Capítulo Doce: La carta.

-Y… ¿qué tal?- preguntó Yazrin.

-Tendré que hacer otra cosa- dijo Kharissa mientras fundía el metal.

Dentro de una cueva oscura y de dura piedra, cuya única iluminación y ornamentación era una forja que se mantenía ardiendo, el troll y la elfa de sangre hablaban sobre los preparativos para el disfraz de Shiraela. Kharissa estaba concentrada en el metal hirviendo, cuya forma líquida era vertida con el mayor de los cuidados en unos moldes que estaban a un costado.

-Por lo que pude ver, la maga puede encantar cosas, pero todavía no es tan poderosa para recrear lo de mi cinta…

-¿Qué ha sío de esa cosa?

-Todavía la tengo- respondió concentrada en el metal- pero está rota.

-¿Y po' qué no la reparas?- preguntó el troll.

-Puedo volver a repararla, pero el encantamiento se desvaneció… y no creo que él quiera volver a verme.

El druida había entendido de lo que hablaba, aquél que inyectó el encantamiento a la extraña cinta para el cabello era un miembro del alto mando de La Guadaña Obsidiana, y como estaban las circunstancias, no podía volver con él y pedirle que lo hiciera de nuevo…

Por otro lado, Shiraela se encontraba elaborando más vestimentas para Kharissa, con Malakea siempre observando el proceso en primera fila. Kahoo no pudo evitar sentir curiosidad por la forma de coser de la maga, así que sin molestarla del todo, se dedicó a mirar.

-¡Por fin terminé!- exclamó Shiraela con júbilo.

Victoriosa, extiende la prenda entre sus manos, mostrando un largo y sencillo vestido entallado de color perla, sin mangas y con un escote pronunciado.

-Está linda- dijo Malakea tocando el vestido- mi tía se alegrará mucho…

De pronto, la puerta principal se escucha, entrando una sudorosa elfa de sangre con un enorme bolso gris abultado y de apariencia gastada.

-¿Ya está listo? ¿Tan pronto?- dijo la elfa sorprendida, acercándose a la maga- muéstramelo.

Sujetando la prenda, Shiraela le muestra su trabajo, notando como la expresión cansada de Kharissa cambiaba a una eufórica de forma repentina.

-Justo como la quería- decía mientras luchaba con sus ansias de arrebatarle el vestido.

Yazrin apoyaba su espalda contra la puerta, cruzándose de brazos mientras contemplaba la curiosa situación. Las cosas han estado tranquilas hasta ahora, aunque ha estado notando la tensión, tensión causada por la ignorancia, por no saber el por qué se daba todo. Quizás fue ridículo haber permanecido en silencio por tanto tiempo, pensando que era mejor decir todo cuando la maga pudiera entender un poco el idioma orco, para que así todos pudieran recibir la información al mismo tiempo.

Los ojos de Shiraela se topan con los suyos, quedándose así por un breve momento para desviarse, poniendo su atención en la pequeña. Viendo más allá del grupo, Mikha tenía su mirada fija en él desde un extremo alejado de la sala. Los labios de la tauren se mueven con lentitud, y sin sonido alguno, emitieron claramente su mensaje.

-¿Hasta cuándo?- dijo Mikha.

Verde y azul se mantienen fijos a pesar de la larga distancia, unidos por un tenso trance que amenazaba con romper la calma casi teatral de su alrededor. Mikha no aguantaba más, quería desenvainar su espada e hincar la filosa hoja sobre el largo cuello azul…

-Te ves tensa - habló Kahoo con suavidad- ¿estás bien?

Frustración… un amargo sentir surgió de su interior al ver la templanza de su hermano mayor. La guerrera solo tuvo la opción de excusarse torpemente, alegando que necesitaba atender a su kodo, teniendo que retirarse del lugar por la puerta principal, donde el druida se encontraba. Sin mirar a nadie, se retiró, preguntándose cómo hacía el tauren negro para permanecer tranquilo ante toda esta interrogante… más le valía al druida que la razón de su silencio fuera buena…

Un día más transcurre, y esta vez nos encontramos con la maga fuera de la cueva, acompañada de la pequeña Malakea, quien revoloteaba a su alrededor emocionada de ver el bosque.

