y en verdad me siento mal por ella- Dijo Hermione, intentando contener las lágrimas.

-Oye, tranquila, los perdonaré, pero sólo no por ahora- Respondió Harry, acariciando su rostro con sus manos.

-De acuerdo- Contestó Hermione sonriéndole.

Harry la atrajo hacia él para abrazar, cosa que ella reciprocó, dejándose llevar por la sensación pacífica del momento.

La fiesta siguió hasta pasada la medianoche, y Harry y Hermione se quedaron hasta el final. Para cuando volvieron a su torre ya eran las 2 de la madrugada.

-Oye, Mione- Le dijo Harry cuando llegaron al cobijo de su sala común

-Dime-

-Sabes, creo que acabamos de revelar al mundo nuestro peqeño secreto- Le dijo él pensativo.

-Pues ya era hora ¿no crees?- Le respondió ella sonriendo.

-Sí, puede que tengas razón, además, el mentado muérdago ya no me persigue tampoco. Dos pájaros con un solo tiro-

-Pareciera que esas eran las circunstancias especiales de las que McGonagall habló-

Harry recordó ese anuncio en el Gran Comedor del día que el muérdago lo comenzó a seguir a todos lados. -Sí, puede que tengas razón...raro en ella...y en Dumbledore- Añadió con sarcasmo.

-¿Qué dijiste?- Preguntó Hermione fingiéndose ofendida.

-Nada- Dijo Harry con ojos de "yo no hice nada"

-Ven acá, tú...- Dijo Hermione besándolo, no con dulzura sino con pasión.

Harry le respondió el beso, dando uno que otro pequeño mordizco al labio de ella. Después de un rato Hermione se separó.

-Espera un minuto, deja me pongo ropa más cómoda- Dijo ella, corriendo a su habitación.

Harry se sonrió y se dirigió a la suya. Se quitó la túnica de gala que tanto odiaba usar. Para él no había nada como la comodidad de la ropa casual muggle, como solía decir. Se puso el pantalón de la pijama, pero antes de que pudiera ponerse la parte de arriba, sintió como se escapaba de sus manos. Al voltear vio a Hermione recargada en el marco de la puerta, con su playera colgando de los dedos.

-¿Buscabas esto?- Dijo ella con una mirada traviesa.

-Este...de hecho sí, así que mejor devuélvela- Respondió Harry, avanzando hacia ella con la mano extendida. Cuando llegó a la puerta, trató de tomar su ropa, pero por una vez en la vida Hermione fue más rápida que los reflejos de buscador de Harry y movió su brazo, impidiendo que Harry la tomara.

-Por Dios Potter, ¿qué le pasó a tus reflejos de buscador?- Preguntó ella burlona.

-Mala idea Granger- Respondió Harry y comenzó a hacerle cosquillas a Hermione.

Ella trató de librarse de las cosquillas, fallando miserablemente y riendo sin poder parar. En algún punto, Harry se detuvo por un instante en lo que la cargaba y la llevaba a su cama, donde siguió haciéndole cosquillas. Sólo paró cuando vio que Hermione en verdad necesitaba respirar.

-¿Ya te sientes mejor? ¿Ya puedes respirar?- Preguntó después de un rato con un semblante que podría haber sido de preocupación, mismo que arruinó sonriendo ampliamente.

-S-sí, y-ya me siento mejor- Respondió ella.

-Excellente- Dijo Harry y comenzó a besarla.

Ella respondió el beso. Era suyo nuevamente, y esta vez no pensaba dejarlo ir. Harry rozó ligeramente sus labios con su lengua, y ella abrió mas su boca para poder besarlo bien, soltando un apenas audible gemido, mientras sus manos se enredaban en el cabello de él.

Harry la sujetó por la cintura y rodó en la cama para quedar de espaldas a la misma, con Hermione encima de él, después deslizó una mano por debajo de su blusa, acariciando su espalda.

Cuando se separaron, ambos jadeando, Hermione notó que los ojos de Harry delataban cansancio.

