12. Tulip Hill

Harry iba a abordar el Expreso de Hogwarts de regreso a Londres. Había empacado todo en su oficina, limpiado su cuarto y estaba listo para irse. Cuando Gwendylon lo vio en la estación de trenes, le gritó.

–Oh, profesor ¿va a irse en el tren con nosotros? Puede compartir nuestro vagón si lo desea.

–Err… –dijo, pero se salvó de dar una respuesta.

–Hey, señor –George Llewellyn lo saludó alegremente–. ¿Dónde estaba durante la graduación? ¡Se perdió mi Patronus!

–Lamento escuchar eso –dijo Harry, y realmente lo lamentaba. No debería haber estado con Ginny cerca del lago. Debería haber estado de pie aplaudiendo a sus alumnos

–Hubo un poco de desorden, pero creo que McGonagall estaba muy impresionada.

–Debe haberlo estado –respondió Harry y les sonrió antes de girarse y empujarse entre la multitud y abrirse paso hacia el tren. Se las arregló para encontrar un tranquilo y pequeño vagón al final y ahí se sentó. ¿Había sido ése el vagón en el que se había sentado hace diecisiete años, donde había reflexionado sobre un hombre pobremente vestido y con un equipaje igual de miserable, con las letras R. J. Lupin impresas en su baúl? ¿Su ser de trece años había alguna vez supuesto que algún día ese hombre estaría muerto y él, Harry, sería el padrino de su hijo recién nacido? Remus Lupin le enseñó a Harry Potter y Harry Potter le enseñó a Teddy Lupin. Un extraño y trágico círculo.

La puerta se abrió y rápidamente se cerró de nuevo. Harry abrió un ojo y escuchó la conversación del otro lado de la puerta.

–Éste no. Hay un profesor adentro.

–Entonces vamos a buscar otro.

–No hay más –intervino una tercera y muy molesta voz–, debido a que ustedes dos tenían que ser bastante estúpidos y jugar "mantengámonos-lejos", ¿verdad? Entonces Dobson le fue a llorar a Clearwater, nos metimos en problemas, llegamos tarde y conseguimos el último vagón –ese definitivamente era Teddy. No podía ocultar lo bien que hablaba, sin importar lo mucho que se esforzaba.

Harry gruñó y consideró escabullirse a otro vagón. Estaba seguro que su ahijado quería un vagón para él solo y sus amigos. Sin embargo, antes de que pudiera moverse la puerta fue abierta de nuevo.

–Oh, es sólo el Profe P, imbécil –amonestó Scorpius a Leo–. Él no tiene problema con eso, ¿verdad, señor?

–Mmm–dijo Harry evasivamente, mirando por la ventana.

–¿Puedo preguntar qué está haciendo aquí? –preguntó Teddy, sonriendo ampliamente. Él sabía muy bien lo que Harry estaba haciendo en el Expreso: llevar a Teddy a casa.

–Cállate, hortera –Leo se dirigió a Ted. Harry había notado que esa era una broma entre ellos, y entre todos los chicos, en realidad. Sin duda, a cualquier persona estúpida la llamarían "genio", a una persona bajita le dirían que tuviera cuidado con los candelabros del techo y alguien majo era llamado "hortera".

Harry ignoró a Leo. Realmente no quería tratar de decirles que, después de todo, no tenía verdadero poder sobre ellos. Estaba seguro que trabajarían en eso rápidamente.

–Leo es nuestro muchacho de Londres, Profesor –le dijo Scorpius a Harry, sonriendo–. Vive la verdadera vida de las grandes ciudades, ¿no es así, Leo?

–Ese lugar está lleno de putos horteras, perdone mi lenguaje, señor –dijo Leo a Harry, intentado entablar una conversación–. Y de vagabundos. ¿Pero sabe lo que en verdad me saca de quicio? ¡Esos malditos trabajadores de beneficencia!

–¿Un beneficencia qué? –preguntó un desconcertado Teddy.

–Se nota que siempre has tenido una vida protegida. No te preocupes. Hey, profesor, usted sabe lo que es un trabajador de beneficencia, ¿verdad?

–Sí –dijo Harry, todavía sin dejar de mirar el paisaje.

–Sí, bien. Londres está jodidamente lleno de ellos. Si caminas unos metros por Oxford Street sin ser detenido por alguno, mereces un premio –acotó Leo, con una sonrisa–. Mi papá los odia, saben. Él es un ejecutivo, trabaja justo en el centro de Londres, y dice que siempre a la hora del almuerzo están ahí, acosándolo. Está realmente cansado de eso –continuó Leo.

