YES!
Debo decir que estoy muy emocionada (como siempre, intento ser corta en escribir el pre-capitulo pero pueden avanzar para ver que paso con nuestros protagonistas :U) por traer la actualización, no solo porque el 20 de febrero cumplía un año sin actualizar (QUE VERGÜENZA, neta para el capitulo 12 no me voy a tardar tanto...quizá medio año pero no TANTO) y bueno, espero no haber perdido su interés a pesar de la demora.
¿Otra cosa para emocionarme? SI, Ya este 2019 acabo mi carrera y estoy tan emocionada como asustada :'D porque reprobé la única materia que creía segura y a finales de este mes presento de nuevo el examen (deseenme suerte plz)
¿Más? Si, la verdad el capitulo anterior no fue de mi total agrado, pero ESTE me hace sentir orgullosa y feliz conmigo misma :') espero que a ustedes les guste igual.
También espero que hayan pasado muy bonitas vacaciones, aún me quedan dos semanas entonces veré si puedo ponerme al tanto con los otros ya que recientemente me pego la loquera de hacer un instagram (scorpio251095 follow me ;) ) donde subo algunos dibujos, estoy pensando abrir un canal de youtube, seguir los fanfics y JAJAJA :) cualquier cosa que me mantenga viva y alegre para no dejar que el estrés de la carrera y la presión me mate(?).
PD: Gracias a mi querida y amada beta que me apoya en todo, te adoro ;w;
EN FIN
Aclaraciones:
-AU
-No esta basado en la segunda película de Como entrenar a tu dragón (Qué por cierto la tercera ya sale en México en febrero!)
-OC Eros, Frid (discordia), Lily (tristeza), Kal (ira) y Evan (odio).
Advertencias:
HAY VIOLENCIA (Bien, no tanta pero estoy muy emocionada bye)
La obra de un mal sueño.
Hiccup y Jack cayendo al vacío. Esa era la última imagen que Eros pudo alcanzar a distinguir cuando llegó a las ruinas de la colina.
Aquella no era una caída como cualquiera. Aún si no era él quien recorría el túnel repleto de miedos y pesadillas estaba claro que tardarían en tocar tierra. Al menos hasta que Pitch lo quisiera de esa manera.
Se encontraban en manos del dueño de las tinieblas, bajo tierra era imposible enfrentarse a él. Ambos debían salir o alguien externo debía sacarlos.
Evan lo sabía.
— ¿Por qué lo hiciste?
Y Eros también, de ahí que no fuera capaz de apartar sus ojos del vigilante que mantenía su atención en el agujero por el cual el dúo fue empujado.
— ¿Cuál es el problema? Sabes que fue la mejor elección.
—Pero-
— ¿Habrías preferido que se enfrentaran a las parcas? — una sonrisa fría se pintó en los labios del Odio — ¿O te da igual porque no pueden afectar a Jack?
Eros frunció el ceño sin querer que eso le afectase o al menos que no fuera demasiado obvio para el chico que estaba frente a él.
—Estando juntos somos más fuertes.
—Un humano cojo, un espíritu perdido y un arquero medio ciego. — La burla podía verse reflejada en sus labios a pesar de que sus ojos seguían tan negros como las parcas que empezaban a deambular sin rumbo al haber perdido a su objetivo —Siendo tres, dos están dementes. Sí. Un gran equipo.
Saber la realidad no era lo mismo a escucharla, a tener que visualizar los peores escenarios que podían resultar de acciones y decisiones imprudentes. Pero había una forma de adentrarse pues sólo los vigilantes podían guiarse sin perderse en aquel lugar.
— ¿Podrías hacerlo? — observó la repentina seriedad que Evan tenía y Eros imitó conforme acortaba distancias para sujetar el rostro pálido del chico y que ambas miradas se encontraran. Sus iris ardiendo como el fuego contra el tono cenizo del otro.
—Podría. La pregunta es ¿tú puedes? — advirtió sin sonreír.
Eros no respondió de inmediato, necesitaban a otro vigilante para igualar el terreno y la idea de tener que buscar a Frid antes de sacar a Hiccup y Jack no le parecía muy llamativa. Pero si eso era lo mejor...
—Sí, después de todo eso hacen los amigos ¿no?