-Hace tiempo que no salía…

Shiraela no pudo evitar sonreír con un poco de nerviosismo, ya que la elfa nocturna había logrado manipularla para lograr que salieran juntas. En realidad, las dos lo necesitaban, ya que la niña se encontraba muy inquieta dentro de la cueva, y la misma maga se encontraba irritable, en especial cuando en esa misma mañana, el druida intentó despertarla de su profundo sueño, tomándola de un pie para moverla con brusquedad. El método funcionó, pero terminó con la maga evidentemente enojada y con una fuerte patada en una de las rodillas del troll.

-Solo espero que a Kharissa no le importe…

Su pensamiento se interrumpe con las risas de Malakea, las cuales se sentían lejanas. Delante de ella, a unos cuantos metros, la niña estaba corriendo, escabulléndose por la verde inmensidad.

-¡Malakea…!- exclamó la maga, intentando seguir la diminuta silueta.

-¡Alcánzame!- le respondió Malakea.

Algo que reconocía de la niña era su agilidad, una cualidad típica de los elfos nocturnos, ya que la pequeña ya se estaba escabullendo por los matorrales con gran destreza. Shiraela tuvo gran dificultad en seguirla, uno de sus atributos no era exactamente una buena condición física, su rapidez era aplicada a sus hechizos, no así a sus piernas.

-¡Malakea, espérame!- gritaba al aire.

Durante un tiempo, la maga se encontraba buscando a la escurridiza niña, hasta que en un momento divisó un camino que dirigía hacia el norte y hacia el sur. Al igual que en otras zonas de Vallefresno, los árboles difícilmente dejaba pasar la luz solar. Además de esto, se podían apreciar algunos espíritus cerca de los troncos robustos, el aire entraba fresco por su nariz al respirar…

-No puedo perder el tiempo, debo encontrarla…

Dirigiéndose hacia el camino, más follaje le daba la bienvenida, buscando entre su espesura alguna sombra que le indicara que estaba cerca. No obstante, ya casi llegando a toda velocidad, tuvo que detenerse en seco, viendo dos hombres que estaban de pie cerca de los bordes del camino. Escondiéndose entre el follaje, se movió lo más cerca que pudo de ellos, llegando a estar a unos pocos metros. Pudiendo observar bien sus facciones, se tensa al instante al reconocerlos como los hombres que estaban en aquel grupo de acosadores. Los dos eran morenos y estaban ataviados con armaduras de placas, lo único que los diferenciaba eran sus atributos; uno de ellos tenía una corta melena gris que cubría su rostro moreno, sus ojos oscuros miraban al otro hombre con una expresión preocupada. El otro era de un corto cabello negro, de pequeños ojos castaños, quien sujetaba entre sus guanteletes un pedazo de papel de apariencia arrugada.

-Has leído mucho esa carta, Fennor- dijo el hombre de cabello gris rascando su frondosa barba del mismo color.

Fennor cierra los ojos un momento, abriéndolos de nuevo para mirar a su compañero. Aquella mirada reflejaba preocupación, haciendo que el hombre de gris cabellera lo tomara de los hombros.

-Aun cuesta asimilarlo, Zerarth- dijo Fennor- ¿cómo pudo pasar esto?

-Es lamentable lo que pasó- dijo Zerarth separándose de sujeto- nosotros nos aseguraremos que pague.

Shiraela escuchaba a los hombres con atención, el tono de voz de Zerarth era severo y lleno de venganza… que sujetaba una determinada promesa que debía realizarse.

-Así es… -dijo Fennor, un poco animado- una vez que tengamos la cabeza de ese troll, podremos reconstruir la hermandad y ser tan fuertes como antes.

