Nota: La canción al principio del capítulo es Save me de Gotye, para que lo escuchen si desean.
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Capítulo 12
Tres días
En las mañanas estaba ansioso,
era mejor quedarse en cama.
No quería fallarme a mí mismo de nuevo.
El rubio pálido de su cabello estaba recogido elegantemente. Su rostro estaba adornado con un suave maquillaje que sobresalía solo en el brillo rosa de los labios. Unos aros dorados pendían de sus orejas. Y su cuerpo estaba envuelto con un largo vestido morado que colgaba, sin mangas, desde sus hombros con piedras brillantes incrustadas hasta el inicio de su pecho, dividido con un cuello en v, al igual que en su espalda; se ajustaba a su cintura con un cinturón dorado adherido solo en el lado izquierdo, y caía más allá de sus tobillos, ocultando el par de altos tacones negros.
Corría entre todas las opciones,
Y los finales,
Que daban vueltas frente a mí.
Pero se me hacía imposible escoger un hilo con qué comenzar.
—Y no podía amar….
—Porque no me podía amar a mí misma.
—Nunca era lo suficientemente bueno.
—Eso era lo que me decía a mí misma.
El cabello rosa estaba recogido con unas ondas que coronaban con gracia su cabeza. El rostro maquillado destacaba gracias al rojo intenso de sus labios. Un par de pendientes de piedra negra brillante colgaban de sus orejas. Y un vestido azul rey oscuro la envolvía con un insinuante cuello en v que se unía hasta el centro de su pecho, se ajustaba en su cintura, y se dividía con una apertura que dejaba a la vista su pierna derecha, desde la mitad del muslo hasta los altos tacones plateados.
—¿Me concedería esta pieza? —Solicitó Ino en un tono combinado entre broma y formalidad, extendiendo su mano hacia una risueña Sakura.
—Encantada. —respondió siguiendo su juego y tomando su mano.
Ambas empezaron a seguir el ritmo de la música. Giraban. Se movían a una velocidad que no las hiciera sudar o arruinara la vestimenta que con tanto esmero habían preparado. La habitación de Ino era la pista de baile elegida para la improvisada celebración en honor al buen humor, ese que las embargaba desde hacía tres días.
En las mañanas tú te ibas,
Viajando hacia el sur de nuevo
Y dijiste que no estabas preparada.
La alegría en el apartamento de ambas había sido detonada por un conjunto de detalles, hacía más de cincuenta horas. Sakura e Ino habían sido citadas urgentemente por la dueña del edificio cuando la tarde se teñía de anaranjado, y con la idea de encontrársela frente a la puerta de su hogar, el par de amigas arribó sin mucho ánimo ante una de las supuestas e inminentes reclamaciones de la anciana. Sin embargo, no hallaron a nadie.
Pero al ingresar lo comprendieron todo.
En el centro de su apartamento, repleto con arreglos florales que Ino reconoció de inmediato, estaba Sasuke vestido muy casual al lado del estéreo que ambientaba el lugar con una canción. La misma que ahora les servía como sonido de fondo en el baile improvisado.
Para Ino fue una gran sorpresa, mucho más para Sakura. El Uchiha no era un hombre de muchos detalles, menos si incluían a un tercero; en este caso la Yamanaka. Pero allí estaba, con la expresión estoica que pretendía ocultar su nerviosismo, esperando la reacción de su chica quien no salía del asombro, hasta que la rubia le dio un leve empujón para que reaccionara.
Ambos se abrazaron, besaron y unas lágrimas recorrieron las mejillas de su amiga. Ino sonrió y decidió darse la vuelta para concederle a la pareja una merecida privacidad. La letra de la canción, hasta donde la había escuchado, permaneció en su cabeza durante la caminata que tomó hasta su floristería donde permaneció entrada la noche. Allí pudo pensar con claridad sobre el plan que Sasuke había ideado y efectuó sin que ambas pudiesen descubrirlo.