Decir que se encontraban desorientados era muy poco, una broma, en realidad. Cuando Hiccup fue capaz de abrir sus ojos la simple acción de recordar su nombre, saber en dónde estaba y cómo había llegado ahí fue algo que le tomó unos minutos.
Si se golpeó la cabeza o no era un misterio, todo el cuerpo le dolía, sus músculos gritaban como si cada fibra se hubiese congelado y roto en un sólo segundo. Su cabeza daba vueltas y si resistió el impulso a vomitar, fue gracias a que tenía el estomago vacío.
—Esto es un desastre— murmuró para sí mismo. Una vez comprobó que se encontraba todo su cuerpo entero (o al menos la mayoría ya que la pierna nunca podía ser contada), se recargó contra la pared para recuperar un poco el ritmo normal de su respiración y latidos que no dejaban de resonar en su cabeza igual que un tambor de guerra.
"Jack"
El silencio lo obligó a voltear con violencia en ambas direcciones así como al lugar donde segundos antes había estado inconsciente.
¿Dónde estaba Jack? Cayeron juntos y recordaba perfectamente como sus brazos se aferraron al cuerpo del albino sin querer soltarlo, sin querer que lo que parecía ser sus últimos segundos de vida fueran...no, no. Él no estaba muerto ¿o sí? Aunque si lo estaba, ese podía ser el camino que debía seguir para llegar al Valhala ¿no?
La sola idea de haber trascendido a la otra vida fue suficiente para empujarlo a ponerse de pie, con su espada Inferno desenfundada mientras el fuego que hacía emanar de ella iluminaba su sendero por los túneles oscuros que parecían ser lo suficiente claro para andar sin iluminación, pero tan negros para esconder pequeñas piedras que se interponían en una caminata normal.
— ¿Jack? — intentó no elevar su voz para no revelar su posición, algo que consideró estúpido si tenía en cuenta que quería revelar su posición a Jack pero no a sus enemigos. —Esto es un desastre...
— ¿Hiccup?
Volteó a la mención de su nombre para toparse con la figura sorprendida y confundida de Astrid.
—Oh, Dioses ¿qué haces aquí? ¿Dónde están los demás? — observó el túnel que estaba detrás de ella, encontrando tres bifurcaciones que podían explicar cómo era posible el no verla metros atrás.
—Caí por un agujero extraño cuando nos estaban persiguiendo los lobos gigantes.
Algo no estaba bien.
—... ¿Y los demás? — el vikingo frunció el ceño al ver como la rubia fruncía el ceño y empezaba a sacar su hacha.
—Están muertos, Hiccup. — La forma en que hablaba, en que se movía y lo veía igual que si él fuera el culpable de todo fue una pista que el castaño no pasó por alto. —Murieron por hacerte caso, por obedecer tus órdenes... No eres un buen jefe.
—... No sé qué está pasando, pero creo que necesitan algo mejor que esto— Hiccup habló sin dirigirse a nadie en específico, dirigiendo su atención a los túneles que parecían cobrar vida, viento subterráneo soplando por las grietas y produciendo sonidos que le erizaban la piel al ser semejantes a las risas estridentes de hienas en cacería —Conozco mis pesadillas como la palma de mi mano, y Astrid nunca diría eso.
El rostro frente a él comenzó a contorsionarse de una forma tan desagradable que sólo provocó una ira extraña en su interior. No era agradable ver cómo la imagen de uno de tus mejores amigos era usada para blandir un arma contra ti, y mucho menos que la deformaran con una sonrisa que le cruzaba medio rostro, con pequeños ríos negros saliendo de sus labios y ojos vacíos y fríos, iguales a la caverna misma.
—Oh, ¿sí? — una segunda voz lo puso en guardia. Hiccup sólo fue capaz de maldecir mentalmente al ver que su padre estaba en otra de las bifurcaciones con el mismo rostro inexpresivo y esquelético, una apariencia que parecía sacada de un cuento de terror.
—Qué valiente— una tercera voz, está vez los gemelos al unisón, bloqueando la siguiente salida que Hiccup había pensado tomar.