-Harry...-

-¿Sí?-

-Tal vez deberíamos dormir, estás bastante cansado-

-Sí...creo que sí, tienes razón- Admitió el, bostezando.

Rodaron de nuevo, para quedar los dos de costado, viéndose uno al otro. Harry depositó un beso tierno en la frente de Hermione.

-Dulces sueños Hermione-

-Buenas noches Harry-

Ambos se quedaron dormidos casi al instante.

A la mañana siguiente Harry despertó y notó que abrazaba algo suave y cálido que además olía dulce. Al abrir sus ojos, notó que algo castaño y enmarañando obstruía su campo de visión. Al recobrar sus otros sentidos se dio cuenta de que tenía sus brazos al rededor de Hermione, el aroma era claramente el de ella, aquella maraña castaña era sin duda su cabello. También notó que la cabeza de ella descansaba sobre su pecho desnudo y recordó que ella le había robado su camiseta la noche anterior y nunca la devolvió, también, las piernas de ella estaban entrelazadas con las suyas, y a decir verdad, no se quejaba por nada de ello. De hecho sonreía de oreja a oreja. Ya se había deshecho del filtro de amor, del muérdago encantado y de tener que guardar su relación con Hermione en secreto, y encima de todo era Navidad, y seguramente tendría mínimo un regalo en la sala común esperándolo.

"Los regalos pueden esperar" pensó él "Ya tengo aquí a mi lado todo lo que podría desear para Navidad o cualquier otra época del año. O mejor dicho, casi encima de mí" Se rió por lo bajo al pensar en ello, lo cual fue un error, ya que Hermione se despertó debido al movimiento de su pecho.

Harry la escuchó quejarse y murmurar -Cinco minutos más Harry-

No pudo evitar reír de nuevo, y eso despertó completamente a Hermione. Ella sin embargo, aún medio dormida levanto la cabeza para verlo le dijo, aparentemente molesta

-¿Qué demonios te pasa, no ves que estoy cansada?-

Harry se sonrió y la besó brevemente, después le dijo alegremente -Feliz Navidad Mione-

Al estar medio dormida, Hermione tardó un poco en procesar lo que Harry le dijo, pero cuando lo logró le sonrió y respondió -Feliz Navidad Harry-

-Ven- Dijo él, sacándola de la cama-

-¿A dónde?-

-Seguramente hemos de tener al menos un regalo cada uno en la sala común ¿no?-

-¡Por supuesto! Lo había olvidado-

Harry rió y rodó los ojos. Continuó su camino, arrastrando a Hermione tras de sí. Al ver dos pequeños montículos de regalos sobre la mesa, uno para cada uno de ellos, ambos sonrieron y, actuando como niños de 5 años, en vez de como jóvenes de 17, corrieron a ver qué les habían regalado a cada uno.

Ambos obtuvieron el ya clásico suéter tejido de la Sra. Weasley, así como otros regalos entre los que figuraban un paquete de Sortilegios Weasley, cortesía de los gemelos. Al final quedaban sólo dos regalos sin abrir, uno para cada uno de ellos.

Hermione empezó a examinar el suyo y frunció el ceño.

-¿Qué pasa Mione?- Preguntó Harry al notar que algo molestaba a su novia.

-Ah, nada, es sólo que éste no dice de parte de quién es- Respondió ella, indicando la pequeña caja envuelta en papel navideño.

-Ah, ese es mío- Le dijo Harry sonriendo en cuanto identificó la envoltura.

El semblante confundido de Hermione pasó inmediatamente a ser uno de emoción, mientras que volteaba su atención al pequeño paquete y le quitó emocionada la envoltura. Sus ojos se abrieron al ver que en la tapa de la caja estaba grabado el escudo de Gringotts.

Con manos temblorosas abrió la caja, sólo para conseguir que sus ojos se abrieran aún más y se le cayera la boca hasta el Gran Comedor. Sacó de la cajita una cadena de otro de la que colgaba un medallon del mismo material. El medallon tenía el tamaño aproximado de un galeón, estaba hecho de oro puro, pero tenía marcas y símbolos den el perímetro diferentes a los de dicha moneda. Hermione, como la gran mayoría de los magos, no conocía el lenguaje de los duendes, sólo algunos símbolos básicos que sin embargo fueron suficientes para descifrar lo que decía.