Días antes, Ino había recibido un pedido, arreglos iguales a los que encontraron en su apartamento. El Uchiha había utilizado a un tercero para la llamada y el pago de sus servicios. Y, por último, había convencido de alguna forma a su odiosa casera para que le permitiera la entrada. Algo que no la extrañó. Sasuke poseía poder de convencimiento, de la palabra y el dinero. La idea de que la propietaria permitiera la entrada a cualquiera, le hacía dudar de su seguridad. Aun así, estaba contenta por su amiga. Lo merecía después de todos esos días de estrés que la tenían irritada.
El mismo grado de ánimo continuó en aumento el día siguiente. Sasuke había pasado la noche en el apartamento, llegó, hizo pero, en esta ocasión, dejó un sabor dulzón en el ambiente. Había sido inesperado y extraño, pero demasiado tierno como para permitir sospechas o dudas. Por lo que Ino percibía, a Sakura más nada le importaba.
Ahora, despampanantes, disfrutando como adolescentes de la ansiedad previa a un evento importante, se regodeaban en los buenos sucesos de los últimos tres días. Porque, además de haber sido contagiada por su amiga, Ino tenía su propia cuota de alegría personal, una que tenía nombre; Naruto.
Días atrás, durante una de las acostumbradas llamadas, Naruto había informado de su próximo viaje a Konoha. Sin fecha o certeza, la Yamanaka estaba esperanzada por su llegada y la segunda fase de su plan. Su resolución sería conquistarlo, en eso consistía su salto de fe. Y a pesar de no haber podido contactarse con él desde aquel aviso, su pecho no tenía cabida para tristezas. Mucho menos cuando había sido invitada al evento, cuyos adornos florares eran de su autoría.
En la mañana, cuando se encargó de entregar los adornos en la universidad de Sakura, la directora de facultad había quedado impresionada, y a modo de agradecimiento solicitó su asistencia. Aunque la rubia sospechaba que también influía que fuese una antigua estudiante, y el hecho de ser conocida. De cualquier forma, escuchar tales halagos por sus creaciones era algo que recibía gratamente, e Ino no dudó en aceptar la invitación.
Y me diste amor
Cuando no podía amarme a mí mismo.
E hiciste que cambiara la forma
Con la que me veía a mí mismo.
—Y eres paciente, amor. —continuó Sakura dándole una vuelta a Ino quien reía a carcajadas—. Y me impulsaste a ayudarme a mí mismo.
Se sostuvieron las manos con amplias sonrisas en sus rostros. En menos de tres días se habían aprendido la letra. Sakura repitió incontables veces la dedicación, e Ino lo recibió a buen gusto desde el primer momento, sin fase alguna*.
—Y me salvaste. —Entonaron ambas.
La canción llegaba a su final mientras las risas cesaban. Se soltaron las manos, e Ino se dirigió al espejo para dar una última revisión a su apariencia. Sonrió a sí misma. La decisión de regalarse un gusto costoso había sido acertada. Ambas chicas gastaron un buen monto de dinero para sus vestidos y demás complementos, pero valía la pena.
Sakura terminó clases y el diario estrés de su vida universitaria, al menos durante el verano. Ino había adquirido una buena ganancia con los arreglos para el evento, puesto que la directora rechazó el descuento acordado —y planeado por su amiga de cabellos rosas—, y las notas de esta última fueron positivamente influenciadas por recomendar la floristería.
Por último, volvería a ver a Naruto.
—¿Estás lista? —preguntó Sakura desde la entrada, bolso en mano.
—Perfecta. —respondió con seguridad más como un comentario para la imagen en su reflejo.
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Grandeza, imponencia y elegancia, tres palabras que describían a la Universidad Senju, una de las más reconocidas y la más antigua de Konoha. La exquisita arquitectura de sus edificaciones asignadas para las diferentes facultades, el perfecto cuidado de los jardines que la rodeaban, su inmenso lago, y caminos extensos que intercomunicaban cada estructura entre sí; todo un conjunto que formaba al futuro de la ciudad.