-Ese es el espíritu, muchacho.

-Mejor sigamos buscando, Rocko tiene poca paciencia…

-Ese tipo está loco… ¡muy loco!

Fennor y Zerarth se alejan del camino, adentrándose en unos matorrales para salir de ellos con sus caballos acorazados, los cuales se alejaban a gran velocidad hacia el sur. Ya bastante lejos de la maga, esta se sale de su escondite al notar que la nota que Fennor tenía en sus manos estaba en el suelo. Recogiendo el papel con rapidez, se vuelve a esconder en la espesura, y desarrugando el papel, se encuentra con lo que parece ser una carta, la cual se dispone a leer…

Malakea se encontraba cerca de la maga, aburriéndose del juego al que la metió de forma involuntaria. Acercándose a la humana agachada, toca sus hombros, pero no reacciona con su contacto. Preocupada, la niña queda frente a ella, moviendo una mano frente a sus ojos para captar atención.

-¿Te pasó algo?- preguntó Malakea.

Los ojos de la humana estaban abiertos, incrédulos y algo rojizos. Shiraela parecía afectada por algo y la elfa nocturna empezaba a preocuparle en demasía, teniendo que zamarrearla de los hombros para que pudiera reaccionar, logrando que parpadeara unos instantes.

-Malakea…- murmuró Shiraela, volviendo en sí- es cierto… tenemos que volver- continuó irguiéndose del suelo- tu tía debe de estar preocupada.

Tomándola de una mano, Shiraela guía a Malakea en dirección hacia su refugio, donde los demás podrían estar esperándolas. La maga pensaba que la pícara la increparía duramente por haberse llevado a la niña afuera, pero en estos momentos, algo más ocupaba su mente, y la nota tenía mucho que ver…

Para cuando volvieron, el atardecer ya estaba comenzando a ocultarse bajo el mar; subiendo las montañas sombrías con cuidado, se encuentran en la entrada de la cueva con una enojada elfa de sangre, con las manos sobre sus caderas y el ceño fruncido.

-¿Y ustedes dónde estaban?- dijo Kharissa seria.

Shiraela solo pasa de ella, haciendo que Kharissa se irritara más.

-¿No vas a responder?- inquirió otra vez, siguiéndola de camino hacia su hogar.

-Tía Kharissa…- dijo Malakea tomándola de una mano- parece que algo le pasó…

-Y tú estás en serios problemas, señorita- respondió la pícara apretando su pequeña mano- pero tendrás que esperar hasta que le hable…

Una vez que entraron en su hogar secreto, las elfas siguieron a la humana hasta la estancia principal, donde los tauren estaban sentados uno al lado del otro en el sofá azul, con una neutralidad marcada en ellos. El troll, por otro lado, apoyaba un hombro sobre la pared rocosa, quedando levemente inclinado sobre ella con los brazos cruzados. Los presentes las ven entrar, el troll se acerca a la humana, notando la misma mirada vacía que había sentido sobre él hace unos días atrás… algo había pasado.

-Oye, maga…- sentenció el druida preocupado.

-¿Qué tienes en la mano?- inquirió la elfa de sangre, quitándole la nota de una de sus manos.

Reconociendo el idioma común, la elfa de sangre pudo leer sin problemas, no pudiendo evitar su sorpresa con el contenido de esta. Una vez terminada la lectura, se acerca a Shiraela, mirándola fijamente con el papel entre sus delgadas manos.

-¿Es esto cierto?- preguntó Kharissa.

Como un atisbo de una reacción, Shiraela solo asiente con la cabeza, la expresión de la elfa de sangre se tensa, mirando de golpe a la pequeña elfa nocturna que estaba a su lado.

-Es hora de dormir, Malakea- dijo Kharissa.

-Pero todavía es temprano…- se quejó Malakea.

-Vete a tu habitación- dijo la pícara con un tono más golpeado y una mirada más seria.

