¡Muchas gracias por todos vuestros reviews!
Me pone muy contenta que el último capítulo haya tenido tan buena acogida.
Para todos aquellos que me preguntáis cuándo voy a actualizar etc, pensar que tengo exámenes, trabajos prácticos etc de la universidad, y lo primero es lo primero… Ya me gustaría poder dedicarme por entero a esto, pero es imposible :(.
Además, recordad que si queréis saber cuándo voy a actualizar, futuras ideas que ocurrirán en los siguientes capítulos etc, sólo tenéis que seguirme en TWITTER: joke_ff
¡Y sin más dilación ni nada más para decir, os presento el capítulo 12!
EL DE CUANDO EL BÚLGARO METE SU NARIZ DONDE NADIE LE LLAMA
Hermione fue a dormir tarde aquella noche a la Sala Común. No podía evitar recordar lo sucedido hacía tan solo unas horas, y a escasos metros de sus amigos. ¿Acaso había perdido el juicio por completo? Aquella situación se le estaba yendo de las manos, y no sabía si sería capaz de controlarla.
Cuando estaba a solas con Draco, se sentía más segura de sí misma, más fuerte y poderosa. Una versión mejorada de sí misma. Algo así como una Hermione 2.0
No obstante, era consciente de que la actitud que había tenido en las últimas semanas no era propia de sí misma, estaba comenzando a cambiar, y no estaba segura de si para bien, ni si quería que la transformación siguiera su curso.
Aunque seguía viendo a sus amigos, no se interesaba tanto por ellos, porque tenía la mente ocupada en Malfoy, todo el tiempo pensaba formas de acercarse a él, o rememoraba su último encuentro, o imaginaba y fantaseaba con lo que le gustaría que sucediese. Estaba asustada. Bueno, tal vez aquella palabra se quedara corta, porque la situación comenzaba a parecerse demasiado a un enamoramiento.
Draco, por su parte, estaba tumbado en su cama, en ropa interior y con los brazos cruzados tras su cabeza. Rememorando lo ocurrido aquella tarde con Hermione. Se regocijaba en sus recuerdos, y no dudo lo más mínimo en darse un homenaje cuando sintió su virilidad creciendo en todo su esplendor. Cuando terminó, necesitó reprimir el gemido de satisfacción que salió de sus labios entreabiertos, porque no estaba seguro de si la Gryffindor había vuelto a sus aposentos.
Aquello era de locos. Nunca ninguna mujer le había puesto tan tremendamente cachondo y caliente tantas veces y tan rápido en un solo día. No era el primer homenaje que se daba a su costa ni sería el último. La diferencia era que ya no se avergonzaba de aquello. Dentro de su mente podía fantasear cuanto quisiera, siempre y cuando ninguno de sus familiares, amigos o conocidos supiese nada sobre su sucio secretillo. Aunque a él de sucio le parecía que tenía más bien poco. Era un paraíso carnal sin fin. Sonrió abiertamente y se limpió con un clínex. Luego sin molestarse en ponerse el bóxer de nuevo, se dejó caer sobre su cómoda y mullida cama, se puso las sábanas por encima y se quedó dormido en menos de un minuto.
Antes de que Hermione entrara en su habitación, se quedó unos segundos parada frente a la habitación del rubio, con el pomo entre sus dedos. Hasta que fue consciente de que aquello era una locura. Había estado con él hacía unas escasas horas, ¿es que acaso necesitaba verle de nuevo? Se obligó a si misma a girar sobre sus talones, y se tiró sobre la cama, cansada.
-Has tarrrdado mucho, Herrrmione,-sonó una voz desde un butacón en el que a la chica le gustaba leer por las mañanas-.
-Ahhh,-gritó levemente la castaña, pues no esperaba que hubiese nadie en su cuarto-. Viktor, ¿qué haces aquí?,-le miró con detenimiento, pensando si ya se habría quedado dormida y aquello era fruto de un sueño extraño y rocambolesco, pues ¿qué haría el moreno en sus aposentos?-.