Los recuerdos invadieron la mente de Ino en su camino hasta el salón donde se daría el evento. Desde la emoción vivida junto a Sakura, cuando ambas becas habían sido aceptadas como recompensa por el arduo esfuerzo que hicieron en sus últimos años de preparatoria; hasta el último día que había puesto pie dentro de aquella institución. Había olvidado ese día en que recorrió el mismo tramo, y sintió una ligera nostalgia. La carrera de medicina pudo no haber sido su preferida, pero las anécdotas entre esas paredes antiguas, eran inolvidables.
—No ha cambiado mucho. —comentó Ino distraída. En la mañana cuando entregó los arreglos, solo había llegado hasta el área de recepción.
—Ya sabes, quieren mantener intacta la esencia del siglo en que fue creada. Todos unos anticuados. —habló Sakura observando a las personas que seguían su misma dirección. Por la elegancia de su vestimenta y los aires de grandeza, era fácil deducir que se trataba de invitados importantes, muy importantes.
—Aún no me creo que la profesora Tsunade sea la nueva rectora.
—Ino, es la descendiente de uno de los fundadores, y lleva el apellido al que va dedicado el nombre de esta universidad. ¿En serio te extraña?
—Que yo recuerde, ella siempre dijo que no quería esa responsabilidad. Prefería enseñar.
—Sí, sí. Además le quedaría tiempo para embriagarse y gastarse su fortuna en apuestas. Lo sé. Pero es una costumbre familiar. Su hermano antes de morir fue el rector, al igual que su padre, abuelo, tíos. Nadie que no posea el Senju en su nombre ha tenido ese puesto. Era inevitable.
—Pues ahora me alegro mucho más por haber dejado la universidad. No imagino lo insoportable que debe estar.
—Ha echado a tres profesores en estos dos últimos meses. Y al profesor Kakashi lo tiene amenazado.
—¿Otro escándalo?
—Tomaron una foto de él junto a una de sus estudiantes saliendo de un motel. La profesora Tsunade logró que no saliera a la luz pública, pero le dieron un ultimátum. —Ino dejó salir una risa suave—. ¿Qué?
—Recuerdo el ojo morado que le quedó cuando lo golpeaste.
—Parecía muy joven para ser profesor, creí que era otro estudiante idiota intentando sobrepasarse conmigo. —dijo Sakura con simpleza aun sintiendo la molestia que tal recuerdo le provocaba. Un desagradable escalofrío la recorría de solo rememorar el coqueto intento de ese profesor, y aún agradecía que no enseñara en su facultad.
—Al menos eso hizo que te convirtieras en la favorita de la profesora Tsunade. —dijo la rubia mirando de reojo a su compañera y captando la sonrisa orgullosa que dibujó.
No volvieron a hablar más, la entrada que las llevaría a su destino podía divisarse cercana. Unos repentinos nervios despertaron en Ino al ser consciente de lo que afrontaría. Había olvidado la última vez que asistió a un evento de ese calibre, y sabía lo que aquello significaba.
Era muy probable que viera a alguno de sus amigos, entre los cuales, con total certeza, estaría la pareja del año; Hinata y Shino.
Suspiró sin poder evitarlo. De alguna forma, la mención de Hinata restaba grados de optimismo ante su situación con Naruto. Al menos, afortunadamente, Sakura estaba demasiado concentrada en buscar a alguien cuando llegaron al lugar, como para prestar mayores atenciones a la rubia. Había algo en los suspiros de Ino que irritaba a su amiga.
Dejando que Sakura continuase con su búsqueda, Ino comenzó a apreciar la instancia. Todo, desde los candelabros ubicados estratégicamente, las mesas cubiertas con manteles blancos impolutos, la tarima sobre el que una joven mujer ambientaba con la melodía suave de su voz, y el sonido instrumental que le acompañaba; hasta sus hermosas flores como decoración especial, envolvía a los invitados con la opulencia y clase que caracterizaba a la universidad.
Caminaba con tranquilidad siguiendo por inercia los pasos de su acompañante, mientras intentaba reconocer algún rostro conocido. No había pista de alguno de sus amigos, pero logró distinguir a doctores, políticos y empresarios afamados en la ciudad. Era de esperarse la asistencia de tales personajes, pues obligados por la necesidad de mantener y crear relaciones, aprovechaban eventos como este, sin importar que, principalmente, se tratase de una celebración en honor al profesor más antiguo e influyente de la facultad de medicina, y el cual ya llegaba a la jubilación.