No lo pensó, no creyó prudente esperar a que sus peores pesadillas se materializaran en ese lugar, con todos los jinetes y jefes de aldea rodeándolo, intentando matarlo mientras le gritaban la deshonra que traía a Berk, lo poco capacitado que era para ser jefe y las muertes que caerían en sus manos por una decisión mal tomada.
Una cuarta figura comenzó a materializarse en uno de los túneles que estaba frente a él y con las tres bifurcaciones ocupadas a su espalda y una adelante, solo le quedaba una pequeña salida a uno pasos de la nueva figura que revelaba a un Patán sonriendo burlonamente y sacando su arma con una hostilidad extraña en él.
—Yo debería ser el jefe, tú eres un completo inútil.
—No tengo tiempo para esto— se repitió sin dudar un sólo segundo en cargar contra la figura de su amigo que se desvaneció en cenizas negras al ser atravesado por el fuego de la espada. —Oh...Creo que no tenía de qué preocuparme después de todo.
Los pasos de los demás resonaron a sus espaldas, haciendo que su cuerpo reaccionara por puro instinto para bloquear el hacha que Astrid dirigía a su cuello con el estruendo del metal (metal real) despertando sus preocupaciones y una patada que Brutacio colaba por un lado para lanzarlo contra la pared de piedra.
—No, creo que sí tengo de que preocuparme— Usando el gas y las chispas logró alejarlos con una explosión de rango corto. Aprovechando la distracción para salir por el estrecho pasillo que tenía el túnel bloqueado por Patán, usando el poco espacio a su favor y con eso deshaciéndose de la extraña marioneta que tenía la figura de su padre y no dejaba de golpear la pared con unas hachas gigantescas que habían salido de la nada.
Apuró sus pasos pues aún tenía a Astrid, Brutacio y Brutilda siguiéndolo, lanzando comentarios que Hiccup prefería ignorar.
— ¿A dónde vas?
— ¿Nos trajiste aquí para morir?
—Sólo te importa tu objetivo
— ¿Siquiera sabes que viniste a buscar?
—No, sólo nos trajo a morir. No sabe lo que está buscando.
— ¿Y así dices ser el hijo de Estoico el Vasto?
—Sólo te importan los dragones.
—Las islas.
—Explorar.
—Eres un niño malcriado.
El pasillo se volvía más estrecho, obligándolo a caminar de lado aunque cometiendo el terrible error de dejar su pierna metálica por delante pues expuso la otra y Brutilda, quien iba al frente, clavó la punta de su espada en su muslo y eso lo retrasó unos segundos cruciales que les permitió alcanzarlo.
—Tú estas aquí mientras Berk está sola.
—Con guerreros que deberían estar retirados.
—Trajiste a los mejores jinetes y dejaste la isla desprotegida.
—No te importan los habitantes de Berk.
—Nunca te importaron.
Hiccup no sabía qué mano lo estaba sujetando del cuello y cual otra del pelo, ni siquiera creía capaz que pudieran tomarlo de la mano sin estorbarse mutuamente. Pero estaba cerca de la salida, podía ver los bordes del pasillo, algo que sólo dejaba claro que el túnel se volvía más ancho.
"Casi"
Se animó a sí mismo a seguir avanzando a pesar de lo pesado que se estaba volviendo su cuerpo, del extraño lodo que hundía el metal de su pierna y las manos que intentaban jalarlo al fondo de la grieta.
—Sólo importas tú ¿no?
— ¿Es lo que crees?
Forcejeó para abrir el compartimento del gas nuevamente, dejando que toda la grieta se llenara mientras él se acercaba a la orilla. Ya faltaba poco, estaba cerca, lo suficiente para estirar su mano y anclarla a la orilla de la grieta...
—Incluso ahora, no te importa donde esta Jack.
—No, él tampoco de importa.
—Solo importas tú ¿No, Haddock?
Hiccup apretó la mandíbula, preparado para lo que iba a suceder, para la explosión que provocó al chocar el metal del mango y dejar que toda la oscuridad se viera iluminada por las llamas que dejó las paredes colapsando y lo impulsó a él fuera la grieta con una quemadura en su pierna ahí donde la espada se había clavado.
Se giró aún alerta, con solo el mango en mano y el polvo entorpeciendo su vista después de la explosión. Esperó a que las rocas se movieran, a que algún extraño enemigo saliera incluso del suelo, pero de nuevo el silencio fue su único compañero.