-H-Harry- Dijo ella tartamudeando

-¿Sí?-

-¿E-es lo que creo que es?-

-Depende de qué crees tú que sea- Respondió Harry, haciendo una perfecta imitación del Gato Risueño.

-Harry, es un medallón que me da acceso ilimitado a tu bóveda de Gringotts- Respondió ella incrédula.

-Sí, ¿y?-

-¡¿Qué acaso estás loco?!-

-Pues según yo estoy perfectamente cuerdo, pero uno nunca sabe- Contestó Harry en una buena imitación de Dumbledore.

-Harry, esto es...- Empezó ella, pero Harry la interrumpió.

-Mione, ya sé lo que es. Después de todo, fui yo el que se escabulló fuera de la escuela para ir a Gringotts a solicitarlo. Sabes, eres la única persona que ha estado conmigo siempre, en las buenas y en las malas, y nunca te lo he agradecido como se debe. Esto es sólo una pequeña muestra de gratitud, por favor acéptala- Le dijo él con toda sinceridad.

Hermione vio esa sinceridad en sus ojos y decidió aceptarlo, dejando de lado el hecho de que ahora tenía acceso ilimitado a la nada despreciable fortuna de Harry, hasta que le vino una pregunta a la mente.

-Harry, ¿sabes lo que significa para los duendes de Gringotts el hecho de que me hayas dado este medallón?-

-Sí, me lo advirtieron, pero no pienses en ello...al menos no por ahora- Dijo las últimas cuatro palabras en un susurro que ella no escuchó -Sólo velo como una pequeña muestra de agradecimiento y ya-

-Pero...- Harry la volvió a interrumpir, pero esta vez con un roce de sus labios contra los de ella.

-Nada de peros Hermione, no hay pero que valga, así que mejor tómalo- Dijo Harry en un tono que no permitía que lo refutaran.

Hermione no dijo nada, mejor lo besó de nuevo. Cuando se separaron Hermione notó varios sobres en la mesa. Frunciendo el ceño los tomó y vio que eran para Harry.

-Oye, son para ti, estaban en la mesa- Le dijo ella pasándole los sobres.

Harry los tomó y empezó a examinarlos. El primero era de Ginny, fácil de saber por su caligrafía. Otro era de Ron, pero no era para él, sino para Hermione. El último tenía el mismo sello de Gringotts que estaba en relieve en el medallon de Hermione.

-Ten Mione, éste es para ti- Dijo él pasándole la carta de Ron.

-¿QUÉ?- Dijo ella, tomó el sobre, lo abrió y empezó a leer la carta a toda velocidad.

Querida Hermione:

No sé siquiera por qué te escribo esto, pero ruego porque no la rompas en cuanto veas mi letra en el sobre.

Bien, si estás leyendo esto, significa que aún no la rompes...un pequeño alivio para mí algún día, supongo. No tengo palabras para decirte lo mucho que lamento haberte hecho beber esa poción, y lamento aún más siquiera haber pensado en hacerla, en verdad lo hago. Supongo que me consumió la envidia y la avaricia de tenerte cuando me enteré de lo de tú y Harry, ya que aún te amo, tal vez como a una hermana, pero tal vez como algo más. Sin embargo anoche, después de verte besar a Harry, aún bajo la influencia de la poción, comprendí que esta vez no tenía ni la más mínima oportunidad contigo teniendo a Harry aquí y lo único que me queda es ofrecer mi apoyo a ambos. Espero que algún día puedas perdonar mi estupidez y mi ceguera, y que ambos sean felices uno con el otro

Con amor,

Ron.

Hermione estaba llorando cuando terminó de leer la carta y se lanzó a los brazos de Harry, quien la abrazó tratando de reconfortarla.

-¿Qué decía amor?- Preguntó Harry casi en un murmullo.