La gran mayoría de invitados entendía de medicina solo los síntomas de la gripa, Ino dudaba que siquiera conocieran al profesor Danzo o del porqué de su reconocimiento; aun así no era impedimento que les evitara lucirse frente a sus iguales y competir por la superioridad.
—Creo que no ha llegado. —comentó Sakura a su lado.
—Debe ser. No te preocupes, —dijo al percibir el deje de intranquilidad en su semblante—, vendrá.
Al menos, era lo que esperaba.
Irónicamente, entre la brisa de calma que ambas respiraban en los últimos tres días, persistía cierta sospecha que Ino entendía como una alerta instintiva ante un peligro que se avecina. Las cosas buenas que les había estado sucediendo, eran demasiado para ser verdad; además de repentinas e inesperadas. Por ello, Sakura tenía la expectativa inconsciente de que Sasuke le fallaría, e Ino temía que su presencia aquí no sería de las mejores experiencias.
Esa era una realidad universal; en las puertas de la felicidad se deseaba entrar en ella, y en su interior se temía la salida hacia las penas. El punto era que no había felicidad completa. Siempre estaría la zozobra.
—Iré por una copa. —dijo Sakura después de soltar un resoplido.
—Sakura... —Advirtió Ino.
—Tranquila, solo será una o dos copas. A parte, los papeles están invertidos aquí. —La rubia la miró confusa—. No fui yo la que tomó la iniciativa la última vez. —aclaró burlonamente a la vez que se alejaba. Sin embargo, Ino estaba segura de que se trataba de una excusa para seguir buscando a Sasuke.
Y al quedarse sola, entre decenas de desconocidos, fue consciente de la semejanza entre su situación en la fiesta de Kiba y esta celebración. La diferencia recaía en que su interior no era turbado por la ansiedad, nerviosismo y desesperanza de un encuentro. Sabía que Naruto no aparecería. Por otra parte, se le ocurrió, aunque dudó; que Suigetsu mostrara sus dientes de tiburón en un escalofriante intento de galantería.
—Empezaré a creer que nací para hacerte compañía.
El cuerpo de Ino permaneció estático. Conocía esa voz, ese tono coqueto. Y sin necesidad de girar su mirada al lado derecho, tenía entera certeza de que aquellos afilados dientes formaban una sonrisa inquietante.
—Sería un honor aceptar esa misión divina, si en cada encuentro estás hermosa, Ino-chan.
—Su-Suigetsu... —balbuceó Ino aún en desconcierto, y lo encaró.
Debía admitir el atractivo del chico frente a ella. Era el mismo cabello blanco lacio hasta su mentón, ojos violetas y mirada traviesa. Pero, ahora, el que alguna vez consideró un acosador, lucía y emanaba elegancia por sus poros. Estaba engalanado con un traje conformado por una chaqueta blanca impecable, pantalones negros, y una camisa púrpura que sobresalía entre la parte superior desabotonada de su chaqueta. No tenía corbata, y ello le daba un toque rebelde.
Su escrutinio no pasó desapercibido para el albino, quien ladeó su sonrisa complacido de causar tal impresión. Ino pudo notarlo y desvió la vista avergonzada. Un sonrojo pintó sus mejillas cuando imágenes de lo vivido en la fiesta, llegaron a su mente, e instintivamente posó una mano sobre la zona del cuello donde había estado una marca, la prueba de su descontrol y de los labios del mismo Suigetsu que hicieron contacto en su piel.
—¿Cómo... estás? —Ino aclaró su garganta para instar la fluidez en sus palabras—. Ha pasado tiempo desde la última vez.
—Estoy bien. Y, sí, tienes razón. Por fortuna, atesoro muy buenos recuerdos de esa fiesta. —La rubia rio nerviosa captando el significado de sus palabras—. ¿Y qué hay de ti? ¿Cómo va todo?