Asustada, la niña se separa de su tía, dando a todos una leve inclinación de cabeza antes de retirarse por la puerta de la derecha de la estancia, cerrándola detrás de sí. Luego de un momento de silencio, Kharissa dirige una seria mirada a Yazrin.

-Así que esto es serio…- dijo Kharissa, volviendo la vista hacia el papel.

-¿Qué es esa nota?- preguntó Kahoo.

-Una carta… dirigida hacia los miembros de una hermandad- respondió la elfa, mostrando un símbolo que estaba en el encabezado de la hoja- ¿alguno de ustedes conoce este símbolo?

El símbolo que estaba en el encabezado era una llama roja, que estaba rodeada por unas hojas de laurel. Kahoo y Mikha adoptan una cara de sorpresa, reconociendo el símbolo que usaba la hermandad Llama Escarlata.

-¿Qué tienen que ver esos en todo esto?- inquirió Mikha.

-Aquí está el motivo…

Alzando la nota frente a sus ojos, Kharissa empieza a leer, traduciendo la carta al orco mientras leía.

-"Estimados compañeros y hermanos- comenzó- una gran tragedia vino hacia nosotros, tan rápida como inesperada. Como bien saben, un gran compañero nuestro nos fue arrebatado hace algunos días…"

Yazrin veía como los tauren ponían total atención a la nota. Kahoo movía las orejas, cruzando los brazos mientras bajaba la cabeza, una manía que, según el troll, siempre hacía cuando analizaba algo. Mikha por otro lado, miraba de reojo al druida mientras escuchaba, con total incredulidad. Shiraela solo se limitó a mirar al suelo, quedándose quieta sobre su lugar como si fuera una estatua.

-"… a pesar de esto, debemos permanecer unidos y fuertes, como la gran hermandad que siempre hemos sido- continuó Kharissa- Este acto no quedará impune, la cabeza de Yazrin, su asesino, será nuestra. Y con esta promesa, les demostraremos a la Guadaña Obsidiana que meterse con nosotros ha sido un error que pagarán…"

-¿Eso es todo?- preguntó la guerrera tauren.

-Lo demás que sale es la cantidad de diez mil monedas de oro por una cabeza de troll y más discurso vomitivo sin importancia- dijo la elfa de sangre, tirando la hoja por encima de su hombro.

-¿A quién mataste, Yazrin?- preguntó Kahoo.

Shiraela levanta la cabeza, sintiendo como aquella pregunta taladraba con crudeza en sus oídos. Por alguna razón, sintió que la respuesta que se dará no iba a ser en absoluto agradable...

-Mataste a alguien de mi...- articuló Shiraela, sin poder terminar la frase- ¿quién...?

Su corazón se sentía apretado, sus ojos luchaban por mantenerse fijos en el druida, esperando una respuesta. Luego de un momento de silencio, respondió, recapitulando los eventos de esa tarde en la jungla. Estaba luchando contra un humano, un pícaro. Estaban solos, su batalla parecía no acabar, ya que los raudos movimientos de su forma felina y el ágil cuerpo del humano los hacía quedar parejos. Heridas y rasguños eran repartidos por igual, hasta que en un instante, el pícaro se sentía en desventaja, provocando una huida que el mismo druida no iba a permitir.

-¿Y después?- dijo Kharissa para luego explicarles a los tauren el relato en orco.

-Huyó... y lo seguí- respondió el druida- sabía move'se, pero logré alcanza'lo, llegué mo'dé una de sus pie'nas...