Así quedó por lo que le pareció los momentos más eternos e incómodos de su vida antes de erguirse correctamente, sintiendo la adrenalina correr por todo su cuerpo y dejando que eso fuera lo único que podía mantenerlo en pie de nuevo pues si descansaba sus músculos podía enfriarse y no necesitaba que el dolor de la caída, la herida y la explosión lo tumbaran en ese lugar.
Aquello fue una ilusión. No tenía claro si venía de su cabeza o eran creaciones del laberinto, pero no resultaban reales, era lo único que debía tener en claro. Nada de lo que habían dicho o hecho era real.
—Ugh— Claro que la quemadura en su pierna fue suficiente para ponerle una nota mental de que no debía confiarse pues no todo era una ilusión. —Jack...tengo que encontrar a Jack.
Se repitió con sus piernas comenzando a temblar apenas empezó a caminar, teniendo que apoyarse con su mano libre en el muro mientras la otra seguía sosteniendo la espada.
— ¿Encontrarme?
Su voz lo congeló, lo dejó con una desagradable sensación de impotencia al escuchar el mismo tono que los otros habían usado para hablarle y se arrepintió de levantar la vista, pues ahí estaba Jack, con su cayado y una sonrisa tan amable que contrastaba de forma cruel con el estado en que Hiccup se sentía.
—...No eres real— susurró Hiccup para sí mismo, encontrando un punto de equilibrio capaz de mantenerlo de pie y sujetar su espada con las dos manos.
—No lo sé. Si no lo soy ¿para qué viniste a esta isla? — la marioneta comenzó a caminar en su dirección, formando una hoja de hielo en el extremo de su cayado hasta darle la forma de una oz que iba dirigida sin piedad al vikingo.
Hiccup tuvo que aprovechar el pésimo equilibrio al que el ataque lo sometía para dejarse caer e intentar romper el cayado con su espada, algo que no le resultó tan efectivo como creyó pues la madera parecía ser igual de dura que el metal de su espada.
— ¿Qué pasa, Hiccup? Si no me atacas para matarme como a los demás no vas a lograr salvar tu vida.
Lo sabía, pero era más fácil decirlo que hacerlo. No sólo sus piernas habían dejado de responderle, la guadaña de hielo que estaba a unos palmos de su rostro comenzó a ramificarse en puntas tan delgadas como agujas, clavándose en su armadura y otras zonas, atravesando las pequeñas intersecciones donde no había protección contra el daño. Piquetes tan molestos como mosquitos pero tan problemáticos por el poder que tenía.
Podía sentir su hombro congelándose lentamente, con la fuerza disminuyendo y el cayado alejándose de golpe para apartar la espada y dejarla caer a su lado. Cortando la respiración de Hiccup al poner el cayado en su cuello y dificultar el paso del aire de una manera lenta y dolorosa.
— ¿Qué pasa, Hiccup? — preguntó de nuevo con sus ojos negros fijos en el castaño que luchaba por quitárselo de encima, con dos extremidades casi inmóviles mientras la otra lo jalaba de forma inútil de su brazo. — ¿No quieres vivir?
La presión aumentó sobre su garganta. Hiccup apenas podía escuchar lo que él otro decía y entre más luchaba por quitárselo de encima peor era la presión en su cuello.
Dejó de empujarlo o jalar el cayado al sentir que sus ojos se iban de forma automática a ver el techo y su visión se volvía borrosa.
— ¿No querías estar conmigo?
Podía escucharlo hablar a lado de su oído, el frío de la empuñadura en sus dedos que buscaban en el suelo el lugar donde Inferno había caído y en un último intento por empujarlo, por poner el gas, el fuego o cualquier cosa entre los dos, la presión desapareció.
El cayado perdió la fuerza y Hiccup no tuvo tiempo de ver el momento en que la figura comenzaba a deshacerse en una montaña de ceniza negra por la hoja que había logrado liberar en su pecho desprotegido.
Giro y tosió sin poder mantener su guardia alta, concentrándose únicamente en la acción de inhalar aire y dejar que las lagrimas de la asfixia se escaparan directo al suelo.