—Me ha ido bien.
—¿Y el negocio?
Ino frunció el ceño. No recordaba haberle hablado de su trabajo. Sin embargo, no podía confiar en su memoria. Aún sentía que había recuerdos que se le escapaban.
—Va perfecto, he tenido mucho trabajo en las últimas semanas, pero eso es bueno, ¿no?
—Es cierto. Hmm... —El chico guardó silencio observando pensativo a su alrededor—. ¿La decoración es tuya? —Ino asintió—. Debí suponerlo desde el primer momento que la vi. Son unos arreglos muy bonitos. Eres talentosa, Ino-chan.
—Gracias. —dijo notando la sinceridad en su halago—. La verdad es que fui invitada gracias a mis arreglos. La directora de facultad quedó impresionada, o, bueno, esas fueron sus palabras.
—Lo menos que podía hacer. He escuchado muy buenos comentarios sobre la decoración. La gente va a querer conocer a la creadora. Eso ayudará a tu floristería. —Suigetsu se acercó un poco echando miradas, como asegurándose de que no hubiera alguien cerca—. No dudes que presumirá sobre ti. —dijo en voz baja.
—¿Quién?
—La directora. Apostaría lo que fuera a que te presentará a un montón de peces gordos, solo para quedarse con el crédito de haberte recomendado. Es así como funcionan las cosas con ese tipo de personas.
—¿En serio? —preguntó Ino fingiendo sorpresa.
—Promesa. —Afirmó alzando su mano abierta para reforzar su palabra—. Trabajo para uno de ellos, he estado en incontables reuniones como esta. Sé su modus operandi.
La rubia soltó una risa suave, segundos después, Suigetsu la imitó esfumando la seriedad que había adoptado en su juego. Era increíble lo rápido que se generaba complicidad entre ellos, y todo sin la necesidad de alcohol en sus venas. Ino comenzaba a sentirse cómoda poco a poco.
—Ah, mira, allí está el pez gordo para quien trabajo. Aunque dudo que esté interesado en decoraciones.
Ino siguió la dirección donde Suigetsu miraba, y se sorprendió. Conocía a ese pez gordo, y, definitivamente, él sí podía estar interesado en sus arreglos. Al menos, lo estuvo hacía tan sólo tres días.
—¿Trabajas para Sasuke? —preguntó reprimiendo a duras penas una exclamación, sin apartar la mirada del Uchiha que platicaba con Sakura.
—¿Lo conoces?
—Sí, es un amigo con el que estudié en el colegio.
—Vaya, qué pequeño es el mundo. Y yo creía que estaba intentando conquistar a tu amiga. Supongo que Sakura también lo conoce, ¿no?
—Eh, sí... algo así. —respondió obviando la situación sentimental de la pareja. Estaba claro que Suigetsu no tenía conocimiento al respecto, y no sería Ino quien cambiara eso—. Los tres estudiamos en el mismo colegio. —añadió más convencida, momento en el cual Sakura los descubrió observando. Ino pudo verla dedicar unas palabras a Sasuke, y ambos giraron a la vez.
—Aquí vienen. —informó Suigetsu con cierto deje de desagrado en su voz—. Sakura-chan, gusto volver a verte. —saludó cuando la pareja se detuvo frente a ellos.
—Suigetsu-san, es una sorpresa encontrarlo aquí. Aunque acaban de explicarme todo. El mundo es un pañuelo.
—Lo mismo dije a Ino-chan antes de felicitarla por sus arreglos florales.
—Mi amiga es muy talentosa.
—¿Ves, Ino-chan? No soy el único que lo piensa, por si tenías alguna duda.
—Ah... sí... —balbuceó Ino nerviosa.
La situación era confusa, en primer lugar por la cordialidad forzada de Sakura que Suigetsu parecía ser el único en desconocer. Estaba demasiado seria, y si la vista no engañaba a Ino, podía jurar que Sasuke parecía intranquilo. ¿Pero qué podía haber pasado en tan corto tiempo? Había una sola forma de averiguarlo.