La maga seguía muda, prestando especial atención a como el druida había hecho tropezar al pícaro, dándole la oportunidad para abalanzarse sobre su espalda. Su víctima se resistía, intentando alcanzar su daga que cayó a unos centímetros de sí, pero las patas del felino ejercían presión sobre el cuerpo, en especial sobre el brazo alzado, haciendo que el pícaro diera unos gemidos de dolor. Ya cuando lo tenía en su lugar, el druida dirigía sus afilados dientes hacia el frágil cuello tibio, pero un brillo que había captado por el rabillo del ojo hizo que diera un salto hacia un lado, descubriendo a otro personaje, un humano ataviado en una brillante armadura de placas, llevando puesto un casco de placas igual de brillante que la armadura. El guerrero de la armadura arremete con su espada en contra del felino, el que esquivar los golpes gracias a su flexibilidad. Tomando distancia, el felino se rodea de un brillo verde, tomando la forma de un furioso trol que empuñaba una enorme lanza entre sus manos.

El misterioso espadachín lanzaba unas estocadas precisas y rápidas, dándole a entender al druida que se estaba aprovechando de que su dañada armadura de cuero le mostraba que zonas de su torso se encontraban vulnerables. Decidido a mantenerlo a raya, Yazrin tomaba ventaja del largo alcance de su arma, llegando incluso a golpearlo en un costado con el pomo de la lanza. Retrocediendo, el espadachín aprieta el agarre de su arma, abalanzándose sobre el trol con movimientos furiosos que se volvían torpes. Finalmente, el momento máximo de vulnerabilidad se hizo visible, en un momento cuando el espadachín había lanzado un golpe con su espada que lo dejó en una posición parcialmente agachada, el druida tomó el momento para enterrar la punta de su lanza por la rendija del casco que le dejaba ver al espadachín, enterrando más el arma en su cabeza, alzándolo por el aire un momento para enviarlo de vuelta al suelo sin sacar la hoja, la cual estaba escurriéndose con la cálida sangre que emanaba del casco, llenándolo completamente de rojo, manchando sobretodo un elegante par de alas talladas que tenía en sus costados...

-¡No puede ser...!

Todos miran a la maga horrorizada con el relato. Kharissa se le acerca, colocando una mano sobre un hombro.

-¿Shiraela...?

Shiraela no sabía que hacer, su aliento quedó atrapado en su garganta ante el relato. Su horror fue latente cuando pudo captar a Yazrin mencionar las alas del casco...

-No... no...

-¿Qué te pasa?- preguntó Kharissa.

Enfocada en Yazrin por un leve instante, Shiraela tenía una expresión que nadie pudo descifrar. El casco de las alas le pertenecía a alguien que conocía... alguien que conocía muy bien.

-Uh... Ulrich...

-¿Ulrich? ¿quién es Ulrich?

La voz de la elfa hace que reaccionara. Shiraela mira alrededor, encontrando a unos pasos de los tauren el pequeño libro que usaba para aprender orco, que reposaba tranquilamente sobre una mesita pequeña que estaba al lado. Llega hasta él para tomarlo y buscar las palabras indicadas. Ya con las páginas fijas, se dedica a leer en orco.

-Ulrich… Ulrich Greyfeather…- tartamudeó Shiraela- es… era… el líder…

-¿Era un maestro de hermandad?- la interrumpió Kharissa.

Su mirada le indicaba que en efecto, era el maestro de hermandad de la Llama Escarlata. Volteándose hacia los tauren, les vuelve a explicar en orco sobre este nuevo descubrimiento. Mikha se dirige rápidamente hacia Yazrin, agarrándolo de un colmillo para obligarlo a mirarla.

-¿Eres imbécil o te haces?- dijo Mikha enojada- ¿era por esto que nos mantuviste con la duda durante días?

Soltando su colmillo con brusquedad, procede a abrazarlo con la misma fuerza, manifestando un gran júbilo.

-¡Estas han sido las mejores noticias que he oído desde que estoy aquí!- exclamó la tauren alegre- y yo pensando que eras un enorme idiota que para lo único que sirve es para…

-Mikha…- la detuvo Kahoo- cálmate.

-Lo siento- se disculpó, soltando al druida para mostrar un rostro alegre- de seguro Mor'tan y los demás habrán oído de esto… ¡Azakel debe de estar retorciéndose de envidia!- volvió a exclamar con júbilo.