-Querrrría hablarrr contigo, querrrrida,-entonó, juntando las yemas de sus dedos y estudiándola con los ojos entrecerrados-. ¿Has estado con él, verrrrdad?
-¿Con quién?,-dijo ella, haciéndose la loca-. No sé de qué me estás hablando, pero si tengo algo seguro es que no deberías estar aquí. Es tarde, y podrías meternos a los dos en un grave problema si alguien llegara a enterarse.
-Eso no ocurrrre cuando vas a visitarrr a tu vecino de enfrrrente, ¿cierrrto?
-Sigo sin saber de qué me hablas,-el pánico comenzaba a adueñarse de su cuerpo. Una cosa era que tuviese encuentros sexuales con Draco Malfoy, pero otra muy diferente que eso saliese a la luz. ¿Qué dirían Harry, Ron y Ginny al respecto? Sólo de pensarlo un escalofrío recorrió su columna vertebral-.
-¿Te ha besado?,-preguntó con voz grave y la mirada destilada de odio-.
-No es momento ni lugar para tener esta absurda conversación.
-Es decirrr, que sí,-se contestó a sí mismo el búlgaro-. Interrresante.
-Yo no he dicho nada,-se excusó la chica, tapándose con un cojín enorme que tenía apoyado sobre la cabecera de la cama-. Pero en cualquier caso, no es asunto tuyo.
-Tienes razzzzón. Perrdona mi atrreevimiento, Herrrmione. Sólo estaba prrreocupado porrr ti. Ese chico no es bueno parrrra ti.
-¿Cómo entraste aquí?
-Dobby me ayudó,-dijo sonriendo levemente. Se acercó a la castaña, y le besó castamente en la comisura de los labios-. Descansa-,-y acto seguido se fue del lugar-.
Hermione se quedó congelada en el sitio. Desde luego había hecho algo más que besar a Draco Malfoy, y tenía más que claro que no era bueno para ella. Pero, ¿acaso no les pasaba lo mismo a los drogadictos con las drogas? Sabían que no eran buenas, y una vez que lo hacían, se prometían que sería la última, pero volvían a recaer. Ese era su diagnóstico. Se había vuelta adicta a Malfoy. Se tapó la cabeza con el enorme cojín, y cerró los ojos con fuerza, deseando levantarse al día siguiente con un poco de metadona, para no tener que volver a recaer en su particular droga.
No obstante, aquella ni siquiera tuvo aquella noche de paz y tranquilidad. La Gryffindor estuvo todo el tiempo soñando con Draco. Se despertó acalorada, con la respiración entrecortada y húmeda. Aún estaba oscuro. Tenía un problema. Pero ¿qué podía hacer? Así que sin pensarlo ni un instante, se coló en la habitación del rubio, tal vez una doble dosis hiciera que el día siguiente fuera más llevadero…
Cuando Draco sintió que alguien se metía en su cama y le pedía cariñitos, torció el gesto. No le gustaba que le despertasen. Aquellas horas eran sagradas para él, así que abrió un ojo con mal humor, pero cuando vio a cierta castaña mirándole provocativamente, sus horas sagradas se fueron al cuerno.
-Granger,-susurró con la boca seca el rubio-. ¿Qué haces aquí?
-No podía dormir,-mintió como una bellaca-. Pensé que tal vez, podrías ayudarme con eso…
-¿Y has pensando que despertarme te ayudaría?, ¿y qué pasa si no quiero ayudarte?, ¿qué pasa sí…?
Pero Hermione no supo cómo iba a terminar la frase el rubio, porque le agarró de cierta parte de su anatomía, y el muchacho simplemente se dejó hacer.
A la mañana siguiente, Hermione se sintió tremendamente descansada y a gusto. Sentía un calor reconfortante rodeando su frágil cuerpecito, y aquello le gustó. Luego sintió unos labios besando su cuello, y sonrió abiertamente. Había dormido con Draco, y por primera vez, no se sentía culpable por ello. No tenía por qué rendir cuentas ante nadie. Era una mujer libre e independiente, y podía estar con quien quisiese, se dijo a sí misma. Y ni Viktor, ni Ron ni nadie, le dirían lo que tenía que hacer.