–¿Vives en Londres y tú papá es un ejecutivo? Tú eres el niño rico entonces, no yo –indicó Teddy.

–No soy un majo de mierda –dijo Leo acaloradamente y las cosas se habrían ido de las manos de no ser por la intervención de Scorpius.

–No importa. Hay mucha gente en Londres –dijo suavemente después de calmarse, encogiéndose de hombros.

–Sí, ustedes no saben mucho sobre eso –Leo se rió–. Profesor, aquí tenemos a Teddy "el niño majo" y a Leo "el muchacho de Londres". ¿Sabe lo que Scorpius es?

–No –dijo Harry finalmente mirándolos.

–Él es nuestro jodido "chico del campo". ¡No bromeo! Él vive… hey, Scorpius ¿dónde es que vives?

–En Tulip Hill –respondió Scorpius sin maldad, recostado perezosamente, examinando una medio derretida Rana de Chocolate que acababa de descubrir en su bolsillo.

–Sí ¿y dónde coño es eso?

–Kent –murmuró Harry aturdido. Los chicos lo miraron sorprendidos. Teddy lucía extasiado.

–Hey, –comenzó Teddy–, ¿eso no es…?

–Espero que no te vayas a comer eso –Harry rápidamente cambió el tema, intentando recuperarse del susto y viendo como Scorpius miraba a la rana con una expresión de esperanza. Bajó la rana y miró a Harry.

–Hey, señor ¿dónde vive?

–En ninguna parte –dijo tratando de que su voz sonara suave. Leo comenzó a reírse a carcajadas, golpeando la silla con el puño y con los ojos llorosos de regocijo.

–Un vagabundo en el tren. ¡Me recuerda a casa!

Teddy y Scorpius se echaron a reír. Harry sacudió su cabeza y sonrió.

–Todo lo que necesitamos es un borracho y un par de gitanas –siguió diciendo Leo, intentando calmarse–. ¡Y entonces tendríamos un pequeño puto Londres!

–Vendí mi casa, antes de irme a Hogwarts a dar clases –explicó Harry sobre sus risas. Scorpius le dio un mordisco a su rana, hizo una mueca y se la lanzó a Leo–. Me estoy mudando a…

–¡Vamos a una nueva casa en Tulip Hill! –soltó Teddy con entusiasmo.

Los chicos se miraron entre sí.

–Oh, cierto. Había olvidado que él es tu padrino –dijo Leo.

Harry estaba sorprendido de que Teddy se lo hubiera contado a sus amigos.

–Ustedes… ¿ustedes los saben?

–Sí, supongo que usted debe ser un padrino fantástico –Leo habló con sabiduría. Sin embargo, Scorpius parecía estar pensando lo mismo que Teddy.

–¡No puede ser! ¿Me estás jodiendo? ¿También vives en Tulip Hill? Eso es completamente asombroso, Teddy. Podemos salir todos los días…

Harry ahogó un grito.


Esperaba pacientemente en la plataforma de King Cross, viendo las alegres reuniones de padres e hijos, hermanos y hermanas, familiares y amigos. Scorpius había corrido hacia su padre quien lo estaba esperando con los brazos cruzados.

–No me digas que estas son las vacaciones de verano –Draco soltó un suspiro–. Tendré dos meses contigo y tus locos experimentos.

–Siempre me puedes enviar a Francia, Leo va a Francia –dijo Scorpius celosamente. Leo, quién estaba cerca, le sacó la lengua alegremente.

–Pensé que odiabas Francia –Draco frunció el ceño.

–Sí, lo odio. Está lleno de croissants y toda esa mierda.

–Un excelente resumen –dijo Draco secamente.

–Sí, pero si tú me llevas, entonces lo podría decir según mis experiencias –sugirió Scorpius.

–Será mejor que comiences a ahorrar, entonces –rió Draco y Scorpius hizo una mueca–. ¿Listo para partir?

–Sí, pero espera, me tengo que despedir de Leo y Teddy. Leo ¡Leo! ¡LEO! Tú, maldito idiota. Ven aquí y despídete apropiadamente, pedazo de mierda…

–Vete a la mierda. Jodido chico del campo –replicó Leo, acercándose a Scorpius y golpeándolo ligeramente en el hombro.

–Disfruta de tus vagabundos por todos lados, muchacho de Londres –Scorpius sonrió antes de empujarlo, mientras Leo comenzaba a perseguirlo arrojando Ranas de Chocolate a su espalda.