Ahí, recostado y con el oxigeno sin poder entrar del todo a su cuerpo, pudo jurar que había visto la silueta de una de las Valkirias que los habían arrinconado horas antes en la superficie.
¿Era eso lo que veían al filo de la muerte? ¿Se había topado con alguna antes de ese día?
No recordaba y no tuvo que pensarlo dos veces mientras se arrastraba a la pared donde podía recargar su espalda para asegurarse de que no surgieran ataques sorpresa.
Tenía que encontrar a Jack ¿No?
Está vez su cuerpo no le respondió y no pudo evitar sentirse traicionado al ver que sus piernas no se movían a pesar de que intentaba incorporarse.
—Genial— gruñó, y una risa de dolor e incomodidad escapó de él cuando intento tocar la herida de su pierna y el dolor helado de su hombro le recordó que tenía más heridas. —Esto no puede empeorar.
Ahora, Hiccup era consciente de que uno nunca, bajo ninguna circunstancia, debe decir esas palabras. Están malditas y son capaces de atraer la atención de los Dioses al tomarlas como un desafío personal.
¿Las cosas no podían empeorar? Un gruñido bajo le hizo saber que no, que estaba equivocado y la prueba estaba ahí, en el túnel que se encontraba a metros encima de su cabeza por donde ahora salía un dragón negro de pies a cabeza.
—Mierda, tienes que estar bromeando— buscó lo más rápido que pudo su espada, pensando en las trampas que tenía en sus bolsillos y las cuales debían ser plantadas con anticipación para hacer que el dragón frente a él cayera.
¿Gas? No funcionaría, en realidad, nada funcionaría. Ninguna parte de su armamento estaba diseñado para ser usado contra Toothless.
—Dime que sólo tienes tus dientes y garras— el dragón abrió su boca, dejando que una luz violeta y negra diera aviso de la bola de fuego que estaba a punto de lanzar en su contra —Por supuesto que la tienes.
Observó a los lados para buscar la mejor opción para lanzarse y esquivar el ataque, pero un ruido metálico lo distrajo y poco faltá para que el fuego le diera en la cara.
Del mismo túnel que salió el dragón aparecieron unas cadenas sujetando su cráneo para desviar el disparo, y fue entonces que Hiccup aprovechó la fuerza que le quedaba en su brazo sano para lanzar la espada y darle a la criatura que ahora rugía con ira mientras se desvanecía en el mismo polvo negro que las demás marionetas.
—Mírate— Frid se dejó caer sobre la montaña de cenizas negras que uso como resbaladilla para llegar a la espada, levantándola con el pie y enfundándola para guardarla de forma maestra. —Si te soy sincero, creí que estarías muerto cuando llegara contigo.
—... ¿Gracias? — el vigilante frunció el ceño sin verlo a los ojos, limitándose a lanzarle de regresó su arma y mirar a su alrededor. — ¿Dónde está Jack?
—No sé y no me importa— Frid lo miró de reojo, apretando los dientes antes de hablar y respirando hondo tras unos segundos, como si estuviese a punto de soltar algo que terminó por guardarse. Algo que no era nada discreto. —Evan dijo que te llevara con la estrella...y creo que él está buscando a Jack.
Hiccup frunció el ceño sin poder levantarse ni querer hacerlo.
— ¿Por qué?
— ¡No sé! — Exclamó con un mal humor que Hiccup no había visto en él hasta el momento —Desaparece por años y lo primero que me dice es "llévalo con la maldita estrella" y se va, así, ni siquiera un "hola, ¿Cómo estás?" No... No sé que hicieron para ganarse su favor, pero más te vale que lo digas o vas a morir aquí mismo.
—No sé, no lo conozco— Hiccup quería agradecerle por su ayuda, pero le era difícil mantener un tono aliviado cuando todo su cuerpo agonizaba por descanso y Frid terminaba cortando sus palabras al levantar la mano.
—Olvídalo, mejor no quiero saber. No quiero saber nada, sólo iré a dejarte con la estrella y listo. Si te mueres estando ahí no es mi problema— Observo la sangre quemada y las heridas de Hiccup, apenas cayendo en la cuenta de la razón de que no se pusiera de pie y no pudo evitar sonreír divertido —No había notado lo mierda que estás hecho.