—Sakura, ¿Me acompañas al baño? —Pidió Ino dejando clara sus intenciones con la mirada.
—Ya regresamos. —anunció Sakura tomando a la rubia de la mano para encaminarse a su destino.
—Ella es la chica misteriosa, ¿cierto? —Indagó Suigetsu al creer que no le escucharían.
—¡Cállate! —masculló Sasuke.
Al final, el albino sí sabía, para tranquilidad de Ino quien había alcanzado a oírlos. Presentía que eso la libraría de situaciones incómodas.
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Calculó que había transcurrido cinco o seis minutos, con su espalda apoyada en el largo y fino lavamanos. Frente a ella, Sakura caminaba de un lado a otro, ceño fruncido y con claras muestras de molestia. Hubo instantes en los que se detenía, se miraba al espejo, resoplaba y continuaba con su recorrido.
Ino trataba de ser paciente bajo el pensamiento que su amiga contaría pronto, lo que sucedía. No obstante, llegaba a su límite, mucho más cuando otras mujeres entraban y lanzaban miradas de extrañeza, y temor porque la aparente loca las atacara de un momento a otro.
—Sakura, cálmate y dime qué pasa.
La chica de cabello rosa se detuvo, caminó hasta apoyar sus manos sobre el lavamanos, miró su reflejo y resopló. Ino se creyó ignorada hasta que, por fin, escuchó su voz.
— Ella está aquí. —espetó Sakura cerrando sus ojos.
—¿Quién?
—Su prometida.
—¡¿Qué?! —exclamó sorprendida cambiando su posición para encarar a su amiga por completo—. ¿Pero ya la conocías?
—No, jamás la he visto. Sasuke me avisó hace poco.
—Sakura... —susurró posando una mano sobre el hombro de su amiga. Aún tenía los ojos cerrados, y el semblante muy decaído.
—¿Sabes lo que me dijo? Que no podíamos hablar demasiado porque se vería sospechoso y no quería tener problemas con su padre. —Los jades se dejaron ver al fin, y Sakura soltó una risa quebrada, repleta de aflicción—. Ahora entiendo la canción y toda esa explosión de romance. El día ha llegado. —habló con hilo de voz.
—¿A qué te refieres?
—El señor Uchiha va a anunciar su compromiso esta noche.
Ino frunció el ceño.
—Pero es inapropiado. Es la celebración de otra persona. No puede hacerlo.
—Danzo mismo le dio la idea, el señor Uchiha es un viejo amigo suyo.
—No puede ser... ¿Estás segura de que Sasuke ya lo sabía? —preguntó en un intento desesperado por disminuir la gravedad de las circunstancias.
—El muy cobarde no fue capaz de admitirlo, pero yo le conozco más que cualquiera. Solo le pedí una cosa, Ino... Esto era inevitable, pero al menos quería tener control sobre el modo de enterarme. Y... —su voz se quebró.
—Ven. —Ino la envolvió entre sus brazos, contagiada de su tristeza.
Guardaron silencio durante un tiempo desconocido. Para su suerte, nadie había entrado, y pudieron disfrutar de una privacidad relativa, mientras Sakura se desahogaba en el hombro de Ino. Los sollozos hacían eco entre las paredes.
Sus sospechas fueron acertadas, y la rubia lo descubrió de la forma menos esperada. La funcionalidad del universo hacía de las suyas. Los tres días de alegría llegaron a su fin para Sakura, y en consecuencia para Ino por ser su amiga y compartir el dolor.
—Si quieres, podemos marcharnos. —Concedió Ino cuando Sakura deshizo el abrazo, y sacaba un pañuelo de su bolso para secar las lágrimas que dejaron un rastro de líneas negras en sus mejillas.
—No. Con o sin Sasuke, ya había planeado asistir. Hay que aprovechar estos eventos. Y porque mi futuro prima sobre estos absurdos dramas, estoy decidida a hacerlo. Tú también deberías. —dicho esto con un tono que fallaba en dureza, se centró en retocar su maquillaje.