–¿Ése es su amigo? –preguntó Draco con incredulidad– ¿Siempre se tratan así?

–Sí –respondió Harry distraídamente, mirando a su alrededor– ¿Teddy, te importaría…? Oh, bien…

A lo lejos, Teddy irremediablemente resbaló sobre una Rana de Chocolate aplastada, aullando de risa, mientras Leo y Scorpius trataban desesperadamente de levantarlo.

–Espero que no hayas muchas visitas estas vacaciones –dijo Draco mientras fruncía el ceño.

–Oh, Teddy no es tan malo. En cambio a Leo si tienes que vigilarlo. Él es el socio de Scorpius en sus delitos. Aunque Teddy tiene un amplio conocimiento de Sortilegios Weasley.

–Gracias por los consejos.

–De nada –Harry respondió con cortesía.

Se quedaron ahí de pie por un tiempo en un incómodo silencio. Draco era paciente, notó Harry. Ninguna vez le gritó a Scorpius o lo llevó a rastras al carro.

–Hay luna llena esta noche –se dio cuenta Harry, pensando en la noche que se acercaba.

Draco lo miró, sonriendo tristemente.

–Lo sé. Nunca lo olvido.

Levantó su muñeca y Harry vio un reloj en ella. En lugar de números, había pequeñas lunitas, todas en diferentes etapas de creciente y menguante. En esos momentos, la aguja estaba donde debía estar el número doce -la luna llena.

–Ya no lo necesito –Draco dejó caer su mano–. Tan sólo lo sé.

Hubo una pausa, silencio, y entonces…

–¡Harry!

Ginny se acercó, vestida al estilo muggle con un vestido veraniego de algodón, el cabello derramándose sobre sus hombros y su rostro radiante. Lucía tan fresca, pensó Harry. Incluso ese día, con un cielo azul y una briza demasiado caliente.

–¡Oh, Harry! Siento llegar tan tarde. El tráfico estaba horrible, tuve que recurrir a algunos trucos –Ginny le guiñó un ojo, inclinándose y besándolo, hurgando en su cartera al mismo tiempo–. ¡Oh, aquí están las llaves! ¿Quieres conducir?

Harry se encogió de hombros sin decir ni una palabra, mirando las llaves en su mano. Ginny sonrió, enlazando su brazo con el de él y guiándolo lejos de la plataforma.

–Pensé que podría traer mi nuevo carro. George lo compró para mí como un regalo de cumpleaños adelantado. En verdad me malcría. ¿Sabes qué es? –preguntó Ginny con entusiasmo–. Es un… –lo sacó de la estación–, ¡es un Jaguar completamente nuevo! O algo así. Papá estaba muy celoso.

–Oh.

–¿No es hermoso? –rió– ¿No es la cosa más bella que has visto? ¡Ahora sabes porque tenía que conducirlo hasta aquí hoy, en lugar de tu pequeño auto blanco!

–Un Mazda –murmuró Harry.

–¿Qué?

–Es un Mazda. Esa es la marca.

–Oh. En verdad no sé mucho sobre marcas de autos. George me dijo cuál era este. ¡Oh, suena tan exótico! ¿No es maravilloso? Y sabes, el rojo es uno de mis colores favoritos. Para un carro, claro. De todas formas, ¿qué estamos esperando? ¡Entren! Les encantará. ¡Vamos! –Ginny soltó una risita y abrió la puerta del conductor para él–. Es asombroso. ¡Oh, Merlín! –de repente bajó la voz–. Es Malfoy –escupió el nombre, mirándolo mientras caminaba al asiento del pasajero. Harry no dijo nada.

–¡Qué risa! Yo estoy aquí en mi nuevo Jaguar mientras él está manejando alguna cosa barata. ¿No es increíblemente divertido? Todas las veces que me llamó pobre –se rió Ginny, colocándose el cinturón de seguridad–. Bueno, me pregunto quién se ríe ahora –lo miró a él–. ¡Harry, di algo! ¡Apenas has dicho una palabra desde que me has visto!

Harry miró en su espejo retrovisor a un sombrío Teddy, hundido en el asiento trasero. Sus ojos se encontraron y lo entendió: toda esa situación era vergonzosa. Draco, sangre pura (y rico), aristócrata, con un discreto Audi de buen gusto. Ginny Weasley con su Jaguar rojo brillante.

–Bueno. ¡Di algo! –demandó Ginny. Harry finalmente la miró.

–Está vacío.

–¿Qué?