-La muerte de un maestro de hermandad no es algo menor… y si lo que dice la carta es cierto- divagaba el sacerdote- es muy probable que los miembros de esa hermandad estén comenzando a tomar represalias.

-¿La chica era de esa hermandad?

-Lo era… hah'ta que la declararon traidora por ayuda'me- dijo Yazrin a media voz.

-Ahora todo tiene más sentido- dijo Kharissa- si hubieras dicho las cosas desde el principio, habríamos hecho más preparativos...

Los demás seguían hablando de este nuevo descubrimiento, pero Shiraela parecía no escuchar en absoluto. Muy quieta sobre su espacio, se sentía como si no estuviera ahí, como si fuera una sombra más dentro de la habitación. Mikha lucía más alegre de lo común, felicitando constantemente al troll de su hazaña. Por otro lado, Kahoo intentaba calmar los ánimos exaltados de su hermana, mientras que Kharissa seguía en una actitud pensativa. Yazrin se dedicó a encogerse de hombros cuando, en una oportunidad, todos le recriminaron el haberles hecho esperar tanto para saberlo, excusándose torpemente con una media sonrisa…

Shiraela miraba hacia el horizonte oceánico oscurecido. En un momento dado, cuando todos hablaban, abandona la habitación por la misma puerta por la cual Malakea se había marchado hace un rato. En el nuevo pasillo curvo, pudo ver dos puertas de madera a su izquierda, con una forma redondeada en la punta, cada una con una argolla con la cual se podrían abrir. Al fondo, pudo encontrar una salida de la montaña, que daba a una terraza pequeña, cuyos altos barandales fueron elaborados con la misma roca del lugar. Pudo encontrar una especie de sofá color rojo a su derecha, apegado a la pared externa. Sentándose un momento, pudo sentir como los pensamientos de Ulrich recorrían su mente. Su postura, sus amables ojos grises, su voz serena y amistosa, todo aquello se empezó a opacar, todo se volvió negro. Las manos ensangrentadas del troll ocuparon espacio, viendo luego su mirada roja, enardecida y salvaje, que acompañaban perfectamente una marcada expresión sádica…

Un cabeceo la saca rápidamente de su mente, sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas, y apoyando los codos sobre sus rodillas, esconde su rostro con sus manos, las que dejaban escapar un par de lágrimas por los dedos. No sabía que hacer con la tristeza que estaba sintiendo, una de las pocas personas que confiaba en ella y que no la subestimaba, como muchos de sus pares, ya no estaba; aquella sonrisa radiante y alegre estaba muerta. Las palabras de Rocko comenzaban a retumbar en ella. Era una traidora para La Alianza... una sentencia que estaba tomando peso.

-¿…señorita?- dijo una voz detrás de sí.

Shiraela se voltea, encontrándose con Malakea, quien al igual que ella, tenía el rostro humedecido y los ojos hinchados.

-Lo siento…- dijo la pequeña- no sabía que…

-No importa- respondió, secándose las lágrimas.

-¿Le pasó algo?

-No es nada… es solo que extraño algunas cosas…

Sentándose a su lado, Malakea se queda en silencio mirando el mar. Moviendo los pies en el aire, la elfa mira hacia el cielo estrellado.

-¿Extrañas tu casa?

-Sobretodo mi casa- contestó la maga.

-Yo extraño a mis papás…- dijo Malakea a media voz- eran muy lindos y cariñosos conmigo… ellos hicieron esta casa ¿sabías?

-No, no tenía idea…

-Pero… pero un día…

La voz de la pequeña elfa se quebró notablemente, pudiendo ver como se secaba las lágrimas con violencia.

-Un día… vino… vino gente mala…- lloraba- y… mi papá...

Shiraela no pudo evitar sentirse mal por la niña, rodeándola con un brazo para consolarla. El tema de los padres era algo que la maga no podía decir mucho, ya que ella misma los había perdido cuando era solamente un bebé, teniendo que ser criada por otros.