Ino no dijo nada. Conocía a Sakura para saber que había levantado sus defensa. En lo que durara la celebración, ella intentaría olvidar el tema, reprimiría su decepción hasta que estuviese en el resguardo de su apartamento, donde sabía que contaba con una mejor amiga para acompañarla.
—Necesitaremos más de dos copas esta noche. —bromeó Ino.
Y logró su cometido. Sakura sonrió, débil, pero era un avance.
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La velada transcurrió sin contratiempos. El murmullo de las conversaciones volaba por los aires y se mezclaba con la relajante música Jazz. Sakura e Ino no volvieron a hablar del tema, y se encargaron de ocultar cualquier prueba de su emotivo intercambio de palabras en el baño. Luego de su salida, Sasuke había permanecido junto a ellas y Suigetsu durante algunos minutos, hasta que su presencia fue solicitada por su padre. Pudieron verlo esporádicamente al lado del Uchiha mayor, hablando con invitados importantes, bajo el deber del protocolo.
Solo estaban ellos tres, cada uno sosteniendo una copa en su mano. Una imagen que en apariencia retrataba a tres viejos e inseparables amigos. Sin embargo, el único lazo que el trío tenía era el sentimiento de saberse fuera de lugar, como pequeños seres que escapaban de la individualidad y buscaban un grupo en el cual sentirse seguros. Una realidad que aplicaba totalmente para Ino, puesto que Sakura tenía compañeros de la universidad invitados, y Suigetsu estaba acostumbrado a tales eventos.
No obstante, su amiga y el albino, denotaban un aura de aburrimiento que los llevaba a comentar y criticar lo que fuera; específicamente a los invitados.
—Miren, gordo a las cuatro. Está mirando el trasero de esa señora.
Las dos dirigieron su mirada con disimulo, a donde Suigetsu, ubicado en medio de ambas; les indicaba.
—Su esposa es ciega o finge muy bien. Poco y le falta a la bola de grasa para sacarse los ojos y pegarlos en el trasero. Qué descarado. —dijo Sakura con desagrado manteniendo una expresión neutral.
—Creo que es amiga de la esposa. ¿Recuerdan? La de la sonrisa falsa. —habló Ino.
—Tienes razón. —secundó Sakura—. Ha de ser la amante.
Los tres asistieron en acuerdo.
Y ese era la especie de juego que habían creado. Observar las interacciones a su alrededor, criticarlas e inventar alguna historia sobre ello. En lo que llevaban jugando, ya tenían cuatro supuestas infidelidades, diez coqueteos mal disimulados, amistades falsas y futuros divorcios. Todo patrocinado por Sakura, quien había estado soltando veneno al hombre de la noche; Danzo. Ino sabía y comprendía sus motivos, por ello se había encargado de disipar la curiosidad de Suigetsu, quien estaba confuso ante esa actitud. Y fue por desviar su atención, por lo cual la rubia terminó creando ese juego.
—Pelirroja empollona a las once. —avisó Sakura.
—¿Qué pasa con ella? —cuestionó Ino sin entenderla. No había algo extraño para descartar en la susodicha, más allá de su largo cabello y el intenso rojo de su color, las gafas que le daban un aire de belleza e intelectualidad, y un vestido precioso, bastante insinuante para el gusto de Ino.
—Lleva mirando hacia acá desde hace rato.
—Quizás conozca a uno de nosotros. Se me hace familiar. —comentó Ino a la vez que bebía de su copa para disimular.
—¡Mierda! —masculló Suigetsu atrayendo la atención de ambas. El albino desvió su mirada al lado opuesto, y cuando Ino quiso interrogarle, una voz respondió a su duda.
—Suigetsu.
—Karin... —habló el chico en tono nervioso encarando lentamente a la recién llegada; la pelirroja empollona, como Sakura la había bautizado.
—No quise acercarme antes pues te veía ocupado. Pero supuse que les hablabas a tus amigas sobre mí, por las miradas que me lanzaban.
Los tres se reprocharon mentalmente, aunque jurarían que habían sido más cuidadosos.