–La gasolina.

–¿Gasolina? ¿Qué es eso? –Ginny lo miró confundida.

Harry suspiró.


–Scorpius, siéntate en el asiento trasero

–¿Por qué?

–Porque eres pequeño y no necesitas espacio para estirar las piernas –dijo Draco, ajustando los espejos.

–Pero… –Scorpius se detuvo a mitad de la frase al darse cuenta que se sentaría con Teddy y felizmente se encaramó en la parte de atrás– ¡Sin bolsos en el medio!

–No colocaré nada en el medio –espetó Teddy.

Un forcejeo comenzó cuando Ginny se sentó entre ellos.

–Oh, Ginny. Puedes sentarte adelante –trató de convencerla Harry, pero Ginny negó, señalando la espalda de Draco.

–No, gracias. Prefiero no hacerlo –dijo en un tono alegre, a pesar de estar haciendo una mueca–. No quiero molestar a nadie.

Harry sabía que esto no iba a ser fácil. Draco se había comportado correctamente cortés y servicial. Ni sonrisas despectivas ni burlas habían cruzado su rostro y su voz no tenía un tono presumido o condescendiente. La única emoción que había surcado su cara hasta ese momento era exasperación por lo inquieto que estaba Scorpius. En ese momento que ya todos habían subido al auto, Scorpius se estaba portando mal. Como siempre.

–Hey, bonito carro "niño majo" –se rió disimuladamente de Teddy.

–¡No es mi carro! Y tampoco es de Harry. Es de Ginny.

Ginny parecía herida y Harry suspiró, sintiéndose mal por ella.

–Vamos, no comiencen a pelear de nuevo –dijo Harry en tono de advertencia, estirando el cuello para verlos.

–Pensé que habías dicho que Ginny traería tu Mazda –Teddy lo miró de manera acusadora.

–Bueno, al parecer hubo un cambio de planes –Harry no se podía enfadar con Teddy, entendía su vergüenza, más aún frente a su amigo del colegio.

–Nadie me dijo nada –acusó con mala cara.

–No te tengo que decir todo lo que pasa por aquí, no soy un maldito tablón de anuncios –espetó Harry exasperado mientras Scorpius lo miraba fijamente.

–¿Qué? –preguntó.

–Sonó exactamente igual que papá.

–Oh.

Harry se dio la vuelta, completamente avergonzado. Sonaba como Draco. Grandioso. Miró a Draco quién estaba mirando hacia el frente, a la carretera. Aunque Harry podía jurar haber visto una leve sonrisa en su rostro.

–Estoy aburrido –dijo Teddy con fastidio desde el asiento de atrás.

–Jueguen algo –sugirió Harry, hojeando el periódico. ¡La tragedia ataca! Cornelius Fudge sufre un fatal ataque cardíaco Harry no sentía ninguna simpatía por el viejo excéntrico.

–Conozco un buen juego –Teddy reía disimuladamente y Harry inmediatamente se dio la vuelta, agarrando el brazo de Ted, a pesar de la restricción del cinturón de seguridad.

–Por supuesto que no. ¡No van a escribir groserías en la ventana o los sacaré de aquí y tendrán que caminar!

–¿Todo el camino hasta Tulip Hill? –Scorpius se burlaba.

–Sí –dijo Harry, mirándolo ferozmente, Scorpius parecía indignado.

–Eso es mucho, señor –comenzó, pero Teddy estaba sonriendo ampliamente.

–Él no lo haría. Es un blandengue.

–No lo soy –gruñó, pero los chicos se reían de él. Al final se calmaron y continuaron hablando en voz baja. Harry los escuchaba distraídamente.

–…sí, un maldito dragón… está lleno de eso…

–Y una botella de Whiskey de Fuego, no hay que olvidar esa parte.

–Mmmm.

Hubo un silencio prolongado, luego…

–Es una pena lo Cornelius Fudge, ¿eh?

–Sí –una pausa–. Pero era un real saco de mierda, ¿no?

Harry y Draco se echaron a reír al mismo tiempo.

–¿Qué? –preguntó Scorpius, sonriéndoles, bastante complacido consigo mismo. Harry había notado que a Scorpius le gustaba hacer reír y sonreír a la gente. El problema era que no todos tenían su mismo sentido del humor y no todos lo apreciaban.

Después de un tiempo, Teddy sacó un paquete de Snap Explosivo y los chicos jugaron un rato, mientras Draco conducía. Harry contempló el oscuro cielo y luego observó a Draco, sorprendido de ver su rostro pálido y su expresión tensa. Harry frunció el ceño y luego miró por el espejo retrovisor y notó a Scorpius mirando por la ventana, sin prestarle atención a Teddy y muy inquieto.