-Tranquila, pequeña…- la consolaba Shiraela.

Cerca de ellas, Kharissa se encontraba en estado de sigilo, apegada a una de las paredes en las que daba la sombra, viendo el cuadro con el corazón hecho trizas.

-Malakea…

-Así que era cie'to…- susurró Yazrin en cuclillas a su lado.

Secándose un par de lágrimas del rostro, Kharissa mira al druida, quien no parecía desviar la vista del frente.

-Ella es la hija de Khalel- dijo la elfa- mi hermano fue un idiota… se suponía que debía matarla, no enamorarse de ella.

El druida supo a que se refería. Khalel Sunbird era el hermano mayor de Kharissa, pícaro al igual que ella, quien fue enviado en una misión para matar a Shizureth Silverfog, una formidable guerrera elfa nocturna. Se supo que hace un tiempo había desaparecido, pensando que había fracasado; pero lo que nadie se esperaba era que en un par de años más tarde de aquello, llegaran noticias de él hacia su hermandad.

-Era un buen tipo, aunque algo sobe'bio y malcriao- dijo Yazrin para luego recibir un puntapié de la elfa.

-Para mí fue sorprendente saber que Mor'tan envió esa orden… siempre creí que estaba muerto- dijo Kharissa- tuve que ir, tenía que saber qué hizo… y lo encontré junto a esa elfa… y a la niña.

-Y cuando hablabas con ellos, los demá te encontramos… y atacamos.

Recordando aquel momento, una de las flechas de uno de los cazadores que iban junto al grupo da de lleno en la cabeza de Khalel. Viendo su impotencia, Shizureth toma a la niña en brazos y huye mientras esta gritaba por su padre muerto. La persecución se llevaba a cabo en un gris amanecer en Vallefresno, donde madre e hija intentaban llegar a algún lado, con Kharissa a unos pasos más atrás. De repente, un par de flechas vuelan hasta la espalda de la elfa nocturna, perforando una gastada armadura de malla hasta hacerla caer al suelo, cubriendo a la niña que llevaba en los brazos. La pícara se sorprende, volteando la cabeza para ver detrás de ella a dos cazadores, uno de ellos era un no- muerto, mientras que el otro era un trol.

-Cuando lograron matar a Shizureth, oía como Malakea lloraba… y fueron esos llantos, esos ojos…

-Pudih'te mata'la, pero no lo hicih'te…

-Los maté y hui con ella- dijo Kharissa- y maté a todos aquellos que nos perseguían…

-Pero yo eh'toy aquí- dijo Yazrin- no me creyeron cuando dije que te vi caer deh'de ese barranco.

-Agradezco el esfuerzo- respondió la elfa- desde ahí, me enteré que mi propia hermandad había puesto un precio a mi cabeza.

Para Kharissa, haberse convertido en una fugitiva de La Horda fue algo realmente duro, teniendo que cuidarse las espaldas más que nunca, teniendo que abandonar su vida y sus contactos. En estos momentos, tenía a Malakea a su lado, su contacto con la realidad, lo único que le quedaba de su querido hermano…

-Yaz... – dijo la elfa luego de un momento de silencio- dime una cosa.

-¿Qué?

-¿Qué harás con la humana?- preguntó- ¿por qué la tienes contigo?

Yazrin baja la cabeza por un momento, llegando a preguntarse lo mismo. Una acción lógica hubiera sido dejarla a su suerte y seguir tranquilo con su vida; no obstante, había algo en ella que le impedía hacerlo, una sensación que aumentaba más cuando recordaba aquella discusión en Los Baldíos… culpa y responsabilidad era lo que se mezclaba en su interior, junto con un agradecimiento por haberlo ayudado en Tuercespina.

-Sinceramente, esta actitud tuya no es muy de trol que digamos.

Bufando por lo bajo, el druida se retira en silencio.