—Eh... Sí...Yo... ellas... —El albino se aclaró la garganta—. No quería interrumpir nuestra conversación. Pensé que tenía tiempo suficiente para saludarte luego.
—¿Y bien? —Suigetsu la miró interrogante—. Ya que eres tan cortés, deberías presentarnos, ¿no crees? —inquirió Karin con un tono cargado de sarcasmo.
—S-sí... claro... Ellas son Sakura e Ino. —Presentó con un gesto de su mano para identificarlas.
Las aludidas simplemente asintieron, extrañadas por el raro comportamiento del chico. De la seguridad que lo caracterizaba no había señales, y era obvio para ambas que algo sucedía entre él y la pelirroja.
—¿Has visto a mi primo? —preguntó Karin después de responder a duras penas la presentación.
—No, no he visto al idiota. —respondió Suigetsu de mala gana. Como si la sola referencia le diera asco.
La pelirroja lo fulminó con la mirada.
—Como sea. Si lo ves, dile que me llame, estaré con el ególatra.
—Haz lo que quieras.
Y así como llegó, Karin se marchó sin despedirse, y dejando tres reacciones distintas tras de sí.
Sakura ya la detestaba. Suigetsu quedó malhumorado. E Ino estaba confusa y desconcertada por el peculiar encuentro.
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El cielo vestía su manto oscuro con innumerables estrellas. Una noche de verano, la primera después de casi cuatro años sin pisar su ciudad natal en esa época del año. Generalmente, realizaba una visita fugaz para verificar las cosas en su casa cada fin de año, después de todo era una herencia y su responsabilidad.
Recorría el camino hacia otra promesa hecha. No tenía prisas, llegaría con toda la parsimonia posible si eso lo retrasaba, si le evitaba tratar con los murmullos, las preguntas indiscretas, presentaciones, halagos y miradas que seguro le darían la bienvenida. Todo un conjunto de situaciones que le recordaban por qué había elegido un estilo de vida diferente.
Y, entre ello, una sola persona le recordaba por qué detestaba esa vida de alta sociedad. Una mujer que no deseaba ver rodeada de personajes de quienes huía, los mismos que ella había elegido sobre su felicidad, y afectaba la suya propia como si fuese un efecto colateral.
La vibración de su celular en uno de los bolsillos, lo sacó de sus cavilaciones.
Era un mensaje.
Más te vale que estés en camino. Sabes que odio esperar. -Karin.
Resopló. Su prima era otro motivo por el que caminaba con lentitud. Irónicamente, era la razón de su asistencia a esa fiesta. A veces, creía que el valor que le daba a sus promesas, solo traían problemas.
En lo que quedó de tramo hasta el salón, estuvo ideando excusas para apaciguar los reproches que la pelirroja le dedicaría.
Y lo temido aconteció. Fue poner un pie adentro y los murmullos cesaron, dejando una especie de silencio que permitía la fluidez de la música, a través de la instancia. Se sintió acosado por todas esas miradas, no importaba que durante horas previas se preparara psicológicamente para ello.
Sin embargo, cuando la incomodidad comenzaba a gobernarlo, la vio.
De nuevo, ella estaba presente para salvarlo, otorgarle valentía sin saberlo. Y, desconcertado en primer lugar; como si se tratase de un faro que lo guiaba con el rubio pálido de su cabello, caminó hasta donde ella lo miraba sorprendida.
Al igual que en la fiesta de Kiba, a ella se aferraría.
—Hola, Ino. —saludó sonriente con la idea de que estaban destinados a esta clase de encuentros.
Algo que empezaba a disfrutar.
—Naruto...
*Se habla de estas fases en el capítulo 8: Optimismo.
Nota: ¡Hola! Estoy aquí un poco tarde porque necesitaba retocar un poco los capítulos, ya que el 13 y el 14 están conectados a este, y debía verificar un punto que otro. Me disculpo por la demora. Por otra parte, quise dedicarlo un poco a la situación sentimental de Sakura. Vamos haciendo un progreso ¿no? En fin.
Gracias por leer, gracias por los comentarios. Y por favor, no olviden darme sus opiniones e impresiones.
Chao, chao.