-Buenos días sabelotodo,-susurró Draco en su oído-. ¿Has dormido bien?
-Demasiado bien,-respondió ella, enterrándose bajo las mantas-.
-Llegaremos tarde a clase… ¿Es que nunca tienes suficiente?,-dijo entre risas al ver las intenciones de la castaña-.
-Puede,-contestó ella asomando la cabeza entre la ropa de cama-. ¿Tenemos que ir a clase? No me apetece,-se sinceró, abrazándole con entusiasmo y usando el pecho del chico como almohada-.
-¿Estás enferma?,-preguntó el rubio, con tono jocoso-.
-Si.
-¿En serio?, ¿qué tienes?,-elevó una ceja con fingido interés-.
-Un catarro muy contagioso,-tosió teatralmente-. ¿Ves? No puedes salir de aquí. Seguro que te has contagiado, y podrías pegárselo a medio castillo…
El Slytherin río entre dientes.
-Bueno, de todas formas no tenemos por qué ir…es sábado,-aclaró acariciando el encaracolado pelo de la castaña y dejándose abrazar como nunca antes había hecho-.
-Me encantan los sábados,-susurró Hermione, cerrando los ojos perezosamente, y dejándose llevar por el sueño-.
-¡Malfoy!,-sonó una voz estrepitosa que interrumpió en la habitación-. ¡Corre, tenemos que ir a entrenar al Campo de Quidditch!
-Blaisse. Llama antes de entrar,-respondió con tono enfadado el rubio, tapando aún más a Hermione, a la que por suerte el chico no había conseguido ver-.
-¿Acaso tienes miedo de que te pille haciéndote tu paja mañanera?
-No seas ridículo… Y no pienso ir a entrenar.
-Eres el Capitán, es tu obligación.
-Te cedo el puesto por hoy. Se feliz. Cuéntaselo a todo el mundo si quieres, pero déjame dormir tranquilo.
-¿Qué te pasa? Estás más desagradable de lo habitual.
-Yo no soy desagradable.
-¿Acaso te preocupa que a Granger le moleste que venga aquí? Ya sé que dices que es un poco maniática y marimandona pero no creo que…, ¿qué te pasa?,-pregunto al ver el gesto de dolor en la cara de su amigo-.
-Ca…lambre. Un calambre,-consiguió entonar tras varios segundos-. Luego hablamos, quiero…dormir.
-Está bien… Últimamente estás en cualquiera, Draco,-le recriminó su amigo, largándose dando un leve portazo-.
-¿Era eso necesario?,-sonó la temblorosa voz del rubio-. Eres muy poco delicada.
-No me vengas con tonterías. ¿Así que soy maniática y marimandona?
-Podrías haberme dejado estéril, ¿sabes?
-Exagerado…, ¡espero tu respuesta!
-La respuesta es un rotundo sí,-respondió mirándola a los ojos con diversión-.
-Eso no es cierto,-respondió a la defensiva-.
-A veces te pareces un poco a McGonagall. Pero mucho más guapa y atractiva,-dijo guiñándole un ojo con habilidad-.
-No intentes arreglarlo ahora con halagos,-dijo ella, dispuesta a irse de la cama-.
-¡Oh vamos! Anoche viniste pidiendo cariñitos. Ahora soy yo el que los exige. ¡He dejado a mi equipo de Quidditch tirado por ti!,-dijo mirándola con el ceño fruncido-. Además eso lo dije hace mucho tiempo. ¿O acaso hace meses tenías una buena imagen de mí?
-Ni siquiera la tengo ahora, idiota,-dijo ella abalanzándose sobre el rubio entre carcajadas-.
Estuvieron en la cama abrazados durante una hora larga. Disfrutando del silencio que había a su alrededor, dibujando cosas con el dedo sobre la piel del otro, dejando que la sensación de paz y tranquilidad fluyera por su cuerpo.
-¿Qué opinas de los sábados?,-preguntó Draco de pronto, cortando el reconfortable y cómodo silencio-.
-¿A qué te refieres?
-Me gustaría que los sábados fueran así a partir de ahora,-dijo dudando levemente-.