-Ten, leela tú- Le respondió Hermione entre sollozos, dándole la carta.

Harry la leyó con un semblante inexpresivo. Aunque quisiera no podía llorar, por más que intentara, pero eso no quitaba que se sintiera mal por su mejor amigo y decidió que, si bien no en ese momento, lo podría perdonar con el tiempo. Teniendo una leve sospecha de lo que diría la carta de Ginny, Harry rompió el sobre, sacó la carta y la comenzó a leer.

Querido Harry:

Por favor no destruyas esta carta, al menos no antes de haberla leído.

Estoy verdaderamente arrepentida por las cosas que hice, en verdad fue una completa estupidez de mi parte. Supongo que me cegó tanto la avaricia por querer tenerte de nuevo a mi lado que dejó de importarme lo que hiciera, o las consecuencias que eso tuviera, con tal de que fueras mío una vez mas. Creo que no es amor lo que siento por ti, sino la idea de salir con Harry Potter, eso era lo que me hacía sentirme bien y fue un error. En verdad has sido como un hermano mayor para mí y, por más que me duela admitirlo, aún te debo la vida.

Bueno, no sé si hablabas en serio cuando dijiste que no querías volver a hablarme, pero me lo merezco. Lo único que sí quiero es que me perdones. En verdad, si fueras capaz de verme y decirme "Ginny Weasley, te perdono", mi alma estaría en paz en ese momento. De aquí en adelante esperaré esas palabras, aunque probablemente nunca lleguen.

Con amor,

Ginny.

Ahora era Harry el que derramaba lágrimas silenciosas sobre la carta. Sabía que quería perdonarla, pero no lo haría en ese mismo instante. Era justo y necesario que Ginny sufriera un poco por su error, pero después de algún tiempo, cuando viera él que era suficiente, le diría esas palabras.

Harry suspiró y dijo -Vaya, parece que en verdad están arrepentidos. Sólo espero que no los expulsen por ello-

-Tenemos que evitar que los expulsen Harry, no merecen un castigo tan severo- Le respondió Hermione.

-Lo sé, tenemos que hablar con McGonagall para eso-

-De acuerdo. Aún te queda una carta por leer- Dijo Hermione, señalando la carta con el emblema de Gringotts.

-Oh, claro- Harry abrió el sobre y leyó la carta.

Estimado Sr. Potter:

Por este medio solicito su asistencia al banco de Gringotts, en la fecha y hora que encuentre más conveniente para discutir ciertos asuntos relacionados con su solicitud de acceso sin restricción de un tercero a su bóveda y con la herencia que recibió del testamento del difunto Sirius Black. Adjunta en el sobre está la llave de la bóveda de la familia Black. Le pido que por favor responda lo más pronto posible, ya que nuestra agenda está algo apretada en estos momentos.

Cordialmente,

Griphook

Asesor financiero de la familia Potter.

-¿Qué dice Harry?- Le preguntó Hermione

-Hmm requieren mi presencia para discutir cosas relacionadas a ti y al testamento de Sirius-

-¿Cuándo tienes que ir?-

-¿Cuándo tenemos que ir?- La corrigió Harry -Dice que tengo que agendar una cita con el asesor financiero de mis padres-

-Deberías contestarle de inmediato- Sugirió Hermione.

-Si, pero ¿qué le digo?-

-Mejor le preguntamos primero a McGonagall si podemos ir mañana a Gringotts- Le propuso Hermione.

-Sí, buena idea- Afirmó Harry.

Tomó el sobre con la llave, volvió a guardar la carta en él y el sobre en su bolsillo. Después tomó la mano de Hermione y comenzó su camino a la oficina de McGonagall.

N/A.- Ok, eso es todo por ahora, así que dejenme un review para decirme si les gustó o no.

Ah si, otra cosa. Necesito hacer una encuesta. No escribí nada gráfico con Harry y Hermione en la versión en inglés y mejor les pregunto a ustedes: Debería escribir una escena lemon entre ellos o dejarlo todo a la imaginación de ustedes mis lectores y lectoras?