Oh.

Esa noche había Luna Llena.

–Me siento un poco mal –dijo Harry de repente. Ginny inmediatamente lo miró con preocupación.

–¿Estás bien? ¿Quieres agua? –le preguntó rápidamente.

–No, sólo necesito un poco de aire fresco –escudriñó a Draco y sus miradas se encontraron brevemente.

Draco frenó suavemente y se detuvo. Ginny, por su parte, en pocos segundos se desabrochó el cinturón de seguridad y se las arregló para subir sobre los chicos.

–Aguanta, Harry. Voy a salir…

Draco se bajó del coche y caminó hacia el lado del pasajero, donde estaba Harry. Sacó un paquete de cigarrillos y le ofreció uno.

–¿Estás fumando? –Ginny le mandó una mirada feroz.

–Sí.

–¿Con niños alrededor?

–Mis disculpas –Draco se alejó, pasando por encima de una zanja baja, por lo que ahora estaba de pie en el borde de un campo. Harry lo siguió y Ginny se retiró molesta, cerrando de un golpe la puerta del carro y murmurando.

–¿Cuánto falta hasta Tulip Hill? –susurró Harry, mientras Draco respiraba hondo y miraba sus pies, aparentemente sumido en sus propios pensamientos

–Casi media hora. No lo lograremos.

Permanecieron en silencio por unos momentos, unos preciosos segundos. Harry observaba con aire distraído mientras Draco sacudía las últimas cenizas de su cigarrillo. Sus manos permanecían firmes y Harry se dio cuenta de que probablemente era presa del pánico en su interior.

–Aparición Conjunta.

–¿Qué? –preguntó Draco.

–Aparición Conjunta –repitió Harry–. Te puedes Aparecer con él…

–No puedo.

–¿Por qué no?

Draco levantó su mirada hacia él, sus ojos difíciles de leer. –Se supone que soy un muggle, ¿recuerdas?

–Oh. Ehh… cierto –Harry le echó un vistazo al auto. Scorpius los miraba mientras Ginny trataba paciente e insatisfactoriamente de entablar una conversación con Teddy–. Mira, me puedo Aparecer con Scorpius, ¿qué opinas? –no estaba seguro de cómo sería recibida su sugerencia, pero Draco asintió rápidamente.

–Muy bien. La dirección es 42 Roseneath Road –murmuró–. No tengo protecciones anti-Aparición puestas, así que no deberías tener ningún problema.

–Bien.

–Scorpius sabe qué hacer. Siempre uso el garaje, en noches de luna llena estaciono el carro en la calle. Aquí está la llave –Draco tomó un manojo de llaves de su bolsillo y sacó una pequeña de plata, se la entregó a Harry junto con otras dos.

–Muy bien. Sólo le voy a decir algo a Ginny. Ya regreso

Draco frunció el ceño. –¿Vas a contar una creíble historia para encubrir todo?

–Sí –Harry lo dejó ahí, y se dirigió al coche, abriendo la puerta donde estaba Ginny–. Ginny, Scorpius no se siente muy bien –en ese momento, Scorpius resopló de una manera poco convincente–. Necesita su inhalador de asma. Voy a Aparecerme con él.

–¿Por qué no lo puede hacer Malfoy? –le preguntó Ginny, mirándolo infeliz.

–Porque tú, idiota… –comenzó Scorpius, pero Harry se apresuró a cortarlo.

–No confía en ninguno de nosotros para manejar su carro. Lo siento, Ginny –hizo una mueca.

–Oh. Típico. Bueno, te veré en la casa de Malfoy, supongo –se volvió a sentar, suspirando.

–Gracias, Ginny. Vamos, Scorpius.

Scorpius salió a trompicones y ambos miraron a su alrededor furtivamente, en busca de muggles. Draco se les acercó y asintió.

–Scorpius, necesitarás explicarle a Harry lo que hay que hacer. Llegaré a casa en al menos medio hora.

–Está bien –dijo y Harry lo sujetó a su lado, antes de Desaparecerse con un fuerte crujido.

Draco se quedó mirando el lugar donde momentos antes habían estado antes de caminar de regreso al auto.

–Estamos sólo nosotros ahora –dijo Ginny brillantemente y Draco esbozó una sonrisa forzada.

–Sí, sólo nosotros.

Teddy lucía desdichado.