-Mmmhhh. No estaría mal,-respondió ella, apretándose más contra el cuerpo del chico-. No estaría nada mal…
-¿Deberíamos ir a desayunar?
-No quiero irme de aquí,-respondió ella, enterrando su cabeza levemente entre las sábanas-.
-Sé que soy tremendamente irresistible, e insisto en que debes caer en la tentación. Es la mejor forma de evitarla, ¿no?
-¿Oscar Wilde?
-Sí,-sonrió levemente-. ¿Vamos a desayunar?
-Supongo,-respondió ella con pocas ganas-.
-¿A qué viene este cambio de actitud?,-preguntó el rubio, con los ojos entrecerrados-.
-Me he dado cuenta de que tienes razón, rubio oxigenado. Tenemos más cosas en común de las que me gustaría admitir. ¿Y qué hay de malo en esto si nos hace bien a los dos? Al menos no nos matamos durante un rato. Eso es bueno,-meditó con evidente cara de concentración-.
-Me alegra saberlo, sabelotodo,-y tras darle un beso en el pelo, se apresuró a vestirse rápidamente, porque en realidad le rugía el estómago desde hacía una hora, pero creyó que no habría quedado caballeroso cortar el momento de cuajo-.
Los días siguientes fueron extraños. No hubo más discusiones entre los chicos, Hermione volvió a prestar la atención que sus amigos requerían y Viktor no volvió a mentar nada sobre sus sospechas. Pero la paz no podía durar eternamente…
Aquella tarde, Krum entró en la Sala Común como Perico por su casa. No le importó lo más mínimo el gesto de desagrado en la cara de Draco, ni su queja en voz alta.
-¿Has visto a Herrrrmione?
-No conozco a ninguna Herrrmione,-le respondió el Slytherin, con evidente irritación en la voz-.
-Muy grrracioso, Malfoy. Veo que no está porrr aquí. Mejorrr. Errrra contigo con quién querrrría hablarrr.
-¿Y se puede saber de qué crees que puedes hablar conmigo? No estoy seguro de poder rebajarme a tu nivel intelectual para que me comprendas.
El búlgaro entrecerró los ojos y endureció el gesto.
-No me vengas con estupideces, albino prrrepotente,-respondió con un tono de voz que nunca antes Draco había visto utilizar en el chico. Parecía que fuese otra persona completamente diferente-. Sé que estás interrresado en Herrrmione. Perrro si me enterrro que le tocas un solo pelo. Te mato,-terminó, dándole un brusco golpe en el pecho y respirando muy fuerte por la nariz-.
-¿Me matas?,-repitió Malfoy sin estar seguro de si el orangután búlgaro se había equivocado de palabra. A lo mejor quería decir "te invito a un té", o "te doy las gracias por quitarme a esa loca de encima"-.
-Si. Te mato. Te liquido. Te finiquito. Doy fin a tu miserrrable vida.
-Vaya, veo que has ampliado mucho tu vocabulario, querido,-respondió Draco, con tono jocoso-. No sé si lo sabes, pero este es un país libre, donde cada uno elige con quién quiere estar. Si ella te ha dado calabazas, no me eches la culpa a mí. No sabes con quién estás tratando, así que yo que tú, me ahorraría las amenazas.
-Porrr supuesto qué sé con quién estoy trrrratando. El que parrrece que no se da cuenta errres tú. Ten cuidado con lo que haces, amigo,-y sin mediar más palabra, se fue del lugar, dejando a un desconcertado Draco mirando el retrato que hacía de puerta de la Sala-.
-¿Pero qué diantre?,-se preguntó el rubio a sí mismo en voz alta-. Esto no va a quedar así, asqueroso búlgaro peludo,-y se dirigió a su habitación, dispuesto a escribir una carta-.
O-O-O-O-O-O
Fin del capítulo. Espero que os haya gustado y tanto si os ha gustado como si lo habéis odiado, dejadme un review haciéndomelo saber.
Y ya sabéis, si queréis estar al tanto de las actualizaciones, seguidme en twitter: joke_ff