—Gracias— Pero Hiccup no se refería al insulto, si no a la ayuda que Frid le prestó al dejar suspendida una cadena cerca de él. La sujetó para ponerse de pie lo mejor que podía, intentando no tambalearse en vano pero retomando la marcha al sujetarse de las rocas que tenía cerca.
—...No había notado lo difícil que es llevarte a dormir con los muertos. ¿Son todos los de tu pueblo así?
—No... Son mucho mejores, yo soy débil comparado con ellos.
Aquello sacó una carcajada del mayor quien ahora caminaba a su lado, con los talismanes puntiagudos que estaban a cada extremo de sus cadenas moviéndose como si fueran serpientes.
—Qué lindos ¿Por qué nunca vienen a visitar esta hermosa isla turística entonces? ¿No se supone que los vikingos aman luchar, matar y demostrar quién es el mejor?
Hiccup suspiró sin poder negar la mitad de ello, no estaba orgulloso pero hasta hace unos años Berk tenía esa mentalidad y claro que aún había personas que creían en ello.
—Tú sabes, no hay tiempo para tomar unas vacaciones hasta acá. Siempre hay trabajo.
El que hablaran le ayudó a mantener un poco su mente despierta para contestar cualquier pregunta o comentario que Frid lanzara en torno a los vikingos, las naves e incluso comenzó a contarle el cómo conoció a Jack.
Le sorprendía que no lo apurara, sus piernas empezaban a caminar más lento con cada metro que avanzaba y en algunos giros debía detenerse a descansar y tomar aire. Al final, sólo el movimiento brusco del vigilante poniéndose frente a él interrumpió la plática que llevaban donde Hiccup estaba contando la trampa que había hecho durante los entrenamientos al usar los trucos para calmar a los dragones.
— ¿Frid?
Hiccup se petrificó al escuchar la voz rasposa y metálica al otro lado de la cueva en la que habían entrado por los túneles. Miró por un lado para cerciorarse de que estaba equivocado y no tuvo que adivinar que las cosas podían tornarse muy mal en ese momento.
Frente a ellos estaba el chico de cabello largo y gris, el responsable de que Hiccup tuviera dificultades en diferenciar la realidad de la ficción. Ahora que lo tenía más cerca no podía ignorar algunas partes de su cabeza donde le hacía falta cabello, como pasto que se arranca de la tierra y deja el suelo imperfecto, sus dientes eran amarillos y había uno que otro espacio que revelaba la ausencia de molares al sonreír y sus ojos eran los de una persona que no conocía el sueño, un anciano cansado y un niño hiperactivo.
—Iris— Respondió Frid de manera educada y Hiccup no pudo evitar retomar su preocupación anterior. No creía que Frid fuera capaz de traicionarlo, pero si Iris se lanzaba a atacarlo era probable que lo abandonara a la deriva como había hecho en la pradera con los lobos. —Qué sorpresa encontrarte aquí ¿viniste a pasear?
Hiccup aprovechó la plática para probar sus aplomos, probando si era capaz de mantenerse en pie sin necesidad de recargarse en la pared y fallando terriblemente al sentir un vértigo que lo obligó a mantenerse al margen.
—No, sabes que no me gusta estar aquí. Vine porque Pitch lo quiere muerto y las pesadillas no hicieron su trabajo.
El metal cortando el aire atrajó su atención hasta el arma con forma de tridente que estaba a centímetros de sus ojos, detenida por las cadenas de Frid que la desviaron de nueva cuenta a la roca.
—...Frid, Pitch lo quiere muerto. — repitió el albino un poco más frenético al ver que su compañero cubría al vikingo con las cadenas a cada lado de su cuerpo como si fueran dos enormes cobras a la espera de la orden de ataque.
—Evan no. — Los talismanes se partieron a la mitad dos veces, dejando cuatro cadenas bailando alrededor de ellos, tejiendo una red que funcionó como un escudo provisional para el castaño mientras Frid avanzaba hacia Iris —Y la verdad...creo que yo tampoco.
Aquella aclaración llamó la atención de Hiccup, topándose con el brillo venenoso y divertido del vigilante que lo veía por encima de su hombro.
—Cuando acabe con esto sígueme contando, vikingo. Eres bueno narrando historias.
